DISCLAIMER:La historia no me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la trama es de un libro el cual será dicho al final de esta historia, solo me adjudico la adaptación.
Gracias a todos y todas por sus hermosos reviews
Los días de actualización de esta historia como podrán notar son los JUEVES
Aviso: tener un vaso con agua, las palomitas y algo con lo cual limpiarse la baba… por favor con precaución no queremos que nadie se ahogue y muera antes de leer el capítulo. Sin más por el momento… a disfrutar.
-Capítulo 3-
-Eres un bocadillo muy dulce- susurro Edward, al tiempo que le mordisqueaba el lóbulo de la oreja.
Cuando Bella empezó a despertar, él se apartó, pues quería verla desperezarse, como su cuerpo curvilíneo formaba incitantes colinas y valles en la camisa que llevaba puesta. Al desperezarse, con los ojos aun cerrados, los pechos de Bella presionaron contra los botones, con lo cual se formó una abertura que revelo por un instante un exquisito diamante de carne. Esbozo una leve sonrisa hasta que abrió los ojos y lo descubrió observándola.
-¡Usted!- exclamo.
Con un ágil brinco, se levantó y se abalanzo hacia él, con los puños cerrados y los faldones de la camisa aleteando. Edward atrapo con una sola mano las dos de la muchacha.
-Vaya, eso es lo que yo llamo un excelente recibimiento…- murmuro, y la atrajo hacia si-. No es fácil recordar que debo tratarte como una dama cuando te arrojas así a mis brazos.
-Yo no me arroje- replico Bella, con los dientes apretados-. ¿Por qué siempre lo distorsionas todo? No deseo nada de usted, salvo que me permita marcharme. No tiene derecho…
Un beso rápido la interrumpió.
-Ya sabes que te dejare ir en cuanto me digas adonde debo llevarte. Una muchacha como tu debe de tener familiares. Dame un nombre y te llevare con ellos.
-¿para que se ufane de lo que me ha hecho? No, yo jamás aceptaría una cosa así. Déjeme ir, y yo llegare sola a casa.
-No sabes mentir.-Sonrió-. Esos ojos que tienes son tan claros como los de una muñeca. Todos tus pensamientos están escritos en ellos. Te he dicho varias veces cuales son mis condiciones para liberarte, y no pienso cambiarlas. Yo no voy a ceder, de modo que tendrás que resignarte a hacerlo tú.
Bella se apartó de él con fastidio.
-Puedo ser tan obstinada como usted.- Sonrió con aire perverso-. Además, sé que pronto zarpara rumbo a América. Entonces tendrá que liberarme.
Edward pareció pensarlo un momento.
-Es verdad, tendré que hacer algo contigo- respondió, rascándose el mentón-. Odiaría tener que marcharme a América y dejar esas piernas tuyas sin protección adecuada.
Bella ahogo una exclamación. Tomo un extremo de la sabana y trato de arrancarla de la cama, pero había in extremo atascado. Edward se acercó y se inclinó sobre la cama para liberar la sabana y, al mismo tiempo, introdujo la mano debajo de la camisa de Bella y le acaricio las nalgas con firmeza.
Bella chillo una vez; luego se puso de pie, le arrebato la sabana y se envolvió las piernas con ella.
-¿Cómo puede tratarme así? ¿Qué he hecho para merecer esto? Jamás he hecho daño a nadie en toda mi vida.
Lo dijo con tanto sentimiento que Edward bajo la vista.
-Yo tampoco he hecho nunca algo así. Tal vez simplemente debería dejarte ir, pero no puedo. Sería como arrojar una flor silvestre a una tormenta de nieve o, teniendo en cuenta la vida que hay en esos muelles, sería como arrojarla al fuego.- Cuando volvió a mirarla, sus ojos estaban suaves y tiernos-. No tengo mucha posibilidad de elegir. No puedo dejarte ir, pero tampoco quiero tenerte prisionera. ¡Dios! Ni siquiera tengo esclavos, mucho menos encierro a chiquillas inocentes.
