Capítulo III:
Unión a través de la amistad.
Normalmente, ella se quedaba como piedra al poner su cabeza sobre la almohada. Podía ser hasta un trapo improvisado relleno de paja, pero una vez que descansaba de una jornada, caía rendida. Pero, esta vez no. Pues para Nika, no había sido como la rutina de siempre: levantarse, comer, buscar para el asentamiento, sobrevivir y volver… Por primera vez en mucho tiempo, ella se sentía cómoda, quitándole el sueño.
Después del baño, ella y su hermano comieron, tuvieron una ligera conversación con su anfitrión y se fueron a acostar. Pasaron un par de días y, aunque disfrutaba cada momento, la facilidad y falta de trabajo la incomodaba. Pasaba largas horas en vela, solo cuando su mente se había cansado de tanto pensar y cuestionar la amabilidad del señor Pirro. Le causaba un poco de interés, toda opinión sobre él estaba dividida: una parte lo consideraba un ser amable, que quería a todos por igual y ayudaba a quienes le tenía un casco, garra o mano; pero la otra no olvidaba el cómo ahorcaba a un bandido el día que se conocieron…
Se levantó de la cama de campaña, quizás el lugar de descanso más cómodo después de mucho tiempo, y observó sus alrededores: el mismo estudio, solo que su hermano estaba a su lado, en otra bolsa de color verde; Pirro estaba en su catre y Demetrios en el sillón, cubriéndose con su capa. Trató de ser sigilosa, pero el corcel negro, le habló desde dónde estaba.
— ¿Noche díficil? — Le dijo, algo somnoliento, dejando escapar un bostezo. Este se sentó sobre su catre y alcanzó una linterna que estaba debajo de este —. Lo he notado, te cuesta dormir.
— Lo siento. No me acostumbro a las comodidades.— Se limitó a decir la yegua. La linterna empezaba a iluminar la recámara, aunque solo era un débil foco desde donde estaba.
— No hay problema, es más, me alegra de que hayas sido tu: aposté con Demetrios sobre cual de ustedes dos tenía problemas para dormir. El bicho me debe diez piezas de metal. — El corcel negro sacó su mejor sonrisa, invitando a una Nika alegre a sentarse frente al escritorio —. Con eso podré comprar una cerveza en la intendencia.
El comentario sacó una risita a la yegua. Con un paso algo torpe, gracias a la oscuridad, pudo llegar al escritorio. Al menos la linterna ofrecía un poco de iluminación.
— Si, solo quería levantarme y tratar de despejarme con una caminata. — Le contestó una sonriente Nika, rascándose por detrás de la oreja, algo apenada por haber sido descubierta. Se acomodó en uno de los bancos que estaba en frente del escritorio, dejando la lampara sobre este —. Si fuera nuestro asentamiento, después de levantarme iría a trabajar en la huerta o en el pequeño taller. De seguro necesitan un par de cascos por aquí.
— ¿Piensas que puedes hacer eso aquí? — Le dijo Pirro, que había cambiado su alegre gesto por uno más serio, juzgando a la yegua con su único ojo verde.
— ¿N-no puedo?
— ¡Claro que no! — Un exaltado Pirro alzó la voz. Solo después, apenado, se llevó ambos cascos hacia la boca y miró a los otros. Su colega simio seguía durmiendo, o en una meditación profunda, no podía distinguirlo pues hasta dormido tenía la misma expresión. Y el hermano de la yegua solo bostezó dormido y se acomodó —. Lo siento, no medí. Verás, Nika, este pequeño regimiento de Ursas trata a los desolados de una manera peculiar. Para ellos, no son más que un montón de féminas listas para aumentar la población, diciéndolo de la mejor manera, y los machos son potenciales reclutas hasta que demuestren debilidad. Que te vieran afuera, sería un montón de calamidades para ti.
— ¿T-temes que me violen? — Dijo una aterrada Nika. El caballo negro solo arrugó la frente y negó con su casco.
— No quiero que seas una historia terrible y barata. Pero si podrían apartarte y tratarte cómo una más del "botín", o que los muy cabrones te manipulen para que hagas algo indebido, solo para que te maten. Solo, mira a Demetrios, ¡el exhala consignas como "solo los más fuertes sobreviven" con echarle una ojeada! Y no te preocupes, el tiene el sueño pesado, podemos hablar tanta mierda de él como queramos. — Nika tenía una lucha titánica para no caerse a carcajadas. Aunque no pudo evitar soltar una lagrima mientras apretaba los labios.
—Bueno, si algo me pasa, pego un grito y sales corriendo, ¿si?— Dijo Nika, inclinando la cabeza hacia un lado y guiñándole a su anfitrión. Se ganó una media sonrisa de parte de Pirro. Este se levantó, y su piel negra se confundió con el resto de la habitación, como un acechante en las viejas historias. Seres que se acercaban de noche para tomar a los pequeños y devorarlos. Aunque luego recordaba que los cuentos eran alterados para el uso propagandístico de la antigua República… Si, ocasiones donde mostraban a los grifos, enemigos tradicionales de Énosi, con garras ensangrentadas y víseras colgando de sus picos, acompañados de leones con sonrisas rebosantes de un sádico júbilo. O Ahuizotles, devorando a pequeños por la mitad mientras cargaban las cabezas de sus victimas con su cola. O… no, no podía ser un acechante. Ese veterano que musitaba viejos himnos frente a un hornillo, mientras que el delicioso aroma a té invadía la habitación, no podía serlo.
