DISCLAIMER: la historia no me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la trama es de un libro el cual será dicho al final de esta historia, yo solo me adjudico la adaptación
NOTA AL FINAL DEL CAPITULO
- Capítulo 20 -
Era de madrugada, tres días más tarde, cuando Edward detuvo su caballo frente a la casa de Tanya. Había necesitado varios caballos para viajar a la velocidad que les exigía.
Desmonto de un salto y entro en la casa dando un portazo. Sabía exactamente dónde encontrar a Tanya: en la biblioteca, sentada bajo el retrato de su padre.
-Has tardado un poco más de lo que esperaba- le dijo Tanya alegremente al saludarlo.
Su cabello rubio, enmarañado, le llegaba a los hombros, y tenía una mancha oscura en la bota.
-¿Dónde está?
-Ella está bien- respondió Tanya, riendo, al tiempo que levantaba un vaso de whisky vacío-. Ve a verla tú mismo. Rara vez hago daño a los niños. Después ven a beber algo conmigo.
Edward subió los peldaños de dos en dos. En un momento de su vida había visitado con frecuencia la casa Denali y la conocía muy bien. Ahora, mientras buscaba a su hija, no prestaba atención a los sitios de las paredes donde antes hubiera retratos ni a las mesas que ahora carecían de ornamentos.
Encontró a Elizabeth dormida en la cama que él había utilizado en su niñez. La levanto y la niña abrió los ojos, sonrió, dijo papi y volvió a dormirse. Seguramente había viajado con Tanya despierta todo el tiempo, y aun tenía en la cara y en la ropa el polvo del camino.
Con cuidado, volvió a dejarla en la cama, la beso y volvió a la planta baja. Era hora de hablar con Tanya.
Ella ni siquiera levanto la vista cuando Edward atravesó la biblioteca y se sirvió una copa de oporto.
-¿Por qué?-murmuro Tanya-. ¿Por qué no te casaste conmigo? Después de todos los años que pasamos juntos… cabalgábamos juntos, nadábamos desnudos, hacíamos el amor. Siempre pensé, y mi padre también pensaba…
La interrumpió el grito de Edward.
-¡Por eso mismo! ¡Ese maldito padre tuyo! En tu vida amaste solo a dos personas: a ti misma y a Caius Denali.
Se detuvo y levanto su copa en gesto de saludo al retrato ubicado sobre el hogar.
-Tú nunca lo entendiste, pero tu padre era el embustero más miserable y mezquino que haya existido. Robaba centavos a los niños esclavos. Nunca me importo mucho lo que hacía, pero cada día veía que te parecías más a él. ¿Te acuerdas de cuando empezaste a cobrar a las tejedoras por las lanzaderas rotas?
Tanya levanto la vista con desesperación en el rostro.
-Él no era así. Era bueno y…
Edward bufo.
-Era bueno contigo y con nadie más.
-Y yo habría sido buena contigo- insistió Tanya, suplicante.
-¡No! Me habrías odiado por no estafar ni robar a todo el mundo. Habrías visto esa actitud como una debilidad de mi parte.
Tanya tenía la vista clavada en su bebida.
-Pero ¿por qué ella? ¿Por qué una rata de alcantarilla como esa inglesa pálida y flacucha? Ni siquiera sabía preparar una taza de té.
-Sabes bien que no es ninguna rata de alcantarilla, puesto que le pides cincuenta mil dólares de rescate.
Los ojos de Edward empezaron a obnubilarse al recordar aquella noche en Inglaterra.
-Deberías haberla visto cuando la conocí: sucia, asustada, vestida solo con un camisón desgarrado. Pero hablaba como una dama de la mejor cuna. Cada palabra, cada silaba era tan precisa… Aun cuando llora, habla así.
-¿Y te casaste con ella por su maldito acento presumido?- dijo Tanya con furia.
Edward sonrió con aire distante.
