Muchas gracias por leer por comentar y votar sobre todo gracias a mi Neko talentoso que me ayuda a corregir, muchas gracias Albert-kun por tomar de tu tiempo para este sueño loco de terminar este fic te quiero.

Capítulo 5.

La ojigris no podía creer su torpeza y lo cerca que estuvo de lastimarse. Se incorporó y dio media vuelta apenada para dar las gracias por ser salvada.

Al girarse unos hermosos ojos azul cielo la estaban esperando y con una leve sonrisa le preguntó.

-¿Te encuentras bien? ¿No te lastimarte?

Ella muy apenada le sonrió. Algo ruborizada por la cercanía que a causa del accidente.

-No. Para nada. Gracias a ti me encuentro bien. Disculpa mi torpeza venía totalmente distraída.

La ojigris le dio una mirada a su salvador, ya que no podía evitar darse cuenta que era muy atractivo.

El joven peliplata que lucía el mismo uniforme que Orihime le contestó sonriente.

-Me alegro de que haya llegado justo a tiempo para impedir que te lastimaras. Mi nombre es Oshiro Koichi.

Hace una ligera reverencia como saludo.

La ojigris le contesta con una reverencia igual.

-Mi nombre es Inoue Orihime.

El chico dibuja en su rostro una media sonrisa.

-Seguro nos llevaremos bien "princesa tejedora". Desde ya estamos destinados a llevarnos bien por nuestros nombres.

Ella entendía perfectamente el chiste y contestó.

-Claro. Eso parece "Príncipe que brilla con luz propia".

Ambos empezaron a reír.

No muy lejos de allí se encontraba un pelinaranja que estaba viendo la escena de principio a fin no con muy buen semblante.

-¿Que se cree ese tipo? Porque ya le habla por su nombre si recién la conoce.

Una voz en su interior se escuchó.

-Rey, deberías hacer algo. O tu princesa se irá con otro príncipe.

Se escuchaba una risa aguda burlona.

-Cállate-dijo Ichigo para su contraparte .

La pelinaranja seguía conversando con su nuevo compañero.

-Oh, no me había dado cuenta. Eres nuevo en el instituto, ¿verdad?-decía la chica con una sonrisa que iluminaba el pasillo.

-Si tienes razón en eso y estoy más que perdido con los salones. Esta escuela es grande-comentó el peliplata algo decaído y preocupado.

-No he dado con ningún salón de los que me tocan en el primer segmento.

-Déjame salvarte ahora yo a ti. Te mostraré el lugar para que conozcas los salones y puedas llegar con facilidad-decía la ojigris muy animada y sonriente por poder ser de ayuda.

Nuestro shinigami sustituto y espía novato no aguanto más y salió del lugar rumbo a la azotea.

-Me quedaré aquí-comentó el ojiceleste a Orihime.

Se detuvo en una gran puerta de madera que tenía un letrero que decía "Dirección ".

-Claro. Pues entonces te dejaré aquí. Muchas gracias por ayudarme y espero te sientas cómodo en esta escuela-se despedida la ojigris con una amplia sonrisa.

-Espero tener la suerte de verte de nuevo Orihime. Si me permites, ¿te puedo llamar por tu nombre? Es tan hermoso que me gustaría hacerlo, aunque no seamos tan cercanos por ahora. Tú también llámame por mi nombre así no me sentiré tan nuevo en el instituto. Sentiré que ya tengo alguien de confianza.

La pelinaranja asintió con su cabeza en señal de aprobación.

-Claro. Pues me voy, Koichi-kun.

Él la miraba mientras se alejaba.

La pelinaranja iba muy alegre en dirección a su salón. En el camino se encontró con Tatsuki.

-Hola Orihime. Estas muy alegre el día de hoy.

-Hola Tatsuki. Es que fue una mañana relativamente larga. Te contaré-le decía mientras la tomaba del brazo para llevarla a un lugar cómodo y contarle toda la historia.

En la azotea estaba el pelinaranja muy pensativo.

-Creo que ya los celos son detestables. Porque se siente esa rabia tan incontrolable que dan ganas de atravesar a más de uno con mi Getsuga Tenshou.

Suspiró mientras se recostaba a ver las nubes en el cielo.

El timbre sonó indicando que todos debían ir a sus respectivos salones. Todos llegaron y tomaron sus asientos. La feliz ojigris saludo a todos.

-Ohayo Minna!

El pelinaranja desganado le dio una miradita y solo respondió.

