Hola~~~
Bienvenidos a una nueva entrega, antes que nada feliz día del amor y la amistad atrasados.
Quiero darle las gracias a Wajiwaji que sin su caliosa colaboración esto no seria posible n.n
También a ti lector muchísimas gracias.
Bien es el capítulo que todos han estado esperando, sin más preámbulo que lo disfruten n.n
Quédate a mi lado.
By:
Aurora la maga.
"Almas gemelas"
Aquella semana paso con rapidez Eiichi y Otoya se habían acoplado a estar solos y encargarse del que hacer en aquella casa de campo. Otori en estos días aprendió lo básico de agricultura, Ittoki había sido un gran maestro.
Gracias al telegrama de Kanae, el joven guitarrista ojos de color rubí se empeñó a enseñarle lo primordial a su querido novio, esa mañana sacarían algunos vegetales de su fresca profundidad.
-Tienes que tomarlo firmemente, halarlo con suavidad y cortar algunas raíces… es fácil.-le explicó el pelirrojo, animado mostrándole cómo sus manos se movían ágiles, a Ittoki no le parecía difícil trabajar la tierra era cosa que el joven desde pequeño amaba, pues con su tía sembraron varias semillas de girasol. Mientras que para el pelirrojo era un truco no tan difícil, para el castaño era cosa del demonio.
Eiichi se encargaba de una de las hileras, los nabos serían su cosecha. Se propuso que ayudaría a Otoya, así que decidido, vistiendo ropas adecuadas para el trabajo junto con guantes, pues como era su primera vez trabajando la tierra, su muy atento novio le dijo que lo mejor es que los usara, porque un Idol no puede presentarse al público con las manos descuidadas.
El castaño se tronaba los dedos y expresaba.
-Esto no es difícil saldrá al primer tirón estoy seguro.-se alentó a sí mismo, tomando con firmeza el tallo y de un enorme jalón saco la mitad del nabo. En cuanto lo hizo, cayó de espaldas sobre las lechugas, llevándose la carretilla y lo que había en ella junto con él.
Otoya escuchó el escándalo y rápidamente se incorporó asomándose por sobre los tomatales. No logró contener su carcajada, al ver a su castaño destartalado sobre las lechugas con la carretilla de sombrero y los demás utensilios sobre su abdomen.
-¡Jajaja! ¡Eiichi!- Grito dejando lo que hacía y yendo a su lado. Le ayudó a quitandole la pala, el azadón, la escoba de encima. Y por último descubrió su cabeza de aquel carretón al verlo todo sucio y lleno de tierra suspiro diciendo.-Te dije que con suavidad.
Otori estaba avergonzado, pero orgulloso por haber sacado la mitad de aquella demoníaca verdura.-Al menos tengo un poco de él.
-Sí, pero destrozaste las lechugas.
-Te compensare.
Ittoki sonrió, dedico un beso a aquellos labios y pasó el dedo sobre el rostro del de mirada violeta susurrando.-Estas muy sucio.
-Soy un desastre y aun no saco mi primer nabo, bueno al menos uno entero.
-Jajaja ven déjame mostrarte de nuevo.-ánimo el pelirrojo invitándolo a acercarse al siguiente, ambos observaron las verdes hojas de aquel tallo parecía que el pobre nabo sudaba aterrorizado, no obstante la suave mano derecha de Ittoki se posó sobre la planta, la izquierda guió la mano de Eiichi sujetándola expresó.-Con firmeza… pero suave…
-¡Oh vaya!-expresó emocionado al ver como salía aquel blanco fruto de la tierra, otoya lo limpio y le colocó en la cesta que le había dado a Eiichi.
-¡Tu puedes, prométeme que serás el mejor!
-¡Te lo aseguro!
Pasado el bochorno Eiichi se esmero, al principio no salían perfectos pero el último , lo saco entero. Otoya aplaudía a pesar de ver a su chico lleno de lodo él estaba aprendiendo…
Al recordar aquello Ittoki ahora veía el presente y se constataba que Otori se volvió todo un profesional y perfeccionista en el arte de la agricultura, le costó tres días hacerlo pero finalmente dedujo que había sido de gran ayuda, Otoya entendió que él sólo no hubiese podido hacerlo, a pesar de todo el trabajo que realizan a diario los hizo conocer más, tanto del uno como del otro. Además de resolver los problemas, desconfianzas y miedos.
En esos luminosos días sanaron de tal manera que Ittoki se sentía nuevamente cómodo con la presencia de Eiichi por fin logró ser honesto y sincero. Ambos se dieron cuenta que aquel sentimiento supera todos los obstáculos que el pasado les trajo, en silencio cada uno notó que a pesar de todo parecían haber nacido para estar juntos aunque, la diferencia en personalidades era notoria, no cabía duda en que se complementaron la armonía, la felicidad, los sentimientos, las lágrimas y sensaciones, fortaleciendo su relación, al punto de llegar a sentir palpar ese maravilloso romance entre ellos.
Otori cada vez que miraba a Otoya, podía sentir ese cosquilleo en su estómago, él estaba seguro que su padre aceptaría a ese chico el cual no se parecía ni un poco a Shining Saotome.
En cuanto a Otoya, durante estos maravilloso días junto al hombre de su vida, se dio cuenta que el amor que sentía por él no era algo de lo que se pudiera deshacer a su antojo, de hecho se enamoraba cada vez más del castaño, pero la diferencia es que ahora el miedo a que lo rechazará ya no existía. Eiichi aceptó esa parte que tanto odiaba de sí mismo, gracias a él por primera vez sintió que su cuerpo no era algo horrible, incluso ahora al recordarlo podía sonreír. Realmente Eiichi era una persona maravillosa, es un chico, comprometido, bondadoso, amable, atento… y mucho más. Otoya se sentía afortunado de tenerlo en su vida. "No puedo creer que haya sido tan tonto de siquiera pensar en olvidarme de ti." se decía Ittoki mientras repasaba los sucesos de los últimos días. "Eiichi, eres cálido, comprensivo y tus ojos me ven con tanta devoción y amor que todavía no puedo entenderlo… ¿Por qué me elegiste a mi?"
La oscura habitación era su confidente, mientras recordaba todo lo ocurrido, se deleitaba con el perfil del rostro de su enamorado el cual estaba cansado por todo el trabajo y terminó dormido antes de darse cuenta. Otoya le miraba con tanto anhelo, aun se preguntaba si en verdad estaba ahí, acarició sus labios hasta que finalmente le dedico un beso susurrando.
-Aún ahora me pregunto ¿Qué más necesitamos para ser felices?- se arropó entre las sábanas y se abrazó a su pecho, aunque claro que sabía lo que necesitaban: una muestra de amor que solo dos almas enamoradas podían demostrar, aquel hechizo mágico que solo dos pueden profesar…
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8+8+8+8+
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Un nuevo día resurgió y en este en particular…
Estaba animado puesto que era un clima espectacular el sol brillaba y el ambiente parecía estar seco. Era una mañana de sábado hermosa finalmente hace unos cuantos ayeres Otoya se alivio de varios dolores, había curado todo este tiempo su corazón y sentir, además de haber pasado tiempo con su querido oji violeta el cual le hizo sentir deseado, sexy y hermoso en cualquier momento que podía.
