Reto 30 días de OTP

Día 22: En una batalla, lado a lado.


La adrenalina corría por sus venas, gruesas gotas de sudor caían por su frente mientras su pecho subía y bajaba al ritmo de su agitación. Hace mucho no peleaba así. Por lo general, las batallas eran más simples, fueran entrenando o incluso en una misión, casi siempre estaba seguro, su vida no peligraba, y mucho menos la de ella.

El otro le arrojó un puñetazo, Shikamaru lo esquivó y respondió asestándole un kunai mientras su enemigo casi caía al suelo por la inercia de un golpe no recibido. Por eso nunca hay que darle la espalda a un oponente.

A su lado, Temari eludía con agilidad cada puño, cada patada, cada ataque que le era disparado, quería ir a ayudarla, su instinto le exigía correr en su auxilio, pero le sería imposible si no se hacía cargo de aquel desconocido primero; por otro lado, sabía que ella lo manejaría bien. Estaba seguro. Un golpe en el estómago lo hizo inclinarse y retroceder.

No podían esconderse, mucho menos huir, y mucho menos cuando dentro de la carroza se encontraban niños de distintas aldeas que aspiraban a ser ninjas, que aspiraban a ser como ellos; los dos eran sus escoltas, no se permitirían fallar.

El enmascarado vestido de negro casi le asesta una patada en la sien cuando volteó a mirar el transporte, no debía bajar la guardia ni un segundo; aquellos no eran ninjas, eran saqueadores, no seguían los códigos ninjas, peleaban sucio, su entrenamiento no había sido pensado bajo ninguna restricción, por eso eran tan impredecibles, por eso no podían deshacerse de ellos; se preguntó si serían tan insistentes al saber que no había riquezas dentro del carruaje, aunque con la vida de esos pequeños en riesgo, no podía darse el lujo de descubrirlo.

El contrincante de Temari la aprisionó contra un árbol frente a sí, momento que Shikamaru pudo aprovechar para clavarle un shuriken en el omoplato que lo hizo gritar, y a pesar de su protección, se vieron hilos de sangre; si la situación hubiese sido otra, habría sonreído. Nunca hay que darle la espalda a un oponente.

Por suerte los niños dormían cuando fueron interceptados, el camino era largo para que los futuros ninjas pudiesen presenciar los exámenes chunin, era un espectáculo nada más.

-No tenemos nada de valor, si es lo que buscan.- Dijo la rubia entre fuertes respiraciones, pelea larga, quienes fueran estos bandidos, tenían mucha resistencia. Claramente, insistieron en revisar la carpa. No podía permitirlo.

-Es la verdad.- Apoyó su compañero mientras preparaba unos pergaminos en su manga.

Los atracadores se acercaron al carruaje, Shikamaru compartió una mirada con Temari que sorprendentemente le asintió, entendiendo lo que pretendía.

Una fila de pergaminos explosivos creó una barrera de humo blanco entre los desconocidos y su objetivo. Se esparció, incapacitando la vista de los ladrones, ellos tosieron desacostumbrados a las sustancias que emanaba la humareda. Al disiparse la nube blanquecina, solo ellos y en ninja eran visibles entre los troncos y ramas del bosque, y por supuesto, la carpa.

Los otros dos perdieron tiempo preguntándose por la rubia; quien se ayudó de una rama para estrellar fuertemente sus pies contra la nuca de uno de los tipos, arrojándolo a unos metros de distancia; bajó con una gracia sorprendente para alguien con la cara sucia de tierra y el pelo revuelto. Ahora eran dos contra uno.

Tan rápido como su sudor caía al suelo, el rufián pronto comprendió su situación y en un acto desesperado, aunque también brillante, debía admitir; tomó un puñado de tierra y lo arrojó sobre los rostros de la pareja de compañeros, quienes no pudieron evitar llevarse un brazo a la cara para protegerse y parpadear múltiples veces intentando quitarse la molestia de los ojos.

