Capítulo V: El ascenso afortunado
— ¿Saben por qué Equestria considera al Bosque Everfree "antinatural"? Los ponis consideran que si las especies se cuidan por su cuenta, que hayan presas o depredadores, o que el flujo de la vida continúe como anormalidades; cuando el resto de nosotros lo vemos como lo que es: parte esencial de la naturaleza. Eso puede resumir la esencia misma de los ponis en este entrante conflicto: su extrañeza a las cosas que son normales para suplantarlas por verdaderas aberraciones contra la naturaleza. ¿Cuántas veces no hemos visto las alteraciones climáticas que sus pegasos generan? ¿Cuántas veces alteran con magia sus alrededores? ¿Cuántas veces no los hemos visto clamar que sus diosas mueven los astros? Y mientras que los miembros de esta augusta Coalición dejamos que la naturaleza siga su curso, nuestros enemigos deciden que es mejor "domesticarla" para su propio provecho. Cómo strátegos de Énosi, no puedo dejar que esto suceda.
» Como ciervo en los bosques de Elafyón, he convivido con la naturaleza desde mi nacimiento. Nosotros no vivimos en grandes urbes o colmenas, no. Lo hacemos en armonía con la naturaleza y respetando los ciclos que impera en ella, cantando con el amanecer y alabando las creaciones de la Madre Tierra. Hemos discutido con los miembros de Énosi, claro está; pero jamás hemos tolerado la alteración mágica. El cómo se considera algo esencial del mundo mismo como algo "antinatural", me repugna a niveles inconcebibles. Por eso, antes de realizar este discurso, muchos de mis hermanos me pintaron las marcas de la "retribución" mientras que los tambores de guerra resonaban. Aún recuerdo ese clamor haciendo eco en los bosques.
» Por eso, damas y caballeros, quería llamar a "Everfree" a esta coalición. No solo porque es una aterradora parodia para nuestros enemigos, sino porque representamos esa misma "antinaturalidad" que los ponis tanto temen. Nos vamos a embarcar a una gran cruzada para limpiar el mundo de esta corrupción, y traer un balance natural a este mundo que se están inclinando a los ponis. La derrota sólo nos llevaría a una tiranía anti-natural, alabando a unas pseudo-diosas "capaces" de alterar las estrellas y la única expresión aceptable sería una sonrisa. Nuestra tarea no va a ser sencilla: nuestro enemigo va a ser muy resistente, es capaz de adaptarse al cambio, se ha entrenado en las artes mágicas desde hace siglos y, de por sí mismo, es bastante numeroso; sin contar la gran cantidad de perritos falderos que vendrán a auxiliarlo. Pero confió en que estas Coalición unida, junto a sus incansables, valientes y endurecidos ciudadanos, saldrán victoriosos. Lucharemos en los campos, en las calles. Lucharemos en las ciudades, en las montañas. También en las playas y en cada distante territorio en donde nos toque combatir, sin importar el costo, hasta el amargo final. Y les aseguro que prevaleceremos y nos alzaremos con la victoria definitiva.
— Ese fue el discurso de Honda Philodemos en el senado, horas más tarde estaríamos atravesando la frontera. — Fue lo que dijo Pirro luego de que el reproductor emitiera el sonido seco que anunciaba el fin. El corcel tuerto estaba pálido desde que oyó la voz de su superior.
Desde el incidente en aquella habitación secreta, los que habían vuelto no decían una sola palabra. Había un miedo que se arraigaba en los huesos al ver cómo aquella magia enloquecía a su compañero. Incluso Pirro tuvo que suplicarle a quienes vigilarán para que se quedaran. Habían llegado la noche cuando regresaron a la factoría. Miradas desconcertadas y que rozaban la extrañeza los recibían. Y pensando que esa grabación los iluminaría, solo dejó al más anciano de los tres temblando de miedo.
— Pero, si ese discurso fue público, ¿por qué estaría en la casa segura de un espía? — Dijo Nikator. Tanto él como su hermana miraron a Pirro, quien tenía el casco en la boca y una mirada perdida. Se reacomodó, y habló.
— Conocí a Honda, estuve bajo su mando y les puedo asegurar que ese ciervo no le gustaba dejar las cosas a última hora. Siempre quería tener una semana para asuntos imprevistos. Y ese discurso estaba listo una semana antes de que se publicará. — Pirro aún sentía el temor —. Quien sea que haya ocultado esa grabación, debe amarnos o nos utilizó de manera descarada.
— ¿Por qué? — Pregunto Nika.
— ¿Que clase de espía le niega una futura declaración de guerra contra su país? Con esa grabación, Equestria fácilmente pudo prepararse por una semana, o mejor: atacar primero. Se evita una coalición contra los ponis, escarmientas a tus posibles enemigos y, en menos de una generación, todo el mundo estaría cantando kumbaya debajo de los arcoiris.
— Una semana de preparación hubiese marcado la diferencia. — Dijo Nikator —. La guerra empezó una hora después de esa declaración, y, si me acuerdo bien, una respuesta organizada de Equestria no llegaría sino en un mes después de la declaración.
— Entonces, alguien dentro de los ponis quería la guerra sobre su misma gente. — Las palabras de Nika eran como un frío terrorífico recorriendo por sus cuerpos. La yegua tardo para continuar —. Uso nuestro miedo, odio y revanchismo para crear este cataclismo.
— La pregunta es, ¿por que lo hizo? Si alguien gozaba de estabilidad, eran los ecuestrianos. O al menos así lo veía hasta que me entere de esto. — Dijo Nikator, inclinando la parte superior del cuerpo hacia adelante —. Pero, oigan, todo esto ya pasó. La Desolación es la realidad de nuestro dia a dia, y aunque desenterremos el pasado, debemos hacer nuestro presente mejor.
