De Como Lanzar una Señal y Tener Éxito en el Intento

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Ranma estaba a punto de volverse loco. Hace ya un tiempo había asumido para sí mismo que emocionalmente era un cobarde, y mentiría si dijera que no estaba cómodo con eso, porque asumió que la relación entre Akane y él terminaría si o si por funcionar, sobre todo, porque imaginaba que un día el compromiso derivaría en una boda y ¡paff!, todo estaría resuelto como por obra de magia.

Sin embargo, las cosas no siempre resultaban de la manera que se esperaba.

Hace casi un año, Happosai había anunciado que Akane debía entrenar como correspondía si quería heredar el legado que ostentaban, por lo que había decidido entrenarla él mismo a pesar de las suplicas de Soun y las quejas de Ranma, ya que sabían que no sería nada delicado con ella. A partir de ahí, el viejo maestro había empezado a llevársela de viaje de entrenamiento, y por supuesto que el joven Saotome había sido mandado por parte de Tendo (y por su propio pie) a constatar que el viejo se comportara de manera adecuada con la muchacha.

El único incidente por aquel entonces era que Ranma constantemente trataba de meterse con la rigurosidad de los entrenamientos, pero fuera de eso, todo había marchado bien, incluso después de los seis meses, los entrenamientos comenzaron a ser compartidos, pues Akane, aunque no estaba en el mismo nivel que Ranma, estaba progresando muy rápido.

El "problema", y no problema, porque en su momento había pensado que era una bendición, es que hace tres meses, Happosai se los había llevado a la cima de una montaña por una semana, el frío era insoportable y mientras el anciano bajaba en las noches a calentarse y emborracharse al pueblo, los dos discípulos debían permanecer arriba y ella no tenía resistencia para esa clase de clima. Ranma había terminado metido en la tienda de campaña de ella, combinando sus cobijas y usando su cuerpo para darle calor. Esos siete días habían dormido juntos sin rechistar ni una sola vez.

Y las cosas no habían parado ahí, porque a partir de entonces, si el clima lo ameritaba, esos dos dormían en la misma carpa. Y entonces... ¿Cuál era la parte mala? ¿No estaba Ranma tan convencido que las cosas avanzarían por si solas? Pues el hecho aquí era que su joven prometida parecía no importarle, después de dormir esas noches como koala en invierno, seguía con su vida como si nada hubiese pasado y sinceramente Ranma ahora se sentía un poco usado, como si fuera simplemente su calefacción personal, un simple artículo de necesidad básica y ya, y la relación... seguía igual que siempre. Maldita Akane... pensó acomodándose en la duela del dojo.

No se malinterprete, dormir con su prometida lo hacía sentirse feliz, nunca en su vida la había tenido tan cerca, ¡Tan abrazada!... pero luego... toda la situación con ella estaba estancada, no había nada más y si dejaba su careta de lado, la culpa no era completamente de Akane, era también de él, nunca se atrevía a insinuar nada que le faltara al respeto, ni siquiera algo sobre su relación, y eso era porque como él bien ya sabía, era un cobarde.

Sin embargo, necesitaba comenzar a hacer algo, ya no soportaba aquella situación, necesitaba desesperadamente avanzar con ella, al menos besarla ¡o algo! porque sentía que se volvería loco, a este paso, ya se veía casándose, llegando a su luna de miel y solo abrazarse a dormir, y eso si hacía frío y Akane decidía acercarse, si no, al garete también su matrimonio.

Después de gruñir con disgusto y encontrar un poco de valor en su interior, decidió que necesitaba empezar a mandarle señales a su prometida, si ella las tomaba y avanzaba significaba que estaba interesada y él avanzaría hasta donde ella quisiera llegar. Y si, sabía que estaba actuando patéticamente, pero que le iba a hacer, ¡Su padre tenía la culpa de todo por no enseñarle a relacionarse de manera correcta con los sentimientos!

El portón de entrada se oyó, curioso se levantó del suelo y se asomó para ver al recién llegado, según sabía, la nevada que no había parado desde la noche anterior, había dejado a la familia atrapada en una posada de aguas termales en las afueras de la ciudad y Akane se había quedado la noche anterior en casa de una de sus amigas.

Recorrió el pasillo del dojo a la casa y de pronto tuvo la visión de ella, que no iba con una chaqueta demasiado abrigadora, sus pies se hundían en la nieve y ni siquiera llevaba botas para ello.

- ¡Demonios Akane! - La regañó aún antes de que ella llegara a la puerta. - ¿Porque regresaste con este clima tan horrible? - Le dio paso a la casa y la chica entró quitándose la chamarra, la gorra, guantes y botines llenos de nieve.

- Yuka y sus padres tuvieron que salir de emergencia, su abuela se cayó o algo así y vive hasta el otro lado de la ciudad, no podía quedarme ahí, me lo ofrecieron, pero era muy aprovechado de mi parte.

- ¿Y te dejaron a tu suerte? - Preguntó indignado siguiéndola, ella había comenzado a avanzar a su habitación titiritando de frío

- Claro que no. - Se frotó los brazos abrazándose a sí misma. - Pasaron a dejarme a la calle principal.

- ¡Eso está a casi un kilómetro del dojo Akane!

- No seas exagerado. - Entró en su habitación y buscó entre los cajones un nuevo par de calcetines, si de suerte su ropa no se había mojado, sus pies si lo estaban y los sentía como dos trozos de hielo. Entre tanto, Ranma prendió la calefacción de la habitación. - Maldición... - Musitó sentándose en la cama, antes de ponerse los calcetines tenía que secarse los pies y mientras lo hacía sus manos temblaban compulsivamente. - Ranma... - se quejó como si con eso le estuviera pidiendo algo y él, de sobre entendido se sentó en la cama y alcanzó los pies de ella poniéndolos en sus piernas.

Mientras Ranma se seguía quejando por su poco criterio ante el clima, Akane lo único en lo que podía concentrarse, era en sus manos cálidas frotando sus pies, no supo cuánto duró el masaje, pero no se detuvo hasta que sintió los pies femeninos tibios y los enfundó en los calcetines.

