Reto 30 días de OTP
Día 9: Saliendo con amigos
Un sonido similar al de una aspiradora se oyó cuando Naruto volvió a sorber sus fideos con demasiada fuerza, ya era como la tercera vez en que un montón de ellos intentaban escapar por entre sus labios mientras hablaba; luego les sonrió con sus ojos achinados, como si no acabara de mostrarles lo que estaba a medio comer en su boca, o dejado una frase sin finalizar. El olor a la sopa se esparció e incluso llegó hasta él.
Esto asqueó profundamente a Shikamaru, que frunció un poco el ceño y la nariz, pero no dijo nada; solo le dio un sorbo a su bebida y esperó a que alguien más reanudara la conversación.
En el otro extremo de la mesa, escuchó a las chicas reír, y se giró casi instintivamente para ese lado, su mirada al instante fijándose en Temari, que en ese momento sonreía a su vaso, luego bebió de él, bien para disimular su sonrisa , o bien para disimular que lo que sea que había hecho las demás carcajearse, a ella no le hacía ni pizca de gracia. Por lo visto y por fortuna, parecía ser la primera opción.
Volvió a mirar a sus amigos cuando Choji comentó algo sobre un evento el fin de semana, dejando el debraye de Naruto atrás por el momento, y conociéndolos, sin intención de volver a él. No es que eso le afectara, por supuesto.
En la esquina contraria de la mesa, las mujeres le daban vuelta a lo que Temari llamaba conversaciones de refuerzo inútiles, donde una (Ino en este caso) solicitaría el consejo de sus amigas sobre alguna situación o problema, y como ellas eran la Unión de Refuerzo Femenil, le lanzarían todo tipo de asesoramientos: buenos, malos, lógicos, irrealizables, serios, burlones; y por más que la que fuera el centro de la charla les dijera que tenían razón (o no lo hiciera) al despertarse el día siguiente haría lo que a su trasero le venga en gana; arrastrando todas las sugerencias y muestras de apoyo del día anterior a su cesto de basura mental.
Eso no significaba que no se estuviese divirtiendo, pasar el tiempo con un grupo así era lindo de vez en cuando y ellas le sacaban una que otra sonrisa.
Shikamaru, a pocos metros de ella, se preparaba para las situaciones problemáticas que podrían darse dentro de un par de copas más -un par de vasos más- desde que alguien llorase, hasta discutir por política, o por alguna anécdota vieja que tuviese más de un punto de vista; solo ejemplos de conversaciones que a veces llegaban a ocurrir cuando las salidas tenían alcohol de por medio.
Sacó su caja de cigarrillos y metió uno entre sus labios con el propósito de encenderlo, al menos hasta que escuchó un gruñido en el extremo de la mesa y sus ojos se encontraron con los azules de su acompañante, que lo miraron atentos y hasta represivos. El gruñido había sido leve, pero su voz ¡Ja! su voz la escuchaba por encima de todo, más fuerte, podría enfrentarse a todo el ruido del mundo y aún así escuchar un susurro proveniente de sus labios. Le devolvió la mirada y la sostuvo unos segundos antes de guardar el cigarrillo, que al parecer viviría un día más, cerrar la caja y volver a guardarla. Algunos pocos en la mesa fueron conscientes de la mini, casi imperceptible, escena; y por lo humorísticos que se encontraban en sus amigos en ese momento, esperó un comentario con intención de ser chistoso sobre que su mujer lo controlaba, pero nunca llegó, solo recibió una mirada divertida de Ino, antes de que esta volviera a la conversación, que al parecer ya no giraba a su al rededor.
Shikamaru también obtenía diversión en esas salidas, a pesar de que era un grupo relativamente grande, se sentía bastante cómodo; a la par, le gustaba ver que Temari se adaptaba a ellos.
Mientras Naruto le respodía con todo el ánimo del mundo, y la boca llena de sopa, a Kiba sobre lo que acababa de decir, por enésima vez en la noche, dejó que un monto de fideos salieran de su boca, para al instante siguiente, obligarlos a regresar. Esta vez, Shikamaru no se contuvo, lo regañó, haciéndolo elegir entre hablar o tragar; Temari se rió muy por lo bajo y entre dientes de esto, no pudiendo evitar echar un ojo sobre la belleza de su pareja de vez en vez; esto sí que nadie lo notó, y su vistazo no fue correspondido.
Esas noches, por lo general empezaban con todos sentados con sus respectivas parejas, comenzando a mezclarse poco a poco, y muchas veces, separándose en géneros en el momento en que las mujeres iniciaban conversaciones insostenibles para el sexo masculino, asuntos como ropa, tal o cual cantante, o de eso que les llega una vez por mes, quién pudiese entender la obsesión de las mujeres con ese tema en específico; en cualquier caso, los muchachos preferían estar lejos de esa charla, y así se daban privacidad mutuamente, mientras que ellos disfrutaban también de sus charlas masculinas. Luego, poco a poco, comenzarían de nuevo a ir mezclándose, de uno en uno; una chica caminando hasta allá, uno de los chicos metiéndose en la conversación de acá; y para el postre, segundo plato, tercer recarga de aperitivos o cuarta botella de sake, serían nuevamente un grupo heterogéneo.