Se sentía amado y el otro también, las cosas parecían ir tan bien que el recuerdo de su doloroso pasado se borró por completo, además de olvidarse de Shining. En ese momento sólo quería sentirse conectado con Otori Eiichi.
El cual se había levantado muy temprano también para hablar con su querido hermano por teléfono. El joven de gafas caminaba por la sala sin camisa sólo un pantalón deportivo. Mostrando su abdomen, pectorales y espalda. Para Otoya no era la primera vez que le veía así, sin embargo, lograba ponerle tenso en cada ocasión. El chico tenía músculos bien definidos y daban el aspecto de ser firmes, pero suaves a la vez. Desde que se habían revelado los secretos no había momento en que ambos no demostraran su cariño con besos, además de ciertos roces casuales, Ittoki aun se sonrojaba con lo de ayer por la noche se había arriesgado a dormir sujeto al pecho desnudo de Eiichi, pues aún no se atrevía a tocar el cuerpo del contrario más que eso, al menos no por su propia iniciativa.
No sabía cómo ni en qué momento, volvió a sentir aquello que en el inicio de su relación lo inquietaba en cada beso que Otori le dedicó, aquel descontrolado deseo había crecido aún más en él, o más bien… entre los dos. No existía momento en que ambos no se observaran con anhelo y esa fue la situación en esa mañana. Con ittoki sentado en el comedor mientras comía una manzana, observando a su chico hablar con su hermano.
-Eiiji…. -Expresó su novio al teléfono.-Por favor… Sólo explícale que estoy en una situación que requiere toda mi atención… Se que lo entenderá… dile que le compensaré después.-Su voz era suave demostrando calma, estaba a mitad de aquella llamada hasta que se giró y descubrió aquella mirada sobre su persona. Solo el pelirrojo lograba sonrojarlo de esa manera, nervioso decidió concluir la llamada.-Me comunicare después… dile a Raging que regresare en cuanto pueda… Te quiero, saluda a los demás y por favor no digas nada.-cortó la llamada y con calma se acercó a su chico al cual saludo.
-Buenos días… ¿Podría decirme cuál es su nombre y porque me ve así?-Ittoki soltó a reír una sonrisa real y cálida que causó que Eiichi también dibujara una sonrisa más. Sin duda aquella linda expresión ya no tenía máscaras en el exlíder de Starish a quien se acercó y besó con real amor.
Las horas transcurrieron rápido, desayunaron y se dedicaron a hacer los mandatos y arreglos que Kanae le indico a Otoya, ambos coincidían que aquella semana llena de situaciones hogareñas privacidad y tranquilidad les sirvió recuperar todo el tiempo perdido.
-¡Ah!- se quejaba Otoya siendo rociado por el agua que Eiichi esparcía sobre los vegetales mientras que su rojito exponía .-Basta…está helada.-Ittoki lanzó un trozo de lodo al rostro del oji violeta el cual se acercó con los lentes sucios y le abrazo por la cintura mientras su chico manchaba con sus dedos su mejillas pero también limpiaba sus gafas.
-Te has portado mal.-Susurro Eiichi besándole de manera que Otoya perdió el aliento y tomando el cuello de su castaño entre sus brazos incremento aquellos besos que los fueron descontrolando; sin embargo Ittoki logró contenerse.
-Eiichi… -Le llamó inquieto, sonrojado y observando a un costado.-¿Por qué no vamos a bañarnos y caminamos un rato?-terminó cuestionando para eliminar aquella tensión todavía le daba mucha pena y nervios pensar que las cosas se pudieran transformar en algo que ambos con profundo deseo querían.
Comprendiendo su nerviosismo Eiichi dibujó una sonrisa cuestionando.-¿Quieres ir más lejos que ayer?
-Sí…-respondió con suavidad el pelirrojo.
Ambos se movieron hacia a dentro con cuidado de no ensuciar nada. Ittoki aunque estaba nervioso, decidió, luchando contra sus pensamientos de ser más abierto y accesible con el castaño, tomó la mano de Eiichi y lo llevó hasta la habitación en donde se quitaron la ropa de trabajo la cual era un pantalón tradicional y una yukata… ambas prendas fueron más cómodas a la hora de trabajar en la hortaliza.
Los dos ya desnudos entraron a la ducha. Es tanto el amor que se tienen, que la confianza se fue solidificando entre los dos, para el pelirrojo ya no era un problema bañarse juntos.
-¿Ya no es roja?-cuestiono curioso el pelicastaño.
Otoya dibujó una sonrisa y exponía con real calma.-Ya te lo dije… se ha ido.
-¿Cuándo regresa?
-Cuando sea fin de mes… siempre he sido exacto nunca cambia.-se acariciaba con esponjas y jabón.
Eiichi lavaba la espalda de su pelirrojo, sin ir más allá de ese sitio. No estaba en su mente explorar el cuerpo de su amante sin que este lo deseara. Y aunque se conocían ya de manera íntima, no era suficiente para traspasar la línea aún.
Luego de unos minutos ellos salieron de la ducha se cambiaron con ropas más cómodas y frescas, pantalones de jeans y camisetas. Además de unas chaquetas de tela delgada, por si el clima se ponía fresco. Tras dejar la casa, observaban las colinas y los árboles dispersos. Caminaban a paso lento, disfrutando de lo acogedor de ese gran prado del que kanae era dueña. Entrelazaron sus manos con calidez, siguiendo más allá del camino de tierra que ya conocían.
-Es tan delicada la vida… su curso y el ciclo de esta.-expresó Eiichi con suavidad. Contemplando la danza de la naturaleza ante sus ojos.
-Si, lo es… .-Susurró el pelirrojo, mientras caminaban la memoria de su tía llegó a sus pensamientos enseguida añadió.-Cuando era muy pequeño caminaba con mi tía… Ella siempre me tomaba de la mano y me mostraba lo importante que éramos todos en este mundo… Desde la más pequeña hormiga hasta un gran oso...
-Me hubiese gustado conocerla.- Expuso el de gafas, agachando su mirada mientras Otoya le observaba.
-Eiichi, para mi hubiese sido hermoso que la conocieras.-La sinceridad estaba en cada palabra. Se quedaron en silencio por un momento hasta que Otoya un poco nervioso cuestionó.-Eiichi, ¿Puedo preguntar… qué sucedió con tu madre?
Otori le observo un poco sorprendido luego su expresión fue de nostalgia observó al frente, tomando un largo suspiro respondió.
-Bueno…-Otoya tomó sus manos acariciándolas entre sus dedos luego se dispuso a escucharle.-Mi madre…-expresó orgulloso haciendo que sus ojos brillarán con intensidad. -Ella era calculadora, con carácter fuerte siempre nos educó con la intención de ser niños fuertes y de bien…-emitió una sonrisa cariñosa al recordarla.
