Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Capítulo dos:
Te conozco; te recuerdo.
La había visto correr en dirección recta y luego doblar hacia la izquierda, de ahí en más el camino que tomó Naruto lo debería averiguar por su cuenta. Todo sudado y con el corazón acelerado caminó por los pasillos del que creía era el Hospital General de Konoha, aunque ahora lo ponía en duda. De alguna manera logró atravesar el largo pasillo, pero grande fue su sorpresa al darse cuenta de que no estaba en el lugar que en un principio creyó.
—Esto es… ¿una escuela? —Retrocedió dos pasos, completamente horrorizado. Un miedo que inevitablemente se apoderó de su cuerpo y que hace mucho tiempo que no sentía: miedo a lo desconocido—. ¡¿Qué demonios?!
No se atrevió a adentrarse al salón de clases solo porque sabía que si lo hacía era capaz de perder el conocimiento de nuevo y… vamos, era algo que quería evitar a toda costa, por lo que dio la vuelta y se encaminó al final del pasillo hasta llegar a la última puerta, pues era la última habitación y, por lógica, la chica debió haberse metido en ella.
Cometió el grave error de abrir la puerta sin tocar primero.
—Disculpa, se te cayó… —Pero enmudeció súbitamente ante lo que sus ojos le mostraban: la misma chica de antes estaba ahora enfrente suyo, semidesnuda, y se cubría con una tela blanca. La desconocida ahogó un grito, pero del susto cayó al suelo, mientras que sus ojos blanquecinos lo miraban asustados.
Los colores se le subieron al rostro y junto con él el calor del nerviosismo que se alojó en las mejillas del rubio. Por un momento se quedó embelesado con la palidez de la piel de ella.
—¡Lo-Lo siento! —gritó y arrojó el pañuelo, culpable de aquella situación, dentro, luego cerró la puerta tan pronto como pudo—. Se te cayó y vine a devolvértelo —explicó del otro lado con la espalda apoyada sobre la puerta, pero nadie contestó.
Pasado un tiempo, Naruto decidió volver a abrirla, esta vez tocando primero, sin embargo, aquella desconocida ya no estaba.
—Qué forma tan educada de despedirse —comentó por lo bajo, observando lo que parecía ser un vestidor gigante, lleno hasta el techo de vestidos y trajes. Parecían disfraces de teatro. Se deslizó a paso lento por el lugar que en realidad no resultaba ser otra cosa que otro pasillo oscuro—. Esto me pasa por querer ser buena persona —se quejó algo hastiado, pisando con cuidado para no caerse. Arrugó el ceño y rápidamente llevó una mano a su machucada nariz, la que se estrelló contra otra puerta—. Entonces por aquí salió.
Al abrirla se topó con hileras interminables de butacas, lo que le hizo suponer que estaba en una especie de teatro.
—Si de repente alguien me preguntara en dónde mierda estoy, diría que en una pesadilla —murmuró al darse cuenta de que en menos de una hora había pasado de estar en un hospital a una escuela y de una escuela a un teatro. ¿Cómo? No lo sabía.
Las luces del escenario estaban encendidas y alguien se deslizaba de un lado al otro sin cesar. Naruto giró sobre su eje, atraído por tan hipnóticos movimientos.
Era ella, la chica de antes.
Y no solo eso, ella era…
.
—¡Llegamos! —anunció levantando las manos de los ojos de ella.
—¡Woa!—respingó del susto—. ¡Qué hermoso! ¡Realmente asombroso!
Parecía otra persona en aquel momento, la soltura con la que le hablaba era gratificante.
Naruto se alegró de provocar semejante cambio en ella.
Los primeros fuegos artificiales comenzaron a mostrarse sobre el firmamento.
—Gracias por traerme, Naruto —sobre sus pies se giró a mirarlo. Sus ojos claros se mostraban agradecidos y una suave brisa jugó con su cabello y elevó su vestido unos centímetros por encima de la rodilla.
Hinata se veía realmente atractiva esa noche.
.
La bailarina se detuvo en medio del escenario, de espaldas a las butacas y al rubio no se le ocurrió mejor idea que aplaudir emocionado hasta las lágrimas…
Y no era para menos: volver a ver, después de lo que le pareció una eternidad, a la persona que más amó en su vida era, en definitiva, lo mejor que le podría haber pasado.
Hinata se dio la vuelta exaltada, no esperaba que absolutamente nadie estuviera a estas horas, pues el club de teatro no vendría sino hasta más tarde. Sumado a eso, el desinterés genérico por el alumnado le daba la seguridad de que el escenario estaría completamente vacío.
Pero ese ya no era el caso.