— Ojalá tuviera el mismo sueño que alguno de ustedes tres. Tu y tu hermano duermen como potros recien bañados y siendo arrullados por su madre. En cuanto a Demetrios, bueno, es él. Algunos de sus colegas supervivientes dicen que se quedaba dormido en medio de andanadas de artillería. Yo no me creo esa mierda. — El corcel negro llevó un casco, casi imperceptible, al corazón y mostró un gran un juego de perlas, con motivos burlescos, detrás de su boca —. Pero si tiene una sueño profundo y miralo, ¡estoy calentando té y ni se inmuta!
— Señor Pirro, eso suena controvertido. — Nika se llevó un casco a la boca, mientras daba una delicadas y coquetas risitas. El corcel solo negaba con la cabeza mientras sonreía.
— Yo soy el que hago las bromas, así que te tranquilizas o no te protegeré en el complejo. Espero que te guste el té de hiervas sin azúcar. — Al pasar las tazas y dar un sorbo, Pirro se detuvo para mirar el té como si fuera una cosa extraña. Inclinaba la cabeza de un lado a otro, mostrando una mueca de decepción —. Sin azúcar, esto parece una sopa aromática. Pero es lo mejor que hay para quitarse el calor. Aunque es mejor que en la guerra.
— Oiga señor Pirro, — Nika dejó su taza a un lado, mientras que el té emanaba un humo que causaba un denso vapor por el frío, la yegua de color crema junto los cascos. Su compañero de conversa alzó los oidos — ¿Acaso no se siente terrible? ¿No ha sentido un gran peso por la culpa? ¿Una nostalgia matadora por ver el mundo desolarse?
— Todos los días, señorita Nika. Son mis fantasmas personales, mis atormentadores que me visitaban cada noche. Me obligaban a despertarme. Mi compañero, en tan raras ocasiones que podría pedirle que las contara, se levantaba de la cama con un silencio que resumía sus preocupaciones por mi; no me preguntes cómo, entender la falta de conversaciones de Demetrios es graduarse en lingüística. Usaba argumentos de viejo para evadirlo, que si necesitaba ir al baño o me había dolía una articulación e iba a por el ungüento; pero siempre hacía lo mismo: mirar por la ventana y recordar el mundo que había perdido.
— Suena aterrador.
— Tu no conoces el terror, o al menos no lo conociste en persona. Por ejemplo, señorita, ¿usted me creería que yo, en mis mejores años, no era tan distinto que un bandido en cuanto a sadismo? Me llamaban "El demonio tuerto", coronel del primer regimiento del primer ejército de Énosi.
— Húsares de la muerte. Mi hermano me dio toda una lección que no le presté atención.
— El matar era como un arte para mi, llenar el campo de batalla con pinceladas rojas o verdes en las praderas, luego convertidas en barrizales en los largos veranos o duros inviernos. Risas maniáticas en las cargas que, de seguro, llenaban de pesadillas a los supervivientes de tan desastrozos encuentros. La furia de una hidra encarnada, volviéndose mas violento y brutal con cada herida o estocada recibida, con cada disparo o rayo no letal que me alcanzaba. En vez de derribarme, me hacía correr más, luchar más, alcanzar un frenesí violento e imparable; que incluso repercutía en la quema de aldeas y pueblos. Todo eso, ¿y sabes para qué? Solo para darme cuenta que me había convertido en el mejor bruto rompecráneos en toda Énosi, que con su arte había contribuido a la destrucción, anarquía, e incluso en la corrupción mágica de todo el mundo. Santa… Incluso dentro de mi, hay algo que envidia a los ponis.
— ¿La c-conociste? ¿Conociste a Equestria? — El humor de la yegua había decaido a nivel, que compararlo con el suelo era darle una estimación demasiado alta. Sus orejas había caido, junto a las de su compañero en la conversación. Su tono era casi inaudible y poco seguro. Y su estado de ánimo alcanzó un nuevo sub-nivel cuando el corcel negro asentía lentamente.
— No te voy a mentir, Equestria es una tierra donde un diabético puede morirse por tanto dulce que hay. Cuando vienes de Griffonia o de Énosi, países tan ácidos como la chupada de un limón, entrar en las tierras ponis eran para vomitar arcoíris. Pero, era hermosa a su manera: grandes praderas bordeadas por montañas, donde los campos eran atendidos por yeguas tan hermosas y alegres como trabajadoras, aldeas idílicas donde todos conocen a todos y se ayudan entre sí, grandes ciudades llenas de tiendas abarrotadas y prósperos negocios… Todo para que los no-ponis arrasaran sin piedad hasta que pudieron responder. De seguro nos vieron como un montón de envidiosos, resentidos y avariciosos en busca de un trozo del mejor pastel que había en el continente. Y no quiero imaginarme lo que pensaban los ponis de los Changelings de Crysalis.
