Holaaaaa!
Aquí Aurora y wajiwaji reportándose!
Bien ya que nos atrasamos con los capítulos anteriores hemos decidido actualizar hoy n.n espero sea de su agrado mis niñas!
Miles de gracias ppr sus comentarios y votos además a Wajiwaji por su valiosa ayuda en edición y corrección n.n/
Quédate a mi lado.
By:
Aurora la maga.
"Cuando el amor es más fuerte que el miedo…"
Esa mañana el día inicio con el sol deslumbrante, calentando todo aquel paraje, en donde árboles, rebosantes plantaciones y pájaros era el principal atractivo en aquel pueblo rural. Las horas transcurrieron y una nueva historia se formaba para la vida de cierto pelirrojo, que aún desempacaba las pocas cosas que tenía. Con mucha calma doblaba sus camisas, pantalones, deportivos y jeans en un pequeño gabetero, dejando cada prenda pulcramente ordenada. Ittoki, analizo el lugar, la habitación era pequeña con una cama modesta pero grande, una mesa de noche y una ventana que daba a un enorme campo. Él observó en silencio por la ventana de lo que sería en parte su nuevo hogar.
-Ittoki-kun, el almuerzo está listo. - escuchó decir a la amable mujer que le ha acogido en su casa.
-Muchas gracias… señora Nanami. -Aquel chico se dio la vuelta dibujó una sonrisa y haciendo una reverencia agradeció a la mujer que se había asomado por la puerta de la habitación
Aquella señora devolvió el gesto esbozando una expresión tierna al joven que alojaría en su casa a petición de su querida nieta. Ella aceptó darle posada en una de sus habitaciones libres a cambio de trabajar el campo de hortalizas que ella poseía a un costado de su casa. Otoya había decidido llevar una vida humilde al lado de la mujer mayor. Teniendo presente que no se quedaría ahí para siempre, en algún momento saldría a buscar un nuevo rumbo; pero por el momento solo quería curar su corazón y despejar su mente.
-Ittoki-kun, ya te lo dije…Llámame Kanae. -expreso ella cerrando la puerta corrediza agregando. -Por favor no tardes.
Otoya se mantuvo en silencio, no había ruido alguno más que el de su respiración, el viento y el tic tac del pequeño reloj en la pared, cerró con calma sus parpados recordando lo que paso en la noche anterior:
Haruka se encontraba en la salida del edificio en donde la fiesta de Shining se estaba llevando a cabo, vio salir a su amigo casi cayéndose hasta que sujeto su mano y ambos fueron a un taxi. Ella le había brindado soporte y además comprendió lo que sucedía, todas sus preguntas se respondieron con lo ocurrido en la fiesta y gracias a esto pudo entender por completo a Otoya. Ella llegó a pensar que si estuviera en los zapatos de Ittoki habría hecho lo mismo, pues una cosa era cantar junto a sus amigos y ser libre con la música, a seguir bajo el yugo de ese tirano que no le importo tenerlo encerrado en la academia con tal de que cumpliera con su trabajo y no se involucrara con Eiichi. Saotome se volvió un hombre despreciable que al parecer no sentía nada por su propio hijo.
La joven no solo estaba molesta con el director, estaba decepcionada que la persona que más proclamaba en amor es realmente una persona mezquina y sin escrúpulos. No existía excusa para perdonar el hecho de abandonar a su suerte a un pobre bebé, el cual terminó sufriendo a temprana edad: perdidas, abandono y sumado a eso luchar para ocultar su condición médica. La joven observaba a su amigo el cual parecía distante, recostado sobre su regazo observando a la nada mientras lloraba desconsolado, Haruka le dio calma y tranquilidad acariciando sus cabellos y llenándolo de paz hasta que quedó dormido.
Aquel taxi recorrió la ciudad hasta llegar a las afueras, justo en el campo de donde la peli naranja había salido, a eso de las 2 de la noche llegaron a casa de su abuela; la joven chica despertó a su amigo pues después de llorar desesperado quedó dormido.
Al llegar ambos bajaron y el pelirrojo susurró con suavidad. -Lamento molestarte Nanami.
-No te preocupes Ittoki-kun. -exclamó ella al tiempo que agregó. -Solo te pido que seas honesto con mi abuela… Ella debe saber todo lo que te perturba para poder cuidarte mientras yo no esté. Puedes confiar en ella.
Otoya tragó grueso, pues aún sentía miedo de cómo las personas reaccionarían a aquella peculiaridad que yacía entre sus piernas. El taxi abandonó el lugar luego de descargar la maleta de Otoya, mientras la puerta de aquel hogar se abría y aquella mujer se presentaba expresando. - ¡Haruka!
-Abuela. -Saludó la jovencita abrazando a su querida madre postiza.
La anciana tenía los cabellos de color cenizo amarrados en un moño, llevaba puesto un suéter y una falda; alejó a su nieta y la admiró, parecía una hermosa muñeca con aquel traje tan elegante; luego de verla apreció al chico a su lado quien,al igual que ella vestía elegantemente Ittoki llevaba una pequeña maleta y en su rostro se descubría la tristeza apresurada la mujer cuestionó.
- ¿Qué está pasando? - ella estaba por demás angustiada y preocupada, ambos chicos se observaron afligidos ante esto la señora decidió hacerles pasar. -Vamos entren, entren. Está haciendo frio.
Ya adentro se sentaron en la sala, Otoya logró divisar el piano en el que su amiga había aprendido todo lo que sabía de música, Haruka se movilizó hasta la cocina en donde preparó café para Ittoki mientras la señora observaba con atención y curiosidad aquel chico.
-Señora… Una disculpa por irrumpir a esta hora, me llamo Ittoki Otoya. -estrechó su mano mientras ella era presentada por su nieta.
-Ittoki-kun ella es Kanae Nanami, mi abuela. -ya con los nombres identificados la mayor escucho la razón porque estaban ambos en casa.
-Abuela, tu siempre me dijiste que debía de cuidar de mis amigos… Pues esto, yo quiero ayudar a Ittoki-kun. -expreso de forma nerviosa. -Él tiene un pequeño problema que debe solucionar con el tiempo.
- Señora Nanami… Le prometo que no molestaré, estaré aquí bajo sus condiciones le ayudare en lo que sea. -agregó el joven chico inquieto y preocupado, era el único lugar en donde quizás sería aceptado.
-Entiendo Haruka, haces bien en cuidar de tus personas más cercanas pero, necesito saber al menos que está pasando. -ambos se observaron y pusieron al día a Kanae.
Haruka contó que como en sus cartas Otoya era su mejor amigo, pues en la Academia él y Ren le ayudaron a presentar el examen de admisión para Saotome, además explicó que el joven estaba escapando de su pasado y trataba de olvidar el amor que sentía por Eiichi Otori en este punto Otoya susurró.
-Nanami… No creo que sea necesario que…
-Un segundo. -Interrumpió Kanae. - ¿Acaso escuché bien, a usted le gusta un chico? -cuestionó ella inquieta mientras Haruka asentía y exponía.
-Ittoki encontró el amor en donde menos lo esperaba, ¿No es verdad?
El juntaba sus dedos y susurraba. -Si… Perdone si le molesta.
-Para nada, digamos que soy alguien que entiende lo que sucede en esta actualidad.-Expuso poniéndose en pie.-Tu eres un caso clásico de lo que está ocurriendo, las personas ahora creen en que el amor es pasajero…-ella se silenció y observo por sobre su hombro a ambos.- Hay personas que se han desviado en su elección, pero soy de las que piensa que creé que si el amor está en alguien de tu mismo sexo, y es alguien que te apasiona y te da felicidad, querer a alguien así, no está mal… No obstante si decides olvidarte de tus sentimientos quiere decir que no es el correcto. - la mujer dibujo una mirada triste enseguida se acercó al joven y le observo examinándolo con aquellos orbes cafés. -A pesar de tu curiosa noticia… Siento que no me lo han dicho todo, para controlar tu situación debo saber que más sucede.
-Pues veras…-Inició Haruka a lo que Otoya le tomó de la mano y expreso.
- No, Nanami. Yo puedo contárselo. -Otoya colocó sus manos sobre sus rodillas y las apretó con fuerzas, temblaba pues tenía miedo no sabía cómo aquella persona nueva y ajena a su vida reaccionaría, el sudor comenzó a inundar su frente. Tragaba grueso mientras su corazón amenazaba con salirse de su pecho, Ittoki tomo aliento para acto seguido expresar de una vez. -Señora yo tengo un problema.
- ¿Problema? -Cuestiono inquieta.
-Ittoki-Kun tú puedes. -expuso Haruka dándole ánimos.
-Yo, yo…Sufro de una enfermedad de nacimiento, en este momento no se la puedo explicar a grandes rasgos pero, mi cuerpo… no… es decir en mi cuerpo hay una situación… la cual es difícil para mí ocultar yo… poseo, lo que podría decirse como ambos sexos.-El silencio rodeo de manera que Ittoki inicio a respirar acelerado y profundo, ya sus lágrimas comenzaban a juntarse en sus ojos podía visualizar a aquella mujer gritar espantada pero… Kanae se acercó mientras que aquel pelirrojo juntaba sus hombros y parecía aterrado. Aquella abuela tomó las manos de Otoya y le hizo ponerse en pie. Le admiro y susurró.