— ¿Como vas a saber a dónde vas, si no sabes de donde provienes? — Nika se volteo para verlo, frunció el ceño y hablo en un tono afilado. Su hermano no tardó en responderle de la misma forma.
— Nika, descubrir el pasado no va a hacer que los cultivos crezca. Y si no te has dado cuenta, no hay mucha tierra cultivable hoy en dia.
— Chicos, chicos, — Pirro se levantó, habló con tranquilidad pero con firmeza. Los gemelos se relajaron cuando el corcel negro los interrumpió —, ambos tienen la razón, pero pelear no resolverá nada. Miren, como les dije, ambos son un par de diamantes en bruto. Pero pero esta gema contra otra similar solo terminaria en catástrofe. Yo no quiero eso. Yo… — no pudo terminar, al verse interrumpido cuando Demetrios entró a la habitación. Se recostó en la pared al lado de la puerta, y le hizo un gesto con la cabeza, señalando a un lado. El tuerto sonrió con amplitud, y la expresión de ansias y emoción eran que lo acompañaban eran semejantes a un lobo sonriendo. Se levanto, y hablo mientras caminaba hacia la puerta –-. Muchachos, los dejo. Voy a encontrarme con el mando del regimiento para… Discutir algunos temas administrativos. No me tardo, y pueden hacer lo que quieran.
Antes de salir, sonrió a los gemelos. No vio como estos lo despedían agitando sus cascos, solo que tuviera a Demetrios a su lado para empezar a hablarle. Y, aun asi, lo hacian con susurros; el turno en las líneas de ensamblaje y los entrenamientos estaban terminando y, el silencio que produce la vigilancia empezaba a dominar.
–- ¿Todo en orden? –- No era el comentario mas inteligente para empezar, y eso Pirro lo noto con el bufido molesto del simio.
–- Todos los veteranos están en lo que era la mesa ejecutiva de la fábrica. –- Dijo Demetrios que, aunque tenía su habitual seriedad, al menos respetaba la necesidad de un bajo tono de voz –-. Algunos viejos amigos míos, no tengas dudas sobre su lealtad. Pero también hay indecisos y leales al actual comandante, Ptolomeo Hipto.
–- El terco. –- Pirro soltó una mueca molesta –-. Jamas vi tanto derroche de músculo y habilidad táctica en algo que, resumiendo, era cavar un agujero en el suelo y ver que pasaba. Santa madre, que yo sepa, los ursas eran agresivos y tienen bastante iniciativa. Creo que tendré que devolver la vieja escuela.
–- Le recuerdo, kyrie, que todo lo que ha hecho puede irse al demonio, si usted no sabe manejar al mando del regimiento. Ningún peluca roja estaría dispuesto a darle la espalda a uno de los suyos.
— ¿Eso te incluye? — Pirro lanzó su comentario con la rapidez de una lanza, haciendo que el simio soltara una mueca de desagrado que se veía detrás de la máscara. Resoplo, y continuó hablando.
— Puse todo como usted usted me lo ordeno. Y dígame, ¿qué fue lo que recibió de Lambda? — Dijo el simio, el único gesto sonoro en toda la conversación, fue una carcajada del corcel tuerto.
— Convencí a Lambda de que me diera todo el mando del regimiento mediante… — El corcel negro hablaba con un tono divertido — No se, ¿alguna vez te conté el chiste de un diplomático poni?
— No estoy habituado a los chistes.
— Mira, a un poni se le encomendó que realizará un trato comercial con Enosi. Se pone cascos a la obra y busca a un pariente lejano y sin imporancia de un noble ecuestriano. Cuando le dicen que tiene que formar parte, él dice "¿Por que? Tengo una buena vida aquí en el campo" pero al decirle que se casaría con la hija del Consorcio Vulcano, ya sabes, los que dirigían las grandes acerías aquí en la ciudad. Entonces el pobre noble dice "así si". Luego de eso, el poni se dirige a la Cámara Comercial Enosiana y les pregunta que si quiere que un noble poni sea uno de sus mayores socios. Y esa cuerda de cleptómanos lo toman como un loco, pero el diplomático les dice que es el yerno del dueño de Vulcano; ahí dicen "así si". El burro colorido,muy contento, va con quién dirige el consorcio, y le pregunta si quiere que un noble ecuestriano sea su yerno. Obviamente lo toma como un loco, pero luego le dice que es un socio de la Cámara Comercial. Muy alegre, el magnate llama a su hija y le dice que si quiere casarse con un socio de la Cámara, ella dice algo como que "esos viejos ricos besan horrible y solo tratan mal a sus esposas", pero, finalmente, el magnate le dice a su hija que es un noble empobrecido poni; y ella con todo el gusto del mundo dice "¡Claro que si! ¿Cuando es la boda?"
— Ese fue un chiste terrible y malo. Mejor abstengase de improvisar alguna que otra groseria o comentario indecente. — Dijo Demetrios, con un tono tan afilado como una navaja. Su reacción le saco otra carcajada al equino.
— Oye, dame mérito al menos.
— ¿De que? ¿De hacer una gran estratagema en base a un chiste malo y sin sentido? — Dijo el simio, que encaraba al equino, mirándolo con una furia fría a traves de su mascara — A ver si recapitulo. Lambda te dio algo para potenciar tu presencia en la ciudad, porque les dijiste que manejarías este regimiento mejor que el actual, una promesa que se puede romper en nada. Vamos a hablar con el mando, donde decidirán o no sacar al comandante local. Y, si tienes suerte, intentaras unificar a esta región diciendo que tienes el apoyo de los ursas locales. Dime una cosa, ¿de verdad pensaste lo que harias si alguno de ellos dicen "no"?
