Despertó con algo cosquilleándole la punta de la nariz, un olor no familiar pero bastante aliviador llenándole los pulmones. Se removió y abrió los ojos perezosamente, el cabello negro y desaliñado rodeado de confusión y brillos de la mañana le hicieron creer que seguía dormido y soñando. Pero el peso durmiéndole el brazo era real, así como el calor de otro cuerpo pegado al suyo debajo de las sábanas y los toques que podía robar al mover su mano libre, sintiendo los latidos continuos y calmados y tranquilos debajo de costillas.
Suspiró recordando qué había pasado después de la reunión, y no pudiendo creerlo.
Pero Keith lo había besado, justo después de que James tontamente casi se parte el pie a la mitad y tuvo que recibir atención médica de él.
—¿Tú crees? —había escupido antes de que pudiera detenerse a sí mismo, Keith alejándose de sus manos y fulminándolo—Me besaste. Dos malditas veces. ¿Y crees que te gusto?
Keith frunció el ceño, su cara afilándose a las orillas.
—¿Lo siento? —se disculpó pobremente—Creí que estabas de acuerdo con que te besara.
James sintió su cara enrojecerse, tropezándose con sus palabras.
—¡No es sobre...! —intentó discutir, los ojos violetas mirándolo fijamente no ayudando en absoluto— ¡¿Cómo puedes decir que crees cuando haces ese tipo de cosas?!
Keith hizo una mueca, su boca torciéndose abierta un momento antes de cerrarla en una línea apretada, su cara sonrojándose casi tanto como James sentía la suya.
—Soy nuevo en esto—confesó encogiéndose en hombros, sus ojos pegados a un punto en la pared que James ignoraba—. No creí que esto fuese...
James esperó un momento para que terminara con su excusa, conteniéndose de besarlo nuevamente cuando lo vio morderse el labio inferior.
—He estado...—continuó, no siguiendo el hilo de lo que había comenzado antes—. Desde hace un tiempo, yo...
—¿Podrías, por favor, terminar de decir al menos una cosa a la vez? —James preguntó exasperado, sintiéndose demasiado mareado para comprender sus titubeos.
Keith bufó.
—Lo siento, ¿sí? —soltó agitado, no sonando como si realmente lo sintiera— ¡Acabo de notar estos sentimientos y mi cabeza está teniendo problemas para comprender!
Sintió sus pulmones soltar todo el aire que tenían.
— ¿Tú acabas de...? —murmuró frunciendo el entrecejo, Keith mirándolo a los ojos—¿En este momento? —preguntó confundido—¿Justo ahora?
Keith asintió, no comprendiendo el tono sin aliento, y James pensó que iba desmayarse de desesperación.
—He estado de cabeza por ti incluso antes de que regresaras, Kogane—gruñó atrapando su rostro en un movimiento descuidado, su pena no doblegando su ira—, ¡Incluso antes de que te fueras a tu pequeño paseo por el universo! ¡¿Y tú acabas de notarlo?!
— ¿Desde qué? —Keith murmuró incrédulo y James apretó su mandíbula en un quejido, jalándolo en un beso duro que hizo chocar sus dientes y le cortó el labio un poco.
Keith correspondió de inmediato, sus manos encontrado lugar en su hombro y nuca, su rodilla abriendo espacio entre sus piernas e inclinándose sobre él. Sus labios se partieron en un suspiro y Keith se aferró a él con más fuerza, profundizando el beso en algo sin experiencia alguna, sin ninguna idea de cómo seguir al otro y siendo demasiado tercos como para dejar al otro liderar el beso.
Keith se removió y su pie golpeó levemente el pie herido de James, haciéndolo saltar en un intento de alejarse del contacto y abriendo la boca en un quejido, pero Keith se aprovechó de ello, explorando el interior de su boca con su lengua sin siquiera saber lo que hizo. Keith tomó el mando con ello, inclinándose sobre James en una forma que amaba, y su cabello fue atrapado en un puño que lo jaló lejos de los labios rojizos y besuqueados de James con un siseo.