- Si te iba a correr de su casa, al menos te hubiera prestado una chaqueta decente y unas botas para la nieve. - Siguió con su perorata.

- Eres tan enojón. - Ella frunció el ceño dándole las manos y Ranma sin más las tomó mientras seguía quejándose.

El masaje en las manos duró igualmente hasta que la última punta de los dedos femeninos se sintió a una temperatura adecuada.

- Exponerte de esa manera, y con lo torpe que eres, ¡Eres tan cabezota!

- Gracias Ranma. - Sin más se levantó y se dirigió a la salida con rapidez.

- ¿A dónde vas ahora? - Dijo ofuscado.

- Quedé de llamar a Yuka cuando llegara a casa, también voy a llamar a una compañera de la universidad, tenemos un trabajo pendiente y necesito organizarme con ella para reunirnos antes de que termine el receso de invierno. - Y salió corriendo.

Y ahí estaba de nuevo ese sentimiento de ser solo usado cuando ella necesitaba algo, luego todo igual que siempre. Definitivamente necesitaba hacer algo al respecto.

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Ranma tomó un respiro hondo intentando calmar su corazón, estaba a punto de hacer su movimiento "romántico", lanzaría la indirecta al aire y Dios quisiera que funcionara y ella dijera algo. Volvió a tomar más aire antes de decir.

- Si que hace frio, ¿no? - Esperó impaciente la respuesta de ella quien se movía por la cocina haciendo la cena, no es que hubiera aprendido a cocinar, pero se había vuelto experta en seguir las instrucciones de la comida instantánea, un poco de agua por aquí, revolver por allá y listo, nada complicado. En ese momento ella estaba concentrada en disolver la tableta de curry en el agua caliente.

- Con la calefacción de la casa ni se siente. - Contestó simplemente y los ánimos de Ranma cayeron hasta el suelo, si ella estuviera interesada le hubiera pedido que la abrazara o algo, aunque no tuviera frío, ¿verdad?

Soltando un bufido iba salir de la cocina cuando Akane habló para sí misma.

- Creo que necesito un recipiente más grande. - Sin dejar de mover el recipiente que preparaba, abrió el compartimento de utensilios que estaba directamente sobre su cabeza e intentó alcanzar uno que le pareciera adecuado, pero no era muy alta y tenía una sola mano disponible, así que terminó por desestabilizar la torre de trastes. - ¡No, no, no! - Dijo con apuro, ahora sosteniendo la pila de vasijas. - ¡No se caigan, no se caigan! - pidió como si los trastes pudieran escucharla y obedecerla.

Con una maldición contenida, Ranma tuvo que regresar a ayudarla. Se puso tras ella y sin problemas, alargó su brazo empujando con la mano los trastos, pero... eso solo provocó inestabilidad en la parte baja de la torre que colapsó. Akane soltó todo y se echó atrás inmediatamente llevándose consigo a su prometido, ambos cayendo al piso, ninguno de los dos alejó su vista del río de trastes que caían sin control desde la repisa, ¿cómo rayos hacía Kasumi para acomodar todo eso ahí?

El piso se llenó de vasijas y Akane dio un suspiro ante todo lo que tendría que recoger.

- ¡¿Por qué no te fijas en lo que haces tonta?!

- ¿Ya vas a empezar?, ¡no fue mi intención!

- ¡¿No podías parar lo que hacías y buscar adecuadamente?! ¡Siempre haces las cosas de manera atrabancada!

- ¡Y tú siempre estás molestando! - Akane se levantó molesta y fue cuando Ranma cayó en cuenta de que todo ese tiempo de discusión la muchacha había estado sobre su cuerpo sin darse cuenta de nada. Pudiendo haber disfrutado de tenerla cerca un poco más, lo había arruinado peleando con ella.

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Ranma movió el pie desesperado. Akane ya llevaba demasiado tiempo dentro del vestuario de mujeres y si no salía dentro de los siguientes dos minutos, perdería su oportunidad para calificar en las preliminares del torneo interno femenil de la universidad en tiro con arco.

- ¡Akane! - La llamó ya exasperado. - ¡Sal ya! - De pronto la cabeza de ella asomó al pasillo, volteó a los dos lados para asegurarse de que no hubiese nadie y jaló a Ranma adentro.

- Pe... pero... ¿qué..

- ¡No puedo! ¡El maldito zíper está atascado! - Dijo casi lloriqueando. Al observarla bien, se dio cuenta de que el saco solo lo llevaba por encima y seguía con el mismo vestido formal con el que había asistido a la presentación de tesis de Nabiki. Apenas la muchacha había terminado su presentación, Akane había salido disparada a las preliminares, la familia se había quedado a acompañar a la mediana sabiendo que Akane no tendría problemas para pasar con buen puntaje. - ¡Ya intenté de todo y no baja! - Desesperada intentó de nuevo con sus propias manos sobre su espalda tirando al suelo el saco, pero el cierre seguía estático. Había sido tanta la desesperación de la chica que había terminado por pasar sus brazos por el cuello de la prenda haciéndola ver como un vestido stralpless.

- ¿Entonces...

- Rómpelo. - Ordenó. - ¡Necesito que lo rompas! ¡Estoy más que atorada en esto! - repitió al ver que se quedaba estático. - ¡Pero solo el zíper, la tela no! cuando termine aquí debemos regresar a lo de Nabiki y necesitaré repararlo en el camino.

- A... Akane... - Más rojo que un tomate intentó hablar.

- ¡Ranma por favor apresúrate! - Le gritó más fuerte mientras le daba la espalda. El joven tuvo que hacer uso de todo su aplomo para que sus manos dejaran de temblar. Dirigió su mano al cabezal del cierre y lo apretó tan fuerte que en segundos cayó roto en pedazos. - ¿Funcionó? ¿Se abrió? - Preguntó desesperada.

