Los personajes no me pertenecen son propiedad de la gran Rumiko Takahashi

Esta historia fue escrita sin fines de lucro por el puro gusto de echar andar mi loca mente. Este fic fue creado con la intención de participar en la dinámica de las páginas de Facebook, Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma e Inuyasha Fanfics

La cual lleva por nombre #12_eventos_decembrinos, se supone que tenía que tocar de alguna manera el número 12 y es por eso que esta historia estará dividida o enumerada…

Pido disculpas de antemano por mi mala ortografía y las desconexiones que puedan existir.

También agradezco infinitamente el tiempo y la atención que tuvo mi bella beta en esta historia, sin ella yo estaría perdida, gracias mil a mi linda #Ziari27

Sin más preámbulo, les dejo leer

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9.- árbol navideño

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Era bien sabido que la elección del árbol navideño era una de las decisiones más importantes para las celebraciones de estas fechas, sin contar la combinación de colores, estilos de adornos, tonalidades en las series de luces, tamaños, etc.

Hoy en día incluso se personalizaban las esferas navideñas, las temáticas en los ornamentos que colgaban en los pinos navideños eran tan variadas como extrañas, Ranma no era experto en eso, pero si llegó a observar como las matriarcas de las familias se esmeraban en tener la mejor decoración, la más moderna o la más vistosa. Para ser sincero las decoraciones podían llegar a ser tan variadas de un año a otro en cada hogar que el gasto se volvía exorbitante, era una inversión económica poco beneficiosa, ya que si lo pensabas fríamente ese lujo solo duraba un mes, era simplemente un exceso que solo tú y tus hijos llegaban a conocer, pues el árbol navideño permanecía dentro de tu hogar, a menos que fueras de esas personas que suben todo a las redes sociales y te conformaras con unos cuantos likes como ganancia.

Esas eran las conclusiones a las que Ranma Saotome llegaba cada que observaba el espectacular árbol navideño que descansaba en la entrada de su lugar de trabajo, sin contar la gran cantidad de hogares que podía distinguir con ostentosas extensiones de bombillas multicolor, que titilaban constantemente, jugando con las múltiples combinaciones de movimientos, enormes coronas colgadas en cada puerta, decoradas con listones y que decir de los grandes inflables que reposaban en los jardines y ventanas de los habitantes de ciertas zonas del país.

Ese día en particular era 24 de Diciembre, el reloj marcaba las cuatro de la tarde y una estresada peliazul guardaba los archivos en sus respectivos cajones, la oficina estaba prácticamente vacía, ya que al ser festivo para la gran mayoría de las empresas todos los trabajadores habían salido poco después de mediodía, todos; menos los abogados que tendrían audiencias próximas y obvio el encargado del bufete que por supuesto era su jefe directo Kirin. La ojicanela conocía las consecuencias de ser la asistente del abogado mayoritario, pero prefirió permanecer ahí, a pesar de las constantes insistencias de Ranma para que esta regresara con él, Akane siempre argumentaba que al querer iniciar una relación lo más sano para ambos era poner distancia entre sus vidas laborales.

La muchacha movía sus manos y piernas lo más rápido posible, Kirin le había dado la orden de salir de la oficina pues conocía los planes que la asistente tenia para ese día, el traslado a Nerima era algo que lleva tiempo, la chica intentó faltar a su jornada laboral, incluso trató de excusarse con él, pero dada la relevancia de su cargo era forzoso que esta se presentara para trabajar.

-Cuatro quince, aun puedo llegar –mencionó para sí misma la chica mientras se colocaba el pesado abrigo y la bufanda de manera descuidada, cerrando cajones y apagando la computadora casi al mismo tiempo.

El último tren hacia Nerima salía a las seis y aunque tenía aparente tiempo se sobra necesitaba pasar a su apartamento por los obsequios que tenía preparados para su familia –Corre Akane corre –los tacones resonaban en el pulcro piso en tanto trataba de mentalizarse en su objetivo el cual era el elevador, cuando de manera precipitada es halada de uno de sus brazos.

-Creí que te irías más temprano, bueno… eso fue lo que dijiste –mencionó Ranma con un poco de fastidio, recordando como la mujer se negó a quedarse en la ciudad.