-¿Cómo se llamaba?
-Yumiko.-respondió observando a su pelirrojo al tiempo que agregó.-Ella murió cuando yo tenía 12….
-Eiichi…-susurro el pelirrojo con un tono triste.
-No te preocupes mi madre fue una persona a quien admirare siempre, logró superar muchas dificultades entre ellas la terquedad y tonterías de Raging.-expuso orgulloso.-Cuando ella estaba en sus últimos días, Eiiji y yo le hicimos una promesa…-hizo una a pausa.
-¿Cuál es esa?
-Prometimos nunca recordarla con tristeza… -Susurró tranquilo observando a Otoya con una expresión pacífica y aunque él no se permitía sentir tristeza esa mirada opaca se podía notar en sus orbes violetas, Ittoki entrelazo sus dedos apretando con más fuerza los de Eiichi.
-Que fuertes son ustedes….-elevó su rostro observando el cielo azul con nubarrones al fondo de este.-Quisiera tener ese temple…-Otori se detuvo enseguida negó y tomando su barbilla le observó con un gesto preocupado.
-No eres débil, para nosotros no fue fácil tratar de cumplir esa promesa, Eiiji trata de ser fuerte con la música, su lectura y sus pasatiempos y yo…-expuso con calma.-comencé a manejar para distraerme y cumplir su promesa.
-Ahora recuerdo… lo que dijiste aquella primera cita.-Otori dibujó una sonrisa y asintió.
-Así es… a eso me refería- Otoya admiraba mucho más a su querido Eiichi se aventuró a acariciar sus cabellos mientras el otro tomaba su mano y la besaba al tiempo que agregaba.-He tratado de cuidar a mi hermano y seguir las enseñanzas de mi madre. Al tener a un padre loco como Raging… debes comprender que debimos sobrevivir y sobresalir en todo. Aunque el genio siempre fue Eiiji yo soy un cero a la izquierda.
-Jajaja, No digas eso, los panqueques de la otra vez estuvieron bien. Y un nabo de 10 destrozados esta perfecto jajaja.
Eiichi sonreía -La señora Kanae me matará.- otoya soltó a reír más mientras que sus orbes violetas apreciaba aquella bella expresión en Otoya sin duda amaba verlo feliz.
Siguieron su camino y se les hizo ameno el hablar del pasado al tiempo que disfrutaban de la caminata admirando la naturaleza.
-Algún día… -Interrumpió el guitarrista.-Cuando regrese a Tokio quiero mostrarte el campo de girasoles…
Eiichi observó a Otoya con una expresión sorprendida ante conocer que el joven quería compartir ese sitio tan significativo con su persona, ante esto él entonces dijo.-Es una promesa, pero también quiero que cuando regreses a Tokio vengas conmigo a ver a Raging.
Otoya se detuvo, la sorpresa se dibujó en su rostro observo a su castaño de manera pálida y afligida, sus orbes rubíes demostraban confusión y miedo al mismo tiempo, pues se preguntaba si él castaño realmente hablaba en serio.
-Eiichi.-exclamó sorprendido.-¿Estás seguro?
-¿Lo prometes?-cuestionó tomando sus manos y observándolo de manera anhelante.
¿Cómo decirle que no a esos ojos suplicantes? Pero aunque aquella propuesta le haya causado miedo, también le brindó alegría pues jamás pensó que Eiichi lo presentaría de manera formal a Raging, no quería imaginar cómo saldría aquella futura reunión, pero sí para su castaño eso era importante entonces lo haría sin chistar.
- Sí, está bien… Te lo prometo.-Respondió Ittoki animado. Otori, dibujo una bella sonrisa y luego observaron el sitio en el que se habían detenido. Se encontraban en medio de un túnel de árboles, ambos sintieron el viento acariciar sus cabellos además de sus rostros. Parecía que la brisa acariciaba ese sentimiento llamado amor que existía entre los dos. Y cada uno lo podía notar en los ojos contrarios.
-Y yo.-añadió Eiichi a aquel ligero silencio.- Prometo que iré contigo cuando decidas regresar.-afirmó el castaño, ante la propuesta hecha por Otoya.
-Esta bien.-El pelirrojo de verdad que no comprendía de dónde salió el deseo de Eiichi por presentarlo a su padre sin embargo; Ittoki expresó.-Eiichi también quiero saber… Si después de todo aún está en pie la propuesta de vivir juntos, me gustaría hacerlo.- Eiichi enseguida le tomó en brazos, abrazándolo lleno de alegría.
-¡De verdad!- gritó el castaño sin disimular su emoción. Otoya le dedicaba una dulce mirada, que confirmaba sus palabras. Estaba dando un paso enorme, vivir con Eiichi en un apartamento ¿Sería lo correcto? Se preguntó sin embargo al notar lo emocionado que estaba Otori, decidió que era la mejor decisión para que su vida adquiriera un nuevo rumbo.
Cuándo llegaron a una pequeña colina, descubrieron como varias nubes negras se movían deprisa hacia ellos.
-Creo que deberíamos volver.-Otoya susurro.
Eiichi no era bueno pronosticando el tiempo pero así como el viento soplaba él dedujo que no lograrían regresar a tiempo.
-Para entonces la tormenta nos alcanzará, es mejor que busquemos un lugar donde resguardarnos.-expresó mientras descubrían que el viento comenzó a mover las nubes con más prisa.
Regresaron por donde venían ya que antes de llegar a aquel lugar ellos habían visto un granero y fueron a este para poder resguardarse del agua, cuando estuvieron al frente se dieron cuenta que al parecer casi nadie llegaba a ese lugar, las hierbas y algunos girasoles rodeaban la propiedad apoderandose de este, Otoya estaba emocionado nunca había estado dentro de un sitio como ese. Se encontraba atraído ante aquella aventura. Mientras que Eiichi inspeccionaba la entrada del lugar. Aparentemente no habían indicios de vida, ni de haber sido usado en mucho tiempo.
-Parece una bodega- acotó el pelirrojo - ¿Estará abandonada?
-Veamos si podemos entrar.-indicó el castaño mientras se sacaba la chaqueta y cubría a Otoya, pues la lluvia se apresuró tal como se lo esperaba y en unos minutos más seguro que caía con mayor fuerza.
A Eiichi le costó trabajo forzar la entrada, no obstante, luego de varios intentos por fin Otori logró forzar la cerradura.
-Rápido entra Otoya. Se nos cae el cielo encima.- le pidió haciéndole pasar rápidamente, no deseaba que su novio, cogiera un resfriado. Ya que Otoya estaba empapado casi por completo y no se diga de Eiichi; definitivamente era una tormenta causada por la humedad del ambiente.
Ya adentro el de ojos rubíes, observaba aquel lugar con suma atención efectivamente era una bodega con, fardos de paja quizás para alimentar a los animales de las casas aledañas y algunas herramientas en buen estado. Lo que le hizo pensar que tal vez aún la gente iba de vez en cuando.