-Buenos días, Inoue.

A la pelinaranja se le iba desapareciendo lentamente la sonrisa y se fue a su lugar.

La Maestra empezó su clase.

-Buenos días, alumnos. El día de hoy tenemos un estudiante nuevo. Por favor denle la bienvenida y trátenlo con cordialidad.

En eso, a paso lento pero en un toque seductor y seguro, iba cruzando el salón un peliplata con hermosos ojos azul cielo y una sonrisa encantadora.

Las chicas no dejaban de murmurar en un tono casi inaudible para todos.

-Pero que guapo es.

-Ojalá se siente a mi lado.

-Que me haga un hijo ya-comentaban las más atrevidas.

La maestra terminó con el leve escándalo.

-¡Ya, ya! Niñas, compórtense por favor.Preséntate-le decía al chico indicando que le daba un espacio para que hablara un poco de él.

-Hola, mi nombre es Oshiro Koichi. Vengo de Estados Unidos. Mis padres fueron transferidos a Karakura por su trabajo y soy originario de Okinawa. Espero nos llevemos bien.

Terminaba con una reverencia y amplia sonrisa que a más de una dejaba sin aliento.

-Bien Oshiro-chan. Elige un asiento para que lo ocupes el resto del año.

El pelinaranja frunció el ceño al escuchar a tantas chicas casi gritarle: "Por aquí hay lugar".

-Están desesperadas-decía para sí mismo.

El peliplata escogió con rapidez.

-Me sentaré al lado de Orihime-chan.

Todas quedaron decepcionadas. Una que otra con palabras de envidia.

La ojigris solo se ruborizaba un poco al escuchar a una compañera decir.

-La llamó por su nombre. Deben conocerse desde antes.

Nuestro shinigami sustituto solo abrió los ojos a más no poder lleno de irá. Tanto que ni él mismo sabía cómo pudo controlarse.

Las clases transcurrieron habitualmente en la hora de descanso como era de costumbre todos se dirigieron a la azotea.

Rukia tomó de la mano a Orihime y Tatsuki. Las tres se fueron rumbo al pasillo.

-¿Que está pasando, Inoue?

-¿A qué te refieres Kuchiki-san?-decía la ojigris.

-¡Vamos! No me digas eso. Sabes a lo que me refiero. Toda la clase se la pasó el nuevo viéndote.

La ojigris solo cambiaba de tonalidades de rojo según avanzaba la plática.

-No pasa nada. En la mañana solo me salvó de caer por la escalera y es nuevo. Quise ser cortés.

-Creo que te pasas de cortés y él no se ve que quiera disimular que le gustas, Orihime-decía la capitana de judo y su mejor amiga.

Rukia solo podía pensar en un chico que no iba estar muy feliz con estos nuevos acontecimientos.

Salió de sus divagaciones.

-Eres muy linda e ingenua, Inoue. Por favor, no confíes con tanta facilidad. Hay algo en ese chico que no me convence-comentaba la pequeña shinigami con un tono de preocupación.

-Kuchiki-san, no debes de preocuparte tanto por mí. De hecho pensé que ese tema estaba entendido. Será mejor que me vaya.

Caminaba la pelinaranja con rumbo desconocido. Ni Rukia ni Tatsuki la detuvieron.

La ojigris iba algo triste por darse cuenta de que aún no confiaban en que ella podría cuidarse. En voz algo baja se decía para ella misma.

-Al parecer jamás confiaron en que puedo ser igual de fuerte que ellos para la batalla.

Se escuchó una voz familiar.

-Claro que si lo saben, pero no te das cuenta que eres muy valiosa para ellos. Son tus amigos. Rukia se la pasa entrenando y hablando de ti. Eres alguien muy querida para ella, Orihime. Y no quiere perderte de nuevo.

Decía el pelinegro y capitán del sexto escuadrón, mientras se dirigía hacia donde estaba la pelinaranja.

-¿Capitan Byakuya? Pensé que no iba a venir. Casi se terminan las clases.

Comentaba muy sonriente la ojigris en señal que entendía el punto que le acababa de explicar el capitán.

-Me fue difícil encontrarte. Tu reiatsu a veces desaparecía y aparecía de repente. Supongo que es parte de los cambios que me comentó el teniente Abarai.

La ojigris se quedó desconcertada.

