DISCLAIMER: la historia no me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la trama es de un libro el cual será dicho al final de esta historia, yo solo me adjudico la adaptación
AVISO URGENTE: LEER NOTA AL FINAL DEL CAPITULO
- Capítulo 19 –
Al llegar a la puerta de Bella, Edward bostezo, le beso la mano y se dirigió a lo que Bella supuso seria su habitación. Estupefacta, perpleja, Bella se quedó de pie junto a su cama, mirando la puerta cerrada.
Después de todo lo que le había hecho pasar, después de todas aquellas proposiciones de matrimonio, le había llevado de picnic a la luz de la luna, sin mencionar en ningún momento el matrimonio y hablado de abono de elefante, y la había dejado en su dormitorio son siquiera un beso de buenas noches. En toda la noche no la había tocado, no siquiera parecía consiente de su cercanía ni de que ella lo deseaba tanto. Claro que ella había disimulado bien sus sentimientos, lo sabía, pero él también debía de sentir al menos algo de pasión o cierto deseo. Quizá para él fuera suficiente hacer el amor una vez cada cuatro años. Después de todo, Edward ya tenía bastante edad; tendría unos treinta y ocho años ya. Tal vez a esa edad los hombres…
Bella comenzó a desvestirse. Cuando se había puesto el vestido, había imaginado a Edward quitándoselo. Tal vez él no quería casarse con una impúdica. ¡Si! ¡Eso tenía que ser! Él siempre había pensado que estaban casados, y sabiendo que no lo estaban… No, tampoco estaban casados todo el tiempo que pasaron en el barco.
Se sentó en la cama y se quitó los zapatos y las medias. Tal vez Edward solo estaba cansado, tal como había dicho, y no tenía energías para dedicarse a ella esa noche.
Se puso un sencillo camisón de algodón, paso a ver a su hija, que dormía plácidamente, y se acostó en su enorme cama, fría y vacía.
Una hora más tarde seguía despierta y sabía que esa noche no podría dormir, no mientras ella estuviera en una cama y Edward en otra.
-¡Al diablo el cansancio!- exclamo en voz alta, al tiempo que echaba a un lado las mantas.
En su guardarropa tenía algo que nunca había usado, un regalo de Alice. Era una bata de seda blanca, suave, casi transparente y tan escotada que dejaba poco librado a la imaginación. La pechera consistía en muy pocos centímetros de tela sobre una cinta de raso blanco, y esos pocos centímetros eran tan ceñidos que hacían resaltar los pechos de Bella por encima de la tela.
-Estará cansado, pero dudo de que este muerto- dijo, sonriendo, al mirarse al espejo. Se puso una capa y subió la escalera hacia el cuarto de Edward.
…
Edward estaba de pie en el centro de su habitación, sonriendo para sí, con una copa de oporto en la mano, cuando Tanya entro y dio un portazo. La sonrisa de Edward se esfumo al instante.
-Vete- le ordeno-. Bella llegara pronto.
-¡Esa ramera!- siseo Tanya-. ¡Edward, me das asco! ¿Eres consciente del ridículo que has hecho en los últimos días? Todo el pueblo se ríe de ti. Nunca vieron a un hombre que hiciera tantas tonterías.
-Ya has dicho lo que tenías que decir. Ahora vete- dijo Edward fríamente.
-No he dicho ni la mitad. En los últimos he formulado muchas preguntas y, por lo que he averiguado, ni siquiera sabes quién es esa mujer. ¿Por qué habría de casarse contigo, un tonto y grosero americano? Estás orgulloso de esa plantación que tienes, pero ¿sabías que tu pequeña Isabella podría comprarla sin mucho esfuerzo?
Espero para ver como tomaba Edward la noticia. Edward ni siquiera parpadeo; solo la miro con desagrado.
-Ella vale millones- prosiguió Tanya-. Y los tendrá la próxima semana. Puede tener a cualquier hombre que desee; ¿Por qué habría de casarse con un granjero americano?
Edward seguía sin hablar.
