"No olvides las enseñanzas del pasado ni el apoyo dado, en esa persona que estuvo apoyándote puedes encontrar un guía, un amigo, una mano que te sostenga cuando estas por caer"


Llegando a la casa del Anbu donde residía fue recibida por el silencio imperturbable de la casa vacia. Entre pasos cortos llego hasta la sala, se recostó en el sofá y miro por el balcón las luces de Konoha que parecían pequeños faroles a la distancia, como pequeñas bolas de colores amarillos, blancos y rojos cuando desenfocaba su vista aumentaban su tamaño haciendo las luces más tenues. Le gustaba esos brillantes colores resaltar en la oscuridad que la tranquilizaban y eran capaces de iluminar la estancia lo suficiente para ubicarse sin encender las luces formando un sendero perpetuo en la oscuridad.

Esa noche ceno con los Uzumaki el famoso ramen que Naruto le invito, prestándose el lugar para ser abrazada por una calidez que no era remotamente parecida a la de la residencia del Anbu con el que convivía. Cuando estaba dentro de la casa donde vivía, normalmente tenia frio y sus sentidos se veían agudizados sin dejar muchos momentos en el que se pudiera relajar, contrario a la residencia Uzumaki, en donde era envuelta por la calidez de Kushina, los comentarios fuera de lugar de Naruto, los burlones de Menma para molestar a su hermano y los amables gestos de Minato para todos. Era consiente que tanto había reparado en ellos, sumando cada vez que lo hizo en esa noche, era patética para si misma ver que era una simple espectadora en aquella feliz vida familiar.

Una lágrima perdida se escapó de su ojo más cercano al sofá, mojando su mejilla y como un intruso importunado, fue capaz de hacer que reaccionara, sentándose y acomodando sus piernas cerca de ella. Dejo que más lágrimas se escaparan silenciosamente después de esa y perderse en su cuello al descender. Reconoció esa reacción y la odiaba.

Poco después del inicio de las lágrimas, escocia la cicatriz en su pecho y su cuerpo temblaba nervioso. Era una brecha en el control que tenía sobre su cuerpo, emociones y pensamientos que quedo después de ser sellado sus recuerdos. Nunca se lo había dicho a los Uzumaki y el ANBU aún no estaba enterado.

Eran pocas las cosas que se podía guardar para sí misma y se consideraba egoísta de no compartir ese malestar con la familia que la intentaba cuidar, aun así no dejaría que se preocuparan más por ella de lo que ya habían hecho. Nunca exigieron nada de ella, solo que intentara ser feliz y tuviera una vida tranquila, entonces ¿Cómo podía ver a la cara a Kushina y Minato y decirles que era feliz si lloraba todas las noches en soledad?

Le dieron un apellido, le dieron un techo y un guardián ¿Qué más podía pedir? Era una extranjera sin pasado, debía mantenerse al margen en el país que la recibió y no incomodar a sus anfitriones que tan amablemente la ayudaban.

Se repitió aquella palabra de la que se quería apropiar, "felicidad", suspiro entrecortado sin dejar de ver las luces, su efecto tranquilizador aún era vigente en esos momentos que se quebraba, siendo lo más cercano a algo que la podría hacer feliz. Entre más brillante fuera el brillo de luces en la noche y repelía la oscuridad, sentía su deber hacer lo mismo y ser su propia luz en la oscuridad que la acosaba por dentro.

-vasta! Los ninjas no lloran- grito enojada aumentando la intensidad de su llanto hasta nublar su vista. Palmeo sus mejillas y corrió hasta su baño para lavarse la cara hasta que no hubiera rastro de lágrimas, aun así todavía no estaba calmada en absoluto.

-Sakura! Ya llegue- anuncio una voz masculina un poco distante. Supuso que en la cocina.

Dando un respingo, cerró la puerta del baño y comenzó a emitir chakra en su rostro para bajar la hinchazón hasta que no hubiera rastro en su rostro de haber estado llorando para dirigirse a la cocina y encontrar las luces encendidas en toda la estancia incluyendo la sala y al hombre metiendo algunas compras recientes en el refrigerador.

Se sentó en el comedor tratando de aparentar normalidad y se quedó observándolo lánguidamente hasta que acabo lo que estaba haciendo. Muchas personas podían reconocer a los ANBU por dos razones, la primera era su uniforme estándar con chalecos grises, máscaras y ropas oscuras, la segunda era su físico atlético, movimientos engañosos y la marca en su hombro derecho si era un hombre, e izquierdo si era mujer. Ella prefería guiarse más por la segunda y detallar la fisionomía de los ninjas de elite para poder diferenciarlos un poco, aún si fuera un acertijo.

-¿Cómo estuvo tu día?- pregunto apoyándose en el borde del mesón a pocos pasos de distancia manteniendo su vista fija en la de ella.

-sobresaliente anbu-san ¿y el suyo?- con un tono suave se dirigió al mayor guardado una expresión amable, obteniendo el típico "muy bien" ante ese tipo de preguntas- preparare su cena hoy, debe estar exhausto después de esa larga misión. Puede ver televisión mientras tanto.

-está bien, gracias por el detalle. Sera grato comer juntos lo que prepares- dijo con un ligero toque de sorpresa desapareciendo en la entrada de la cocina al tiempo de que cualquier gesto amable en su cara desapareciera.

Moviéndose con gracia dentro de la cocina extrajo de la nevera algunos vegetales y frutas, los lavo y con cuidado pico. Le gustaba cocinar, la hacía sentir útil y en una posición de confianza. Pocos consideraban la profesión de los cocineros y solo admiraban sus creaciones sin mucho miramiento del esfuerzo realizado en las preparaciones pero la gente astuta veía lo que hacían aquellas manos expertas.

