Reto 30 días de OTP

Día 11: Usando kigurumis


Un pequeño Shikamaru, vestido con su piyama de cuerpo completo de búho y mucha cara de aburrimiento, se acercó a una pequeña Temari que vestía a su vez, un piyama cuerpo entero de gatito. Llegó gateando, y se acomodó en el suelo frente a donde ella se encontraba sentada con sus brazos cruzados sobre las rodillas, y sus delicadas piernas ocultando su torso.

El niño no prestó mayor atención a la rubia al principio, se limitó a jugar con los bloques de madera con inscripciones desperdigados en el espacio entre ambos. Lo contrario pasó con la niña, quien no separaba su atenta mirada del recién llegado. Shikamaru ordenó los bloques, guiándose primero por los que tenían el mismo color, y cuando terminó se dedicó a agrupar los que tenían el mismo símbolo escrito, además de poner en orden los pocos números que podía, 1, 2, 3, 8...o algo así.

Solo en aquel momento levantó la vista hacía la otra, y quedando asombrado, la contempló con su boquita formando una pequeña o, al segundo siguiente colocó sus manos en el piso, acercándose solo un poco. Las mejillas de ella se tiñeron de carmín y en un rápido movimiento ocultó cuanto pudo de su rostro tras las piernas que la protegían. El niño comenzó a gatear en su dirección mientras intentaba volver a ver el rostro de la ojiazul.

Al avanzar otro poco, tropezó con algunos de los bloques con los que había estado jugando. Traidores. Se tambaleó y cerca estuvo de caer, pero recuperó enseguida el equilibrio; sobreviviendo sin más daño que un pequeño susto.

Quien sí se aterró más de lo debido, fue la madre de él, que casi se abalanza sobre el niño buscando evitarle un golpe. Al no ser necesaria su preocupación en ese momento, volvió a su charla.

Temari no pudo evitar prestar atención en la escena, levantando por fin su cara hacía el niño en la pijamita azul; y permitiendo que este la vea.

Hasta ese momento, ella no había hecho más que mirar a su alrededor; no conocía a nadie en ese lugar, solo a su hermano, a su otro hermano, y a nadie más. Al llegar había tomado asiento contra una de las paredes; tanto el suelo como parte de estas estaban cubiertas por algo que ella solo sabría explicar como 'algo parecido a una alfombra blanca acolchonada' y por eso mismo, combinaba con su piyama. Antes de que el niño llegara con ella, se había dedicado a observar a su entorno y a los otros niños jugar, aunque le era difícil separar la vista de sus hermanos, tal vez porque se sabía protectora de ambos, tal vez porque albergaba la esperanza de que ellos la mirarían también e irían a su lado.

Esperaba que sus hermanos se acercaran, pero no aquel niño. Y ahora la miraba con la misma especie de cara molesta que tenía al llegar.

-¿Qué?- Preguntó un poco tosca. Sentándose en posición de loto, recordaba que así le habían dicho que se llamaba.

Shikamaru se sorprendió. Hizo un gesto con sus hombros antes de volver la vista hacia los bloques, con la mejillas un poco rosas. Tomó uno de los cubos en su mano regordeta.

-Toma.- Le alcanzó el juguete de madera y ella sin entender muy bien lo aceptó.

-Gracias.- Murmuró en voz baja y se quedó viendo el bloque pintado de amarillo.-Aunque el azul es más bonito.-

-Pero el azul es de niños.- Contestó el pequeño, interrumpiendo su labor. Su voz era muy suave y aún no del todo fluida.- Ese es el tuyo.-

-No lo quiero.- Temari dijo con decisión y dejó el bloque en el suelo.

-El azul es mío.- El castañito estiró su brazo para darle otro.- Toma el verde.-

-¿Qué?-

-El verde.- Insistió.

-¿Verde?- La rubia tomó el juguete y lo analizó.-Esto no es verde, es morado.-

Observó el objeto con ojos grandes. De hecho, era un muy lindo color.

Ella aceptó el bloque, mientras el niño seguía acomodando los juguetes en medio de ellos, no entendía por qué se lo daba, pero en fin. La señora que antes se había asustado ante la casi caída de Shikamaru los miraba de vez en vez.

-Ella es mi mamá.- Le dijo el castaño, seguía concentrado en su trabajo.-¿Y la tuya?-

Al parecer había notado el momento en que se quedó viendo a la mujer. Es que la ponía un poco nerviosa.

-No tengo mamá.- Respondió Temari.

El más pequeño levanto por instinto la mirada hacía a la rubia, sorprendido; aunque quizá no entendiera del todo el significado de esa frase. Por otro lado, la niña separó la vista del bloque en su mano y por un segundo, se fijó en sus hermanos en otro lado de la habitación.

-¿Te gustan las nubes?- Preguntó. Ella parecía no entender.

-No-No lo sé.- Respondió.

-¿Sabes? Puedes poner tu bloque donde quieras.-

Hasta ahora el niño se había dedicado a manipularlos de distintas formas, en ese momento armaba una especie de castillo. La de los ojos azules miro al objeto y se puso de pie.

-Olvídalo.- Dijo, pensando en irse; arrojó el bloque por encima de su hombro.

-Auch.- Escuchó, y de inmediato se volteó.

Había planeado dejar el juguete en el suelo, pero cuando miro hacia abajo vio los ojitos de su acompañante llenándose poco a poco de lágrimas, su nariz roja, y su labio inferior temblando levemente.

No tardó mucho en ponerse a llorar y sollozar.

En el momento en que la madre del niño lo escuchó, acudió de inmediato al lugar y levantó a su hijo en brazos ante la expresión sorprendida de la pequeña princesa. Colocaron al niño en un cochecito para evitar un escándalo, la señora intentaba consolarlo. Pero si no parecía haberse golpeado con fuerza, pensaba la niña, el otro no estaba lastimado ni nada ¿por qué lloraba tanto?

La pequeña Temari vestida en su piyama de gatito vio como se llevaban afuera al pequeño Shikamaru vestido en su piyama de búho. Que bebito llorón.