-Te agradezco que confieses lo que te sucede. -Ittoki temblaba y ella agregaba. -Escucha a esta pobre vieja…-Expuso con esa voz suave y cálida. -Otoya, ese miedo que sientes se irá cuando le cuentes a más personas lo que te pasa… Lo que usted tiene no es un problema ni tampoco una enfermedad, perdóname pero no considero que sea algo como para asustarse son cuestiones que solo suceden… Estas son pruebas que la vida nos impone. -Otoya asintió por primera vez sintió alivio al contar su enfermedad, la noche se fue y la mañana llegó al mismo tiempo que un taxi llevó a su amiga lejos de aquel campo en donde Otoya quedo.
Regresó a la realidad, un enorme peso de sus hombros se había aliviado, la señora Nanami Kanae era una persona hermosa, cuyos principios y amabilidad estaban balanceados y centrados. Ittoki se sintió como cuando estaba con su tía.
Los días transcurrían y él se había hecho un experto en la cosecha, había aprendido como era el proceso de riego y de recolección de vegetales. Esa mañana Kanae se levantó un poco tarde cuando escuchó una dulce voz que cantaba, irrumpiendo en el silencio de aquel campo. Salió a ver y encontró a Ittoki cantando mientras sacaba los nabos.
-Otoya…-Susurró para ella, escuchando aquella letra triste en la que describía a un joven de mirada violeta con un espíritu amable y corazón hermoso, Kanae puso sus manos en su pecho diciendo. - Tú quieres olvidarlo, pero es imposible olvidar a alguien que ha nacido para estar a tu lado. - expuso mientras se acercaba al joven para ayudarle….
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Raging Entertaiment…
Lo que había quedado de Starish se mantenía reunido en las instalaciones de aquella agencia, también Quartet Night se unió a lo que parecía la búsqueda de Otoya.
-Ya pasó una semana y no se sabe nada. -expreso con tristeza Sumeragi.
- ¿Qué dijo el investigador Kira?
- No aparece… Creo que está vez no pueden encontrarlo. -Eiichi acariciaba su frente con una mano y con la otra acariciaba su collar, aquel corazón partido amenazaba con quedarse sin su otra mitad.
-Debe haber algún lugar. -Expreso Ranmaru.
-Ya buscamos en todos los posibles lugares en los que pudiera estar. -explico Syo. -Ni siquiera los esfuerzos de Saotome han logrado encontrar a Otoya.
-Eso me alegra…- Van Interrumpió serio, a lo que los demás asistieron. No había duda de que todos estaban de acuerdo en que lo mejor era que Ittoki no volviese jamás a la Academia, pero al menos deseaban verle y saber si estaba bien.
-Incluso aquel campo de girasoles…-Inquirió Natsuki.
-No está por ningún lado, tengo miedo de que le haya pasado algo… Por favor musas necesitamos su valiosa ayuda para encontrar a Otoya. -Cecil estaba desesperado.
Yamato lanzó un puñetazo a la mesa y luego exclamo. - ¿No hay algo que se nos haya escapado?
-Solo queda esperar a que Reiji, Tokiya y Eiiji regresen con buenas noticias. -Expuso Al.
El grupo le observo atento, Eiichi parecía descompuesto, no lograba encontrar a su pequeño ni con la ayuda de Starish y Quartet Night. El último recurso era el orfanato en donde Otoya había crecido, él hubiese deseado ir con su hermano pero se negó a dejar la agencia con la esperanza de que Otoya apareciera…
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El pequeño edificio estaba en su hora de clase, los chicos permanecían en sus aulas cantando. Ichinose, Kotobuki y Otori bajaron del taxi al hacerlo percibieron los coros y se animaron creyendo que ahí estaba su amigo, no obstante, parecía que el maestro de música no era él. Los tres entraron al pequeño complejo notando como los niños gritaban y corrían libres al sonar la campana para receso, Kotobuki esquivó unos cuantos mientras la madre superiora les gritaba severa.
- ¡Por favor, no corran en los pasillos!
-Si madre superiora. -las risas se escucharon mientras la mujer observaba aquel trio y exponía.
-Jóvenes… ¿A que debo su visita?
Tokiya se adelantó hizo una reverencia y susurro. —Necesitamos de su ayuda. - al escuchar aquello, la mujer guio a los tres jóvenes hasta su oficina en la cual Tokiya fue el primero en abordar.
-Señora… Venimos de nuevo a preguntar si Otoya ha venido.
- Como ya se lo he dicho antes, no ha venido desde hace mucho. -expreso con tristeza.
-Disculpe… pero ¿Usted sabe a donde pudo haber ido? -ella negó a las preguntas de Eiiji quien decepcionado junto sus manos pensativos.
- No hay algo que nos pueda decir alguna pista ¡Por favor! ¡Estamos desesperados! -expuso Reiji, la mirada de los tres era suplicante.
-No, desde lo que sucedió con Shining Star, él no se ha aparecido y creo que es evidente que su corazón está molesto, incluso con nuestro orfanato… Nosotros debimos decirle. -susurro.
- ¿Decirle, de que habla? -Cuestiono Tokiya.
-Tiempo después de que Otoya viniera al orfanato, su cuidado… Necesito de muchas consultas médicas, esto fue cubierto por el poco dinero que su tía le dejo, sin embargo, sus necesidades eran especiales el joven tenía una condición médica que debíamos tratar mes a mes.
- ¿Tokiya tu sabías eso? - cuestionó Reiji.
-No… Otoya jamás menciono nada. -respondió el pelo negro. -Nunca lo vi enfermo, Otoya goza de buena salud, no entiendo a qué viene todo esto. -Inquirió serio observando a aquella mujer tratando de encontrar respuestas.
- Lo que su amigo tiene no es grave, pero si nos mantuvo pagando el silencio de los médicos. —Explico causando más curiosidad a aquellos chicos. - Cuando los fondos se terminaron un proveedor anónimo dio una gran cantidad de dinero para seguir cuidando de Otoya y pagar sus clases extracurriculares, incluso pago el casting para entrar a la academia.
-Saotome. -Expuso Eiiji Otori. -Él, velo por Otoya en secreto. -Ichinose se enfureció rápidamente exclamó.
-Eso no importa él es un …
-Tokiya… Controla tus emociones. - regaño Kotobuki, el pelinegro asintió enseguida susurró.
- ¿Qué condición tiene Otoya?
- Lo lamento no puedo decirlo, hice una promesa con él soy la única que lo sabe y no puedo romperla. -estaban en otro callejón sin salida. Eiiji se sintió atrapado y decepcionado una vez más llegaría a su hermano sin ninguna noticia, sin embargo enseguida testeo lo que esa persona les había revelado…
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Los meses transcurrían ya eran dos meses desde que Ittoki desapareció y Starish, Quartet Night junto con Heavens se rindieron incluso Saotome, el cual estaba en su oficina halándose los cabellos y tratando de encontrar a su "hijo".
- ¿En dónde demonios estas? -cuestiono molesto y desesperado, a su lado Ringo habló severo.
- ¿Para qué quieres encontrarlo? ¿Acaso le pedirás perdón? ¡¿O lo obligaras a ser parte de Starish de nuevo?!
-Ahora no Ringo.
-Shining… jamás pensé que te diría esto pero… eres un hombre sin corazón.
- ¡Él no puede estar con Eiichi entiende!
-Ya basta, ¿No te das cuenta? Eiichi sufre también. -murmuró terriblemente conmovido. - Lo lograste los separaste y espero que Otoya, no haya cometido una tontería gracias a ti…-Se silencio hasta que reanudó severo. -Shining te lo suplico deja ya está búsqueda, déjalo en paz.
Afuera en el pasillo que daba a la oficina del director…
Nanami había escuchado aquello, rápidamente se fue por donde vino y fue al salón de ensayos en este observaba como sus amigos se deprimían. Ella no podía hacer nada, debía callar para no traicionar a Ittoki, no podía generar más daño en su amigo, sin embargo esa noche…
Cecil y ella se vieron a escondidas en la habitación de la compositora Aijima estaba devastado, pues Shining motivado por su enfado y frustración había reclutado a otro chico para cubrir el espacio vacío de Otoya. El moreno susurraba al lado de su querida novia.
-Es demasiado triste que Otoya haya desaparecido sin si quiera despedirse. -Nanami observaba con tristeza a sus ojos verdes a quien susurró.
- El necesitaba ese cambio.
- ¿Tú lo crees? -la peli naranja asintió, pero entonces Cecil cuestionó. - ¿Es justo para ti? Que él se haya ido sin siquiera despedirse ¿Qué daño le hicimos? -Derramó lágrimas algo en su interior le decía que extrañaba al pelirrojo tanto o más que los demás. -Eiichi está destrozado… Y no es el único que lo está- Susurro cabizbajo.
Haruka abrazo a su chico y mientras eso sucedía en su cabeza se vivía una eterna lucha ¿Qué hacer? ¿Qué podía hacer para que todos sus amigos sean felices?