-No deberíamos estar aquí. - susurró, mostrándose preocupado
-Descuida mi amor, sólo dejaremos que pase la tormenta y nos iremos.- expresó Eiichi quitándose los lentes intentando secarlos con las pocas zonas secas de su ropa.
Transcurrieron varios minutos en los que aquella tormenta parecía no querer irse y dado a que se intensificó, Otoya se angustió no quería pasar la noche ahí pues, además de estar en un lugar privado, y algo retirados de la casa de kanae, estaba sintiendo mucho frío. El pelirrojo trataba de coger calor acariciándo sus brazos, deseando que la fricción sea suficiente para calentarse. Otori al verle sonrió ampliamente, y manteniendo esa expresión se acercó a su chico abrazándolo con ternura.
-Ven… acurruquémonos juntos- sugirió, mientras extendía las chaquetas de ambos sobre la paja. Donde se acomodaron uno al lado del otro. Eiichi sin dejar de abrazar al pelirrojo, puso atención a lo que era una de las tormentas más fuertes que alguna vez haya presenciado, pero con Otoya a su lado, no le parecía la gran cosa. Pues más fascinante era ver y sentir como su pelirrojo se estremecía en sus brazos en busca de su calor.
El silencio se instaló dentro de aquella bodega, más no en sus corazones que palpitaban casi al unísono, al sentirse tan cerca el uno del otro. El nerviosismo estaba a flor de piel. Ambos sentían que el ambiente lentamente fue volviéndose más íntimo, más romántico. Otoya inquieto por ese hecho, se removió incómodo en su sitio, estremeciendo de paso a su compañero. El castaño carraspeó desviando su atención hacia una de las pequeñas ventanas de esa estructura. Acción inútil tras tener ya grabada en su mente como la traviesa playera se ceñía al cuerpo del menor. Tentandole de tal manera que sus ojos por voluntad propia regresaban su vista hacia él. Le era tan difícil controlarse, lo hacía cada vez que lo besaba, cada vez que lo abrazaba… pero para su corazón ya no parecía ser suficiente. Este se moría por tocar a Otoya, por besarlo sin miramientos, por sentir su piel, por darle su alma por completo.
Y el pelirrojo por su parte podía sentir los ojos violetas que con ansiedad se posaban sobre si. Su corazón latía más rápido que nunca. Desbocado como jamás lo imaginó. Un dulce calor recorría su cuerpo hasta alojarse en su vientre, doliendo placenteramente. Sensación que solo se presentaba cuando Eiichi estaba con él… y ya sabía muy bien a lo que se debía. "¿Qué hago…? estamos solos y con esta sensación que hace temblar mi cuerpo y mi corazón…" se decía a sí mismo, llegando a la conclusión que muchas veces intentó negar y que ahora, razones para evitarlo no existían. " Yo lo deseo" determinó, olvidándose de la vergüenza y el miedo que alguna vez sintió, elevó su rostro y observó los ojos de Eiichi, ese violeta que estremecía cada fibra de su ser.
Eiichi se movió despacio, con mucha calma sujeto la mejilla de Otoya, sumido en sus propios pensamientos sin darse cuenta de la sutil invitación en los ojos de su novio. Solo se dejaba llevar por sus deseos, rogando porque esta vez el pelirrojo no lo apartará. Lentamente y con delicadeza le besó, uniendo sus labios en una tímida caricia. Sin apartarse cerró sus ojos esperando una negación de su parte, la cual no llegó. Que Otoya correspondiera aquel beso, bastó para que devorara aquellos deliciosos labios. El calor se propagó por su cuerpo. Guiado por la pasión que por mucho yació reprimida en su interior, sin darse cuenta se hallaba besando al menor con vehemencia a la vez que le recostaba de espaldas contra la paja. Cada beso fue haciéndose más intenso hasta el punto en que ambos en silencio acordaron entregarse en cuerpo y alma.
Otoya no podía pensar en nada. Su mente estaba llena por las caricias de Eiichi, que descendían desde su pecho hasta sus caderas, las que involuntariamente ceñía contra el mayor haciéndole reprimir gemidos entre sus bocas. Itokki rodeo la ancha espalda de su amante sin dejar de corresponder aquellos besos tan eróticos que Eiichi le daba, donde sus lenguas se acariciaban con frenesí y sus salivas se mezclaban en una sola. Sin embargo, el pelirrojo no era el único que experimentaba deliciosos estremecimientos, el de gafas se sentía de igual forma. En cada uno de sus movimientos la excitación junto con el nerviosismo eran partícipes.
Ninguno podía pensar en otra cosa más que en el contrario. Sus cuerpos ahora temblaban bajo la pasión que desde hace mucho tiempo había surgido entre los dos, tomando el control totalmente de sus acciones.
Eiichi se sostuvo con uno de sus codos a un lado de la cabeza del pelirrojo, apreció el dulce rostro de su pareja que era bañado por un tentador carmín que le incitaba a ir más lejos y probar su piel. Conocer a un Otoya que nadie más que él podría. Y con eso en mente su otra mano comenzó a subir camiseta que desde haber entrado a allí suplicaba por ser quitada. Con lentitud subió la prenda, se sentía titubeante de continuar, pues no era la primera vez que hacía un movimiento de este tipo con su pelirrojo y cada vez solo terminaba asustandolo "¿Estará bien que siga?… ¿Puedo seguir?" pensaba inquieto sin poder formular esas preguntas a su chico. "Otoya no quiero lastimarte, si tan solo me dieras una señal de que también lo quieres…" y como si estuviera leyendo sus pensamientos, el de ojos rojos, rodeo su cuello en un abrazo consintiendo su silenciosa petición con un beso que poco a poco fue intensificando.
Se alejó jadeante de sus labios, mientras observaba el rostro de Eiichi quien estaba sonriendo con timidez y los pómulos colorados de rosa. Sus ojos violetas demostraban la plenitud que sentía. "Fui tan tonto por haberte apartado tantas veces." Se reprochaba duramente, pues esa mirada le decía muy bien que no solo le había negado caricias, sino también una parte de felicidad "Yo siempre he querido ser tuyo, no tienes que detenerte está vez" eran los pensamientos que acompañaban sus acciones, lo que había detrás de los besos que le daba.
Eiichi, comprendió completamente lo que su pareja le expresaba. Las palabras sobraban en aquella muestra de amor. Correspondía sus besos con dulces caricias. Saboreaba la piel de su pecho como muchas veces lo hizo, más no pudo conocer por completo su sabor. El pelirrojo, enterraba sus manos en los cabellos del mayor que lamía y succionaba uno de pezones con esmero, y con los dedos acariciaba el otro.
-aaahh, Eiichi… -gimió su nombre ante la placentera sensación que éste brindaba en sus pezones. Con oír aquella seductora voz, la excitación en el mayor crecía desmedida. Necesitaba que su pelirrojo lo sintiera tanto como él.