— Suena como una tierra perfecta, sin preocupaciones ni problemas. — Pirro, al escuchar a la yegua, soltó una mueca dolorosa que preocupó a Nika.
— Ponifilia… El tercer coronel del ejército, y uno de los mejores comandantes y amigos que se pueda tener, sufrió de eso. Pero, si, es una raza peculiar los ponis equestres. Una vez, tuvieron una gran disputa con los bisontes por los territorios al sur del continente. No me acuerdo como se llamaban, ¿Appleloosa? ¿Strawberry Junction? ¿Phoenix Garden? La verdad, no me acuerdo y me disculpo por ello. Pero, resolvieron esa disputa con pastelazos, ¡literalmente! Si hubieran sido los grifos de Griffonia, o nosotros mismos, acompañariamos nuestras reclamaciones con el fuego de mosquete y acero. ¡Pero no! ¡Lo resolvieron con pastelazos! ¡Casi me meo de la risa cuando me enteré! Aunque una cosa es cierta, en el "Mágico reino de Equestria", hay un carisma indiscutible que rodea a estos caballitos coloridos. Algo que hace que te enamores cuando llegas a conocerlos, algo magnificado con las hermosas tierras que aguna vez tuvieron… Y eso causó la Ponifilia entre sus enemigos, un encanto irreparable hacia estos enanos de multiples colores, amables y amistosos… Ahora los veo, y cómo los envidio por la razón que tuvieron.
— Desde que leí la frase "en la guerra, no importa quien tiene la razón, sino quien queda con ella", he sentido un atroz asco hacia cualquier lucha.
Pirro miró a la yegua con sumo interés, asintiendo de manera solemne.
Todo le era embriagador, a su manera.
Quizás embriagador no era la expresión correcta para Nikator. Una mas apropiada sería realizado, pues se encontraba en el ambiente militar que siempre había soñado. El orden, la disciplina, el cumplimiento del deber eran cosas que desde pequeño le encataba, y quería formar parte del ejército de la República cuando cumpliera la mayoría de edad. Si lo pedía, Pirro haría que ingresara en el Colectivo Ursa; puede que a su hermana y al asentamiento entero si se lo pedía. Pero, solo lo haría si este grupo estaba comandado por el sonriente corcel negro.
De resto, los ursas tenían la fama de ser supremacistas, de solo permitir que los fuertes entraran a sus filas. No había cabida para la debilidad ni para la duda, solo los que tenían material de guerreros de la Desolación. Y solo necesitaba dar un paseo para darse cuenta de ello.
En una sala improvisada para entrenar, siendo esta solo una amplia sala del complejo iluminada por tragaluces en el techo, con un círculo dibujado con pintura blanca en el suelo. Maniquies destrozados por los tajos de las espadas y bayonetas clavadas, columnas forradas con caucho manchadas de sangre. Pero eso no sería nada, sin los aprendices. La imagen más común era la de un ursa con peluca negra azotando a un recluta, en posición fetal e implorando por su vida. El nuevo, un equino que tendría la edad de Nikator, había realizado movimientos increíbles con un sable allayí. Cambiaba de sable a lanza, daba una vuelta en el suelo, un tajo directo al hombro de un maniquí equino, terminando con ensartar, con el arma cambiada a lanza, otro maniquí con forma de minotauro. Debió ser algo que no notó, o simplemente el instructor estaba ensañado contra el recluta, pero con anticipó el castigo con el bramido de una bestia salvaje.
— No aceptamos errores, — Dijo Demetrios, el simio perteneciente a los ursas de pelucas rojas, detrás de Nikator. Su voz era clara y audible, a pesar del pesado castigo que acaparaba toda la atención —, el caballo se tardó mucho en terminar el movimiento, por lo que amerita los azotes. Solo cuando luchaste en algún frente, como el minotauro, sabes que cualquier segundo desperdiciado es una desventaja, una oportunidad para que tu enemigo te ensarte.
— ¿Conociste al minotauro, kýrie Demetrios? — Se atrevió a preguntar el corcel, sin quitarle la vista a los castigados. El minotauro pateo al caballo cuando este intentó levantarse.
— Noveno Ejército Colonial, "los guardianes del trópico". Cuando tu enemigo es rápido, tu debes ser más rápido. — Dijo el simio, haciendo que Nikator asintiera. El minotauro combatió contra los Ahuitzotles y sus ataques piratas, así que sabía a qué se refería. Llegaban por las noches, atacaban el pueblo con rápidos barcos y luego huían antes de que la marina republicana pudiera responder. La rapidez era obligatoria.
Otra escena común era ver combatir a ursas con nada mas que sus extremidades, la peluca que denotaba su rango y la máscara. Para Nikator, le parecía inconcebible. Él estaba bien abrigado y en una factoría semi-activa, con algunos calentadores de vapor funcionando. Y aún así, sentía el mismo frío que le alcanzaba los huesos. Pero ellos, cuyo único abrigo no era más que la gran peluca que caía sobre sus hombros y sus pantalones de campaña, parecían inmutarse; como si ver a su adversario aún de pie era suficiente para estar acalorado.
