Malcriado

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- Caldo de pollo, listo; hiervas para el té, listas; manta eléctrica, lista; pastillas naturales, listas; bufanda y gorro hechos con amor. - Se rio ante la ocurrencia. - Listos. Si, creo que ya tengo todo. - Ukyo se ajustó el bolso que llevaba en el brazo y se aseguró que el recipiente de la sopa estuviera bien tapado, luego de acomodar bien su abrigo, salió del restaurante poniendo el letrero de cerrado.

Al llegar al dojo Tendo, abrió el portón con confianza y casi le tiran la comida cuando la joven amazona salía corriendo del lugar cubriendo su cara, parecía estar llorando. La verdad no le importó mucho a la cocinera, en realidad, así era mejor, saber que Shampoo se había ido le causaba tranquilidad.

" - Oh Uchan, eres tan amable de venir. - Dijo conmovido después de recibir de "avioncito" la sopa que Ukyo le daba. - Estoy tan agradecido de que te preocupes por mí.

- No hay nada que agradecer Ranchan, eres mi prometido y es mi deber cuidar de ti.

- Uchan... - le tomó de las manos con el rostro sonrojado. - Ahora me doy cuenta, eres la única que me interesa. - Junto a la pared Shampoo, Kodachi y Akane lloraban desconsoladas. - Tus atenciones me han hecho darme cuenta que tu amor es lo único que necesito para recuperarme.

- ¡Oh Ranchan! - Se abrazó a él emocionada.

- ¡Vayámonos amor! ¡Huyamos por todo el país vendiendo okonomiyakis! "

- ¡Si! ¡si! ¡si! - Los alaridos producto de la fructífera imaginación de Ukyo, hicieron que Kasumi la mirara con curiosidad.

- ¿Ukyo? ¿estás bien? - Le preguntó, la cocinera seguía parada en el genkan con la mano libre en la mejilla sonrojada.

- Eh... - Se dio cuenta que había hablado en voz alta. - Si... jeje... - Sacudió la cabeza un poco apenada. - Vengo a ver a Ranma. - Declaró con seguridad quitándose los zapatos, sin más comenzó a subir las escaleras. - Esta en su cuarto, ¿verdad?

- Pero... Ukyo... - La llamó sin éxito, la chica siguió subiendo. - ¿Debería prevenirla? - Se preguntó, sin embargo, la cocinera ya se había perdido de vista.

- ¡Que no quiero! - Se escuchó gritar a Ranma desde el segundo piso.

Hace casi dos meses, Ranma se había aferrado a subir una montaña rocosa donde se decía, en la cima, había un manantial que curaba cualquier cosa, su padre e incluso Happosai le habían advertido que en esta época del año era muy peligroso por las condiciones climáticas, sin embargo, había hecho caso omiso.

En resumen, el manantial no existía y Ranma terminó cayendo de un risco de gran altura y aparentemente había salido ileso, no obstante, desde su regreso, había estado primero decaído, luego irritable y al final con un humor horrible; por cualquier cosa se exasperaba, todo le desesperaba, le hablaba de mala forma a todos incluida su madre y todos supusieron que estaba en algo parecido a la depresión por, de nuevo, perder la oportunidad de curarse.

A todo esto, Akane seguía insistiendo en que algo no estaba bien y cuando una semana después de su regreso, Ranma cayó desmayado, la razón los golpeó con el diagnóstico, a raíz de la caída, tenía un coagulo de sangre en el cerebro, que era el causante de todos sus cambios de ánimo tan extremistas además de los constantes dolores de cabeza por los que Ranma se había estado quejando.

La intervención había salido muy bien pues habían descubierto la afección en una etapa temprana, y después de unas semanas de observación, lo habían dejado ir a casa donde debía seguir en reposo por un tiempo.

La familia había mantenido todo aquello en secreto, no querían a ningún loco rondando ni por el hospital ni por la casa perturbando la paz de Ranma, pero no todo dura para siempre y Pchan había aparecido en una de sus visitas a la joven Tendo, quien, como siempre, le había contado todo a su mascota como forma de desahogo.

Ryoga por supuesto, no había mantenido la boca cerrada y tras estos meses de paz, hoy comenzaban a llegar las entrometidas prometidas.