— Por supuesto que lo considere, mi querido amigo. Y si llega a asomarse la posibilidad de una negativa, daré un ejemplo aterrador. — El corcel negro le sonreía a Demetrios, desafiante como si tuviera el mayor de sus retos. Irradiaba una confianza abrumadora, que ante los ojos del simio parecía suicida. Este resoplo, terminando la conversación; y no dijeron nada más hasta que tuvieron la puerta hacia la sala ejecutiva al frente.
–- Cascos a la obra.
Al abrir la puerta, el murmullo general ceso para que se dirigieran hacia el. La sala era amplia, con una gran mesa ocupada por mapas y reportes. Un pequeño puesto de comunicaciones, donde un telegrafista manipulaba su aparato ni se inmuto por la llegada de Pirro. Algunos de los que estaban parados comentaban en susurros sobre unas copas que tenían en sus posesiones. Y en sus alrededores, los calefactores trabajaban con ciertos retrasos. Pero todos los enosianos presentes tenían dos cosas en común: primero, todos eran pelucas escarlatas, una de las vistas más atemorizantes que se podría encontrar en la Desolación; y segundo, a excepción del telegrafista, todos se voltearon para recibir al corcel tuerto y su colega simio. Miradas incisivas, afiladas como los sables que cargaban en sus cintos, analizando al jovial equino.
Este les devolvió la mirada. Miro a los calentadores, notó que empezaba el cuarto empezaba a calentarse. Aclaró la garganta, y empezó a hablar.
— Señores, no es la primera vez que que asisto a una sesión de mando. Dejen de mirarme como una prostituta en un templo. — Dijo Pirro, mientras se acercaba a una punta de la mesa. En el otro extremo, otro ursa simio con los dedos entrecruzados, se inclinó hacia adelante. El corcel negro sonrió —. Como sabrán, fue coronel del ejército republicano, "húsares de la muerte". Y es propio de mi antigua profesión que tome decisiones. Pero, dejando la cháchara de viejo a un lado para traerles un sermón de viejo.
» Si tomamos un libro de historia, si no lo hemos quemado primero para calentarnos, sabremos que no éramos distintos de los ponis hace miles de años. Éramos parte del ducado de Northmarch, la región más setem del reino mágico de Equestria. Era una "buena" vida, a riesgo de que me llamen ponifilico. –- Pirro noto que muchos movían sus bocas, el reacciono rápido –-. Ven, casi hacen un coro con ese insulto. Pero solo trato de contar. A ver, como todos sabemos, éramos el botadero de Equestria cuando Celestia y Luna eran más severas que de costumbre. Ya saben, antes de que la princesa del Sol reventara sandias con un mazo. Y recibimos una afluencia de minotauros y perros diamanteros cuando los demás lo rechazan. Luego se agregaron a los ciervos, pero son los simios quienes causaron "la gran secesión". Cuando arribaron en sus barcazas casi insostenibles, viendo la buena tierra a la que llegaron, sus cuatro futuros compatriotas notaron la gran riqueza que venía de oriente. A mi parecer, y a riesgo de que me insulten de nuevo, nuestro comportamiento fue similar a un niño malcriado cuando quiere un dulce, gritando "¡mami, mami! ¡Yo quiero eso! ¡Quiero ir a oriente y hacerme rico!" y la buena de Celestia, bendito sean sus flancos, decía un rotundo "¡No!".
Muchos de los presentes, sobretodo los equinos, reían. Bien para su paisano: el humor los acercaria a su punto de vista. Pirro continuo:
— Así que esperamos, con bastante paciencia, listos para arrojarnos ante una presa desprevenida. La ocasión llegó con una riña de hermanas, ¿quien diría que seres tan cercanos a ser deidades, lucharán por "quien me presta más atención"? La pequeña princesa Luna, llena de rabia y envidia, se alzó contra Celestia y, convirtiéndose en una forma demoniaca que los ponis nombran "Nightmare Moon", intentó instaurar la noche eterna para todo el mundo. Afortunadamente, la susodicha "diosa del Sol" exilio a su propia hermana a la luna. Como sabemos en nuestra historia, aprovechamos esa lucha de poder entre las hermanas nobles para hacer la "Gran Secesión". Y, no niego una cosa, de no ser por los sirvientes de la alicornio nocturna, los selenitas, su hermana diurna simplemente pudo haber venido, con la mitad del ejército ecuestriano a sus espaldas, y reclamar lo que era suyo. No, Celestia debía elegir entre una posible insurrección con los equinos leales a su hermana, o poner a raya a una provincia rebelde; eligió la primera.
» Muchos saben de nuestra historia: cien años de monarquía donde una coalición grifo-poni barrió el suelo con nuestras caras y orgullos. Una revolución violenta que asesinó a la nobleza enosiana e instauro la republica, rodaron cabezas ese dia. Empezamos una carrera colonial con Griffonia, en la cual estábamos cabeza contra cabeza. EL ascenso de los changelings. Guerras, epidemias, crisis, conspiraciones… Todo pasaba mientras que los ponis gozaban. Y luego, en tiempos más recientes, pasaron las grandes crisis ecuestres. Son tiempos mas recientes, asi que muchos nos acordamos de ello pues pasaron antes de la guerra. Y es ahí, señores, donde debemos agradecerle a los ponis por salvar al mundo.
— Nuestro agradecimiento fue fuego de mosquetes y el rugir de los cañones. — Dijo un minotauro en la mesa, sacando varias risas llenas de malificencia de algunos presentes. Pirro lo observaba.
— ¿Ah, sí? ¿Te has puesto a pensar si eso servira contra Nightmare Moon? ¿Discord? ¿Sombra? ¿Tirek? Apenas sobrevivimos el asalto changeling, cuando estos eran respetables. Si le llegábamos a hacer cosquillas a alguno de ellos, tendríamos demasiada buena suerte. — Pirro acentuo las últimas palabras. Su comentario creo un desconcierto que palidecía a aquellos "soldados de élite". El continuo —. Nuestro miedo a los ponis nunca debió ser mayor al que generaban esos seres de pesadilla. Ahora, volviendo al tema, quieria compartirles este pequeño resumen de nuestra querida historia, porque quiero compartirles un sentimiento mío.
