A/N: Hola! Si para este capitulo llegan a necesitar referencias visuales, les recomiendo buscar en google 'shikatema genderbend', mis ilustraciones favoritas son las pertenecientes a un artista japonés que hizo unas cuantas, y son todas hermosas...no pude encontrar su nombre entre la montaña de kanjis que se me aparecieron cuando busqué, pero es muy evidente a cual me refiero y aparece de inmediato.
O también pueden imaginárselos en su propia versión.
Disfruten la lectura!
Reto 30 días de OTP
Día 14: Géneros invertidos / Genderswapped
Estaba ahí, lo sentía. Tenía los ojos cerrados así que no podía verlo, pero escuchó como el césped crujió bajo los pies de algo o alguien, seguido de una sombra proyectándose sobre su rostro. Fuese lo que fuese estaba bloqueándole el sol. Frunció el ceño. Deberían avisarle a ese algo que no estaba de humor en ese momento.
-Hey, vaga.- Abrió los ojos para encontrarse con el dueño de la cabellera más dorada que alguna vez había visto, era luminoso.
-Ah, y yo que pensé que el sol era brillante.- Tapó sus ojos con el dorso de la mano.
-¿De qué rayos hablas?- El muchacho se sentó a su lado. Por un segundo la invadió una sensación feliz al verlo, pero enseguida se convirtió más bien en un trago amargo.-¿Qué hacías?-
-Nada.-
-Que raro, te dedicas a hacer eso todos los días.- Casi pudo sentir como él rodaba los ojos.
Destapó uno de los suyos, el rubio miraba a un punto indefinido frente a él. Siempre le sorprendía cuanto cambiaban físicamente los chicos al crecer, claro que las chicas también lo hacían, pero los chicos pasaban de ser escuálidos, delicados y pequeños a ser, bueno...musculosos, grandes; al menos la mayoría, al menos a ese chico a su lado le había pasado así, ya no era el niño que había conocido a los doce. El cuerpo de ninguno de los dos era igual. Esos pensamientos eran raros, culpó a estar recién despierta de esto.
El chico la notó mirándolo, y le dedicó la mejor de sus sonrisas coquetas, esa que podía hacer que a las chicas se les aflojaran las rodillas, y que en ese momento le ablandó el corazón y la hizo enfurecer a la vez; sus ojos eran más azules y brillantes que cualquier otro. Wow, vaya que debía estar somnolienta.
-Tem, no te ofendas pero ¿hay alguna buena razón para que decidas despertarme?- El otro dejó escapar una risa.
-¿Te molesto, llorona?- Ella siguió mirándolo seriamente, así que se aclaró la garganta y continuó.-Vengo a buscarte ¿Piensas que puedes escaparte de mí?¿O del trabajo?-
Notó que se había inclinado un poco sobre ella. Si tan solo no fuese él la razón por la que tenía un nudo en la garganta hacía horas.
-TÚ tienes trabajo.- Le espetó.- Yo estoy completamente libre de quedarme aquí cuanto quiera.-
-Ja! ¿Olvidas los informes que te lleve esta mañana?-
La chica se congeló.
Informes...informes...la palabra hizo eco en su cabeza. Buscó en su memoria, recordaba vagamente algo sobre unos informes; aunque, quizá estaba engañándola. Volvió a verlo por entre sus dedos, y no parecía estar mintiendo ¿Por qué mentiría por algo así? La voz del muchacho resonó desde el fondo de donde sea que el cerebro guarde los recuerdos.
-Shika ¿Puedes encargarte de esto?- Comenzó a recordar. Él se había acercado con otra tanda de papeles. Ella se quejó en voz alta.
-¿Más trabajo?- Esos días estaban siendo especialmente ocupados.
-Así es.- El rubio se había aproximado a ella, como siempre, acercándose más de lo necesario, la atrapaba con su calor y la miraba desde arriba con esa sonrisa entre burlona y traviesa; sus ojos entrecerrados.
-Ok.- Y suspiró.
Maldición.
No pudo esconder la expresión que se formó en su rostro; el muchacho se percató de su victoria y rió con voz grave. Y ella tuvo unas ganas repentinas de lanzarle su zapatilla al rostro, ese día parecía que todo lo que él hiciese la enfadaba. Y no era muy satisfactorio sentirse así.
-Voy a encargarme de eso mañana.- Se volteó en el césped, dándole la espalda, su voz sonó mucho más desanimada de lo que quería y rezaba para que el rubio no lo hubiese notado.- Ahora puedes irte.-
No se sentía bien, se sentía ¿triste? ¿angustiada? No sabía cual era la palabra exactamente. Sentía que le hubiesen desgarrado el pecho, y a la vez se sentía ridícula por eso ¡No era tan importante!. No lograba recomponerse luego de lo que había visto anteriormente, como si hubiera recibido un golpe que la dejara mareada y retumbante durante horas.
Sopló una brisa, meciendo la vegetación a su alrededor. Ella suspiró, y dejó que el silencio momentáneo se formara entre ambos.