Cuando termino de hablar, se dejó caer con pesadez en una silla que había en un rincón. Bella tuvo la extraña sensación de que deseaba consolarlo. Durante el incómodo lapso de silencio, reparo en las cajas que estaban sobre el baúl.
-¿Me trajo un vestido?- pregunto en voz baja.
-¿Si te traje un vestido?- repitió Edward, sonriendo; parecía haber superado su momentáneo abatimiento.
Tiro de la cuerda que sujetaba una caja y comenzó a desplegar un vestido de terciopelo, de un color que Bella no había visto antes: casi castaño, casi rojo, pero con cierto resplandor dorado. Al entregárselo a Bella, él dijo:
-Es del color de tu cabello: ni rojo, ni castaño, ni rubio, sino todos ellos al mismo tiempo.
Bella lo miro, sorprendida.
-¡Que… romántico! No sabía que usted…
Riendo, Edward tomo el vestido.
-No sabes nada de mí y yo menos aun de ti. Ni siquiera me has dicho cómo te llamas.
Vacilante, Bella paso la mano por el terciopelo que tenía en sus brazos. Toda su ropa siempre había sido del género más barato posible. El terciopelo era la tela más hermosa que había visto pero, por mucho que deseara sentirlo sobre su piel, prefirió ser cauta.
-Me llamo Bella-declaro, en vos baja.
-¿Sin apellido? ¿Solo Bella?
-Es todo lo que te diré, y si piensa que puede sobornarme con un elegante vestido, se equivoca- respondió con altivez.
-No acostumbro a sobornar a la gente- replico Edward-. Ya te he dicho cuáles son las condiciones para dejarte ir, y el vestido no tiene nada que ver con ellas.
Arrojo la prenda de terciopelo sobre la cama, se dirigió a las otras cajas y las abrió una por una, vaciando su contenido desordenadamente. Había un vestido de crepé de seda celeste adornado con cintas de color azul verdoso y un camisón de limón bordado con cientos de diminutos pimpollos rosados. De la última caja cayeron dos pares de zapatillas de cuero delgado, teñidas al tono del terciopelo y del vestido azul.
-Son bellísimos- dijo Bella, asombrada, al tiempo que se llevaba la seda a la mejilla.
Edward observaba, encantado. Ella era una mezcla de niña y mujer: furiosa un momento, como una gatita enojada, y luego se convertía en una niña inocente y adorable. Al mirar aquella sonrisa que ilumino los ojos chocolate de la muchacha, Edward se sintió embrujado por ella, como si sobre él hubiera caído un hechizo que le impidiera pensar en algo que no fuera ella. Ese día había pasado horas enteras en las tiendas, donde se sentía totalmente fuera de lugar, pero deseaba hacerla feliz.
Se sentó junto a ella en la cama.
-¿Te gustan? No sabía qué clase de vestidos ni que colores prefieres, pero la vendedora me dijo que estos son la última moda.
Cuando Bella le sonrió, Edward sintió que lo invadía una oleada de posesividad que solo había experimentado por sus tierras en Virginia. Antes de pensar en lo que hacía se inclinó sobre la ropa y atrajo a la joven hacia él. Sin darle tiempo a protestar, la beso con avidez, tratando de recuperar cada instante en que había pensado en ella durante el día.
-Mis vestido- protesto Bella- Se aplastaran.
Con un solo movimiento, Edward recogió toda la ropa y la arrojo sobre la silla.
-He pensado en ti todo el día- susurro-. ¿Qué me has hecho?
Bella trato de responder en tono despreocupado, a pesar de que la cercanía de Edward le aceleraba el pulso.
-Nada que haya deseado hacerle. Por favor, suélteme.
-¿De veras quieres que te suelte?- pregunto con voz ronca, mientras le besaba el cuello.
[¿Por qué- pensó Bella-, este hombre vil y repugnante me hace estas cosas horribles?] Pero, si bien pensaba eso, no se esforzaba por apartarlo. Ansiaba estar en sus brazos y adoraba la forma en que la besaba, el olor de su aliento y la manera en que le acariciaba el rostro. El tamaño de aquel hombre la hacía sentirse pequeña y segura, cuidada, protegida.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando los labios de Edward hallaron sus pechos desnudos. Ya no pudo pensar: gimió y le acaricio los hombros.
