Naruto no me pertenece.
Capítulo tres:
Este mundo tan extraño...
—Naruto… ¿A dónde vas? Tu casa es por allá —Sakura se giró a verlo y Sasuke igual. Ambos, en mayor o menor medida, se notaban preocupados por su amigo.
Caía el atardecer cuando los tres se dirigían a la casa de Naruto, sus amigos lo consideraron pertinente al ver el estado de confusión que tenía, además de que querían asegurarse de que llegara a su casa sano y salvo.
Naruto, por más disperso que estuviera, se daba cuenta de lo que ellos hacían por él. Pensaba que estar en ese mundo tan extraño en el que había aparecido de repente y encima encontrarse con personas que en su vida hubiera pensado volver a ver… Pensaba que, por más raro que se sintiera, se le había otorgado una segunda oportunidad de ser feliz.
Sonrió con mejor humor.
—¿Eh? ¡Solo estoy cansado, de veras! —dijo la verdad y se echó a reír—. La verdad es que solo quiero llegar a casa y dormir.
—¡Nada de eso, Naruto! Tienes que comer lo que compramos y recuperarte pronto —dictaminó con voz firme y algo enojada por la actitud del rubio—. Además ya estamos en tu casa —agregó.
Por inercia giró la cabeza hacia la derecha, dirección que apuntaba el dedo de su amiga, encontrándose de pronto frente a una casa grande, no era gigante, pero sí más que su departamento.
—Nos vamos, ¡cuídate y aliméntate adecuadamente! —se despidió Sakura siendo seguida por Sasuke, quien si emitir ni una sola palabra, elevó una mano y asintió con la cabeza.
Viéndolos desaparecer tras las luces del ocaso, Naruto encaró la casona y subió las escalinatas hasta la puerta, se tomó unos segundos para respirar y tranquilizarse antes de abrirla sin saber a quién se encontraría detrás de ella.
—Estoy… en casa… —susurró más por costumbre que por esperar alguna respuesta. Siempre había estado solo, de todos modos.
—Bienvenido.
Pero en ese mundo tan extraño en el que había aparecido, podría encontrarse con personas que jamás pensó que volvería a ver.
Era, definitivamente, una segunda oportunidad.
—Bienvenido a casa, Naruto —Tanto Kushina como Minato recibieron con grandes sonrisas a su hijo.
Se le hizo difícil contener las lágrimas de emoción que por tercera vez en el día luchaban por salir y hacer de las suyas. Dejó las bolsas en el suelo y se disculpó con sus padres, luego subió por las escaleras y se dirigió, por puro instinto, a lo que creía que era su habitación.
Se estaba convirtiendo en un llorón de primera, cuando en su infancia ni aun estando completamente solo, ni el rechazo general de la población, ni la ausencia total de sus padres o alguien que lo quisiera lo habían hecho entristecer de este modo.
Solo recuerda haberlo hecho en dos ocasiones: cuando Iruka casi muere por él y luego… cuando asesinó a Hinata.
Oyó pasos que se dirigían a su cuarto y escondió la cabeza entre sus rodillas, hipando suavemente. Cada tanto, se limpiaba los mocos y volvía a llorar.
La puerta se abrió:
—Naruto, ¿qué sucede? —la voz suave de Kushina, su madre, compasiva y amable, solo logró que su llanto se intensificara—. ¿Es por lo de hoy, no? Tranquilo, hijo, no te asustes por eso, a la mayoría le pasa en algún momento de su vida.
El modo de proceder de la pelirroja distaba mucho de lo que se había enterado en su mundo pero, si lo pensaba mejor, él también se estaba comportando distinto a lo que era.
Se dejó ser, y abrazó a su progenitora, esa que le había faltado durante toda una vida. Pronto, esta lo soltó y se alejó de él.
—La directora Tsunade me llamó durante la tarde, me dijo que te descompensaste mientras ibas yendo a tu clase de gimnasia, pero aseguró que ya te encontrabas en reposo y que solo era anemia leve —comentó Kushina sentándose a su lado—. Así que vamos, cámbiate de ropa, ponte cómodo mientras yo preparo la cena, ¿está bien?
—Sí… mamá —respondió. Qué dulce fue pronunciar tan simples palabras. Cuando la mayor hubiérase marchado, dejándolo solo, Naruto se permitió observar su habitación que tenía, al menos, las mismas dimensiones que su departamento entero. Pero claro, este espacio solo tenía una cama, un armario, un escritorio, un librero y, al lado, un televisor junto con un equipo extraño. Naruto bostezó, realmente cansado.
—Naruto, la comida está… ¡Naruto, te dije que te cambiaras! —gritó su madre realmente furiosa y daba la sensación de que le saltaría encima, Naruto se sobresaltó ante tal espanto. Su madre suspiró, de repente más tranquila—. Bien, tienes diez minutos en lo que yo lavo los trastes, así que anda y apura, ya sabes.
El rubio no esperó ni un segundo después de que la pelirroja volviérase a marchar y acató la orden lo más rápido que pudo.
Minutos más tarde (ocho para ser exactos, ya que los tenía contados), se apareció en el comedor donde su padre miraba con deseo la cena mientras que su madre estaba sentada y de brazos cruzados, pero en cuanto Naruto apoyó su trasero sobre la silla su humor cambió repentinamente y exclamó:
—¡Qué se aproveche! Por la tarde compré algo de carne de ternera, rica en hierro y cocí una ración extra de arroz, que también tiene algo de eso, ya sabes.
Naruto observó cómo su padre sonreía grandemente, luego a su madre que parloteaba sin parar sobre su día y por último, bajando la mirada, fijó su vista en el plato. De pronto le comenzó a doler el pecho, completamente emocionado, ¿cuánto tiempo pasó desde la última vez que comió algo casero? De hecho, esta era la primera vez desde que tenía memoria. Comida casera, hecha por su madre, la cual hablaba con su padre, y los tres estaban sentados en la mesa cenando como familia.
Minato dejó de reír repentinamente y miró a su hijo.
—Naruto, ¿te sientes bien? —Preocupado, el mayor se levantó de su asiento y apoyó ambas manos sobre la mesa. Kushina hizo lo mismo y más: se dirigió al rubio y posó ambas manos sobre los hombros de este.
Entre tanto, Naruto negó y levantó la cabeza. Una débil pero sincera sonrisa se trazó tímidamente en sus labios.
—Perfectamente, ¡de veras! Solo… Solo que estoy muy feliz de tenerlos conmigo —respondió, ensanchando su sonrisa.
A continuación, Kushina lo apretujó entre sus brazos con fuerza.
—¡No deberías decir cosas tan tristes, ya sabes! —dijo en su oído y Minato lanzó una suave carcajada.
—Al contrario, nosotros estamos agradecidos por tenerte.
Ah… resultaba que, de repente, el considerar vivir ese tipo de vida de ahora más, aún con cosas sin aclarar y en circunstancias extrañas, no le parecía tan malo.
Naruto quería comenzar una nueva vida, ahora que tenía una segunda oportunidad.
Han pasado 84 años... Vah, eso es lo que siempre digo :v Como sea, encontré el papelito donde tenía toda la trama planificada (lo que uno encuentra mientras limpia su habitación, ¿no? xD).
En fin, ¿qué les pareció el capítulo? ¡Cualquier duda, consulta, halago o tomatazo al review! ;)
Atte:
Jeffy Iha