¿confías en que no te envenenara? ¿En que no te dará un suero de la verdad? ¿En que no te enfermara?

No había paranoia en aquellas cuestiones si eres alguien en formación de seguridad, dígase ninja, samurái, guardaespaldas y podía seguir enumerando. Solamente una persona corriente tendría el derecho de ignorarlo tan abiertamente.

No paso más de media hora cuando ya tenía dos platos hondos con algunos vegetales cocidos y bañados en algunos condimentos dándole un buen aspecto. Dejo uno en la sala para el anbu y cuando estaba en la puerta de la cocina amenazando con ir de regreso, la voz del mismo la detuvo.

-acompáñame, no tienes que comer sola si no quieres- invito con el mismo tono amable con el que ella lo solía tratar. Se vieron unos cuantos segundos en los que ella pensaba si aceptar o no, asintiendo sin hacer ningún ruido se sentó al lado de él y visiblemente tranquila comenzó a comer observando las noticias civiles que pasaban a esa hora.

Fue ameno el momento, ninguno de los dos dijo algo mientras terminaba la trasmisión y después de que se hubiera acabado, dejando la pantalla en ruido los dos seguían sin decir nada, ella porque estaba terminando su comida y él porque no podía.

-parece que ya surgió efecto- dijo la pelirroja con una gran sonrisa de satisfacción en rostro al levantarse del sofá y dar unos cuantos pasos hasta posicionarse en frente de él, admirando lo que podía provocar su recetas preventivas. La mano izquierda de él se encontraba elevada con los palillos agarrando una fresa que nunca llego a rozar sus labios hasta que entre sus temblorosos dedos se lograron escapar los palillos con la fruta.

Sin dar mas espera aparto la máscara torcida del hombre, revelando su rostro, era un adulto joven que no era ni bien parecido ni feo, podría decirse de de rasgos sencillos, por las ligeras arrugas que surcaban su rostro, afirmo que debía estar aproximadamente en sus 24 años, tenía una mandíbula gruesa, mentón prominente y pómulos anchos además de unos rasgados ojos violetas le devolvieron la mirada sorprendidos.

-que me has hecho- balbuceo temblando en busca de poder moverse pero no cedía más que unos cuantos milímetros.

-te he dado un paralizante, no es tan fuerte como para detener tu corazón y matarte pero si lo suficiente para causar rigidez muscular. Ahora, ya respondiendo tu duda, tendrás que responder las mías si no quieres que te entierre este kunai en el cuello – advirtió sacando del porta kunai de su pantalón dichosa arma que suavemente fue colocada en el cuello de él y arrástralo un poco para rasguñar el cuello de su camisa negra dejando expuesta su piel.

-te has vuelto loca….Sakura esto no está bien.

-no juegues conmigo escoria, sé que no eres anbu-san – con un claro sentido de estar ofendida apretó más el kunai, sacando unas cuantas gotas de sangre del cuello de el - parece que no te informaste bien antes de interrumpir en esta casa, anbu-san y yo tenemos una rutina de convivencia que tu rompiste. Tu error fue invitarme a comer contigo, lo que indica que no conoces a los anbu.

-eres más astuta de lo que me informaron, te subestime- volvió a balbucear haciendo una mueca resentida.

-¿Quién eres y que buscas aquí?

-Puedes enterrar ese cosa en mi cuello, no te diré nada- resoplo cerrando sus parpados esperando la estocada de la niña.

Después de una acción viene una consecuencia, decidió encontrar en la tortura física un modo para hacer al impostor hablar y no hubo nada más que resistencia por su parte. Solo le quedaba un último recurso que no era fácil de aceptar y aun así ahí iba tras esa posibilidad.

El hombre era pesado y no podía moverse por sí mismo, sus piernas estaban fracturadas y con cortes que exponían su interior; es desagradable de ver lo retorcido que puede llegar a ser incluso para ella misma.

Le dio un retorcijón en el estómago cuando comenzó la marcha jalando una soga atada a un pedazo de madera en el que acostó al hombre para poder movilizarlo. Descubrir esa parte oscura de ella la asqueaba, era como reencontrar un pedazo de su memoria sin darse a revelar.

Lo sentía en su cuerpo

El adormecimiento en las puntas de sus dedos, el movimiento rápido de su corazón, su respiración acelerada, la sequedad en su boca y el fuerte deseo de escapar era la señal que necesitaba para comprenderlo.

Ella no torturaba, no sentía placer alguno en dañar a las personas, se reprendía a si misma si terminada lastimando a alguien pero nunca hubo arrepentimiento de sus acciones, quizás solo vergüenza.

No, ella en algún tiempo fue la que estuvo en la posición de el, lastimada y sin escape.

-no era mi intención llegar tan lejos pero no me diste otra opción- le hablo por última vez antes de llegar a la entrada de la torre Hokage y ser rodeada por cinco anbus que se veían cautos, completamente a la defensiva después de ver al que parecía ser uno de los suyos en tan mal estado arrastrado por la pelirroja que estaba bañada en sus fluidos.

-honorable sobrina Uzumaki Sakura, informe su situación- ordeno el que parecía ser el líder de aquel escuadrón. Un hombre que sobrepasaba por mucho su estatura y grosor corporal.

-este hombre se hizo pasar por el anbu que me tiene bajo su protección y entro a mi residencia sin motivos conocidos. Trate de usar métodos persuasivos para dar con sus intenciones pero su resistencia me supero- informo manteniéndose firme en su lugar cediéndole al anbu la soga a uno de los anbu que se encontraban a su izquierda.

