Fenton llevaba sus cuentas. Tras varios meses oficialmente como Patoaparato, se sentía satisfecho de haber evitado asaltos bancarios, bajado gatos de los árboles, ayudado a prevenir accidentes viales y demás, con el fabuloso total de 0 edificios destruidos, 0 pinturas de ancianos millonarios, y 0 misiles disparados sin querer.

Para sí mismo, admitió que en parte se esforzaba en su trabajo, con el objetivo de impresionar a un chico lindo.

Se encontraba con Paperinik a menudo. Aprendía algunos trucos, los hilos, consejos prácticos, y a pelear.

- ¿Dónde aprendiste? – le preguntó Patoaparato, cuando pudo enderezarse. Cualquiera pensaría que una capa de superhéroe puede ser un accesorio anticuado y potencialmente peligroso para quien lo lleva, pero Fenton no planeaba decir nada después de que Paperinik la blandió como el capote de un torero, lo enredó con ella, y en una rápida maniobra la utilizó para hacer palanca y voltearlo de cabeza.

- Aquí y allá – respondió Paperinik, encogiéndose de hombros -. Sobre la marcha.

Fenton quería saber más, exactamente como y cuando aprendió cada cosa. ¿Qué le gustaba hacer en sus ratos libres? ¿Por qué se había retirado?

¿Era soltero?

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Donald no le quiso decir que la mayor parte de sus movimientos los improvisaba su miedo. Tenía un nudo helado justo detrás del estómago, que era más rápido que él mismo para reaccionar. Lo demás, era por parte de su furia. Cuando veía todo en color rojo, y para él no existían riesgos ni consecuencias que valieran.

No quería decepcionarlo. No recordaba que nadie lo hubiera visto con tanta admiración, no en su mejor momento como Paperinik.

Tarde o temprano lo haría, Fenton era muy inteligente después de todo.

Iba a disfrutarlo mientras durara.

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Donald era lindo.

Eso podía ser un problema, era distractor.

Para peor, Fenton nada mas no tenía suerte a la hora de conocer a alguien lindo. Paperinik lo vio casi destruir un banco, y cuando por fin tuvo a Donald al alcance de la mano, tropezó y se cayó, dejándolos a ambos sepultados en hojas y hojas de papel.

¡Y Donald se echó la culpa! ¡Era tan dulce!

- ¡Lo siento, lo siento! – dijo el pato con traje de marinero, apurándose a levantar el desastre. Fenton, por su lado, solo quería que se lo tragara la tierra. Ya se habían presentado, y lo veía constantemente, porque claro, como sobrino de McPato tenía que estar ahí. Lo que no era obligatorio era verse bien en uniforme.

Aquí quedaban las esperanzas de Fenton para encontrar tema de conversación que no implicara a alguno de sus sobrinos en riesgo. Peor, ESE podía ser el tema de conversación: "¿Te acuerdas cuando me tiraste una tonelada de papel encima?"

- ¡Mi culpa! – dijo Fenton. En su alarma, interrumpió bruscamente a Donald y comenzó a hablar en español -. ¡No me fije por donde iba! ¡Debí hacerlo pero es que siempre llevo prisa! ¡Mi mamá me ha dicho-!

Se detuvo. Donald lo veía fijamente, con el pico un poco abierto. Se preguntó la razón, hasta que por fin un click en su cabeza le avisó del cambio de idioma. Aun podía salir de esta. Solo tenía que disculparse y repetir lo que había dicho de manera que lo entendiera. Para su desgracia, Fenton pudo confirmar que realmente le gustaba, porque se puso tan nervioso que olvidó el inglés. Ido. No lo encontró por ninguna parte.

Pero tenía que decir algo. ¿O no? O tal vez lo mejor era recoger todo su desastre a la brevedad, y ocultar su nerviosa persona en el laboratorio.

- Lo siento – dijo por fin, derrotado, esperando que entendiera la intención.

- Fue mi culpa, no me fije por donde iba – respondió Donald, en un español con acento mexicano.

- ¿Hablas español? – Fenton acercó su cara a la del otro pato, sin poder ocultar su entusiasmo.

- Hace mucho que no lo practico.

Hubo otro click en la cabeza de Fenton.

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Donald se quedó muy quieto, cuando Fenton comenzó a hablar rápidamente en español. Que nostalgia, el idioma lo regresaba a días felices… Sol, arena caliente, música y más música, risas sin parar hasta la madrugada, daños a propiedad ajena y constante riesgo de lesiones.

No conseguía identificar el acento de Fenton, y se acercó de manera inconsciente para escucharlo mejor.

- Fue mi culpa, no me fije por donde iba – Donald se sintió muy complacido de que su español no estuviera tan oxidado. Todo estaba ahí, a pesar del tiempo.

- ¿Hablas español? – a Fenton le brillaron los ojos, y acercó su cara un poco más.