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En la casa de campo la cena se llevaba silenciosa, Kanae había visto como Otoya se fue descomponiendo lentamente, en estos meses fue testigo de su humor cambiante, vivió solo sus periodos menstruales se reusó a obtener apoyo de Kane. Ella estaba sofocada y angustiada, ahora ya estaban al final del tercer mes en el que el chico llevaba ahí refugiado y de nuevo ese velo negro se posaba en el pelirrojo, Nanami noto que sus vegetales al inicio crecían enormes y sabrosos pero ahora… Estos no crecían y el sabor era amargo como reales lágrimas, en esa cena la mujer noto que Otoya acariciaba un collar que estaba acompañado de un rosario, ella en silencio analizo su plato y expreso. -Otoya… No has tocado tu cena.
- No tengo hambre señora Kanae… Me duele el estómago. -la mujer suspiro y susurró.
-Entonces si es lo que pienso…-Otoya asintió y entonces la mujer exclamo. -Entonces quizás debas ir a la ciudad. -el pelirrojo elevó su rostro. -Ya no tengo más toallas sanitarias. -inquirió preocupada. - Como verás soy una señora ya mayor y no tengo mi periodo.
-Pero…-expreso angustiado.
-Vamos ve mañana…. Compras las que necesitarás para este mes. -Otoya asintió no tenía otra alternativa su ciclo menstrual ya estaba suscitándose por lo tanto debía de ir a comprar lo necesario para siguientes días restantes. Sin Apetito decidió irse a la cama mientras lo hacía Kanae tomó su móvil y marco a Haruka.
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La joven ya estaba sola en su habitación cuando recibió la llamada de su abuela, e inmediatamente respondió mostrándose preocupada.
- ¡Abuela que sucede todo está bien!
-Si, es solo que… Este niño se está muriendo… Dime una cosa, ¿Tan mal terminaron las cosas con ese chico, como se llama?
-Eiichi.
- Si él …
-Pues abuela, tengo entendido que Ittoki lo corto por teléfono nunca se vieron. -declaró a lo que la anciana enseguida susurró.
-Esto es terrible… No me agrada que la gente sufra, además mis pobres vegetales es tan sufriendo también. -Haruka suspiró enseguida al escuchar el silencio cuestionó.
-A…abuela que estas tramando.
-Dile a ese chico que se dé una vuelta mañana por la ciudad más cercana a nuestro pueblo, Otoya irá a comprar algunas cosas a la tienda de Midori.
-Abuela… Yo no creo que.
-Haru-chan… A veces debes hacer que la magia pase, si ellos se aman y están destinados a estar juntos se encontrarán y con suerte se reconciliaran. Si no es así entonces todo quedará igual. -la joven peli naranja asintió y con suma felicidad termino la llamada.
-Ittoki perdóname…-dijo con suavidad a lo que enseguida se sentó en su laptop para escribir un correo…
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Raging Entertaiment…
Se encontraba en la cama observando el techo de su habitación. Sus ojos color violeta parecían distantes y sin aquel brillo tan encantador, sus gafas no estaban en su rostro, parecía que estaba listo para dormir, pero aquel hermoso recuerdo de su pelirrojo lo mantenía aún despierto.
Acariciaba sus labios y cerrando sus párpados aún podía escuchar su voz decir su nombre. Eiichi había entrado en una depresión tan profunda que ni siquiera le importo que Eiiji iniciase a salir con Tokiya de forma amorosa, tampoco lo movían las bromas de Van el cual después de mucho se hizo bastante amigo de Camus. Todos a su alrededor parecían estar felices y unidos en cuanto a él, estaba destruido sin sentirse capaz de levantarse otra vez.
Se sentó en la cama y se sacó la cadena que llevaba en su cuello, estos tres meses fueron suficientes para darse cuenta que era real, Otoya Ittoki ya no lo amaba, finalmente cedió a lo que Otoya quería; con calma la posó sobre su mesa de noche expresando con suavidad.-Quizás… ya es hora de olvidarte.- el frío en su cuello le hizo temblar no quería eliminar ese sentimiento con prisa tomó en su mano aquella prenda y la presionó a su pecho expresando con dificultad.-¡No puedo! Otoya… Te has quedado clavado en mi pecho y en mi alma. -estaba derramando lágrimas cuando escuchó el sonido reconocible de la notificación de correo en su computadora.
Limpió sus lágrimas y fue directo hasta la silla en la cual se acomodó al tiempo que se colocó sus gafas. Rogaba porque ese email tuviera distintos eventos pues así lograría distraerse, no obstante...- ¿Nanami?
Curioso movió su cursor y abrió el mensaje el cual decía…
Querido Otori-san…
Quizás te molestes conmigo por lo que estoy a punto de confesar, pero comprende que sólo trataba de protegerlo…
Yo sé en donde está Ittoki-kun. Siempre lo supe, pero él me hizo prometer que no se lo diría a nadie…
Actualmente no puedo romper esa promesa, pero lo que sí puedo hacer es avisarte que mañana Ittoki-kun, estará en esta dirección… No sé a qué hora llegue, pero debes esperar ahí por favor Otori-san ve por él.
Eiichi cerró la laptop de manera tempestiva, se cambió de ropa y se alistó para salir de ahí con suma prisa, siendo observado por los demás chicos Heavens, nadie lo detuvo en más se emocionaron y se dedicaron a expresar.
- ¡Lo encontró!
- ¿Tú crees Nagi?
- ¡Si! -respondió el pequeño emocionado.
En el parqueo el auto se encendía y el motor rugía debía ir con prisa hasta donde estaba su chico aunque esperará toda la noche y todo el día él lo encontraría en ese lugar…
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A la mañana siguiente al despertar Otoya, se dio un baño antes de salir. Se puso un pantalón negro una camiseta roja y sobre está una sudadera blanca con gorro para cubrir sus llamativos cabellos, eran las 8 de la mañana y Kanae aún no estaba despierta. El joven vio una nota en la mesa en la cual le encargaba algunos víveres, tomó el sobre con dinero y salió. Camino por todo el camino de tierra hasta llegar a la parada de autobús que lo llevaría a la ciudad más cercana. Ya dentro de este él se recostó en la ventana, observando el paisaje continuo, mientras poco a poco el autobús se llenaba.
El agachó su mirada no quería ser reconocido, finalmente a eso de las 9:30 el autobús llegó a la ciudad en la cual busco la tienda de Midori.
En la calle Eiichi había estado de pie despierto y alerta al otro extremo de la calle, el llevaba puesta su chaqueta de tiro largo gris y sus pantalones blancos además de una camisa negra dentro.
Su corazón pálpito emocionado al ver a un joven que caminaba cubierto de su cabeza. Sin duda ese chico debía ser Otoya, aun pese al tiempo en el que paso lejos de él nunca olvidaría su silueta al caminar, porque cada cosa del pelirrojo la tenía grabada en su memoria. Sus manos iniciaron a temblar, estaba nervioso mucho más que la primera vez que le pidió salir a cenar.
-Otoya. -Su voz apenas y se escuchó, se había cerrado su garganta, estaba teniendo un ataque de ansiedad, porque finalmente su alma gritaba llena de felicidad que: ¡lo encontró! No podía equivocarse, ese chico era su Otoya. Retomando sus fuerzas cruzó la calle y de manera apresurada entró a la tienda tras de él. Eiichi fue cuidadoso observaba tras los anaqueles y repisas a aquel chico el cual efectivamente fue su querido Ittoki. Su aliento se contuvo al verle, temblaba eufórico por tenerlo frente a sus ojos. Quería lanzarse y abrazarlo, pero aunque sentía todo aquello, logró tranquilizarse y aguardar por él al frente de la caja registradora.
Otoya en cambió era ajeno a lo que sucedía, ni siquiera en sus más frescos pensamientos paso que Eiichi estuviera ahí, totalmente sereno tomó todo lo que necesitaba y de manera apresurada fue a la caja en la cual posó la cesta con sus compras y en esta el dependiente cuestiono. - ¿Encontraste lo que necesitabas?
-Si…-Respondió con voz baja evitando cruzar miradas con el chico, para no ser reconocido.
-Que bien… Son sólo 1500 yenes. - Otoya saco el dinero y pagó. Recibió las bolsas y en cuanto se giró para salir de la tienda, se detuvo al ver unos zapatos Allstar. -E-esos… zapatos yo… Los conozco. - pensó curioso, elevó su rostro y ahí estaba con sus cabellos peinados, sus gafas y ropa que lo hacía ver tan precioso. "Debe ser un sueño" Se dijo a sí mismo, quedando tieso como una roca y con los parpados abiertos completamente asombrado. ¡No podía ser cierto! ¡Era imposible que Eiichi esté ahí! Sin embargo, este se hallaba frente a él dedicándole una dulce mirada, la que por tanto tiempo ha deseado volver a ver… ¿Realmente era él? ¿No era una ilusión hecha por su locura y deseo inmenso de querer volver a verlo? Como seseaba extender su mano y comprobar si era real, pero su cuerpo no reaccionaba, tenía miedo de que al hacerlo este se desvaneciera y descubrir al final que solo fue un juego de su mente.
- ¿Disculpe se le ofrece algo? - oyó cómo el chico de la caja le dirigía la palabra al objeto de su incertidumbre.
Ittoki volvió a mirar hacia el piso, dándose cuenta de que en verdad no era una visión de su cansado y dolido corazón ¡Él estaba ahí! - ¡Humg! -se cubrió la boca, Otoya dejando caer al instante las bolsas al piso. No podía decir nada, estaba asustado y también emocionado hasta que finalmente de su apretada garganta se pudo escuchar. -E…Eiichi.