- Yo no... - nervioso uso sus dedos para separar el inicio de los dientes del cierre y estos cedieron con mucha rapidez, rebelando en el proceso la delicada espalda de la chica, ella tuvo que detener enseguida la prenda contra su pecho y corrió tras unos casilleros para no ser vista al cambiarse pero no la alcanzaba a cubrir del todo.

Ranma pudo ver el contorno de piel por la orilla del metal, sin embargo, no podía traicionar su confianza, no podía faltarle el respeto y… su hemorragia nasal se volvió tan potente que tuvo que salir corriendo del lugar.

El joven Saotome se sentó en las gradas, entre el gentío, tratando de tranquilizarse.

- Es el turno de la participante número 34, Tendo Akane. - Se anunció por el parlante. - Segunda llamada para Tendo. - Anunció cuando no se le veía por ningún lado.

Ranma se levantó de su asiento, no fuese ser que hubiera tenido otro problema, a penas iba a correr cuando la vio aparecer. Estaba perfectamente vestida con el uniforme de kyudo y se acomodaba el protector de pecho. Hizo su presentación de buena manera, y aunque raramente no consiguió un perfecto, fue la calificación más alta del grupo B, así que tenía segura su participación en el torneo.

El clima de invierno estaba presente en el enorme gimnasio cuya calefacción era pobre y Ranma supuso que a pesar del semblante profesional, la chica estaría muriendo de frio con ese uniforme. Tal vez esta era otra oportunidad para lanzarle una nueva señal.

Cuando acabó el evento, Ranma la esperó cerca del vestuario y al verla pasar, se acercó rápidamente a ella, quien por cierto estaba platicando con otra chica concursante. Sin ninguna clase de reparo interrumpió la plática para decir.

- Seguro tienes frío. - Ranma esperaba que la señal lanzada rindiera sus frutos, si ella estaba interesada seguro le pediría ayuda con eso, ¿verdad?

- Si, pero ahora me cambio y regresamos con Nabiki. - Dijo sin más, siguió hablando con la chica y ambas entraron en el vestidor.

Ranma solo pudo suspirar con desanimo.

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- Papá, mi calefacción se averió. - Dijo a saliendo de su habitación antes de que su padre entrara a la suya.

Ranma estaba detrás de su puerta escuchando aquello, no le sorprendía, él mismo había descompuesto el pequeño tablero de mando. Hace más de dos meses que no dormía con su prometida y extrañaba tenerla cerca, y estaba rezando para que Akane le pidiera el favor.

- ¿Por qué no me lo dijiste más temprano? A esta hora donde vamos a encontrar un técnico Akane.

- Es que no me había dado cuenta. – Se excusó.

- Entonces duerme con alguna de tus hermanas y mañana llamaremos a alguien.

- No me voy a arriesgar a que Nabiki me tome fotografías dormida como las últimas vacaciones que compartimos habitación.

- Entonces duerme con Kasumi.

- Papá… - en voz baja habló como si fuer el secreto mejor guardado del universo. - Sabes que ella duerme peor que yo.

- ¿Quieres dormir conmigo? - Le propuso como último recurso.

- No. - Casi rechazó inmediatamente. – Sabes…creo que puedo arreglármelas por esta noche, no hace tanto frío de todas maneras. - Agregó para entrar rápido a su habitación. Su padre roncaba horrible.

Ranma se alegró de que su plan brincara los primeros obstáculos, ahora solo tenía que aparecer casualmente cuando Akane bajara por su vaso de agua nocturno y comentar algo sobre el frío, estaba seguro que pasaría algo similar a cuando durmieron juntos por primera vez. Él solo había ido a verificar que ella estuviera bien y la de la "propuesta" había sido ella.

"- ¿Estás bien? – Preguntó al abrir la puerta de la tienda de ella.

- Ranma… tengo demasiado frío. - Al detenerlo y rozar su mano fue cuando supo que ella realmente no soportaría aquello. Primero calentó sus manos, tuvo que usar su vaho para hacerlo y de todas formas no estaba dando los resultados esperados. - Ranma… ¿y si bajamos también la pueblo? – Ella tenía una fuerte y ya incontrolable temblorina.

- La tormenta de nieve es demasiado fuerte, podríamos perdernos y si tardamos más de lo necesario… - Dejó al aire, no estaba preocupado por si mismo, más bien sabía de sobra que ella no aguantaría aquello.

Vio como los ojos de la chica enrojecieron y pensó que lloraría, pero ella se contuvo y guardó silencio. Después de casi una hora, no lograba que ella obtuviera el calor necesario, a estas alturas ya la había arropado con una chamarra suya y sus propias cobijas traídas de su tienda y ella estaba a entrando en un estado de duerme vela que más que alentarlo, lo preocupaba más.

- Akane, ¿estás bien? – preguntó tontamente.

- No… no siento… - tartamudeó. - mis pies… - Eso lo alarmó aún más. Rápidamente metió sus manos por debajo de las cobijas y comenzó a frotárselos pero ella solo negó.

Desesperado se metió bajo las cobijas y la puso sobre sus piernas, como si estuviera protegiendo a una niña pequeña. Mientras la sostenía con el brazo derecho de la espalda, su mano izquierda siguió frotando sus pies que alcanzaba perfectamente al tener ella una posición casi fetal.

Pasaron horas así, y el resultado fue notándose poco a poco.

- Gracias Ranma. – Le dijo sinceramente, la tormenta había disminuido considerablemente y tanteando el tiempo el amanecer llegaría en casi tres horas.

El joven la soltó lentamente.

- De nada… - Dijo ruborizándose, dándose cuenta que la había tenido muy cerca todo ese tiempo. – Es mejor que… - hizo ademán de moverse a la entrada y ella le tomó la mano.

- Que… quédate.