La única que sería testigo de aquel momento era la dura tormenta, que se negaba a retirarse ofreciéndoles tiempo de sobra para demostrar con sus cuerpos lo que ya muchas veces, con miradas y palabras de amor habían expresado. En tal punto se estremecieron al sentir sus entrepiernas encontrarse, sintiendo el calor que en ambos existía. Compartían el deseo apasionante de ser uno.
-Amor…-se elevó mirando a los ojos de su amante y confesó- Desde el fondo de mi corazón, quiero que sepas que jamás ame a alguien como lo hago contigo…
-Eiichi…-una vez más le permitía hundir sus labios en su boca y volverlo desquiciadamente loco. "Esto es todo… no puedo más, quiero ser tomado por Eiichi… por favor, hazme tuyo." pensaba invadido por la pasión y excitación. Ansioso ante aquellos besos profundos y caricias llenas de amor. - … Yo también te amo, con todo mi corazón.
Ittoki emitió un jadeo entre los labios de su castaño, desatando en este el incontrolable deseo de hacerlo completamente suyo. Eiichi se movió acomodándose entre las piernas de su pelirrojo mientras este le sacaba las gafas y de manera temblorosa su camiseta. Otoya sentía que no podía más con ese calor que humedecía su parte femenina y el deseo de sentirlo dentro. De conocer la sensación de ser penetrado por el castaño y hacer el amor con él. Anhelaba estar unido a su alma gemela.
Las caricias que dedicaban el uno al otro eran suaves y tímidas, pero a la vez firmes y decididas. Con temblores desconcertantes retiraban la poca ropa que aún les quedaba puesta. Otoya alzó sus caderas facilitándole a Eiichi el desvestirlo. Completamente desnudo ante el castaño, comenzó a sentirse avergonzado. Su intimidad estaba expuesta ante el chico que amaba, se sintió aliviado al ver que la mirada deseosa del mayor no cambio al verlo desnudo. El castaño observaba con fascinación a su chico, que tenía mejillas sonrojadas e intentaba ocultar su vergüenza con las manos. Acción que comprendía muy bien, pues le estaba enseñando su cuerpo por completo, ese que seguramente por muchos años repudio y ahora le permitía apreciar, aguantando el pudor que le provocaba. Conmovido por ello, el castaño le abrazó con dulzura. Se sentía tan feliz por ser el elegido en pasar el resto de su vida con ese maravilloso chico, poco importaba cómo fuera su cuerpo cuando tenía un alma tan maravillosa.
-Eres hermoso.-Susurro el castaño y con mucha calma besó sus labios mientras bajaba por su cuello, dejando un camino de besos hasta su abdomen y sus manos, sin perder el tiempo acariciaban los muslos del menor. Ittoki temblaba debajo del chico, cerraba sus ojos entregándose a las caricias de su pareja. -Otoya… -El cálido jadeo al decir su nombre lo estremeció, tanto que le observo totalmente embriagado lleno de excitación, en tanto Eiichi rápidamente hizo voz a sus pensamientos.- ¿Estará bien?- y es que Otori aunque deseaba poseerlo quería estar seguro que su chico le aceptará, asegurarse que sintiera lo mismo que él. No quería presionarlo, era su persona más amada y eso significaba que no le obligaría a algo a lo cual su pelirrojo no estaba preparado. Otoya era a quien cuidaría como a su propia vida y si esperar hasta que estuvieran más consientes y seguros era el caso lo haría.
Eiichi aguardaba por aquella respuesta mientras aún con la punta de sus dedos tocaba la piel de Otoya, se deleitaba con el rostro de su pequeño el cual estaba rojo casi igualando el tono de su cabello. Sus párpados estaban entre cerrados enseguida su respuesta vino.
-S-Si…- declaró tomando una de las manos del ojivioleta, la que guió a su intimidad y pidió- Eiichi yo… quiero amarte y que me ames también.- El pelirrojo se sorprendió, por cómo fue capaz de decir aquellas vergonzosas palabras sin ningún tipo de titubeo. Pero… tenía que decirlas, hacer sentir seguro a Eiichi tras todos los rechazos que le había dado. El merecía que fuera sincero y le expresara que también deseaba lo mismo.
El corazón de Eiichi comenzó a latir como loco luego de oír como Otoya le aseguraba que estaba bien continuar. Con delicadeza envolvió el miembro de Otoya en su mano, acariciando el contorno de este y con cuidado descendió más allá de la base. Tocó con sus dedos aquella zona que el pelirrojo oculto con recelo por largo tiempo y que ahora era explorada por él. Otoya cerró sus ojos, ahogando suaves gemidos al sentir como las yemas de los dedos de su amante incursionaban en su vagina, que se humedecía más y más. Ansioso separó sus piernas para comodidad de ambos. La excitación en el mayor no dejaba de presionar su miembro que aún aguardaba bajo sus pantalones. Quería entrar en Itokki, en ese mismo momento mucho tiempo habían perdido ya, sin embargo, por más excitado que se sintiera, no sería rudo con su amado pelirrojo, además que lo que más le importaba ahora era hacerlo sentir bien, que aceptara la unión de sus cuerpos con naturalidad.
Lentamente y aprovechando la lubricación propia de aquella zona, inicio a introducir uno de sus dedos, deleitándose con lo cálido que se sentía y lo suave que era su interior.
-¡Ahh! ¡Eiichi! -Jadeo su nombre cuando una oleada de placer surgió desde su abdomen. No podía creer lo bien que se sentía aquella caricia en su zona genital. En lo placentero que era sentir como los dedos de Eiichi se deslizan hacia su interior sin ningún tipo de dificultad.
-Otoya… por favor dime que hago.- inquirió preocupado pues en sus pensamientos se vivía una lucha, ¿Qué lugar era el indicado para unirse a su alma gemela? Sentía el inmenso deseo de reemplazar sus dedos por su pene. Sin embargo no sabía si sería lo correcto para el pelirrojo, tal vez sería ir muy lejos si hacia eso, y aunque pensara eso con su mano libre desabrochaba sus pantalones liberando su miembro.
-Eiichi…-Llamó desesperado, mientras este retiraba sus dedos de él, quedando un grato palpitar en su interior. Indicándole que eso no era suficiente- Yo, no lo se.
-No quiero lastimarte… es mi primera vez y no sé …
-La mía también. - dijo Ittoki tomando su rostro entre sus manos y acarició sus mejillas dedicando una encantadora sonrisa.