Su voz fue suave, ronca y totalmente llena de miedo, Otori casi se desfallece al por fin escuchar su voz. Le tenía finalmente a su frente intentando no romper en llanto, con calma y para tranquilizar a su pelirrojo se agachó y tomó lo que Otoya tiro, el joven pelirrojo en cambio no podía salir de su sorpresa, sin moverse pensaba para si "Esta… aquí, ¿Pero… cómo? Me tiemblan las piernas yo…" dejo a un lado sus pensamientos y con prisa se gacho también y le ayudó en silencio ellos recogían los víveres mientras que en el transcurso Otori sujetaba la mano de Ittoki el cual le observo de manera asustada.
Eiichi y Otoya se observaron a los ojos, había tantas expresiones en ambos, se podía leer el amor que en sus ojos se encontraba, pero además de amor había tristeza en el pelirrojo "¿Por qué me miras así? Otoya … ¿Acaso no te das cuenta mi amor, de lo mucho que aun te sigo amando? Finalmente te encontré y no sé qué hacer con todo lo que siento" pensaba Otori acariciando sus dedos y mirándole de manera necesitada, sin ocultar el amor y preocupación que sentía por su pelirrojo. "No me apartes de tu lado, por favor" Rogó en silencio.
Ambos se pusieron en pie se observaban nerviosos, como si fueran dos desconocidos, pero que a la vez el cúmulo de sentimiento se engrandecía. Ninguno dijo nada, no obstante sus miradas, los temblores en sus cuerpos los delataban, caminaron a la salida. Ya afuera Otoya se detuvo sobre la acera al frente de la tienda. Miraba al piso y temblaba apretando el plástico de las bolsas en sus manos, por primera vez no sabía que decir; sin embargo él logró tomar aliento y valor para poder si quiera conjugar en palabras. -Eiichi… ¿Q-Qué haces aquí?
Otoya no le miraba a los ojos se sentía avergonzado y miserable porque sin querer por su accionar había roto el corazón de Eiichi. Le había castigado por algo que el de gafas no tuvo nada que ver. Ittoki sabía que su comportamiento para con Eiichi fue demasiado inmaduro pero ¿Cómo no serlo? Tenía miedo y aun ahora mismo sentía pavor.
Otori por otro extremo, no podía evitar dejar de verle. Estaba tan lindo como siempre lo recordó, este tiempo sin él fue demasiado doloroso, Pero pudo comprender que Ittoki solo quería escapar de su pasado y evitar sufrir. Sin embargo, termino sacrificando el amor de ambos. Eso no lograba entenderlo… Con voz suave y grave respondió entonces. -Solo… Vine de compras. -Mintió para proteger a Haruka. -Estamos cerca grabando un comercial y…-se contuvo antes de decir otra mentira, quería decirle que había recorrido medio Japón en una noche y que había estado de pie al otro lado de la calle desde las 5 de la mañana esperándole, aguardando a que el amor de su vida llegase… Para Eiichi el sacrificio y el cansancio había valido la pena.
El silencio se hizo sentir… Otoya estaba luchando contra sus miedos, contra el amor que sentía, contra los demonios que lo carcomían lentamente y que le hacían perderse en la oscuridad "¿Por qué… estas aquí? ¿Por qué cuando estoy más vulnerable? ¿Cuándo te necesito más que nada en este mundo?" Se pregunto tragándose sus lágrimas y de manera un poco seca expreso. -Ya… veo…
Otori percibió aquella desazón en su voz. Eso le lastimo. "Me odias, te lastime, esta vez… ¿Podremos solucionarlo?" No podía dejar de pensar en que era culpable, pero el jamás se daría por vencido. Como pudo supero el nudo en su garganta y ofreció. -O-Otoya… Estoy libre, ¿Podría llevarte?
- No es necesario. -expreso iniciando a caminar. "No me sigas… "Por favor vete" Se gritaba desesperado en pensamientos angustiosos, pero antes de siquiera perderse de la cercanía de Otori, fue sujetado suavemente por el castaño quien dijo.
- Por favor… -Aquellas palabras fueron dichas con tanta desesperación, que comprimieron el corazón de Ittoki que agrando sus parpados y de nuevo escucho. -Solo, déjame llevarte a casa y… Te juro, que… N-no te volveré a molestar. -finalizo con dificultad.
Otoya no supo que hacer, el miedo de lo que había hecho a Otori lo atormentaba. Además de ese rotundo pavor de caer por el amor que sentía hacia él. Ittoki en contra de su cordura asintió y ambos fueron al auto como siempre Eiichi le abrió la puerta y él se sentó en el asiento, con calma el castaño prendió la marcha y susurró.
-Dime hacía donde.
Otoya le indicó el camino y el viaje inició. El silencio incomodo en el interior del carro podía casi palparse. Otoya no podía evitar mirar de reojo al castaño, parecía tan irreal que esté nuevamente junto a él, pero así era. El destino volvió a unirlos y aunque había renunciado a Eiichi, estaba sumamente feliz que este no lo haya olvidado… Aunque seguramente él ya no lo amaba por el daño que le causo tras su partida.
Para el pelirrojo era sumamente difícil contener sus lágrimas, pero lo que menos quería era ponerse a llorar enfrente del ojivioleta, no tenía derecho de hacerlo. ¡Que tonto fue al creer que podría borrar sus sentimientos por Eiichi! Se sentía arrepentido por todo lo que causo, sin embargo, no era capaz de expresarlo en palabras. El chico apretaba sus puños fuertemente sobre su regazo, intentando no mirar al castaño a la cara, si no esté vería lo vulnerable que se sentía. De manera triste y avergonzada dejo ir un suspiro, con el intento de calmarse.
Durante todo el camino Otori no dijo nada, el de mirada violeta no quería agobiar más a Itokki con su presencia, pues no era tan tonto como para no notar lo incomodo que este se removía en su asiento. Aun así, podía soportarlo. Ese silencio que su chico le regalaba, no se comparaba en nada a su ausencia por todos esos meses en los que sintió como su corazón se marchitaba con el paso del tiempo. Pero pese a estar feliz por verlo, se sentía asustado. ¿Qué pasaba si Otoya realmente ya no le daba otra oportunidad? ¿Este sería el fin? ¿Dejaría que el amor de su vida se fuera para siempre de su lado?
Con aquellas cosas en mentes, el viaje concluyo tras una hora sin dirigirse la palabra. Eiichi aprecio la casa de campo en la que su chico se ha resguardado todos estos meses. Sonrió con pesar, pues debió de esperase que Otoya haya elegido un lugar tan remoto para alejarse de todo.
Cuando Eiichi apagó el motor, apretó fuertemente el manubrio reunió todo su coraje para decirle a Otoya, lo que seguramente este quería, aun si eso significaba sacrificar una parte de sí mismo. Porque sabía que al pelirrojo le sería difícil perdonarlo y empezar de nuevo… Además que tenía miedo de oír como este le pedía que se marchara de su vida para siempre ¿Qué otra cosa podía esperar luego de todo el dolor que le provocó?
-Otoya… No puedo saber cómo te sientes pero, respetare tu decisión… Yo…-Se contuvo para tomar de su cuello el collar y enseñárselo, intentando sonreír con su mayor esfuerzo, para no quebrarse en frente de su amado pelirrojo. -Yo siempre te recordare, yo siempre… guardare esto porque sé que al menos obtuve una parte de tu corazón ….
Ittoki había abierto sus ojos enormes, su corazón dejo de palpitar. Aguantó la respiración como si eso le ayudara a detener el tiempo. Eiichi estaba despidiéndose de él, se iba a alejar para siempre, no podía permitirlo. Sabía muy bien que todo era su culpa y aunque sea egoísta no lo dejaría marchar. Eiichi era lo único que no quería perder para siempre.
-Perdón. -interrumpió el pelirrojo mientras jadeaba dolorosamente al recuperar el aire. Su boca temblaba ante el llanto que ya no pudo contener por más tiempo. Lagrimas brotaban desmedidas de sus ojos. El dolor que por esos tres meses intento ocultar estaba saliendo a flote, haciéndole llorar desde el fondo de su corazón. -Per-Perdóname… Eiichi lamento haber…yo… lo siento… Yo te sigo amando.
Otori no pudo contenerse más tomó a Ittoki en un abrazo y lo hundió en su pecho. No podía con la felicidad que se alojó en su corazón. Aquellas palabras le regresaron la razón para volver a sonreír como lo estaba haciendo ahora.
-Mi… mi amor, no pidas perdón… -Expuso vencido entre llantos. -Quiero que sepas que mi amor hacía a ti no ha cambiado, incluso estos meses sin ti me han hecho ver lo mucho que te amo. Te quiero más que nunca.
Finalmente ambos habían llegado al límite se dieron cuenta que era imposible no estar unidos, pero había muchas heridas que sanar y mucho por que platicar. Con aquello bastaba por el momento, volver a reunirse era lo primero. Luego tendrían tiempo suficiente para aclarar las cosas.