-Me case con ella por la forma en que me mira. Me hace sentir el mejor hombre del mundo. Cuando ella está conmigo, puedo hacer cualquier cosa. Y ha sido un placer verla crecer. Ha dejado de ser una chiquilla asustada y se ha convertido en una mujer.- Su sonrisa se volvió más amplia-. Y es toda mía.
Tanya arrojo su vaso vacío al otro lado de la habitación, se estrelló contra la pared, detrás de Edward.
-¿Acaso piensas que voy a quedarme aquí, escuchando los desvaríos que dices de otra mujer?
El rostro de Edward se endureció.
-No tienes que escucharme si no quieres. Iré a buscar a mi hija y la llevare a casa.
Al pie de la escalera se volvió hacia Tanya.
-Te conozco bien. Sé que es por lo que te enseño tu padre que intentaste conseguir lo que querías de esta manera absurda. Esta vez no hare cargos, porque Betty esta ilesa. Pero si vuelves a…
Se detuvo y se froto los ojos. De pronto tuvo mucho sueño y, al subir la escalera, parecía un borracho.
…
Poco después de que Edward se marchó del hotel, Bella volvió a su apartamento, aturdida. Jacob la esperaba.
-Isabella, por favor, tienes que decirme que sucede. ¿Alguien ha hecho daño a tu hija?
-No- murmuro-. No lo sé. No puedo decirte nada.
-Siéntate- insistió, rodeándola con su brazo-, y cuéntamelo todo.
En pocos minutos Bella le conto la historia.
-¿Y Edward te dejo aquí para que sufrieras sola?- pregunto Jacob, sorprendido-. ¿No tienes idea de lo que le está pasando a tu propia hija y tienes que confiar en que él la recupere de manos de su ex amante?
-Sí…- respondió con impotencia-. Edward dijo…
-¿Y desde cuando dejas que otra persona dirija tu vida…? ¿Acaso no preferirías estar con tu hija y no aquí, sin saber nada?
-¡Sí!- exclamo, poniéndose de pie-. Por supuesto que si
-Entonces, vámonos. Partiremos de inmediato.
-¿Los dos?
-Si- dijo Jacob, tomándola de la mano-. Somos amigos, y los amigos deben ayudarse en las desgracias.
Solo más tarde, cuando iban en el coche rumbo al sur, hacia la plantación de Edward, Bella se percató de que no había dicho a nadie adónde iba. Sin embargo, no pensó mucho en eso, pues estaba demasiado ocupada por la seguridad de su hija.
Viajaron durante varias horas. El coche iba muy lento para el gusto de Bella, y en un momento se adormeció. Se despertó bruscamente cuando Jacob le toco el brazo. Estaba de pie en el suelo, a su lado; el coche se había detenido.
-¿Por qué nos detenemos?- pregunto Bella.
Jacob la hizo bajar del coche.
-Necesitas descansar, y tenemos que hablar.
-¡Hablar!- exclamo Bella-. Podemos hablar más tarde, y no necesito descansar.
Trato de apartarse de él, pero Jacob la sostuvo con firmeza.
-Bella, ¿sabes cuánto te amo? ¿Sabías que hace mucho tiempo me enamore de ti en Inglaterra? Tu tío ofreció dinero y yo lo acepte, pero me habría casado contigo sin el incentivo del dinero. Eras tan dulce e inocente, tan encantadora…
En su aflicción, Bella no reparo en que se hallaba sola con aquel hombre en medio de un bosque apartado.
-¡Oh, por todos los cielos Jacob! ¿Qué he hecho para que me creas tan imbécil? Nunca me amaste y nunca me amaras. Lo único que quieres es mi dinero, el cual no vas a conseguir. Entonces, ¿Por qué no te portas como un buen muchacho, vuelves a tu pobre y bonita casa en Inglaterra y me dejas en paz?
En un abrir y cerrar de ojos, Jacob la golpeo y la muchacha cayó de espaldas contra el carruaje.
