Reto 30 días de OTP
Día 20: Bailando
-¿Llueve afuera?-
-Aún no.-
El día anterior a que Hinata Hyuga se convirtiera en Hinata Uzumaki, el azul del cielo era invisible tras las nubes grises que reinaban en el firmamento. El clima era frío y húmedo, e invitaba a permanecer en el hogar. Y eso era justamente lo que hacían.
-¿Deberíamos levantarnos?-
-Mmh no.-
Ese era un día de aquellos para quedarse en cama un rato más, y quizá, si tienes la suerte de tener una, tal vez acurrucarte con alguna persona especial.
-Pero no te duermas.-
-No me estoy durmiendo.-
El sofá se calentaba bajo el peso de sus cuerpos, y en la radio sonaban canciones agradables que rememoraban el evento de la mañana siguiente.
-¿Bailarás en la boda?-
-Nah.-
Ambos vestían ropa cómoda, con la que seguro sería considerado indecente salir a la calle. En ese momento, no necesitaban más que la compañía ajena.
-¿Por qué no?-
-No me gusta mucho bailar.-
-¡Ja! Es que aún no has bailado conmigo.-
El muchacho suspiró, siendo conocedor de la testarudez de su acompañante; se escondió un momento en el hueco de su pálido cuello.
Frente con frente, sonriendo, abrazándose, las piernas de ella sobre las de él sin molestarle, los dedos que se entrelazaban, los apretones que a veces se fortalecían, las caricias, el cariño. En serio ¿Se necesitaba algo más que eso?
-Me está dando hambre.-
-Podemos ir a comer algo, pero no cambiará el hecho de que te haré bailar conmigo.-
Otro suspiro. El ambiente mutó cuando una canción en particular comenzó a oírse por medio del pequeño reproductor. La chica inmediatamente se volteó hacía el aparato.
-Oh no.-
-Amo esta canción.-
La cara disgustada de él fue acompañada desde la calle por los ladridos de un perro, los cuales disminuyeron a medida que el animal se alejaba corriendo hacía un destino indefinido.
Ella se puso de pie en el sofá y le ofreció su mano al muchacho.
-Ni creas.-
-Ven.-
Dio unos pasos hasta quedar en el centro de la sala; pero al notar la falta de cooperación de su acompañante, se acercó a él, tomó su mano, y el chico no tuvo más remedio que seguirla de mala gana.
Ella rodeó con sus brazos el cuello ajeno. Y el otro, aún protestando, pegó cada mano a un costado de la cintura femenina.
Comenzaron a balancearse con cuidado, de un lado al otro; y cuando el castaño silenció sus protestas, ella atinó a acercarse más. Aunque el abrazo se tornó más apretado, se mantenía delicado y cómodo.
-¿Esto está bien?-
Él preguntó tímidamente, ella le respondió con una risa.
Se miraban directo a los ojos, sin incomodidad alguna. Él tomó la iniciativa de unir sus manos como si fuera alguna especie de vals, aunque su preferencia por el abrazo más cercano hizo que aquella posición no durara mucho; ella le mostró como debía guiarla a dar una vuela, y enseguida volvieron a encontrarse.
-No está tan mal ¿Verdad?-
-Hump-
Allí estaban, bailando canciones cursis, sin calcetines y sin ninguna gracia, solo movimientos suaves e imperfectos, ajenos a lo nublado del exterior.
En verdad ¿Se necesitaba algo más que eso?
