Los personajes no me pertenecen son propiedad de la gran Rumiko Takahashi

Esta historia fue escrita sin fines de lucro por el puro gusto de echar andar mi loca mente. Este fic fue creado con la intención de participar en la dinámica de las páginas de Facebook, Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma e Inuyasha Fanfics

La cual lleva por nombre #12_eventos_decembrinos, se supone que tenía que tocar de alguna manera el número 12 y es por eso que esta historia estará dividida o enumerada…

Pido disculpas de antemano por mi mala ortografía y las desconexiones que puedan existir.

También agradezco infinitamente el tiempo y la atención que tuvo mi bella beta en esta historia, sin ella yo estaría perdida, gracias mil a mi linda Ziari27

Sin más preámbulo, les dejo leer

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7.- Dulces y postres

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Aunque para todos los que rodeaban al abogado Saotome era bien conocido su buen apetito, también sabían que los postres no eran bien vistos por el varón, aunque su madre y amistades muy muy cercanas conocían esa debilidad que el estudiado en leyes poseía internamente por las golosinas y dulces.

Decidió no consumirlas por el motivo de ser un hombre que se ejercitaba, mantenía su cuerpo en forma, era un sobresaliente artista marcial en sus tiempos libres, pero lo que más marcaba su aversión a estos comestibles; era lo mal que se podía llegar a ver un hombre comiendo tan femeninos alimentos.

Aparte de la repulsión que esto le generaba, en ocasiones le causaba gracia poder distinguir a varones grandes físicamente hablando sentados en estos lugares, donde la decoración del lugar era cien por ciento femenina, simpática pero melosa, sillones bonitos, ventanales adornados con cortinas y persianas que daban el aspecto de hogar; y justo en esa ventana que daba hacia la concurrida acera un robusto chico de espalda ancha, con mandíbulas fuertes, sentado en una pequeña silla hecha de herrería, con un respaldo en forma de corazón, por lo regular el varonil joven sostenía un tenedor tres veces más chico de lo que es un cubierto normal entre sus manos, degustando un postre bañado en pegajosa y tibia jalea, mientras que la crema chantillí se funde con esta, formando un empalagoso postre, obvio que el pobre incauto está acompañado por una sonriente mujer que lo hace sonreír como el más grande de los tontos.

"estúpido" pensaba el joven de cabello trenzado en tanto delineaba la escena una y otra vez en los locales, más que nada de ese punto partía la aversión de ingerir este tipo de alimentos era algo que ante sus ojos podía llegar a verse poco varonil.

Pero por Dios ahora que Akane se encontraba cerca de él, era inevitable querer saborear algo de aquellos sabrosos postres, siempre que llegaba la hora del descanso o que su jefe directo le daba un poco de tiempo para ir y degustar algo para comer, normalmente la chica se dirigía al área de descanso que existía dentro de aquella amplia suite, donde se podía gozar de algo de paz mientras comía sus alimentos.

Para este tiempo Ranma optaba por descansar unos cuantos minutos, dirigiéndose también a aquel amplio lugar con el pretexto de tomar alguna botella de agua, le veía comer mientras él se relajaba relativamente cerca de ella.

-¿Gusta un poco Licenciado? –invitaba una porción de su colorido cup cake

-No gracias, no ingiero cosas dulces –una vez que declinó la invitación de la mujer, tomó asiento en uno de los lugares cercanos a su asistente.

-¿En verdad? –cuestionaba con sorpresa la fémina mientras le observaba incrédula

-Sí, creo que desde que salí del instituto deje de comer este tipo de postres –mencionaba sin mucha importancia a lo dicho por él, observando con detenimiento la botella que sostenía entre sus manos.

-Pues yo los amo –declaraba la castaña contemplando el colorido panecillo que descansaba en la mesa de la habitación –este lo hizo mi hermana mayor, ella tiene un negocio de este tipo de postres en Nerima, realiza unas delicias y la decoración es hermosa –lo decía mientras seguía delineando el esponjoso pan delante de ella, el cual era decorado con chispas y crema –ayer vino desde Nerima a visitarme y me trajo un arsenal de estas maravillas –una sonrisa entristecida cruzó fugaz su rostro, pero para Ranma aquello no pasó desapercibido.

-¿Los extrañas? –por alguna extraña razón sintió la necesidad de conocer más de ella, la chica era tan transparente, sus sentimientos se reflejaban con claridad en sus expresiones. La voz del ojicobalto salió un poco más seria y ronca de lo que él esperaba.

