Sonó el timbre para el descanso y, como ya era costumbre, ambas amigas se dirigieron a la sala de música. Estaban caminando en silencio, ellas no hablaban, ni había murmullo a sus espaldas; igualmente no es que hubiera mucha gente en el colegio. Cuando llegaron a la sala de música, unas voces las hicieron detenerse. Despacio abrieron la puerta de la sala y vieron a Marumi y al profesor de música tocando el piano, con una sonrisa muy tonta de parte del mayor.

—Ne, ne, Moko-san, pasame mi telefono —susurró Kyoko, extendiendo su mano hacia su amiga que rápidamente hizo lo que le pidió. Ni bien abrió el teléfono, Kyoko sacó diez fotos y un corto video. Cuando terminó de grabar el video, puso su teléfono en sus carnosos labios y una sonrisa malévola se dibujo sobre ellos. —Muy bien Moko-san, ya tenemos nuestra próxima víctima —dijo mientras le daba el celular a Kaede y giraba sobre sus talones, para dirigirse a la azotea a preparar su próximo plan, pero la campana sonó. Kyoko soltó un bufido y cambio la dirección de sus pasos.

—Moo, Kyoko vas muy rápido —dijo dando zancadas más grande. Kyoko se detuvo y espero a su amiga. —¿Kyoko, como piensas hacerlo?

—De la misma forma que he hecho con las demás. Muy bien Moko-san, es hora de ir a la clase de matemáticas, el profesor Yukihito nos pidió ir, no deberíamos decepcionarlo.

Amabas chicas empezaron a caminar a paso lento, escaleras arriba. Cuando estaban por llegar al aula, Marumi estaba saliendo con una taza de té. Kyoko se acercó a Kaede, y le susurró algo, que hizo que la pelinegra sonriera cómplice y asintiera. Cuando la castaña paso por al lado de Kyoko, está, estiro el pie, metiéndolo en el camino de Marumi. Por inercia, la chica cayó al suelo y se macho la camisa blanca con la infusión. Marumi, se quedó en el piso con lágrimas a punto de salir de sus ojos. Kyoko y Kaede reían mientras sacaban alguna que otra foto, cuando terminaron de reírse, entraron a su aula, dejando a Marumi con los ojos llorosos y con la camisa húmeda por culpa del te.

—Buenos días 'pro~fe~sor' Yukihito —susurró Kyoko cuando paso por al lado del chico con guantes y un teléfono en sus manos. Kaede simplemente le dio una sonrisa coqueta y siguió a Kyoko por el pasillo hasta sus asientos usuales. La clase prosiguió normal, sin ningún percance. Casi al final de la clase, Yukihito, les recordó la salida que tendrían con el departamento de teatro.

—Muy bien, traten de ir todos —dijo acomodándose los anteojos. Luego de decir esa frase el timbre del recreo sonó. —Ya se pueden ir —luego de eso una estampida de alumnos salió corriendo.

—Vamos Moko-san, tenemos cosas que hacer —dijo tiroteando del brazo a su amiga, antes de salir del aula, Kyoko, agarro su mochila y se dirigió a la puerta del aula. Ambas se despidieron de Yashiro con una sonrisita coqueta.

—Mooooo, Kyoko, espera. —Kyoko bajo la velocidad cuando ya estaban por llegar a la escalera de la azotea. Subieron las escaleras en total silencio. Ninguna de las dos dijo algo hasta que se aseguraron de que no había nadie. —Muy bien Kyoko, ¿que tienes preparado para la llorona? —Una sonrisa malévola zurco su hermosa cara, y un destello de maldad se apoderó de sus ojos.

—Primero que nada las fotos que sacamos hoy, mañana estarán por casi todo el colegio, paredes de la escalera, pasillos, baño y demás. Yo me encargo de eso, no te preocupes. Luego un poco de intimidación, y la cereza del pastel será agrecion física ¿Qué dices? —dijo haciendo un pequeño plano en su cuaderno de apuntes. Una vez terminó de explicar, de su mochila, sacó un encendedor y prendió fuego la hoja.

—Perfecto —dijo chocando los conconcon su amiga. —Pero necesitamos más gente. No lo podemos hacer todo nosotras.

—Planeado y listo. —Kyoko levantó sus pulgares. Se levantó y empezaba a dar vueltas. —Se expande el rumor de que Rumi se acostó con Tsuruga-san. Todas las chicas la odiarán a muerte, porque se acostó con su sensei; mientras que los varones la querrán para metérsela por fácil y la acosaran hasta cansarse, o hasta que llegue otra chica y se convierta en el nuevo punto de atención. —Kaede la miraba, mientras que Kyoko, explica todo con gestos exagerados.

—Hoy empiezo a expandir el rumor. —Sentencio Kaede.

—Bueno —dijo la ojimiel. Estaban por irse de la azotea cuando Kyoko se frenó de repente y dijo: —Mejor aún, el viernes es el viaje, saquemos fotos compremetedotas ahí, además de las de la sala de música. Tendremos más leña para echar al fuego.