- Yo… bu… bueno… es…

- ¡No pienses cosas raras! - Le advirtió. - Todas tus mantas están aquí, incluso tengo puesta tu propia chamarra, y mira, se nota que la nieve tiene enterrada la carpa casi hasta la mitad. Yo… confió en que no te vas a aprovechar, ¿verdad? - Ranma negó fervientemente mientras. - Si te vas… yo… no… - Ella suspiró. El joven Saotome sabía de sobra lo orgullosa que era y debía costarle un mundo declarar que no era lo suficientemente fuerte para resistir aquello. Así que, si decir ni una sola palabra, echando humo por las orejas, se metió en las cobijas, recostándose mientras le daba la espalda. Algunos segundos después, ella se echó a su lado poniendo sus pies entre los de él y sus manos pegadas a la espalda masculina, fuera de esos dos puntos específicos, sus cuerpos no se tocaron, al menos hasta que se quedaron dormidos y se buscaron de manera inconsciente."

Toda esa semana ella solo tuvo que hacerle una discreta seña luego de que Happosai se fuera y él como borrego la seguía sin decir ni una palabra. En viajes posteriores había pasado lo mismo.

- Ranma, duérmete ya. - Le dijo su padre cansado de verlo en la puerta.

- Déjalo Genma, ¿no ves que está haciendo una estrategia para ir con Akane? - La voz cantarina de Nodoka lo hizo enrojecer.

- Solo te digo que si Soun te descubre, te vas a meter en problemas y yo negaré saber cualquier cosa. – Dijo antes de darle la espalda.

Ranma iba a replicar cuando oyó por fin la puerta y los pasos de su prometida por el pasillo. Esperó algunos segundos para no verse tan obvio y salió a seguirla.

- ¿Tampoco puedes dormir? – Preguntó ella al verlo entrar a la cocina.

- Papá esta haciendo más ruido que de costumbre. - Mintió. - No sé como mamá lo aguanta. ¿Y tú?

- Pues… hace frío… - Ranma disimuló muy bien su felicidad mientras se servía un vaso de leche.

- Solo no subas demasiado tu calefacción o mañana saldrás a correr y te dará una pulmonía. - La "regañó" haciéndose tonto.

- En realidad… mi calefacción dejó de funcionar.

- ¿Y qué vas a hacer? - El joven se quiso dar un puñetazo, el tono le había salido casi desesperado, tosco, incluso sonando grosero, ¿qué tal y a ella le sonaba como de fastidio de su parte? algo como "ni se te ocurra molestarme" y todo se echaba a perder.

- Dormiré con Kasumi. – Dijo de tajo y lo dejó solo.

Saotome tuvo que hacer su berrinche en completo silencio para no verse descubierto. Maldita fuese su bocota, y estúpida Akane por no captar sus señales.

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- Ranma. - Lo llamó Akane aquel sábado. Después de lo acontecido hace algunas noches, Ranma había estado de mal humor.

- ¿Qué quieres? - Dijo de mala gana.

- ¿Ya estudiaste los puntos de presión que Happosai nos dio?

- No… los estudio luego que termines tú. - Habló notando que la chica llevaba el pergamino en la mano.

- Mira Ranma, no se que te pasa, pero necesitamos estudiar juntos. No vamos a poder reconocer los puntos solo con teoría.

- ¿Qué pretendes? ¿Noquearme para practicar? ¿Y si mejor te noqueo yo a ti? - Molesto siguió "leyendo" su manga.

- Haz lo que quieras entonces. - Masculló ella antes de marcharse enojada a su habitación. - Si tu humor de perros mejora, voy a estar estudiando sola.

No tenía ni la más remota gana de estudiar, pero concediendo que le había hablado de forma brusca y que Happosai le daría un castigo si no aprendía aquello, se levantó del suelo y subió las escaleras para estudiar con ella.

Ranma empujó la puerta del cuarto de Akane y esta se abrió fácilmente, casi le da un infarto con lo que vio.

Su prometida estaba frente al espejo vestida con un conjunto deportivo y no abrigador como se pudiera pensar dado el frío clima, en realidad era un coordinado de un top deportivo que dejaba todo su abdomen a la vista, no tenía un escote vulgar, pero dejaba a la vista mucho más que una simple camiseta y por su puesto sus brazos estaban completamente al aire, además el short cuya pretina estaba por debajo del ombligo, era muy corto. No era la primera vez que Ranma veía con ropa ligera a Akane, pero vaya que estaba sorprendido.

- ¿Qué... qué... estás haciendo?

- ¡¿Qué no sabes tocar?! - Lo amonestó poniéndose ligeramente roja, sin embargo, y orgullosa como siempre, contestó. - Estudiando, ¿qué no ves? - Ranma tuvo que poner toda su actividad cerebral para notar que ella llevaba un marcador en la mano y que su hombro izquierdo tenía un círculo dibujado.

Akane dejó de prestarle atención, o al menos intentaba concentrarse en lo que hacía, siguió leyendo el pergamino y musitó en voz alta.

- Punto de aire... dos dedos debajo de la boca del estómago. - Se observó en el espejo, encontró en su abdomen la boca del estómago, midió y se presionó ligeramente para comprobar que tenía alguna sensación, luego, conforme con su hallazgo, marcó su piel con el marcador.

- Creo... que es... más… más abajo. - Dijo tratando firmemente de poner su vista en el circulo negro que ella había dibujado y no más arriba.

- ¿Y tú qué sabes? No lo has leído ni una sola vez.

- Tus dedos son muy delgados, tonta.

- No es cierto.

- Mide bien.

- Estoy midiendo bien, cuando presiono se siente raro, debe ser ahí. - Dijo aferrada. - Punto de coordinación... - siguió leyendo. - Debajo de la...

- ¡Qué no es ahí boba! - Le advirtió.

- ¿Crees que puedes hacerlo mejor que yo? - Molesta, paró lo que hacía.

- Da... - Carraspeó. - Dame eso. - Extendió la mano hacia ella en busca del marcador, sin mirarla.

- No... - sonaba vacilante y Ranma supo que tenía oportunidad.

- Si te demuestro que estás equivocada, ¿me lo das? - Preguntó seriamente.