-Araña, reporte su condición- ordeno el líder a uno de los subordinados que estaban atrás de la niña, revisando las heridas del hombre tan rápido como le fue posible.

-daño critico en extremidades inferiores, fracturas multiples y lesiones de aplastamiento en ambos pares de extremidades, una herida corto punzante profunda en su cuello sin llegar a dañar vasos principales, multiples laceraciones superficiales en la región dorsal.

-Araña, serpiente, conejo, lleven al sujeto a urgencia para ser atendido en el área de riesgo- ordeno el líder y en menos de un parpadeo, tanto el intruso como los anbu desaparecieron de su vista dejándola rodeada por dos personas que constaban en el líder y un subordinado que no despegaron su vista de ella, decidiendo como proceder- gato y yo la escoltaremos hasta la casa de Hokage-sama, el decidirá qué debe hacerse con su situación- le dijo haciendo un gesto para que avanzara detrás de ellos.

Pasaron varias calles escoltada por aquellas personas, siendo observada indiscretamente por los civiles y en su mente paso un mundo de ideas poco alegres guardando en sus recuerdos los relatos occidentales de algunos libros en la biblioteca Uchiha en los que había un camino de vergüenza para los traidores, ladrones y asesinos, así se debían sentir las personas que pasaban el camino de la vergüenza antes de ser juzgados. Observados con asombro, miedo y desprecio, la gracia en esto es que no habría necesidad de encadenarla o lanzarle tomates podridos ya que estaba cubierta por algunas manchas de sangre y su cabello húmedo adherido a algunas partes de su cuerpo.

~DING DONG~

El sonido del timbre la espabilo, frente a ella se elevaba una puerta que se abrió rebelando la figura del hombre más poderoso, el Hokage mismo en su pijama de rayas naranjas y color hueso.

Otro retorcijón paso por su estómago, avergonzada de su espantosa apariencia frente a tan digna persona que la observaba como un desconocido que le recordaba a alguien.

-¿Sakura?

-buenas noches Hokage-sama, lamento molestarlo- se inclinó en muestra de respeto.

-¿Qué le ocurrió?- pregunto directamente a sus subordinados dejando de lado la sorpresa inicial que le había causado verla otra vez en un estado lamentable. Había pasado un tiempo que no la había visto tan vulnerable como en ese momento.

El hokage era un hombre de muchas facetas admirables, podía trasmitir un apoyo incondicional tocando con suavidad los hombros de ella a la vez que podía lanzar una mirada frívola como si se acercara una tormenta guiada por su propio poder a los anbu frente a el.

-su honorable sobrina llego a la torre Hokage con un hombre el cual reporto como un intruso que se hizo pasar por un anbu. En estos momentos el sujeto se encuentra en el hospital general de Konoha, está siendo atendido por las heridas criticas- informo el anbu con mascara de gato omitiendo el detalle que causo el estado del sujeto, evitando un posible regaño que le pudiera dar a la joven pelirroja por el momento.

Para aquel imponente hombre decir que no le sorprendía esa criatura cada vez que se cruzaban sería una vil mentira, había algo nuevo en ella cada vez que se encontraban y era hasta cierto punto aterrador, en especial ese parecido que estaba adquiriendo de su esposa y no lo decía por su físico, claramente el cabello rojo y las lentillas negras eran suficiente para que resaltara el parecido entre ellas. La similitud que era aterradora radicaba en su espíritu sanguinario cuando es provocada, recordaba claramente como había destruido medio mes atrás la mitad de su casa en un ataque de ira junto a su esposa como si fuesen remolinos que arrollaban todo a su paso y como tal incontenibles, solo había que ver a Naruto inconsciente encima del ventilador de techo que había en una de las habitaciones para entender que intento detenerlas y que no resulto muy bien.

No había pasado más de cuatro horas desde que se había marchado de su casa cuando estaba de vuelta con tan mal semblante rodeada de anbus.

-Sakura ¿podrías decirme cómo fue que llegaste a herir a ese hombre de semejante forma?- pregunto saliendo de su estupefacción. No sería tan ingenuo para pensar que ese era trabajo de otra persona más que de ella. Sakura también podía ver nítidamente que él nunca la subestimaba.

No envidiaba para nada la situación en la que se había metido el pobre diablo, meterse con la descendiente más joven de Hashirama Senju era algo que debía evitar alguien inexperto para no salir lastimado.

Minato frunció el ceño examinando la apariencia de la niña frente a él sin poder evitar culparse a sí mismo del fallo en el sistema que tantos años había dedicado para la protección de cada persona dentro del territorio que comprendía Konoha. Esa era la segunda vez que aquella criatura que no era mayor que sus hijos se enfrentaba a una situación peligrosa de la que no se vio enterado cuando ya estaba resuelta por ella misma.

La diferencia entre el pasado y el presente era la manera en que se dieron las cosas, no era accidental este enfrentamiento, no era un error en el que se vio inmiscuida como antes. Aquel intruso ingreso a la morada de la pelirroja por voluntad propia buscando algo por órdenes externas.

-no quiso decírmelo Hokage-sama, ese hombre hizo pasar por anbu-san y entro en mi residencia. Trate de persuadirlo para que me dijera su propósito pero no fue posible, solamente pude conocer que no es perteneciente de Konoha ni anbu - explico manteniéndose tan recta que parecía un soldado listo para que le dieran una orden, hubiera sido gracioso para el en una situación normal en donde un niño juega a ser ninja pero ella aunque no tuviera aun el título y aun estuviera en la academia, ya había ganado un historial de peso que la volvían uno sin ser reconocido por título, increíblemente podría estar a nivel chunnin o jonnin.