—Detente—ordenó con un gruñido a sí mismo, pero Keith lo hizo como si hubiese sido hacia él, y trató de calmar el creciente calor dentro de su abdomen, uno que había comenzado con una salvaje imaginación en la reunión y que seguía creciendo más caliente ante el aliento de Keith mezclándose con el suyo.
Keith gimió, grave y rasposo, y James lo sintió temblar en su pecho, sus oídos derritiéndose ante el sonido que se escuchaba tan parecido a un ronroneo.
—¿Qué? —Keith dijo arrastrando la palabra, su nariz y entrecejo arrugado en impaciencia.
—E-espera—murmuró desviando la mirada, teniendo que mantener el control sobre sí mismo antes de terminar saltando sobre Keith, y se sorprendió cuando Keith realmente esperó y se alejó un poco de él.
Lo miró fijamente, cauteloso por la distancia, y lo vio machacándose el labio inferior en un signo de nerviosismo, su cara sonrojándose hasta las orejas, sintiéndose demasiado encantado con el color.
—Keith.
Sus ojos, índigos a pesar de la horrible y cegadora luz de la enfermería, atrapó los suyos con facilidad, suavizándose en algo que James no podía evitar quedarse embelesado.
—Dejaste de besarme—murmuró, Keith frunciendo el ceño.
—Me dijiste que lo hiciera—dijo con tono obvio, mirando abajo hacia su mano sosteniendo lejos su hombro—. Y me empujaste.
James no había notado eso, y se quedó mirando a Keith confundido, lentamente comprendiendo qué era lo que estaba mal consigo.
Keith no era como aquél en sus sueños, siempre tomando el mando y haciéndolo tomar todo lo que iba a dar, a despecho de qué tan confundido, asustado o en contra estuviese James en su consciencia. El Keith de sus sueños no era inexperto, no era gentil, no respetaba lo que James pidiese. Al Keith real le importaba lo que pensara.
—Oh—suspiró, Keith parpadeando curiosamente a él.
—A menos que no hayas querido decir eso—murmuró lentamente, bajando la mirada—. ¿Es una de esas cosas que dices pero que no quieres decir?
James bufó.
—No, yo...—comenzó con duda— Yo sólo...
No podía terminar de decirlo, demasiado perdido en la memoria de todos esos sueños que lo mantuvieron sin descanso todas las noches y qué tan diferente y mejor era la realidad existiendo justo frente a él, expectante de su siguiente movimiento.
—Está bien—Keith dijo jugueteando con sus dedos, como si no pudiese quedarse quieto—. Mira, yo... estoy seguro que me gustas, ¿sí? Es sólo...
Se mordió el labio y James lo miró por demasiado tiempo.
—Yo sólo no-
—¿Quieres ir a mi habitación? —James terminó preguntando, Keith respingando para verle a los ojos.
—¿Qué?
James se golpeó en el fondo de su mente.
—Quiero decir- Yo sólo- No quería decir- Lo dije mal, yo-
—¿Quieres que vaya?
James se atragantó con sus palabras.
—Yo...
Keith se reacomodó, sus rodillas encontrando lugar a ambos lados de su pierna, y James titubeó, sus manos atrapando su cadera para mantenerlo quieto.
—¿Tú...? —Keith lo animó, sus dedos alcanzando su chaqueta y jugueteando con el zíper.
Los pulmones de James colapsaron.
—Yo quiero...—dijo sin aliento, sus ojos mirando embobado a sus piernas enredadas y la mano en su pecho, aplanando arrugas en la tela que no había—Me gustaría...
La boca de Keith se curveó, una orilla torcida haciéndolo verse maravillosamente nervioso, y se acercó un poco más, persiguiendo sus labios y besando a James brevemente.
—Bien.