-¿Cómo te atreves a hablarme así? Mi familia desciende de reyes, mientras que tus antepasados han sido simples mercaderes. El hecho de que tenga que rebajarme a casarme con una mujer como tú, que sabe más de libros contables que de encajes, es…
Mientras Jacob hablaba, Bella comenzó a recuperarse. Mucho más importante que sus problemas con Jacob era su preocupación por Elizabeth. Aun de rodillas por la caída, acometió contra él y le dio con la cabeza justo entre las piernas.
Jacob quedo doblado en dos por el dolor y Bella aprovecho para escapar.
Echo un vistazo al coche y vio que Jacob había desenganchado los caballos lo suficiente para que no constituyera un medio rápido de fuga. Se levantó las faldas y echo a correr de regreso al camino. Justo a tiempo, vio una vieja y ruidosa carreta que desaparecía en una curva. Recurrió a todas sus energías para alcanzarla.
La conducía un anciano de grandes patillas grises.
-¡Me persigue un hombre!- le explico Bella, corriendo a la par de la carreta.
-¿Y debe atraparla?- pregunto el viejo, obviamente divertido por la situación.
-¡Quiere obligarme a casarme con él, porque quiere mi dinero! ¡Pero yo quiero casarme con un norteamericano!
El patriotismo decidió al hombre. Sin siquiera aminorar la marcha, aferro el brazo de Bella y la subió a la carreta como si no pasara nada. Con otro movimiento rápido la ubico en la parte trasera y la cubrió por completo con sacos de cereales.
Segundos después apareció Jacob a caballo, y Bella contuvo el aliento al oír su voz. Por un momento, el viejo fingió ser sordo, y se negó a que Jacob revisara la carreta; cuando insistió, el hombre desenfundo su pistola. Finalmente admitió a regañadientes haber visto a tres hombres, uno de los cuales llevaba una mujer bonita. Jacob partió en medio de una nube de polvo.
-Ya puede salir- dijo el viejo, mientras tomaba el brazo de Bella y la hacía pasar al asiento.
La muchacha se froto el brazo y contuvo los deseos de pedirle que dejara de tratarla como si fuera uno de sus sacos de cereales. Estornudo varias veces y luego pregunto al hombre si sabía dónde estaba la plantación Cullen, en Virginia.
-Es muy lejos. Son varios días de viaje.
-No si cambiamos de caballos y viajamos toda la noche. Le pagare los caballos y todos los gastos.
El hombre la observo unos minutos.
-Tal vez podamos hacer algo. La llevare lo más a prisa posible si me dice porque la perseguía ese inglés y para que busca a Edward. ¿O es a Jasper a quien busca?
-Se lo contare todo, y Edward es mío.
-Señorita, no tendrá tiempo de aburrirse- comento el viejo, riendo entre dientes, y azuzo a los caballos para que se movieran.
En pocos segundos avanzaban por el camino a toda velocidad. Bella se sostenía con ambas manos y los dientes le castañeaban constantemente. No podía hablar ni contar ninguna historia.
Una hora más tarde el viejo detuvo la carreta, se apeó y la ayudo a bajar.
-¿Qué hace?- le pregunto Bella.
-Iremos en bote- respondió-. La dejare en la puerta misma de Edward.
Caminaron más de un kilómetro hasta llegar a una cabaña y a un muelle, sobre un angosto riacho. El hombre entro a la cabaña y volvió con un saco de lona.
-Vámonos- dijo, y la subió a un bote tan ruinoso como la carreta.
Una vez que se pusieron en marcha, el viejo dijo:
-Ahora hable.
…
Días más tarde, el hombre dejo a Bella en el muelle de la plantación de Edward, donde se despidió de ella y le deseo buena suerte. Era temprano por la mañana y la plantación estaba en silencio mientras Bella corría hacia la casa.