-Eso pretendía, pero Kirin me pidió quedarme, discúlpame tengo que irme, el tren sale pronto y yo tengo que ir a mi casa por los obsequios de mis sobrinos –

-¿Tomaras Taxi? –

-Si

-Te llevo, será más rápido –Ranma simplemente comentó aquello restándole importancia al asunto aunque internamente agradecía verle unas horas más, él pensaba que su actual pareja ya se encontraba camino a su ciudad natal.

-Pero ¿y tú? –cuestionó preocupada por echar abajo los planes del chico quien le observaba atento.

-Lo mío puede esperar unos minutos más –que buen actor era Ranma cuando se lo proponía, "lo mío puede esperar" pues claro, su departamento no tenía planes de irse, ni su televisión y mucho menos su sofá favorito.

-¿Seguro? No quiero ser una molestia –ante la dulce cara de la peliazul Ranma sonrió mientras asentía con la cabeza, tomándola de la mano para guiarla hacia su auto.

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Ya en el departamento de la chica, Ranma observaba el sencillo interior del lugar, pulcro, ordenado, sencillo y por supuesto femenino, sus ojos veían atentos cada detalle, fotos, cojines, cortinas; en los pocos días que llevaban de relación la chica no le había permitido entrar, alegando que la situación podría ser un tanto apresurada para ellos, pues siempre que estaban solos las manos del joven abogado buscaban explorar su cuerpo, los masculinos besos la seducían y la ponían en situaciones bastante acaloradas, por lo cual él se quedaba en el auto hasta ver que ella ingresara en el edificio.

Cuando Ranma hacia el minucioso análisis del lugar su azulada mirada se detuvo en uno de los ventanales que daba hacia la calle, lo que observó lo dejo meditando por breves instantes, el árbol navideño que se encontraba frente al vidrio lucia bastante llamativo, las luces incluso tenían sonido, el cual parecía dirigir el constante tintineo multicolor. Las esferas en tonos rojizos, caramelos, listones y lazos hacían que la combinación de ornamentos fuera un tanto cargada, pues quedaba muy poco espacio donde el árbol navideño pudiera lucir sus frondosas ramas, estaba inspeccionando la gran cantidad de objetos colgantes cuando un ruido lo sacó de sus cavilaciones.

A Ranma le dio gracia ver salir a su ex asistente con grandes paquetes envueltos en coloridos papeles y moños, el altero de cajas sobrepasaba su cabeza impidiéndole la vista a la mujer, una maleta colgada a su espalda como mochila, y colgando de sus brazos un bolso grande de mano, bolsas de regalo con alusión a estas fiestas navideñas enganchadas a sus dedos la hacían parecer un perchero ambulante.

-Diablos Akane ¿Cuántos sobrinos tienes? –Articuló sonriendo el varón mientras corría a su encuentro –déjame ayudarte, para eso estoy aquí –

-Solo tres, pero soy la tía loca que los consiente –contestó a la pregunta de su acompañante, colocando algunas de las cajas en los brazos del abogado.

-Gracias –comentó en tanto acomodaba las bolsas y maletas entre sus extremidades, observó que el varón le veía esperando algún tipo de pago, ella simplemente se acercó a él y le besó de manera casta sobre los labios.

-Eso es todo, este ayudante necesita más –habló con un cómico mohín en el rostro, gesto que hizo reír a la mujer.

-Vamos Ranma prometo que te recompensare, anda vamos –y sin más explicaciones Akane le invitó a salir de su hogar, muy a su pesar el joven salió del departamento no sin antes brindarle una ceñuda mirada.

Una vez llegaron al auto, Ranma trataba de acomodar todo en el maletero sin dañar las vistosas envolturas, optando por compartir el equipaje de la chica y algunas bolsas en el asiento trasero. Ya acomodado todo, el azabache tomó asiento en su auto, notando la cálida mirada de su acompañante a lado.

-¿Y pretendías ir en Taxi así? –el comentario burlón no pasó desapercibido para la fémina, quien observaba a Ranma colocarse el cinturón de seguridad.

-Ya vería como hacerlo… créeme –sonrió ante sus propias palabras y fijó sus castaños ojos al frente.

-Lo sé –una mueca se curvó en los varoniles labios, en un gesto un tanto prepotente, la conocía y sabía de los alcances que la peliazul podía llegar a tener. Echó andar el auto, el camino era transitado, el frio era inhumano, el cielo amenazaba con nevar y por la fecha aquello sería una verdadera tortura.

