30 Days OTP Challenge

Día 18: Haciendo algo juntos


-Temari, podemos hablarlo.-

-¿De qué quieres hablar?¿De cómo te he dicho un millón de veces que no fumes en la casa?¿O de cómo un millón de veces me has ignorado? ¡Hablemos, Shikamaru!-

Su corazón retumbaba con fuerza a medida que bajaba las escaleras.

-¡Estás siendo dramática!-Le gritó el castaño a sus espaldas.

Intentó alejarse yendo a la sala, él la siguió.

-No lo soy. Últimamente te comportas como un patán.-

-¿Yo? Tú tampoco haz sido la más dulce y paciente que digamos.-

-¿Disculpa?-

-Sabes de lo que te hablo.-

-No ¡Verdaderamente no lo sé!-

Había algo raro en el aire, era angustia, e ira, y estrés y preocupación, todo retenido entre cuatro paredes. Quizá por eso sentía que no podía respirar.

-¿Por qué es tan importante?- Preguntó, recibiendo una carcajada irónica en respuesta.

-¿Eres idiota? Esto te hace mal. NOS hace mal, y lo sabes.-

Había algo raro. No en el hecho de discutir, eso había pasado cientos de veces, pero casi nunca así.

-¿Ahora me dices idiota? Si tanto te molesta, deja que me dañe entonces.-

-¡No puedo! Sabes que no puedo.- Los ojos azules brillaban con dolor. Fumar no era solo algo físico para él, lo sabía, lo veía todos los días.

Y encontrar ese aroma en cada lugar de la casa al que fuese solo se lo recordaba constantemente, no la dejaba descansar. No podían vivir así.

-Escucha...-Frenó ¿Y qué podía decirle ahora? Ella no lo entendía, no podía entender lo difícil que era para él.

-...y tú no puedes seguir así.-

El de los iris marrones fruncía el ceño. No evitó llevar una mano al bolsillo izquierdo de su chaleco, allí reposaba la pequeña caja de cartón bicolor, la maldita e insignificante caja de cartón que había regresado a su vida para ser la responsable de todo aquello. La quitó de su abrigo y la observó. Vaya regalo le había dejado su sensei. No podía evitar recordar a Asuma cada vez que veía una. Y no. No podía dejarlo. Aún no.

-No tengo intención de dejar de fumar. Vete haciendo a la idea.-

El pecho de la rubia se estrujaba con cada palabra. Porque a diferencia de lo que quería aparentar, no podía evitar sentir dolor.

-No voy a seguir viendo como te haces daño.- Se permitió un segundo para medir el peso de lo que diría antes de agregar.-No te estoy pidiendo que lo dejes si aún no estás listo solo...-

-¿Solo qué?¿Terminarás conmigo por esto?-

Sí, la actitud de ella le molestaba en aquel momento; mas no se comparaba ni un poco a cuanto se odiaría a si mismo cuando la pelea terminara. No sabía en que momento se había convertido en un imbécil con ella, no sabía en que momento se había dado la libertad de rechazar así su ayuda; ni siquiera reconocía de quien eran esas palabras que salían de su boca. Aún así, no podía parar. Incluso viendo inundados de lágrimas los maravillosos ojos de la persona que más amaba, aún así no se sentía capaz de detenerse.

Sus latidos se sentían fuertemente porque bajo toda la adrenalina del momento, él sabía que lo peor que le podría pasar es que ella se fuese, de pronto, tuvo miedo por lo que vendría.

Temari no disfrutaba ser la persona paciente de la discusión, no acostumbraba ese papel. Sin embargo, sabía que él estaba mucho más perdido, desesperado y asustado que ella. Si no quería perderlo, en ocasiones debía elegir dar el primer paso. La impotencia la consumía viva, porque a pesar de toda la ayuda que quisiese brindarle, sabía que no podía salvar a Shikamaru si él mismo no se lo permitía.

-No.-Respondió al fin.- Pero odio verte así.-

Apenas hubo una grieta en el rostro estoico, neutro, que él quería mantener. Apenas una grieta, que un segundo después ya no estaba.

Ella no podía creer que estuviese allí parada, soltando honestamente lo que sentía, y él fuese incapaz de mostrarle alguna reacción sincera.

Sin duda podía afirmar, que en ese instante extrañaba su sonrisa; extrañaba los momentos en que la naturalidad y la simpleza podían hacerla aparecer en su rostro sin esfuerzo. El verlo tan distante a eso la hacía querer llorar. Y más aún cuando él habló, cuando habló con tanta calma pero a la vez, tan rendido que le dio la impresión de que sus emociones se habían disipado junto con el humo de un cigarro.

-Si no vamos a romper ¿podemos dejar esto para mañana? Estoy cansado.- La vio voltearse y agachar la cabeza. En verdad estaba cansado, exhausto, quería que todo volviese a su lugar. Ni recordaba cuando habían empezado a discutir. Suspiró agotado.-Ya no quiero pelear, Tema. Ha sido un día largo ¿No podemos solo...ir a dormir como todas las noches?-

-No, no podemos, Shikamaru.- Lo miró a los ojos mientras su voz se comenzaba a quebrar.- Porque estoy diciéndote que odio verte mal ¡Y parece que ni siquiera te importa!-

Se le escapó un sollozo que hacía tiempo tenía guardado en la garganta, ya no podía retenerlo más. El castaño sabía que era su culpa, no tanto por fumar, sino por arrastrarla al pozo de sus pesares, por llevarla tan cerca del borde que ahora lloraba por él.

Se acercó a la mujer, ella tapaba sus ojos con un antebrazo, y la rodeó cuidadosamente. Ella se dejó abrazar, pero sin devolver el apretón; estaba segura de que si lo hacía, rompería en un llanto desesperado que prefería guardar para cuando estuviese en su cama. Él la acunó, seguro de que un par de lágrimas estarían cayendo por sus pálidas mejillas.

-¿Me quieres?-

-Tarado ¿Crees que estaría aquí si no te quisiera?-

Lo sabía, pero lo dominó la necesidad de oírlo.

Ella aspiró con la frente pegada al pecho masculino, pero en vez de encontrarse con su aroma característico, solo pudo percibir un fuerte olor a humo y nicotina, esa asquerosa esencia que contaminaba su boca, picaba en su garganta y le perturbaba el alma. Ese aroma, que de todas formas era cada vez más común en él.

Lo empujó y comenzó a subir las escaleras, ya no podía tolerar las circunstancias.

Ella se dirigió a su habitación.

Mientras él iba afuera, y encendía un cigarrillo.