Era increíble las muestras de combate. Durante varios encuentros consecutivos, un equino con peluca negra había derribado con sus cascos a todo el que osara luchar contra él. Esta vez, le tocó un minotauro con peluca blanca, resoplando a un lado mientras golpeaba sus puños el uno contra él otro. El vapor salía de su máscara como una máquina, encendiéndose para el combate. Fue el equino quien lanzó el primer golpe, adelantándose al taurino con un salto rápido y levantándose con sus cascos traseros para alcanzar el mentón de su rival. El minotauro, con un movimiento rápido, detuvo el casco con su mano izquierda, y con la derecha propinó un fuerte golpe contra el vientre del equino. Antes de que el segundo pudiera se pudiera quejar del golpe, el primero pateó su cara con una de sus pezuñas.
Antes de que el minotauro pudiera pisotear el pecho del equino, este rodó a un lado para evitar el pesado miembro de su rival. Barrió el suelo en donde estaba su oponente, golpeándolo por detrás de las rodillas y tumbándolo en el acto. Sin darle un tiempo para recuperarse, el equino saltó sobre el lomo del minotauro y empezó a golpear su cara contra el suelo. Luego volteó al taurino, incapaz de mantener la cabeza en un solo sitio por el mareo, solo para golpear su mentón con sus cascos una, y otra, otra vez. Si, los cascos del caballo se enrojecían por cada contacto con la máscara, pero no le importaba; pues por cada orificio de la boca y la nariz brotaba la sangre del minotauro.
Con un gran gruñido, Demetrios detuvo la pelea. El caballo miró al simio con la peluca roja y, con una reverencia, se levantó del minotauro y fue al otro extremo del círculo. Se necesitaron un perro enosiano y otro minotauro para llevarse al herido.
— ¿Está aprendiendo, muchacho? No aceptamos debilidad ni errores en el Colectivo. Solo fuerza.— Dijo el simio con los brazos cruzados, el corcel volteó a verlo y asintió lentamente —. Esto no es más que el refinamiento, la supervivencia de los mejores. No seríamos los sucesores de Énosi si fueramos un montón de débiles compasivos.
El simio se atrevió a hablar sobre la antigua Énosi. Nikator iba a responder, pues esa altanería lo había insultado. Pero, recordó sus viajes a lo largo y ancho de Hipperlicarnassos y solo encontraba ruinas, sobrevivientes y bandidos por doquier. Ni el senado, ni el ejército, la marina (orgullo de la República) o los grandes consorcios mercantiles habían sobrevivido a la Desolación. Solo los Ursas, solo ellos.
Él necesitaba apartarse. En todo su recorrido, había visitado las salas de mantenimiento, donde no iniciados trabajaban apaleando el carbón a la caldera de calefacción. O la sala de mantenimiento y construcción, que era una sala de cintas de maquinara operativas gracias a otra caldera en funcionamiento. En ella, decenas de "obligados" (Nikator se dio cuenta de que se referían a ellos en las conversaciones) alineados a los lados de las cintas, golpeando con martillos una pieza de coraza, o insertando una pieza intercambiable de un rifle —nada comparado con los mosquetes improvisados, no, verdaderas armas de guerra — para pasarlo al otro. O alguna pieza de maquinaria sencilla, quizás para el mantenimiento de la caldera, o simples visagras. Pero el trabajo era continuo, y Nikator con solo verlos era contagiado por un agotamiento aterrador. Si alguien cometía un error, o se atrasaba en el trabajo, era rependido o castigado por el ursa más cercano.
El corcel de color crema se percató de una puerta doble de metal. No la había visto, y cuando volteó para preguntarle al Simio, este su única respuesta fue encogerse los hombros y hacer un gesto amable para que entrara, si quisiera. Primera vez que Nikator veía a Demetrios mostrar algo más que seriedad y estoicismo. El caballo bajó el picaporte y entró con timidez.
El rechinido de la puerta anunció su llegada, solo para ser recibido por una luz incandecente. Cuando apartó su casco y sus ojos se acomodaron, Nikator vió que al otro extremo de la habitación había otra puerta doble que daba al patio, la blancura de la nieve le había incomodado la vista por un momento, pero que el ambiente estuviera tan claro solo significaba una cosa: un día soleado. Una gran sonrisa apareció en su rostro, volteándose para ver al simio, quien mantenía su gesto estoico detrás de su máscara de oso rugiente.
Solo al dar un par de pasos, el corcel se dio cuenta de lo que había entre él y la entrada a su baño de sol: jaulas sobre carromatos. Media docena, tan altas para que un minotauro estuviera de pie, con las ruedas de metal bien engrasadas y con el resto de la estructura hecha con madera. Bien mantenida. También notaba un montón de cadenas, grilletes y collares rígidos de cualquier tamaño. Aquí recibían a sus capturados.
Nikator avanzó con lentitud, su alegría inicial se desvaneció para dar paso a un gesto mas preocupado, algo intranquilo. Su boca, que antes mantenía una sonrisa, ahora tenía los labios apretados. Camino con cascos de plomo, y estuvo atento. Luego, descubrió que uno de los carromatos seguía cerrado. Y el habitante del mismo, lo había visto con anterioridad.