La puerta estaba abierta, y Bella subió la escalera rezando porque Edward y Elizabeth estuvieran durmiendo en una de las habitaciones. Empezó a abrir una puerta tras otra, maldiciendo la casa por ser tan grande y hacerle perder tanto tiempo.
Lo encontró en el dormitorio, apenas se le veía el cabello por encima de la sabana.
-¡Edward!- exclamo, corriendo hacia él-. ¿Dónde está Betty? ¿Está bien? ¿Cómo pudiste dejarme sin saber nada y quedarte aquí, durmiendo tan plácidamente?- pregunto, dándole un fuerte tirón de orejas.
El hombre que se incorporó en la cama no era Edward. Se le parecía mucho, pero era una versión más pequeña de él.
-Dime, ¿Qué ha hecho mi hermano ahora?- pregunto por fatiga, frotándose la oreja, pero al mirar a Bella sonrió-. Tú debes se Bella. Déjame presentar…
-¿Dónde están Edward y mi hija?
Jasper se puso serio de inmediato.
-Dime que ha pasado.
-Tanya Denali secuestro a nuestra hija, y Edward fue tras ella.
Sin darle tiempo a nada, Jasper echo a un lado las mantas que lo cubrían, sin importarle su desnudez, y empezó a vestirse.
-Siempre le dije a Edward que Tanya era perversa, pero él creía deberle algo y siempre la consentía. Ella cree que puede conseguir cualquier cosa en el mundo, que todo le pertenece por derecho. Ven conmigo- dijo, tomándola de la mano.
-Te pareces mucho a Edward- observo Bella, y ahogo una exclamación por el dolor que Jasper le causaba en la muñeca y por el esfuerzo que le costaba seguirle el paso.
-No es momento para insultos- respondió.
Jasper la dejo en la puerta de la biblioteca mientras cargaba dos pistolas y se las ponía rápidamente en el cinturón.
-¿Sabes montar? No, Edward dijo que no sabías. Ven, puedes ir delante de mí. Los dos juntos no llegamos a pesar tanto como Edward.
Si hubiera tenido tiempo y ánimo, a Bella le habría desagradado mucho el hermano menor de Edward. ¿Cómo podía haber dos hombres tan parecidos? Y en uno o dos años más, Jasper sería tan grande como su hermano.
-Yo soy Jasper- se presentó, mientras la ayudaba a montar.
-Eso supuse- respondió Bella, y de inmediato partieron a todo galope.
Al llegar a casa de Tanya, Jasper la ayudo a apearse.
-Entraremos por separado. Recuerda que estaré cerca de ti.
Bella entro por la puerta del frente. En un momento encontró a Tanya sentada en la biblioteca.
-Justo a tiempo- dijo Tanya, con una sonrisa, pero tenía los ojos enrojecidos-. Eres la tercera visita que he tenido esta mañana.
-¿Dónde está mi hija, y donde esta Edward?- pregunto Bella.
-La pequeña y querida Elizabeth está durmiendo, igual que su amado padre. Claro que Elizabeth se despertara, pero Edward, no.
-¿Qué?- grito Bella-. ¿Qué has hecho con mi familia?
-No más de lo que has hecho tú con mi vida. Edward bebió suficiente opio para matar dos hombres. Esta arriba, durmiendo hasta que muera.
Bella había llegado a la puerta cuando se detuvo al oír un disparo. Paralizada, miro hacia la puerta. Tanya pasó a su lado deprisa y abrió la puerta. Entro Jacob, arrastrando el cuerpo sangrante de Jasper.
-Lo encontré merodeando afuera- dijo Jacob, y dejo a Jasper en una silla.
-¿Qué haces aquí?- exclamo Bella, y se dirigió hacia Jasper.
