Reto 30 días de OTP
Día 17: Haciendo cucharita
-Por favor, Temari.- Él pasó sus manos arriba y abajo por sus brazos, frotándose un poco más fuerte que antes.
-No, ni lo pienses.- Espetó ella, abrazándose a sí misma.
Se escuchaba como los dientes de cada uno castañeteaban, aún así, ellos se mantenían alejados por orden directa de la chica.
-Vamos, mujer. Hace frio.-
-Ni se te ocurra, Shikamaru.- Sus palabras eran amenazantes, mas sonaban interrumpidas por los temblores de su cuerpo.
-¿Puedes enojarte otro día? Vas a congelarte tú también.-
-Pues que así sea.-
Ella se recostó, dándole la espalda, sus manos seguían frotando sus brazos en busca de un poco más de calor.
-Mujer problemática- Murmuró por lo bajo.
Corrió una fuerte brisa fría, que agitó la carpa por unos segundos y caló rápidamente en los huesos del ninja, quien intentó acurrucarse a sí mismo.
Cuando realmente, lo único que quería era algo tan simple como abrazar a su novia en una noche fría.
Para colmo, él estaba comportándose como todo un caballero al dejarle a la rubia la única manta que tenían, pero ella ni siquiera estaba usándola. Sabía que ese enorme orgullo del que era poseedora no la dejaría abrigarse mientras él se congelaba, pero tampoco le dejaba acercarse. Que complicada era, rayos.
Suspiró, y el visible aire blanco pasó frente a sus ojos.
Miro a la mujer. Aunque dijera querer alejarse, la carpa no era tan grande como para que "lejos" fuese más que medio metro. La veía temblar como un perrito bajo la lluvia.
Ridículo. No resistió más la idea de lo estúpido que era que ambos estuviesen sufriendo las bajas temperaturas cuando se podía resolver de una manera muy sencilla y satisfactoria. Ella giró, acostándose sobre su espalda, le pareció que estaba dormida así que Shikamaru fue hacía ella, con sigilo al principio, hasta recostarse junto a la dama, colocó cuidadosamente sus brazos alrededor de la silueta femenina, como tanteando el terreno; cuando no sintió amenaza de su parte, se afianzó con más confianza para compartir calor. La nariz y mejillas de ella estaban notablemente más coloradas que el resto de su cara, rosas; tocó su lindo rostro y sintió la piel fría bajo sus dedos. Vaya que era dura, aunque estuviese molesta ¿si ambos tenían frio no era mas fácil abrigarse juntos? Pero ya conocía a esa mujer.
Los ojos azules se abrieron de repente.
-¿Qué crees que estás haciendo?-Ella lo miró hostilmente.
-Emm.-
-¡Quítate!- Temari lo empujó de un manotazo.
-Mujer, tienes frío ¿No puedes dejar tu orgullo de lado un momento?- Él se alejó a regañadientes.
-Nunca.- Protestó, y volvió a darse vuelta.
¡Por favor! Apenas había tenido tiempo de disfrutarlo. Bufó. Luego de lo problemático que había sido para él explicar por qué pedía que lo asignaran a esa misión especifica, sin delatar que era porque ella estaba en el escuadrón; ahora la rubia se enfadaba, arruinando los planes que tenían, sus planes. Y se hallaban sin siquiera tocarse, en una carpa que apenas los protegía del clima horrendo que hacía afuera, cuando deberían estar abrazados y calentitos ¿A qué clase de juego estaba jugando?