— ¿El "demonio tuerto" se nos puso sentimental? — Dijo el simio que comandaba el regimiento, en el otro extremo de la mesa. Pirro se inclinó sobre la mesa antes de responderle.
— Cuando se trata de la antigua Énosi, ¿quién no? Todos aquí dimos nuestras vidas y sangre, ahora vemos lo que quedó con tristeza. No hace mucho, éramos una unión, algo conflictiva pero funcional. Quizás cuestione la supremacía que intenta imponer por la Desolación, pero dudo de que no haya algún nacionalista entre ustedes. — La sala de mando quedó en un silencio tenso, se oía el cuero estirarse cuando, los que podían, formaban un puño — Continuando, tenemos ante nosotros el resultado infructuoso de la guerra: este páramo congelado, donde podemos ver el Sol en breves ocasiones. Les propongo un plan sencillo, y que de seguro Lambda aprobará sin rechistar. — El comandante del regimiento se inclinó hacia la mesa, juntando las palmas de las manos y colocándolas frente a su boca —. Debemos reconstruir la ciudad de Hipperlicarnassos para avanzar sobre Equestria.
Muchos de esos guerreros con pelucas escarlatas se empezaban a ver entre ellos, sin poder soltar una frase resuelta a oponerse; pero ninguna para apoyarlo. El comandante seguía dubitativo, manteniendo la misma pose. Pirro golpeó la mesa, dos veces, antes de continuar hablando.
— Sé que no es como cuando empezó la guerra, señores. Incluso con los diluvios que nos montaban los pegasos y la infraestructura subterránea que hicimos, estábamos en mejores condiciones para movilizarnos y luchar. Incluso la comida no era un problema, pues nuestra rápida campaña consiguió que nos abastecieramos con Northmarch. Pero, para ese momento, no tenía una guerra encima, y no había campañas de milicias partisanas ponis. Tampoco, como podemos darnos cuenta, la región, y me atrevo a decir todo el continente, no está sobre un manto blanco perpetuo.
— Entonces, ¿para qué demonios vamos a ir a Equestria? Otra vez. — Un minotauro, de voz grave, alzó su voz. Varios de sus colegas, sobretodo un equino a su lado, asentían ante aquella interrogante.
— Minerales y magia. — La mención de la segunda palabra fue el detonante de un tic nervioso entre los ursas. Viejos recuerdos de la gran habilidad poni para manipular hasta la existencia misma, era un trago amargo en la garganta, cuyo sabor volvía a estar presente. Incluso Pirro lanzó una mueca molesta por la sola mención de esa tan extraordinaria como aterradora capacidad —. Northmarch es una región conocida por sus inmensas riquezas mineras e incipientes trabajos con metales. Hierro, carbón y gemas es lo necesario para restablecer algo de "normalidad". E Hipperlicarnassos es la metrópolis enosiana con una gran fundición, más cercana a Ecuestria. Dicho de una forma, dos más dos suman cuatro.
» En cuanto a lo segundo, debemos admitir que los ponis no van a ver con buenos ojos a enosianos, volviendo a pisar su antiguo territorio. Mucho menos los Ursas. Pero no creo que los ponis estén mejor que nosotros, si es que queda alguno. Usando viejos conocidos como la desinformación, propaganda positiva o simplemente mostrarles una vida mejor; podemos incluir grupos de ponis enteros. Incluso, si tenemos suerte, tener unicornios. Imaginen ese potencial: tecnología de la coalición con magia ecuestriana. Tiemblo de miedo con solo imaginarlo.
— No voy a permitir eso. — Dijo el comandante, volviéndose a recostar contra el espaldar de la silla. Luego señaló, con un dedo, al sonriente Pirro —. Usted está abusando con mi paciencia, caminando por todo este lugar como si fuera su casa. Tratando de dar órdenes como si de verdad dirigiera este lugar. Y este reciente acto, que se llevó a un escuadrón de reclutas a un lugar sin sentido. Ha rebasado mi límite.
— Oiga comandante, pensé que le gustaba la presencia de alguien experimentado. He dado mi experiencia en la guerra, he observado los alrededores. Sé de primer casco el potencial oculto que se encuentra… — se detuvo cuando vio que el comandante alzó una mano y negaba con la cabeza.
— Solo oigo los desvaríos de un anciano sediento de gloria, lleno de ambición. Y no estoy de humor para semejantes tonterías. Le doy un día para que recoja sus cosas y se largue de las instalaciones, o lo trataremos como cualquier otro desolado que agarramos.
— Muy bien, pero antes, mis estimados caballeros que usan pelucas, verán una serie de copas elegantes. Son cortesía mía. Y como último gesto en mi posición actual, quisiera proponer un brindis, Demetrios. — Al mirar al simio, este sacó varias botellas, repartiéndolas a lo largo de la mesa. Pirro obtuvo un par, y cuando el simio volvió con él, tomó la botella que le correspondía, sirvió para él, su socio y los que tenía cerca —. Levanten sus copas y brindemos por Énosi, bendita sea su memoria.
El suave sabor afrutado, con toques metálicos, empezó a inundar su paladar. Más que un suave vino, parecía una especie de jarabe dulce y sociable. El corcel negro se relamió y observó a lo largo de la mesa, el cómo reaccionaban los otros miembros de la sala. Algunos, los que lo apoyaban directamente (siendo equinos los que pertenecían a este grupo) levantaron sus copas hacia el tuerto y tomaron. Otros tomaban a sorbos o miraban las copas llenas, comentando con quienes tenían a sus alrededores. Pero el comandante y sus partidarios miraban incrédulos a Pirro, siendo el primero en llenar hasta el tope su vaso, llevarse a la altura de la boca la bebida, y arrojándola sobre su hombro. Algunos reían por el gesto.