-Tal vez si lo sabias- dijo Tanya-. Quizá siempre lo supiste y por eso estas dispuesto a hacer tanto el ridículo para conseguirla. Los hombres hacen cualquier cosa para obtener ese dinero.
No pudo decir más. Edward la tomo por el cabello y le hizo echar la cabeza hacia atrás.
-Vete- le ordeno con voz grave-. Y ruega que nunca vuelva a verte- agrego, y la empujo hacia la puerta.
Tanya se recuperó casi al instante.
-Edward- le rogo, arrojándose sobre él y abrazándolo-. ¿No sabes cuánto te amo? Siempre te amé, desde que éramos niños. Siempre has sido mío. Desde que la trajiste a casa y dijiste que era tu esposa, morí un poco cada día. Y ahora esto… toda esta estupidez por ella, y no entiendo por qué. Ella nunca te ha querido. Te abandono, pero yo siempre he estado contigo, siempre cerca cuando me necesitabas. No puedo competir con su dinero, pero puedo darte amor si me dejas. Abre los ojos, Edward, y mírame. Ve cuanto te amo.
Edward aparto de si los brazos de Tanya y la mantuvo a distancia.
-Nunca me amaste. Lo único que querías era mi plantación. Hace años que sé que estas endeudada. Te he ayudado muchas veces, pero no te ayudare hasta tal punto de casarme contigo.
Lo dijo en tono suave, y era obvio que no le agradaba verla desintegrarse de esa manera.
Cuando Bella abrió la puerta en silencio, esperando ver a Edward dormido y acostarse con él, lo vio con Tanya mirándola con ternura. Giro sobre sus talones y echo a correr.
Edward dejo caer a Tanya y salió tras Bella.
Bella sabía que nunca lograría llegar a su cuarto antes de que Edward, de modo que probó la tercera puerta antes de la suya: la habitación de Jacob.
Edward logro aferrar la capa de Bella justo cuando ella entraba, y se quedó con la capa en la mano mientras oía la llave en la cerradura.
-¿Bella?- dijo Jacob, con los ojos dilatados, mientras encendía una vela, se ponía los pantalones con prisa y se levantaba, todo al mismo tiempo-. Pareces aterrada.
Con los ojos muy abiertos, Bella se apoyó contra la puerta, agitada.
-Tanya y Edward- fue todo lo que pudo decir.
Al instante se apartó de la puerta de un salto cuando algo pesado la golpeo. Al siguiente golpe, la bota de Edward atravesó la madera, y luego su mano abrió la puerta. Atravesó la habitación en dos grandes zancadas y aferro el brazo de Bella.
-Ya he tenido suficientes juegos- dijo-. Esta vez vas a obedecerme, lo quieras o no.
-¡Un momento!- intervino Jacob, tratando de tomar el brazo de Edward.
Edward lo miro de arriba abajo, lo descarto y se volvió hacia Bella.
-Tienes veinticuatro horas para hacer el equipaje, y después nos marcharemos. Nos casaremos en mi casa.
Bella se apartó de él.
-¿Y Tanya estará en nuestra boda? ¿O acaso prefieres pasar con ella nuestra noche de bodas?
-Cuando lleguemos a casa podrás tener todos los ataques de celos que quieras, pero ya estoy harto de caminar por la cuerda floja y de buscar todas las malditas rosas que tú pareces necesitar, y no pienso seguir tolerando esto. Si es necesario, te encadenare a mi cama, pero que no te quepa duda de que tú y mi hija irán a vivir conmigo.
Se aplaco un poco.
-Bella, he hecho todo lo que pude para demostrarte que me amas. ¿Aún no lo comprendes?
-¿Yo?- exclamo-. ¿Qué yo te amo? Yo nunca lo he dudado. Eres tú quien estaba inseguro. Nunca me amaste. La primera vez tuviste que casarte conmigo. Tuviste que…- se detuvo y miro a Edward incrédula.
Edward trastabillo hacia atrás y sus manos cayeron a sus lados, inertes. A ciegas, busco a tientas un punto de apoyo. Pareció envejecer diez años en un segundo al dejarse caer pesadamente sobre una silla.