Se recordó que eso para ella no era un juego, si lo fuera, no estuviera su manos unidas detrás de ella, detalle que no paso desapercibido, conocía ese gesto, estaba tratando de ocultar sus emociones manteniendo elevadas sus defensas, atenta a todo lo que tuviera alrededor sin ignorar el peligro.

-comprendo, Tenzo cuidara de ti desde mañana hasta que sepamos del paradero del anbu que te tenía a su cargo. ¿Estas herida?- pregunto precavido tratando de encontrar algún daño físico detrás de las manchas y mechones de cabello pegados a su cuello que fácilmente se podía confundir con la sangre.

-no Hokage-sama. Le di un paralizante que me regalo anbu-san para emergencias antes de que hiciera algún movimiento.

-bien hecho- felicito sonriendo tenuemente con sus finos labios cerrados y regresar su atención al anbu frente a él que llevaba la máscara de gato que asintió ante su orden y junto con su líder dieron unos pasos atrás hasta quedar en la entrada de camino de tierra que guiaban hasta la residencia Uzumaki para darles privacidad- Sakura, no puedo alabar todas tus acciones. No es tu papel ser una torturadora, eso que hiciste no es digno de un ninja, tu obligación era llevarlo a la torre o a la estación policial Uchiha, no dañarlo y menos de esa manera tan despiadada.

-Aun no soy un ninja- le recordó frunciendo el ceño y recitar una norma establecida desde muchas generaciones atrás que la volvían indolente ante el regaño de su mayor- como civil, si no tengo alguna persona para acudir en el momento de un ataque, debo usar lo que tenga a mi alcance para defenderme. No puedes protegerme todo el tiempo, tío. Ese hombre vino por mí, igual que el vendrán más y trataran de infiltrarse como él.

-¿Qué te hace pensar eso?- pregunto reconociendo la necedad de ella para llevarle la contraria con las reglas que tanto veneraba. El orgullo de ella no haría que inclinara la cabeza y pidiera disculpas por su atrevimiento, al contrario, la levantaba altivamente renuente de dar su brazo a torcer porque no tenía lógica para ella el no seguir los protocolos establecidos y que pocos se dedicaban a examinar detenidamente como ella lo había hecho.

-el conocía mi nombre.

Guardaron silencio después de eso, aquella información era suficiente para intuir que la estaban buscando o que ya sabían que se encontraba en Konoha y en dónde. No encontró que reprocharle, quizás no fue la acción más madura pero era una niña, no podía culparla de no actuar como lo haría un adulto o alguien capacitado.

-¿Papa? Quien llego- pregunto una voz ronca por el pasillo que lo alerto y con disimulo empujo la puerta un poco para que nadie la viera.

-Me vestiré y me encargare de aquel hombre para dar con su objetivo. Espérame junto a los anbu, iremos a la torre a pedir a alguien que te cuide por esta noche - le despidió cerrando la puerta tras de si.

Sakura se quedo en su lugar por unos segundos en los que pudo escuchar como Minato se excusaba con Menma, lo pudo escuchar decirle que eran cuestiones de trabajo y que regresara a dormir. Suspiro sonriendo débilmente antes de eliminar cualquier rastro de emoción al dirigirse donde se encontraba los anbu y sentarse en espera.

El Hokage es un hombre gentil que trataba de evitar las preocupaciones de sus hijos como si pusiera un velo de ignorancia sobre los ojos de ellos, reteniendo la información que no quería que escucharan, apartándolos lo mas que podía de sus deberes laborales.

Otro retorcijón llego a su estómago recordándose nuevamente que solo era una simple espectadora.

Pasaron algunos minutos desde que se quedó junto a los enmascarados guardando silencio. Se había quedado sentada en el suelo atrayendo sus piernas hacia ella y ocultar su rostro hasta sentirse sola. Las crecientes veces que cambiaba de casa eran como un golpe nuevo que la despabilaba antes de caer de nuevo y ser golpeada por otro abandono con más rudeza.

Suspiro cansada, los nudillos le palpitaban de los incontables golpes que le dio al intruso haciendo uso de su chakra. Era tonto lo que había hecho, se lastimo a si misma agrietando la piel de sus nudillos movida por la ira que la embargo el daño que ese hombre le pudo haber hecho al anbu que la cuidaba. Ahora era consciente de que no podría curar sus manos con sus jutsus médicos con los bajos niveles de chakra que tenía. Era un desastre.

-"no volverá"- pensó extrañada de lo afligida que se escuchaba para sí misma pero debía ser realista, cabe entre tantas posibilidades que aquel anbu estuviera muerto y por eso el intruso tenía su uniforme y mascara.

Mordió su mejilla por dentro hasta que comenzó a doler y dejo de hacerlo, ahora estaría otro anbu con ella. No le gustaba la gente nueva, había algo en ellos que hacía que esperara pasaran cosas malas entre ellos y solamente la convivencia constante era lo único que podía hacer que se acostumbrara.

Si, costumbre, tolerancia, reconocimiento o cualquier sinónimo de esa palabra excepto confianza, eso era de ciegos que como un masoquista aguardaba por la traición.

Solamente la familia Uzumaki y Shisui habían sido digna de su confianza, era gente muy apasionada que guardaba en sus raíces una lealtad a su palabra y promesas que podía traspasar sus barreras.

Esperaba que la persona con la que se quedara desde esa noche fuera alguien como el anbu, una mezcla entre silencioso y agradable que eran cualidades perfectas que necesitaba en una convivencia larga.

Alzo la cabeza y antes de dirigirle la mirada al enmascarado, el tacto gentil de Minato sobre su hombro izquierdo llamo su atención. No se había dado cuenta cuando llego a su lado y su repentina cercanía era asombrosa, él sonreía amablemente para ella apartando algunos mechones de cabello que caían por su rostro hasta despejarlo como si con eso pudiera decirle "todo estará bien".