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-¡Justo a tiempo! –Articuló la chica al ver los números marcados en el tablero del auto –son las cinco cuarenta –sonrió hacia Ranma mientras este intentaba estacionarse.

-Akane –la voz de Ranma sonó apesadumbrada – ¿cuándo regresas de Nerima? –la pregunta salió de sus labios de manera dolorosa, no quería dejarla ir, necesitaba tenerla pero entendía la independencia de la chica.

-Mañana mismo, tengo que trabajar el 26 y me vuelvo a ir para año nuevo –respondió con sencillez la mujer de mirada color canela.

-¿No es muy cansado eso? –

-Si pero nunca me he perdido una cena Navideña familiar, colocamos el árbol, mi hermana mayor cocina y hace galletas para los niños, nunca he faltado –Ranma sonrió al escuchar la emoción en sus palabras, le gusto poder observar y palpar la emoción en su acompañante.

-Bueno ya es tarde, muchas gracias Licenciado –habló despojándose del cinturón de seguridad.

-Ranma –mencionó con los dientes apretados, mirando como la chica sonreía divertida.

-Perdón es la costumbre de llamarte a si delante de las personas en la oficina –al ver la molestia del varón, la mujer tomo el rostro de su pareja entre sus manos y lo acercó a ella, besando de manera dulce los labios del azabache, jugando con ellos, acariciando, con los suyos los delgados bordes masculinos, Ranma de inmediato contestó el gesto, tomo la nuca de la chica tratando de profundizar el beso, sintió la tibia lengua recibirle, y su cuerpo por inercia se inclinó más hacia ella, la necesitaba tanto, pero sabía perfectamente donde se encontraban, poco a poco el beso mermó hasta dejar sus frentes unidas, sonriendo mutuamente ante el contacto vivido –bueno, ahora si me voy, que la pases lindo cariño –

-Oye te acompañare, alguien tiene que cargar esas cajas –un poco avergonzado y con un encantador rubor en las mejillas Ranma salió del auto para tomar los paquetes que descansaban en la parte posterior, con los paquetes entre sus brazos, siguió muy de cerca a la peliazul camino a la estación.

Una vez dentro de la estación el revuelo y la inconformidad de las personas era palpable, algunos discutían y otros simplemente se entristecían al escuchar la noticia.

-Disculpe señor que es lo que ocurre –preguntó la peliazul a uno de los guardias

-Lo que pasa es que por cuestión del mal clima que se espera, las salidas de los trenes están canceladas hasta nuevo aviso, al parecer las vías están en mal estado –el hombre de aproximadamente cincuenta años vio con algo de pena a la chica, pues pudo distinguir como su rostro se entristeció al instante de saber el motivo del disgusto de los demás pasajeros.

-No puede ser, pero… ¿eso es solo en esta estación? –la angustia en la voz de Akane era palpable, deseaba que aquel trabajador de la estación le diera una respuesta positiva, era Nochebuena, necesitaba salir ya de Tokio para llegar con su familia.

-No, fue para todas las estaciones de Tokio –ante la contestación la ojicanela sintió como la desesperanza se anclaba en su corazón, sintió tristeza solo de imaginar pasar Navidad lejos de sus seres queridos.

-¿Y los autobuses? –el corazón de Akane parecía salir de su pecho, quería llegar con su familia, su padre de esperaba, sus sobrinos deseaban sus regalos.

-Es la misma situación señorita, las carreteras permanecerán cerradas esta noche por seguridad de las familias–

El abogado pudo ver con claridad la tristeza reflejada en los bonitos ojos de la mujer, el rostro sonriente de Akane se apagó en cuestión de segundos.

-Gracias señor y feliz Navidad para usted –musitó la chica en una pequeña reverencia, salió del lugar con la cabeza agachada, sosteniendo las bolsas con sus manos, Ranma pudo jurar que vio una fugaz lagrima salir de los hermosos ojos color canela.

-¿Estas bien? –preguntó totalmente angustiado, experimentando la gran sensación de consolarla.

-Si –contestó tratando de poner su mejor cara – no pasa nada, ¿podrías llevarme a mi departamento? por favor –aunque su rostro trataba de permanecer sereno el tono en la femenina voz era totalmente lo contrario, experimentaba como las emociones se aglomeraban en la garganta estrangulando la poca estabilidad que en esos instantes le quedaba.