-Sí –respondió sin titubear ante aquella pregunta –aunque es una locura estar con tanta gente en mi casa, me gusta convivir con ellos –sonrió ante su propio comentario al recordar las graciosas anécdotas –Pero volviendo a lo delicioso de los carbohidratos, quiero decirle que admiro ese detalle de usted –comentó divertida la mujer

"¿admira?" se cuestionó internamente al pensar en aquella palabra, él era un abogado muy conocido en Tokio, era estable económicamente; bueno eso daba a entender el tipo de vida que aparentaba, tenía un cuerpo muy adorado por las mujeres y que decir de su porte, el varonil y favorecedor rostro, pero….. Esta mujer admira que no come cosas dulces…. "increíble" se dijo para sí….

-Sabe algo… los cherrys son algo que me enloquecen… -la simple mención de aquello hizo que la sonrisa de la mujer se ampliara de manera casi celestial.

-¿Cherrys? –

-Si los detalles de cherrys –articuló buscando una afirmación en los azules ojos de su jefe directo –Los chocolates Queen Anne –buscó de nuevo la aprobación en el varón pero nunca llego –en verdad ¿No los conoce? –Akane estaba totalmente sorprendida por aquel hecho al ver como Ranma negaba con la cabeza –Por dios no puedo creerlo, esos chocolates son muy populares, a mí me encantan, de hecho solo los hacen en esta época y desaparecen, todo el año los deseo tanto que cuando los veo en las tiendas compro bastantes cajas con la esperanza de que me duren mucho tiempo, pero la verdad no lo puedo resistir y termino devorándolos todos –una risita cantarina salió de sus labios ante la declaración.

-¿Y qué es lo que hace tan especial esos dulces? –preguntó con verdadera curiosidad ante las cómicas reacciones de su asistente.

-Pues…. –hizo una pausa pensando detenidamente su respuesta –es una burbuja de chocolate relleno de una deliciosa y empalagosa miel rojiza, con una pequeña cereza dentro, creo que al plantearlo así no tiene nada de extraordinario –dijo un poco menos entusiasta al escuchar su propia declaración –pero créame que si los probara me entenderían, aun no sé porque no los venden todo el año –

-Creo que tendré que probarlos para entenderte –

-De verdad tiene que hacerlo… y cuando lo haga me dice que le parecieron –

Ante aquello Ranma no pudo evitar sonreír, le sorprendía demasiado todo lo que ella despertaba en él, le observo degustar el postre azucarado que inicio toda aquella platica en tanto el decidía probar un poco del dulce biscocho

-Si sube de peso, no quiero que me culpe –

Ambos rieron ante ese comentario, definitivo ella despertaba cosas extrañas en él.

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Esa noche camino a su departamento, Ranma tenía que llenar el tanque de su automóvil, una vez llegado su turno le indico al trabajador la cantidad y la elección de su gasolina.

Caminó hacia el autoservicio para comprar algunas cosas que le hacían falta, artículos de aseo personal, agua mineral para poder degustar las comidas que su nutriólogo le hacía llegar hasta su departamento ya que el joven en verdad llevaba un estricto régimen alimenticio.

Mientras pasaba por los pasillos de aquel local pensando y meditando en que otra cosa le hacía falta a sus compras, llegó al angosto corredor de las golosinas; era un lugar que no solía visitar, pero por alguna extraña razón buscaba la tan famosa caja de chocolates, sus ojos se pasearon con cautela hasta encontrar el meloso manjar –Queen Anne –leyó las letras blancas que resaltaban del rojizo color del cartón –probarlo no tendrá nada de malo –se justificaba ante la acción –me llevare unos cuantos –lleno sus brazos de las cajas colocadas en las estanterías y fue directo a pagar.

El hombre de edad avanzada quien pasaba los artículos por el escáner marcándolos para ser cobrados, observó con curiosidad al joven de ojos azules quien prefería desviar la mirada hacia otro lado, al seguir sintiendo la insistente mirada del cajero del lugar Ranma decidió hablar.

-Lo que pasa es que no entiendo porque venden estos chocolates solo en esta época del año –no podía haber dicho algo más inteligente o más normal, como.. Son para una amiga, o es que tengo una fiesta en casa o simplemente haberse quedado callado.

El hombre maduro sonrió ante su comentario –Lo entiendo, este dulce es muy popular durante la época invernal, se agotan rápido –Ranma sonrió ante aquella declaración, por extraño que parezca, últimamente las conversaciones con extraños le salían bastante bien.