— Disculpe mis malos modales, anciano. Pero sé de tus luchas por el poder, y tu ambición. Y no voy a caer en trucos baratos sacados de una película. Envenenar en un brindis, ¡qué predecible! — Pirro arqueó una ceja y le dedicó una media sonrisa. El comandante tomó su máscara de oso rugiente, se la colocó, y con un gesto de su mano hizo que un par de sus partidarios se levantarán. Caminó con lentitud hacia el corcel negro, y ambos estuvieron de frente. El corcel negro, solo sonreía con inocencia —. Un día para largarte, y se acabó.
Antes de abrir la puerta, el comandante soltó un gruñido cuando Pirro habló de nuevo. Reprimía las ganas de golpear a aquel bastardo. Pero algo se lo impedía.
— Comandante, ¿qué tanto sabe de las guerras coloniales? — El tono del corcel negro era tranquilo. Se acomodó su crin blanca mientras reía, y le sonrió con amabilidad a un comandante que gruñía por detrás de su máscara, como el animal que representaba —. Cuando me enlisté, me mandaron derechito a las tierras de los ahuizotes, ¿y sabe el por qué no pudimos arrasar con esos sucios bárbaros? ¿Lo sabe, bastardo?
Cuando el comandante levantó su puño, listo para romperle la boca al insolente, sentía como una fuerza invasiva impedía su deseos de retribución. Tan rápido como preparó su golpe, su brazo cayó adormecido. Todos en la sala podían oír su respiración agitada y el cómo sus piernas temblaban. Sentía algo caliente que enrojecía su visión, como ese mismo líquido empezaba a salir de los orificios nasales que le pertenecían y a los de la máscara. Como ese líquido, con un fuerte sabor a hierro, se asomaba por su paladar y se desbordaba por su boca. Si la máscara del oso rugiente ya era intimidante, que brotara sangre de los ojos, la nariz y la boca era una simplemente aterrador. Y más cuando le pertenecía.
— Los muy malditos usaban venenos de mil formas distintas. La mitad de la compañía en donde pertenecía pereció cuando una bolsa de veneno estalló en el área en donde estaban. He visto trampas cazabobos, agujeros en la tierra, que al final había un pequeño recipe de barro con una "sorpresa olorosa". Dardos envenenados y pequeñas trampas con este. La guerra contra los ahuizotes fue brutal. — Pirro, con sumo cuidado, retiró la ya máscara manchada. Su rostro estaba pálido, solo notándose las venas del cuello y la cara; sus ojos estaban inyectados en sangre, lagrimeando aquel líquido vital, y tanto su nariz se desbordaban. El comandante daba sus últimas arcadas — ¿Sabe cómo se llama esta variante? Le decíamos "la viuda roja", y se produce con la combinación y maceración del veneno del sapo real, el hongo que habita en los árboles de nahuit y los jugos de tubérculos amargos. Es una lenta, y dolorosa muerte, ya que empieza a corroer los órganos cuando entra al sistema. Afortunadamente, los que investigan estas cosas crearon un antídoto universal. Una de las pocas colaboraciones entre especies.
» Y déjeme decirle algo, ¡yo también veía el envenenamiento en un banquete como algo común! Así que le ofrecí el antídoto a todos. Ahora, que su arrogancia y apatía ha cometido un error mortal; yo, — Pirro se acercó a la oreja de un simio que daba sus arcadas finales —, que tomaré a este regimiento y lo moldearé para mis ambiciones, solo puedo decirle — el corcel negro se alejó del simio, que miraba tras sus lágrimas de sangre cómo Pirro le sonreía y se despedía de él agitando, lentamente, su casco — adiós.
En sus últimos momentos, el comandante profirió una maldición que él sólo entendía. Pirro se levantó, esquivaba los cuerpos de aquellos partidarios del comandante que habían sufrido el mismo destino. Y frente a esos guerreros, atónitos y apurando sus tragos, Pirro caminó hasta el otro extremo de la mesa. Se sentó sobre la silla del comandante y dijo:
— Lambda necesita otro comandante para este regimiento, y me gustaría presentar mi candidatura ante este magno puesto. — Pirro se inclinó hacia la mesa, inclinó su cabeza hacia la derecha y le sonrió a todos los ursas — ¿Alguién más está en contra?
Nadie se atrevió en oponerse.
«°°°»
Ya habia pasado mas una semana desde que los gemelos partieron del asentamiento. Algunos murmuraban su muerte, otros que simplemente se habían ido. Pero no su tío, Epidamonias. Ese perro diamantero había revuelto cielo y tierra para formar un grupo de búsqueda. Había movido influencias entre los vigilantes, convenciendolos con sobornos, intimidando o cumpliendo favores. Incluso, en el debate con la población, se enfrentó con Dionisio, el líder local, acusándolo de avaricioso y egoísta. Enrojecido de la rabia, ese simio regordete accedió a darle el derecho de buscar a los Soter.
EL estaba ahí, en frente de la puerta del asentamiento, una reja reforzada con láminas de zinc. Frente a él, una docena de vigilantes que se acercaron. Lo único que los diferenciaba de un desolado común, eran los intentos de parecerse a una milicia: esos trajes invernales parcheados gritaban pobreza, las miradas clamaban hambre y frío, y la fuerza con la que sostenían sus mosquetes y lanzas, ambas de origen improvisado, empezaba a fallarles. Solo mirar a la cara de Epidamonias les daba calor y confianza.