-¿Estas segura de eso? La pasaras sola –para el abogado aquella noche era igual que cualquier otra, para él no existía una cena, una velada o un convivio desde hacía ya muchos años, pero al ver la reacción de la mujer delante de él, presentía la importante de una velada en nochebuena.

-No será tan malo, hace unos días vi que habrá maratón de películas navideñas –sus ojos parecían adoptar un poco de brillo otra vez, era como si ella misma forzara a su sistema a sentirse mejor, dándose ánimos internamente.

-En ese caso, las veremos en mi departamento, está más cercano y pronto nevara– aseveró el abogado quien camino directo al estacionamiento con la idea de no ser rechazado por la mujer.

-Y tus planes, yo no quiero incomodar, suficiente es con que me lleves –Akane caminaba apresurada tras del joven de larga trenza.

-Mis planes pueden ajustarse –sus planes eran comer algo rápido y fácil e irse a dormir temprano.

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Akane observaba por la ventanilla del auto el elegante lugar, definitivo era un edificio caro, nada comparado en donde ella vivía actualmente.

Subieron al ascensor, dejando ver los colores metálicos de las paredes, al igual que percibiendo la calidez del clima, una vez llegaron al piso número seis las puertas se abrieron, los pasillos eran amplios y sobrios, sin mencionar que silenciosos.

Akane todo el tiempo se mantuvo ligeramente atrás, esperando seguir los pasos del alto varón, le vio detenerse y esperó a que este abriera la puerta, Ranma hizo un gesto galante con su cuerpo cediéndole el paso a su invitada, ella sonrió y entró observando con detenimiento el lugar, era elegante, amplio, masculino, todo en una gama de grises y blancos.

-Qué bonito lugar –articuló asombrada de la elegancia del espacio, caminando lento, delineando cada detalle.

-¿Te gusta? –Ante la pregunta la chica asintió –Y no has visto lo mejor –comentó el hombre mientras pulsaba el botón de encendido de una chimenea eléctrica, la cual simulaba el fuego de esta en una pantalla que iluminaba la sala de estar.

-Wow, me gusta mucho –

-¿Tienes hambre? –cuestionó sonriente el anfitrión de aquella inesperada visita, por suerte todo parecía estar en su lugar, agradeció el servicio de limpieza y mantenimiento que mensualmente pagaba.

-No mucha –respondió la peliazul –Aun –no pudo evitar sonreír ante su respuesta

Al escuchar aquello Ranma sacó su móvil y rápidamente se dirigió a la app de comida a domicilio, haciendo un amplio pedido de bebidas, postres y una digna Cena Navideña, una vez terminado de hacer el pedido, fue directo al frigorífico para poder extraer una botella de vino rosado, de uno de los gabinetes tomo dos amplias copas, en ese instante agradeció que su hogar fuera un espacio abierto donde la cocina, el comedor y la gran sala de estar fuera una sola habitación, pues mientras vertía el líquido en el recipiente de cristal podía seguir delineando la bonita silueta femenina que se paseaba por su sala.

Se acercó a ella con dos copas de vino en las manos, invitándola a sentarse en el amplio sillón.

-Esta será la primera vez que no estoy con mi familia en nochebuena, es extraño –comentó al mismo tiempo que se ponía cómoda en el esponjoso asiento, reposando la copa momentáneamente en su regazo.

-No puedo creer que alguien como tu pasara Navidad en casa, digo es un día para las parejas –el comentario del azabache iba con la finalidad de saber más de su acompañante, le carcomía el no conocer mucho de ella, aunque sus pláticas eran extensas, aun no tocaban muchos temas de su pasado.

-A Mamá le gustaba pasarlo con nosotros, se quedó como costumbre familiar después de su muerte, es una bonita forma de recordarla, el árbol navideño era lo más importante –habló desviando la mirada a su alrededor buscando algo.

-Yo no puse pino navideño –

-No te preocupes lo entiendo –

Ranma sonrió, esto definitivo era algo que nunca, nunca en su vida lo había hecho porque naciera de él, pero lo haría solo por verla sonreír

-Espera un momento –dejó la bebida en una de las mesillas que hacían juego con los muebles de la estancia, caminando de manera apresurada al estrecho corredor.