Un equino, de color café, con una cola y melena de color crema con líneas blancas. Semental, sin duda alguna, cuya mirada era la desesperanza pura hasta que encontró miradas con la de Nikator. Este se levantó, apoyó los cascos con los barrotes de la jaula y trato de sacar la nariz. Se acordaba de él, pocas veces iba al trabajo en el taller, en la huerta o en el mantenimiento, excusándose con alguna enfermedad. Y ni se diga de la guardia, pues se desaparecía.
— Tu, ¡si tu! ¡Gracias a la Razón que estas aquí! ¡Eres el que siempre vigilaba por las noches! — El cautivo sacó la sonrisa más amable, casi compitiendo con los gestos de su hermana, cuando vió a Nikator. Incluso parecía crédulo, pues miraba a todos lados y luego se volvía a acercar al corcel — Te lo imploro, ¡liberame de esta jaula!
Incrédulo, Nikator miró de abajo hacia arriba al corcel antes de responder.
— Te conozco, vago. Poco trabajo.
— Por favor, te lo imploro ¿Sabes lo que los Ursas le hacen a sus cautivos? Valoran mas la mugre de sus extremidades que a nosotros. ¡Me tratarán peor que la basura! Por favor, libérame.
— Al menos dime el cómo te atraparon.
— Estaba en medio de la ciudad, corriendo por mi vida en medio de una tormenta de nieve. Cuando un corcel negro como la noche y un pequeño grupo de ursas me atraparon.
El cautivo se preocupo. Nikator apretaba los labios, fruncía el ceño. Estaba a punto de mostrarle los colmillos, cuando pasó su casco por la cara. Como si el tacto con su barba recien afeita le hubiera dado una idea, le sonrió al caballo prisionero.
— Entonces, ¿me vas a ayudar? — Dijo antes de sonreír inocentemente.
— Te voy a ayudar de una manera distinta, bastardo. ¿Sabes? Me prometí a mi mismo que ahorcaría al ladrón de comida del asentamiento cuando lo encontrase. Pero esto me parece perfecto. No, ¡Me parece encantador! Los Ursas te enseñarán el verdadero valor de romperse el lomo trabajando. Te enseñarán disciplina, te enseñarán el significado del trabajo. Se hará verdadera justicia.
Nikator dejó al cautivo a su suerte, mirándolo con aires de superioridad mientras se dirigía a la puerta que iba al patio. Antes de salir, se volteó para ver a su guía simio.
Demetrios sonreía y asentía.
Le habían dado permiso para estar ahí. Y por consiguiente, podía investigar a su antojo. Nika empezaba a revisar entre los pocos armarios y guardarropas. Lo único resaltable eran viejas monedas, bits equestrianos, enosianos o grifos; y una fotografía grupal. Era Pirro, quizás de unos treinta años de edad. Incluso en una imagen deteriorada, Nika podía notar el brillo enérgico y la sonrisa carismática que hacia destacar al corcel. Eso, y ser el único en el grupo de equinos llevando un casco cornudo. El demonio tuerto, como le dijo en la madrugada. Aunque, notaba cierto grado de maldad en su mirada.
Ella dejó la foto a un lado, haciendo un gesto de asco. Volvió a revisar entre la mueblería, esta vez fijándose en el escritorio. Al abrir la primera gaveta, notó que el espacio disponible era menor al tamaño que deberían a ofrecer. Metiendo el casco, Nika se percató de una saliente fija. Usando su casco, jaló la saliente. Un sonido seco le anunció que podía ver más allá de la gaveta.
Le pareció curioso. Dentro de la otra mitad, Nika encontró una tarjeta de cartón con perforaciones. En la parte posterior, con letras rojas, estaba escrito " VERDADERA REUNIÓN" en ella. También sacó lo que parecía un rollo de película del tamaño de una batería grande. Anotado a un lado estaba escrito "VENIDA DE UNA PRINCESA".
— Ese será el entretenimiento de esta tarde. — La voz de Pirro causó un sobresalto sobre la yegua, quien se llevó el casco al pecho y respiraba agitadamente. El corcel reía - Tranquila, no voy a hacerte daño por eso. Mas bien, te doy las gracias. Si una yegua aburrida abrió ese compartimiento secreto, imagínate un espía o rival decidido.
Nika, ya tranquila, pudo observar a su anfitrión negro. Venía cargando un proyector blanco, una pieza que no sería más grande que una caja de zapatos para perros enosianos. Su acompañante, un corcel con el uniforme negro y la inscripción "RECLUTA" en él, cargaba un aparato que Nika no había visto en su vida. Era pequeño comparado con el proyector, de color gris, ella podía identificar la bocina en la parte superior, pero no podía saber el porqué de una ranura.
Ambos dejaron los aparatos en el escritorio. El corcel miró por un instante a Nika, teniendo la valentía de mostrarle una sonrisa tan tímida como amable detrás de su camuflaje. Pirro se rió, le hizo un gesto con la cabeza para señalarle la puerta.
— Los mirones son de palo, recluta. Mire la carrocería en otra ocasión. — Dijo el corcel negro con manchas blancas al recluta, sonriéndole con amabilidad y escoltándolo a la puerta —. Dile al cocinero que te de algo especial en mi nombre. Me debe un favor. ¡Ahora, señorita Soter, es tiempo del entretenimiento principal! Dígame, ¿cuándo fue la última vez que vió una película?