-¿Qué tuve que casarme contigo?- murmuro, con voz débil y ronca-. ¿Qué estaba inseguro? ¿Qué nunca te amé?
Por un momento hundió la cara entre las manos y, cuando volvió a mirarla, sus ojos estaban enrojecidos.
-Te amo desde el primer día en que te vi- dijo en voz baja-. ¿Por qué, si no, me importaba lo que te ocurriera? Eras tan joven y estabas tan asustada… y yo tenía miedo de perderte.
Su voz cobro fuerza.
-¿Por qué diablos habría arriesgado mi vida a bordo de ese barco para salvar a ese chico, Newton, que tanto te agradaba? ¿Sabes cuantas ganas tenia de arrojarlo por la borda? Pero no lo hice porque tú lo querías. Y dices que nunca te amé…
Se puso de pie, empezaba a enfadarse.
-Y te advierto que no eres la primera que tiene un hijo mío. No tuve que casarme contigo.
-Pero dijiste que siempre te casabas con la madre de tus hijos. Yo pensé…- dijo Bella, entre lágrimas.
Edward levanto las manos con exasperación.
-Estabas asustada y furiosa; ni siquiera sabias que ibas a tener un bebé. ¿Qué debía decir yo? ¿Qué tengo un hijo ilegitimo en casa? ¿Qué su madre trato de demandarme por no casarme con ella?
-Tú… podrías haber dicho que me amabas.
Edward se sereno.
-Jure ante testigos que te amaría por el resto de mi vida. ¿Qué más podía hacer?
Bella se miró las manos.
-Nunca me has propuesto matrimonio… personalmente.
-¿Qué nunca te he propuesto matrimonio?- rugió Edward-. ¡Maldición, Isabella! ¿Qué más quieres de mí? He hecho el ridículo delante de todo un estado, y tú dices…
Se interrumpió. Se arrodillo ante ella y junto sus manos.
-Bella, ¿quieres casarte conmigo? Por favor. Te amo más que a mi propia vida. Por favor, cásate conmigo.
Bella apoyo una mano en el hombro de Edward.
-¿Y Tanya?- susurro.
Edward apretó los dientes, pero respondió:
-Podría haberme casado con ella hace años, pero nunca he querido hacerlo.
-¿Por qué no me lo dijiste?
-¿Por qué no lo entendiste sin que te lo dijera?- replico-. Te amo. ¿Te casaras conmigo?
-¡Sí!- exclamo Bella, y lo abrazo-. Me casare contigo siempre.
Ninguno de los dos tenia conciencia de lo que ocurría a su alrededor, y se sorprendieron cuando oyeron los aplausos.
Bella hundió la cara en el cuello de Edward.
-¿Hay mucha gente?- pregunto, con temor.
-Temo que si- respondió Edward-. Supongo que oyeron cuando me cerraste la puerta.
Bella ni siquiera se molestó en corregirlo, en decirle que el ruido lo había producido su bota al hacer pedazos la puerta y no ella al girar la llave.
-¿Quieres sacarme de aquí?- susurro-. No creo que pueda mirarlos a la cara.
Triunfante, Edward se puso de pie con Bella en sus brazos y se dirigió a la puerta. La gente del pueblo, e incluso los huéspedes del hotel, varios de los cuales habían prolongado su estadía al llegar la primera rosa de Edward, se sentían involucrados en aquel romance y habían llegado corriendo al primer estallido de madera.
Las mujeres, algunas con gruesas batas y rulos en el caballo, lanzaron un profundo suspiro, mientras Edward se llevaba a Bella.
-Sabía que tendría un final feliz- dijo una de ellas-. ¿Cómo ha podido rechazarlo?
-Mi esposa nunca me creerá cuando se lo cuente- dijo un hombre-. Tal vez me perdone por volver tres días más tarde.