Se dirigió a uno de los armarios y revolvió todo lo que pudo, buscando aquel objeto olvidado por años, sabía que estaba guardado en una caja, ya que su madre lo había tenido que guardar, la última y única vez que esa cosa vio la luz del día.

Nodoka Saotome lo había comprado y colocado en la sala de su hogar y para su mala suerte fue ella quien tuvo que quitarlo, ya que se acercaba Febrero y el artefacto aún estaba en el mismo lugar, algo más polvoriento de lo que debería estar.

Sacó todo lo que pudo y por fin lo vio en la esquina del armario.

-Te encontré –musitó con alegría al ver la caja de cartón, sacudió ligeramente la tierra de la superficie y se encaminó a donde la chica le esperaba.

Akane le vio ingresar con una gran caja entre sus manos

-¿Qué es eso? –cuestionó al ver el gran cubo de cartón entre los brazos de su interlocutor.

-Ya lo veras –abrió las solapas de la caja dejando ver un árbol sintético en color blanco.

La mujer sonrió ampliamente de manera instintiva al ver aquello, no pudo evitar colocarse al lado de la caja que Ranma depósito justo frente al sofá.

-¿Te puedo ayudar? –preguntó mirando hacia el interior del gran cubo, donde pudo distinguir los diferentes ornamentos y luces.

-Claro, creo que yo no podría hacerlo solo, pero antes…. –con su móvil buscó música acorde a la temporada, haciendo que la chica sonriera cantarina y le abrazara de manera efusiva, teniendo de fondo alegres villancicos.

-Gracias Ranma –tras un fugaz y efusivo beso, Akane puso manos a la obra, sacando las decoraciones y series de bombillas.

Después de un considerable tiempo, ambos jóvenes observaban con alegría su gran trabajo, el árbol había quedado bastante decente, los tonos obviamente eran masculinos, azules, plateados y dorados en contraste con el pino en color blanco, luces en un tono un poco más cálido, hacía que luciera encantador, aunque el tamaño no era nada fuera de lo normal, tal vez un metro y medio contando la estrella en la copa.

-No nos quedó nada mal ¿tú qué opinas? –la chica recibió una amplia y autentica sonrisa de parte del abogado ante su cuestionamiento, Ranma podía distinguir lo armonioso de aquel árbol navideño en su sala de estar, y a decir verdad disfrutó el momento, se divirtió, bailó, besó, abrazó y memorizo cada detalle de la puesta del Árbol Navideño.

El sonido del timbre lo saco a los dos jóvenes de la minuciosa evaluación de aquella decoración.

-¿Si? –el varón de trenza contestó mientras presionaba el botón del intercomunicador del departamento.

-Joven Saotome, un repartidor está pidiendo ingresar para entregarle unas cuantas cosas –

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10.- la cena navideña.

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Le gustaba comer, esa era una cuestión muy muy cierta, disfrutaba de los alimentos, pero al estar tanto tiempo solo, también había aprendido a amar su soledad, se había acostumbrado a sus silencios, a valorar su espacio y todos aquellos placeres que el vivir solo conllevaba.

Recordó con algo de nostalgia los grandes banquetes que su madre preparaba para sus amigos y familia, donde todos se sentaban a la mesa y degustaban las delicias preparadas por la matriarca de aquel hogar.

Entonces desde cuando él no disfrutaba de aquello, por primera vez después de mucho tiempo se hizo aquella pregunta, ¿porque le disgustaban las cenas Navideñas?

Era muy pequeño cuando su padre lo alejó del seno materno, con el pretexto de entrenarlo y hacerlo un hombre de bien, se perdió muchas navidades, porque aunque iban y venían las fechas pasaron a ser solo eso fechas, días sin importancia, cuando Ranma Saotome tuvo la madurez de revelarse las costumbres y tradiciones ya no eran tan significativas.

Y si a eso le sumaban que desde muy joven se independizo de su familia, la cuestión fraternal quedo totalmente de lado.

Toc…. Toc… toc…. Los golpes de la puerta lo trajeron a la realidad, dejando de lado la meditación.

-¿Esperabas a alguien? ¿Necesitas que me vaya? –la voz de la chica un tanto preocupada le hizo voltear a verla, él simplemente sonrió y negó con la cabeza, tomó su billetera y se dirigió a la puerta de entrada.