El corazón le latió a mil por hora mientras estaba vulnerable a cualquier ataque, no podía abrir los ojos, lo inundó el pánico. Quizá el ladrón fuese tan inteligente como para huir ante su desventaja o, lo descartó cuando escuchó a la rubia quejarse por un golpe recibido. Sintió su sangre hervir. Ese hijo de puta acababa de rozar el límite máximo de cobardía ¿por qué golpearía a la chica antes de irse? ese tipo acababa de cavar su tumba.

Aún sin recuperar del todo la visión, golpeó con ambos puños al otro hombre, quien apretó los dientes sintiendo su cabeza retumbar; Temari giró espectacularmente antes de usar la fuerza acumulada de ese salto para patear al malnacido en la espalda; un remate perfecto.

El otro obró con sensatez esta vez y en cuanto pudo incorporarse, lo vieron correr.

Seguían agitados, sus cuerpos temblaban de adrenalina, pero el panorama se veía mejor; para ser ninjas especializados en atacar a las máximas distancias, lo habían controlado bien. Eso pensó hasta que el castaño oyó un movimiento veloz que perturbó el aire, mientras un ardor agudo sobre su oreja lo dejó sin respiración. No podía ser.

-¡Shikamaru!- Fue lo que oyó mientras caía al piso sosteniéndose la herida. Nunca hay que darle la espalda a un oponente.

El maldito realmente tenía la intención de clavarle un cuchillo en la cabeza, y probablemente si hace segundos no hubiese estado desmayado, lo habría hecho. Unos gritos más salieron de la rubia en angustia. Shikamaru se agitó pensando que ese podría ser su fin.

El que antes huía de ellos cargó el peso de su amiguito afín a los cuchillos mientras se iban, los perseguirían, pero ellos no eran la prioridad ahora.

Temari se agachó a su lado, preguntándole múltiples veces si estaba bien; él alejó la mano de su sien y vio su palma roja, y de alguna manera, le invadió la horrible certeza de que podría tener un filo de metal enterrado en lo profundo de su cráneo ¿Serían esos ojos azules lo último que vería? Ella opinaba que no e inmediatamente le dio lo más cercano que tenía para que tape la herida, solo entonces notó que no era tan profunda.

-Agh. Estoy bien.- Dijo él, aún desde el suelo. Sentía calor en la herida, justo en los cortes, su sangre se sentía fría en comparación; veía a la rubia levemente inclinada sobre él. Sabía que ella estaba preocupada, principalmente porque le había brindado atenciones en vez golpearlo y tacharlo de llorón, como podría haber hecho.

-Quédate un momento así ¿Habrá un día en el que no tenga que salvarte, bebito?- Jugó ella, aunque en su rostro se denotaba una minúscula preocupación, junto un tono violáceo que probablemente se convertiría en un moretón en su mejilla, él acarició esa parte con delicadeza.

Que inusual que una muchacha con tanto entrenamiento emocional, con tantas perdidas en su vida, tan lista, tan preparada y tan capaz, se vieran tan enormemente preocupada por él; que raro que solo eso le bastara para sentirse alegre de estar vivo.

-Espero que no ¿Y tú estás bien?- Acarició la piel suave pero hinchada con un dedo. Probablemente las chicas no deberían verse bien cuando están sudadas, sucias, cansadas y con un par de posibles lastimaduras nuevas, pero ella lo hacía, de alguna forma.

Aún no podía entender bien lo que acababa de pasar.

-Idiota, estoy bien.- Respondió, sus ojos examinaban la seriedad del corte ¿Dónde estaba el resto del grupo cuando lo necesitaba?-Que interesante esto de cuidar niños ¿Verdad?-

-Ja, sí.- Aunque suene raro, bromear puede ser lo mejor que hacer cuando podrías tener cuchillo jugando con tu cerebro.- Deberíamos repetirlo en otra ocasión.-