Ella no sabía cómo responder. Se acordaba de una caricatura en los cines, quizás de origen poni por los temas tan dulces que tocaba. Le fascinaba, y solo el recuerdo le sacó la sonrisa más dulce, al mismo tiempo que su corazón palpitaba como un tambor. Casi podía bailar al compás de ese ritmo. Sin nada que decir, ayudo a cerrar las ventanas mientras que su anfitrión encendía las luces, solo para hacer un gran esfuerzo para despejar una pared. Sin duda, se vería algo borroso, pero era algo único y ella no iba a dejar que una imagen arruinara algo que, sin duda alguna, sería único. Sintió lastima, y una pequeña admiración, cuando vio al corcel negro. Si, aún mantenía esa energía que había visto en la fotografía; pero la edad le estaba pasando factura, apenas terminó de empujar un librero, se detuvo a respirar y cayó con pesadez en su silla.
No sabía cómo, pero el proyecto funcionaba con cargador universal, como el que usaba su hermano con las linternas. Al ayudar a Pirro con la carga, presionando varias veces una bomba manual con el casco, y escuchando un chillido giratorio dentro del aparato, Nika se sorprendió al ver el haz de luz. La parte en donde la proyección caía, había hecho que la pared se volviera más blanca, hasta que apareció un mensaje corto en enosiano pidiendo un carrete de película. Como si insertara una batería, Pirro cumplió la petición del artefacto.
La cuenta regresiva empezó.
— ¡Ahí viene el dos!
Las trompetas sobresaltaron a la yegua, pues empezó con un llamado, un gran toque de diana para dar paso a una tonada mas tranquila, mas suave. Solo una vez terminada, apareció el título:
Oficina de Noticias Nacionales se place de presentar:
¡El valor de la amistad!
Bajo el esfuerzo continuo de nuestras valientes tropas en el trópico, hemos rechazado una vez más al insolente ahuizotl; que amenaza con nuestra pacífica colonización. La luz de la civilización y la ilustración en cualquier momento llegará a estos salvajes, que aún no han abandonado sus salvajes tradiciones. Pero el soldado no es nada, sin el apoyo de su tierra. En todos los rincones de Énosi, los ciudadanos cumplen con sus deberes con la nación, al recolectar comida, metal y pertrechos para los valientes. Todos unidos, para esta gran empresa porque yo:
— Ayudo a nuestras tropas.
… porque yo:
— Doy todo el metal que no necesito.
… porque yo:
— Trabajo el doble en los campos para que llegue la comida.
E incluso en las factorias, en los viejos depósitos de chatarra y centros de reciclaje, todos damos nuestra gota de sudor para el esfuerzo de guerra. Incluso la pequeña Helena, quien ayuda cargando las cajas de herramientas para los trabajadores, ¡buen trabajo Helena! Sin voluntarios como la pequeña, decenas, puede que cientos de nuestras tropas sufrirían, y el llanto de quienes ven partir a sus seres queridos sería un nuevo terrible himno. Recuerden ciudadanos, ante la adversidad, debemos mostrar nuestras caras con orgullo y luchar hasta conseguir la victoria.
Pero hoy, queridos ciudadanos, no nos enfocaremos en las hermosas y necesarias tierras de los ahuizotles. Les traemos una noticia tan cercana, que pueden sacar las cabezas por la ventana para verlas. Nuestros vecinos del suroeste, los ponis de Equestria, han enviado a la princesa Twilight Sparkle para, en sus propias palabras, arreglar un problema de la amistad.
¿Quién es Twilight Sparkle? Hace unos años antes de la Época de las Calamidades, esta unicornio era una estudiante destacada de la Academia de Celestia para Unicornios Dotados, siendo tutelada por la directora de esta institución y gobernante de nuestros coloridos vecinos. Luego de vencer a la endemoniada hermana de la alicornio blanca y de reformarla, la chica y su grupo de amigas realizaron diversas aventuras en el nombre de la armonía y la amistad. Sucesos notables con ella fueron el dios del Caos, Discord; el centauro Tirek; las anomalias del tiempo; y la caída de la reina Chrysalis. Por su mérito, y por completar estas tareas, la reina poni la ascendió a alicornio. Y ahora, esta mensajera de la amistad y la armonía ha venido a visitar a la República.
¡Ahí está! El tren ecuestriano a llegado a la estación "La Unión" en la ciudad de Ágora, bajando de uno de estos vagones parecidos a una casa de jengibre. Nuestra delegación senatorial, acompañada de algunos ciudadanos, la reciben con todos los honores que merece esta canciller poni, que los recibe con la más amable de las sonrisas. Ocurre una pequeña plática antes de montarse en el tranvía que va al Palacio Senatorial.
Aquí, nuestro equipo de reportaje pudo acercase a ella, quien estaba impresionada por la ciudad capital. Siempre con la sonrisa en su boca, mirando hacia los edificios mientras hacía comentarios.
— Princesa Sparkle, es un verdadero honor tenerla en Énosi. Muchos de sus trabajos son estudiados en la Academia de Investigación Republicana, y créame de que a dejado a muchos investigadores sin dormir por ese "Pinkie Sentido".