-Por favor no se los comenté a los demás. Estoy algo fastidiada por que dejen de vivir sus vidas por cuidarme y, aunque sé que lo hacen por cariño, quisiera que vieran en mi alguien más fuerte-confesaba la pelinaranja mientras bajaba la cara y su tono se hacía aún más triste.

-No te preocupes. Mientras tenga la capacidad para encontrarte no le diré a nadie.

Le respondió el capitán.

-Gracias, capitán Byakuya.

Con una amplia sonrisa y unos ojos brillantes la pelinaranja dio vuelta.

-Vamos, Byakuya. A reunirnos con los demás. Kuchiki-san aún no te ha visto-comentaba mientras seguía su camino y tras de ella el estoico capitán.

Al llegar a un pasillo estaban todos platicando muy amenamente.

La pequeña shinigami no podía ocultar la felicidad que le daba el ver a su amado nii -sama.

-Konichiwa, nii-sama-decía mientras se acercaba a él.

-Rukia, buenos días.

Orihime no podía perder la oportunidad de burlarse de su amiga.

-Hola, Kuchiki-san. ¿Verdad que te da gustó que este aquí Byakuya?

La pequeña shinigami de hermosos ojos los abrió confundida. Su nii-sama no dejaba que nadie le hablara por su nombre. Estaba esperando el momento que reprochara a su amiga por tal atrevimiento, pero eso nunca paso.

Se acerca a la ojigris y en el oído le dice.

-Inoue, ¿por qué le hablaste por su nombre?.

La ojigris muy alegre le saca la lengua en forma de burla y alegre para que viera que la discusión de antes se había olvidado.

-él me lo pidió.

La shinigami solo sonrió al darse cuenta que todo estaba bien con su amiga.

Lejos muy lejos de ahí, en la sociedad de almas, se encontraba el comandante Yamamoto quien se alejaba de los dominios del seiretei. Iba algo pensativo. Subió hasta la torre más alta, paso la guardia real, quien al verlo le hicieron una reverencia en señal de respeto, frente a una puerta gigante con cerraduras inquebrantables se detuvo. Saco el Oken y lo introdujo en la cerradura. La puerta se fue abriendo de par en par. Seguía caminando, adentrándose al lugar. De pronto se escuchó una voz joven y amable.

-Comandante Yamamoto, ¿a qué debo el honor de su visita? Estaba algo aburrido sin saber nada de la sociedad de almas.

El comandante apoyó su bastón con fuerzas sobre el piso.

-No es una visita de cortesías. Ha llegado la hora. Lo que tanto ha esperado está pasando.

Al escuchar eso se dibujó una amplia sonrisa en el anfitrión del lugar.

-Por fin te tendré de nuevo conmigo.

Las puertas se cerraron.

En el instituto de Karakura las clases transcurrieron normalmente. El timbre sonó para indicar el término de las clases. Todos se despedían y nuestros Ryoka no eran la excepción.

La pequeña shinigami se acercó a la pelinaranja.

-Discúlpame, Inoue. Por lo de hace rato, me preocupas y no lo dije correctamente.

La ojigris la abrazo.

-No, Kuchiki-san. Fue mi culpa. No supe darme cuenta que todo lo hacen por mi bien.

El pelinaranja miraba a sus amigas platicando y decidió tomar valor para acercarse a la ojigris, ya que últimamente entre sus sentimientos que lo traicionaban antes y todos los hombres que querían llamarla por su nombre, él no aguantaba la lejanía que tenían ambos.

Con paso lento se iba acercando. Cuando el capitán apareció de la nada.

-Es hora de regresar a casa, Orihime.

Ella sonrió en respuesta y se despidió de todos.

-Sayonara Minna!

Terminaba con una reverencia para todos e incorporándose al lado del capitán siguió con rumbo a su casa.

Ichigo no podía creer que en todo el día solo la había podido ver de lejos y como un hombre la apartada de su camino. Primero el nuevo y ahora el capitán. Empezaba a ponerse malhumorado. Cuando lo sacó de sus pensamientos una voz muy conocida por él.

-Es toda tu culpa, Ichigo-decía la pequeña shinigami que se iba acercando a su amigo.

-¿De qué me hablas, Rukia?

-¿De qué más? Tardaste mucho en darte cuenta de tus sentimientos y ahora como típico adolescente no sabes cómo acercártele, ¿verdad?.

El pelinaranja solo suspiró.

-¿Tú que sabes de romance? Jamás te he visto un novio, Rukia.

-¡Idiota!

Respondió, después de darle un pequeño golpe en respuesta a su atrevimiento.