-vamos- ordeno ayudándola a levantarse del suelo y caminaron sin soltar sus manos. Ella necesitaba de ese tacto, él lo sabía, era una forma de recordarse que no estaba sola, que él era su apoyo.

Llegando a la entrada del edificio, un adulto desgarbado salió con aire ausente sin reparar en ella saludo al Hokage y a los anbu pidiendo información de su corta misión. Aclarando su garganta espero a que el le saludara pero su atención seguía en las otras personas.

-ella es mi sobrina Sakura, te guiara hasta su casa y cuidaras de ella hasta que envié a Tenzo mañana.

-¿eres Sakura?- pregunto ignorando la desaprobación en la cara de ella. No le importo en absoluto su apariencia desalineada ni su falta de interés pero su molestia comenzó al oler aquel toxico aroma que emanaba de su cuerpo.

-así es

-soy un jonnin, me llamo Asuma- se presentó pero ella no dijo nada, solo lo miro lánguidamente con claro aburrimiento esperando que continuara- te pareces a tu tia- observo escuhcandose en el fondo la risa nerviosa del Hokage.

-mas de lo que te podrias inmaginar- susurro para si mismo con una expresión apesadumbrada que recompuso en una amable sonrisa de despedida- No te desveles Sakura.

Sin mediar más palabras entre ellos comenzó su marcha en silencio apartada unos cuantos pasos de él, no era saludable estar tan cerca de alguien que fácilmente le podría comenzar a dañar los pulmones. No tenía nada que ver con el olor propio de su cuerpo, el culpable de su disgusto estaba en su boca, burlándose de ella y de la vida misma con si existencia. Un estúpido cigarrillo.

Ya en su casa fue al comedor a recoger los platos que dejo al lado del sofá dándole una corta bienvenida a Asuma para que entrara y se acomodara.

Despue de una rápida barrida con la mirada a aquel lugar, no paso desapercibido unos cuantos charcos de sangre que se había acumulado a los pies del sofá y que fue arrastrado hasta la entrada como si le hubieran pasado encima una brocha para pintar. Una escena peculiar para cualquier espectador y de la cual ella se escuso apenada por considerarlo un desorden, con la clara intención de limpiarlo.

-¿Cuántos años tienes Sakura?- pregunto recostándose contra la pared de la cocina exhalando un bocado de humo en dirección contraria a la de la joven viendo como tranquilamente llenaba un balde de agua al que le hecho un detergente. El cuerpo de ella estaba cubierto de manchas de sangre pero no estaba herida, eso solo significaba que ella estuvo presente o daño a la persona a la que fue a visitar el hokage con aquellos dos anbu al hospital.

-diez años- susurro cerrando el grifo y bajar el balde y dirigirse a la sala con una esponja en la otra mano la cual sumergió y comenzó a limpiar el suelo bajo la curiosa mirada del hombre.

- puedo preguntar que ocurrio- curioso se concentro en los rítmicos movimientos de ella en su limpieza.

-un intruso se hizo pasar por el anbu que me cuidaba y me tuve que encargar de el- explico brevemente, con esta ya era la tercera vez que contaba ese relato, solo esperaba que no se volviera repetitivo.

-sorprendente, derrotar a aquel hombre es una hazaña para alguien de tu edad- la alago sonriéndole admirado el gesto impasible de la niña.

-no lo considero de esa forma Asuma-san. Si supiera sus intenciones y si lo hubiera detenido antes de que le hubiera hecho quien sabe que a anbu-san hubiera sido una hazaña pero apenas lo pude atrapar.

-no es bueno que no reconozcas tus logros. He conocido pocos niños de tu edad que podrían lograr lo que tú has hecho.

-Es muy amable- le dijo sin apartar su vista de la esponja que rápidamente adquirió un color rojo y remojarla hasta que se volviera amarillo para continuar limpiando hasta terminar con la mitad de la sangre que se comenzaba a secar en el suelo.

Media hora paso y cayó en el suelo con la respiración pesada dejándose llevar por el cansancio, logro identificar unas cuantas palabras inconexas del Jonnin lo vio a su lado sosteniendo un vaso con agua que esperaba que recibiera cuando estuviera lista.

-debe ser duro para ti esta situación, siempre es una desgracia perder a alguien querido- comprensivo aparto unos mechones del rostro de la niña sin decir nada cuando se dispuso a tomar agua dejando ver la aflicción en su rostro – terminare de limpiar lo que resta, ve a curar tus nudillos y a tomar un baño, mañana seguimos hablando.

-¿sabes cómo se llamaba anbu-san?- susurro insegura entregándole el vaso. Había revelado parte de sus sentimientos sin darse cuenta, ella en verdad estimaba a aquel anbu.

Asuma exhalo un bocado de humo otra vez en dirección contraria a ella y pensó que respuesta darle, conocía al sujeto, su identidad fuera de anbu era la de un joven agradable y simple pero no era su deber decirle aquellas cosas además que agregaría más sufrimiento a esa niña. Los oscuros ojos de ella mostraban una firme sed de conocimiento del que parecía no conocer el daño que le haría.

-solo el Hokage conoce su identidad.

La mañana de un sábado es razón de pereza cuando se es estudiante, puedes dormir más tiempo o estar ocioso alrededor de la casa. Ella generalmente no es así, todos los días es muy activa pero esa mañana de sábado se sentía como cualquier otra persona, sin el más mínimo deseo de hacer algo.