Lentamente, Edward la soltó. Abrió los ojos, perpleja, y lo vio de pie, quitándose la chaqueta. Incapaz de quitarle los ojos de encima, lo observo desvestirse sin prisa.
La luz del sol poniente entraba por la ventada y llenaba la habitación con un resplandor rojo/dorado que la transformaba en un sitio de mágicas joyas. Muda, Bella no lograba apartar la vista del cuerpo de Edward, que poco a poco se iba descubriendo. Nunca había visto a un hombre desnudo y sentía mucha curiosidad.
Nada habría podido prepararla para la imagen de Edward desnudo. Tenía los músculos muy desarrollados por años de trabajo, los brazos esculpidos, el pecho como el peto de una antigua armadura romana que ella había visto en un libro. Sin embargo, su cintura era delgada, y en su vientre se destacaban los músculos. Cuando se quitó los pantalones, quedaron al descubierto sus músculos macizos en los que se distinguía cada musculo.
-Cielos- murmuro Bella, y su voz delato el asombro que sentía. Solo parpadeo cuando sus ojos llegaron a la virilidad de Edward.
Edward rio y se tendió a su lado.
-A pesar de todas tus protestas, te apuesto a que, con un poco de entrenamiento, llegaras a ser una muchacha muy lujuriosa.
-No, por favor- pidió Bella, en un último intento de apartarlo, pero Edward no le prestó atención.
Con destreza, le quito lo que quedaba de ropa y comenzó a acariciarle el vientre con un suave masaje; sus dedos jugaban con esa área sensible y la palma de su mano le excitaba la piel. Mientras tanto, la besaba; utilizaba los dientes en la curva de la oreja, y con la lengua rozaba apenas el punto suave y palpitante que se hallaba justo debajo del lóbulo.
Bella le acaricio los hombros y los brazos, trazando con los dedos cada depresión que señalaba la unión de dos músculos. La dureza del cuerpo de Edward era muy diferente a la suavidad del suyo, tan débil en comparación con la fuerza de él. Se movió debajo de Edward y bajo los brazos para acariciarle las costillas, para sentir como los músculos de su espalda se contraían bajo su tibia piel y morena, luego le acaricio las firmes caderas. Ese contacto le producía a la vez admiración y placer, y con cada caricia su corazón parecía acelerarse y su respiración se volvía más profunda y agitada.
-Bella, dulce Bella- murmuro Edward, con una voz que ella no solo oyó sino también sintió en el sitio en que se unían los pechos de ambos.
Cuando Edward se apartó un poco, Bella le clavo los dedos en los brazos con fuerza.
-Sí, mi gatita ansiosa, sí.
La penetro lentamente y con facilidad y, aunque ella lo habría creído imposible, su corazón se aceleró más aún. No había dolor: solo algo que ella deseaba inmensamente. Cuando se arqueo contra el con torpeza y de forma errática, Edward se mantuvo apartado.
-Despacio, gatita, despacio- murmuro con una mano en la cadera de Bella, mientras con el dedo acariciaba su ombligo.
Si bien Bella no tenía idea dela intención de Edward, no tuvo más remedio que obedecerle. A pesar de su poca experiencia, comprendió que él se estaba conteniendo, tomando su tiempo para enseñarle en lugar de participar a ciegas. Lenta y cuidadosamente, le enseño a gozar, a tomar la iniciativa además de seguirla.
Bella tuvo la impresión de que su cuerpo estallaría, de que se volvía más y más grande y que, cuando estallara, ella tal vez moriría. De pronto, Edward empezó a moverse con más rapidez y su excitación se contagió a la muchacha. Bella se arqueo contra él, y fue como si muchos fuegos artificiales estallaran en su interior, brillantes, ardientes, enceguecedores.
Edward se desplomo sobre ella, flácido y sudoroso. Bella se sentía agotada y débil, pero maravillosamente bien, como si le hubiesen quitado un enorme peso de encima.