-¿Qué crees? Los años que tengo me dan la autoridad para aconsejarte, baka-comentaba la shinigami con ínfulas de superioridad y cruzando sus brazos.

El pelinaranja solo se sobaba el golpecito que le había propinado su amiga. Reía ligeramente.

-No sé de qué hablas, Rukia.

-Puedes engañarte a ti mismo, pero no a mi, Ichigo. ¿Por qué crees que cuando lastimaron los arranca a Inoue y a Chad te lleve donde Inoue para que le prometieras que no iba volver a pasar y no te lleve con Chad?

Sonreía la pequeña shinigami poniéndose al lado de su amigo.

-Lo supe desde siempre, Ichigo.

El pelinaranja se sonrojó y sorprendió a la vez.

-¡Si! No te sorprendas. Lo supe desde el día que rescataste a Inoue de ser devorada por el hollow de su hermano.

-Vaya, enana. A veces me sorprendes demasiado-decía Ichigo con un tono calmado y serio.

Ella solo lo miró nostálgicamente y en seguida cambio su semblante por uno más animado.

-¡Vamos Ichigo! Haz algo. Invítala a salir, da el siguiente paso, ya es hora. Si no haces nada alguien más llegará y tendrá el valor que tú no. Aparte, ¿cómo eres tan valiente para derrotar un espada y no para reconocer tus sentimientos y actuar? Vamos. Yo te animaré siempre.

Ichigo sonrió.

-Es hora de irnos también. Se hará tarde, enana.

Salió rumbo a su casa seguido de cerca de la pequeña shinigami.

En el departamento se miraba a la ojigris muy alegre cocinando la cena. Ya con ropa casual, mientras el capitán estaba sentado en la salita de estar.

-¡Byakuya, la cena está listaaaaa!

Salía de la cocina con dos platos y con pose de chef.

El pelinegro dibujo una leve sonrisa y salió de él una delicada risita.

Inoue muy sorprendida pensaba que algo había hecho mal y su sonrisa desapareció de a poco.

-¿Que pasa? ¿Hice algo mal? Que causó tu risa.

El capitán se le acercó y volvió a tomar su semblante de siempre. Tomó ambos platos, los colocó en la mesa, y tomó una servilleta. Se acercó a la ojigris y limpió su mejilla, quedando muy cerca de su rostro.

Ella se ruborizó a más no poder y tomó la mano del capitán al querer tomar la servilleta.

-¡Ah! Yo lo hago. Disculpa Byakuya, quería sorprenderte con un platillo que recién aprendí a cocinar. Creo que quedé muy embarrada de harina. Ahora regreso.

Salía rumbo a su habitación, aún con un tono carmesí en sus mejillas.

-¿Que fue eso? ¿Por qué tenerlo tan cercano provocó que me pusiera tan nerviosa?

Seguía limpiando su rostro y ropas mientras seguía pensando.

-La verdad no recuerdo haber estado tan cerca de Byakuya antes. Es tan amable y todo un caballero. A veces no sé cómo actuar delante de él. Me pone nerviosa con su seriedad.

Respiró profundo y salió de su habitación rumbo al comedor. Los platos estaban acomodados, los cubiertos y los vasos servidos. Ella se sorprendió.

-Qué pena, Byakuya. No debiste molestarte.

-¿Por qué no? ¿Acaso porque soy un noble en la sociedad de almas? Pues debo decir que soy capaz de hacer las cosas por mí mismo, pero en el seireitei debo mantener mi postura de noble ya que las miradas están siempre sobre mí .

Le abre la silla indicando que tomará asiento.

Ella se sonroja de nuevo y se sienta.

-Gracias Byakuya. Qué amable. No esperaba menos de ti. Kuchiki-san siempre me habla de ti, de lo caballeroso que eres con las personas, pero me gustaría conocer algo más de ti.

El capitán paso saliva algo nervioso. Pues para él era muy difícil abrirse ante alguna mujer.

-¿Que podría decirte de mí? Soy alguien aburrido.

-No digas eso. Eres alguien reservado y eso siempre es interesante descubrir.

Sonrió la chica.

-Pues no me es fácil hablar de mí. Solamente me he enamorado una sola vez, pensé que sería para siempre, pero el destino es caprichoso. Después de Hisana nadie me ha interesado. Ella me deslumbró desde el primer día que la conocí, trate de que pasará desapercibido mi interés pero ella era tan bella, dulce, alegre. Que para mí ella era un mundo nuevo y desconocido.

