DISCLAIMER: La historia no me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la trama es de un libro el cual será dicho al final de esta historia, solo me adjudico la adaptación.

Gracias a todos y todas por sus hermosos reviews

Los días de actualización de esta historia son los JUEVES

- Capítulo 5 -

La noticia de que una muchacha elegante andaba sola por la zona portuaria corrió como reguero de pólvora. Los hombres que estaban demasiado ebrios para tenerse en pie, de alguna manera se las ingeniaron para salir de su estupor y dirigirse, tambaleantes, hacia allí. Todo un cargamento de marineros que acababan de regresar de un viaje de tres años tomaron sus botellas de ron y corrieron hacia, donde según habían dicho, los esperaban docenas de mujeres.

Perpleja, esforzándose por disimular el miedo, Bella trataba de hacer caso omiso de los hombres que se apiñaban a su alrededor en número cada vez mayor. Algunos, con sonrisas desdentadas y apestando a pescado y a cosas peores, extendían sus manos sucias y temblorosas para tocar el terciopelo de su vestido.

-Nunca he tocado nada tan suave- susurraban

-Nunca me acosté con una dama.

-¿Crees que las damas lo harán igual que las rameras?

Bella comenzó a apretar el paso más y más, esquivando las manos y los cuerpos que se hallaban en su camino. Ya no pensaba en mantener el mar a sus espaldas; lo único que quería era escapar.

Los hombres del puerto parecían jugar con ella tal como lo hicieran la noche que llevaba solo su camisón. Son embargo, esos juegos relativamente leves cesaron con la llegada de marineros jóvenes, viriles y ávidos. Cuando estos vieron que había una sola mujer en lugar de las cincuenta que les habían dicho, se enfurecieron, y encauzaron su furia contra aquella muchacha asustada.

-Dejadme a mí. Yo necesito algo más que tocar su fino vestido- dijo en tono lascivo un joven vigoroso, al tiempo que extendía una mano y aferraba el hombro del vestido de Bella.

La tela se desgarro hasta el pecho, con lo cual quedó al descubierto un seno redondeado y suave que hizo que los hombres rieran con deleite.

-Basta, por favor- les pidió Bella, retrocediendo, pero entonces tres pares de manos le levantaron la falda y ascendieron por la parte trasera de sus piernas.

-Es menuda, sí, pero tiene mucho donde debe tenerlo.

-Basta de perder el tiempo. Vamos por ella.

Antes de que Bella tomara conciencia de lo que estaba a punto de suceder y mientras oía en su mente las palabras de Edward acerca de que estos hombres la obligarían a hacer lo que habían hecho ambos, uno de los marineros le dio un fuerte empellón que la hizo caer contra los hombres que estaban tras ella. Sobre ella, sonrientes, estaban los marineros.

-Ahora veamos que hay debajo de esa bonita falda.

El hombre llevo la mano a la falda de Bella, y esta le dio un puntapié en la cara que lo hizo caer hacia atrás. Tenía los brazos sujetos detrás de la cabeza, y en cuanto le propino el puntapié los demás hombres le sujetaron los tobillos y la obligaron a abrir las piernas.

-A mí no me patearas, niña- rio un marinero, mientras aferraba el borde de la falda.

En un instante, estaba sobre ella, sonriendo al ver el terror de Bella y disfrutando sus esfuerzos por liberarse de las manos que la sujetaban. Al instante siguiente voló por el aire y se aferró el hombro, que se le ponía cada vez más rojo. El sonido de un disparo pareció llegar después de que el marino volara por el aire.

Resonaron dos disparos más por encima de las cabezas de los hombres antes de que estos lograran reaccionar a algo que no fuera si viciosa avidez.

Bella, aun sujeta por los hombros, reparo primero en el silencio de estos. Cuando comenzaron a soltarla, dio un puntapié y libero una pierna. Al instante vio llegar a Edward, furioso y violento. Antes de que Bella pudiera entender lo que ocurría, Edward comenzó a golpear brazos, cuellos, cinturones, lo que tuviera a mano, con lo cual los marineros y la gentuza del puerto empezaron a volar por los aires.