- Inténtalo. - Lo retó. Ranma asistió y se acercó de inmediato, se acuclilló al lado de la joven viendo con detenimiento su abdomen, su corazón latía tan rápido que temía que ella pudiera escucharlo.

- Dos dedos. - dijo midiendo, posando sus dos dedos sobre el abdomen femenino, la tibia piel se enchinó al contacto y cuando Ranma pulsó con su dedo sobre la zona, que estaba a escasos milímetros de lo que ella había marcado, Akane soltó un jadeo por la falta instantánea de aire.

- Ra... Ra... - intentó reclamar.

- Te dije que no era ahí. - Dijo con orgullo, tomó un paño, limpió la marca anterior y exigió el plumón que fue entregado de mala gana. Ranma marcó la piel y haciéndose el desentendido, habló. - ¿Qué dice el siguiente?

- ¿No que no querías estudiar? - Intentó quitarle el marcador pero él la esquivó con una sonrisa.

- Le voy tomando gusto. - Dijo burlón moviendo el plumón en sus dedos, como si rayarla fuera lo más gracioso de la vida por molestarla, en realidad al joven le interesaba más medir y tocar. - Entonces... ¿qué dice el siguiente? - Akane bufó, después de unos segundos de mirarlo feo, continuó con el pergamino.

- Punto de coordinación... Debajo de la oreja derecha, es el punto intermedio entre el lugar más alto del hueso y el inicio de la mandíbula.

- A ver... - Sin aviso previo la tomó de la barbilla e hizo que mirara hacia un lado para ver su oreja derecha. - Será por aquí. - Dijo pasando sus dedos por la zona mencionada.

- Aquí. - Dijo tocando el primer hueso mencionado y Ranma quitó la mano de ella como si le estorbara.

- Ya sé, ya sé... aquí debe ser. - Presionó ligeramente.

- ¡Ranma! - Le gritó enojada, su cuerpo había sufrido un intenso mareo que casi la lleva al piso de no ser por que Saotome la había tomado en vilo.

- jajaja.

- ¡Eres un idiota! - Intentó alejarse, pero sus piernas no respondían y sus brazos tampoco demasiado.

- Ya, perdón, perdón. - Dijo riendo aún, llevándola a sentarse a la cama. - ¿Estás bien? - Preguntó más serio, no había presionado tan fuerte y no pensó que la fuera afectar así.

- Si, si, ya... - Lo empujó ligeramente. - Marca el punto. - Rodó los ojos. Ranma lo hizo. - ¿Qué sigue?

- Punto de fuerza. - Dijo después de tomar el pergamino. - Entre el punto más cóncavo de la columna vertebral y el coxis...

- Sabes que te mataré si tocas algo indebido. - Le advirtió poniéndose de pansa en la cama. - Y si vuelves a pasarte al presionar te golpearé.

- Yo... yo... - tartamudeó al comprender lo que iba a enfrentar.

- Apresúrate. - Le ordenó. Las manos de él volvieron a temblar. Se agachó a su lado y respiró hondo tratando de controlarse. En un instante puso sus manos sobre la espalda de ella y casi con adoración acarició la zona en busca del punto cóncavo.

- A... aquí es... el primero. Y el se... segundo... - dejó al aire.

- Yo... yo te digo. - Habló nerviosa y Ranma notó que estaba roja. - Aquí... - Señaló el punto del coxis en su cuerpo.

- Entonces... debe estar por... - El punto de fuerza quedaba sobre la parte alta de lo que "ya no era espalda", el joven sintió que se le iba el aire y que sus manos hormigueaban de anticipación, el cuerpo de su prometida siempre había tenido esas formas tan definidas que... sacudió la cabeza intentando concentrarse. - A... aquí... - Presionó ligeramente sobre la licra a un solo dedo, la carne y musculo que ahí encontró se sentían turgentes y como una gran barrera para llegar al punto real de presión. Por un momento deseo usar su mano y...

- De... de acuerdo, marca el punto. - Pidió notablemente apenada. - ¡Pero solo sobre la licra! - Aclaró. Con los últimos gramos de cordura que le quedaban, Ranma lo hizo. - ¿Qué sigue? - Se sentó sobre la cama, estaba roja y se frotaba las manos nerviosa.

- Akane... - La llamó en volumen bajo. - ¿quieres... quieres mar... marcar tú... también?

- Pero tú ya marca... - Su palabra quedó por la mitad al comprender a lo que se refería él.

- Si no... no vas a aprender, especialmente de los puntos que no puedes ver.

- Tienes... razón. - Extendió su mano y Ranma le cedió el marcador, luego sin más se quitó el suéter y la camisa quedando con el tórax desnudo.

Akane respiró hondo, iba a ser una larga tarde.

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Ranma se dejó caer en su futon, quería golpearse a sí mismo hasta dejarse inconsciente, no podía haber en este planeta persona más estúpida que él. Después de una larga y provechosa tarde tocando y marcando sobre el cuerpo de Akane y ella en el de él, donde al final, él había terminado en bóxer y completamente rayoneado al igual que su prometida, va y le tira una de sus señales pensando que esta vez funcionaría.

"Si ya terminamos, hay que vestirnos de una vez, ya estoy entumido" mentira, de entumido no tenía nada.

"Si, tienes razón." - Contestó ella después de observarlo por unos minutos.

- ¿Qué esperabas idiota? ¿Qué ella se tirara a tus brazos buscando otra cosa? - Susurró, y ahora sí, se sentía entumido, aún estaba en calzoncillos con todas las marcas de plumón sobre los puntos de presión. Suspirando, se enfundó en un pijama cualquiera y se echó encima las cobijas, no sabía si era solo la percepción del "rechazo" recién sufrido que le pareció que hacía más frio de lo normal.

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- ¡Ahhh! - Oyó gritar a Akane y eso que estaba encerrado en el dojo.

- ¡¿Qué pasa?! - Respondió Kasumi subiendo la escalera, Ranma la esquivó, en el pasillo, fuera del baño estaba Nabiki.

