Reto 30 días de OTP
Día 29: Haciendo algo dulce
-¡Shikamaru, quédate quieto!- Gritó la joven rubia de la Aldea de la Arena, al joven holgazán de la Aldea de la Hoja. Su voz rebotando incluso entre los pasillos del hospital.
-¡No seas dramática!- Respondió aquel de igual forma.
El de iris pardos estaba a medio sentar sobre la camilla, aunque el termino correcto quizá sería recostado contra tantos almohadones como para hacer parecer que podía mantenerse sentado. Sobre él, una bandeja sostenía su cena de ese día; y a su lado, la rubia no parecía tener remordimiento alguno en gritarle.
-La Hokage dijo que aun debes mantener los brazos lo más quietos posibles.-
Recientemente en una misión, el muchacho y su equipo habían sido emboscados, dando como resultado una pelea larga que culminaría con una cantidad considerable de cortes en los brazos del muchacho, y un hueso parcialmente fisurado.
-Puedo hacer esto, no molestes, mujer.-
Nada tan grave, o al menos nada que la gran sanadora no pueda curar fácilmente; pero la sangre que perdió y la profundidad de algunos cortes -sin mencionar el hueso- habían requerido de la atención de la Hokage, quien le había vendado ambos brazos casi por completo. Todo estaría bien, solo debía tener cuidado un par de días, y al parecer, Temari estaba allí para encargarse de que así fuera.
-Tu Hokage lo dijo ¡Obedece!- Tan molesta como siempre.
La rubia estaba especialmente problemática ese día, y en el fondo, el muchacho sabía el por qué. Lo veía en sus ojos azules, genuina preocupación, aunque estaba exagerando a mares la escena. Él solo iba a tomar su cuchara y comer.
Sin embargo, volvió a verla, y suspiró ante los ojitos que contradecían el ceño fruncido de aquella.
-¿Qué propones que haga?- Preguntó, cuchara en mano.
Ella pareció pensarlo unos momentos antes de arrebatarle el utensilio.
-Dame.- Con demasiada sencillez para su gusto, la chica tomó un poco del puré de patatas en la cuchara, y lo acercó a los labios del ninja, quien, no iba a mentir, se sentía un poco abochornado por la situación.
Una cucharada, otra, un poco de carne, acercarle el vaso con agua ¿Debería ser raro? Se sentía un poco raro ¿Lo era?
-Temari, no sé si...-
-¿Quieres sanarte bien o no?-
Ella le sonrió, y a él le costaba negarle las cosas cuando le sonreía así, lo había aprendido hace un tiempo ya. Por lo que se relajó y se dejó ser.
.
Shikamaru recordó eso cuando vio a su mujer alimentar al pequeño Shikadai en su sillita, se supone que los tres estaban cenando pero en realidad la rubia estaba demasiado ocupada asegurándose de que su bebé coma bien.
La verdad, esa vez le había sorprendido que ella quisiese hacer algo siquiera medianamente similar a servirle; con el tiempo fue entendiendo lo que realmente significaba. Era bastante adorable como sus versiones jóvenes siempre intentaban demostrarse lo que sentían sin decirlo, como tenían esos gestos que denotaban tanto pero que, en aquel momento no sabían determinar bien el por qué, y pensar que entonces no tenían idea de que terminarían así, felizmente casados y con aquel niño.
Temari hacía caras raras para que el pequeño coma, mientras su plato estaba casi intacto, el de Shikamaru casi vacío.
El estratega se sentó junto a su esposa y pinchó un trozo de zanahoria en su tenedor. La mujer, por su parte, detuvo su accionar unos momentos para prestar atención a lo que su marido pretendía y se sorprendió de verlo acercándole el tenedor a la boca.
-Come.- Dijo el hombre.
-¿Qué?- Ella miró el tenedor y luego a su esposo, alternando la mirada varias veces. Debía estar entendiendo algo mal ¿él estaba haciendo lo que ella creía que estaba haciendo?
-Toma.- Repitió él.
La rubia terminó de acercar el bocadito de comida a su bebé antes de aceptar lo que su esposo le ofrecía. El castaño tenía una expresión demasiado tierna en ese momento mientras la de ella denotaba estar un tanto confusa.
-No entiendo ¿Qué haces?- Dijo, o algo muy parecido ya que él aún no había retirado el tenedor.
Cuando lo hizo, de inmediato comenzó a cortar un trozo de carne. El pequeño Nara hacia ruiditos incomprensibles desde su sillita.
-Nada. Simplemente te ayudo.- Le sonrió.
Ella frunció el ceño muy levemente, pero esa sonrisa extremadamente suave y cariñosa que le dedicaba, le decía que su esposo estaba feliz, y si eso lo hacía feliz, estaba bien.
Resultaba que, por más raro que fuese aquello, a ella también le costaba decir que no a la sonrisa de su pareja.
A/N: Hola! Ante último capítulo, que locura, casi casi estamos ahí...De hecho, el documento de este capítulo se llamaba 'casi casi' XD
Los veo ahí.
Gracias!