La ojigris no le quitaba los ojos de encima. Miraba fijamente cada una de sus expresiones atenta.

-Era algo parecida a ti.

La pelinaranja al escuchar eso, se sonrojo por milésima vez en una sola noche. Levantó la cabeza y sonriendo le respondió.

-Claro que no. No digas eso, Byakuya. Ella era muy parecida a Kuchiki-san, según me ha contado.

-Físicamente así es, pero sentimentalmente y en su comportamiento siempre me la has recordado.

La ojigris se sobresaltó de la impresión.

-La primera vez que fuiste a mi casa, cuando Rukia pidió permiso para entrenarte en la sociedad de almas, me desconcertaba quien podía haberse ganado el cariño de Rukia para hacer tal petición. Ella en la academia era muy solitaria, hasta que llegó Abarai. Por eso debo confesar que un día, el primero de su entrenamiento, las observé.

Flash Back.

Se encontraban peleando. La pequeña shinigami y la ojigris. Ambas daban su máximo esfuerzo.

-Hado 33.

Invocaba la shinigami saliendo de sus manos una luz radiante color azul.

-Santen Kesshun.

Salía una luz que protegía a la ojigris.

-Koten Zanshun.

Salía Tsubaki en dirección a la pequeña shinigami, haciendo una cortada en su pierna.

La ojigris sumamente asustada grito.

-Perdóname, Kuchiki-san.

Se dirigía hacia ella con un cara de preocupación.

-Soten Kisshun.

Salía una luz que cubría completamente a la shinigami en una especie de cúpula.

La ojigris no paraba de decir...

-Lo siento mucho, lo siento, lo siento, Kuchiki-san.

Fin del Flash Back.

-Fue en ese momento que me di cuenta de tu verdadero sentir. Puedes ser muy fuerte cuando te lo propones, pero no te gusta lastimar a nadie. De hecho cuando lo haces tu corazón se siente tan mal que no puedes soportar el dolor.

La ojigris no podía creer que bien la había desifrado el capitán.

-Tienes razón, Byakuya.

La ojigris bajaba la mirada.

El capitán se acercó a ella y subió su mentón ligeramente para poner la vista en esos ojos hermosos de color grises.

-Te lo dije. Así mismo era Hisana. Por eso cuando vi tu expresión al herir a Rukia me di cuenta de su parecido. Creo que esta vez hablé de más. Tu deliciosa comida se ha enfriado.

La pelinaranja sonrió para el capitán en muestra de agradecimiento por abrir su corazón.

-Gracias por dejarme conocer un poco más de ti.

Se levantó y tomó ambos platos.

-No queda más que calentarlos de nuevo. La plática estaba tan interesante que olvide que moría de hambre.

Soltaba una risita.

Después de comer y seguir hablando de trivialidades, llegaba la hora de dormir.

-Buenos noches, Byakuya. Tu cama está lista y el baño está libre. Puedes tomar una ducha cuando gustes. Tu ropa está en el estante de la lavadora. En la mañana antes de irme la metí a lavar.

Sonreía la chica.

-Gracias Orihime. He estado en muchos lugares pero tú eres una gran anfitriona.

-No digas eso. Bueno, pues... Descansa.

Se dirigía a su habitación.

Ya en su habitación, la ojigris se recostó en la cama, abrazó a uno de sus peluches.

-No cabe duda que es un caballero muy interesante.

Se hundió en un sueño placentero.

A la mañana siguiente.

Byakuya estaba en la cocina preparando el almuerzo. Había un olor delicioso.

En la habitación estaba Orihime entre abriendo los ojos, con dificultad y estirando sus extremidades con pereza.

-¿Pero que es ese olor?.

Pone una cara de sorpresa.

-¡Oh no! Debe ser Byakuya. Qué vergüenza.

Salía con rapidez de su habitación sin darse cuenta que aún lucía su ropa de dormir. Se dirigió a la cocina con prisa. Con su bata de dormir color rosado, con detalles en encaje negros que le llegaba un poco arriba de la rodilla, pero ceñido a su escultural cuerpo.

-Perdóname, Byakuya. Me he quedado dormida. No debiste molestarte. Me da mucha vergüenza-decía con un semblante algo apenada.

-¡Buenos días!

En cuanto se percató de la ropa que tenía su anfitriona solo volteó la mirada hacia los utensilios de cocina. Dando respeto a la chica.

