Un pedazo de papel fue botado en el interior de un cesto de basura, la figura de cabellos castaños dejo caer todo su peso sobre los cojines, en su mejillas parecieron algunos mohellines. La respuesta de su amigo tardó más tiempo del esperado y no era nada informativa, el chico se escudaba en su condición de autor para negarse a compartir información sobre las razones porque Draco tuvo en "accidente casero". Sospechaba que le ocultaba algo.
Llevó sus ojos al clásico reloj encima de su buró para observar la hora y saltar fuera de la cama, iba tarde a su sesión de lectura nocturna. Rápidamente se puso las pantuflas, que eran la cabeza de dos cocodrilos, un regalo de navidad por parte de Harry. Comenzaba a creer que el chico debía dejar de juntarse con Luna. Llegó al jardín donde ya esperaba su compañero.
—Tarde .—EL rubio mostró su reloj de bolsillo. La mujer rodó los ojos, le quitó el libro del regazo.—Ers mal puntual.
La castaña levantó los hombros como si le restara importancia a la queja, la serpiente era demasiado puntual y estricto con el horario. Lo miró fijamente arqueaba su espalda, la posición de la silla comenzaba a causar incomodidad.
—¿Te has cansado de la silla?.—Le cuestionó acercándose, el hombre asintió levemente con la cabeza.— No debes forzar tu cuerpo, ¿Quieres intentar caminar un poco?
El rubio anhelaba pasar el resto de su vida en la silla pero ya no sentía pesado el cuerpo, sus músculos buscaban intensamente ser usados. La castaña alejo la cobija, se acercó al chico para sostenerlo por el brazo que podía mover, le ayudó a bajar, fungió como muleta humana, lo sostuvo fuertemente por la cintura. La leona era más baja y delgada pero su fuerza era mayor, debía mantener una buena condición para las terapias físicas de los pacientes.
—Fuerte.—Trató de lanzar una palabra de asombro, los dos personajes comenzaron deambular por un nuevo camino creado en el jardín. —¿Nuevas?
Los ojos del chico se enfocaron en unas plantas como arbustos de unos 3 metros rodeando el camino, las flores pendulares se levantaban como trompetas, sus colores eran blancos, rosas y amarillos, un encantador olor se desprende atrayendo insectos. Las plantas florecían a la luz de la luna dándole un encanto romántico a esa sección de la casa que era alumbrada por las farolas mágicas.
—Se llaman Brugmansia, pero tu madre les gusta llamarlas Trompetas de Ángel, ha quedado fascinada por el poema que leyó sobre ellas.—El rubio la miró de reojo como si deseara escuchar la poseía salir de esos labios de tonos rosas.—No me aprendí el poema, es muy cursi, ya que menciona que las plantas emiten tonadas que guían a las almas de los enamorados para encontrarse aún después del más allá.
Las mejillas de la leona se tiñeron rojizas, nunca aceptaría frente a esa odiosa serpiente que era una mujer romántica esperando a su príncipe azul. En lo más profundo de su ser poseía una alma bohemia anhelando ser rescatada por un héroe, aunque después de varios intentos por emular esas novelas rosas terminó con el corazón roto. Decidió dedicarse a su carrera, a sus amigos, a crecer como persona y si el amor tocaba a su puerta lo recibiría con los brazos abiertos.
—Ma, sabe no, toxicas plantas.—El chico mencionó con una malévola sonrisa, él las llego a usar para realizar algunas pociones.— Ingesta personas, muggles o animales, peligrosa, provocar muerte hasta brujos.
Draco ya era capaz de formar palabras, las enfilaba seguro de su orden, ya que para él tenían lógica aunque para el resto sonarán extrañas. A veces a la leona le recordaba al maestro Yoda pero aún así lograba entender a la perfección sin presionarlo. Llevaban más de un par de meses con arduas sesiones para mejorar el lenguaje, esas eran las únicas terapias que emocionaron a Malfoy.
—Por favor no le digas eso a tu madre, ella continúa creyendo que son trompetas que emulan el aroma para los enamorados y no que desprende un veneno para atraer a sus presas.— Contestó con una sonrisa, notó como el hombre se fatigaba por la caminata así que se detuvo.— Vamos a descansar aquel árbol.
El rubio asintió para cambiar el rumbo del camino, la leona dejaba que en algunas ocasiones él fuera quien llevara la batuta, conociendolo quizá extrañaba controlar su vida y mandar a las personas. Llegaron hasta la base de un frondoso roble, un viejo árbol donde el rubio tuvo bastantes caídas por querer trepar por sus ramas, al estilo muggle, con el único objetivo de llegar hasta la cima. El hombre se detuvo para tratar de mirar la copa, le traía muy buenos recuerdos.
—Tu madre dice que lo hubiese mandado talar pero era un recordatorio para ti.—La chica sostuvo al chico pegándose a su pecho, le agradaba el olor desprendiendo de sus prendas, se había acostumbrados a su esencia— ¿Qué significa?
—Caer veces niño, heridas muchas y cicatrices dolor.— Continuó bajando la mirada para toparse con los brillantes orbes avellana que lo observaban fijamente.— Llegar a cima es difícil, caerás muchas veces, pero cuando alcances tu objetivo entonces sabrás que todo valió la pena. —Hermione presenció una honesta sonrisa.—Trabajo duro, perseverancia y recompensa.