No había sentido antes tan relajante su cama como en ese momento, como si la invitara a conservar la paz que podía tener en el descanso y olvidar las tragedias del ayer.

Sorbió por la nariz un par de veces recordando los sucesos de la noche y se arropo hasta parecer un rollo y no tener ninguna parte de su cuerpo visible a cualquier intruso que osara entrar. Estaba débil tanto física como emocionalmente, había perdido a alguien.

-Sakura! Esta listo el desayuno- Aviso Asuma por detrás de la puerta sin atreverse a entrar. Unos cuantos segundos después ella abrió la puerta y se dirigió hasta el comedor como si estuviera en modo automático y no reparar en el ninja que parecía estar molesto por la falta reciente de cortesía aunque lo dejo pasar por alto.

-gracias por la comida- susurro cuando el adulto se unió a la mesa, por lo menos para agrado de ella no estaba fumando.

-¿dormiste bien?- pregunto antes de meter en su boca un embutido obteniendo un "asentimiento mentiroso" como le gustaba llamarlo su novia. Es un gesto poco significativo que afirma algo que a leguas es falso, por ejemplo afirmar que dormiste bien meneando la cabeza cuando tienes unas ojeras oscuras debajo de tus ojos combinado con una palidez que le dan la apariencia de un cadáver que se le hubiera escapara la sangre por el cabello hasta teñirlo de rojo.

-gracias por terminar de asear la casa aunque no era su deber- le dijo arrastrando las palabras en un fuerte estado de cansancio que lo conmovió, se veía tan frágil y parecía no ser consciente de eso.

-ve y sigue descansando, te aviso cualquier novedad- le indico recogiendo los platos pero ella parecía reacia a subir, como si estuviera perdida en sus pensamientos. Creyó que era mejor dejarla así, después de todo no eran asuntos suyos. Dando unos pasos en dirección a la cocina ella agarro su chaleco deteniéndolo.

-¿puedo ir a la pradera que está a 15 minutos de aquí?

-ve y cámbiate, te llevare cuando estés lista- le indico y en ese momento ella lo soltó para dirigirse a su habitación.

Después de cerrar la puerta de su cuarto se quitó la pijama y ropa interior dejándola doblada sobre su cama. Toco sus nudillos y se sentían dolorosamente inflamados pero dejaría que se recuperaran sin su intervención más allá de aplicarle bálsamos, dejaría que se recuperaran naturalmente. Quitándose las vendas que las cubrían encontró las marcas verduscas que se estaban comenzando a formar progresivamente alrededor.

Observo su reflejo en el espejo de cuerpo entero que estaba frente a su cama reparando en las ojeras que tenía debajo de los ojos y en la expresión desolada que no era consiente que tenía ¿acaso esa era la razón por la que Asuma la tratara con tanta amabilidad? No había duda de que tenía una apariencia que rogaba piedad pero no le importo, era la forma que podía demostrar su lamento.

No podía borrar sus sentimientos tan fácilmente.

Después de un baño corto, decidió amarrar su húmedo cabello en un peinado alto, despejando su rostro, se puso una camisa acampanada de color verde pálido y unos shorts cortos de color blanco, un bolso cruzado de color salmón y sus zapatos ninja que más usaba, unos de color verde oscuro. Reparo otra vez en el espejo en busca de algo que no quedara bien, podía decir con seguridad que para alguien que pronto cumplirá sus 11 años, tenía un cuerpo que ya no se veía tan débil aun poseyendo un poco de su escualidez original al menos podía apreciar un poco más de musculatura por su dedicación en los entrenamientos tanto de la academia como personales después de esta.

-te vez linda- alago Asuma cuando la encontró bajando las escaleras.

-gracias ¿nos vamos?- pregunto antes de reparar en la otra presencia que estaba en la sala, un joven anbu que tenía una máscara de gato. Lo miro detenidamente buscando algún detalle que lo diferencie pero parecía un muñeco estático en su lugar que solo le devolvía la mirada.

-me quedare a preparar el almuerzo por hoy, puedes ir con tu nuevo compañero y conocerse- recomendó encendiendo un cigarrillo que complacido vio como espanto a la niña y casi huye de la casa.

-está bien, vamos Tenzo-san – le indico indiferente a ambos antes de salir seguida por el enmascarado.

En el camino a la pradera no reparo en él enmascarado, ignoro su presencia y no quiso dirigirle la palabra. Ver el uniforme anbu en ese momento sería demasiado para ella, así que hizo lo propio y guardo su distancia para no sucumbir ante sus tristes sentimientos.

Su deseo por llegar a la pradera tenía muchos significados para ella, era el primer refugio que le fue entregado desinteresadamente, ahí podía expandir su poder sin retención ni remordimientos, ahí podía liberar sus sentimientos y sentir tranquilidad. Ese lugar era su hogar, en una pradera comenzaron sus recuerdos y ahí debía enterrar simbólicamente a los más importantes.

Se sentó en la mitad del prado observada de lejos por el anbu que había decidido quedarse bajo la sombra de un árbol vigilándola. Con su manos comenzó a escarbar en la tierra hasta formar un hueco de forma cuadrada y una vez hecho saco de su bolso una caja de madera barnizada que tenía un cerrojo extraño en forma de sello que únicamente se podía abrir con sangre se su dueño. Mordiendo su pulgar derecho lo mancho con unas gotas y abriéndolo extrajo un collar con un dije en forma de un camaleón que el anbu le había regalado no hace mucho diciéndole que le recordaba a ella, ahora debía sepultar en esa caja el recuerdo de él.