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8.- Fiestas Navideñas

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Si algo odiaba Ranma Saotome en este mundo eran las fiestas con motivos navideños las famosísimas posadas, y más aún cuando estas eran organizadas por parte de su trabajo, cada año los encargados de recursos humanos en unión con los jefes del bufete armaban la reunión, con el pretexto de limar las asperezas y unir al personal.

Aquello era un verdadero fastidio, la música estridente con ritmos alocados, el alcohol en exceso, el descontrol de sus compañeros de trabajo, las señoritas que parecían ir de cacería esas noches, coqueteando y restregando sus cuerpos a los jóvenes que laboraban en el despacho, moviéndose de manera seductora tratando de llevarse a uno de los varones a sus camas, aunque Ranma tenía que admitir que la comida brindada esas noches de fiesta era de buen gusto, incluso la decoración del lugar era elegante, vistoso pero sofisticado no parecía el salón para eventos de la planta baja del gran edificio donde se encontraban aquellas oficinas.

Pero aun con tales beneficios seguía sin gustarle esos eventos, si no fuera porque la había cagado abismalmente no estaría ahí, él no debería estar ahí, él no quería estar en ese lugar.

-Estúpido –masculló mientras veía su bebida por enésima vez en aquella noche, cabe mencionar que el azabache llegó primero que todos, en realidad nunca se fue del edificio, simplemente bajó de su oficina al salón de eventos, Ranma no tomó el tiempo que sus jefes regalaron para ir a casa y colocarse ropa adecuada para una fiesta, prefería estar primero que todos y esperar su objetivo –si no fuera por mi enorme boca y mis estúpidos celos yo no estaría aquí –se dijo en voz alta buscando con sus ojos una vez más a la mujer que lo tenía de cabeza durante esas últimas semanas, los trabajadores arribaban al evento engalanados con elegantes atuendos, pero ninguno de ellos era su femenino objetivo, su mirada no perdía detalle de las personas que cruzaban el umbral del salón –maldición, yo debería estar en mi departamento y no aquí, yo debería estar con ella en cualquier otro lugar menos aquí. Ranma eres un verdadero idiota, pero esto es también culpa tuya Akane –dio un gran trago a su bebida terminando con el efervescente líquido, colocó el vaso de cristal sobre la plana superficie de aquella mesa, harto, totalmente fastidiado del bullicio y de las personas a su alrededor, tal vez muchos de ellos trataban de conversar con él, en realidad no lo sabía pues toda su atención estaba en un punto en específico. Se frotó ligeramente el tabique de la nariz hastiado de lo que sus ojos observaban, esas horas habían sido las más largas de su vida; literal, con el mismo desanimo que lo acompañaba esa noche decidió dar un vistazo más a la gran puerta del elegante lugar y como si las deidades hubieran escuchado sus inexistentes ruegos; ahí estaba el motivo de aquella amarga desgracia, porque para él, el asistir a una posada era una garrafal desgracia, esto era lo más atroz. Por culpa de la ojicanela Ranma Saotome estaba allí, soportando aquel estúpido evento, ya había perdido la cuenta de los tontos villancicos rítmicos, los intentos de remix que hacían sobre esas populares canciones lo tenían muy fastidiado.

Los azulados iris quedaron anclados ante aquella particular escena, momento que había esperado con gran incertidumbre y hasta con cierto temor, la mujer lucia simplemente divina, como siempre el buen gusto en su ropa era palpable, el bonito y elegante vestido en un tono azul marino hacia resaltar la aterciopelada piel de la fémina, la prenda era ceñida a su figura, con mangas largas, sin escote al frente y con un largor hasta la rodilla, la tela era de una textura muy común en invierno, unos altos tacones a juego con los accesorios que llevaba en esa noche, su corto cabello peinado con ligeras ondas enmarcaba el perfecto rostro, el maquillaje sencillo hacia resaltar sus bellos rasgos, Ranma quedo embobado con tan divina imagen, ella era un ángel, la más hermosa divinidad que había pisado esta tierra.