-Eres un tonto si cuentas esto a tu esposa- bufó otro-. Deberíamos hacer un pacto y guardar el secreto, o todas las mujeres del país esperaran que las cortejemos así. Yo, por mi parte, no pienso caminar por ninguna cuerda, por ninguna mujer del mundo. Le diré a mi esposa que pase estos tres días con otra mujer; me traerá menos problemas- concluyo, y se volvió hacia el dormitorio de hombres.
A la larga, la gente decidió volver a la cama, y se sobresaltaron cuando Jacob cerro de un golpe la que quedaba de su puerta.
Durante varios minutos, Jacob, no dejo de maldecir a Norteamérica, a los norteamericanos y a las mujeres en general. Esos dos lo habían ignorado, diciéndose mentiras de enamorados como si él ni siquiera estuviera en la habitación. Al recordar todo el dinero que había gastado en la búsqueda de Bella y en cortejarla, comenzó a ponerse más y más furioso. Sin embargo, ella aceptaba a un animal que derribaba puertas, a un imbécil a quien todos consideraban un tonto. ¡Esa mujer estaba loca!
Y le pertenecía a él, a Jacob Black. Se había tomado mucho trabajo para conseguir su dinero, y no pensaba darse por vencido sin más ni más.
Deprisa. Se puso una bata y fue en busca de Tanya. Sabía que ella no tomaría a la ligera aquella humillación pública. Tal vez los dos podrían planear algo.
…
-Mmm, Edward- murmuro Bella, acariciando la pierna de Edward con la suya. El sol del amanecer daba un tono dorado a su piel.
-No empieces otra vez…- le advirtió Edward-. Anoche casi me dejaste agotado.
-Pues no parece que se te haya agotado todo- replico, riendo; le beso el cuello y se movió contra él.
-Sera mejor que te comportes, si no quieres dar un mal ejemplo a tu hija. Buenos días, cariño- saludo.
Bella se apartó justo a tiempo, pues Elizabeth dio un salto y aterrizo sobre el vientre de Edward.
-¡Has vuelto, papi!- exclamo-. ¿Puedo montal a mi poni hoy? ¿Podemos il al cilco otla vez? ¿Me enseñalias a caminal pol la cuelda?
-En lugar del circo, ¿qué te parece ir a casa conmigo? No tengo un elefante, pero si muchos otros animales y un hermanito.
-¿Jasper sabe que hablas así de él?- le pregunto Bella, pero Edward la ignoro.
-¿Cuándo podemos il?- pregunto Elizabeth a su madre.
-¿En dos días?- sugirió Bella, mirando a Edward-. Tengo mucho que hacer.
-Ahora, mi amor- respondió Edward-, ve a la cocina a desayunar. Nosotros bajaremos en un momento. Quiero hablar con tu madre.
-¿Hablar?- pregunto Bella cuando quedaron a solas, frotándose contra él-. Me gustan mucho nuestras "conversaciones".
Edward la aparto de si, con seriedad en los ojos.
-Hablaba en serio, cuando he dicho que quería hablar contigo. Quiero saber quién eres y que hacías en camisón en el puerto de Liverpool la noche que te encontré.
-Preferiría hablar de seo en otra ocasión- respondió Bella, con toda la ligereza que pudo demostrar-. Tengo mucho que hacer.
Edward la atrajo hacia sí.
-Escúchame. Sé que lo que te ocurrió es muy doloroso. No he insistido en eso desde que salimos de Inglaterra, pero ahora estoy aquí, y estas a salvo. No dejare que nada te haga daño, y quiero saberlo todo sobre ti.
Pasaron varios minutos hasta que Bella pudo hablar. Contra su voluntad, comenzó a recordar aquella noche en que había conocido a Edward y su vida anterior. Durante años había sido libre, había conocido a otras personas, había visto como Vivian, y ahora veía la prisión en que había pasado su niñez.
-Crecí totalmente reprimida- comenzó, al principio sin emoción, pero al pensar en la manera en que la habían tratado en su niñez, su puso más y más furiosa.