Ukyo se frenó en la puerta tras escuchar el grito de Ranma, segundos después apareció Genma suspirando y mascullando groserías hacia Ranma.

- Ukyo... que sorpresa... - Dijo con ¿pena? - ¿Vienes a ver a Ranma?

- Si, así es, Ryoga me contó por todo lo que pasó e inmediatamente vine a darle mi apoyo.

- Claro... oye Ukyo, mira, puedes entrar si quieres, pero Ranma no está de buen humor hoy, tal vez deberías dejarlo para mañana.

- No, gracias. - Declinó la petición. - Seguro que con mi compañía se pondrá de mejor ánimo.

- Es que no se trata de...

- Con permiso. - Pidió con el ceño fruncido y Genma se hizo a un lado haciendo un gesto de mano y la chica entró decidida.

- Yo se lo advertí. - Se dijo en voz alta. Sin más se retiró.

- Buenos días. - Anunció con tono cantarino al cerrar la puerta tras de si.

- Y tú... - La vio sorprendido. - ¿Qué haces aquí? - terminó por hacer un gesto molesto. Esa fue la primera "estocada" que recibió la chica, pero se hizo de la vista gorda y continuó como si nada.

- Pues vine a ver como estabas. - Se sentó junto al futón dejando de lado su bolsa con implementos y la sopa por el momento.

- Pues como ya sabrás... tengo que estar descansando, pero estoy bien, y estaría mejor si me dejaran dormir. - Dijo molesto.

- Bueno... - habló incómoda, no solo por las palabras, sino porque él la miraba de forma desafiante. - Yo te traje algunas cosas, precisamente para que estés más tranquilo. - Ranma hizo un chasquido con la boca rodando los ojos. - Mira... - Buscó en el bolso y sacó las pastillas. - Estas las conseguí en una tienda naturista, sirven para...

- Ukyo. - La cortó en seco. - El doctor, obviamente, ya me dio medicina, no voy a tomar ninguna otra cosa.

- Pero no se contraponen a los medicamentos que...

- No me importa, son tonterías. - Declaró tajante y Ukyo se quedó callada por algunos segundos, Ranma nunca, ni en sus peores días se había portado de esa manera con ella.

- De... de acuerdo. - Guardó el frasco sin más y continuó, no estaba dispuesta a rendirse, seguro todo era producto de sus malestares físicos. - También te traje unas hiervas para infusionar, estas solo te ayudarán a dormir me...

- Huele extraño, además yo duermo muy bien, ¿quién te dijo lo contrario? - Ukyo ni siquiera había abierto la bolsita de hiervas, estaba segura que no olía a nada aún y se había quedado congelada a mitad de camino a extenderle el paquete.

- Na... nadie, pero... - No supo que contestar por un tiempo, así que solo agregó. - Solo es para ayudarte.

- ¿Y crees que unas tontas hiervas me ayudarán? - Irónico bufó. Luego impaciente preguntó. - ¿Aún traes más cosas ahí? - El tono era evidentemente de molestia.

- Si... - intentó mantenerse optimista. - Esta manta es...

- ¿Una manta? Estamos en invierno pero no es para tanto, aquí hay calefacción y yo no pienso salir. - Rechazó antes que ella dijera nada más.

Kuonji a este punto estaba tan minimizada que se ahorró la desilusión de mostrarle el gorro y la bufanda.

- Bien… amm… también te traje un poco de sopa de pollo, la hice yo misma. - Le ofreció destapando el recipiente en el proceso .

- Acabo de comer. - Dijo cruzándose de brazos. - Además no es como si estuviera resfriado...

- Por favor Ranma, está rica. – Ella parecía a punto de llorar, y esta vez no era un berrinche como en otras ocasiones para manipularlo, en realidad, las palabras de él, estaban maltratando su corazón.

- Bien… - Dijo a regañadientes. Tomó la vasija con duda y la joven le ofreció una cuchara que el declinó. Solo se llevó el plato a los labios y sorbió. - pffff – fue el sonido al escupir a presión la sustancia que bañó parcialmente a Ukyo.

- Pero… pero… - Pasmada intentó decir.

- ¡Está helada! - Le regresó el cuenco con repulsión. - ¡Qué asco?!

- Es que… - tartamudeo intentando justificarse, pero no podía, el descuido había terminado por agotar la paciencia de Ranma.