-¡Déjalo!- le ordeno Jacob, tomándola por los hombros-. ¿Acaso pensaste que iba a rendirme tan fácilmente, después de haberte buscado tantos años? No, Tanya y yo hemos planeado esto hace tiempo, mientras todos ustedes estaban jugando con ese estúpido circo. Jasper morirá por sus heridas, recibidas en un lamentable accidente de caza. Nunca encontraran el cadáver de Edward, y su hijita lo heredara todo. Yo, por su puesto, me casare con la madre de la heredera, pero ella estará tan apenada por la muerte de su esposo que se suicidara. Entonces yo volveré a Inglaterra como único beneficiario de tus bienes, y Tanya tendrá la generosidad de aceptar ser la tutora de Elizabeth y se encargara de la plantación Cullen hasta su mayoría de edad… si llega a cumplirla. ¿Entiendes ahora porque estoy aquí?
-¡Están locos…!- dijo Bella, retrocediendo-. Nadie creerá en tantas muertes accidentales.
Se volvió y echo a correr hacia la escalera que estaba al final del pasillo, pero Jacob la detuvo.
-Ahora eres mía- dijo, avanzando hacia ella, con la ropa manchada por la sangre de Jasper.
Bella extendió la mano y derribo un candelabro que estaba sobre una mesita. De inmediato, las cortinas que adornaban una puerta cercana se envolvieron en llamas. El grito de Tanya resonó mientras tomaba un pequeño tapete y trataba de apagarlas.
-Suéltala- ordeno una voz desde el final del pasillo.
-¡Edward!- exclamo Bella, luchando por liberarse de Jacob.
Edward se veía muy mal, como si acabara de sufrir una descomposición violenta.
-Creí que te habías encargado de él- grito Jacob a Tanya, que seguía tratando de apagar el fuego.
-Tarde un poco en eliminar todo el opio de mi organismo- respondió Edward, apoyándose en el barandal de la escalera.
-¡Dejen de hablar!- grito Tanya-. ¡Ayúdenme a apagar el fuego! ¡Se está extendiendo!
Jacob aferro a Bella con más fuerza y le apunto a la cabeza con la pistola.
Jasper, desplomado en una silla detrás de Jacob, recorrió a las pocas fuerzas que le quedaban para sacar un cuchillo de su bota, y con un solo empujón lo clavo entre los omoplatos de Jacob. Este levanto la pistola, disparo hacia el techo y cayó hacia delante.
Bella reacciono al instante y corrió hacia Edward.
-Saca a Jasper- dijo-. Yo traeré a Betty.
Bella no tardó en encontrar a su hija dormida, la levanto en brazos y bajo corriendo la escalera. Edward se esforzaba por sacar a su hermano de la casa. Ninguno de los dos tenía muchas fuerzas y tardaron lo que pareció una eternidad en salir al aire fresco de la mañana.
Edward deposito a Jasper sobre el pasto, con suavidad.
-Traeré caballos y una carreta- dijo.
-¡Edward!- exclamo Bella, mientras lo tomaba del brazo y miraba hacia la casa. Una llamarada salió por la ventana de la planta baja-. No podemos dejar a Tanya allí adentro. Tiene que salir o morirá.
Edward le acaricio brevemente la mejilla y corrió a la casa. Minutos más tarde volvió a salir con Tanya sobre su hombro, pataleando, arrojando puñetazos y maldiciéndolo. Edward la dejo caer al suelo.
-Esa maldita casa no vale la vida de nadie, ni siquiera la tuya- dijo, ante la mirada furiosa de Tanya.
Bella estaba inclinada sobre Jasper, vendándole la herida de bala que tenía en el costado.
Apenas Edward aparto la vista de Tanya, esta se levantó de un salto y echo a correr hacia la casa.
-¡Mi padre está dentro!- gritaba.
Edward vio cuando las primeras llamas llegaron a la falda de Tanya y supo que no podía salvarla. Deprisa, tomo a su hija, que lo miraba todo con los ojos dilatados, y le hizo hundir la cara en su hombro.