Le pareció haberse adormecido un instante y, al despertar, su momento de intimidad con aquel hombre que aún era un perfecto extraño le pareció un sueño. Tendida allí, con un brazo de Edward sobre ella, imagino como sería volver a ver a Jacob. Por supuesto, el ya estaría al tanto de sus andanzas con ese americano, y estaría avergonzado de ella; quizá ni siquiera le dirigiría la palabra. Se imaginó tratando de explicárselo, diciendo que se había resistido, pero Jacob sabría la verdad. El americano decía que sus ojos reflejaban todo lo que pensaba ¿Reflejarían también aquella nueva experiencia? ¿Acaso todo el mundo vería en ella a una mujer deshonrada?
A su lado, Edward se movió, se incorporó sobre un codo y le sonrió.
-No me equivoque- murmuro-. Con un poco de entrenamiento…
Bella le aparto la mano cuando él le acaricio el cabello.
-¡No me toque! Ya me ha obligado a hacer demasiadas cosas.
-¿Volvemos a eso? Creí que esta vez verías la verdad.
-¡La verdad! ¡Claro que la veo! Sé que usted me retiene aquí contra mi voluntad y que es un delincuente de la peor calaña.
Edward suspiro, se levantó y empezó a vestirse.
-Ya te he dicho porque te retengo aquí.- Se volvió hacia ella con rapidez-. ¿Tienes idea lo que quieren de ti esos hombres del puerto? Ellos buscan una versión violenta de lo que acabamos de hacer.
-¿Y qué diferencia hay entre ellos y usted?
-Aun con tu inocencia deberías saber que yo te hago el amor, mientras que ellos simplemente te levantaría la falda y te harían lo que quisieran… uno tras otro.
-¡No tengo falda!- replico Bella-. Lo único que tengo es un camisón muy estropeado.
Edward solo pudo levantar los brazos en gesto de exasperación.
-Solo ves lo que quieres ver, ¿no es así? Por eso considero que es mi deber protegerte de ti misma y de tus sueños color de rosa, además de los hombres que te harían daño.
-¡No tiene derecho! Por favor, déjeme salir de aquí.
Como si la muchacha no hubiera hablado, Edward se dirigió a la puerta y pidió a gritos la cena.
-Te sentirás mejor cuando hayas comido- dijo, y volvió a cerrar la puerta.
-No tengo apetito- replico Bella, con obstinación.
Edward la tomo del mentón y la obligo a mirarlo.
-Vas a comer aunque tenga que obligarte- ordeno, con una mirada dura, sin aquella suavidad que siempre había en sus ojos.
Bella solo pudo asentir.
-Ahora bien- prosiguió, nuevamente de buen humor-, ¿Por qué no te pones uno deseos vestidos que te he traído? Eso te hará sentir mejor.
-Pero usted tendrá que salir de la habitación- murmuro Bella, algo asustada aun por la amenaza. Hasta entonces Edward no le había inspirado el mínimo temor.
Edward levanto una ceja al oír el pedido. La levanto de la cama y la deposito en el suelo, desnuda.
-No tienes nada que yo no haya visto, y si no quieres que el posadero te vea así, será mejor que te vistas.
Al examinar la ropa que Edward le había llevado, Bella advirtió que no había ropa interior. Prefirió no pedírsela, y se puso el vestido de terciopelo. Acababa de abrochárselo cuando el posadero llamo a la puerta.
El vestido era de talle alto, escotado, y de la parte delantera estaba adornada con gasa de seda. Bella se miró al espejo que estaba frente a la cama y se alegró de que no fuera un vestido infantil. Su cabello suelto era una maraña de rizos desliñados; tenía las mejillas encendidas y los ojos brillantes, y todo eso se combinaba para dar la imagen de una mujer a quien acababan de hacerle el amor… y lo había disfrutado.
La mirada apreciativa del posadero hizo que Edward casi lo echara.
-¿Por qué hizo eso?- pregunto Bella, sorprendida, preguntándose si Edward estaría celoso.