- ¡Ya vete Ukyo! ¡Eres igual de molesta que Shampoo y Kodachi!

- Ranchan… no fue mi intención… yo solo quería… ayudar…

- ¿Ayudar? ¿Eres médico o algo así? Y de todas maneras ya estoy mucho mejor, hace meses que pasó y que bueno que nadie se enteró en ese momento, ya puedo verte a ti y a las otras dos locas haciendo de las suyas.

- Ranma… - Dijo al borde de las lágrimas.

- Solo vete. - Ya fastidiado se acostó dándole la espalda y cobijándose.

- ¡Ranma! ¡¿Qué modales son esos niño?! – Apareció Nodoka en la puerta, Ukyo sintió algo de esperanza y paró de recoger sus cosas.

Ranma se sentó de nuevo bufando, pero al menos pareció moderar su comportamiento.

- Yo solo quiero descansar, madre.

- Pero no tienes porque tratar así a la pobre muchacha. - Le amonestó en modo reflexivo. – Ofrécele una disculpa.

- Disculpa Ukyo… - Se notaba a leguas que no era sincero, ni siquiera el tono era agradable.

La cocinera, ya solo con el orgullo levantándola, salió de la habitación lentamente.

- ¿Ya llegó Akane? – Lo oyó preguntar dentro del cuarto, ella ante esto, tomó la mala decisión de quedarse a escuchar por unos segundos tras la puerta.

- No, y ya te habíamos dicho que no regresará en todo el día.

- ¿Qué demonios está haciendo?

- Ese lenguaje jovencito.

- Perdón… - Esta vez si sonaba arrepentido. – Entonces, ¿dónde está Akane?

- Ya te lo había dicho. Solo avisó que iría con una amiga y que regresaba en la noche.

- Esa tonta… - masculló.

- Ella también tiene derecho a relajarse un poco. - Le recordó la mujer.

- Su deber es cuidar de mi. - Dijo enfurruñado y la mujer se echó a reír. - ¿Qué te parece tan gracioso?

- No puedo creer que estos meses convaleciente te hayan hecho aceptar ciertos sentimientos. - Se rio de nuevo.

- Yo.. yo… no… ¡deja de reírte mamá!

Ukyo no aguantó más y salió corriendo en busca de la salida de la casa, llegó al genkan y se puso apresurada los zapatos, pero... para su mala suerte, afuera, Kasumi se había puesto a barrer la entrada, y podía tolerar que ella la viera en tales condiciones, pero no Nabiki quien la estaba acompañando, ya la veía chantajeándola o simplemente lanzándole un comentario mordaz, así que se quedó parada sin saber que hacer, no podía moverse a otro lado, arriba se oía que Nodoka se movilizaba fuera del cuarto, y tras ella, en la cocina, Genma y Soun hurgaban antes de la comida.

- Pobrecillo, debe de ser muy feo estar de mal humor todo el tiempo. - Mencionó Kasumi sin dejar de mover la escoba.

- ¿Pobrecillo? - La otra hermana levantó las cejas. - Al igual que yo, sabes que eso de su comportamiento tan furico solo era justificable con lo del coágulo, hoy solo está de mal humorado porque su "niñera". - Dijo riendo. - Salió con sus amigas sin avisarle.

- Ranma es muy tierno, ¿verdad? - La mayor mencionó conmovida.

- ¿Ukyo? ¿Todo bien? - Apareció la señora Saotome en lo alto de la escalera, bajó lentamente y sintió pena por la chica que lloraba, era la tercera al hilo que su hijo despachaba sin miramientos.

Kuonji se le quedó viendo con los ojos llenos de lágrimas, luego, sin importarle que Nabiki estuviese ahí, salió corriendo.

- Pobre chica... - Habló la señora recargada en el marco de la puerta abierta.

- Si pobre. - Secundó Kasumi

- ¿Ah sí? ¿Y por qué ambas tienen sonrisas en las caras? - Las cuestionó Nabiki quien también tenía una sonrisa burlona en el rostro.

- Bueno... no me alegra la situación, Dios sabe lo grosero que se comportó Ranma, pero... tal vez así dejen de molestarlo. - La mujer entró a la casa seguida de las dos muchachas.