La mujer se quedó sin aire, ese hombre en sus brazos no era el niño mimado, egoísta y cruel del colegio, era una alma vieja resguarda en el cascarón de un villano.
Draco se recostó sobre el paso, la agradaba sentir aquellas hojas picar su piel, odiaba el olor a pasto recién cortado pero adoraba el aroma a humedad de la tierra cuando era mojada. Hermione acomodó una cobija debajo de su cabeza y también se recostó a su lado. Los dos personajes miraron el cielo estrellado que se lograba colar entre las ramas del árbol.
—Un verano Luna nos invitó conocer México, hacia una investigación en las ruinas aztecas. —La mujer mencionó sin apartar la vista de la luna.— Nos contó una historia fascinante ¿Quieres escucharla?
La mujer se giró para notar como esos orbes grises se enfocan en su perfil, nervios saltaron a sus mejillas para pintarlas. Draco contestó con un suave "Sí". Hermione respiró tranquila para iniciar aquella leyenda azteca.
"
Un día, hace cientos de años, el dios Quetzalcóatl decidió viajar por todo el mundo. Su aspecto era el de una serpiente adornada con plumas de color verde y dorado, así que para no ser reconocido, adoptó forma humana y echó a andar.
Subió altas montañas y atravesó espesos bosques sin descanso. Al final de la jornada, se sintió agotado. Había caminado tanto que decidió que era la hora de pararse a descansar para recobrar las fuerzas. Satisfecho por todo lo que había visto, se sentó sobre una roca en un claro del bosque, dispuesto a disfrutar de la tranquilidad que le proporcionaba la naturaleza.
Era una preciosa noche de verano. Las estrellas titilaban y cubrían el cielo como si fuera un enorme manto de diamantes y, junto a ellas, una anaranjada luna parecía que lo vigilaba todo desde lo alto. El dios pensó que era la imagen más bella que había visto en su vida.
Al cabo de un rato se dio cuenta de que, junto a él, había un conejo que le miraba sin dejar de masticar algo que llevaba entre los dientes.
– ¿Qué comes, lindo conejito?
– Sólo un poco de hierba fresca. Si quieres puedo compartirla contigo.
– Te lo agradezco mucho, pero los humanos no comemos hierba.
– Pero entonces ¿qué comerás? Se te ve cansado y seguro que tienes apetito.
– Tienes razón… Imagino que si no encuentro nada que llevarme a la boca, moriré de hambre.
El conejo se sintió fatal ¡No podía consentir que eso sucediera! Se quedó pensativo y en un acto de generosidad, se ofreció al Dios.
– Tan sólo soy un pequeño conejo, pero si quieres puedo servirte de alimento. Cómeme a mí y así podrás sobrevivir.
El Dios se conmovió por la bondad y la ternura de aquel animalito. Estaba ofreciendo su propia vida para salvarle a él.
– Me emocionan tus palabras – Le dijo acariciándole la cabeza con suavidad – A partir de hoy, siempre serás recordado. Te lo mereces por ser tan bueno.
Tomándole en brazos le levantó tan alto que su figura quedó estampada en la superficie de la luna. Después, con mucho cuidado, le bajó hasta el suelo y el conejo pudo contemplar con asombro su propia imagen brillante.
– Pasarán los siglos y cambiarán los hombres, pero allí estará siempre tu recuerdo.
Su promesa se cumplió. Todavía hoy, si la noche está despejada y miras la luna llena con atención, descubrirás la silueta del bondadoso conejo que hace muchos, muchos años, quiso ayudar al Dios Quetzalcóatl.
"
Hermione se giro para colocar la cabeza sobre su mano, entonces se dedicó a observar al rubio, en esos meses alcanzó a develar algunos secretos. Ese ya no era al Malfoy del colegio, esa arrogancia, soberbia desaparecieron para ser reemplazadas por la melancolía. Ya no soltaba más palabras hirientes, ni burlas sin sentido ahora solo contemplaba a la nada.
—Luna sospecha que los aztecas quizá confundieron a seres fantásticos con Dioses, la realidad se mezcló con el mito.—La castaña comentaba ya que el silencio le incomodaba.— Suena interesante e increíble, ahora entiendo porque Harry la ama tanto.
Por primera vez la leona detectó un gesto de incomodidad, guardó silencio, Malfoy nunca fue buen amigo de Potter en el colegio, y quizá la rivalidad continuaba, aunque seguía la incógnita de las razones para que ella fue a dar a esa mansión.
La chica separó sus labios con la intención de continuar con la conversación pero se detuvo, nuevamente el chico se quedaba dormido.
No le gustaba ese maldito hábito por parte de la serpiente, es como si en cada oportunidad durmiera, debía activarse, ocupar su mente en nuevos proyectos. Actuaba como un anciano que sólo ejecutaba los ejercicios por obligación y no por decisión propia.
Nota de la autora: Gracias por los reviews, espero les guste este capitulo. Me encantan los momentos cursis y melosos entre Draco y Hermione. ¿Habrá un triángulo amoroso? ¿Por eso Draco terminó herido? Ok, suficientes spoilers jajaj lo siento. Olviden lo que dije. Saludos y cuídense.
