La Forma de Mi Corazón

Capitulo 6

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Debía admitir que la compañía de Sarah le ayudaba a sobrellevar la soledad en la mayor parte de su tiempo; y es que aunque tuviera diariamente clientes en su librería, nadie era tan conversador como la mujer de cabellos de oro. Sin embargo en su mente nunca pensó que ella guardaría sentimientos por él.

Y eso le había tomado por sorpresa. Ya que él nunca quiso ilusionar a la muchacha, y esperaba que Sarah entendiera su respuesta cuando ella regresara.

Suspiro cansado. Desde las dos semanas que habían pasado desde que se había marchado el barco, todos lo días se acordaba del beso de a muchacha y sentía mucha pena.

Un amor no correspondido.

¿Syrena me correspondió?, se preguntaba al ver como el ocaso a través de la ventana. Dejo todo ordenado y se marchó de la librería dejando todo limpio.

Claro que ella le había correspondido, sino no lo habría salvado de morir; le hubiese dejado ahí abandonado. Ella regreso a mi...

No es así, ella no ha regresado por ti ahora...

- Cállate - se riño, y más bien, riño a su mente que le incitaba la duda. No, él tenía esperanza... la tenía ¿cierto?

...

Está noche era luna creciente... y como si fuese una costumbre para él, se recostó en la blanca arena, luego de cenar en su casa y caminar hacia la playa que se ubicada detrás de su hogar. Todo era tranquilo y sólo se podía oír el sonido de las olas chocando a la distancia con las rocas y arrastrarse por la orilla.

Podía imaginarse una dulce melodía desde su mente, la voz de una mujer la distancia. Abrió los ojos con extrañeza. ¿Era una ilusión? De verdad podía escuchar una dulce voz proviniendo de la lejanía. No, quizás era un estúpida ilusión.. pero su corazón le decía que quizás era verdad; no debía perder la oportunidad.

Philip se levantó ansioso de la arena, escuchando atentamente, buscando la dirección de donde venía la voz de la criatura o mujer; se originaba en dirección a grupo de rocas que formaban una pequeña laguna. Camino lentamente; a su suerte no había nadie en la playa a esa altura de la noche, así que ningún ruido debía asustar a la sirena, excepto él, por lo tanto tomó todos los resguardos para no levantar sospecha de su acercamiento.

Se apegó a la roca que escondía aquella pequeña laguna en la playa. Su perfil empezó a aparecer entre la oscuridad, siendo la única espectadora la luna creciente que estaba sobre sus cabezas. Con lentitud y silencio, el cuerpo del creyente apareció entre las rocas. Sus ojos verdes azulinos se abrieron de la sorpresa al encontrar una sirena acostada en aquella laguna que estaba bañada en sangre por un herida en el brazo izquierdo. Sus ojos estaban cerrados del dolor, y lágrimas caían copiosamente de su bello rostro, mientras sus labios dejaban salir un lastimoso canto.

Pero no era Syrena.

La criatura levanto abrió sus ojos y vio frente a ella un hombre. Rugió, batiendo su cola en el agua, tratando de asustar al sujeto frente ella. Sus ojos estaban completamente negros y su boca mostraba sus colmillos para atacarlo.

Philip entendía su defensiva, pero levantó sus manos hacía arriba en signo de paz.

- Tranquila. No te haré daño...quiero ayudarte - su voz estaba un tanto asustada de la reacción que podría tomar la mujer.

- ¡Já! Un humano ayudarme, eso es gracioso; cuando ha sido un humano el que me ha lastimado - escupió limpiando su lengua uno de sus colmillos. - Te mataré- se enderezó y con un salto se lanzó encima de Philip, atrapando sus brazos y encerrándolo en la arena.

Philip estaba temeroso pero si moriría en manos de esa sirena, tan sólo deseaba ayudarla antes de que le diera su fin.

- Yo... no me mates, yo conozco a una de ustedes, es mi amiga, ella te dirá que no soy como los otros humanos. Yo realmente quiero ayudarte - sus ojos verdes se fijaron en el rostro de la sirena que estaba molesta. Pero no le atacó, le soltó el agarre de sus manos sobre sus brazos.

- ¿Crees que voy a confiar en un ser humano? - el ceño fruncido de la mujer estaba duro y la tensión entre ellos no desaparecía.