Akane se quedó en la sala de estar expectante a lo que vendría, escuchaba el parloteo y le dio curiosidad, podía distinguir que era un hombre, tal parecía que entregaba algo "un repartidor" pensó la mujer.

-Muchas Gracias Señor –distinguió la voz del chico que se encontraba en la entrada.

-De nada, FELIZ NAVIDAD y suerte –escuchó como después de aquellas palabras Ranma cerraba la puerta, distinguiendo sus pasos al acercarse una vez más a donde anteriormente se encontraban

Giró su cabeza hacia la impecable mesa que se encontraba justo detrás de ella, Ranma colocaba, cajas, bolsas y algunos recipientes sobre esta, parecía que una gran fiesta se daría en aquel departamento, le dio mucho gusto escuchar como despidió al chico repartidor, notó una gran alegría en el joven al hacer referencia a la propina dada por su acompañante, gesto que la hizo reír, Ranma había tenido cambios notorios estas últimas semanas, incluso pudo distinguir un "feliz navidad" "suerte" eso era nuevo.

Akane esperó prudente a su llegada, le vio acomodar algunas cosas en la nevera y otras cuantas en una de las alacenas.

-Pasan de las Nueve ¿quieres cenar ahora? –La chica asintió feliz, Ranma sacó dos bonitos platos, al igual que copas y cubiertos, colocó la cena en el centro de la mesa y las bebidas –Señorita la cena está servida –sonrió ante sus comentarios esperando una respuesta de su invitada.

-¿Eso es una cubeta doble de pollo frito de KFC? –El abogado asistió un poco temeroso ante las afirmaciones de la ojicanela –Amo este pollo ¿pediste doble puré y ensalada? –

-Pero por supuesto –

-Esta es la mejor cena a la que he sido invitada en nochebuena –

-Alguna vez escuche que esto es lo más parecido a una cena navideña Norteamericana, incluso supe que es una tradición aquí en Japón para muchas familias –

-Siii, yo también –

-Pero nosotros la acompañáramos con un buen vino, pasta, un poco de pan condimentado y obvio postres –a Ranma le emocionó todo aquello salir de sus propios labios, le encantaba verla sonreír y desprender aquellas auras de felicidad, por su parte él trataría de darle la mejor navidad del mundo.

La música de fondo era muy ligera, una melodía casi imperceptible, el vino, la incomparable compañía, la complicidad y la deliciosa cena parecía ser el momento perfecto con la persona correcta.

-¿Dejaste espacio para el postre? –preguntó el abogado al ver las cantidades de comida que ambos ingirieron, para ser pequeña gozaba de un buen apetito, detalle que él disfrutó, no era mujer que fingía comer ensaladas y porciones pequeñas.

-Siempre existe espacio para una buena golosina –la mujer de cabellos cortos hablaba mientras dejaba la amplia copa en la mesa.

Ante la respuesta el estudiado en leyes se levantó del comedor, para dirigirse a la nevera, sacando con cuidado una de las cajas de cartón, con el nombre de una de las pastelerías más famosas y caras de la localidad. Akane no pudo evitar sentir emoción al ver el dulce biscocho, era un postre tradicional y muy típico en la época Navideña en el país Nipón.

-Me harías el honor –el joven de cabellos trenzados le extendió el cuchillo y el par de pequeños platos –Yo serviré las bebidas, el vino está en su punto –ante el comentario del varón la peliazul no pudo evitar morder su labio inferior sin despegar sus ojos de aquel adorable pastel.

-Una tarta de nata y fresa… es un clásico, licenciado me sorprende –

Ranma pensó tantas cosas al escucharla, se sorprendía de pequeñas cosas, si supiera que el más sorprendido era él, algo pasaba dentro de su mente y corazón…. Se asustaba, le aterraba al mismo tiempo que lo hechizaba y doblegaba.

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11.- el mejor regalo.

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No era una exageración el decir que poder comprar los regalos en estas fechas era una verdadera odisea, la locura dentro de las tiendas, el tráfico para trasladarte de un lugar a otro, el problema de los estacionamientos en los centros comerciales y el abuso que existía de parte de los dueños de grandes tiendas quienes elevaban sus costos al máximo, sabiéndose poseedores de lo que la otra persona desea obtener, lucrando con la desesperación y necesidad del ser humano.