—¡¿Qui-Quién está ahí?! —gritó con voz temblorosa, retrocediendo unos pasos a pesar de que la distancia entre él y su persona era de por sí considerable. Llevó amabas manos a su pecho intentando cubrirse pues no estaba acostumbrada a que alguien la viera con ese vestido (que, a pesar de ser tan lindo, no tenía mangas y era de pecho abierto, algo que la hacía sentir algo incómoda). Arrugó el ceño, un poco molesta.
—¡No es lo que piensas! —respondió igual que ella: a los gritos—. ¡Yo solo vine a devolverte ese pañuelo! Y luego tú desapareciste…
Silencio. Un ambiente incómodo se había formado hasta que fue roto por ella.
—Está bien —dijo después de un suspiro. Se acomodó un mechón detrás de la oreja y siguió hablando—. Pero, por favor, no le digas a nadie que estoy aquí… Ni qué hago.
Naruto sonrió como normalmente lo haría y alzó su dedo pulgar en señal de apoyo.
—¡Claro que no lo haré, de veras! —exclamó efusivamente, algo que la hizo sonreír tímidamente y a él le recordó los viejos tiempos…
…Tiempos cuando aun la posibilidad de masacrar al Clan Hyuuga era, todavía, una completa locura.
La nostalgia y la melancolía lo embargaron por completo, de nuevo queriendo llorar, pero se las guardó corajudamente pues no era el momento.
—¿Me podrías…? —Hinata señaló hacia abajo con una mano izquierda mientras que con la derecha agarraba su vestido. Al instante, el rubio captó la indirecta.
—¡Claro!
La tomó con fuerza de ambos brazos y le dio suficiente espacio para saltar, aunque perdió el equilibrio por lo que debió apoyar todo su peso sobre el pecho de él. Sin embargo, se alejó rápidamente, roja hasta las orejas.
—¡Perdón! No quise ser tan indiscreta —se disculpó con la vista fija en el piso. Tenía la cabeza gacha y las manos entrelazadas, lo que le hacía ver más pequeña de lo que realmente era. Además de eso, la forma en que sus brazos estaban dispuestos a los lados del cuerpo hacía que sus pechos sobresaliesen, lo que sonrojó a Naruto.
—No… No pasa nada —negó—. Tan solo fue un accidente, Hinata —agregó tranquilamente, pero se mordió la lengua al darse cuenta de que probablemente no debería haberlo hecho.
Hinata frunció el ceño.
—¿Cómo es que…?
—¡Naruto, ¿dónde estás?! —la potente voz de Sakura se hizo escuchar por todo el teatro y su cabellera rosada se dejó ver a lo lejos—. ¡Naruto!
Obviamente, ella no los había visto.
Cuando Naruto iba a responder sintió un tirón que lo obligó a agacharse, Hinata le rogaba silenciosamente que no dijera nada, a lo que el rubio asintió.
Entonces se levantó y alzó una mano.
—¡Aquí! —anunció efusivamente mientras que de reojo veía a la morena dirigirse a gatas hasta el vestuario.
—¡Naruto, idiota! —Sakura caminó a paso enojado hacia él y cuando lo tuvo en enfrente le dio un coscorrón en la cabeza con algo de fuerza—. ¡Te estuvimos buscando por todos lados! ¿Qué rayos estabas haciendo?
—No me podía estar quieto —respondió tratando parecer normal, pero eso solo levantó sospechas en su amiga, quien frunció el entrecejo.
—Ajá, ¿y por qué viniste precisamente al teatro? —inquirió cruzándose de brazos.
—¿Eh? ¿Qué dices, Sakura? —Rió un poco—. Por nada, simplemente daba vueltas y terminé aquí, ¡de veras! —respondió más alegre.
—Vámonos, ya lo encontramos —Sasuke apareció casi de entre las sombras, sobresaltando a sus amigos.
La pelirosa suspiró ya rendida.
—Está bien, pero primero pasemos por un konbini y compremos lo que la Directora Tsunade nos recomendó, ¡vamos! —Ordenó tomando y arrastrando a Naruto del brazo—. Por cierto, ¿cuándo llegaste, Sasuke? Pensé que te habías quedado en el gimnasio.
Naruto miró a Sasuke, esperando su respuesta y este, serio como siempre, respondió:
—Llegué antes que tú. Unos diez minutos —Se encogió de hombros, indiferente.
Esa fue una señal de alerta para Naruto, ¿no habrá visto Sasuke a Hinata y posteriormente la conversación que tuvo con ella?
Bien, después de tanto tiempo, por fin actualicé. ¿Les gustó? Espero que sí.
Por cierto, ¡feliz navidad!
Atte:
Jeffy Iha