- ¿Akane? – La mediana abrió la puerta sin más, de donde salió la chica envuelta solo en una toalla.

- ¡Un roedor! ¡Era un roedor! - Nabiki se alejó del baño y se fue con Kasumi, quien también se alejó del lugar. - ¡Ranma! ¡Lo vi! ¡Era un roedor! - Dijo escondiéndose tras él.

- De... de acuerdo. - Sudando de los nervios por la escasa ropa y la cercanía.

Ranma avanzó hasta el baño y revisó los recovecos bajo los muebles y tras de ellos, el área de ducha y los alrededores del ofuro, no encontró nada.

- No hay nada Akane... - dijo tratando de desviar la vista.

- ¡Yo lo vi! - dijo llorosa.

- Pues... tal vez se escapó...

- ¡¿Entonces anda por la casa?! - Preguntó escandalizada

- ¡Iré a hacer unas compras! - Avisó Kasumi de inmediato.

- ¡Y yo la voy a acompañar! - Declaró Nabiki, luego se oyó la puerta de entrada cerrarse.

- No creo que... - Se atragantó con su propia saliva cuando ella se puso nuevamente tras de él y se tomaba de su muñeca con fuerza. Las manos de Akane estaban húmedas, pero aún cálidas y Ranma se preguntó si así se sentiría el resto de su cuerpo. - Yo... yo creo... que... debe de haber escapado por alguna coladera del... baño.

- Ranma... - lloriqueó.

- Mejor... - Se dio media vuelta y la empujó a su cuarto. - Cámbiate, sino enfermarás, mientras yo me encargaré de revisar que ya no esté y que no haya por donde vuelva a entrar, ¿sí? - Sentía que, si seguía así, era capaz de hacer una locura, debía alejarla de él antes de faltarle al respeto.

- De... de acuerdo... - Dudosa se metió a su cuarto con un suspiro.

- A... Akane... - tocó la puerta suavemente a penas se cerró. Lanzaría una nueva señal. Que Dios lo ayudara y esta vez sí saliera bien.

- ¿Qué pasa? - Abrió la puerta angustiada. Lo miraba tan fijamente que Ranma balbuceo algo sin sentido antes de decir...

- ¿Ya... ya funciona tu... calefacción? - Akane se mostró confundida, torciendo el gesto por la pregunta tan al azar, contestó.

- ¡Por supuesto que sí! - Y le cerró la puerta en la cara.

Ese día Ranma no encontró al famoso ratón, y después de pensarlo mucho, supuso que se habría metido por el desagüe de la lavadora. Se fue a su habitación y se puso a contemplar el cielo por la ventana.

- Tal vez deba dejar de intentarlo con Akane... - Resopló. La casa seguía en silencio, las hermanas Tendo no habían regresado y el resto de la familia no estaba en casa. - ¿Porque soy tan cobarde? - Se palmeó fuertemente las mejillas hasta el punto de dejarlas con marcas de dedos. - ¡Maldición!

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Ranma miraba sin mucho interés la televisión, lo único que le importaba era la esquina superior de la pantalla, donde el noticiero, tenía de forma permanente la temperatura de la ciudad. Suspiró con cansancio, el clima estaba comenzando a mejorar y las nevadas habían acabado, lo que significaba que no podría volver a usar la escusa del frío para llegar a algo con su prometida, además los entrenamientos habían sido pausados porque el viejo Happosai no había aparecido en las últimas semanas, de hecho, Genma y Soun se habían ido a buscarlo por un asunto que a Ranma no le importaba en lo más mínimo.

- Ranma. - Lo llamó Kasumi sentándose frente a él. - Necesito un favor muy grande. - Incluso le tomo las manos para reafirmar su pedido.

- Dime... - Dijo con desconfianza, había aprendido con los años, que Kasumi solo pedía las cosas de esa manera cuando le salía la vena Tendo que estaba dentro de ella y quería realizar alguna locura. Como cuando él o-bon pasado le pidió a toda la familia jugar con una tabla invoca espíritus para darle más "vida" a la celebración de muertos.

- Una de mis amigas se casa mañana y no tiene donde alojar a su familia, yo le ofrecí algunos lugares aquí en casa, pero resulta que ahora son más de veinte personas. ¿Podrías ceder tu habitación?

- ¿Qué?

- Bueno... en realidad... yo no quiero que se sientan incómodos, así que les cederé la casa completa. Solo me voy a quedar yo para atenderlos como buena anfitriona.

- Pe... pero...

- Nuestros padres no están, la tía Nodoka no llegará hasta la próxima semana de su viaje ni tampoco Nabiki, ya hablé con Akane y ella también se irá.

- ¿Y a donde se supone que iré? - Preguntó confundido.

- Puede ser con alguno de tus amigos o talvez Tofu quiera recibirte.

- La casa de Tofu sigue en remodelación. - Apareció Akane con una pequeña maleta. - Y tiene la clínica llena, él mismo está pasando estas noches en su consultorio.

- Entonces puedes ir con Akane... a donde sea que vaya ella. - Dijo pensándolo un poco, luego, sonó la campana de la entrada y Kasumi se apresuró a abrir la puerta. - Apúrense chicos, los invitados están llegando. - Y desapareció de la estancia.

- ¿Y por qué ellos no se van a un maldito hotel? - Dijo Ranma cansado.

- Fue lo mismo que yo pregunté, y aun así me sacó de la casa.

- ¿A dónde irás tú? - Preguntó viéndola lista para marcharse.

- Buscaré lugar en alguna posada. Ninguna de mis amigas está disponible ni tampoco Tofu, no tengo a donde más ir. - Bufó con molestia.

- Entonces espérame, yo también voy.

Rato después los dos jóvenes habían encontrado, con trabajo, alojamiento en un hostal a las orillas de Nerima, nada especial, pero al menos tendrían donde pasar las siguientes dos noches.

- Dos habitaciones, por favor. - Pidió Akane a la mujer mayor que atendía el mostrador.