— Intentaremos cubrir las deigmas más cercanas a un día de distancia. — Dijo el perro diamantero, su voz potente y regia hacia que el escuálido grupo se reacomodara —. Intentemos buscar en los lugares al sur de la ciudad, que puedan poseer víveres y suministros. Luego nos enfocamos en los asentamientos pequeños, apartamentos adaptados y en último lugar los puestos de bandidos conocidos. Solo si dan el indicio, buscaremos en las deigmas industriales. Ahi se esta alojando el regimiento local del Colectivo Ursa.
— Pero, si están con los ursas, podemos darlos por muertos. — Se atrevió a decir un minotauro de la docena. Epidamonias centro su mirada en este, y luego frunció el ceño.
— Hasta que no los vea vivos, o vea sus cuerpos en la Desolación, no voy a detenerme. — Dijo el perro diamantero —. Ahora, empecemos. Tenemos una larga búsqueda.
Epidamonias, alzó la cara al cielo, mientras empezaba a cruzar el arco de la entrada. Dio una plegaria silenciosa al cielo, esperando encontrar con vida a los gemelos. El aire frío le rozaba la nariz, y solo había un manto de nubes que tapaban el sol y de donde precipitaba la nieve. Pero sus oídos notaban algo fuera de lo normal. Algo atípico al silbido del viento. Este parecía ser un sonido mecánico, rápido, y cada vez se hacia mas fuerte. Dirigió la cabeza hacia el origen del ruido.
La su corazón se le achico en el pecho. Podía jurar que le detuvo por un pequeño rato. Antes, ver un Colibrí dirigirse hacia el sur era digno de orgullo, pero ahora verlo invocaba un miedo latente, casi tan antiguo como la congelación por culpa de la Desolación. Ver las alas de tres de esos autogiros moverse de manera elíptica, casi imperceptible por el ojo, y el rotor de las hélices superiores ajustar el aparato con respecto al viento; provocaba el deseo, la necesidad de gritar ante un final amargo e inminente. ¿Por qué? Pues los ursas habían venido por el asentamiento.
— ¡Todos cubranse! — Fue su reacción lo que trajo al mundo real, no solo al grupo de búsqueda, sino a todos los desolados que estaban cerca.
En un segundo, con las hélices de los colibríes como un coro apocalíptico, los habitantes del asentamiento era un solo clamor lleno de pánico, gritos desesperados y órdenes furiosas. Carreras violentas que se dirigen a la casa principal, donde vigilantes rugiendo y haciendo gestos violentos guiaban a los pobladores a los sótanos. Quienes estaban armados, empezaban a correr al tejado, hacia las torres de vigilancia o "zonas fuertes" dentro del asentamiento (que no eran más que un pequeño montículo de nieve reforzado con sacos de este material blanco). Pero, increíblemente, donde debería empezar un ataque artillado desde los aparatos voladores; estos se limitaban a sobrevolar todo el asentamiento.
Cuando no podía ponerse más caro, los tres autogiros se preparaban para aterrizar frente a la puerta principal. Las acciones de los vigilantes habían traído un carromato y algunos muebles, para usarlos como barricadas; donde ya había media docena de mosquetes listos para disparar. La cifra de triplicó ante el acto de los aparatos, y Epidamonias estaba ahí, de frente, esperando. En su cabeza, solo podía pensar el porque actuarian asi, para darse cuenta que ellos les encantaba una lucha frontal. Brutal y rapaz, pero frontal siempre. Cuando por fin los aparatos aterrizaron, y apagaron los motores. Y solo el silbido del viento frío era escuchable.
Una de las compuertas laterales se abrió con rapidez, y dos equinos saltaron a la nieve. Antes de que pudiera reaccionar, ellos gritaron:
— ¡Tio! — El no podía creerlo, ¡los gemelos estaban vivos! Y estaban con los Ursas. El perro diamantero tenía una mezcla de emociones que le revolvian el estómago. Y necesito un control férreo sobre sí mismo para no vomitar: tan pronto como los gemelos aparecieron, algunos vigilantes dispararon. Cuando el metal rechino por el impacto, Nika dio un chillido y su hermano se lanzó sobre ella; haciendo que ambos cayeran al suelo. Nikator cubría a su hermana con su cuerpo, mientras protegía su cabeza con los cascos. Epidamonias, con un tono aburrido, alzó su voz en medio del desastre — ¡Alto el fuego, maldición! ¡Alto el fuego!
El perro diamantero quito un armario y una silla de la barricada. Corrio tan rapido como pudo y, ante ese par que jadeaba por culpa de los disparos, los levanto y abrazo con lágrimas en sus ojos. No dejaba de besar las mejillas de los gemelos, quienes correspondieron los gestos afectuosos de su tío con otros abrazos. Mas de una semana lejos, y para los tres parecía una eternidad; curiosa forma en que la percepción del tiempo jugaba con los sentimientos.
— ¿Ya lo ves, Demetrios? Reunir a una familia es un placer del generoso. — Cuando el perro levantó la vista, se encontró con un corcel negro, melena e incipiente barba blanca, carente de un ojo, con una vieja chaqueta de los húsares de la muerte como capa entre sus ropajes de invierno; sonriéndole. Detrás de él había un simio, perteneciente a los Ursas, con la gran e intimidante peluca escarlata sobre su cabeza. Veía unos ojos de mirada indiferente posándose sobre el. El corcel negro bajó del aparato volador y se acercó a los tres — ¿Padre adoptivo?
— Tío y padrino, más bien. — Dijo Epidamonias, soltando a los gemelos. Nika se le adelantó y aclaró su garganta.
— Tio Epidamonias, aquí le presento al ex-coronel del ejército, y comandante del regimiento local: Pirro. — Dijo la yegua. El invitado inclinó su cabeza hacia el perro diamantero —. Nos salvamos mutuamente de un grupo de bandidos, y nos ha tratado bastante bien para estar en la boca del oso.