Temblando de miedo, Bella permaneció inmóvil mientras las manos abandonaban su cuerpo una por una. Edward quedo de pie dándole la espalda, con un arma en cada mano.

-¿Alguien más quiere probar suerte con la dama?- desafío

Retrocediendo, como la escoria salvaje y cobarde que eran, los marineros maldijeron a Edward por lo bajo por arruinarles la diversión, pero ninguno se opuso abiertamente al peligroso americano.

Edward enfundo las pistolas y se volvió hacia Bella; la vio jadear de miedo y advirtió que la mayor parte de su ropa estaba intacta. Con un rápido movimiento, se inclinó y la levanto sobre su hombro como si se tratara de un saco de harina.

Casi sin aliento, Bella lo golpeo en la espalda.

-¡Bájame!- le exigió.

Edward le dio una fuerte palmada en las nalgas y, por fortuna para Bella, el terciopelo amortiguo el golpe. Luego Edward hizo una seña a otros dos hombres que seguían amenazando a la multitud con pistolas, y se encamino de regreso a la posada.

Uno de los marineros, al que Bella había dado un puntapié en el ojo, grito a Edward que los yanquis* si sabían tratar a las mujeres, y los demás rieron, contentos de no haber tenido que pelear con él. El hombre al que Edward había disparado se alejó, cojeando, hacia los muelles.

Bella no volvió a decir una sola palabra mientras Edward la cargaba en aquella posición incómoda y vergonzante, y se alegró que su cabello largo ocultara su rostro a la mirada de los transeúntes y, especialmente, de la gente de la posada. Cuando llegaron a la habitación que habían compartido, Bella ya estaba lista para decirle lo que pensaba de su forma de tratarla: él no era mejor que aquellos rufianes de la calle.

Pero su coraje la abandono cuando Edward la arrojo sobre la cama con tanta fuerza que Bella se hundió en el colchón de plumas hasta tocar la base de cuerdas entrelazadas. Al volver a la superficie, tomo aire, se apartó el cabello de la cara y miro a Edward, que estaba más furioso que nunca.

Él no le dio tiempo para hablar.

-¿Sabes cómo te encontré?-dijo, con los dientes apretados, los músculos de la mandíbula tensos y las manos en las caderas-. Contrate a unos hombres para que recorrieran el puerto y me informaran cuando se produjera alguna conmoción. Sabía que aparecerías tarde o temprano y que, cuando lo hicieras, estarían todos sobre ti.- Se inclinó hacia ella y gruño-: Duraste más de lo que esperaba. ¿Qué hiciste? ¿Te escondiste en algún sitio?

Al observar el rostro de Bella, vio que estaba en lo cierto. Levanto las manos con frustración mientras se paseaba con grandes zancadas por la habitación.

-¿Qué diablos hare contigo? Tengo que encerrarte para protegerte de ti misma. ¿Es que no tienes idea de cómo es el mundo? Te advertí lo que sucedería si te marchabas de aquí, pero no me creíste. No, tenías que llegar al extremo de casi hacerte violar y, tal vez, matar. La primera vez que te encontré, te perseguían los hombres, y ahora, por tu culpa, ha vuelto a ocurrir. ¿Acaso creíste que sería diferente la segunda vez?

Sosteniendo la parte superior de su vestido, Bella jugaba con el terciopelo de la falda. Tenía la mente ocupada en tratar de olvidar lo que acababa de sucederle, de que pereciera solo uno de sus sueños.

-Yo pensé que como estaba vestida como una dama, ellos no…- murmuro

-¿Qué?- rugió Edward, y luego se dejó caer en una silla-. No es posible que alguien pueda creer, realmente creer…-

Se interrumpió y la miro, tan pequeña, tal vez sin percatarse de que temblaba, con un largo arañazo en la mejilla, y volvió a sentir aquella posesión.

-No hay nada más que hablar. Mañana te marchas conmigo a América.

-¡No!- exclamo Bella, levanto la cabeza- No puedo. Debo quedarme en Inglaterra. Este es mi hogar.

-¿Quieres un hogar donde te ataquen cada vez que salgas a la calle? ¿Quieres una repetición de lo que paso hoy?