-Mmm. ¿Pero que pasa? ¡Oh no! Discúlpame. No lo pensé.

Efectivamente se había percatado de que estaba en su sexy bata de dormir. Corriendo se fue a su habitación, tomó un rápido baño y se colocó su uniforme.

Salió rumbo a la cocina sumamente roja.

-Discúlpame, Byakuya. No sé que me pasó. Me llamó demasiado la atención el rico olor y no reaccione como debía. Gome nee!

Byakuya sonrió y le dijo.

-No te preocupes. Tus caras de vergüenza hicieron mi día.

La ojigris pensaba.

-¿Byakuya sonrió de nuevo? Ok, ya se acabará el mundo.

-Démonos prisa. A desayunar o se te hará tarde para el instituto, Orihime.

Ella se puso con un semblante nostálgico.

-Me recordaste a Sora. Mi hermano siempre hacia el desayuno para mí y decía justamente eso que acabas de comentar-recordaba la chica bajando la mirada con aires de tristeza.

-No, no, no. Nada de tristezas. No prepare mi especialidad para verte triste.

La ojigris sonrió y se dispuso a probar eso que olía tan delicioso.

-Wow! Sabe muy rico-decía la joven pelinaranja con unos ojos vidriosos de la emoción y estrellitas en las pupilas.

El capitán simplemente se dedicaba a ver la cara de felicidad de la ojigris.

Terminaron, ella limpió y lavó los trastes que usaron y ambos salieron rumbo al instituto.

En las calles de Karakura estaba un pelinaranja muy decidido. Caminaba rumbo al instituto. Al llegar a la puerta de entrada se detuvo y se recargo en una pared, esperando la llegada de esa persona.

Después de unos minutos se ve a lo lejos una cabellera naranja, unos hermosos ojos grises y brillantes. Y una sonrisa que a él cada día le volvían loco. Se preguntaba .

-¿Como es que me costó tanto tiempo darme cuenta de lo que siento por ella? Debo ser el más grande despistado. Era obvio. Me enferma verla en peligro o llorar. Este sentimiento siempre estuvo en mí.

La pelinaranja iba acercándose al portón de entrada muy sonriente al ver a su amigo.

-¡Hola! ¡Buenos días, Kurosaki-kun!

-Buenos días, Inoue.

Contestaba el saludo con una sonrisa que a muy pocos les regalaba el pelinaranja.

-Byakuya. Buenos días también-decía quitando rápidamente la sonrisa que solo era para su adorada princesa.

Con un semblante de pocos amigos y casi desenvainando su apreciada Zampakutou responde el capitan.

-Nunca perderás la costumbre de hablarme como si fuéramos iguales, ¿verdad, Kurosaki Ichigo?.

-Vamos Byakuya. No es para tanto.

Respondía la ojigris tratando de suavizar el ambiente.

Ambos se dirigían miradas asesinas.

-No pierdas más tiempo. Al grano Ichigo-decía para si mismo el pelinaranja de ojos marrones .

-Inoue, tengo que hablar contigo. A solas-remarcaba el chico poniendo énfasis y su mirada en el capitán.

-Mi trabajo es no perder de vista a esta chica. Así que...

No pudo terminar la frase. Pues la pequeña mano de la chica había tomado su vestidura.

-Gracias Byakuya, pero me gustaría hablar con Kurosaki-kun. Estaré bien. ¿Me permites?

El capitán tomó su pose sería de siempre. Reprochándose a sí mismo por haber perdido el piso por un momento.

-Claro.

Pasó por un lado del shinigami sustituto y le dio una mirada de odio, mientras se alejaba de la entrada.

-Vamos Inoue.

La tomaba de la mano en dirección a un jardín pequeño que había atrás del instituto.

La ojigris iba muy nerviosa y a la vez sorprendida.

-¿Que pasa, Kurosaki-kun?

Al escucharla se detiene y se pone frente a ella.

-Inoue, creo que hemos pasado momentos difíciles. Es tiempo de pasarla bien. Me gustaría conservar esa sonrisa en tu rostro siempre.

Ella se sonroja.

-Quiero que salgamos.

La ojigris queda sorprendida. No sabía que decir. Y si era un sueño. ¿O solo tenía en mente una salida como amigos?.

-Claro, Kurosaki-kun. Yo le diré a los demás para...

Es detenida por Ichigo.

-Tu y yo, a solas.

P.D Hay viene lo suculento jajajaja