-un recuerdo de alguien fuerte y honorable, una hospitalidad dada y una esperanza que se desvanece hasta el abandono pero dejándome en expectación. Este es mi único regalo para ti anbu-san, estaré esperando a tu llegada para que esta caja tenga algo que guardar en su interior- susurro con voz ahogada dejando que cayeran algunas lágrimas en el suelo y después de hacer el signo del carnero, el jabalí y la serpiente, toco el suelo del que comenzó a surgir flores de gladolio, anturio, iris y anemonas que se expandieron a lo largo del campo como el barrido de una brisa sobre las hojas. Guardo la caja en el hueco que hizo y lo cubrió de tierra de la que surgieron hortensias.

Aguardo un tiempo con la vista perdida en las flores ignorando el calor creciente de la tarde, perdiéndose en el significado de las flores bajo sus relajantes fragancias. Habia perdido el sentido del tiempo.

El nuevo anbu que la cuidaba también duro un tiempo prolongado admirando la bella creación de la niña, una pradera llena de flores para el otro anbu que la cuidaba como una silenciosa despedida. Levantándose de las raíces del árbol se dirigió a paso calmo hasta la posición de la peliroja para no alterarla y que se diera cuenta de su presencia sin sobresaltarla.

-Es hora de regresar- le indico obteniendo una muda afirmación de la niña que agarro su mano en un apretón férreo.

-vivirás conmigo ¿no es así?- pregunto viéndolo asentir incitándola a continuar- quiero que me digas un nombre por el que te pueda llamar, el que quieras o te guste más por si algún día si nos toca despedirnos poder hacerlo como es debido.

Ese joven anbu no le daba alguna idea de la fortaleza o inteligencia que debía tener, no hubo una primera impresión cuando lo vio. Simplemente apareció sin emitir palabras y supo que su convivencia seria casi nula si no daba el primer paso ella.

El anterior anbu le dio las dos impresiones que necesitaba para ser reconocido por ella, era valeroso y a veces conversaban como si fuesen conocidos. Era todo lo que quería en una casa donde seria cuidada como si tuviera un niñero.

No quería una convivencia con alguien que solo estará vigilándola como si fuera una de dos cosas, o una pieza de porcelana invaluable que debía ser resguardada o como un niño rebelde que en cualquier momento se escaparía y para su mala suerte seria secuestrado. Esas ideas eran sensatas, a veces el anbu la veía de las dos formas las primeras semanas que vivieron y lo detesto tanto que quiso que desapareciera.

Es exigente en sus pocas peticiones pero era mejor cumplirlas para no tener un trato rudo de su parte.

-¿Cual es el nombre que deseas para mí?

-¿Qué?- pregunto sorprendida aflojando el agarre.

-un anbu no tiene nombre, el Hokage se encarga de asignar uno a cada miembro, mi nombre asignado es Tenzo, pero puede cambiar de acuerdo a las circunstancias. Por eso te dejo a elección un nombre- le explico en un tono agradable que resulto casi inesperado.

-no te conozco lo suficiente para darte uno.

-entonces me llamaras anbu-san hasta que encuentres el nombre adecuado para darme- le indico comenzando a caminar sin soltarla.

Dudosa se quedó viéndolo ignorando el camino, era un adulto joven que imaginaba tendría un aspecto sobresaliente sin su uniforme. En la espalda ligeramente ancha de el resaltaba una suave y definida musculatura con resaltadas escapulas entre las cuales caía delicadamente una suave mata de cabello castaño que tuvo la sensación de haber visto con anterioridad, ese tono de cabello era facil de definir y solo lo había visto entre los árboles, un color madera, como la corteza del canelo, la canela.

Una ligera brisa los acaricio de frente y sacudió el cabello de el, desprendiendo un aroma que llego hasta la nariz de ella haciendo que su estómago gruñera hambriento, había encontrado varias pistas de nombres, todos relacionados con comida.

-¿Sabe quién soy anbu-san?- pregunto dudosa de continuar hablando con él.

-Sakura Uzumaki, familiar lejano de la esposa del Hokage y heredera del poder oculto del clan Senju.

-que lastima, no hay necesidad de presentarme- le sonrió antes de soltar su mano, un poco sobresaltada. En su descuido le rebelo su poder oculto al sepultar la el paso entre los árboles que rodeaban un pequeño claro que había frente a su casa, observo fijamente por un segundo los ojos del anbu antes de salir corriendo hasta la casa he ingresar dejándolo afuera de esta.

Escucho su corazón retumbar en sus oídos y a sus bajos instintos gritarle desde adentro que hullera, no estaba segura, no con una persona que conociera su secreto tan cerca de ella. Miro por la ventana de la sala al joven acercarse a la casa y su espalda se erizo, cada paso que daba el hacia adelante ella retrocedía inconscientemente.

-¿Sakura-san estas bien? Pareces haber visto a un fantasma- pregunto Asuma llevando una bandeja con un enorme pollo asado al comedor sin despegar los ojos de ella, estaba pálida y alerta.

-no, la salida me afecto un poco, voy a mi habitación un momento a recuperarme, no tardo- se excusó tratando de lucir normal hasta que escucho detrás de ella la puerta de entrada abrirse, sin poder contenerlo tembló en su lugar antes de emprender camino a su habitación aparentando estar calmada y después de ingresar cerro con seguro la perilla y se desplomo en el suelo hiperventilando.

"los enemigos del pasado no son bienvenidos en casa"- escucho claramente en sus recuerdos la despectiva voz de Mikoto dirigirse a ella, volviéndola pequeña, tan diminuta que se creyó desaparecer incluso si la matriarca Uchiha no estaba ahí con ella.

