Los personajes de Shingeki no Kyojin no son de mi propiedad, son de Hajime Isayama.
—Armin... ¿me dejarías darte un beso como se debe? —Soltó Jean con las mejillas bañadas de un leve rosa.
Pude sentir como mi respiración y corazón se detuvieron mientras su pregunta retumbaba en cada rincón de mi mente.
La emoción me embargó sin poder evitarlo y el calor en mi cuerpo se acentúo en mis mejillas, podía jurar que éstas se habían teñido de un fuerte rojo. Jean comenzó a moverse de forma nerviosa, seguramente a la falta de una respuesta de mi parte a su pregunta; pero los nervios me controlaban de forma abrumadora, por lo cual sólo me vi en la necesidad de afirmar con un movimiento algo torpe de mi cabeza.
Jean se veía sorprendido, durante un breve momento pensé en que tal vez era una más de sus famosas bromas, pero cuando acercó de forma lenta y pausada, casi tortuosa, nuestros labios hasta llegar a solo unos milímetros de distancia mis esperanzas crecieron. Cerré los ojos, esperando ansioso.
—¡Jean! —gritó una voz, sonando demasiado sorprendida, y que era más que conocida por ambos— ¡¿Qué le haces a Armin?! —Mis ojos se abrieron de forma desmesurada y completamente asustado, observé como desde la puerta corrediza, Marco nos observaba llevándose las manos a ambos lados del rostro, mientras abría la boca totalmente sorprendido, obteniendo un gran parecido a la pintura, el grito.
Totalmente avergonzado y algo abochornado, llevé mis brazos a mi rostro, rogando de alguna infantil forma que la tierra me tragara y no pudiese ser visto por nadie. Jean se levantó de golpe, observando al pelinegro.
—¡Lárgate de aquí, Marco! —gritó fuertemente Jean.
—De acuerdo, me iré, pero si no te apresuras Reiner vendrá por ti —rió con un deje de burla en su voz—. Dice que le colgaste la llamada, veo que fue porque estabas muy ocupado.
La vergüenza se apoderó de cada centímetro de mi ser, quería que Marco se fuese, necesitaba que desapareciera del lugar, y que lo hiciera ya.
—¡Cállate, Marco! —Dijo Jean, dejando entrever su molestia en cada sílaba que soltaba.
Escuché una carcajada de Marco y como sus pasos se alejaban del lugar.
—Argh, qué vergüenza. —Solté mientras bajaba mis brazos, descubriendo nuevamente mi rostro.
Jean estaba bajándose de la camioneta.
—¿Vienes? —Preguntó con cierta duda palpable en su voz.
—Me quedaré aquí. —Contesté.
—De acuerdo, en quince minutos vuelvo.
Lo último que logré escuchar fueron los pasos de Jean alejándose.
Una mano acaricia mi cabello de forma suave y el inconfundible perfume que usa Jean llega hacia mi nariz.
—Armin, Armin —Los suaves susurros de Jean, llegaron a mi.
Decidí ignorarlo, haciéndole creer que me encuentro dormido. Su mano no dejaba de acariciar mi cabello de forma suave, casi como si le pareciese algo etéreo, y eso me hacía estar en calma.
—Armin, sé que estás despierto—Habló.
—Entonces déjame dormir —Contesté.
Durante un tiempo Jean continúo acariciando mi cabello, y sinceramente no podía dormir con él haciendo eso; aunque me sentía muy relajado, demasiado.
Escuché un suspiro salir de sus labios y el movimiento de su mano se detiene al momento.
—Me pregunto cuándo tendré el valor de decir lo que siento, lo que siento por tí… Cuándo podré decir lo mucho que me gusta tu sonrisa, la cual a mi parecer es una de las más bellas que he tenido el privilegio de ver, que cuando te avergüenzas y comienzas a formar un lindo sonrojo en tus mejillas no puedo evitar pensar en lo hermoso que te ves, que me encanta cuando en tiempo de frío usas los guantes y bufanda que te obsequié... Me gustaría poder decir que me gustas desde hace mucho tiempo, más de lo que podrías llegar a creer.
Mi corazón se aceleró y una felicidad enorme me embargó, recorriendo todo mi cuerpo. Jean vuelve a acariciar mi cabello durante un rato, y conforme pasa el tiempo puedo sentir cómo el sueño me atrapa, tenue y pausadamente cayendo en sus redes y en las de mi mente.
—Espero que hayas dicho la verdad, Jean. —Susurre antes de caer en una profunda oscuridad.
Me llevo las piernas al pecho y oculto mi rostro pegándolo a mis rodillas, avergonzado por recordar lo que pasó. Estoy seguro de que mi cara se encuentra totalmente roja y no quiero que Jean me vea así. Apenas nos dejamos de abrazar.