Akane totalmente inconsciente de lo que provoca su presencia en el abogado sonrió en un gesto meramente instintivo al poder distinguir la decoración, las guirnaldas, esferas, nochebuenas, velas hacían muy cómodo el lugar, caminó directo a su amiga quien le recibió encantada. Al tratar de unirse al pequeño círculo de amistades de su compañera de trabajo la peliazul giró su cuerpo dándole por completo la espalda a Ranma, en ese instante el ojicobalto se sobresaltó internamente al poder contemplar el sexy detalle de la bonita prenda que llevaba su flagelo personal, el permitirse delinear la femenina espalda descubierta lo descoloco por momentos, el escote posterior del vestido era amplio, podía distinguir a la perfección cada detalle del cuerpo de Akane, lo bonito de sus curvas, lo estrecho de su cintura, y la mente del varón empezó a enviarlo por concupiscentes caminos y veredas.

-Eres un demonio Akane, el más cruel de todos, posees cara de ángel, pero haces caer a todos a tus pies de manera inconsciente – y recordó que aquello había sido el motivo de su gran metida de pata.

El varón de larga trenza no pudo evitar que a su mente llegara cada palabra utilizada por él hacia ella, infames expresiones que lo llevaron a todo este circo, y todo por no controlar su boca –que estúpido fui –se repetía sin dejar de verla, un abogado que no podía controlar su lengua era lo más tonto que él había escuchado, pero es que ella provocaba todo en él, desde lo más dulce hasta lo menos imaginado.

Y todo por sus celos.

-Deberías de cambiar tus atuendos, podrían llegar a ser incomodos para los demás –esas estúpidas palabras habían salido de sus labios casi por inercia directo de su estómago, aun su cabeza visualizaba como la mujer de ojos color canela tomó con su mano el único botón desabrochado de su elegante blusa, cerrando los extremos de las telas en un puño apretando el tejido entre sus dedos, mientras con la otra extremidad acomodaba un mechón de su corto cabello detrás de la oreja

–Perdón licenciado no sabía que mi atuendo le disgustara tanto –

-Digamos que no me disgusta, simplemente no te queda –¿por qué su boca no se detenía? no podía si quiera verla a la cara, en su mente y estomago se revolvían las emociones, estaba molesto, no tenía cara de decirle nada, pero simplemente la viperina lengua parecía tener vida propia.

-Otras asistentes visten mucho más provocativas que yo, incluso Shampoo es muy hermosa y…. –trató de arremeter la asistente.

-Ellas no me interesan, tú eres la persona que me hace pasar malos ratos – quería arrancarse la lengua, sus estúpidos celos salieron a flote y de la peor manera, desde cuando hablaba como un mocoso impulsivo, él era un adulto con preparación, maduro ¿Dónde había quedado su temple?

Pero es que desde un inicio no debió poner atención a los tontos cuchicheos masculinos en los pasillos, Akane no era culpable de ser admirada por los demás. Ranma solía caminar por los pasillos de aquel amplio Bufete en compañía de ella, siempre a su paso, con aquellos elegantes y altos tacones, con el femenino y grácil andar, por Dios ella era tan formal y recatada, nunca debió de prestar atención a las adulaciones que sus compañeros hacían hacia su persona, en cambio tenía que sentirse orgulloso de que aquella mujer caminara a su lado… pero los celos lo invadieron y su lado egoísta salió de la peor manera, era más que obvio que si él la veía con deseo los demás también lo hacían.

Y no conforme con eso, toda esa semana había sido el peor patán del mundo, la había hecho trabajar como loca solo para que esta no se distrajera o saliera de su área de trabajo, la había hecho corregir detalles tontos una y otra vez…

Todas esas malas pasadas hicieron que Akane simplemente se alejara de él, rehuía a su mirada, evitaba su contacto, simples acercamientos cotidianos eran evadidos por la peliazul, en ocasiones cuando él le llamaba al interior de la oficina la asistente permanecía rígida, con los ojos puestos en la libreta que sostenía en sus manos esperando cualquier orden absurda, al abogado esa actitud lo estaba matando, el femenino contacto se había vuelto necesario, las calidas miradas y bonitas sonrisas se convirtieron en el motor de su día a día.

Una mañana después de mucho meditar en como volver a tener aquellos pequeños avances con ella, observó las cajas vacías de los chocolates en el cesto de basura de su departamento –claro que siiii –aquella seria la manera perfecta de llegar una vez más a ella, lo que jamás imaginó fue la sorpresa que se llevaría aquella mañana al entrar a la oficina.

Aun hacía eco la chillona frase de la estruendosa chica en sus odios saludándolo efusivamente…..

-Ranma, Buenos dias –Lo último que esperaba era ver a Shampoo dentro de su oficina, con aquel informal atuendo, gozando de una micro falda y un escote que dejaba poco a la imaginación.