Salía de trabajar, el cielo estaba celeste fuerte, uniforme, sin nubes. No le gustaba mucho esa imagen, la verdad. Una compañera caminaba con ella, probablemente seguiría un té, si es que no-
Lo divisó inmediatamente. Estaba su rubio compañero, pero sosteniendo un mapa, y con dos chicas. Ahora definitivamente no le gustaba la imagen.
Ella no era tonta, sabía que el muchacho era atractivo, sabía que a él le gustaba sentirse sexy y abrir un poco de más el escote del kimono para mostrar sus músculos; sabía que atraía la atención de varias jóvenes cuando pasaba. Lo veía. Cuando salían juntos por la Aldea, él casi nunca les prestaba atención, ni siquiera parecía darse cuenta. Casi nunca. Igualmente, tampoco era acosado por sus fans, era algo intimidante, intenso...por decirlo así. Eso provocaba que fuese raro ver a alguna de las mujeres que le echaban el ojo, acercarse a saludarlo; aunque de vez en cuando surgía alguna valiente. Y ahí estaba él, cayendo bajo las trampas de esas dos desconocidas. No estaba echándolas a los gritos, en su lugar, les sonreía y hasta se acercó a ayudarlas, y era obvio que estaba coqueteándoles. Por Dios, la jugada del mapa; él debía de darse cuenta de que era una excusa barata para hablarle y mirar más de cerca sus pectorales, cielos. No es que ella lo supiera por haber usado esa estrategia con el chico antes. Tal vez.
Entonces se sintió ridícula, se sintió confundida. No entendía esa sensación de enfado que le cayó en el estómago; y menos entendió esa terrible decepción que le hizo sentir un nudo en la garganta. Ellos no eran -oficialmente- más que amigos; aún así no había considerado que si se le inclinaba, hablaba, y sonreía de forma tan galante, quizás hiciese lo mismo con otras chicas. Evidentemente era una tonta. Solo entonces se dio cuenta de que había parado en plena calle para quedarse viendo a ese trio que le producía nauseas. Siguió su camino con una cara más seria de lo usual, notablemente sin energía, con su entrecejo apenas fruncido. Se sentía un poco mareada y enferma de la nada.
No le gustaba estar así, ella no era necesariamente una mujer "cursi"; a la hora de tramar estrategias no le servía de nada idealizar las cosas. Pero en ese momento deseaba un poco que el chico la tranquilizara, que supiese como hacerla sentirse mejor, aunque ni ella sabía como, que le dijera...que le dijera lo que sea, que le dijera que se la llevaría a la Aldea de la Arena y le pediría hijos si quería, no le importaba. Que pensamientos más tontos, y lo peor era que no podía sacárselos de la cabeza.
Era tan raro que fuesen nada y a la vez significaran tanto. Al menos para ella significaban algo.
Ella seguía sintiendo la presencia del rubio a su espalda, aunque con los momentos de silencio, tenía dudas de si él realmente seguía ahí. Miró sobre su hombro para comprobarlo, allí estaba, con la cabeza gacha y la mirada perdida en el césped, su mano en la parte trasera del cuello.
-Shika.- Comenzó. A falta de encontrar una manera más sutil, lo dijo de una vez.- No sé lo que hayas interpretado sobre lo de hoy, pero no entiendo por qué te molesta.-
La chica soltó una risa casi irónica, procedió a incorporarse hasta quedar sentada sobre el césped.
-¿Qué podría interpretar? Te gusta coquetear con las chicas, está bien.- Los ojos del rubio se agrandaron al escuchar esto.- Incluso usaron lo del mapa. Ja! Que listas.-
Ella no tenía derecho a hacerle ningún reclamo al respecto.
-Tú...¿piensas que eso era?- La de la coleta seguía sin mirarlo, lo cual lo lastimaba. Vaya, y él que pensó que las chicas de la Aldea de la Hoja tenían mala orientación. Volvió a rascar su nuca.- Escucha, no coqueteo con otras chicas ¿Sí? Al menos no más de dos frases seguidas. No es tan divertido como es contigo.-
Esperó un momento la respuesta de la castaña. A ella le hubiese gustado que esas palabras no la hayan aliviado tanto, no quería que él tuviese el poder de devolverle la tranquilidad y desatar felicidad pura en su interior con esas simples frases; pero no podía evitarlo.
Porque quizá significara que sí tenían algo después de todo.
-Ah! Así que tontear con las demás no es tan divertido ¿Eh?- Ella le sonrió desafiante, recuperando sus ganas de molestarlo de inmediato, casi retándolo a que negara lo que él mismo acababa de decir.