Mirando a sus alrededores, vio como algunos enosianos en uniforme negro bajaban de los Colibríes. Avanzaban con cautela, por culpa de los disparos anteriores, y con la cabeza agachada, pero lejos de tener cerca sus rifles, manipulan grandes cajas de suministros. Pudo ver a uno, un corcel más pequeño que el resto, quizás poni, y vió las letras amarillas en el pecho de su uniforme. "RECLUTA", era lo que decía. Y para su fortuna, solo aquel simio era el único ursa oficial, el resto eran reclutas y el señor Pirro.
— La han pasado mal durante los últimos años, así que vengo con un regalo como buen vecino. — Dijo el corcel negro, sonriéndole al perro diamantero. Luego señaló las cajas de suministros —. Comida, mantas, suministros médicos; lo necesario para vivir decentemente. Y solo pido una audiencia.
— ¿Para qué quieren una audiencia? — Dijo Epidamonias. A pesar de superarlo en tamaño, cuando el corcel negro se inclinó hacia el perro diamantero, este se sentía bastante empequeñecido por el tuerto. Había algo en su expresión, en su sonrisa, insidiosa como una serpiente, que le provocaba un miedo expansivo por toda su columna.
— Para ver si se quieren unir bajo mi protección.
«°°°»
Era irreal para el.
La última vez que estuvo en un debate civil, estaba afuera del senado esperando la señal para matar a todos los que se opusieron. Ahora, en un asentamiento que gritaba pobreza, cuya población hace rato vivía de la sopa comunitaria, gracias a un invernadero que funcionaba como granja hidropónica, se había tomado la molestia de montar una tarima.
Frente a la casa principal, había montado una pieza de madera que cubría la cuarta parte de la pequeña mansion. Su sostén eran tres pilas de cajas, que proporcionaba la altura de un novillo de minotauro. Se subía a esta con un juego de cajas y materiales de construcción que formaban una escalera. Y pisar con su casco la tarima, sentía que se desorientan y que caería en cualquier instante. Levantó su casco, e hizo una seña para que colocara un cuarto soporte para la tarima. Algunos habitantes, gruñendo, empezaron a acomodar los soportes.
Durante las horas que habían pasado desde que llegaron, los suministros se habían repartido por todo el asentamiento. Era la primera vez, y así lo notaba Pirro, que los habitantes hacían una cola con gran gusto. Y verlos con sus caras satisfechas el cómo comían el pan de avena, el estofado de verduras calientes y el té de hierbas; calentaba el espíritu del corcel negro. Usar los mantos y los ropajes para el invierno, y ver cómo la gente se paseaba, como si consiguiera un nuevo número de una modista, hinchaba su corazón de orgullo. Y los pequeños, ¡oh, los pequeños! Verlos corretear por los estrechos entre las tiendas, con las panzas llenas y sonrisas en sus caras; le derretía el corazón. Fácilmente podía pasarse lo que quedaba de Sol contando historias de la guerra o de su juventud, pero tenía una meta. Y no quería saber que hizo gárgaras antes de montarse a la tarima por nada.
Los ojos de los habitantes, algunos llenos de agradecimiento, otros con miedo en sus ojos y todos con curiosidad; se posaban en él. Prestaban atención a lo que iba a decir.
— Vaya, creo que esto es nuevo para mi. — Dijo el corcel negro, sonriéndole con timidez a la audiencia y limpiándose el sudor de la frente —. Esto es distinto a motivar un batallón antes de la batalla, ahí solo dependía de los ánimos y la sed de victoria de las tropas para resaltarlas bajo mi mando. Yo tengo la misión de hacer que todo el asentamiento se una al Colectivo, sin sonar como un senador con los bolsillos llenos de las arcas públicas. Lo peor que puedo hacer es sonar como un "Seguidor de las Hermanas Nobles", ya saben, los ponifílicos que querían vendernos la armonía poni tocando de puerta en puerta. —algunos de los desolados reían por el comentario —. Incluso, como gesto de confianza, dejé al pelotón que me cuidaba a cargo de los Colibríes, con solo a un buen amigo mío atento de vigilarme las espaldas. Demetrios, si fueras tan amable de… — al voltearse para buscarlo, se sobresaltó cuando vio al simio parado a su lado. Se limitó a mirarlo de reojo y luego dirigirse hacia la multitud. Pirro resopló, y miró a la multitud de nuevo. Los gestos alegres eran transformados a inseguridad y miedo —. Este es Demetrios, representante de los pelucas escarlatas del regimiento local. Y me ha asegurado que los ursas protegerán a este asentamiento, sin dañar su integridad.
» Pero, ¿por qué deberían escucharme a mí? Fácilmente les puedo estar cayendo a mentiras. Oigan a dos conocidos por todos. Nika. Nikator, ¿pueden tener la amabilidad de subir a la tarima? — al mencionar a los gemelos, los desolados empezaron a aplaudir, como si se tratase de sus actores favoritos en una representación teatral nueva y aterradora. Cuando se pusieron al lado del corcel negro, en medio de ovaciones, este puso su casco en la frente y empezó a reír — Rayos, — dijo con un tono divertido, quitándose el casco de en frente y sonriéndole con alegría a la audiencia —, ¿saben a que estoy soñando? A un vendedor de telemercadeo. Voy a exponer un producto, y ahora voy a montar todo un show con los testimonios, ¡que mal chiste! ¿No lo creen? Gemelos maravilla, cuéntenos un poco de su estancia.
— ¿Vamos a escucharlo? ¿De verdad? — una voz ronca y regia vino de la multitud. La audiencia se dirigió hacia el origen: un simio de gran volumen, con gran pesadez en su andar y con un traje fino recosido. De expresión bonachona, excepto en esa ocasión. Era así como Pirro se imaginaba a los dueños de los consorcios, en los buenos tiempos: gordos, arrogantes, prepotentes —. Él pudo convencer a los gemelos de dar nuestra ubicación. O hacerlos actuar bajo coacción.