-Eiichi – gimió su nombre, aferrándose a su pecho, donde sus lágrimas no daban indicios por detenerse. Tenía tantos sentimientos en su corazón que no le permitían calmarse. "Baka…Eiichi… Siempre te quiso. Él siempre querrá estar a tu lado!" Se decía a sí mismo, aun en sus brazos temblaba y lloraba como si se tratara de un niño herido…
-Quizás nunca pueda entender del todo lo que te pasa pero, estoy dispuesto a escucharte. -acaricio su cabello y susurro necesitado. -Por favor hablemos…-le aparto del abrazo y tomo sus hombros observando sus orbes rubíes.
-Está bien. -acepto.
Ambos limpiaban sus rostros, Eiichi le observaba con ilusión y devoción. Deseaba tanto besarle, pero tampoco quería obligarle a nada. Salieron del auto y al hacerlo fueron recibidos por Kanae, Ittoki se puso nervioso enseguida, presentó a su acompañante. -Señora Kanae él es Eiichi Otori…- Nanami sorprendida tomó la mano de Eiichi y animada dijo.
-Es un placer soy Kanae Nanami, abuela de Haruka y protectora de este muchacho tan lindo.
-Gracias por haber cuidado a Otoya y a la señorita Nanami. -el castaño elevó su mano y la beso-Encantado de conocerla.- Kanae se sonrojo rápidamente expresó con cariño.
-Pero que lindo chico, pasen, pasen. -Animó a ambos chicos para ofrecerles sentarse pero Ittoki tenía una urgencia que atender. Enseguida se disculpó y se fue al cuarto de baño. Eiichi descubrió que aquella acción le pareció un poco curiosa, no quiso cuestionar a Otoya pues sería un poco incómodo. Pero había visto que el pelirrojo dejo las bolsas del mandado en la sala todas excepto una, él se preguntó ¿Qué hacía Otoya con toallas sanitarias? Estaba divagando cuando Nanami susurró.
-Joven ¿Le gusta el té? -ofreció una tasa al chico el cual asintió y agradeció de manera educada. Kanae enseguida cuestiono. -Otori-Kun disculpe me gustaría preguntar si usted, ¿Piensa quedarse a dormir? -Eiichi casi se ahoga con el té. Esa fue una pregunta atrevida.
-Yo… -aclaró la garganta antes de continuar- No puedo abusar tanto.
- No te preocupes, no es ningún abuso. - Sonrió con amabilidad para luego añadir- Además luces muy cansado, debió ser agotador conducir toda la noche hasta acá.
- ¿Cómo es qué…?
-Hijo, esta mujer ya ha vivido lo suficiente como para saber cuándo un corazón está sufriendo. – La mujer se sentó junto al castaño a quien miro directamente a los ojos. - Te puedo asegurar que ese lindo chico no ha dejado de pensar en ti desde el día que llego aquí.
Otori se regocijo con las palabras de la mujer, por lo visto ella estaba al tanto de todo lo ocurrido, hasta de su relación con Otoya.
-Entonces he de suponer que fue usted quien intervino para que Haruka me diera información sobre el paradero de Otoya.
-A veces solo hay que dejar que la magia suceda. Y el hecho de que estés aquí hoy, significa que existe. – La mujer se atrevió a acariciar los cabellos del chico, acomodando sus mechones tras su oreja, en un gesto muy maternal. - Si estaban destinados a encontrarse, nada lo iba a impedir.
-De verdad se lo agradezco. No solo por su ayuda. También por cuidar Otoya todo este tiempo, cuando yo no pude hacerlo.
-No me des las gracias. Si ustedes son felices juntos es suficiente- aclaro la mujer, sin dejar de sonreír, pues estaba feliz por esa pareja de tortolitos. Era claro que eran el uno para el otro- Además Otoya estará feliz de que le des tu apoyo y comprensión…
-¿Disculpe?-Susurro Eiichi confuso que quería decir con esto aquella dama esta se dio cuenta que había metido la pata un poco y decidió agregar.-Otoya estará muy contento de que te quedes a dormir.
Aquello último fue escuchado por el pelirrojo quien justamente estaba de regreso en la sala - Se-señora Kanae… ¿Qué es lo que dice?
-Le decía al joven Otori que puede quedarse a dormir hoy. -Otori dibujo una sonrisa tímida que causó sonrojarse al pelirrojo.
La visita transcurrió y la noche llegó, Eiichi decidió quedarse no sin antes avisar a su hermano que no llegaría a casa otra vez. Ya entrada la noche estaban los tres en la mesa cenando, Kanae contaba a los chicos como era Haruka de pequeña y ellos reían.
-Otoya… no has comido.
- Lo siento señora Kanae yo… No tengo mucho apetito. -Eiichi observo con preocupación al pelirrojo, pues con ello recordó lo que su hermano averiguo cuando fueron a buscar a Otoya al orfanato. Atormentado se preguntaba qué era lo que Otoya tenía ¿Era grave? ¿Tenía cura? ¿Tal vez, por alejarse de todo postergo también su salud?
Con esos pensamientos, Eiichi presto mucha más atención a su chico que iba de manera reiterada al baño y cuando eso pasaba la señora Nanami trataba de desviar su atención. A eso de las 10 Kanae se ponía en pie y exponía. -Otoya, ¿Está bien que el joven Otori se quede en tu habitación? La cama es más grande y estará más cómodo.
-Pues… Está bien, entonces yo ocupare el sofá.
-Nada de eso. -Exclamo Otori. -Yo ocupare el sofá.
-No, es muy pequeño y no cabras jovencito. -la dueña de aquella casa notaba el nerviosismo de ambos a lo que ella expuso-Ninguno de los dos va a ocupar el sofá, quédense a dormir en la misma cama además es sólo por una noche. -explico.
Ambos asistieron ya ella partió y apagando las luces de la sala ellos se dirigieron a aquella habitación en la cual Eiichi cerró la puerta y susurro. -Ella es muy amable… Es muy nostálgico.
-Es una gran persona. -expuso nervioso mientras estiraba las sábanas. Otoya estaba en silencio, a pesar de que todo parecía estar normal no era así. Se sentía incomodo al lado de Eiichi, aunque habían aclarado en parte sus sentimientos, aun no se disculpaba como debía con él por haberlo abandonado de esa manera. Sin mencionar que compartir cama era muy peligroso en su estado.
Otori por otro extremo y pese a sentir que su chico estaba incómodo. No quería marcharse de su lado. Le daba miedo que al despertar a la mañana siguiente este no esté junto a él.
En silencio se sometieron a esta y mientras Otoya se acomodaba de costado Eiichi tomaba el borde de las sábanas y exponía. -Buenas noches Otoya.
El joven no pudo responder pues pensaba una y otra vez. "Dile algo… Él vino hasta aquí para conversar, pero ¿De verdad quiero que Eiichi se arriesgue a estar conmigo… No en verdad deseo arriesgarme a que me abandone?" Su miedo era fuerte, sin embargo, sabía muy bien que sin él no podía vivir. Lentamente se incorporó y con valor habló.
-Eiichi… esto no está bien. -el castaño se incorporó también y le observo con una expresión preocupada, Ittoki se giró a verle no tenía sus gafas puestas y así era más hipnotizante el brillo de sus ojos.
- ¿Qué no está bien Otoya? -cuestiono de manera preocupada. - ¿El que haya venido a recuperarte? -Aquellos orbes rubíes agrandaron su mirada. Pues Eiichi le estaba revelando que había llegado allí por él-Sé que lo que ocurrió con Shining abrió las heridas en tu corazón. Sé que estas molesto conmigo porque no te lo dije cuando lo supe y también sé que lo único que quieres es alejarte de todos para no pasar por el dolor de perder lo que amas… Lo entiendo muy bien.
-Tu no entiendes… Yo…
-No es necesario comprender que prefieres estar sólo porque así fue tu vida desde hace mucho e intentaste acercar a los demás con tus sonrisas… Otoya. -Llamo con dulzura a la vez que posaba una de sus manos en el rostro del pelirrojo. -Te lo he dicho no es verdad… Me gustas con tus demonios o sin ellos y por eso estuve dispuesto a aceptar que no querías verme, sin embargo; no pude quedarme quieto. -se aventuró a tomar una de las manos de su pelirrojo y confesar con voz agrietada casi inaudible. Y pequeñas lagrimas iluminaron más sus ojos violetas. -Debes darte cuenta de que no soy el único que te extraña… Tokiya, Cecil, mi hermano… Quartet Night, Heavens y tus amigos te quieren tanto que no les interesa que hayas sido abandonado o que seas huérfano… Todos te queremos por la persona fuerte que eres. No pienses que sentimos pena por ti, eso no es así…-tomo la barbilla de Otoya el cual temblaba y al cual exponía. -No sé qué hacer para que entiendas que no me interesa cuál es tu pasado, lo que me importa es nuestro presente y nuestro futuro; y quiero que en ambos estés a mi lado.
-E…iichi. -susurró abrazándolo, encajando su rostro en su cuello y expresando. -Perdóname por haberte alejado de mi… Yo no sabía qué hacer y solo termine huyendo.
-No pidas perdón, el único aquí que te ha lastimado desde que todo inicio soy yo… Lamento haber abierto y expuesto tus heridas. Me merezco todos los castigos que me dedicas.
El ojiruby apretaba sus puños en la ropa de Otori y enseguida gritaba forzando a que de su garganta saliera su voz. - Ya no quiero escapar más. -cerro sus párpados con fuerza y agrego. -Quiero estar siempre a tu lado.