-Esta no es la verdadera Inglaterra- insistió-. Hay gente bella y lugares llenos de amor y amistad y…

-¿Y qué?- pregunto Edward con dureza-. ¿Dinero? El dinero es la única diferencia entre la escoria de allí afuera y la nobleza que tu pareces adorar, la misma nobleza que echo a la calle a una criatura inocente como tú. A mí me parece que la gente bella que tú conoces no tiene nada que criticar a quienes hace un rato trataban de arrancarte la ropa.

Lentamente, grandes lágrimas empezaron a formarse en los ojos de Bella. Cuando esta levanto la vista, Edward vio su tristeza. Ella pensaba que necesitaba sus sueños, necesitaba creer en el amor y la belleza, necesitaba algo que compensara el vacío de su vida.

Edward no entendió exactamente lo que pasaba por la mente de Bella, pero si vio su dolor, y aquellas lágrimas lo debilitaron. Al instante, se sentó a su lado de la cama y la envolvió en sus brazos, tratando de protegerla de los recuerdos dolorosos que la acosaban.

-América te gustara- le dijo suavemente, acariciándole el cabello-. La gente es buena y honesta, y allí gustaras. Te presentare a medio Virginia y pronto tendrá más amigos que nunca.

-¿Amigos?- murmuro Bella, aferrándose a Edward. Apenas empezaba a comprender lo mucho que la había afectado la experiencia que acababa de sufrir. Aún tenía la impresión de que había manos ávidas sobre todo su cuerpo.

-No imaginas toda la gente maravillosa que hay en América. Tengo un hermanito, Jasper, al que le encantaras y además, claro, están Emmet y Rosalie. Rosalie es francesa y habla francés a una velocidad increíble.

-¿Es bonita?- pregunto Bella, con desdén

-Casi tanto como tú- respondió Edward, sonriendo y acariciándole el cabello-. Cuando me marche estaba a punto de tener un bebé. Ahora ya debe tener varios meses. Claro que ya tiene a los mellizos.

-¿Mellizos?

Edward rio, la aparto de él y le enjuago las lágrimas con la punta de los dedos.

-¿Aun no entiendes que te llevare a América, no para castigarte ni porque me guste secuestrar muchachitas, sino porque no tengo alternativa? No hay otra cosa que pueda hacer contigo.

Esas palabras, cuya intención era tranquilizarla, pronunciadas a la manera de Edward, que siempre llamaba las cosas por su nombre, surtieron el efecto contrario en Bella. Su tío y Jacob le habían dicho cosas similares. Estaba cansada de ser una carga para todos.

-¡Déjame levantarme!- le exigió, al tiempo que lo empujaba.

-¿Qué diablos ocurre ahora?

Bella giro la cabeza y trato de morder la mano de Edward que estaba sobre su hombro. Edward volvió a empujarla hacia el colchón y se froto la mano.

-No te entiendo. Hace apenas una hora te salve la vida, y ahora que te digo de la mejor forma posible que me interesa tu bienestar, te pones furiosa conmigo. Realmente no te entiendo.

-¿Entenderme?- Exclamo Bella, echando chispas por los ojos-. No habría tenido que huir si usted no me hubiera tenido prisionera, y de no haber sido por usted, no habría necesitado que me rescataran. En cierto modo, me salve de usted y para usted.

Perplejo Edward quedo boquiabierto.

-¿Acaso tu mente siempre funciona así? ¿Siempre tomas diez caminos distintos para llegar a dónde quieres?

-Supongo que eso es una expresión americana cuya intención es disimular su falta de lógica. El hecho es que usted me tiene prisionera, y exijo que me libere- replico, con los brazos cruzados y apartando la vista de su interlocutor.

La ira de Edward pronto se convirtió en risa, que se esforzó por contener. Fuera cual fuera el concepto que tenía Bella de la lógica, distaba mucho del verdadero significado de palabra. Edward pensó en volver a explicarle lo que sucedería si la dejaba ir, pero teniendo en cuenta que la habían atacado dos veces y no parecía haberse impresionado, no tenia deseos de volver a explicárselo. Tampoco tenía que pintarle una imagen de América. Lo único que podía hacer era dejar que ella lo viera por sí misma. Pensó también en abrir la puerta y darle otra oportunidad de ir al puerto, o en pagarle un coche que la llevara a donde quisiera ir.

