— Cuando dijiste que era peligroso, pensé que te referias a "Letalmente peligroso" no "Sexualmente peligroso" — Se quejo la castaña viendose amarrada en una silla en medio de una especie de teatro destartalado, bueno con suerte un pedazo de techo le caeria encima.
— Kufufu ¿con quien hablas? — Pregunto curioso el chico de peinado frutal.
— Con mi intuición. — Respondió como si fuera lo mas normal del mundo. — No voy a confiar en ti de nuevo. — Le recriminó a su pobre intuición que ya estaba por renunciar.
— ¿Malvavisco? — Pregunto Byakuran sentado en una mesa al frente de ella mientras comia malvaviscos de una bolsa proporcionada por el ilusionista.
— Lo de la confianza va para ti también. — Hizo una mueca intentando asesinarlo con la mirada. — No puedo creer que me hayas vendido por unos malvaviscos.
— Pero Tsu-chan son de edición limitada. — Hizo un pequeño puchero.
— Debi golpearte con la piedra cuando tuve la oportunidad. — Contesto inflando sus mejillas.
Ahora si preguntan como llegamos a esto bueno... Todo comenzó en la mañana cuando como todos los dias Kuran-chan, Takeshi y Tsuna iban a la escuela, todo normal hasta que el amante de los malvaviscos decidio que debían tomar una ruta alternativa, para variar las cosa. Cabe mencionar que esa ruta fue una trampa, en la cual Yamamoto termino enfrentandose por su cuenta a varios estudiantes de Kokuyo, mientras Byakuran "escortaba" al cielo a un lugar "seguro" (lease la guarida enemiga).
Y asi fue como llegaron al viejo Kokuyo land, donde luego de atar al cielo (Mas por seguridad que otra cosa porque la chica cooperó en todo, incluso ella sugirio lo de la cuerda) el joven criminal amenazo con poseer su cuerpo dejandonos en la situación actual.
— Mira para ser honestos, si te encuentro atractivo, pero siento que si hago algo contigo terminare en la carcel asi que... — Su cuerpo podia tener 15 años, pero ella aun se consideraba una adulta en su cabeza, y no se supone que los adultos mantengan ese tipo de relaciones con los mas jovenes, bueno, no al menos de que quieran terminar en la cárcel
— Kufufu creo que hay un pequeño mal entendido. — Se acercó tomando el rostro de la chica con su mano haciendo que le viera de frente. — Por más tentador que pueda ser hacer lo que piensas... — Susurro con una sonrisa ladina.— Literalmente quiero poseer tu cuerpo, para llegar a tus queridos amigos mafiosos.
— ¿Amigos mafiosos? — Enarco una ceja, hasta donde sabia Kyoya se encargo de la mafia en Nanimori... Esperen. — ¿Te refieres a En-nii, Massi-nii, Fede-nii y Xan-nii? — No es como si ellos le hubieran dicho algo al respecto, pero habria que ser Estupido para luego de tres años de conocerse no darse cuenta en que estaban metidos.
— ¡Bingo! Usare tu lindo cuerpo para acercarme a uno de ellos y tomar control de Vongola. — ¿Vongola? oh, ¿ese no era el apellido de sus hermanos? si no mal recordaba tambien era el nombre de su Famiglia (o como se dijera, su italiano estaba oxidado)
— ¿y que harás luego?
— Kufufu destruire a toda esa basura mafiosa y luego el mundo. — Sonrio de forna escalofriante esperando ver el miedo en los ojos ajenos
— Uh sobre eso, no puedo prestarte este cuerpo, ni siquiera es mio para comenzar, y no puedes rentar algo que no es tuyo. — Se disculpó.
— ¿Disculpa? — Quizo saber pero al ver que ninguna explicación iba a ser dada negó. — No importa de todas formas lo tomare. — tomo el arma de esa sucia familia y tiro del gatillo (La autora vagamente recuerda que asi sucedia, por supuesto con sus pequeñas modificaciones).