— ¡Eso no es cierto! — Rugió Nikator, encarando al simio. Luego se dirigió a la multitud — ¡Estábamos atrapados y él pasaba cerca! ¡Nos ayudamos mutuamente en la Desolación y le agradecemos mucho lo que hizo por nosotros!
— ¿Y le devuelven el favor exponiendo nuestro asentamiento? ¿Diciéndole dónde queda, al comandante de los Ursas locales? Quizás, así, tengas un borrón y cuenta nueva para las deudas con el asentamiento. Nueva administración, nuevos deberes. — dijo el simio, dando pasos pesados para llegar a la tarima. Una vez allí, alzó ambos brazos hacia adelante, hacia la audiencia, y pidió atención — Justo y oportuno, para ustedes.
» No hace falta decir que lo que hacen los ursas con sus "nuevos amigos". Quienes han vuelto, nos aterrorizan con las historias que esos salvajes provocan. Toman a los prisioneros, a los pobres desdichados que no murieron cruelmente, y los ponen a trabajar hasta que fallezcan. Las yeguas, no son más que paridoras para su creciente máquina de guerra. Y sus pequeños, ¡piensen en los pequeños! ¡En su felicidad arrebatada solo para crear autómatas guerreros para algún propósito retorcido. Yo no quiero ese destino, no quiero que lo sufran. Para mi, ¡es preferible la miseria, que el canto de sirena que nos condenará a la crueldad! ¿Y saben que es lo peor de esa crueldad? Que tendremos que darle gracias por ella. — Dionisio, el líder del asentamiento, miró de reojo al corcel negro. De no ser por el color de su pelaje, ya estaría enrojecido. El simio volvió a mirar a la multitud, que empezaba a congregarse a los alrededores de la tarima —. Sé que he tomado malas decisiones en el pasado, pero he actuado como la voz de la razón en tantas ocasiones; y les pido, mis hermanos, que aceptar la invitación a unirse de este ambicioso es aceptar el grillete en nuestro cuello. Irnos, ya que saben nuestra ubicación, es la mejor opción. Y marcar como proscritos a estos traidores. Ellos…
— ¡Santa madre de la razón! — lo interrumpió Pirro, dando un paso fuerte hacia el simio gordo. Había dejado a un lado la alegría inicial, y pasaba por la ira —. Estas sacando tanta mierda, que el culo le tiene envidia a la boca. Vine a este lugar, con la buena intención del mundo, a alimentarlos, abrigarlos y traerles un poco de seguridad y esperanza. Pero, no vengo a aceptar esta… Negación. — El simio dio unos pasos, encarando al corcel sin mostrar un ápice de miedo —. No, negación no es. Es una simple manipulación. Porque mientras yo estaba luchando para hacer del regimiento algo mejor para todos, quizás usted se rascaba la bola cada media hora. Déjeme decirle algo, hubiera sido un gran rival, si hubiera estado a unos kilómetros de distancia de mi.
Lo siguiente que se oyó fue el acero cortar la carne. Las féminas del asentamiento gritaron a todo pulmón cuando vieron la cabeza del señor Dionisio caer hacia la tarima. La sangre había salpicado tanto a la audiencia, como a los gemelos, quienes estaban paralizados ante tan repentina demostración de violencia. En cuanto a los vigilantes, empezaron a correr a la tarima, pero cuando empezaban a subir la pequeña escalera, Demetrios les esperaba del otro lado. Su gruñido fue tan alto como aterrador, acallando a quienes sollozaban y gemían, y colocando paralizando en el acto a los intentos de milicia colocando su mano en la empuñadura de su sable. Pirro, con la cara y la incipiente barba blanca manchada de sangre, clavó la cabeza del difunto con su arma y la puso de frente a sí.
— Hubiese sido un gran senador en la República. — La expresión del simio era indiferente, como si no hubiese sentido el corte cuando Pirro atacó. Dejó la cabeza en el suelo, y, más calmado, se dirigió a la audiencia — ¿Saben? Lo menos que quería era un derramamiento de sangre. Y, la mitad de las cosas que dijo el muerto eran, — vio el cuerpo, y del cuello empezaba a brotar sangre —, ciertas. Pero, digo a medias porque si mi antecesor siguiera vivo, aplicaría lo que este desdichado dijo. Pero yo no soy así.
» No me gusta la oposición a lo que voy a hacer, tenganlo de seguro. Pero, vine desde las deigmas occidentales, convenciendo a un grupo de militares reaccionarios a dar lo que tienen y proteger al pueblo que una vez sirvieron. Les traigo comida, ropajes para el invierno, medicinas. Les alegro el día por primera vez en sus miserables vidas, ¿y se les vino por la cabeza que este bastardo a punto de perder sus privilegios tenía la razón? — El corcel negro sonreía mientras negaba con la cabeza. Y con la sangre en su cara, ese gesto sembró miedo en la población —. No lo creo, señores. No lo creo.
» Fácilmente puedo hacer lo que dijo este señor. Puedo venir con varios pelotones de ursas a dejar títere sin cabeza. Mató a los enfermos arrojándolos del tejado de esa casa, esclavizo a las féminas, paso por cuchillo a los machos y adoctrino a sus hijos. Pero, ¿por qué no lo hago? Sencillo: porque yo creo en algo mejor, en algo que éramos antes. Una sola Unión. Y es el momento en que dejemos de pensar como sobrevivientes, a pensar como ganadores. No voy a ser la niñera de algún derrotista, si alguien más está en contra, se las verá conmigo. Siganme, y les daré lo más parecido a Énosi de lo que tuvieron en estos veinte años de Desolación.