Con calma Otori se acomodó de entre sus piernas y con sumo cuidado observaba a su chico. El pelirrojo podía ver la interrogante en las pupilas de su pareja. Conocía muy bien a Eiichi para darse cuenta de que estaba preocupado por él, en no hacerlo sentir incómodo. Observó el pecho desnudo del castaño hasta fijar la vista en el duro y erecto pene, que se erguía frente a él. A su mente llegó el recuerdo de la noche en la que desvergonzadamente había probado ese glande, lamiéndolo y succionándolo a su antojo y lo mucho que quiso tenerlo dentro aquel día. Se irguió apoyándose con su codo y acarició al castaño con su mano desde el pecho hasta su el pene al cual guío y susurró con suma calma.-Ha-Hazlo aquí…-Expresó nervioso posicionando la punta aquel pene en su parte femenina.-Eiichi…-Trago grueso, estaba asustado pero también ansioso, jamás había sentido tal deseo sexual hasta que conoció los besos y caricias de Otori, el nerviosismo y la excitación le hicieron pedir…- Por favor… no me hagas esperar más… Qui-Quiero ser uno contigo. Con mi alma gemela.
Ya no había dudas, se entregarían ambos, se unirían en cuerpo y alma. El castaño tomó la mano derecha de Ittoki y la colocó sobre su cabeza entrelazando sus dedos. Busco sus labios y mientras lo besaba presiono la entrada de Otoya. Su pene se deslizó lentamente en aquella cavidad que lo envolvía con aquel elixir que Otoya derramaba. Su pelirrojo flexionó sus piernas, mientras se aferraba con su otro brazo al hombro de Otori.
-¡Hmg!-Aquella sensación era dolorosa, pero también placentera una mezcla tan intensa que le nublaba la vista.
Otori arrugaba las cejas al sentir las paredes de aquella húmeda y tibia cavidad apretar su falo. Era demasiado placentero. Entreabrió sus ojos y descubrió que el rostro de su pequeño formaba una mueca de dolor. Ittoki estaba con los ojos cerrados y el castaño al admirar ese rostro apretó con fuerza los dedos en la mano de Otoya; aquella lenta y cuidadosa penetración causaba que el guitarrista arqueara su espalda e hiciera su cabeza hacia atrás jadeando con fuerza. Eiichi aprovechó aquello para besar su cuello.
-¡Ahm!-Los gemidos provenientes de Otoya se hacían más roncos y tiernos al mismo tiempo que de la respiración de este se aceleraba. Eiichi observaba toda expresión en su pelirrojo. Era una explosión de pasión y lujuria, que le tenía fascinado. Le admiraba con tanta curiosidad que le pareció ser un pervertido, sin embargo, mientras se introducía más y más cuestionaba con dificultad.
-O-Otoya… hm, ¿E-estas bien?
Ambos respiraba acelerados con los ojos cerrados Ittoki asentía, él podía sentir cómo se unían poco a poco; Eiichi trago grueso mientras que el pelirrojo apretó las cejas, lograba sentir dolor pero también algo cálido y grande que se introducía cada vez más profundo en su feminidad. Cuando el castaño introdujo casi por completo su miembro, se mantuvo quieto esperando a que Otoya se acostumbrara, sin embargo el dolor no abandonaba el rostro del chico.
-Otoya…-Llamaba con la respiración agitada y el corazón palpitando de prisa. Además de aquel insano placer en su miembro que amenazaba con llegar al orgasmo cuando menos se lo esperaba, Eiichi trago grueso y concreto la frase cuestionando de nuevo- ¿Estás bien? ¿Te duele? Dime… por favor.
-Yo… hm.-no podía decir nada estaba aterrado y también sumamente excitado, sentía como la hombría de su querido Otori palpitaba en su interior, Eiichi en cambio le brindaba el tiempo para que lograra acostumbrarse a su magnitud. Luego de unos minutos en los cuales escucharon como la lluvia arreciaba fuera, Otoya liberaba su mano de la de Eiichi y se aferraba al cuello de este jadeando y susurrando.-E…estoy bien, estoy bien.-Besaba su cuello y buscaba sus labios los cuales acarició con los suyos propios y jadeaba ancioso.-Ahh, por favor… mu-muévete.
Aquello dicho por su novio, le excito al punto que junto sus labios con los de su amado ojirubí, mientras con mucha calma apartaba su miembro de aquel lugar, se introducía nuevamente, percibiendo lo tibio, lo intensamente angosto y recientemente delicioso que era ese sitio.
Otoya se acomodó a la grandeza de Eiichi y entre jadeos y besos ambos iniciaron un baile de amor, donde sus almas se conectaban profundamente en el contrario. Estaban sintiendo el placer de hacer el amor.
El frío se esfumó y el calor que ambos cuerpos propinaban fue suficiente para que ellos se olvidarán de lo que sucedía afuera. Eiichi se elevó observando el hermoso cuerpo de su chico, acarició los pectorales y luego con mucha calma tomó el miembro de su amante para acariciarle.
-¡Ah!- Gimio Otoya temblando mientras apretaba las caderas de Eiichi con sus rodillas.-Eiichi… ahm ah….-Gemía causando que el mencionado se estremeciera al punto de sentir que llegaría al orgasmo.
Quería amarlo como siempre lo deseo y ahora que eran uno sólo decidió brindarle placer de maneras intensas. Se movía lento y Otoya moría de deseo confesando. -Hmmg…. Eiichi ¡Aah!… por favor más… más rápido. - el castaño mordió su labio inferior y así cumplió el capricho de su chico mientras jadeaba con fuerza. Tomó a Ittoki de sus caderas brindándole embestidas rápidas y profundas.
El ex líder de Starish estaba envuelto en tanto placer y deseo que tomando aquel collar en el cuello del castaño le hizo agachar a su nivel para besarle mientras que Eiichi le embestía una y otra vez hasta que por fin ambos cuerpos no podían más… ambos gimieron entre sus labios rápidamente Otoya confesó. -¡Ei… Eiichi ah, ahh… se siente muy bien.-Estaba perdiendo el poco control que mantenía en su cabeza- Eiichi te amo.
-Otoya…-Llamó totalmente excitado y desenfrenado, quería abrazarlo pero tampoco quería perderse la expresión de su pelirrojo al correrse; así que como pudo lo tomo por la cintura y se hizo hacía atrás para sentarse y sin separarse de Otoya le invitó a sentarse sobre su pelvis. Ittoki sintió que el pene de Eiichi se introdujo aún más en él al punto de provocar un espasmo en su zona femenina que se presentó de la nada, aquello le hizo apretar las rodillas que estaban sobre la paja a los costados del torso de Otori mientras al mismo tiempo deseaba mover sus caderas.
-Eiichi esto… se siente dema…demasiado bien ¡ahh!…-confesó jadeante mientras el otro arrugada las cejas y sentía un escalofrío que lo rodeo de pies a cabeza.
-Otoya ahm…ahh.- Ittoki al escuchar la voz ronca de su pareja gemir agrado su mirada y sin pensarlo dos veces le volvió a besar mientras movía sus caderas causando en Otori sujetar sus nalgas y responder a aquellas provocativas caderas, penetrando a Otoya con suma profundidad y rapidez tanto que ambos separaron sus labios y jadearon sin control hasta que llegó el momento en que Otori confeso.-Otoya… hmg, no puedo más. Otoya te amo demasiado… ¡Aah! Siento que moriré de placer…. Otoya voy a… ah..