-y Tendo – fue lo único que salió de sus labios con un audible tono molesto, apretando la caja que sostenía entre sus manos.

-Ella hacer permuta conmigo, recursos humanos decir que yo ser mejor opción para ti Ranma –

Todo el parloteo de la chinita fue ignorado, lo único que resonaba en su cabeza era que ella ya no estaba con él, Shampoo era un verdadero dolor de cabeza para el abogado, su presencia lo hacía ponerse de mal humor.

Y así de tonto había sido él, el ser más frio y calculador se había convertido en un manojo de inseguridades, cuando sus recuerdos por fin abandonaron su mente decidió ir al punto, él no estaba dispuesto a quedarse más tiempo en esa tonta fiesta navideña, necesitaba arreglar las cosas con ella, ambos habían avanzado un poco en estas cortas semanas, Ranma estaba seguro que él despertaba algo en Akane, algo mínimo pero lo había sentido, la ojicanela no permitía aproximaciones de otras personas del sexo masculino, solo se lo permitía a él, las charlas, las sonrisas, los tuteos, los pequeños detalles y todo eso lo arruino con su estúpida boca.

Pero ¿cómo se acercaría a ella? A él más que a nadie le había quedado claro el difícil carácter de ella, era pura, digna, orgullosa y un tanto caprichosa, lo cual adoraba, la vio defenderse y poner en su lugar a más de uno que intentaba propasarse con ella.

En estos días que Akane estuvo como asistente de Kirin, el abogado de la eterna trenza intentó acercarse a la mujer de mil maneras, pero se topó con un gran muro de hierro, la chica era indiferente, cortes pero cortante a la vez, evadía sus avances limitándose a lo estrictamente laboral, habían quedado de lado las fugases citas accidentales que llegaron a tener, y las coincidencias en el área de descanso, todo se había acabado, pero aquella reunión prenavideña podía ser su salvación.

Ranma Saotome era un estratega, era un hombre audaz entonces, ¿por qué demonios le temblaban las manos?

Por Dios, durante este corto tiempo el abogado de ojos azules llevaba seis intentos fallidos de acercarse a ella, y toda intención de acabar con su martirio terminaba con ni siquiera iniciar.

"tonto" "cobarde" "¿qué te sucede Ranma?" se gritaba mentalmente el varón mientras intentaba tranquilizar los latidos de su corazón, la maldita sensación de sentir como el palpitante órgano golpeaba su pecho lo mataba, ni al litigar experimentaba aquello.

En su mente se formulaban frases sencillas para entablar un dialogo con su ex asistente "Akane ¿podemos hablar?" "¿quieres bailar un poco?" "¿quieres beber algo conmigo?" "¿quieres ir a mi departamento?" "¿quieres pasar esta noche conmigo?" –tranquilízate Saotome la asustaras con eso –se decía en tanto miles de enunciados cruzaban por su mente, su cabeza no hilaba nada coherente, y es que él tenía que tener una respuesta para cualquier situación o contestación que la chica le diera, pero es que descifrar a la mujer era tan complicado, y claro que lo era, cuando el corazón está involucrado todo es tan difícil…. Esa noche se sentía tan extraño, todo el tiempo asechando a la pobre chica y ella sin darse cuenta, siempre buscando el ángulo correcto para verle y seguir sus pasos.

Estaba en su dialogo mental cuando una femenina voz lo sacó de sus pensamientos

-Espera Yuka, yo voy por los vasos, creo que los vi en el comedor de la oficina –comentaba la peliazul mientras tranquilizaba a su angustiada amiga

-Akane ¿harías eso por mí? La verdad que me ayudarías mucho, el abogado Hibiki se molestara conmigo si se entera que olvide los vasos de la mesa de postres –comentaba la castaña con un deje de preocupación en su voz.

-Sí, no te preocupes, tú sigue atendiendo a los invitados, yo iré arriba –con una sonrisa en el rostro la joven de cortos cabellos se dirigió al acostumbrado piso donde laboraba.

Al abogado de la oscura cabellera se le dibujo una petulante mueca de felicidad, estar a solas será mucho más fácil. Desde que Akane se encontraba trabajando con Kirin no pudo obtener unos minutos a solas, la oficina del encargado del bufete para su desgracia era de las más concurridas.