Eiichi cerró sus ojos y con calma beso aquellos labios en los cuales pudo sentir las saladas lágrimas que el chico derramó. Feliz acaricio esos labios que por tanto tiempo le hicieron falta. Al fin la otra mitad de su corazón volvía a estar con él.
Después de aquella conversación en la que por fin fueron claros el uno con el otro, se sometieron a la cama para dormir. Ambos lo necesitaban, el cansancio mental y físico les paso factura. Sin embargo pasada medianoche el pelirrojo se ponía en pie.
- ¿Otoya? -susurró al sentir que su chico se había levantado.
Aunque escuchó a Eiichi no pudo decir nada sólo fue directamente al baño en donde se encerró sentándose en la tapa mientras se apretaba el vientre y sentía que aquel cólico terminaba. Era el peor momento en que pudo reencontrarse con Eiichi, a la mitad de su periodo cuando los dolores eran más fuertes y le dolía como nunca. Ya más tranquilo fue a la cama en donde se recostó de lado y se encogió colocando su sabana en su cadera tras de él Otori se acercó pegándose por detrás y besando su oído exponiendo.
-Otoya… estuve pensando… ¿Por qué no te vienes a vivir conmigo en un apartamento?
- ¿Un apartamento?
- Si. -Respondió besando su hombro, sin enterarse que su chico sufría dolores menstruales.
-E-so… sería lindo. -imagino a ambos en un apartamento, pasando el tiempo con Heavens y sus amigos estaba teniendo una dulce visión que le hizo por fin desistir al dolor y caer dormido.
- ¿Otoya? -Llamo dándose cuenta de que su chico quedó dormido, Eiichi beso su mejilla y acomodándose de su lado le dejo dormir, estaba seguro de que algo más pasaba pero que… ¿Que tenía a Otoya de aquella manera?
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El día llegó sin ninguna novedad, nada más la terrible sensación de no haber podido dormir bien y cómo hacerlo si Otoya se despertaba a cada rato e iba al sanitario, preocupando a Eiichi de sobremanera. Este se dio cuenta que el joven no había despertado con la ropa que durmió aquello le pareció extraño y más extraño lo que ambos descubrieron. Kanae se había puesto guapa y elegante. Ella había preparado una maleta y observaba a esos chicos diciendo.
-Otoya debo ir a la ciudad, una amiga ha venido de viaje y quiero pasar el fin de semana con ella. -anuncio bastante emocionada.
- ¿Qué pero señora Kanae? -refutaba el pelirrojo no quería quedarse solo con Eiichi. No cuando su periodo aun no terminaba.
-Regresare el domingo por favor cuida bien mi hortaliza. -no pudo impedir aquello ahora estaba sólo con Eiichi el cual de seguro ahora, ni si quiera se iría ya que su pequeño quedó sólo en aquella casa.
El silencio fue terrible Otoya nunca estuvo tan nervioso, decidió tranquilizarse y susurrar. - ¿Ti-tienes hambre?
-Si… ¿Quieres que vayamos a desayunar a la ciudad?
Ittoki no estaba de ánimos para otra salida, la espalda le dolía, tenía náuseas y dolor de estómago. Odiaba esos 4 horrendos días en los que se sentía inflamado, incómodo y angustiado. -No... Yo puedo prepararte algo.
- ¿Tú no comerás nada? -cuestionó Eiichi.
- No tengo hambre. -Dijo mientras se movilizaban a la cocina y hacía una lista mental de lo que necesitaba para cocinar, tomó lo necesario y luego se colocó el delantal mientras Eiichi observaba como su pelirrojo se movía en la cocina como todo un experto y decía. -Kanae-san… Me enseñó a cocinar es fácil en realidad sólo debes seguir tu instinto. -Eiichi se acercó a observar lo que hacía. Bajo su mirada depositada harina para panqueques en un recipiente.
Eiichi se cruzó de brazos mientras una sonrisa se posó en su labios al observar como Otoya se movía de una manera ágil por la cocina, estaba bastante sorprendido de como él lo hacía tanto que intento ayudarle.-ahora… Mantequilla.-Expuso el peli rojo moviendo su mano hasta donde estaba el elemento, sin embargo se encontró con la mano de Eiichi quien, se detuvo y le observo un poco sonrojado, Ittoki le miraba nervioso pues el solo roce de las manos de Eiichi le estremecía. Trago grueso a lo que Eiichi al notar que no se movía cuestionó.
- ¿Sucede algo Otoya?
-No… no nada. -Respondió nervioso.
- ¿Me dejarías ayudarte?
-No es necesario, déjame atenderte. – respondió amablemente ocultando el hecho que la presencia de su chico le estremecía de pies a cabeza.
-Como tú quieras, pero me quedare por aquí en caso de que llegues a cambiar de opinión- Dijo juguetón, si quería que las cosas regresaran a la normalidad entre ellos debía hacer sentir cómodo a Otoya, demostrarle realmente que lo ocurrido esos 3 meses ya no tiene importancia. Que solo importaba el ahora.
Cuando Otoya termino de hacer los preparativos del desayuno, se tomó un momento para ir al baño, el tiempo suficiente para que Eiichi decidiera darle una sorpresa, al ayudarle con el desayuno o al menos intentarlo.
El pelirrojo al salir del baño logró sentir el aroma a vainilla y miel. Caminaba curioso hasta la cocina en donde descubrió a Eiichi que en ese momento daba un brinco al quemarse un dedo soltando el sartén en el acto.
- ¡Itai! -tiro al piso el sartén afortunadamente ya había terminado.
Ittoki se acercó a él e inmediatamente tomo su mano y le guio hasta el lavavajillas para mojar su dedo. Debía admitir que ver a Eiichi así de torpe era algo muy lindo. - ¿Qué hacías? -cuestionó con dulzura.
-Cocinar… o al menos intentarlo. -expuso mostrando la torre de panqueques mal hechos, unos estaban quemados, otros deformes y sólo uno parecía estar redondo y bien cocinado. Otoya dibujo una sonrisa fue a traer platos y sirvió ante la mirada de Otori el cual descubrió que todos parecían desmoronarse. -Rayos, soy muy malo en la cocina.
-Veamos-Otoya le derramó miel y tomó un buen trozo con el tenedor, aquel platillo tenía mala pinta, pero en realidad sabía delicioso podía sentir el amor en aquel plato. - ¡Esta delicioso!
- No te burles. -expreso formando un puchero. -Esto no es bueno. Arruine todo tú trabajo, lo siento.
-Es en serio. -Expreso acercándose y besando su mejilla al tiempo que susurraba. -Están perfectos…Como tú dices son ¡Geniales! - Eiichi dibujo una sonrisa sonrojándose junto su rostro al de Otoya y acarició su mejilla mientras le dedicaba un beso y entonces ambos se dispusieron a desayunar.
Estaban sentados en la mesa y conversaba de los actuales sucesos. - ¿Qué Eiiji y Tokiya?
-Si… deberías verlos, son una mezcla extraña de cinismo y ternura. -Otoya reía de manera divertida, Eiichi se deleitaba con aquella risa que era música para sus oídos. -Eso no es todo, hace unos días encontré a Shion y a Nagi tomando un baño juntos fue demasiado raro y traumarte, pero no logro entender como Shion convenció a Nagi o ¿Habrá sido al revés? pero peor estuvo ver a Van besar a Camus-san.
- ¡¿Qué?!-Grito realmente sorprendido Ittoki. - ¿Camus?
-Si… Parece que hicieron clic cuando fue a servirle de sirviente… Por lo del plumón en el rostro de Camus lo recuerdas.
- ¡Claro!
De repente se hallaron pasando un día de calidad juntos. Habían limpiado la casa. Eiichi le ayudó en todo incluso le ayudó a cosechar. Afuera ellos estaban regando y jugando de vez en cuando con el agua. Mantenían platicas triviales sobre cómo era para Otoya la nueva vida en el campo, pues para el castaño era algo fascinante ya que desde que piso esa casa sintió que todo era muy acogedor y mucho más con la presencia de Kanae. Le alegraba saber que el amor de su vida estuvo en un lugar seguro y con muy buena compañía.
La confianza en ambos estaba regresando, tal parecía aquellos días en los que se enamoraron habían vuelto Otoya estaba feliz y contento, Eiichi era el motivo de su alegría.
La tarde llegó y con ella el deseo de descansar tras un arduo día de trabajo.
Eiichi no tenía mucha costumbre a ese tipo de trabajos pesado, por lo que cayó rendido en el sofá con sus piernas colgando del posa manos. Ittoki le observaba desde una silla donde decidido descansar. Vio como lentamente la respiración del castaño disminuía, al parecer se había dormido. Dejándole descansar aprovecho el momento para ir a bañarse y poder sacar la basura del baño, pues durante todo el día se las arregló para ocultar los papeles que revelaban su periodo.
Eiichi que no se había dormido realmente, al sentir como Otoya iba de un lado para otro. Abrió uno de sus ojos para observar que hacía. Parecía que intentaba ocultar algo. Metiendo un montón de bolsas en el tacho de la basura, para llevarlo al depósito que había en un costado de la casa de campo. El pelicastaño recordaba muy bien que no había mucha basura en primer lugar, no la suficiente para ir a tirarla al depósito.