Pirro hizo un comentario después de reír.
— Hipatia Cilze de Simiocusa, para el momento era una senadora del partido opuesto. Años mas tarde, se convertiría en hegemón de la república. Y sería la última.
— Oh, no sabía que estudiaban mis lecciones de la amistad. Bueno, ¡me alegra ayudarlos de una forma u otra! Yo también tenía las mismas… complicaciones con el Pinkie Sentido, ¡hasta llegue a estallar en llamas, literalmente! Pero, luego me di cuenta de no todo debe tener una respuesta lógica.
— ¿Y que explicación habría?
— Solamente hay que tener fe y confiar. Yo lo hice, y no solo sobrevivimos al ataque de una hidra, sino que aprendí lo que acabo de mencionar. No solo en situaciones de vida y riesgo, sino en el día a día que le dedicas a tus amigos. Antes de ser una princesa, debía ser alguien en los corazones de aquellos que me quieren, y corresponder esa confianza, ese sentimiento y gozo que me dan.
— Es… bastante útil lo que acaba de decir, princesa Sparkle. Creo que podríamos aprender una cosa o dos de ustedes. Gracias.
— ¡No hay de qué! Quizás esto acerque a Énosi y a Equestria. He leído que nuestras naciones han tenido relaciones frías, que se remontan al exilio de la princesa Luna como Nightmare Moon.
— El primer eclipse para la noche eterna. Para el momento, creo que eramos la provincia mas separatista de toda Equestria. La Gran Secesión, como solemos llamarlo.
— ¡Asombroso! Luego de resolver… De mi visita oficial a sus gobernantes, me gustaría pasar un par de días en una biblioteca.
— ¿Biblioteca? Le daré el permiso para que entre a la Academia. Pero, primero debe hablar con el dictador Honda Philodemos.
— ¿Dictador?
— Se que suena algo raro para ustedes, pero la oficina de la dictadura es asignada por el Senado a un miembro importante de la política. Controla todo, como un rey, durante un año o hasta que los peligros a la República terminen.
En aquella tarde de verano, la princesa de la amistad observaba con asombro el puente que se dirigían al Senado. Nuestros valientes policias de la guardia metropolitana los escoltan, siendo observados por las hermosas estatuas de mármol. En las escalinatas de nuestra magna asamblea, el gran Honda Philodemos la espera junto con algunos senadores y representantes del ejército…
— ¡Mira! ¡Ahí aparezco yo! ¡El que tiene el casco con cuernos! — Pirro señalaba con júbilo al noticiario, con una amplia sonrisa en su boca.
Con una gran muestra de educación, respeto al protocolo y humildad hacia la princesa poni, nuestro dictador la recibe en esta augusto senado con un:
— Es un gran placer tenerla en Enosi, princesa Twilight Sparkle. Que las estrellas iluminen su camino y su estancia sea tan placentera como provechosa.
Con la visita, la enviada de la harmonía no pierde el tiempo cuando no hay eventos políticos importantes, ¡cuánta energía tiene, damas y caballeros! En su estancia en nuestra gran nación, la princesa Twilight leyó gran parte de la biblioteca senatorial, llenando grandes volúmenes con la historia de nuestra nación y de algunos inventos nuestros. No se preocupen por la seguridad, pues la senadora Hipatia y el magistros Grecos la acompañan. Y cuando no está el Senado, va en la metrópolis con asombro. Volando entre los grandes edificios con la gracia de un copo de nieve, es como una ensoñación para nosotros. Como una grácil bailarina en un escenario etéreo. Al aterrizar, es recibida por decenas de pequeños asombrados por su vuelo, quien corresponde con lecciones de la amistad y pequeños trucos de magia. Cuando no está siendo atosigada por los pequeñines, da grandes caminantas por toda la ciudad de Ágora.
La estación de La Unión.
El distrito de las especias, en donde nuestros bienes coloniales llegan desde las zonas tropicales. Ahí, empieza a maravillarse por las exóticos objetos y mercancias que van a venderse, preguntando sobre
Pero, es a tres días de su llegada que conmovió los corazones de los enosianos. En una tarde de verano, en una sesión bastante violenta del Senado, la princesa de la amistad da unos pasos hasta quedar en el centro de áforo. Aclarando su voz, y usando magia para amplificarla, dijo estas palabras:
"Enosianos, se que han pasado por una existencia difícil. Que desde que existen como estado soberano, han tenido que sufrir de los rigores de una vida sin magia e independiente. Y, sin embargo, ustedes han podido avanzar y seguir adelante. Caían ante la adversidad y se levantaban para seguir adelante. Es un espíritu de lucha que es comentado en Equestria con orgullo. Y les puedo asegurar que ese orgullo está justificado. He vistado la biblioteca senatorial, y me he maravillado con la historia, ley y avances tecnológicos que Énosi ha realizado. He visto el alcance de su comercio y lo abierto que pueden llegar a ser. Y he visto el alcance de su honestidad.