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En el comedor del gran bufete se podía distinguir a la fémina colocando los utensilios que su amiga y compañera de trabajo le pidió llevar, estaba distraída colocando todo en orden que no sintió cuando la puerta del lugar se abrió, dejando pasar a alguien muy conocido para ella, solo fue consciente de aquello hasta que el azabache cerró la puerta tras su espalda.

-¿Licenciado que hace aquí? Me asustó –hablo la mujer genuinamente sorprendida de su presencia, ubicando una de sus manos en el pecho.

-Vi la luz encendida y me dio curiosidad –la mujer le sonrió de manera social y regresó a lo suyo, Ranma odio ese gesto, esa mueca era algo que en verdad le desagradaba, y esa forma de ignorarlo lo mataba.

Le vio colocar el último paquete de pequeños vasos transparentes sobre una caja de cartón que descansaba en la gran mesa del comedor, acomodó un poco el contenido dentro del cubo café ante su atenta mirada, los ojos de Ranma no se despegaban de los delicados movimientos.

-Con permiso licenciado, que tenga una agradable noche –mencionó sin verle, por educación tratando de seguir su camino, pidiendo de manera educada se moviera de lugar para así poder salir del lugar.

-Cobarde –fue la única contestación y acción que recibió pues el varón no se movió de la puerta ni un ápice.

-¿Perdón? –se extrañó ante su tono y actitud.

-Huyes una vez más –la petulancia del varón ante sus propias palabras eran palpables

-¿Se dirige a mi licenciado? –Ranma vio esos ojos llenos de decisión y convicción, Akane era fuego cuando se lo proponía.

-Sí, tu eres la única cobarde que veo en esta habitación –tenía que confrontarla, su lado cazador salió a relucir, Ranma Saotome no era la presa siempre fue el cazador.

-Yo no soy cobarde –Akane colocó la caja sobre la mesa y giró su cuerpo en dirección a él, enfrentando los ojos color cobalto que en ese instante le amenazaban.

-Oh si… claro que lo eres, eres una pequeña cobarde –articuló Ranma mientras acercaba su cuerpo hacia ella, a una distancia prudente, tratando de hacer evidente la diferencia de estaturas, el azabache podía ver como ella tenía que elevar su rostro para poder verle a los ojos.

-Yo no soy una cobarde y yo no huyo de nada –definitivo esa discusión no terminaría bien, el carácter de Akane era fuerte y lo enloquecía.

-Si lo hiciste COBARDE–

-Podría explicarme ¿por qué soy una cobarde? SEÑOR…. –la ironía en el femenino tono de voz hizo que se desfigurara la fuerte mandíbula del abogado.

-Soy Ranma, Ran…ma… –esa mujer le hacía perder el poco control que trataba de mantener, a sus oídos llego el rechinido de sus dientes mientras explicaba o silabeaba su nombre

-¿Señor? –le provocaba acaso, era una lucha de poder, de egos, la mujer era inteligente y orgullosa.

-Ranma –pronuncio una vez mas el alto hombre invocando todos los mantras mentales para regresar a la calma, la frialdad que necesitaba para poder atacar.

-¿Cuál es el punto de esto licenciado? –de la ironía al fastidio, ante el poco avance de la discusión, Akane no tenía tiempo de seguir con la pelea de adolescentes que él deseaba tener.

-¡Tú! ¡Tú! ¡Tú eres el punto de esto! –habló notablemente fuera de control mientras frotaba su rostro con fuerza.

-¿Yo? –

-Tú me descontrolas, y lo sabes, sabes todo lo que provocas en mí, y ¿qué es lo que haces….? huyes –Ranma parecía león enjaulado, caminando a grandes zancadas mientras hablaba haciendo movimientos exagerados son sus brazos.

-En primera yo no puedo saber que es lo que provoco en otra persona –aclaró totalmente calmada ante la confesión –en segundo lugar, no sé qué quiere decir con eso de "me descontrolas" –con las pequeñas manos acentuó la frase usada por el azabache –y en tercera no hui de nadie –

-Dejaste tirado tu trabajo –arremetió en un vano intento de no quedar tan expuesto ante la mujer.

-¿Esa es la razón de esto? –Cuestionó en tanto enarcaba una ceja –no dejé tirado mi trabajo, todo está en orden, le entregue a tu….. Asistente todo en forma, y en cuanto a lo otro, fue lo mejor –

-¿Para quién fue lo mejor? –aquella pregunta fue escupida con desprecio de los masculinos labios.

