Naruto no me pertenece.
Capítulo cuatro:
Renacer
—¿Hyūga Hinata? Uhm… Sí, del 2-8 —comentó Sakura después de tragar—. ¿Por qué la buscas?
Al otro día, siguiendo la misma línea de pensamiento de anoche, Naruto decidió averiguar el status actual de Hinata, quien en el mundo anterior había sido su novia, pero ahora no parecía conocerlo. Fue directo a preguntarle a Sakura que, según comentarios dichos por ella misma el día anterior, estaba en el Comité Educativo y pensó que quizás podría conocerla.
Y fue una suposición acertada.
—Porque ayer me encontré a Hyūga Neji preguntando por ella, pero yo no supe qué contestarle —mintió lo mejor que pudo, ya que no siempre lo hacía—. Y me quedé con la duda —agregó.
Sakura asintió poco convencida, pero como su amigo venía raro desde el día anterior, lo dejó pasar. El que no, pero solo se limitó a mirarlo por unos segundos, fue Sasuke. Naruto le sostuvo la mirada por unos minutos, pero luego lo dejó pasar.
Sasuke siempre había sido, es y será su mejor amigo, sin importar el mundo o el lugar y lo conocía mejor que nadie, por lo mismo Naruto podía afirmar sin miramientos que se veía cierta paz y tranquilidad detrás de su personalidad displicente habitual que en sus ojos mostraba. Y aunque su frivolidad seguía siendo la misma, sentía una calidez emanar desde su interior.
Y pensó, casi con alivio, que quizás él es feliz con su familia. Mamá, papá, hermano, tíos, primos y hasta el perro que siempre quiso tener.
Naruto miró su alrededor, el ambiente escolar (desconocido para él hasta el momento) le resultaba pacífico y sin grandes sobresaltos, aunque de esto se quejaran sus compañeros de estudio, que más de uno hubiera deseado que algo importante le ocurriera. Pobres gentes, pensaba el rubio, que desean el verdadero horror aún sin conocerlo.
Horror. Cuanto hubiera él deseado nacer en ese mundo sin más preocupaciones que pasar de curso. Cuánto hubiera él deseado no conocer las atrocidades del otro. No podía afirmar que odiaba el mundo ninja, en absoluto, sin él quizás ahora no estaría tan agradecido de su vida actual. Un mal necesario, se le llama. Un mundo… donde puede convivir y hablar con sus amigos sin preocupación alguna, donde no tiene que buscar a Sasuke porque él ya está a su lado… Donde no tiene que asesinar a Hinata.
Pero toda cara bonita esconde sus secretos, ¿por qué estaba él allí? ¿Cómo llegó? Ni siquiera recordaba cuál había sido su último pensamiento antes de migrar.
Su vida se había vuelto un mar de dudas que no tenían respuesta y de tenerlas venían acompañadas de más dudas.
—Naruto, vamos, las clases ya van a comenzar —le decía Sakura, cuya voz se oía lejana, puesto que el nombrado estaba en las nubes.
Asintió distraído.
—Sí… Vayan, yo los alcanzo al rato.
De reojo notó la mirada preocupada de Sakura y la indiferente de Sasuke. Indudablemente debía modificar su comportamiento para no seguir causándoles problemas.
Varios minutos después de que sus amigos se hubieran ido que se dignó a bajar las escalaras que lo llevaban al tercer piso, pero se detuvo, esperando a que su compañero hablara.
—¿Qué escondes, Naruto? —La voz de Sasuke se hizo presente desde atrás, obviamente lo había esperado.
Naruto pensó que su amigo siempre fue un tipo raro de persona: por muy tranquilo y reservado que parecieran, poseía una paciencia casi nula que muchas veces lo impulsaba a querer saciar su curiosidad tarde o temprano.
Sonrió, en eso se parecían. Y mucho.
—¿De qué hablas, estúpido? Ya andas de persecuta —respondió. Naruto quería zafarse lo más rápido del asunto, pero la tenía muy difícil con alguien que lo conocía tanto como Sasuke.
—Hablas demasiado al aire, perdedor. —Su amigo mantenía ambas manos en el bolsillo, como relajado. Nada más alejado de la realidad—. Te he visto. Desde que te desmayaste…
A Sasuke las cosas que no podía comprender ni dominar por completo le crispaban los nervios.
Naruto tensó los labios y dio dos pasos hacia él, no podría mucho más con esto.
—¿Cómo crees? —reprochó en tono ofendido—. Eres como mi hermano, maldito desgraciado. —Una sonrisa cómplice, desafiante, de esas que solían compartir cuando eran niños mientras se dirigían el uno al otro como "rivales", nació en sus labios.