- Claro, claro. - Dijo pasivamente. - Justo las últimas dos.

- Gracias.

- Son habitaciones sencillas pero muy cómodas y limpias. - Habló buscando en su cuadernillo de papel. - Ah, aquí está la primera, cuarto 09. - Buscó en el cajón y sacó la llave marcada con ese número y se la entregó a Akane. Ella en un gesto amable se la pasó a Ranma. – ¿A nombre de quien la pongo?

- Saotome Ranma. - Contestó sin más Akane.

- Muy bien. – Terminó el tramité y volvió a hablar. – Veamos, la segunda sería la habitación 12. - Estaba haciendo el mismo procedimiento cuando llegó una mujer con un bebé en brazos y una niña tomada de su mano.

- Buenas noches. - Habló cortésmente.

- Buenas noches, si busca alojamiento, siento decirle que ya no tenemos espacio. - Dijo de corrido la señora.

- Pero es el tercer sitio donde busco, por favor, tengo dos pequeños y es tarde, aceptaremos cualquier cosa que tenga disponible. - Se notaba desesperada.

- Acabo de dar la última. De verdad lo siento. - Y extendió la llave a Akane quien la tomó por inercia. - ¿A nombre de quien sería?

- Por favor señora, necesitamos descansar.

- Discúlpeme, de verdad, pero…

- Está bien, no hay problema, puede cederle mi habitación. - Akane no sabía el contexto ni historia de la señora con los niños, pero no podía ser mezquina para dejarlos sin alojamiento.

- ¿Está segura? No tengo más habitaciones y los hostales aledaños están llenos por los últimos eventos de nieve y hielo.

- Esta bien. Compartiré habitación con mi prometido. - Explicó para que la dependienta no hiciera más preguntas y le dio la llave a la mujer recién llegada.

- De acuerdo, como prefiera.

- Gracias.

Ambos jóvenes se internaron por los pasillos según las instrucciones de la mujer y rápidamente llegaron a la habitación marcada. Ninguno de los dos dijo nada y cuando Ranma abrió la cerradura ella suspiró con cansancio antes de decir.

- Siento si te incomodo, pero me dio pena la pobre mujer.

- No te preocupes, de todas maneras, ya estamos acostumbrados a esta clase de contrariedades, ¿no? - dijo como broma para aligerar el ambiente, sin embargo, Akane lo miró con un gesto entre molesto y cansado y entró al cuarto. Ranma supo que había dicho algo mal y bufó molesto.

Akane inmediatamente buscó en el armario tradicional y encontró futones, sacó uno para ella y otro para Ranma, quien solo la observaba con cara desolada. Tendo extendió su colchón en una orilla, le puso algunas mantas que también estaban en el armario y con su bolso se dirigió al baño en silencio. Cinco minutos después la chica ya estaba enfundada en pijama y metiéndose entre las cobijas. Saotome no tuvo más que alistar su propia cama y meterse a dormir.

Ranma estaba seguro que era ya más de la una de la madrugada, no podía dormir, si fuese un poco más valiente, hubiera inventado algo para dormir con Akane, pero no, ahí estaba tullido del miedo a su rechazo. De pronto la oyó moverse.

- Ranma… ¿estás despierto? – preguntó casi con miedo.

- Si, lo estoy…

- Yo… ¿puedo dormir contigo? - Ranma se quedó estático de la impresión, ¿acaso ella podía leerle la mente o algo así?

- ¿Tienes frío? - Fue su primera respuesta y ella no lo tomó muy bien, era claro que la calefacción mantenía toda la habitación tibia y ella no tenía frío, así que en su cabeza, sonó como un "Si no tienes una razón válida ni te acerques"

- Buenas noches. - Dijo suspirando.

- ¿Pero… pero no… querías dormir conmigo? - Se sentó de tajo, espantado.

- Se nota que te causa problemas. Déjalo así.

- ¡Pero si no he dicho nada! - Se defendió.

- ¡No Ranma! ¡No tengo frío! ¡¿Contento?!

- Bueno… pues… - Ranma ya no sabía como arreglarlo, no sabía que sería bueno decir para que ella quisiera acercarse de nuevo. Tras unos segundos, su maquinaria cerebral comenzó a trabajar a marchas forzadas con su sistema nervioso, creando valor interno para proponer algo, al final si ella había pedido que…

- Ya no sé que hacer… - La oyó decir.

- ¿A… a qué te…

- Te he mandado indirectas como estúpida y tu ni siquiera… - Se quedó cayada y el joven en lo único que podía pensar era…

- ¿Cuáles indirectas? - Desesperadamente.

- Yo… te lo digo porqué… tal vez es hora de dejar de darle largas al asunto… ya estamos lo suficientemente grandes para dejarnos de tonterías. Si no te intereso en lo más mínimo… es mejor dar por terminado el…

- ¡¿Quién demonios te dijo que no me interesas?! - Le salió sin pensar.

- Por favor… si estuvieras interesado, ya habrías dado un paso hacia delante o por lo menos habrías tomado alguna de las señales que te he mandado. Pero supongo que…

- ¡¿Cuáles malditas señales?!

- ¡Por Dios Ranma! - Ella se sentó en el delgado colchón encarándolo de una vez. Sinceramente estaba muy avergonzada por estar exponiendo sus sentimientos de esa manera, pero era más grande su cansancio emocional. – ¡He dormido contigo en cada maldito campamento!

- Pensé que era por el frío… - musitó

- ¿El frío? - Preguntó irónica. – ¡El único frío intolerable fue el de la montaña y solo el primer día porque después pudimos haber bajado por las noches al pueblo, pero ahí me quedé, por ti idiota!

- Es que…

- ¡Aumenté el contacto físico a propósito y tú ni siquiera notaste nada! Como el día que estuve sobre ti en la cocina, lo único que hiciste fue quejarte, pasó exactamente lo mismo cuando te pedí ayuda con mis pies y manos.