—¿Te sientes bien, Armin? —Oigo preguntar a Jean, con un ligero tono de preocupación en su voz.
Respiro profundo y separo mi rostro de mis piernas, sentándome correctamente en el sofá.
—Me encuentro bien, no te preocupes. —Respondo con una sonrisa surcando mis labios.
—Me alegra escuchar eso—sonríe de forma dulce—. ¿Qué te parece ver una película?
—Está bien, veamos una película.
Jean se levanta acercándose al mueble donde guarda las películas y un trueno retumba con fuerza afuera, haciendo vibrar un poco la casa.
—Vaya, ese sí que estuvo fuerte. —Comenta Jean, haciéndome pensar algo relativamente negativo que no puedo evitar tratar de compartir.
—¿No crees que se puede ir la… —resuena un trueno y toda cosa que usaba electricidad se apagó— luz? —Termino la pregunta y Jean sonríe.
—Eres brujo, Armin. —Dice riendo.
—Cállate, idiota. —Respondo, parpadeando para acostumbrar mis ojos a la poca luz que se filtra en la casa, e identificando la silueta de Jean a unos pasos de mí.
—Iré a la cocina por unas velas, espera aquí.
—Bueno.
—Si tienes miedo puedes acompañarme.
—Ve por las velas. —Digo con algo de molestia en mi voz.
Los pasos de Jean camino a la cocina resuenan en la casa. Unos minutos después llega Jean con una vela encendida y otras sin encender en la mano.
—Ayúdame a poner las velas. —Dice dándome tres velas y una cajetilla de cerillos.
Me levanto del sofá y enciendo vela por vela, colocando cada una en las mesitas que estaban a los lados de los sillones. Mientras Jean coloca las demás en el suelo, donde no nos estorben al caminar.
La sala se ilumina por la luz de las velas, dándole cierto toque de intimidad al ambiente, provocando un ligero sentimiento de incomodidad en mí; sin embargo no entiendo porqué… Aunque, en realidad, sí que lo sé.
Hace sólo un momento Jean y yo nos dimos a entender que nos gustamos, que sentíamos cosas el uno por el otro. Quiero aclarar las cosas con él, pero no sé cómo comenzar la conversación… podría ser algo como "Oh, Jean, ahora que nos hemos confesado, y tenemos sentimientos por el contrario ¿significa que estamos saliendo?" ó "Jean, ¿qué somos?", tal vez suene mejor algo como "Jean, ahora somos novios, ¿verdad?".
Mi rostro comienza a arder, seguramente a ésta altura debo estar totalmente rojo. No sé cómo podré preguntar algo tan embarazoso. Después de abrazarnos él solo se levantó y acercó a las películas.
—Hey, Armin —me habla—. Quiero hablar de algo contigo. —carraspea y se sienta en un sofá para dos, palmeando el lugar a su lado.
El nerviosismo acude nuevamente a mí. Jean no deja de pasarse las mano por el cabello, rascando de forma nerviosa su nuca. Me doy cuenta de que está igual que yo, lo que me hace relajarme, sólo un poquito.
—¿Qué pasa? —Intento sonar calmado, pero aun así el tono de mi voz me delata.
—Bueno… yo quería… —carraspea nuevamente, algo incómodo—. Ya sabes… —Me mira desesperado, pero no entiendo realmente lo que trata de decirme.
—No te entiendo.
—Ya sabes… —contesta observándome fijamente, sus mejillas se han vuelto rojas. Creo que ahora logro entender a lo que se refiere, pero no quiero ser yo quien lo diga.
—No, no lo sé. —es mi escueta respuesta, con una actitud vagando entre lo nervioso y la seriedad. El semblante de Jean se torna ligeramente más desesperado.
—¿Somos novios? —pregunta de golpe y a pesar de saber a qué se refiere, me siento avergonzado por la pregunta.
El sonido de fondo de la tormenta es lo único que se escucha entre Jean y yo. Nos encontramos demasiado avergonzados y centrados en nuestros pensamientos para lograr articular alguna oración. Tomando un poco de aire reúno valor para contestar su pregunta.
—L-lo somos, ¿no?
—Yo quiero que lo seamos. —murmura Jean.
—Yo también lo quiero. —contesto y veo cómo una sonrisa surca su rostro de lado a lado.
Jean se acerca a mí, y acaricia mi mejilla derecha con su mano izquierda, con sumo cuidado y cariño.
—¿Puedo besarte? —Susurra, aún más cerca y a pocos centímetros de tocar sus labios con los míos.