En pocos segundos, el vestido de Tanya, empapado de whisky, se cubrió de llamas. Bella aparto la vista y Jasper la abrazo para que llorara sobre su hombro.
Paso un momento hasta que pudieron recuperarse. Edward toco con afecto la frente de su hermano y le sonrió.
-Cuida a mis mujeres mientras voy en busca de una carreta- le dijo.
Cuando volvió, estaban rodeados por peones de la plantación, que miraban con impotencia como ardía la casa. Ya era demasiado tarde para tratar de salvarla. Los hombres estaban salvando a los caballos de los establos cercanos, y otros ayudaron a Edward a cargar a Jasper en la parte trasera de la carreta. Elizabeth estaba sentada junto a su tío, demasiado cansada y aturdida para hablar.
Cuando Edward y Bella se ubicaron en el asiento, Edward la miro.
-¿Vamos a casa?
-A casa- murmuro Bella-. Mi casa es donde estés tú, Edward, y allí quiero estar.
La beso.
-Te quiero- dijo-, y…
-Yo me estoy desangrando, y ustedes dos se hacen la corte- rezongo Jasper desde atrás.
-¡La corte!- bufo Edward, poniendo en marcha a los caballos-. Hermanito, ni siquiera sabes lo que es cortejar. En cuanto te pongas bien, te contare sobre el mejor estilo de cortejar del mundo. Tal vez algún día puedas tener la mitad de ingenio…
Se interrumpió y miro a Bella entrecerrando los ojos. Ella se había echado a reír, y esa mirada dolida la hizo reír más aún.
-Creo que, en lo que se refiere a tus historias, Edward, prefiero escuchar la versión de Bella- dijo Jasper, sonriendo, con los ojos cerrados.
Edward también comenzó a sonreír mientras dirigía a los caballos rumbo a la plantación de Cullen.
FIN
...
Y si… así terminamos esta historia; ahora lo que prometí en el capítulo anterior.
-El nombre del libro es el mismo: "La mujer perdida" de la escritora Jude Deveraux.
-Quiero dar las gracias a: Melania, brigitte, Mar91, Vale, Wenday, Kimm, DianaV, cinsygonzalez, Diana, Jessi, LAURENLOPA, isis j, Celinabayardo, FerHerrera, esmecullenhale, Andre22-twi,OnlyRobPatti, Lyd Macan, Brillo de las Estrellas, alo-star, blueorchid02, Lissette, Flor, phoenix1993, VICKY08, conejoazul, Paty Limon, liduvina y a Twilight all my love 4 ever ya que gracias a todos sus comentarios a lo largo de la historia esta pudo llegar a su fin. También un agradecimiento especial a todas las y los lectores fantasmas y a las personas que la agregaron a sus favoritos.
-Respecto a la nueva historia les dejare de que trata:
Bella Swan es enfermera del equipo de urgencias del 061 de Sevilla. Su vida transcurre entre el trabajo y su relación secreta con Jacob Black, el mejor amigo de su hermano y médico de su equipo, relación que este no parece dispuesto a formalizar.
Edward Cullen, miembro del equipo alfa del Team Six de los Seals, acaba de regresar de Afganistán. Su vida y la de Julia se cruzan tras ser apuñalado en la calle. Se trata de un hombre joven, corpulento, con una poblada barba rubia y unos espectaculares ojos azules. Un hombre cuyo torso y alma están marcados por profundas cicatrices.
Desde ese encuentro, Bella no podrá dejar de pensar en el americano. Pero
Edward se prohibirá a sí mismo sentir algo por la joven enfermera. Está a punto de enfrentarse a la misión más importante de su vida y, por nada del mundo, quiere ponerla a ella en peligro. Los Vulturi son la más peligrosa organización criminal de toda Europa. Son salvajes, despiadados, se financian con la prostitución y el tráfico de seres humanos, y Bella está a punto de caer en sus redes, sin imaginar las consecuencias.
Nos vemos en la siguiente historia… Chau
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