En ese momento inicio a preocuparse, ¿Qué tan enfermo estaba Otoya? ¿Qué era lo que tenia?... ¿Cuánto tiempo lleva soportando en silencio? Y por sobre todo se preguntaba porque no le había contado algo tan serio. Sin dudarlo Eiichi le ayudaría en lo que fuese necesario. "Debo averiguar qué te sucede." Pensó decidido levantándose del sofá, siendo sumamente cauteloso cuando salió al patio. Si Otoya no quería decírselo, de alguna forma debía averiguarlo, y calmar a su corazón que no podía con la preocupación. Si estaba en su mano ayudar a su chico con la enfermedad, lo haría cuanto antes y sin perder tiempo.
Ya ante el contendor y casi por descubrí que fue lo que Otoya boto en la basura, la voz de su conciencia le gatillo impidiéndole ir más allá. Tragó grueso y se apartó de ahí. "¡¿Qué estoy haciendo?! No lo hagas… Estas traicionando su confianza si a él le ocurre algo… Ten fe en que te lo dirá." Sería un verdadero tonto al estropear las cosas de nuevo. Molesto consigo mismo regreso al interior de la casa. Casi rompía la privacidad de Ittoki, estaba seguro de que si lo hubiese hecho jamás se lo perdonaría.
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En las próximas horas de ese sábado, Eiichi intentó acercarse más a su pelirrojo, de descubrir si este realmente se sentía a gusto a su lado. Estaba feliz porque Otoya le haya asegurado que aún lo amaba, tal como siempre … Pero seguía sintiendo que había un muro entre ellos, aun pese a haber tenido un día como los de antes, donde reían y platicaban de cosas importantes y otras no tanto. Tal vez sea muy osado de su parte, pero anhelaba sentir sus besos otra vez, en los que sus corazones de fundían con dulces caricias. Esos besos que lo llenaban de vida. Pero sus intentos por acercarse al chico no dieron frutos, de alguna forma noto que este le evitaba, eso en otra ocasión pudo haberle herido en demasía, sin embargo, comprendía que tras lo ocurrido Otoya no podría dejar atrás todos los problemas tan fácilmente, aunque le dijera que no tenía porque preocuparse.
Ittoki hacia las cosas despacio pues pensaba en varias situaciones una de ella era la más preocupante de todas "Debo evitarlo hasta que llegue Kanae… Debo alejarme de él o si no él descubrirá todo." Se movía por la casa intentando hacer lo suyo en silencio mientras aquellos ojos lo observaban de manera penetrante. Otoya podía sentir la mirada anhelante de Eiichi sobre él. Le dolía evitarlo, pese a que también deseaba estar junto a él como antes. Pero ese no era el momento, aun no estaba preparado para decirle que poseía ambos sexos. Sabía que tenía que hacerlo, pero ahora mismo se sentía incapaz de ello.
Otori decidido hacer un último movimiento, si su pelirrojo volvía a apartarse no insistiría más, hasta que este le permita nuevamente acercarse a él de forma intima. Se movía despacio hasta llegar a donde este se encontraba. Otoya estaba frente al ventanal de la salida que daba al campo de hortalizas, ahí había dos cortinas que se movieron con el viento causando que él quedará cubierto e invadido por el caluroso viento. Eiichi también fue acariciado, aquel momento se hizo silencioso, ambos sentían las caricias del viento cuando Otori elevó su mano y de manera suave acarició la tela y parte del brazo de Otoya quien cerró sus ojos pues la otra mano de su castaño tomaba su cintura y lo atraía. El pelirrojo podía sentir como su cuerpo se hacía débil ante aquellas suaves caricias.
El de mirada violeta apartó el blanco manto para abrazarlo y besarle, de manera profunda y deseada… Estaban solos y no había nada que les interrumpiera. Los besos aceleraron la respiración de Itokki, su contraparte acariciaba con delicadeza sus brazos y su espalda invitándolo en un deseo insano. Eiichi apartó sus labios y con esos mismo acarició su mejilla derecha y los cabellos que cubrían está para con calma ir al lóbulo de su oreja y susurrar con voz ronca y profunda pero sobre todo grave. -Otoya… Otoya te amo…
Él abrió lentamente sus ojos escuchando música de un piano en su cabeza. No podía evitarlo que se volvía loco por Otori. Tragaba grueso y controlaba sus movimientos, sin embargo, no pudo controlar el hecho de entrelazar sus dedos a los cabellos de Eiichi y con este movimiento acercar sus labios a los suyos. Otori no soporto más y lo tomó en brazos el pelirrojo al ser elevado enroscó sus piernas a la cadera del mayor. Y aferró sus brazos al cuello de su chico quien le miraba deseoso y le llevó a la habitación de ambos.
Al llegar colocó el delgado cuerpo de su novio sobre la cama y Eiichi se acomodó sobre él con cada una de sus rodillas a los costados de sus caderas. El castaño mientras le besaba sometía sus manos a aquella camiseta de Ittoki, se movía lento mientras el respirar de ambos chocaba en sus rostros.
-E…Eiichi…-Susurro Otoya de manera deseosa y con labios temblorosos. Todo su cuerpo quemaba.
Sus piernas temblaron al descubrir que aquellas manos acariciaban sus pectorales y los labios varoniles del de mirada violeta le besaban necesitados de más. -Hmmg. -gimió entre ambas bocas. Otori después de un momento separó sus labios para expresar con poco aliento.
-O-toya… Quiero que te sientas bien conmigo. -dicho esto bajo con besos por su cuello hasta posar sus labios en aquel lindo pezón rosa el cual degusto como si se tratara de la más dulce fruta.
- ¡Hm! -Ittoki tomó con sus manos aquel cabello castaño del cantante, mientras su chico se sacaba las gafas y devoraba de manera desesperada aquella piel dejando pequeñas marcas. Ittoki se encontraba tan tenso y excitado que no sintió que este ya sujetaba con sus manos el cierre de su pantalón y lentamente lo habría para acariciar aquel miembro del pelirrojo sobre su ropa interior. El rostro de Otoya se tornó pálido cuando aquello sucedió enseguida susurró.
-Eiichi no, por favor… Detente. - tomaba la prenda con ambas manos, mientras su mirada era suplicante. - Yo – yo no puedo…
El castaño al sentir como este retenía sus manos, impidiéndole ir más lejos confirmó que su chico no estaba listo o más bien a gusto cuando le tocaba de esta forma, lo que solo le hacía pensar que sus sospechas tal vez fueron ciertas, y en la infancia de su amado chico alguien intento hacerle daño de esta forma. Que un infeliz se atrevió a poner sus sucias manos sobre él y mancillar su cuerpo… ¿Qué otra cosa podría pensar si Otoya le miraba tan asustado?
-Lo siento, fui muy lejos- se disculpó apartándose del pelirrojo. No sabía cómo sentirse en se momento. Tenía mucho coraje con la vida misma, que solo ha hecho sufrir a un chico que no lo merecía, y por otra parte estaba triste de ser él quien siempre termine reavivando las pesadillas de su pasado. Además que el chico no quería contarle nada "Tal vez piensa que algo así me hará sentir decepcionado…Muy por el contrario, me hace querer atesorarte aún más".
-No tienes que disculparte, yo siento mucho no ser capaz de corresponderte de esta forma. Pero no me siento listo. - Se apresuro en decir, no quería hacer sentir mal Eiichi, pues lo deseaba de la misma forma. Pero no podía revelarle su secreto.
-Yo voy a esperarte lo que sea necesario- aseguró mirando fijamente sus hermosos ojos rubíes, y posando una de sus manos en la mejilla del chico se atrevió a preguntar. – Solo dime una cosa… ¿Alguien te hizo daño de esta forma cuando eras niño?
Tras aquella pregunta sus ojos de abrieron con asombro. "¿Es que Eiichi ha estado creyendo eso todo el tiempo? "Se pregunto lleno de culpa, sus acciones causaron que su castaño llegara a una conclusión que seguramente le causaba remordimientos. "Tonto, él piensa que fui violado… Seguramente se está sintiendo culpable al creer que me hace recordar cosas dolorosas" Sin poder evitarlo lagrimas comenzaron a caer de sus ojos. Esto es lo que había logrado por no ser capaz de confiar en el amor que Eiichi le profesaba, en creer que también lo abandonara al enterarse de lo raro que es. ¿Pero cómo no tener miedo, si es la persona que más ama en este mundo y tenía miedo de perderla?
-A mí no… Nadie lo ha hecho -inicio a explicar, pero ¿Qué seguía después? ¿Le diría la verdad, realmente lo haría?… No, es tan cobarde que no es capaz de hacerlo- Lo siento Eiichi.
El pelirrojo cubierto en lágrimas se dispuso a sentarse en el borde de la cama y en ese momento sintió como algo mojaba su trasero "Esto no puede estar pasando" Fue entonces que horror se asentó en su mirada. Gesto que obviamente alertó al de ojos violetas.
- ¿Otoya? - el mencionado halo las sábanas y las enroscó en su cintura. Eiichi se inquietó al ver que este tiraba de las sábanas en las que antes estaba sentado, le dejo partir, pero fue tras de él al notar el color rojo en las sábanas se asustó. - ¡Estas sangrando!
Al escuchar esas palabras todo en él se derrumbó. Sentía como todo su mundo se caía a pedazos. Y nuevamente la voz del rechazo lo atormento. Sin siquiera dedicarle una mirada a Eiichi corrió a ocultarse en el baño. Por lo que no conto con que este le impidiera cerrar la puerta.