James se levantó demasiado rápido, casi golpeando a Keith fuera de su regazo, y atrapó su mano con un jalón nada amable, corriendo hacia la puerta cuando abruptamente recordó su pie herido con el dolor disparándose por toda su pierna y haciéndolo caer al suelo de rodillas, Keith tropezándose tras él.
— ¡James!
Maldijo por lo bajo, agarrándose el pie, y Keith rio con suavidad.
—Sí que estás emocionado—lo escuchó comentar mientras se alejaba un momento y luego se agachaba junto a él—. Ven.
Keith tomó su mano y lo hizo rodear sus hombros con su brazo, abrazando su cintura y ayudándolo a levantarse apoyándose en él y no usando su pie herido. James lo fulminó con enojo, y bajó la mirada a la mano sosteniendo su cintura y encontrando su bota, y la vergüenza se multiplicó infinitamente, su cara quemándole en pena.
—Cállate.
—No dije-
—Sólo cállate.
Keith rio de nuevo, esta vez contra su sien, y James se acurrucó un poco en su costado mientras salían de la enfermería, caminando lentamente debido a tener que cojear.
Les tomó demasiado tiempo llegar a sus dormitorios, especialmente al cuarto de James, pero justo cuando la puerta se cerró tras él, James no se soltó del cuerpo de Keith, haciendo durar todos los toques y besos que podía mientras avanzaban hacia su cama.
Y ahora se había despertado con el cabello despeinado de Keith cosquilleándole la cara, y se sentía igual de embelesado y encantado como cuando se quedó dormido en los brazos de Keith.
Se acomodó un poco, acercándose a él, y Keith se removió en sus brazos, volteando la cabeza para verlo acurrucado en su hombro.
—Hola...—Keith susurró, James arrugando la nariz ante el leve olor de su aliento.
—Hola—murmuró, rodeando el torso de Keith en sus brazos y respirando en su cabello—. No fue un sueño.
Keith bufó, girándose lo suficiente para verlo a los ojos, sus piernas enredándose con las suyas y sus manos acariciando su pecho.
—Sigues diciendo eso.
James se mordió el labio y se inclinó para acariciar su nariz con la suya, Keith riendo suavemente.
—Yo...—James comenzó, sin saber realmente qué decir—Lo sé, es sólo...
—Te ves descansado—Keith apuntó, sus dedos pulgares trazando círculos en los hombros de James tan dulcemente y sin pensar que le causaban escalofríos—. Te quedaste dormido antes de que comenzáramos lo bueno, ¿sabes?
James pegó su frente a la de él, siseando ante el dolor de su olvidado golpe ahí y la risa contra sus labios. En su defensa, no había dormido así de bien en semanas.
—Cállate.
—Sigues diciendo eso también.
Lo sabía. Por supuesto. Pero no podía evitarlo. Todas esas cosas que pensó en hacer con Keith, todos los besos o abrazos o caricias. Todos los sonidos que pensó en sacar de él. Todas las acciones y reacciones que Keith tenía a ciertas cosas: el bajo jadeo cuando enterraba sus dedos por su cabello, el temblor de sus labios cuando atrapaba sus caderas, el rasguño de sus uñas en su espalda cuando se besaban por demasiado tiempo.
Y escuchando su voz susurrar su nombre, decir en alto deseos o maldiciones, expresando todos los pensamientos que Keith realmente tenía y no las cosas que James quería oír y siempre oía en la confusión de sus sueños.
Y quizás no necesitaba decirlo, pero se sentía engañado si lo mantenía guardado, pensando que en cualquier momento despertaría en la oscuridad de su vacía y fría habitación. Así que suspiró se preparó a sí mismo para sentirse aún más avergonzado.
—No he estado durmiendo bien porque he tenido... sueños—confesó, sintiendo los ojos índigos de Keith observarlo con lentitud—. Sueños de... de ti haciéndome cosas.
—¿Cosas?
El leve tono de diversión en su voz le hizo apretar los dientes.