-Hump, tonta; ninguna otra chica es como tú- Hizo su mayor esfuerzo para que eso sonara como un insulto, no tuvo mucho éxito. Se sorprendió de no sentirse como el hombre más feliz del mundo al ver a la niña que le había pateado el trasero en los exámenes chunin, celosa. En vez de eso sintió que debía gritarle que era una idiota por pensar así, incluso de expresarle esos sentimientos que ni siquiera se animaba a confesarse a sí mismo. Tal vez su relación no había llegado al punto en que los celos eran graciosos.- Se supone que TÚ eres la genio aquí, no puedo creer que una niña lista como tú se pusiera así por tan poco.-
En ese momento, la banda elástica que le sujetaba el pelo, se soltó repentinamente, dejando que el cabello largo y lacio de la chica, cayera libremente sobre sus hombros y espalda.
-Tal vez no soy tan lista como crees. Uy, que porquería.- Tomo el elástico roto mientras aguardaba una respuesta, desde un "Cállate, tú sabes que eres inteligente" hasta un "Tienes razón, eres una tonta" Con ese chico nunca se sabía. Pero el otro se quedó en silencio. Cuando volteó hacía él, lo encontró mirándola tan fijamente que casi la asusta, con unos sorprendidos ojos grandes, y tan brillantes que parecían estar iluminados; estaba enrojecido hasta las orejas.-¡Tem!¿Qué-qué te pasa?-
Ella estaba prácticamente preparándose para llevarlo al hospital si hacía falta. Parecía encandilado, pero reaccionó de pronto.
-¿¡Qué me pasa!?¡Eres hermosa!¿¡Por qué estabas ocultándome esto!?- Tal vez más tarde repasaría la escena y se avergonzaría de reaccionar así. Ahora ambos estaban sonrojados. El pelo de esa chica enmarcaba su rostro a la perfección, y su rostro ya era bastante perfecto; el cabello llegaba hasta debajo de sus hombros y caía sobre estos como agua en una cascada, incluso era igual de brillante; tenía hasta ganas de tocarlo, y la vez, miedo de arruinar la pureza lacia de este si lo hacía; parecía un ser salido de una pintura angelical, y ahora con la carita levemente avergonzada y confundida...diablos. Y ni hablar de la forma en que el viento lo agitaba, arrastrando su fragancia hasta el alcance de su nariz. Con dificultad logró murmurar su siguiente frase antes de voltear la vista a otro lado.- Te-te queda- te queda hermoso.-
-Gracias.- Ella dijo casi en un susurro. Las mejillas rosadas del chico al abochornarse contrastaban en su piel pálida. Quería volver a atarse el pelo, tenía una banda de repuesto en la muñeca, pero repentinamente le daba vergüenza. Que hombre problemático.
Silencio.
¿Y cómo se seguía después de decirle a alguien que es hermoso? Irónicamente, quería decirle tantas cosas, por una parte, que solo había reaccionado así porque su cabello suelto le confería un aura de modelo espectacular, incluso mejor que las de las revistas, pero que él siempre la consideraba hermosa, tal vez no en el sentido convencional, quizá sus expresiones eran un poco toscas; pero a él le encantaba. Le diría cualquier cosa que ella quisiera oír, que cuando la veía su corazón se volvía loco, que nunca le daba igual su presencia, incluso le diría que se la llevaría a la Aldea de la Arena y le pediría matrimonio. Hubiera hecho todo.
A ella le fascinó verlo tan vulnerable, le echó otro vistazo, seguía completamente rosado. Nunca antes lo había visto así de rojo. Y definitivamente no por otra chica. El cielo ya no era azul, ahora era de un naranja increíble, y montones de nubes más claras u obscuras, danzaban en el crepúsculo, ese paisaje le gustaba mucho más. Y la inundaba la idea de saber que tan lejos podía llegar, hasta qué punto podía tener al ninja más fuerte, audaz y testarudo de la Aldea de la Arena, derritiéndose a sus pies como si no fuese más que un niño abochornado.
Ella pasó de atarse el pelo por el momento. Se puso de pie y se acercó al chico, con delicadeza y mucho cuidado de no caerse al inclinarse, presionó sus labios con la piel notablemente caliente de su mejilla, dejándole un suave beso antes de despedirse. Comenzó a caminar, notando como él la seguía con la mirada y dando todo de sí para no voltearse a verlo. Sintiéndose especial. Ahora sí que nunca antes lo había visto tan sonrojado.
A/N: Van dos capítulos seguidos en los que Temari mira embobada a Shikamaru, lo cual es un poco raro porque generalmente es al revés, incluso no he leído demasiados fanfics P.O.V de ella, y me parece una lástima porque ósea, lo sabemos, Tema es un ángel bajada directamente del mismísimo cielo, pero Shika es hermoso también, por no decir que son mis bebés preciosos y quiero protegerlos de todo mal. Igual, todos los puntos de vista que pueda haber sobre esta pareja me encantan; aunque voy a intentar dejar de hacer escenas de verse embobados porque se va a tornar repetitivo y si ellos están juntos creo que pueden tolerar verse y naturalizarlo.
Gracias por seguir la historia. Temo que mi corazoncito no pueda aguantar los comentarios dulces que recibe, espero que sigan apoyándome.
Gracias por leer. Adiós!