— Hey ¿Estas vivo? — Escucho que le preguntaban y de a poco abrio los ojos encontrandose en una clase de pasteleria italiana frente a la misma chica que antes estaba atada pero ahora tomaba café mientras comía unas galletas.
— ¿Donde estamos? — Deseo saber mientras se recomponia, para este momento debería estar en el cuerpo de la chica, pero claramente no lo estaba a menos que...
— Si, estamos dentro de mí cabeza. — Asintió sorprendiendolo — De nuevo, es mi cabeza se todo lo que sucede aquí, incluso lo que piensas.
— Kufufu, tienes una voluntad mas fuerte de lo que pensé, mi error, pero lo arreglare de inmediato. — Hizo aparecer su tridente y el lugar enseguida empezo a arder.— Mucho mejor.
— Lamento decir que sera un error difícil de arreglar. — Tomo un poco de su cafe cerrando los ojos y el lugar volvio a estar tan impecable como antes y el tridente se convirtio en una escoba.
— ¿Que? ¿como...? — Se cuestionó, el era una niebla, que paso por los siete infiernos ¿como era posible que la voluntad de esta chica fuera mas fuerte que la suya?
— Podria haber ido al infierno, pero yo morí 26 veces. — Dijo de forma solemne y de repente el escenario cambio a cuerdo a sus palabras. — Me ahogue, golpee en la cabeza, me dispare, ahorque, queme, bebe cloro, me desangre, fui atropellada. — Enumero haciendo que Mukuro pasara por todas las situaciones descritas. — Lo quiera o no, soy sobreviviente. — Finalmente terminaron en un estrecho espació oscuro mientras relámpagos se dejaban oir. — Y ningun punk revolcandose en su propia miseria va a herir mí familia. — Finalizo levantandose y abriendo una puerta detrás de ella, para salir del lugar dejando a una pequeña piña intentando escapar.
— ¡Tsu-chan bienvenida! ¿tuviste un lindo encuentro con Mu-kun? — Quiso saber el joven albino comiendo malvaviscos a su lado.
— ¿Quien me liberó? — Porque su amigo se veía muy ocupado comiendo como para hacerlo. Gruño un poco sentándose mientras sujetaba su cabeza viendo alrededor.
— Chaos. — Saludo en italiano un hombre de Fedora que apuntaba al cuerpo casi inerte del ilusionista con un arma.
— Oh ¿Donde esta Leon? — Preguntó mirando alrededor sin encontrar al camaleón hasta que el arma del hitman brillo y el animal se hizo presente saltando a la chica. — Bueno, eso es algo que no ves todos los días. — Dijo un poco sorprendida tomando al pequeño camaleón en sus manos. — ¿que te trae por aquí?
— Vine a pagar mi deuda, pero no habia mucho que hacer. — Respondió bajandose de hombros tomando de la camisa a la piña.
— Déjalo. — Intervino la chica. — No es una amenaza, y estoy segura de que ya tuvo bastante castigo para una vida.
— ¿Lo dice la bondad de tu alma?
— Nah, solo no quiero ser cómplice de homicidio, bueno, al menos no por algo que ni siquiera me molestó mucho. — Contesto bajándose de hombros.
— ¡Tsuna! — Se escucho en la puerta la cual fue abierta por un cansado as del béisbol.
— Pequeña animal. — Apareció detrás Hibari.
— Ya llegaron por mi, hasta pronto señor italiano. — Se despidió quitandole la bolsa de malvavisco al albino para caminar hasta el resto de sus seudo amigos, con un Byakuran quejandose y haciendo pucheros detras de ella.
— Al menos cumpliste tu propósito y no tendre que preocuparme por un control de daños. — Sonrió para si mismo viendo al ilusionista en el suelo.
¿Quien diria que despues de el incidente los hermanos mayores de Tsuna enloquecerian con respecto a su seguridad y decidieran contratarle un guard—Tutor? ¿y quien podria haber predecido que por su sobre protección terminarán por conseguir al mejor Hitman del mundo para cuidarle?
Decima o no, Byakuran tenía razón, esos dos siempre estaban conectados (Mas por los intintos posesivos y sadicos del hitman que por otra cosa).