Edward no la atosigo en ningún momento; solo la abrazaba, la protegía con sus brazos y su cuerpo, mientras ella relataba toda su historia. Paso un largo rato hasta que ya era entrada la tarde en que había oído la conspiración de Jacob y su tío. Edward no dijo una palabra, pero sus brazos la aferraron con más fuerza.
Bella prosiguió relatando a Edward lo que sentía entonces por él, oscilando entre su necesidad de demostrar su propio valor y su deseo de ampararse en la fuerza de él. Le conto todo el terror que había sentido en la plantación y rio un poco aquella muchachita asustada, temerosa de dar órdenes a sus propios sirvientes.
Termino con la historia de cómo lo había abandonado, de los rastros que había dejado, de lo mucho que había llorado al ver que él no la buscaba.
-Yo podría haberte ayudado en casa- dijo Edward cuando Bella concluyo-. Pero sabía que te habría molestado. El día que vino Tanya, cuando te quemaste la mano, tuve ganas de matar a Irina.
Bella lo miro.
-No tenía conocimiento de que te hubieras enterado de eso.
-Estoy al tanto de casi todo lo que ocurre en mi plantación- respondió-. Sinceramente, no sabía cómo ayudarte. Sabía que tenías que aprender a ayudarte a ti misma.
-¿Siempre tienes razón, mi adorado esposo?- pregunto Bella, acariciándole la cara.
-Siempre. Y espero que lo recuerdes y que, de ahora en adelante, me obedezcas en todo.
Bella le dirigió su sonrisa más dulce.
-Pienso contradecirte todo el tiempo. Cada vez que me des una orden, yo…
Se interrumpió cuando Edward la beso con fuerza. Luego la empujo para que se levantara.
-Levántate, vístete y ve a decirle a Alice que prepare suficiente comida para mi desayuno.
Recibió una almohada en la cara.
-Acabo de decirte que soy rica y ni siquiera haces un solo comentario. A muchos hombres les gustaría tener mi dinero entre las manos.
Edward observo el cuerpo desnudo de Bella y sonrió lentamente.
-Estoy mirando lo que me gusta tener entre las manos. En cuanto a tu dinero, puedes pagar ese circo que tanto deseabas, y lo que quede, puedes dárselo a nuestros hijos.
-¿El circo que yo quería?- exclamo-. Todo eso fue idea tuya.
-Tú querías que te cortejara.
-¡Precisamente! ¡Tú forma de cortejar fue la más exagerada, torpe e inepta que haya visto! Cualquier inglés lo habría hecho mejor.
Sin alterarse, Edward se recostó sobre la almohada.
-Pero conseguí que vinieras a esta habitación con una bata trasparente, casi rogándome que te hiciera el amor, de modo que, aparentemente, no he estado tan mal.
Bella quedo boquiabierta un momento, y luego se echó a reír mientras se vestía.
-Eres insufrible. ¿Te traigo el almuerzo a la cama o prefieres un comedor privado?
-Así habla una buena chica. Trata de seguir así. Creo que comeré en la cocina; solo asegúrate de que haya mucha comida.
Bella salió de la habitación, riendo aun, y Edward se preguntó cómo tendría que pagar aquel último comentario, hiciera lo que hiciera Bella, la vida con ella seria maravillosa. Ella valía todo el dolor que había tenido en los últimos años.
Lentamente, satisfecho, comenzó a vestirse.
…
Ese día, la mayoría de la gente del pueblo pasó por el hotel para felicitar a Bella por su futura boda y para despedirse de ella, pues sabían que se marcharía muy pronto. Al contrario de lo que pensaba Tanya, nadie pensaba que Edward era un tonto. A las mujeres les parecía maravillosamente romántico, y a los hombres les agradaba la manera en que buscaba lo que quería.
A media mañana, Bella estaba enterrada hasta las orejas de trabajo. Una criada se quejó de que se había encontrado una mancha de tinta de un color extraño en un juego de sabanas, y todos parecían quejarse por una cosa u otra. O quizá fuera la imaginación de Bella provocada por la tristeza que le causaba marcharse del hotel que había construido con Alice.