-No quiero que se forme una idea equivocada- respondió, al tiempo que destapaba un plato de carne asada-. Mañana tendré que volver a dejarte sola y, si este hombre pensara que no me importas, podría enviar a alguien aquí. Lo último que quiero es una pelea o cualquier problema tan cerca de mi partida. Nada podrá evitar que me marche a casa. Ya he pasado demasiado tiempo en este maldito país.
Decepcionada, Bella se acomodó en la silla que él le ofreció. El aroma de la comida le hizo percatarse del tiempo que llevaba sin comer. Recordó con asombro que desde la cena con Jacob y su tío no había vuelto a comer.
-¿Qué ocurre?- pregunto Edward al ver su expresión.
-Nada. Es solo que…- levanto la cabeza-. No me agrada ser prisionera, eso es todo.
-No tienes que decirme si no lo deseas. Come tu cena antes de que se enfrié.
Durante la cena, Edward intento varias veces hacerla hablar, pero Bella se resistía por temor a revelar, sin quererlo, alguna pista acerca de su domicilio. Ya no podría volver a la vida que había conocido; después de lo que había sucedido esa noche, tal vez no se la considerara una dama.
Edward la tomo de la mano y se inclinó hacia ella.
-Es una pena que a las inglesas les enseñen que no deben disfrutar del sexo- dijo, interpretando el ánimo de la muchacha-. En América las mujeres no son tan inhibidas; les gustan sus hombres y no temen demostrarlo.
Bella le dirigió su sonrisa más dulce y falsa.
-Entonces ¿Por qué no vuelve a América y a sus mujeres?
Edward lanzo una carcajada que hizo resonar los platos y luego le dio un sonoro beso en la mejilla.
-Ahora, pequeña, tengo trabajo que hacer, de modo que puedes ponerte cómoda en la cama y esperarme o…
-O quizá marcharme.
-Debo reconocer que eres persistente.
[Y usted terco como una mula], pensó Bella, mientras lo observaba apilar los platos sobre la bandeja y sacarla al pasillo. Más tarde, ya en camisón y acostada, lo observo de espaldas, y vio cómo se pasaba la mano por el cabello mientras su pluma revoloteaba sobre los papeles que tenía ante sí. Sintió curiosidad por lo que estaba haciendo pero no quiso preguntárselo para que su relación con él no se volviera más personal de lo que ya era.
Se desperezo y se embarcó en un sueño en el que Jacob iba a rescatarla y derrotaba al americano en un duelo de espadas. Su tío Aro estaría allí, le rogaría su perdón y le diría que se sentía muy solo sin ella. Sonrió al imaginar a Edward amedrentado. En su sueño se vio apartándose de Jacob dirigiéndose hacia Edward, dándole la mano y perdonándolo, diciéndole que regresara a América y la olvidara… si podía.
Cuando Edward se acostó a su lado, Bella fingió dormir, pero él la atrajo hacia sí, le beso la oreja, le apoyo una mano en el vientre y se durmió. Por extraño que le pareciera, la muchacha sintió que ella también ya podía dormirse.
Por la mañana se halló sola en la gran habitación, pero apenas despertó, entro la criada.
-Disculpe señorita. Pensé que estaría durmiendo. El señor Edward me dijo que le trajera agua caliente, por si quería tomar un baño.
Bella no tenía intenciones de volver a humillarse suplicando a la criada que la dejara salir. Indico a la mujer que le llevara la tina y el agua caliente y, a su pesar, disfruto el baño. Fue casi casi como un consuelo poder hacer algo por sí misma. Antes, siempre tenía una criada que la vestía y le lavaba el cabello, y su tío elegía para ella ropa barata e infantil.
Nuevamente limpia, se enjuago el cabello con la toalla, comió un abundante desayuno y se puso el vestido de seda azul. Completo el atuendo con una delicada pañoleta bordada con flores en varios tonos de azul.
Fue un largo día y, como no tenía nada que hacer, estaba aburrida. Hacia frio en la habitación, pues no había hogar, de modo que paseo por allí, frotándose los brazos. Por la ventana entraba el débil sol de comienzos de la primavera, pero aun así era el sitio más cálido de la habitación. Acerco una silla y comenzó a mirar, distraída, por la ventana. Nuevamente empezó a soñar, desde sus planes para hacer un jardín hasta como jamás perdonaría a Edward y dejaría que Jacob se ocupara de él.