Al ocurrírsele esta última posibilidad, algo se endureció en su interior. Si hacia eso, quizá nunca volviera a ver aquella chiquilla de ojos brillantes que parecía ver el mundo a través de su propio cristal color rosa. Le entristeció mucho imaginar el largo viaje por mar sin ella.

-Iras a América conmigo- dijo con firmeza, mientras acariciaba el hombro desnudo de Bella.

Se había sentido tan culpable por haberla seducido cuando ella era tan inocente que se había obligado a pasar dos noches lejos de ella, pero el terror que había sentido todo el día al no encontrarla, combinado con la imagen seductora que tenía ahora la muchacha, con el hombro desnudo y el pecho parcialmente expuesto, le hizo olvidar la lógica.

-No me toque- protesto Bella con altivez.

-Podemos estar en desacuerdo con respecto a la… lógica- dijo Edward, y sonrió al pronunciar esa palabra-, pero hay un aspecto en el que, aparentemente, estamos de total acuerdo.

Bella se esforzó realmente por no responder a las caricias de Edward, pero a la larga le resultó imposible ignorar el contacto de su mano, aquella mano ancha, tibia y sensual que recorría su cuello. No quería demostrar cuanto le había afectado lo que le ocurriera; quería que Edward pensara que era valiente, pero en verdad lo que deseaba era sentarse en sus rodillas y esconderse, tal vez en un bolsillo. Jamás se había alegrado tanto de ver a alguien esa tarde, al ver a Edward delante de ella, con las pistolas desenfundadas.

Ladeo la cabeza y Edward le acaricio el cuello. Bella cerró los ojos cuando llevo la otra mano al lado opuesto de su cuello.

-Estas cansada ¿verdad, amor mío?-susurro Edward, aumentando la presión de sus dedos-. Tienes los músculos tensos.

Bella asintió de forma apenas perceptible; su cuerpo empezaba a relajarse. No tenía idea lo que hacía Edward; solo sabía que, como por arte de magia, parecía estar derritiendo su cuerpo. Cerró los ojos y se entregó a él. Apenas se percató cuando le quito el vestido y la tendió, desnuda, sobre la cama. El sonido suave y profundo de su voz intensificaba aquel nuevo placer que sentía.

-Cuando era niño- le dijo-, pase tres años en un barco ballenero. Fue una experiencia terrible, pero al menos recalamos en algunos lugares interesantes, como la China. Allí aprendí a hacer esto.

Fuera donde fuese que lo hubiera aprendido, Bella le estaba agradecida. Edward le clavaba los dedos y por momentos le hacía daño, pero pronto comprendió que, cuando se relajaba, el dolor cesaba. Los dedos de Edward le masajeaban la espalda, eliminado las molestias que le había provocado el hecho de pasar varias horas acurrucada en el callejón. Se le aflojaron los calambres en las piernas y, cuando Edward empezó a masajearle los pies, nuevas partes de su cuerpo se hundieron más en el colchón blando. La sorprendió que incluso sus brazos estuvieran tensos, pero las manos de Edward aflojaron los nudos en los músculos y los relajaron por completo.

Dado que Bella estaba demasiado relajada para moverse, él le dio la vuelta como si fuera una pila de trapos y se dispuso a trabajar en la parte delantera. Empezando por los pies, la frotó, le dio golpecitos, acaricio cada centímetro de su cuerpo. Al llegar a la cara, le acaricio con los pulgares los músculos de las mejillas y alrededor de la nariz.

La muchacha estaba casi sin sentido. La relajación era tal que no se percató de la sensualidad del masaje, de que las manos fuertes de Edward y sus ojos sobre su cuerpo desnudo habían despertado en ella la pasión. Se sentía como un gran gato desperezándose al sol, con cada musculo en paz, en espera de las aventuras que sobrevendrían.

Cuando las manos de Edward volvieron a sus muslos, le pareció lo más natural del mundo. Con una sonrisa dulce y experimentada, Bella mantuvo los ojos cerrados, pues prefería solamente sentir, rendir su mente a sus sentidos. El cambio en la presión de las manos de Edward, tal vez su propio deseo que se filtraba por las yemas de sus dedos, fue sutil, pero ella lo entendió.