-Estas triste, ¿verdad?- le pregunto Edward, acercándose desde atrás.
Bella aún no se había acostumbrado a la aguda percepción de que aquel hombre. Antes no se había percatado de que tuviera tanta conciencia de sus necesidades y sus problemas, y ahora le asombraba su sensibilidad.
-Te sentirás mejor cuando llegues a casa. Lo que necesitas es un nuevo desafío.
-¿Y que pasara cuando aprenda todo lo que hay que saber sobre el manejo de una plantación?- le pregunto, volviéndose hacia él.
-Eso no sucederá nunca, porque la plantación me incluye a mí, y nunca lo aprenderás todo sobre mí. Ahora bien, ¿Dónde está mi hija?
-Por lo general, a esta hora esta con Alice. No me fije porque pensé que tú estabas con ella- pensó un momento y luego sonrió-. ¿Dónde está el poni que le compraste? Donde este, allí estará Elizabeth.
-Ya he mirado en el establo, pero no está allí, y Alice no la ha visto en toda la mañana.
-¿Ni siquiera para el desayuno?- pregunto, con el ceño fruncido-. ¡Edward!- exclamo, alarmada.
-Espera un minuto- la tranquilizo-. No te alteres. Quizás ha ido a casa de alguna amiguita.
-Pero ella siempre me dice adónde va… ¡siempre! Es la única manera en que puedo saber dónde está mientras trabajo.
-Está bien- dijo Edward-. Tú búscala en el hotel, y yo la buscare por el pueblo. En un momento la encontraremos. ¡Ahora ve!- agrego, riendo.
Lo primero que se le ocurrió a Bella fue que tal vez la excitación del día anterior le había provocado dolor de estómago y habría vuelto a acostarse y olvidado decir a nadie a donde iría. Con sigilo, Bella atravesó su dormitorio y abrió la puerta de su hija. Esperaba encontrarla dormida, de modo que al principio no entendió el desorden de la habitación. Había ropa por todas partes, cajones abiertos, las sabanas estaban medio arrancadas de la cama y los zapatos estaban esparcidos por el suelo y sobre la cama.
-¡Ha estado preparando el equipaje!- dijo en voz alta, aliviada.
Cuando se arrodillo para recoger un zapato, vio la nota sobre la almohada. No devolverían a Elizabeth a menos que colocaran cincuenta mil dólares al pie del viejo pozo que estaba al sur del pueblo, en un plazo de dos días.
El grito angustiado de Bella se escuchó por todo el hotel.
Alice, con las manos y el delantal cubiertos de harina, fue la primera en llegar al cuarto de Elizabeth. Apoyo un brazo sobre los hombros de Bella, la llevo a sentarse en la cama y tomo la nota.
Alice levanto la vista y miro a la gente que estaba en la puerta.
-Que alguien vaya a buscar a Edward- ordeno-. Díganle que venga aquí de inmediato.
Bella se puso de pie, pero Alice la detuvo.
-¿Adónde vas?
-Tengo que ver cuánto dinero tengo en la caja fuerte- respondió, aturdida-. Sé que no es suficiente. ¿Crees que pueda vender algo en dos días?
-Bella, siéntate y espera a Edward. Él sabrá como conseguir el dinero. Incluso es probable que tenga un poco aquí.
Sin tener conciencia de lo que hacía, Bella volvió a sentarse, aferrando la nota de los secuestradores y uno de los zapatos de Elizabeth.
Momentos más tarde Edward irrumpió en la habitación. Al verlo Bella se levantó de un salto y corrió hacia él.
-¡Alguien se ha llevado a mi hija!- exclamo-. ¿Tienes dinero? ¿Puedes conseguir cincuenta mil dólares? Seguramente puedes conseguir esa suma.
-Espera, déjame ver la nota- dijo Edward, al tiempo que la abrazaba con firmeza. La leyó varias veces antes de levantar la vista.
-Edward- dijo Bella-. ¿Qué tenemos que hacer para conseguir el dinero?