Cuando Ranma Saotome era pequeño llegó a vivir cómodo al lado de su madre, no le hacía falta nada pero tampoco existían los lujos, recordó que en las pocas ocasiones en las que él realizó una carta para Santa Claus de aquella lista interminable de juguetes solo llegaba cierta cantidad de estos debajo del modesto pino Navideño, o simplemente los obsequios no eran lo que exactamente él había escrito en aquella carta.

Muchas veces deseo aquellos costosos y modernos juguetes que colocaban en las vitrinas o aparadores de las ostentosas jugueterías justo una semana antes de Navidad, cuando la locura de las compras era interminable y las filas en los grandes comercios parecían eternas.

En parte también ese era su disgusto con la Navidad, las ilusiones que la fecha creaba hacia los niños; donde un ser mágico con apariencia de anciano, largas barbas platinadas, bastante robusto, y con un atuendo en rojo chillante te concedería todo, todo…. creando expectativas inimaginables, donde el limite era el mismo cielo…. Pero es que analizando con cautela la situación era más que obvio cuando los niños pedían el mundo entero, pues este ser al que todos llamaban Santa recorría en una noche el planeta, visitando los hogares de los niños para dejarles hermosos regalos, viajaba en un trineo halado por renos que volaban con la magia del amor y las ilusiones de los más pequeños, sin mencionar que el anciano de más de cien kilos ingresaba a los diferentes hogares por las estrechas chimeneas, aquello era físicamente imposible, las anteriores razones hacían creer a los niños que ese ser todo lo podía.

Al llegar a la adultez Ranma se dio cuenta que Navidad era un día más, tan común y corriente como los demás, donde ya no recibía un regalo espectacular, donde su familia y amigos regalaban por el simple hecho de entregar algo en las manos del otro, no fijándose en sus gustos y preferencias.

En su mente aparecieron los detalles sociales de sus seres allegados; un teléfono inteligente igual o más sencillo del que ya poseía, un termo para café personalizado… él ni siquiera bebía aquello, un suéter tres tallas más chico de lo que usaba y para rematar en un color horrible, calcetines ¿Calcetines? ¿Quién regala calcetines? Guantes, corbatas feas, tarjetas, chocolates ¿Qué haría Ranma Saotome con todo aquello? Lo más seguro es que todo terminara en la basura o en un rincón del armario.

Pero esta navidad fue diferente, Santa Claus, las deidades, Kamisama, los entes mágicos de la Navidad, duendes y todos aquellos seres encargados de hacer feliz a las personas por fin lo consiguieron, el varón de mirada azulada sonrió ante su pensamiento, se sintió tan, pero tan estúpido de reír sin aparente explicación, pero no podía dejar de curvar sus labios mientras con sus ojos delineaba la bonita espalda desnuda que descansaba a su lado, tan tersa, pequeña y perfecta.

Gran parte de la noche había velado el femenino sueño, había disfrutado de su cuerpo, sus besos, sus caricias, su presencia no se había equivocado ella era perfecta, hermosa, rememoró el sabor de su piel, si antes estaba loco por ella, ahora se había vuelto adicto de su esencia, de toda ella, porque esa pequeña hada invernal lo había trastornado.

-Los milagros navideños si existen, los deseos si se hacen realidad –en ese instante entendió la felicidad de los niños y niñas al recibir un regalo, la emoción al tenerlo, la desesperación de esperarlo, quería gritarle al mundo que lo que más deseaba descansaba a su lado, literal le había amanecido lo más deseado por él.

-Que increíble regalo –musitó acariciando la femenina espalda, inclinando su cuerpo hacia ella, colocó su gran mano sobre la tersa piel, comparando tamaños, se dio cuenta que con su mano extendida abarcaba gran cantidad de la delicada piel –es tan hermoso todo de ti –y con su nariz delineo los detalles sobre la dermis, era suave y olía a ¿él? Claro que olía a él, pues se había encargado de no dejar un solo tramo sin ser magreado, besado y corrompido por su ser.

¿Sonrió? En serio otra vez, bueno en realidad no había dejado de sonreír, ese gesto parecía tatuado en su rostro, ya le dolían las mejillas ante el constante acto.