Mi corazón late deprisa y me siento emocionado, eufórico, feliz, abochornado y con algo de temor, pero sobre todo, puedo sentir ese amor que he resguardado por Jean fluir por todo mi cuerpo, embriagándome con él.
—Puedes… —contesto como un susurro, como si fuese un pequeño secreto que sólo nos pertenece a nosotros, nuestro pequeño secreto. Dejo de pensar en cuanto se cierra la distancia entre nuestros labios, al mismo tiempo que Jean me toma suavemente desde la cintura.
Resulta apenas una suave presión entre los labios de ambos, hasta que Jean comienza a mover los suyos, provocando una pronunciación en el sonrojo que abarca mi rostro, y cerrando mis ojos, decido dejarme llevar, moviendo los labios sin saber qué hacer, pero deleitándome ante las sensaciones que provoca el beso en mí. Poco a poco el contacto se torna un poco más fuerte y caliente entre nuestros labios, la mano de Jean baja a mi cuello y me estremece; siento la lengua de Jean en mis labios y los abro, aceptando la intromisión en mi boca. Su lengua me invade poco a poco y me atrevo a mover y a restregar la mía con la de él. Es una sensación nueva, que me incita a hacerlo más y más.
Jean me toma con ambas manos de la cintura y me eleva para sentarme sobre sus piernas, mientras continuamos besándonos. Siento una necesidad palpable de estar más cerca de Jean, fundirme con él. Nuestro beso se torna un poco más caliente, paso mis brazos sobre los hombros de Jean atrás de su cabeza para abrazarlo y acercarme más a él. Sus manos no dejan de acariciar mi cintura y una de ellas se adentra debajo de mi playera, subiendo lentamente por mi espalda y causando una pequeña corriente eléctrica que recorre todo mi cuerpo. Respondo ante la sensación tomando ligeramente entre mis dientes el labio de Jean para morderlo con suavidad, recibiendo un ligero jadeo como respuesta, al mismo tiempo en que una de sus manos baja hacia mi trasero y la otra sube a mi nuca, haciendo el beso más profundo.
Nos separamos por la falta de oxígeno en nuestros pulmones y nos miramos a los ojos por unos segundos, los suyos están más oscuros y observo una chispa en ellos; rápidamente nos volvemos a besar con más urgencia. No pienso con claridad, sólo necesito más y más de Jean, más de esos hambrientos y dulces labios. Sus manos vuelven a estar en mi cintura y yo siento la necesidad de que me toquen un poco más, pero siento pena con el sólo hecho de pensar en pedirlo.
Me separo de nuestro beso y el rostro de Jean luce confundido. Separo las manos con las que lo acerco a mí sujetando su cuello y las conduzco cada una a las manos de Jean que están sobre mi cintura, redirigiéndolas a mi trasero. Jean luce ligeramente sorprendido y emocionado, pero parece dudar. Con la valentía y necesidad en mi cuerpo digo aquello que me apena y necesito hacer, pues he llevado mucho tiempo fantaseándolo y al fin puedo hacerlo realidad.
—Jean… quiero que me toques. —Un avergonzado susurro permanece entre nosotros y vuelvo a besar sus labios.
Esta vez Jean corresponde mucho más seguro el beso y da un ligero apretón con sus manos en mi trasero. En un rápido movimiento me carga. Sorprendido, me sostengo fuertemente de sus hombros mientras que él nos conduce al sofá de enfrente que es el de mayor tamaño, acomodándome en él mientras se coloca sobre mí, aprisionándome.
—Tú fuiste quién lo pidió, así que no me detendré. —dice Jean cerca de mi oído con un tono bajo y sensual, y me estremezco al sentir su aliento.
—No lo hagas. —Contesto.
Jean gruñe y me besa. Esta vez nuestros besos son diferentes, más necesitados, más calientes y provocadores pero con un cariño en ellos que únicamente nosotros podemos expresar.
Lo sé, lo sé. Soy la peor escritora que puede existir pero si supieran lo que ha pasado en mi alocada vida. :C
Este capítulo ha sido revisado por dos lindas chicas, Mizáh y Aotori. Son geniales chicas, las amo -inserte corazón gay-
Espero que lo hayan disfrutado y les guste.
Si no es mucho pedir, me haría muy feliz poder ver un review de las personitas que están del otro lado de la pantalla, diganme que les parece, si les esta gustando la trama o cuál creen que será el desarrollo de la historia. Todos los reviewa los leo con mucho amor, es por eso que este capítulo esta dedicado a: y I'm a Jger.
Sus reviews me suben mucho el ánimo.
Sin más que decir, me despido.
¡Janeth, fuera!