-Sí, amor- murmuro Edward con voz ronca y con la respiración más profunda que nunca.

No utilizo los labios ni otra parte de su cuerpo que no fueran sus manos: aquellas manos maravillosas, grandes y duras que ella le había visto usar para arrojar por el aire a hombres robustos como si carecieran de peso. Sus dedos anchos y callosos tenían una agilidad casi artística, deliciosamente provocativa, mientras exploraban una vez más la piel que acababan de tocar.

Bella sintió en su interior que algo cambiaba, como si una maquinaria primitiva se pusiera en marcha. Se arqueo ligeramente y en forma rítmica, y se entregó a él.

-Por favor- susurro, acariciando los brazos de Edward, trazando sus músculos con los dedos-. Por favor…

Edward no tardo en complacerla, pues el mismo estaba a punto de estallar. Le había fascinado la pura sensualidad del acto amoroso entre ambos y la belleza del cuerpo joven y esbelto de Bella. La penetro lenta, muy lentamente, sin renunciar a la calidad gentil y etérea del placer de ambos.

Bella había aprendido lo suficiente para saber cómo prolongar el movimiento, y siguió la iniciativa de Edward como si fueran dos cuerpos celestiales en una unión que duraría toda la eternidad. Sin embargo, no pudo contenerse mucho tiempo; pronto empezó a respirar con más rapidez y a clavar las uñas en la piel de Edward. En pocos segundos, la suavidad se convirtió en ferocidad, y la avidez de ambos fue pareja.

Cuando al fin llegaron a la cumbre de su pasión, Bella grito y sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas por la violencia del desahogo. Durante algunos minutos permaneció inmóvil, flotando en un mar de nada, saciada y feliz, relajada y profundamente calma.

Lentamente, Edward se apartó, se incorporó sobre un codo, apoyo la cabeza en la mano y la miro. Sus ojos verdosos estaban oscuros, y Bella advirtió lo espesas que eran sus cortas pestañas.

-[¿Quién es este hombre?-se preguntó-. ¿Quién es este hombre que hace que mi cuerpo cante con una música celestial?] El no dijo una sola palabra, pero Bella sintió que lo estaba mirando por primera vez. La tenía prisionera y, sin embargo, la cuidaba, actuaba como si la valorara, e incluso algunas veces parecía tener remordimientos por tenerla en cautiverio. ¿Qué clase de hombre podría ser tan gentil y tan fuerte al mismo tiempo?

Al observarlo, pensó en lo poco que sabía de él. ¿Qué pensaba? ¿Quiénes eran las personas que amaba y que lo amaban? Llevo una mano al rostro de Edward y le acaricio la mejilla. ¿Podría aquel hombre, que parecía que el mundo era suyo, llegar a amar? ¿Podría una simple mujer llegar a hacer de él un esclavo, a tener en sus manos aquel corazón fuerte y palpitante?

Bella llevo la mano hasta el pecho desnudo de Edward, sintió su corazón bajo su mano, paso los dedos por entre el vello del pecho y luego, por impulso, dio un fuerte tirón.

-No hagas eso, diablilla- gruño, y luego le beso los dedos-. Esperaba que estuvieras más agradecida después de la forma en que te hice gozar.

-¡Agradecida!- exclamo Bella, conteniendo una sonrisa-. ¿Desde cuándo una esclava agradece a su amo?

Edward rehusó morder el anzuelo; simplemente gruño y la atrajo hacia sí. No pareció importarle que ella estuviera incomoda.

Bella empezó a protestar diciendo que no podría dormir en esa posición, pero las palabras se desvanecieron antes de terminar. Se sentía como una enredadera enroscada sobre el tronco de un gran roble; relajada, cayó en un profundo sueño.

Yanquies: En Europa significa estadounidense, mientras que en el sur de Estados Unidos es aplicado a los estados del norte, ya que durante la guerra civil en los Estados Confederados así se referían a los habitantes de la unión.

Reviews...?

Nos vemos el próximo jueves... Chau