-Para usted –contestó con obviedad –últimamente usted no me soportaba, en cuanto me veía se ponía de mal humor, incluso me llamo provocadora licenciado, como si yo fuera una cualquiera –

-Lo admito, estos últimos días fui un tonto, un gran tonto, pero quiero que me entiendas tu…. Tu….. aaahhhhh…. Lo ves….. Ves cómo me pones –quería halarse los oscuros cabellos, necesitaba golpearse en alguna pared.

-Nooo, no veo nada –cruzó los delgados brazos en su pecho esperando una prudente explicación.

-Espera tratare de serenarme –respiró de manera sonora, inhalando y sacando el aire por la boca, invocando a todas las deidades mentalmente –tu provocas que me descontrole, pierdo el control de mi boca –mencionó mas calmado, como si hablara con una niña de seis años.

La mujer seguía con su postura esperando una respuesta que le dijera algo de verdad.

-Yo… veras… es complicado… no estoy acostumbrado a esto…. Me gusta estar contigo, lo disfruto, me alegras, me haces sentir cómodo –de verdad que el abogado buscaba justificarse, pero las palabras simplemente se atoraban, en su mente todo sonaba mas fácil.

-¿Como asistente? –completó la frase Akane.

-No

-¿Cómo compañera, amiga? –

-No

-Licenciado…..

-Déjame terminar, esta semana fui un patán, porque estaba…. Cllz..sll..kso… -esa última palabra dolía, no podía admitir ni articularla sin que su ego se viera herido.

-No escuche bien, estabas que…. –Akane colocó una de sus manos junto a su oreja, permitiendo que él entendiera lo inaudible de su palabra.

Bufó, tratando de darse ánimos y valor –Celoso, loco de celos –al hablar y confesar aquello, Ranma se acercaba de manera peligrosa a la mujer, acechándola, haciéndola retroceder, acorralándola, como si su instinto doblegara a la razón –no quiero que sonrías para otros, no quiero que los demás te vean, te quiero para mi…. –Y sin más la besó, en un movimiento fuerte, tosco, hambriento de ella, devorando los delicados y femeninos labios.

Ranma tenía la necesidad de conocer el sabor de ella, la textura y la consistencia de los femeninos bordes; definitivamente fue increíble, tanto tiempo deseando aquel momento, soñando con reclamarlos como suyos, y ahora que los aprisionaba con pasión y ferocidad se sintió tan bien.

El azabache percibió el sabor del labial en su boca, degustándolo con culposo placer, había robado el beso de la mujer que le enloquecía, la asistente que por momentos quería secuestrar y colocarla dentro de una esfera, donde solo él pudiera gozar de su presencia, ella que con su indiferencia y bonito rostro le mataba, pero que en este preciso momento besaba; el roce de sus labios provocó un agradable estremecimiento en él.

Ranma pudo percibir que Akane contestaba a su atrevimiento un tanto dudosa… pero lo hacía, se sintió maravillado al experimentar como el cálido aliento de la mujer se fundía con el suyo, distinguió la tenue sensación de la champaña en la boca femenina, bebiendo de la humeda cavidad la delicada esencia de la mujer, buscando desesperado el contacto de la tibia lengua, encontrándose en una seductora y húmeda danza, cada paso, cada acción, hacían que el joven estallara internamente en una euforia de placer y alegría.

Los fuertes brazos del varón pegaban sus cuerpos, uniéndolos por completo, era un gesto un tanto asfixiante pero tan necesario para sentirse vivo en ese instante, las manos se movían habidas por la fina silueta, palpando la angelical figura, sintiendo la desnuda piel expuesta de la chica, la electricidad que esto provocaba le encantaba, lo excitaba.

Cuando las caricias se tornaron más demandantes, los besos exigieron más piel y el instinto comenzó a sentir tanta curiosidad por conocer el cuerpo del otro, los últimos vestigios de la razón salieron a flote.

-Detente –musitó entre besos la ojicanela –no podemos seguir con esto detente –los jadeos parecían decir todo lo contrario a sus palabras.

-¿Por qué no? –preguntó sin detener sus caricias, mimando con sus labios el delicado cuello de la joven entre sus brazos.

-Estamos en la oficina –apartó con fuerza al hombre, colocando distancia con sus brazos, tratando de hacer que le observara a los ojos –aparte ni siquiera nos conocemos bien, somos parte de este bufete, trabajamos juntos solamente –ante aquella aseveración Ranma frunció el ceño, las palabras de la mujer estaban de sobra, él no necesitaba más tiempo para saber lo que despertaba en él –y….aunque tú no lo creas, yo no soy sexo de una noche para nadie –

-Yo no quiero eso… yo... –definitivo Akane lo desconcertaba a tal grado que lo hacía lucir torpe.