—Cosas buenas—contestó cortamente, intentando escapar de las preguntas que Keith podría tener pero no pudiendo alejarse de ellas por completo.
—¿Qué clase de cosas buenas? —Keith preguntó, sus manos empezando a acariciarle la piel de forma más deliberada.
—Yo...—comenzó, lamiéndose los labios—Cosas como besarme y... ¿tocarme?
Sintió la sonrisa de Keith curvearse más cuando lo besó en los labios, haciéndolo apretar sus ojos para mantenerlos cerrados.
—Besarte...—Keith repitió, sabiendo exactamente lo que hacía— Y tocarte...
James contuvo un sobresalto ante los dedos de Keith manteniéndose en su piel con círculos suaves, bajando de sus hombros a su pecho y más hasta detenerse junto a su ombligo, su abdomen tensándose ante la atención.
—¿Algo así?—Keith lo molestó, ladeando su cabeza un poco y escondiendo su rostro en el hueco de su cuello, dejando pequeños besos que sólo estaban fastidiándolo a él y a su imaginación.
—No... tal cual—contestó con un suspiro, sosteniendo su cabeza y empujándolo a su cuello para que continuara—. Keith...
—¿Sí? —sintió más que escuchó en su pulso, su aliento saliendo corto y su ansiedad corriendo por su espalda hasta los firmes toques en su abdomen.
—Por favor.
Lo escuchó tragar pesado y lamerse los labios, jadeando levemente y deteniéndose un momento.
—¿Puedo? —dudó la misma maldita pregunta y James gruñó, acercándose un poco más— ¿Puedo hacerlo como lo hago en tus sueños?
James entrecerró los ojos, abriéndolos y mirando abajo hacia el cabello negro de Keith, oscureciendo más la neblina de alivio en su cabeza.
—No.
Keith se sobresaltó, alejándose y mirándolo con miedo, el shock y dolor claro en sus ojos. James casi lo acorrala contra el colchón.
—¿Q-qué? Pensé- Pero tú- Pero-
—No eres un sueño, Keith—explicó pobremente, deteniendo sus titubeos y tomando su rostro con cuidado—. Eres mucho mejor que eso.
Keith lo observó, viéndose perdido, su piel pálida comenzando a ruborizarse entre sus dedos, y James sonrió fugazmente, besándole en los labios.
—Quiero que me toques como tú quieres—le murmuró contra su boca abierta, y un gruñido saliendo de su garganta le hizo estremecerse—. Por favor.
El mundo se le giró abruptamente, y James se encontró a sí mismo acorralado contra su cama, Keith mordisqueando y besándole el cuello con desesperación. James trató de soltarse de su agarre, pero sus muñecas estaban atrapadas en las manos de Keith y él era tan increíblemente fuerte que James no podía ni siquiera alejarse de las sábanas. Estaba gimiendo y frotándose contra su cuerpo automáticamente, intentando hacer que algo lo tocara.
Pero Keith no lo permitía, su propia cadera aún cubierta con tela alejándose cada que James intentara, y se reía burlonamente de él cuando James gruñía de frustración.
— ¡¿Qué demonios, Kogane?! —gritó luchando contra su agarre, y finalmente se liberó de él, agarrando la cabeza de Keith y besándole impacientemente en los labios.
Hubo un lejano timbre lejos de la cama, ambos ignorándolo mientras el beso se volvía profundo y desastroso, sus erecciones finalmente rozándose una con la otra a pesar de las delgadas telas de sus boxers. Keith agarró su cabello y lo jaló, su cuello estirándose en un arco, y atrapó su piel una vez más, esta vez dejando mordidas pulsantes y chupetones en todas partes que alcanzaba.
El timbre se volvió más alto antes de detenerse por completo, y James suspiró con alivio ante esto, pero el timbre volvió a iniciar y Keith se alejó de golpe, gruñendo hacia el ruido.
— ¡¿Qué putas es eso?! —soltó intentando encontrar el origen del molesto ruido y James casi se desmaya ante los dientes alargados y afilados, los ojos amarillos con una delgada línea de azul oscuro en el centro.