Un beso de Ittoki lo atrapó sin darle oportunidad de salir de aquel interior el cual recibió el esperma de Otori, mientras que Otoya sentía que aquellos espasmos se hicieron más profundos y continuos causando que gritara de placer; y eyaculara sobre el abdomen de ambos. Respiraban apresurados sobre los labios del otro, el castaño junto sus frentes aun liberando su orgasmo en el interior del pelirrojo. Ittoki por otro lado percibía el calor de aquel líquido dentro de su vagina, y también sentía el propio correr hacia abajo en su abdomen.
Aquello había sido intenso y hermoso. Ya sus cuerpos por fin se habían conocido plenamente, pues desde que iniciaron a salir, siempre existió este deseo de entregarse el uno al otro en una unión inolvidable, única, llena de amor y devoción.
Eiichi temblaba abrazado a aquel cuerpo que apenas y relajaba su respiración, se acercó a los labios de su chico y susurró.-¿Estás bien?
-S…si…-Respondió sin aliento aquel orgasmo que Otoya había sentido le dejó agotado, pues tanto su pene como su vagina se habían venido.
Sin cambiar su postura ambos continuaron dándose suaves besos, dedicándose sonrisa entre ellos. Mirándose a los ojos sintiéndose más enamorados que nunca.
-Jamás olvidaré esto.
-Yo nunca creí que haría esto contigo… Eiichi, me has hecho muy feliz.- Otori beso sus labios de nuevo aquellos que transmitían ese reconocido calor y sentimiento que Otoya percibió desde que se conocieron. Se mantuvieron unidos unos minutos hasta que ambos se dieron cuenta que ya la lluvia había cesado. Muy despacio se movieron, Eiichi le recostó y luego con mucho cuidado liberó su miembro de aquel lugar el cual derramó su semilla y un poco de sangre. Enseguida este susurró. -Te lastime.
-No… No me duele nada.-Confesó sintiendo muy liviano su cuerpo.
-Perdóname… -Eiichi le abrazó y con lágrimas confesó.- Yo no quería lastimarte yo… Soy un idiota.
-Eiichi… mi amor no me has lastimado, me has hecho muy feliz.-confesó besando su mejilla y limpiando sus lagrimas. Eiichi definitivamente era a la persona que amaría por el resto de su vida…
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A eso de las 4 de la tarde la tormenta había sido cosa del pasado, ambos aún se encontraban en aquel lugar que les vio entregarse por primera vez, con calma ellos se acariciaban ya con sus ropas puestas se dedicaban besos tiernos y llenos de amor. Eiichi recogía algunos mechones desordenados de Otoya, pasándolos tras de su oreja, mientras susurraba.
-A sido la mejor experiencia que haya vivido, de verdad nunca creí que pudiera sentir esto… -Ittoki se sonrojaba mientras observaba la tristeza en el rostro de Otori.
-¿Qué pasa?
-Temo a que esto sea un sueño.
Otoya junto sus frentes y de entre el cuello de aquella camisa liberó el collar de Eiichi y el suyo también unió ambas piezas y exclamo.-Esto es tan real como el hecho que estas dos mitades permanecerán juntas para siempre.
Un beso selló aquel momento, se vieron de nuevo, poniéndose en pie decidieron salir de aquel sitio. En alrededor de una hora llegaron a casa en la cual ambos se sacaron la ropa húmeda.
-Ire a bañarme.-expuso Otoya mientras Eiichi asentía buscando ropa.
El agua golpeaba el cuerpo de Itokki con suavidad, limpiaba su piel y también aquel lugar en donde sintió como con calidez aquella semilla de Eiichi buscaba una salida. Nervioso, sonrojado y agitado susurro. -No puedo creer que lo haya hecho…-elevo sus manos hasta su pecho y cerró sus ojos recordando los jadeos de Eiichi en su oído y aquella sensación de ser llenado por su miembro le hizo temblar -Tía… ¿Esto, está bien verdad?
Acariciaba el collar y su rosario en su cuello, sin pensar más se limpió para pronto salir de la ducha.
Afuera Otori se acercó a él, le tomó entre sus brazos y cuestionó.-¿Todo esta bien?
-Sí… -respondió al tiempo que ladeaba su rostro y besaba su mejilla, Eiichi se separó y fue a ducharse mientras que Otoya aun cubierto por la toalla se sentaba en la orilla de su cama. "Esto… está bien… él me ama y yo a él…." Finalizó descubriendo su cuerpo y mirándose al espejo totalmente desnudo; estaba orgulloso de verse así, por primera vez no sentía pena, ni percibía aquel extraño desagrado hacia sí mismo. No supo cuánto tiempo estuvo así hasta que, unos brazos lo rodearon por detrás, le abrazaron mientras que su rostro se encajaba en su cuello y ambos se miraban al espejo. Otoya y Eiichi comprendieron que era así como siempre debieron estar, fueron hechos el uno para el otro….
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Mientras aquellos jóvenes se amaban en aquel lejano lugar otros se encontraban desesperados y uno de estos el más angustiado, y preocupado era Starish y el director de aquella academia. Este se hallaba sentado en su escritorio con las manos entrelazadas al nivel de su boca con las luces apagadas observaba en su computadora las fotos y presentaciones de su hijo además la grabación de aquel infame día en el que se reveló.
Saotome apreciaba como de feliz y adorable, su hijo transformó su rostro a uno furioso y colérico; aún no podía olvidar como le había visto Otoya mientras le reclamaba, Shining logró percibir el odio en sus palabras y en su mirada. Aquello lo atormentó de tal manera que llegó a recordar ese día en que su pequeño nació.
-"No lo quiero."- había confesado a la pobre chica que mantenía sobre sus brazos al pequeño Otoya el cual estaba envuelto en sábanas azules y con sus pequeños puños cerca de su boca. El recién nacido dormía.
-"Saotome…"-susurro con tristeza la chica de cabellos negros y ojos verdes la cual sintió como su corazón se rompía al descubrir el rechazo de su primer amor, el joven Shining enterado del pequeño problema que traía su criatura lo rechazó al punto de abandonarlo. -"Saotome"-grito la chica a la cual el peli caoba miró con recelo.
-"No… Kotomi ese fenómeno jamás será hijo mío."
Aquellas duras palabras retumbaban en sus pensamientos.
Shining estaba preocupado debía encontrarle para protegerlo como siempre lo hizo a escondidas, y es que a pesar de las duras palabras Saotome lo cuido y velo por él hasta que lo hizo entrar a la academia. Era su orgullo, su estrella, seguiría sus mismos pasos porque así Otoya lo deseaba; sin embargo el orgullo de Saotome, sus deseos de ser el mejor y tener el mundo de la música en sus manos, no le permitían abrir su corazón él tenía demasiada maldad en ese pecho; una parte de él gritaba "Arregla las cosas con Otoya" otra y la más fuerte decía "No puedes arruinar tu imperio, debes ser dueño del mundo musical, ellos solo son instrumentos, Otoya está muerto para mí" dichos pensamientos eran más grandes que el deseo de solucionar las cosas con su hijo por lo tanto consiguió un reemplazo para Ittoki.