Sasuke le correspondió el gesto con la barbilla alzada, altivo, y una sonrisa ladina cargada de burla.
—Ya quisieras, idiota.
—Entonces, cuando termine de entenderlo… Algún día te lo contaré todo.
—Siempre me pregunto por qué te escondes para bailar si lo haces tan lindo.
Hinata se detuvo de súbito mirando a Naruto sorprendida, un leve rubor comenzó a pintarle las mejillas y se vio obligada a desviar la vista del rubio. Era la primera vez que alguien la halagaba de ese modo y realmente no sabía cómo lidiar con ello.
—Es que no… Yo… —Bajando la cabeza apretó con fuerza los vuelos de su vestido—. Es que a mí nadie nunca me enseñó, lo aprendí yo sola por mi cuenta y realmente no sé si está bien.
Esa afirmación realmente sorprendió a su interlocutor, quien pensaba que por haber sido criada en el seno de una rica y próspera familia tuvo que ser obligadamente instruida en las bellas artes y demás detalles que hacen al estereotipo de familia tradicional y aristocrática.
—¿Por qué no? —la pregunta le salió con tal ingenuidad que lo descolocó por unos segundos, pues el pretendía ser más cuidadoso de no ofenderla.
Hinata soltó un suspiro rendido y mientras que con una mano se acomodaba un mechón rebelde detrás de la oreja con la otra le pedía al rubio ayuda para bajar del escenario, quien con total naturalidad cumpla la orden. Después de presenciar la espontaneidad de tal escena ¿quién pensaría que solo había pasado solo una semana desde que se vieron por primera vez?
A Naruto le gustaba venir cada tanto y Hinata de a poco se fue acostumbrando a su efusiva presencia, con sus estridentes risas y aplausos exagerados.
—Padre siempre se preocupó más por darnos a mí y a mi pequeña hermana una buena educación y enseñarnos y perfeccionarnos en el arte marcial tradicional de mi familia que cosas que son… menos útiles, en su opinión —explicó de forma tranquila, sin reproche alguno.
—Debe ser duro —dijo. La morena lo miró interrogante y él debió proceder a explicarse—. Eso de que no te dejen hacer lo que en realidad te gusta… deber ser duro.
Hinata le contestó con una suave risilla.
—No es que no me dejen, es que de hecho yo nunca se lo pedí —dijo mientras juntaba sus cosas—. Siempre sentí que Padre se estaba esforzando demasiado en ser un buen padre, especialmente desde que Madre murió, y pensé que sería un abuso pedirle que me alentara en algo que a él no le gusta... Y es muy malo fingiendo felicidad. —Explicaba dando a relucir la más pura modestia que solo ella podía poseer. Y luego, entre risas, agregó y se fue a vestir:—. Además no me gusta ser caprichosa, para eso está mi hermana.
Diez minutos más tarde ella salió del vestido, todavía abotonándose la campera.
—Ya debo irme. Nos vemos mañana, Naruto.
Pero antes de que se fuera, este decidió dar el siguiente paso:
—¡Es-Espera! —Y ella lo hizo—. ¿No quieres que te acompañe? Es decir, todavía está lloviendo y podrías resfriarte, ¡de veras!
En efecto, lo que decía no tenía ni el menor sentido. Mirara por donde se mirara, y Hinata lo sabía perfectamente. Sin embargo, de algún modo ella estuvo esperando un ofrecimiento de ese tipo de parte del rubio. Y no dudó en contestar:
—Sí... —aceptó en voz muy baja, sonrojándose—. Quiero decir, si no es problema para ti…
—¡Por supuesto que no, de veras! —Él también estaba avergonzado, pero más que eso estaba feliz.
Compartieron una sonrisa cómplice; Naruto lo sentía, el renacer del viejo amor.
17/02/19
Cómo están? Tanto tiempo no? A decir verdad, tenía este capítulo guardado hacía rato y extrañaba este lugar.
He estado fuera por mucho tiempo, y a decir verdad no estoy bien, es decir, quiero seguir escribiendo, publicando, pero simplemente no puedo... y ya no se trata de un simple bloqueo. He estado luchando contra mi ansiedad (que suele terminar en depresión en ocasiones), por mucho mucho tiempo.
No les estoy diciendo esto para justificarme, ni para que me tengan lástima, solo estoy siendo sincera. Tampoco esto es una despedida, el mundo del fanfiction, por más criticado que sea, significa mucho para mí, pese a que ahora casi ni escribo, pese a que casi ya no entro...
En fin, una confesión de desahogo, algo que sentí que debía decir.
Nos leemos~
Atte:
Jeffy Iha