- Hace mucho que no lo practico.

- ¡Yo puedo ayudarlo! – ofreció Fenton, entusiasmado. Después añadió, con repentina timidez -. Si usted quiere. Siempre estoy por aquí.

- Me gustaría mucho – Donald sonrió. Y entonces cayó en cuenta de lo cerca que estaba del otro, así que entró en modo: "oh, mira todos estos papeles, hay que recogerlos inmediatamente." Mientras lo hacía, le echó miradas discretas a Fenton.

Era lo más cerca que había estado de besar a alguien en años.

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Ma Beagle no se lo había tomado bien. No soportaba que "un incompetente metido en un refrigerador," fastidiar las operaciones de sus chicos en toda la ciudad. Así que decidió encargarse.

Fue una emboscada. Con falsa llamada de auxilio y todo, en un depósito de chatarra. Fenton pensó que la elección del lugar quería decirle algo.

- Puedo hacerlo – se dijo el pato de la armadura, sonriendo para si mismo con confianza. Lo superaban en número, pero él tenía un montón de armas, una para cada uno. En el entusiasmo, se le olvidó considerar que lo superaran en planes.

Le cayeron encima. Oleada tras oleada. Y si bien el traje tenía todo ese arsenal, Fenton se iba cansando y reaccionando cada vez más lento. Además, tenía cuidado de no lastimarlos demasiado, cortesía que no le devolvían.

El ataque decisivo lo dio el imán gigante del depósito. Consiguieron hacerlo retroceder hasta que quedó justo bajo este. Solo bastó encenderlo, y Patoaparato quedó pegado, y fue levantado varios metros del suelo.

Nononono. Esto no era bueno. Para nada.

Lo rodearon, y fue realmente aterrador. Se había quedado sin proyectiles (hasta los pays), y los láseres no tenían batería. La armadura ya no tenía la potencia suficiente para arrancarse del imán y salir volando. Necesitaba un buen rato para recargarse. Fenton pensó todo esto a gran velocidad mientras sus adversarios se le acercaban, sonrientes.

- ¡Hey, vagos!

Paperinik cayó de un salto en medio de todo el grupo. Blandió su escudo y comenzó a derribarlos. Ma, en los mandos del imán, rugió de furia.

- ¡Tú otra vez! ¡Ya me debes suficientes!

Fenton comenzó a agitarse dentro de la armadura. No conseguiría suficiente impulso para liberarla. Tendría que hacer algo arriesgado mientras Paperinik atacaba. Jaló la palanca de emergencia, y la placa del pecho se abrió. Tenía una salida, pero lejos del suelo.

- ¡Woooo! – Fenton quedó colgando del pecho de la armadura. Tendría que subir por esta, y trepar por el imán. Se preguntó si podría hacerlo, pero en realidad, no tenía opciones.

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Donald, por su parte, se la estaba pasando en grande. Aunque no debería. Golpear a otras personas no estaba bien, sin importar lo desagradables que fueran.

Que diablos, se lo merecían. Cuando los vio emboscar a Fenton, sintió que la cabeza le iba a explotar de furia. Pero se forzó a esperar a ver que hacía Patoaparato.

Esperó más que suficiente.

Tenía que darle su merecido a esos montoneros.

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Fenton consiguió escurrirse hasta los controles del imán. Ma estaba distraída gritando, maldiciendo a Paperinik y animando a sus chicos. El pato pidió una disculpa silenciosa a su mamá, quien le enseñó a respetar a sus mayores, tomó impulso y sacó a Ma de la cabina de una patada voladora por la espalda.

Pensó un poco, y calculó que aun no era conveniente liberar la armadura. Con las palancas, movió el imán y lo utilizó para derribar chicos malos como si fueran pinos de boliche.

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Las horas después de la emboscada fueron irrealmente silenciosas. Paperinik y Patoaparato se retiraron victoriosos del campo, y llamarón a la policía para avisar de los chicos malos tirados por ahí, a quienes de seguro buscaban por algo.

- Lo siento – dijo Patoaparato.

- ¿Por qué?

- No pude manejarlo solo.

Paperinik resopló de risa.

- Nadie hubiera podido hacerlo. Resististe bastante, y jugaron sucio.

Paperinik miró por el borde de la azotea que ocupaban. El viento agitó su capa, y Fenton sintió que se le calentaban las mejillas. No se suponía que debería gustarle su respetado mentor.

Tampoco el sobrino de su jefe.

Fenton gruñó para si.

- ¿Patoaparato? ¿Qué pasa?

"Creo que me estoy enamorando, pero no estoy seguro si de ti o de Donald, porque no se puede amar a dos personas al mismo tiempo, ¿o si?"

- Nada.

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Hola! Aprovecho para saludar a Lucia-nami14. Te agradezco mucho la review. Ya está el nuevo capitulo, y pronto el último :3