-Hey, Temari.- Una idea lo hizo sonreír.-¿Quieres jugar a algo?-
-Disculpa ¿Qué?-
-Un juego. Piedra, papel, o tijeras; y si ganas, pediré que me saquen de ese estúpido encargo que tengo para poder estar en la Aldea cuando debas ir la semana próxima.-
Ella prestó atención ante la propuesta, bastante interesada. Había estado pidiéndoselo desde que se habían enterado de la misión hace algunas semanas. Aunque era tentador, ella sabía que no tenía caso apostar algo que él no estuviese dispuesto a hacer en un simple juego de azar. A menos que supiese que iba a ganar. Él sonreía, pero además de eso no detectaba ningún signo de que pudiese determinar el resultado de la partida antes de jugarla, también miró a su alrededor, asegurándose de que nada allí le daba ventaja al chico. Sonrió mordiéndose el labio, seducida a aceptar.
-Bien.-Consintió. Se sentó frente a él, y se preparó.
-Y si gano, me dejaras abrazarte.- Culminó con las condiciones, sabiendo que ella no podría negarse.
-Sí, como quieras.- Ella intentaba idear una forma de ganar, aunque por algo era un juego de azar. Era un cincuenta cincuenta y ninguno de los dos podía perder demasiado.-Aunque debes ganarme primero.-
-¿Lista?- Preguntó Shikamaru.
Las manos ocultas en la espalda.
La chica notó esa sonrisa ladina un tanto traviesa y petulante que se dibujó en el rostro masculino. No había forma en que él estuviese seguro de ganar ¿Verdad?
Piedra. Usar sus habilidades ninja era contra las reglas. Papel. Aunque realmente no habían impuesto ninguna. Rayos, se dio cuenta de la razón de su sonrisa.
-Espera ¡No!- Ya era tarde. Ella perdió la capacidad de controlar su cuerpo, y se sintió a merced del oponente, mejor conocido como su pareja.
Como fuese, el de los iris pardos dominaba, y ya sentía como la chica tenía su puño derecho cerrado, con excepción de los dedos medio e índice. Volvió a elevar sus comisuras en una sonrisa pedante, a la vez que daba impulso al brazo femenino, como si estuviese a punto de mostrarlo, la dueña del cuerpo no escatimaba en insultos hacía su persona, y en el momento justo, liberó el jutsu de posesión. Tijeras. El brazo de ella se movió por inercia, mientras que él era lo suficientemente rápido como para cerrar todo su puño en el último segundo.
Piedra contra tijeras. El ganador era claro.
-Gané.- Festejó él.
-¡Eres un tramposo!- Ella estaba dispuesta a pedirle una revancha justa. Seguían sintiendo el frío.
-Mira, podemos seguir haciendo esto toda la noche, o mejor te relajas y nos acurrucamos un poco.- Explicó con la calma y el raciocinio que lo caracterizaban.
La rubia estaba apunto de refutar, preparada para seguir discutiendo, pero en su lugar, lo meditó unos segundos. Otra brisa fresca. Suspiró. Tomó la manta que reposaba doblada cerca de su abanico y la colocó sobre sí misma.
-Bien, pero serás tú el que abrace.- Sentenció de mala gana, recostándose y dándole la espalda nuevamente. No le gustaba lo que él había hecho con la apuesta, pero esperaba poder dormir un poco antes de que llegase la mañana.
El otro siguió el ejemplo de la ojiazul.
Se recostó a su lado, y pasó un brazo firme alrededor de la cintura femenina, cubriéndose también con la manta. Sus cuerpos conectaban a la perfección, todo se sentía en su lugar, se sentía donde debía estar. Acomodó la frente en el hueco de su cuello y se desató la coleta, dispuesto a dormir. El frío ya era notablemente menor, las piernas se enredaban, los pares de pies entraban en contacto, presionó su torso lo más que pudo a la atractiva espalda de ella, disfrutando de tener ese bello cuerpo entre brazos.
Ella se dejó ser, pensando en que no era mala la idea del chico para combatir un poco el frío, aunque seguramente debería seguir algo enfadada con él. Como sea, eso probablemente podía esperar a la mañana siguiente, entonces pensaría en qué hacer con él, por haberla hecho enojar y por hacerle trampa.
No tenía por qué decirle que nunca antes había disfrutado tanto de perder una apuesta.