En el momento en que Temari se levantaría para ir al baño, y también cuando ella volviera, Shikamaru no podría evitar mirarla, con unos ojos casi protectores que no podían contener las ganas de observar a su chica y ¿Cómo hacerlo? Si se veía tan radiante con ese vestido negro que definía tan bien su figura.
Hablarían de temas variados, yendo de tópico en tópico, mientras se hacía más y más de noche; recordarían el pasado, tendrían charlas profundas, debates superficiales sobre temas serios, o argumentos comprometidos sobre ideas estúpidas, e incluso, terminarían en una exposición borracha de cuanto se amaban los unos a los otros, solo bastaba con que uno ponga su brazo sobre los hombros de otro, un abrazo en el extremo opuesto de la barra y sin darse cuenta, alguien levantando su vaso con lágrimas en los ojos proponiendo un brindis por lo mucho que los quería y la suerte de tenerlos en su vida.
El tiempo volaba y ninguno sabría como empezaron hablando del nuevo vestidor de una de las chicas, a tensar el ambiente preguntándose el sentido de la vida y terminar en una apasionada discusión a los gritos sobre si en una batalla ganaría un unicornio o un sapo gigante. Cualquiera sea el caso, todo estaría acompañado de incontables risas.
Mientras cada uno estaba en un lugar distinto de la mesa, cada uno metido en su propia conversación, los ojos admiradores y protectores de cada uno, coincidirían; estuvieran solos en su casa, o en medio de una enorme multitud, tarde o temprano los ojos marrones y los azules se encontrarían, como un instinto, como una confirmación del vínculo que tenían. Se verían unos segundos, sintiendo las mejillas un poco más calurosas y el corazón latir un poco más fuerte, como si cada uno estuviese reconociendo que el otro lo veía, como si el resto del mundo desapareciera durante una fracción de segundo por el simple hecho de que sus ojos se conectaran, porque cuando eso pasaba nada más importaba, y después se sonreirían antes de volver cada quien a sus respectivas charlas, tratando de ignorar el cosquilleo en el estómago. Un gesto difícil de percibir, insignificante para el resto ¿Verdad?
Ino fue a abrazar a Sai por un estúpido aporte que había hecho de metiche en la conversación de ella con Hinata, que al poco tiempo recuperaría su lugar junto al rubio.
Mientras de la cocina salían nuevas papas, y más de los snacks que se amontonaban en los pequeños recipientes coloridos en la mesa, incluso olían salados.
Adivinaba que no faltaba mucho para que Temari se sentara a su lado, y sería un alivio si lo hiciera porque moría de ganas de tocarla, aunque fuese tomar su mano por debajo de la mesa, poco a poco se re acomodaban y el ritual se cumplía. Shikamaru sintió el pesado y enorme brazo de su mejor amigo sobre sus hombros y no pudo detener la sonrisa que se le escapó.
Esta vez, apostaría por Naruto para dar el cursi brindis en nombre de la amistad.
*Escena extra
La voz del rubio más alegre de Konoha inundó la habitación por completo cuando se dirigió a sus amigos con el vaso en la mano, estirándolo por encima de su cabeza. Sus amigos, especialmente los que no alcanzaban el nivel de ebriedad, sonrieron pero levantaron sus copas también, animándolo a seguir con sus palabras; y es que no era un solo motivo por el que quería hacerlos brindar, no, ya era la cuarta vez que elevaban sus brazos luego de una oración y, aún no habían dado ni un solo trago para sellarlo.
Cada frase incrementaba la emoción del ojiazul que cada vez elevaba más y más su voz; y más y más gracia causaba. Por que todos tengan dinero, decía, y los demás lo festejaban; que por que todos estén saludables, y se reían con sus vasos en mano; por que Shikamaru al fin le proponga matrimonio a Temari, gritó sin pudor.
Los ojos de los ninjas se abrieron a más no poder, a la par que sus rostros se tornaban rojos y sentían toda la cara arder. Resultó ser una suerte que no tuvieran la bebida en la boca, porque habría terminado por completo en el suelo, o sobre el impetuoso rubio, otra opción.
-¿¡Qué dices, idiota!?- Shikamaru casi se atragantó con sus palabras.
-Tarado.- Murmuró Temari, intentando evitar la vista de todos, que de golpe parecían concentrarse en ella.
¿Qué había dicho él de malo? No entendía; por lo que él recordaba, ellos habían estado saliendo desde aproximadamente, toda la vida; de hecho, le sorprendía que no estuviesen casados ya. Por lo que al rubio concernía, podían estar festejando su quinto aniversario más o menos. Sus amigos parecían coincidir con el pensamiento del rubio, pues antes de que la pareja pudiese protestar nuevamente, los otros en la mesa comenzaron a animarlo, asentir y apoyar esa moción.
Por lo que la pareja permaneció callada, aunque el carmín de sus mejillas se quedó otro rato.
Todos de pie, unieron los vasos en el centro.
Salud!