Levantándose del suelo se agarró del borde de la cama y recogiendo de debajo de esta una caja de cartón, comenzó a debatir consigo misma que era lo que debía hacer. No quería tratar con aquel anbu en la sala después de semejante estupidez que cometió. ¿y si aquel hombre era un Uchiha? Reconoció unos calmados ojos negros como obsidiana que daba esa posibilidad pero podía ser externo a ese clan.

-"alto ahí"- pensó dándose un par palmadas suaves sobre sus mejillas para espabilarse. No debería sacar conclusiones tan rápido aun si estuviera en su naturaleza inquieta, hiendo tan rápido como podía en su vida como si su alma estuviera hecha de agua, siempre apurada.

Sacar conclusiones rápidas…

¿no lo había hecho antes?

En ese momento recordó algo importante que había dejado en el olvido, surgiendo de la nada en su cabeza como si aún se encontrara en el momento en el que le fue dado aquel consejo- "apresurarse a sacar conclusiones es un error que todos los shinobis debemos evitar, recuerda que hay que conocer antes de dar algo por hecho"- aun podía sentir aquel tacto gentil en su espalda en el momento en el que fueron dichas. Sus ojos se humedecieron apenados.

Ahí estaba ella a punto de cometer otro error.

Había saltado a las conclusiones antes con Sasuke y lo único que hizo fue herirlo al juzgarlo tan prontamente al compararlo con sus padres, huir también de él fue negar de su buena voluntad . Un retorcijón surgió nuevamente en su estómago, su centro de emociones pesadas.

Quizás no todos los Uchihas eran malos, Shisui estaba al lado suyo animándola y aunque lo juzgo el demostró ser digno de confianza. Detrás de su sonrisa siempre había buenas intenciones que no podía ignorar.

Si como el habían otros Uchihas que no guardaran rencor a sus raíces y pudieran aceptarla lo más justo sería darles una oportunidad.

-no mas errores - se dijo a sí misma en el reflejo que le daba su espejo. Cualquier rastro de abierto temor se transformó en recelo, no dejaría que la pisotearan sus inseguridades, ella debía confrontar lo que viniera con todas sus fuerzas. No se dejaría llevar por sus inseguridades otra vez.

Bajando las escaleras vio a los dos hombres conversar amigablemente y sobre todo la actitud relajada de Asuma representaba una camarería entre los dos que no supo cómo interpretar. Llegando al comedor se sentó mostrando una actitud calmada y receptiva que convenció al fumador que se encontraba bien. Es fácil engañar a las personas sobre su estado anímico cuando aprendió de Kushina a sonreír, hacer buenos cumplidos y lucir interesada en un dialogo.

Solo estaba el pequeño detalle de los repentinos golpes emocionales que bajaban sus defensas anímicas que la volvían un blanco fácil en su inestabilidad.

Comió despacio prestándole atención a los comentarios de ambos aunque no pasaba de unos cuantos sucesos cómicos con un tal "Gay" que no parecía más que un hazmerreir para Asuma y una persona divertida para el anbu.

-Entonces dijo "gane la apuesta! Tendrás que dejar que tu llama de la juventud se encienda más invitándola a salir" fue vergonzoso pero al final ella acepto- dijo entre risas Asuma terminando su plato entretenido en los recuerdos pasados.

- Gay-san tiene métodos poco usuales para dar a conocer su opinión aunque a veces son acertados- dijo sabiamente el muchacho de cabello castaño sin tocar el plato de comida frente a el. Al menos cumplía las reglas que debían ocultar su identidad.

-si, es un buen sujeto. Bueno, se me está haciendo tarde y mi encargo termino hace un tiempo- dijo levantándose de la mesa no sin antes dirigirse a la niña a un lado de el con completa seriedad- tienes a una buena persona cuidándote, estarás a salvo del peligro que te ronda con él a tu lado- Despidiéndose de ambos el jonnin se marchó a paso seguro de la casa rumbo a la aldea dejándolos solos.

Sakura borro cualquier gesto amable dejando verse seria mientras recogía los platos y los llevaba a la cocina para dejarlos en el fregadero a excepción del plato del anbu que aún seguía en frente de el en espera de ser consumido.

Al regresar al comedor quedo frente al ninja que seguía aun en la misma posición en que lo había dejado y no pudo evitar aplastarlo con la mirada, mostrando su fortaleza en la misma. Estaba segura de que se había dado cuenta de ello, no dudaría de la inteligencia de el para reconocer cuando alguien estaba a punto de tocar un tema serio.

-¿Por qué te asignaron a esta misión?-pregunto acomodándose en un brazo de la silla en la que antes estaba Asuma.

-es confidencial. Si me disculpas podrías retirarte mientras almuerzo, son reglas de anbu no dejar ver el rostro de uno – pidió respetuosamente posando su vista en ella, erizándole los bellos de los brazos, a pesar de la forma en que hablaba podía ver un gesto altanero que no paso por alto, la estaba corriendo detrás de modestas palabras.

-descuida, te dejare comer en soledad aunque tengo dudas que hay que resolver primero- afirmo.

-que quieres saber

- no quiero que me reveles tu identidad, solo un detalle importante ¿eres miembro del clan Uchiha?- mirándolo fijamente se sintió humillada al verlo reír de aquella importante pregunta.

-El hokage no dejaría que te quedaras con un Uchiha, puedes estar tranquila- le dijo una vez termino de reírse, llevaba tiempo que no veía a un infante con las defensas tan elevadas.

-eso me tranquiliza, gracias- le dijo asintiendo antes de abandonar el comedor en dirección a su habitación alegre consigo misma.

Lo que acababa de realizar era un logro motivador y un buen presentimiento de que lo que estaría por revelare a Sasuke estaría bien. No todos los Uchiha eran malos.

"gracias Itachi-san"