Este reemplazo los tenía demasiado incómodos a los chicos de Starish ya que el joven en particular era un genio en la música, con cabellos púrpura, ojos de color turquesa y un cuerpo atlético aquel engreído sujeto se quejaba de nuevo.
-¡No puede ser son un asco bailando!-Gritaba desesperado mientras los observaba de manera asqueada.-No puedo creer que ustedes sean los ganadores que se presentaron en el anterior triple S.
-Pues créelo.-Expuso Syo bastante molesto.
-Vaya.-Inquirió el nuevo integrante.-Sinceramente no entiendo… debió ser buena la cantidad con la que sobornaron a los jueces.-Los 6 jóvenes observaron severos a aquel muchacho.
-Oye, oye tranquilo Zeto.
-Es Seto con S cabeza de zanahoria.-corrigió a Ren.-Ridículo no puedo con estos inadaptados, un enano con problemas de control, un tipo pedófilo con complejo de gigante-señaló a Natsuki-un modelo frustrado, un ex genio que ya no sabe ni como se llama porque pasa todo el tiempo en el teléfono hablando con su novio el pelo de coco…
-¡Detente!-expuso Tokiya molesto.
-Un ridículo exsamurai sacado de una novela vieja … y te aseguro que si sigues así de inadaptado no conseguirás papeles más emocionantes sólo esos feos y aburridos cortometrajes de películas antiguas.-Masato arrugó sus cejas mientras que el oji turquesa se acercó a Cecil quien le observaba enfadado y al cual expreso.-Y tu… descontrolas mi paciencia cómo es posible que tengan a un negro en este grupo de artistas tan bellos y guapos.
-Okay… Creo que te pasaste de la raya.-Exponía Ren furioso llegando a Seto pero con asombro los chicos descubrieron que quien se apresuró a golpear al de mirada Turquesa era Tokiya. El intruso cayó al suelo pero fue levantado por el mismo Ichinose quien empujó al tipo y lo hizo hasta sacarlo del salón mientras ex ponía.
-Lárgate y nunca vuelvas, suficiente… te soportamos este tiempo pero, tu jamás serás Otoya ¡Vete!-los chicos se acercaron a Cecil quien conmovido por aquella acción en Ichinose agradeció y susurró.
-Lamento las molestias.-
-No… tranquilo ese sujeto me tenía estresado desde el primer día.-el grupo suspiro tranquilo aún extrañaba a Ittoki se notaba en sus rostros definitivamente querían volver a estar unidos no obstante la situación por la que el pelirrojo se fue les hizo entender que lo mejor era que él no estuviera en la academia.
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En otro extremo en Raging Entertaiment.
Esa mañana en que había hablado con su hermano, este fue asechado por sus compañeros los cuales lo observaban con mucha atención deseando que les contará que sucedía con Eiichi se preguntaban si en verdad había encontrado a Otoya o seguía en su búsqueda por todo este tiempo que pasó.
-¡¿Y bien?!-cuestiono Yamato.
-Cuéntanos ya Eiiji, no diremos nada te lo prometemos estaremos supercalladitos, ¿Verdad?-inquirió Nagi de manera suplicante.
-Si/lo prometemos/No lo sabrá/ confía en nosotros.-hablaron Van, Shion, Yamato y Nagi.
El joven castaño observo a Kira, el peli negro se encontraba de brazos cruzados observaba a todos de manera sería y luego al notar que Otori le observaba expreso.-Si tu quieres decirles yo no me opondré.
En ese momento incluso Raging estaba pendiente de lo que diría su hijo menor pues como siempre se hallaba observando lo que sucedía a través de las cámaras, ya hacía dos semana que Eiichi no regresaba y eso le preocupaba.
Ante aquella curiosidad de sus amigos Eiiji colocó su mano sobre su cuello nervioso y susurro.-Deben... prometerme que no dirán nada.-expreso nervioso el castaño siendo observado por sus amigos con demasiada curiosidad.-Chicos… etto, si… Nii-san lo encontró y está tratando de hacer que regrese.
-¡Lo sabia!-Gritaron Yamato y Van.
-Genial ese cabeza de tomate me las va a pagar cuando regrese.
-Gracias a las estrellas todo se está aclarando y ambas almas se encontraron.-Expuso Shion.
-Me pregunto… si, ¿Otoya regresará a Starish?-con prisa los chicos dejaron de estar felices al escuchar esto de Kira enseguida ellos cambiaron sus rostros a preocupación.
- Lo dudo.-Exclamo Eiiji.-Ittoki-san fue dolorosamente lastimado por el director Saotome no creo que regrese ahí.-su tristeza fue palpable, Raging silencioso pensaba en aquello también.-Además Tokiya y los demás, han acordado que no permitirán que Shining lo encuentre… ¡Por eso les pido que no digan nada!
-Tu secreto está a salvo con nosotros.-Expreso Van.
-Confía en nuestra lealtad.-prometió Kira.
-¡Oigan miren!-Grito Nagi
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Al instante en las noticias de la televisión una vez más Starish era presa de los medios de comunicación, al no haber esclarecido lo ocurrido en el aniversario de Shining estos permanecieron afuera de la Academia con la esperanza de ver a Otoya o a Saotome, sin embargo ni uno ni otro se mostraron; lo que sí captaron fue la expulsión de Seto Ibaki.
"Nos encontramos en las afueras de la Academia Saotome en donde los chicos que forman parte de Starish acaban de expulsar y literalmente echar a la calle al nuevo integrante que cubriría el puesto de su ex compañero e hijo de Shining Saotome Otoya Ittoki."
Esas eran las declaraciones de la televisora que había presenciado el momento con prisa los micrófonos se acercaban a los chicos a quienes cuestionaban.
-¿Qué está pasando, por que lo expulsan?
Seto tomó el micrófono y grito severo.-Estos son unos sujetos inconscientes, nada profesionales y ridículamente mediocres… Starish está acabado para siempre -aquel peli púrpura arrojó el micrófono al suelo y fue directo a buscar sus pertenencias que estaban en el piso mientras los chicos habían escuchado aquello y se habían visto unos a otros con rostros tristes, agacharon sus mirada y dándose la vuelta ignoraron la avalancha de preguntas que les hacían. Por otro lado corriendo llegaba Ringo y Ryuga ambos respiraban agitados y cuestionaban.
-¿Qué está pasando?-
Heavens noto que sus amigos no dijeron nada es más se fueron hacía adentro de la Academia. Aquellos jóvenes notaron que el grupo sin líder estaba perdido.
Van apagó la televisión y enseguida susurro. -Esto es malo.-buscaba su celular y pedía permiso mientras que Eiiji se había quedado pensando…. Incluso su padre que estaba en su oficina pensaba también en alguna solución…
Bien espero les haya encantado como a nosotras n n
Ya estos niños se tenian que amar! Ahora que sucederá kyahhh!
Gracias por leer!