- Se llama Syrena ...- La criatura le observó seria cuando le dijo el nombre de su hermana. Sus ojos totalmente negros desaparecieron para dar lugar a unos hermosos ojos azules, que hacían que se viera muy hermosa con aquellos cabellos rojizos.

La criatura solto el agarre de la camisa, pero su mirada seguía insegura y desconfiada.

- Tú... eres aquel humano..¿Él que la salvó de Barbanegra? -

- Si -

- Mi hermana me contó sobre...¡Arg!- un quejido interrumpió su conversación. La mujer soltó un gemido de dolor por la herida en su brazo. Cerró los ojos con ira.

Philip, sin siquiera pedirle permiso, se acerco al cuerpo de la sirena y la cargo en sus brazos, no sin antes, sacarse la camisa y taparle el cuerpo. La mujer no alegó ya que el dolor era más fuerte que sus pensamientos de odio hacía los humanos.

El castaño claro llegó a su cabaña y con una patada abrió la puerta trasera. La sirena estaba ardiendo ¿Era eso normal? creo que no, se dijo.
Subió las escaleras hasta su habitación, y la dejo acostada sobre las sabanas blancas que de poco a poco se manchaban de sangre.

- Iré a buscar unos paños que tengo, alcohol e implementos para limpiar tu herida - con un rápida mirada vio la herida de la mujer. Era un corte en diagonal que comenzaba desde el hombro izquierdo hasta la parte arriba de su brazo. Era la herida de algún arma blanca; una espada, un cuchillo o un arpón, si es que la estaban cazando o atacando desde un barco.

Cuando regreso, la mujer estaba ya más consciente y le miraba atenta y seria. Philip le dirigió su mirada, y ella los desvió desafiante. Él suspiro.

- ¿En serio no confías en mi? Te dije que ayude a Syrena..-

- Ella no se llama así, idiota. - ¡Vaya! la criatura tenía una boca mordaz. Philip con sorpresa le miro atento y agarro un piso de madera y se instalo al lado de la cama.

- ¿Cómo se llama? -

- ¡Já!, si una sirena te dijera cuál es su verdadero nombre, estaría condenando su vida - Philip no dijo nada, simplemente comenzó a mojar con un poco de ginebra en el paño, y con lentitud lo paso sobre la herida.

- ¡Diablos! - gritó la mujer de cabellos rojos - ¡Ten cuidado, humano! - mostró sus colmillos, pero ni su amenaza pudo poner nervioso a Philip, quien seguía limpiando la sangre pegada a la piel, y con un algodón presionar en la herida.

El silenció era eterno, la única prueba de que alguien estaba ahí era las maldiciones en tono bajo y la respiración de Philip.

La de ojos azules se relajo cuando ya podía ver que no corría más sangre. Soltó un suspiro.

- Supongo que querrás que te pague con algo ¿No? - el hombre que le había salvado no era nada horrible, al contrario, era apuesto, alto, y tranquilo.

Philip le miro con interrogación y luego sonrió

- Claro que no, yo ayudo sin desear o querer recibir algo - La pelirroja le observo con algo de sorpresa pero que luego sus ojos brillaban.

- ¿Seguro, Humano? - Philip no se dio cuenta cuando se había acercado tanto a él. Estaban frente a frente. Vaya, la sirena si que era hermosa y sensual.

- Ph..Philip..- pronunció el de ojos verdes parándose de la silla. - Mi nombre es Philip -

La mujer dejo que las sabanas blancas resbalaran por su cuerpo. Philip desvió el rostro. Aunque ella fuese una diosa con su físico, no podía olvidar el bello rostro de la castaña que todavía estaba en sus recuerdos.

- La herida cicatrizará en tres días. Mientras tanto puedes quedarte en mi hogar hasta que sane -

- ¿Porqué eres tan bueno?- la de ojos azules como océano le miraron con curiosidad. Al parecer ya estaba más cómoda con él.

- Ayudo a quienes lo necesitan - Y tomando otra camisa de su mueble se marchó de la habitación, dejando a la mujer con la sorpresa de saber que no todos los hombres eran malvados.

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Hola a todasss ... ehh! sexto capítulo.

Esperaban que fuera Syrena¿? ¡Pues No! jajajaja me encanta romper las ilusiones (ok, tan mala no soy)
Pero quizás, pronto, pueda aparecer esa hermosa castaña que tiene cautivado el corazón a nuestro philip.

awww 3

Espero que les haya gustado el capítulo
Saludos

Se despide
Ca211