-Esto no me gusta- murmuro Edward por lo bajo, y se volvió hacia Alice-. ¿Has pasado toda la mañana en la cocina?
Alice asintió.
-¿Y no has oído nada? ¿Has visto algún extraño en el pasillo?- pregunto, señalando con la cabeza hacia el corredor que daba a la cocina y al despacho de Bella.
-A nadie. Nada fuera de lo común.
-Ve a buscar a todo el personal y tráelos aquí al instante- ordeno a Alice.
-Edward, por favor, tenemos que empezar a reunir el dinero.
Edward se sentó en la cama y atrajo a Bella entre sus brazos.
-Escúchame. Aquí algo anda mal. Hay solo dos maneras de entrar a tu apartamento: pasando por la cocina o por la puerta trasera. Alice y las cocineras siempre están en ese pasillo que va de la cocina a la despensa, y nadie habría podido salir con Betty sin ser visto. Entonces queda la puerta trasera, que sé que siempre tienes cerrada con llave. La cerradura no ha sido forzada, de modo que Betty debió abrirla por dentro.
-¡Pero no puede ser! Ella sabe que no debe hacer eso
-A eso voy. Solo la abriría a alguien que conociera y en quien confiara, alguien que fuera amigo de la casa. Y ahora, el segundo punto. ¿Quién sabe que puedes conseguir cincuenta mil dólares? Nadie en el pueblo me conoce, y hasta ayer yo no sabía que tú tuvieras dinero. Esto significa que alguien sabe mucho más de ti que los residentes de Forks.
-¡Jacob!- exclamo Bella-. Él sabe mejor que yo cuánto dinero tengo.
En ese momento Alice regreso con el personal; todos venían en silencio y con los ojos dilatados, y tras ellos llegaba Jacob Black.
-Bella- dijo- acabo de enterarme. ¿Hay algo que pueda hacer?
Edward pasó a su lado y comenzó a interrogar al personal, a preguntarles si habían visto a Elizabeth con alguien.
Mientras pensaban, sin recordar nada, Edward tomo la mano de una criada.
-¿Qué es esto que tienes en los dedos? ¿De dónde salió?
La muchacha retrocedió, asustada.
-Es tinta. Salió de las sabanas de la numero doce.
Edward se volvió hacia Bella, a la expectativa.
-Es la habitación de Tanya- dijo, con pesadumbre.
Sin otra palabra, Edward salió del apartamento por la puerta trasera y se encamino a los establos, y Bella salió tras él. Cuando lo alcanzo, él estaba ensillando un caballo.
-¿Adónde vas?- le pregunto-. ¡Edward! ¡Tenemos que conseguir el dinero!
Edward se detuvo el tiempo suficiente para acariciarle la mejilla.
-Tanya tiene a Betty- dijo, mientras continuaba ensillando al caballo-. Sabía que encontraríamos la tinta, y sabe que yo iré tras ella. Eso es lo que busca en realidad. No creo que haga daño a Betty.
-¡Que no lo crees! Tu ramera se ha llevado a mi hija y…
Edward llevo un dedo a los labios de Bella.
-Es también mi hija, y si tengo que dar a Tanya cada hectárea que poseo, lo hare con tal de recuperar a Betty. Ahora quiero que te quedes aquí, porque yo puedo encargarme mejor de esto solo- dijo, y monto.
-¿Pretendes que me quede aquí a esperar? ¿Cómo sabes donde esta Tanya?
-Siempre va a su casa- respondió-. Siempre va donde puede estar cerca de la memoria de su maldito padre.
Tomo las riendas, aplico un puntapié al caballo y desapareció en una nube de polvo.
Hola chic s... Que estén disfrutando mucho su lectura J
Solo quiero avisar que este es el penúltimo capítulo y que el día de mañana se publicara el último capítulo de esta historia, el libro en el cual se basó esta adaptación y una nueva adaptación que ya he empezado a escribir los primeros capítulos… además de dar los respectivos agradecimientos a todos los que han leído esta historia junto a mí, y a los que vendrán más adelante.
Sin más por el momento los dejo
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