¿Qué putas es eso?
—¿Q-qué? —dudó, su voz quebrándose temblorosamente por lo que estaba frente a sus ojos, pero algo más floreciendo en el fondo de su abdomen.
Y cuando Keith volteó a él de nuevo, aquello había desaparecido.
—¿James? —susurró por lo bajo, acercándose a su rostro para verlo mejor— ¿Qué pasa?
James no lo sabía. O, bueno, lo sabía, pero no sabía cómo explicarlo. ¿Aquello fue su imaginación o...?
El timbre volvió a comenzar y Keith bufó, quitándose de encima de James y alcanzando su ropa en el suelo junto a la cama, buscando en sus bolsillos y sacando su teléfono. Su cara empalideció ante la pantalla parpadeando.
—Mierda—maldijo antes de levantarse y contestar con deslizar su pulgar—. ¿Sí?
James no podía descifrar las palabras que salían del celular de Keith, pero reconoció la voz exaltada de Shiro, haciéndolo incorporarse en la cama con consternación.
—¿Q-qué? Pero...—Keith miró la pantalla fugazmente antes de regresar el celular a su oreja otra vez—L-lo siento, yo...
Keith le dio una mirada a James y se quedó en silencio, mordiéndose el labio inferior antes de levantarse y recoger su ropa, su celular siendo dejado en la mesa de noche al tiempo que el altavoz era activado.
—Me quedé dormido. La alarma no sonó y...
— ¿Te quedaste dormido? —La voz de Shiro preguntó con incredulidad, y James se sobresaltó ante ella, Keith silenciándolo de inmediato al poner su dedo índice sobre sus labios— Fui a tu habitación, Keith, ni siquiera estabas ahí. Y Krolia no te vio anoche.
Keith se mordió la boca, su consternación pegando sus cejas juntas. Pero empujó a James fuera de la cama en vez de contestar, lanzando sus ropas a sus manos para que se vistiera.
—¿Keith? ¿Estás ahí?
—Lo estoy—dijo sobre su hombro, poniéndose la camisa mientras James se abrochaba el pantalón—. Lo siento, yo no- Yo sólo- Ya voy, ¿sí? No te preocupes, estoy en camino y-
—¿Dónde estuviste anoche?
La pregunta de Shiro los detuvo a ambos, James tropezándose con su pie herido cuando intentaba ponerse las botas y soltando un siseo de dolor, Keith rápidamente tomando su celular y apagando el altavoz.
—Sólo tomé un paseo, ¿sí? —dijo dando una mirada preocupante a James y preguntando silenciosamente si estaba bien—Un muy largo paseo, y simplemente me quedé dormido y- ¿sabes qué? Te hablaré de ello después de la reunión, ¿sí?
James se ató las botas y se levantó, sacudiéndose el uniforme y luego volteando a Keith, encontrándolo frunciéndole el ceño.
— ¿Shiro?
No hubo respuesta inmediata y James sintió el estómago torciéndosele, pero Shiro suspiró y contestó, diciéndole un par de cosas más a Keith mientras terminaban de vestirse.
—Sí, nos vemos.
Keith colgó, suspirando sonoramente, y James bufó, mirándose en el espejo brevemente para acomodarse el cabello.
—Debemos irnos—Keith dijo dirigiéndose a la puerta, pero James lo detuvo a mitad de la habitación al sostener su mano, haciéndolo quedarse quieto mientras le acomodaba el cuello del uniforme.
—Listo—dijo James en un murmullo, sus manos acariciándole el pecho con más intención de la necesaria y mirándolo nerviosamente—. Vamos.
Keith bufó y se inclinó para darle un beso corto.
Un beso corto que no fue corto en primer lugar y tuvo que detenerse cuando el celular de James empezó a sonar en su chaqueta, esta vez ambos corriendo hacia la puerta y casi cayéndose en el corredor.