A la caída del sol oyó una voz que solo podía ser la de Edward: profunda, clara, llena de humor. Su corazón empezó a acelerarse. Claro que se debía a la soledad en que había pasado el día, pero aun así tuvo que reprimirse para no sonreír cuando el entro.
Edward le sonrió y sus ojos verdes la recorrieron.
-Ese vestido te sienta bien- observo, mientras se quitaba el sombrero y la chaqueta. Prácticamente se desplomo sobre una silla y lanzo un profundo suspiro-. Habría sido menos fatigoso trabajar en el campo- prosiguió-. Tus compatriotas son una sarta de presuntuosos y necios. Casi nadie quería escuchar mis preguntas y, mucho menos, responderlas.
Bella paso un dedo por el borde de la mesa con aire indiferente, tratando de disimular su curiosidad.
-Tal vez no les agradaban tus preguntas- sugirió.
Edward no se dejó engañar.
-Lo único que quería saber era si a alguien se le había perdido una muchacha bonita pero sumamente terca.
Bella abrió la boca para contestarle, pero volvió a cerrarla al comprender que Edward quería hacerle morder el anzuelo.
-¿Y qué averiguo?
Edward frunció el ceño antes de responder; parecía perplejo por lo que había descubierto.
-No solo no pude averiguar nada sobre la desaparición de una muchacha como tú, sino que no encontré a nadie que conociera una joven así.
Bella no pudo responder. Nunca habían tenido visitas en la casa Swan. Todo lo que ella sabía de la vida lo había aprendido de sus criadas e institutrices, que le contaban historias de amor y de caballeros galantes, del mundo fuera de aquella casa. Era normal que nadie la conociera.
Edward la observaba, tratando de interpretar su expresión. Todo el día le había acosado una duda: ¿Qué haría con Bella cuando se marchara a América? No se lo dijo, pero había encontrado a tres hombres más para que investigaran sobre ella. La noche que la encontró, la muchacha no había podido provenir de muy lejos, de modo que vivía en Liverpool o en los alrededores, o bien estaba allí de paso. Después de preguntar en todas las posadas de la zona, tenía la certeza de que ella vivía allí, pero no lograba hallar una sola pista. Era como si Bella se hubiese materializado de la nada en aquella noche oscura, cerca del puerto.
-Eres una fugitiva- adivino, y la expresión de la joven confirmo sus pensamientos-. Pero no entiendo de quien huyes y porque nadie está revisando cielo y tierra para encontrarte.
Bella se apartó y trato de no pensar que eso se debía a que las personas que ella creía que la amaban no les importaba su paradero.
-Lo único que puedo suponer- prosiguió Edward lentamente- es que tu familia se enfadó mucho por algo que has hecho. Sé por experiencia propia que no te encontraron en la cama con el hijo del jardinero, de modo que quizá te hayas negado a hacer algo que ellos querían. ¿Acaso te negaste a casarte con un viejo ricachón?
-Frio, frio- respondió Bella con aire presumido.
Edward rio, porque los ojos de la muchacha le indicaron que no estaba tan lejos de la verdad. Pero la risa disimulo lo que realmente sentía. Lo enfurecía pensar que alguien pudiera arrojar a la calle a una muchachita pura, vestida solo con su camisón. Tal vez podía haber ocurrido en un momento acalorado, pero ¿Cómo era posible que dejaran pasar varios días sin buscarla?
-Estaba pensando que, ya que no parece haber motivos para que te quedes en Inglaterra, quizá deberías ir conmigo a América.
*Hogar: no solo hace referencia al domicilio en este caso se refiere a un fuego encendido en ese lugar
Chan, chan chaaaaaaaaaan… ¿Qué dicen? ¿Se la lleva por las buenas o por las malas? ¿O vendrán a recatarla? ¿O se escapara? ¿Quieren que suba capitulo el martes? Dejenme saberlo todo con su review ya que quiero saber lo que piensan y depende a lo que digan subiere dos capítulos la próxima semana o solo el del jueves.
Chau