Con sus labios acaricio la parte trasera del bonito cuello, siguiendo un descendente camino por la columna vertebral, ese coqueto canalillo tan blanco y marcado, mientras mimaba su piel observó algunas ligeras marcas en aquel perfecto lienzo que era la esbelta espalda, entre besos apasionados y marcas de sus propios dientes recordó la alocada noche de pasión. Cuando el jugueteo de besos y caricias inicio, subió de nivel y en un dos por tres hacían el amor, tan tiernos y románticos como sus anatomías le permitían, fue tan mágico y delicioso, para él, fue una ensoñación poder desnudarla y entregarse a ella de la manera más carnal y delicada a la vez, donde fue correspondido, los ligeros gemidos femeninos que rozaban su oído al compás de un aliento libio era la respuesta perfecta, hacían el amor, no era el acto de coito por satisfacer sus cuerpos, era de desesperación y la necesidad de tener a la otra persona entre sus brazos y mostrarle las miles de emociones y sensaciones que ese ser despierta en ti, poder demostrar la necesidad que experimentaba por la otra persona.

Después de la mutua entrega, sus cuerpos quedaron satisfechos, jadeantes. Recordó que dormitó un poco y la segunda entrega se hizo presente, esta vez con más ferocidad saciando sus más bajos instintos, la mujer lo cabalgada totalmente hambrienta de él, el movimiento de los bonitos senos al ritmo de las femeninas envestidas lo idiotizaban, ella llevaba el control, incluso cuando Akane pronuncio –Tu no hagas nada, solo disfruta –lo hizo someterse de lleno a su juego, lo devoraba, verla buscar su placer entre sus cuerpos, disfrutando de las fricciones, fundiendo sus anatomías con fuerza, esa pasión era completamente la gloria.

Regresó con pereza de sus recuerdos, al sentir movimientos de su pareja, estaba pronta a despertar, y es que desde que sintió la luz del día colarse por la ventana no había hecho otra cosa más que contemplarla y mimarla.

-Buenos días perezosa –habló despacio esperando que ella le diera la cara.

Akane por su parte abrió sus ojos ubicándose y reconociendo el lugar, sonrió aun adormilada pero feliz de recordar lo vivido, definitivo despertar con ese "buenos días" la hizo sentir feliz.

-Buenos días –contestó girándose, cubriendo con la sabana su desnudo cuerpo, en tanto una amplia sonrisa se dibujaba en su rostro.

-¿Cómo dormiste? –preguntó el ojicobalto

-Excelente –inmediatamente después de esa respuesta Ranma busco sus labios, con la intención de fundirse en un apasionado beso –Espera, espera, no… -Ranma simplemente se detuvo sorprendido de aquellas palabras y pudo distinguir como la mujer se cubría en su totalidad con las sabanas –mi aliento debe de ser terrible, el vino, la cena… -no la dejo continuar y destapó el bonito cuerpo, colocándose sobre ella para así impactar sus labios con los femeninos.

-¿Crees que esa tonta justificación me detendrá? –cuestionó entre risas y besos.

-Debería –

El juego de caricias siguió bajo las tibias sabanas, besos, mordiscos, toqueteos y rudas embestidas fueron parte de aquel apasionado despertar.

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Continuara

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N/A

Hola….

Gracias por seguir motivándome y leyéndome, como sabrán pocas veces termino un fic jejejeje por lo inestable que soy pero le estoy echando todas las ganas para poder concluir este.

No se me dan los universos alternos pero hago todo lo posible por que sea de su agrado.

Aquí muestro otros tres aspectos que Ranma no disfruta mucho, pero creo que ya le encantara jejejeje

Gracias a todas las personas que me dejaron review en el anterior capitulo, a las que me marcan como favorito y a las que le dan seguir a mi perfil, de verdad mil gracias.

Gracias súper extra especiales a mi espectacular beta Ziari27, ella siempre está atenta a mis ideas y mis desvaríos, ella es parte de mis locuras y cochinadas jejejejeje.

Gracias a la página de Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma y a la página de Inuyasha Fanfics por crear esta dinámica.

Gracias a la espectacular artista que creo la portada de esta historia SaoTendo mil gracias te quedo genial (la portada está en mi perfil de fb jejeje) corran a seguir a la artista en fb Ranko SaoTendo y en instagram como Saotendo_1957.

Gracias a todos…

Y como siempre me despido como los grandes

¡GRACIAS TOTALES…!

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