- ¡Déjame solo! ¡Por favor! No quiero que me veas- le rogó entre lágrimas. Ya todo estaba acabo. Debió haber dejado que Eiichi se marchara el mismo día que llegó… Desde el principio nunca debió haberse enamorado tanto de él, no si todo iba a acabar de esta forma. - ¡Vete!
-No lo hare. -Rechazó el castaño forzándose a entrar al baño con Ittoki- ¡No te dejare solo nunca!
El pelirrojo, resignado dejo caer las sábanas al piso y dejaba ver aquel como un pequeño sangrado destilaba por sus muslos. Otoya, odiaba esos días en los que su periodo caía desmesurado y dado a que su fisionomía no estaba preparada. Él era presa de estos terribles accidentes. Eiichi agrado su mirada y descubrió como Otoya prendía la regadera y gritaba.
- ¡Sal de aquí por favor! - lo repitió sabiendo que sería inútil, ya de nada servía.
Otori estaba en silencio, no sabía como actuar ante la situación. Por primera vez su mente quedo en blanco por unos instantes, hasta que poco a poco cobro la compostura. Lo que se estaba suscitando era la raíz de todo, por qué Otoya es tan inseguro, por qué siempre tenía miedo, por qué se marchó sin decir nada… Sopesando la verdad, tras de todo no dudo en meterse a la bañera cuando vio como Otoya se metía sin quitarse ninguna prenda.
-Por favor Eiichi, te ensuciaras.
Otoya elevo una de sus manos y la colocó en su pecho, le observaba asustado, pero la vergüenza gano terreno; aquellos orbes rubíes agachaban la vista, Eiichi le abrazo sin pensarlo ambos recibían las gotas de agua y como estas escurrían por entre sus ropas, Otori después de un pequeño rato, junto su frente con la de Otoya. Y sin decir nada, solo acompañados por el ruido de aquella regadera fue quitándole la ropa a su pelirrojo, el cual ya no opuso resistencia de hecho él también coopero en silencio. Pues ya no había vuelta atrás, acepto que ya lo había descubierto y entonces… Ittoki no tenía más nada que perder… Muy tristemente se dio cuenta que esa no era como otras de sus pesadillas aquello era real, su rostro hizo una mueca de dolor y es que eso sentía su corazón. Sufría por lo que por mucho tiempo oculto fue descubierto por la persona que más amaba.
Eiichi acariciaba sus hombros para darle tranquilidad y seguridad no había por que llorar o tener miedo. Eiichi unió sus frentes donde sus cabellos se unieron bajo el manto del agua. Esos orbes violetas observaban fijamente los de su querido pelirrojo, Ittoki podía sentir aquella mirada penetrante en Otori. Sin sen capaz de soportarla por más tiempo, desvió su mirada hacia el piso, donde el agua rojiza parecía burlarse de él.
-Yo no... soy… como tú. -Hablo con esa voz rota y triste. - Yo… soy un fenómeno… No quería que lo supieras, y aun así no pude dejar de amarte.
Eiichi le admiro de pies a cabeza era cierto que era diferente pero, al apreciar su pecho sus piernas su miembro todo a excepción de que aquella zona, ambos eran idénticos tomó entre sus manos aquel rostro y dedicó un largo suspiro al tiempo que dijo. -Yo no veo la diferencia. - dicho esto sujeto su mentón con sus dedos lo elevó con calma obligando a Ittoki verle a los ojos en cuando eso sucedió Eiichi agrego. -Yo sólo veo a la persona que quiero, que amo y que respeto. - Acercó su rostro al de su pelirrojo el cual cerró sus ojos mientras que su castaño dedicó un beso más profundo que le dio fuerzas.
El miedo se fue lejos en aquel momento podía sentir como todos los malos pensamientos se esfumaban y como el terror de perder a la única persona que amaba fue cediendo, sólo podía sentirse pleno y aliviado bajo aquella regadera en la que el agua lavó sus cuerpos….
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Colgaba las ropas de Eiichi y las suyas en el tendedero, la noche era fresca y seguramente en el trascurso de esta se secaban. Ya finalizado el trabajo regreso al lado de Otori quien tenía puesta una camiseta suya y un pantalón deportivo, se encontraba sentado en el mismo sofá Otoya suspiro y se sentó a su lado ambos observaban a un punto en la pared, pero luego de un momento Eiichi habló.
-Viviste con esto desde que naciste…-Otori no podía creerlo, era simplemente increíble y tenso cuestiono. - ¿Entonces… puedes tener un periodo? - el exlíder asintió se encogió de hombros y el de gafas agrego. -Lo siento, te estoy incomodando.
-Eiichi, escucha… si decides romper lo que tenemos yo…-su garganta se cerraba no deseaba tener otra decepción.
-Es admirable, Otoya Ittoki. Cada vez logras maravillarme aún más. - dijo adueñándose de una de las manos el chico, la cual llevo hasta su boca para depositar un beso en ella. - Siempre he admirado tu fuerza, debí haberlo mencionado mucho antes.
- ¿Eh? -Cuestionó confundido.
-Siempre ha sido capaz de sobreponerte a todo, algo que yo no sabría hacer ni en un millón de años. Mi corazón no es tan fuerte como el tuyo. Sin embargo si crees que esto me alejara de ti, estas equivocado. - Dedicándole una sonrisa cargada con sus sentimientos más puros, lo rodeo con sus brazos, acunándolo en su pecho. -Ahora sé que debo protegerte…
Ittoki tras esa declaración del mayor, le fue imposible contener sus lágrimas, la cuales demostraban el alivio y felicidad de su corazón. Tanto tiempo temiendo por el rechazo de Eiichi al enterarse de su condición, le habían hecho olvidar que a veces el amor es mucho más fuerte que cualquier cosa.
-Gra…Gracias Eiichi. -el pequeño pelirrojo se aferraba de aquella camiseta, cerró sus ojos sintiendo el suave latir del corazón de Otori. – Gracias.
Eiichi acariciaba con dulzura los cabellos de su chico. Mientras que por fin comprendía por qué Shining lo había abandonado. Ese hombre era la peor escoria que alguna vez haya conocido, llego a ser tan cobarde que no fue capaz de hacerse responsable por su hijo. Ese hombre pudo haber tenido miedo, pero no justificaba ninguna de sus acciones. Y por cobarde perdió al ser más hermoso que alguna vez pudo tener en su vida, perdió la oportunidad de tener a un hijo, más luchador que cualquiera, con el corazón más hermoso que pueda existir. Sin embargo, agradecido estaba, porque ahora él como un verdadero hombre, se haría responsable de Otoya. Lo protegería de todo y de todos. Porque no es un cobarde que se asustaría por esto. El amor que sentía por el pelirrojo era más grande que cualquier cosa o peculiaridad, era como si realmente sus almas estuvieran atadas por el hilo del destino. Definitivamente era un afortunado por tenerlo a su lado.
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La mañana del domingo llego y ambos estaban dormidos en la cama Eiichi en sus sueños abrazaba al pelirrojo protectoramente a Otoya, quien al despertarse escuchó como tocaban la puerta de la casa, muy despacio se levantó de la cama. No quiso despertar a su querido castaño. Enseguida se movió en dirección de la entrada y abrió mientras se rascaba los ojos, a su frente estaba un cartero el cual susurró.
-Telegrama para el señor Otoya Ittoki.
-Soy yo…-aquel hombre uniformado le entregó el sobre y se fue con prisa sobre su bicicleta; mientras que el cerraba la puerta y abría aquel sobre con cuidado. Era impresionante que la gente en la actualidad utilizará esos medios tan antiguos, no obstante estaban en el campo donde no había líneas telefónicas.
Querido Otoya… Estoy feliz con mi amiga y creo que me quedaré unas semanas más por favor en mi ausencia, cuida mi hortaliza y mi casa, si necesitas dinero hay en un frasco de galletas en la alacena. Disfrútalo y lamento haberte dejado sólo es que tengo muchísimo tiempo sin verla.
Saludarme a ese guapo caballero.
Kanae Nanami.
Otoya suspiro y susurro. -Nanami… se suponía que Kanae, me cuidaría ahhh~…-suspiraba cuando de pronto escuchó.
- ¿Qué sucede Otoya?
- ¡Ah! ¡EIICHI!-Expuso mostrando el telegrama para que Otori lo leyera.
-Bueno eso significa que estamos atrapados en esta casa de campo, ¿Acaso no es genial?
- ¿Genial, atrapados? -inquirió. -No, no, tú debes regresar a Tokio.
- No, no. No te dejaré solo en este lugar volveré cuando Kanae este aquí… Además necesito vacaciones y es perfecto.
-Eiichi. -le llamó dibujando una sonrisa que iluminó sus orbes, Otori colocó sus manos sobre sus propias caderas y comenzó a reír exponiendo.
-Tenemos todo este campo para nosotros esto será divertido. -si lo ponía de esa manera a Otoya no le pareció tan mal… ¿Qué podía pasar?
Finalmente Eiichi lo sabe! Que duro fue tratar de decirle las cosas se que Otoyita tenia miedo pero lo que él no sabe es que el amor de Otori es enorme n.n
Espero les haya gustado 7u7 ya se viene lo ricolino xD