- Pero yo…

- ¿Y él día de la tesis de Nabiki? - Le recordó. - Te pedí que me desvistieras y no moví en ti ni un solo pelo. - Le achacó.

- Eso…

- ¡Y el colmo de todo fue que con una excusa tonta casi me presenté desnuda y te importó un carajo! ¡Incluso mis hermanas salieron huyendo y tu solo estabas preocupado por que me vistiera! ¡Ashhh! - Se quejó consternada, se paró y salió de la habitación. Necesitaba un momento a solas antes de enfrentarse al rechazo de su prometido.

Para cuando Ranma terminó de comprender todas aquellas insinuaciones fallidas por parte de su estupidez, Akane no estaba por ningún lado. Rápidamente se levantó y salió a buscarla.

La buscó en todo el hostal sin resultado hasta que llegó a la recepción, la señora ya no estaba y en su lugar estaba un viejito.

- Disculpe… ¿De casualidad no vio a una chica que…

- ¿La chica loca que salió en pijama a la terraza?

- ¡Si, esa! – Estaba seguro que era ella.

- Pues en la terraza. - Dijo con simpleza, señalando a una dirección concreta.

- Gracias. – Se movilizó hasta dar con unas grandes puertas de madera que estaban emparejadas y a través de la rendija dejaba pasar el aire helado, si bien no nevaba, tampoco era nada cercano a la primavera.

Salió y la vio sentada abrazando sus rodillas, recibiendo en la cara el aire casi congelado.

- ¿No tienes frío?

- Eso es lo único que sabes preguntar, ¿no? - Dijo "tranquilamente" sin voltear a verlo.

- Perdón… a veces, bueno… la mayoría del tiempo no sé… como expresar cosas… - Se sentó a su lado. - En mi defensa diré que también te mandé algunas señales.

- ¿Ah, sí? ¿cómo cuáles? – Habló sin creerle.

- ¿Tienes frío? - Dijo simplemente y Akane volteó a verlo con incredulidad.

- ¿Te estás burlando de mi?

- ¡Ya te dije que no se cómo expresarme!

- De acuerdo, supongamos que no te sabes expresar, pero… ¿no podías al menos tomar una de mis insinuaciones?

- No me di cuenta… la culpa la tienes tú por no ser directa. - La acusó

- ¡¿Yo?! ¡Eres un…

- ¿Tienes frío? – Repitió, pero esta vez, sin previo aviso, la abrazó, no solo pasando el brazo por sus hombros, sino que la había tomado con ambos brazos, de ambos hombros, jalándola y sentándola entre sus piernas, abrazándola con todo su cuerpo.

- Ra… Ranma… si solo… estás haciendo esto porque te sientes comprometido de alguna manera a… corresponderme… tú no tienes… - Empezó nerviosa.

- ¡Claro que no! Lo hago porque quiero.

- ¿En serio?

- Siento… - Abochornado, hundió su cara en el cuello de ella. - Siento muchas cosas por ti, Akane. – Le susurró al oído.

- ¿Cómo cuales?

- ¿Tengo que decirlo?

- ¿Entonces quieres que yo lo diga primero? ¡Si qué eres cobarde!

- Te amo, boba…

- ¿Por qué rayos tardaste tanto? – Ella se dio la vuelta y quedó de rodillas frente a él, tomándole el rostro con las manos. - Yo también… - hizo una pausa. - Siento muchas cosas por ti.

- Akane… - Gruñó en advertencia. Ella soltó una risita.

- Yo también te amo. – Y lo besó.

Ranma supuso que no necesitaba mandar ni recibir más señales, sobre todo cuando se levantó del suelo y cargó con su prometida y ella no opuso objeción.

FIN

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Para el 26. Con este romance ligero digamos ¡05!

Pues gracias a todos, especialmente a:

1. kioh

2. Nita-chan84

3. Juany Nodoka (x2)

4. Psicggg

5. Arianne Luna

6. Adrit126

7. Sailordancer7

8. BereNeST

9. Kris de Andromeda

10. gatopicaro831

11. JHO

12. hcoronadogandra

13. Pao Vedder

14. Benani0125

15. Akai27

16. Crisel Grajeda

17. Bealtr

Gracias a todos por su apoyo.

De este lado del ciber mundo, AkaneMiiya.

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EXTRA

- Entonces… si yo hubiera intentado algo en día del roedor… - habló acariciando la espalda desnuda de su compañera.

- Ni siquiera había un roedor… y antes de que lo preguntes, si, sabía de sobra que mis hermanas se irían asustadas.

- ¿Y el día de la competencia… cuando estábamos en los vestuarios?

- Hubiera mandado al cuerno las preliminares.

- ¿Y cuándo pasó lo de las ollas?

- Eso fue… - Se dio la vuelta y apoyó su barbilla en el pecho de su prometido. – De improviso, pero si, si hubieras intentado… - dijo con una sonrisa pícara.

- ¿Y el día que estábamos estudiando? - Le besó los labios.

- Eres un tonto Ranma. – Ella se estiró más y le rodeó el cuello con los brazos. - Dejé prácticamente que presionaras todo mi cuerpo, ¿cómo no te diste cuenta? - Volvió a besarlo.

- Y si yo… me… hubiera propasado en alguno de los viajes mientras dormías… ¿te hubieras enojado? - Cambió de posiciones dejándola bajo su cuerpo.

- Te lo hubiera agradecido… - Dijo en broma.

- ¿Y si me lo agradeces ahora?

- Claro, seguiré tu ejemplo siendo amable, ¿tienes frío Ranma? - Se burló.

- Si, si tengo. – Contestó de inmediato, sabía que ella se iba a burlar un largo tiempo con esa frase pero no le importó. - Creo que necesito calor humano. - Habló metiendo la cabeza bajo las cobijas, besando lo que ahí encontraba.

- Creo que lo que necesitas son señales de humo. - Rio feliz, mientras se unía al juego de señaléticas corporales en el que ambos ahora estaban metidos.

FIN