-Entonces nos detendremos ahora y volveremos a la fiesta –en tanto mencionada aquello, la peliazul acomodaba correctamente sus prendas, con los pequeños dedos limpio el exceso de maquillaje que existía alrededor de los labios, esperando la respuesta de su ex jefe.

-Yo no quiero volver a ese lugar –masculló molesto, tratando de tranquilizar su respiración.

-Que lastima, necesito una pareja de baile, vine sola a esta fiesta…. Te extrañare –

Después de hacer un berrinche interno, calmó su respiración y alocado corazón para poder articular una respuesta un tanto razonable.

-Solo dame tiempo para poder bajar, como podrás ver no será buena idea que me vean así –el abogado suspiró cansado, resignado ante su propia decisión.

-Claro, te espero en la fiesta Ranma –la seductora voz de la mujer lo hizo sonreír de manera tonta.

Akane se acercó a él, uniendo sus cuerpos, aprovechando el contacto para con la yema de sus dedos limpiar los bordes de Ranma, los cuales se encontraban visiblemente teñidos del discreto color coral que ella llevaba ese día en sus labios, el abogado le veía hipnotizado totalmente idiotizado de aquella simple fricción, bajó la femenina mano hasta tocar la corbata y colocarla de manera correcta, alisó el costoso traje y le sonrió –Así está mejor –en los ojos de la mujer se veía la satisfacción de haberlo hecho caer ante sus encantos, lo había seducido de manera inconsciente, le sonrió coqueta en tanto se dirigía a tomar los utensilios que descansaban en la mesa, para encaminarse a la salida mientras un Ranma bastante emocionado delineaba cada movimiento, le vio salir del comedor, teniendo como última escena la hermosa piel de su espalda expuesta.

-Solo estaremos unos diez minutos, y nos iremos de aquí –afirmó en voz alta, logró lo que él quería, ya no tenía nada que hacer ahí, se llevaría a la chica a un lugar más tranquilo, gozarían de una silenciosa cena en un restaurante, para terminar en pasionales besos y caricias, después de ese momento recién vivido no podía pensar en otra cosa.

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Una vez de vuelta a la fiesta, las personas que se encontraban en aquel lugar no podían dejar de observar a la distinguida pareja que se encontraba bailando en el centro de la pista, los jóvenes se habían movido al compás de todas las pegajosas melodías que el dj había tocado. Pero lo que más llamó la atención de todos era ver como el serio y malhumorado abogado Saotome reía abiertamente, bailaba de manera graciosa imitando los alocados pasos de la pequeña asistente que parecía de lo más divertida, disfrutando la música y el ambiente de aquel evento.

Y fue así que Ranma Saotome decidió permanecer toda la velada en aquella colorida fiesta navideña, bailo, convivio con los demás, sonrió y aprendió que las posadas navideñas no eran tan malas, siempre y cuando gozaras de una buena compañía.

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Continuara

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N/A

¡Feliz Año!

Primero que nada me voy a disculpar porque se de antemano que este intento de capitulo lleva errores, y es que después de la revisión de mi bella beta yo anexo y quito cosas (no lo puedo evitar) lo cual es totalmente mi culpa y responsabilidad.

También se supone que este fic ya debía de haber terminado pero… nada, como siempre ya se la saben soy muy lenta y aparte ocupada… pero prometo terminarlo. Ya casi llega lo bueno y tratare de hacerlo lo antes posible…

Gracias a todas las personas que me dejan reviews, a las que me marcan como favorito y a las que le dan seguir a mi perfil, de verdad mil gracias.

Gracias súper extra especiales a mi espectacular beta Ziari27, ella siempre está atenta a mis ideas y mis desvaríos, ella es parte de mis locuras.

Gracias a la página de Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma y a la página de Inuyasha Fanfics por crear esta dinámica.

Gracias a la espectacular artista que creo la portada de esta historia SaoTendo mil gracias te quedo genial (la portada está en mi perfil de fb jejeje) corran a seguir a la artista en fb Ranko SaoTendo y en instagram como Saotendo_1957.

sin mas dejo de aburrirlos con mi bla bla bla

Y como siempre me despido como los grandes

¡GRACIAS TOTALES…!