«En equestriano antiguo, la misma palabra "Énosi" significa "Unión", y es perfectamente lo que ustedes son. Más allá de las disputas que puedan tener, ustedes siguen siendo un grupo de razas muy distintas que prefirieron permanecer juntas que responder a sus propias ambiciones y caprichos. Es cómo la amistad. Ustedes deben dejar de verse como simios, o como ciervos. Como equinos, minotauros o perros; y empezar a verse como enosianos con el único proposito de ser mejores cada día, y de nunca defraudar a los que depositan su confianza.»
«No es sencilla esta unión, como la misma amistad. Hay conflictos, hay desacuerdos, hasta pueden haber separaciones momentáneas. Pero la verdadera fuerza, la verdadera unión y felicidad, se encuentra en una amistad sincera. Así que, repitan conmigo: ¡unión a través de la amistad!»
Damas y caballeros, en mis años que tengo como reportero, he sentido miedo, rabia, alegría y tristeza, sentimientos que me he reservado por ética profesional. Pero, admito que solté una lágrima o dos cuando vi a la senadora Hipatia Cilze y al dictador Honda Philodemos gritar la misma consigna, estrechar miembros frente a la princesa Sparkle, y unirse a un coro de: "¡unión a través de la amistad!" Y con una gran banda en la estación, nos despedimos de la princesa con júbilo en nuestros corazones. Recuerden, damas y caballeros, ¡unión a través de la amistad!"
La película se volvió blanca después de un toque de banda marcial alegre, acompañado por trompetas y tambores. Al voltearse para verla, Pirro notó que su acompañante tenía los cascos tampando la boca, y los ojos acuosos, pues ver a aquella poni, con su mirada llena de energía y pasión, y sus actos decididos, le habían tocado el corazón. Pero él soltó una mueca molesta antes de interrumpir su ensoñación.
— Es una ironía bastante cruel. — Fue lo único que dijo, arrastrando la palabras con mucha tristeza. La yegua se volteó con cuidado para verlo. Antes de hablar, Pirro soltó una mueca triste —. El día que Twilight Sparkle habló en la cámara senatorial, yo esperaba en las afueras del palacio con parte del ejército de Honda.
— ¿Cómo dices?
— Eran tiempos difíciles, y mi strátegos quería el poder para salvaguardar la República, aunque sea de ella misma. Hacía unos años, Chrysalis arrasó con todo en la región antes de la dichosa "boda real". Yaks a punto de invadir, ahuizotles arrasando en las líneas comerciales y las colonias. El hegemón era un pobre diablo, y Honda hubiese sido dictador vitalicio de no ser por ella.
— Eso no explica el porqué es irónico.
— Déjame echar el cuento completo, ¿quieres? Continuando, yo esperaba una señal para entrar, dispuesto a cortar cabezas que se opusieran a mi superior. Lambda también le había jurado lealtad a Honda, y eso significaba que todo el ejército y el cuerpo de ursas estaba a su favor, listos para poner una autocracia derramando sangre, se era necesario. Y lo que me encuentro es a esos tres pillos apareciendo en el balcón y mirando al horizonte con una sonrisa en sus caras. Incluso seguía igual de consternado cuando Twilight regresó a Equestria.
— Pero, aún sigues sin explicarme el porqué. Solamente me estas dando una perspectiva más.
— Santa madre, ¿acaso no respetas a tus mayores? — Pirro se reía del cómo la yegua se sonrojaba. — Al menos dime que tienes todas las piezas puestas.
Luego de unos minutos de tanto pensar, Nika abrió sus ojos hasta donde podía permitírselo. El corazón le palpitaba con rapidez, y sus cascos inferiores empezaban a temblarle. Sus labios temblorosos era la cosificación de su ansiedad y temor.
— L-la princesa evitó una g-guerra civil. — Al terminar esa frase, Pirro movió su casco, indicándole que continuase la idea — Y al hacerlo, no debilitó a Énosi. Al no estar debilitada, estaba lista para la Guerra.
— Una guerra que le fue declarada a Equestria, correcto. Hipatia Cilze no era una tonta, era una animal política, implacable en el senado por sus medidas justas, algunas hasta draconianas. Pero, no lo niego, era una excelente senadora, una gran hegemón y la ensoñación de cada simio enosiano. Esta "unión a través de la amistad" hizo que la relación entre Hipatia, y mi strátegos, pasaran de ser frías como un témpano polar; a ser tan calientes como una presentadora del clima. Sé que no es el mejor chiste, pero era mejor que decir "el paso de un fénix". — Nika reía por el comentario —. Incluso después de ser elegida hegemón, Hipatia no solo dejó a Honda en el ejército, que practicamente lo adoraban, sino que también tomó muchos de sus consejos y políticas antes y después de ser declarada la guerra. En conclusión, Twilight Sparkle, aunque tuviese la mejor intención del mundo, permitió que un país vecino que estaba en una coalición anti-poni, estuviera tan estable para librar una guerra contra Equestria.
— Twilight puso el primer dominó para la la Desolación. — Dijo Nika, temblando de miedo. Pero el corcel tuerto le negaba esa conclusión con la cabeza.
— Esos dominós estaban puestos desde hace décadas. Demonios, incluso puedo señalar a "La gran secesión" como el primero. Pero sería bastante irreal cargar con semejante resentimiento por cerca de mil años. Ahora, mi querida asistente en resolver el pasado, oigamos lo que trae esa tarjeta perforada.