El sol ya se había ocultado cuando Akane llegó a la casa Tendo, mentiría si dijera que la compañía de sus amigas no le había parecido divertida, ellas la habían convencido de salir y distraerse después de esos meses en tensión con la situación de Ranma, y ahora que él ya estaba mucho mejor, la incitaron a pasar un día completo en un spa, además Yuka quería contarles los detalles que les faltaban a ella y a su prometido para la boda.

Sin embargo, a pesar de todo, e incluso de saber que Ranma ya no estaba en peligro, seguía teniendo esta necesidad de estar cerca de su prometido.

- Buenas noches. - Saludó al entrar en el comedor donde la familia cenaba.

- Que bueno que llegas Akane, ¿vas a cenar? - Le preguntó su hermana

- No, ya cené. ¿Y Ranma? - Un chispazo de angustia la atravesó al no ver a su prometido, ¿Y si había vuelto a sentirse mal?

- No quiso bajar, ni cenar. - Dijo Genma como si nada.

- Ni vivir al parecer por que su dulce nana no estaba para malcriarlo.

- Que graciosa. - Rodó los ojos antes de salir del lugar e ir a verlo. Apenas la oyeron subir las escaleras, la familia entera empezó a reírse.

- ¡Los estoy escuchando! - Gritó enojada, pero todos sabían que seguro estaría sonrojada.

Dejó sus pertenencias en su habitación y se quitó el exceso de ropa invernal, sin más se dirigió al cuarto de Ranma, aún tenía algunos minutos mientras todos terminaban de cenar antes de que los vinieran a espiar.

- Ranma... - Lo llamó despacio por si estaba dormido, no molestarlo.

- ¿Qué quieres? - Le contestó de mala gana sin mover ni un solo músculo, aun hundido en las mantas del futón, ella al saber que estaba despierto entró al lugar.

- Saber cómo estás.

- Si fuera así, no hubieras desaparecido en todo el día. - Le recriminó. - Mejor vete a molestar a alguien más.

- De hecho, solo venía a avisarte que me iré de vacaciones una semana.

- ¡¿Qué?! - Literalmente se puso de pie dispuesto a pelear, ella estaba enferma si pensaba abandonarlo una semana.

- Mentira. - Le aclaró con una cara sínica. - A ver si ya controlas ese mal humor. - Ella se dio la vuelta dispuesta a irse, alcanzó a tomar la mampara para abrirla, cuando sintió que él le tomaba de la manga de la blusa para detenerla, volteó a verlo esperando y él dijo.

- No me voy a disculpar, es tu culpa por desaparecer todo ¡el maldito día!

- ¡¿Por un día te estás quejando?! - Volteó a hacerle frente.

- ¡¿Por qué no me avisaste que saldrías?!

- Estabas dormido. - Dijo como si fuera lo más obvio del mundo.

- ¡Pues pudiste...

- ¡Ya basta! - Lo calló. - Estás insoportable. - De nuevo se dispuso a salir y él la tomó, esta vez de la muñeca.

- No... - dijo como niño regañado. - Qué... quédate... - Ella bufó. - Por favor. - Y Akane podía estar muy molesta, pero el muy desgraciado ya le había encontrado la medida y no pudo resistir más de algunos segundos antes de asistir con la cabeza.

Akane se sentó en el futón y Ranma inmediatamente se recostó sobre sus piernas mientras ella le acariciaba los cabellos. Aquel tiempo había estado tan asustada de perder a Ranma, que después de su desmayo y posterior diagnostico no se había separado de él, literalmente había estado pegada al muchacho 24/7, haciendo guardia en el hospital, desesperada por oír buenos resultados. Luego, cuando todo había salido bien, no podía negar que se había comportado en exceso amable, comprensiva, protectora y mimándolo hasta en los caprichos más mínimos, esperando que con eso, ayudara aunque fuera un poco a su recuperación y ánimo.

De sobra sabía que esto era como malcriar a un niño, pero no podía evitarlo, Ranma era su mundo, y si debía darle gusto, al menos hasta que les confirmaran que su salud estaba al cien por ciento, lo haría sin dudarlo.

FIN

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ACLARACIONES

- Sobre la condición de Ranma, se llama "accidente cerebrovascular", que es cuando un coagulo de sangre bloquea el paso de la sangre en alguna parte del cerebro, esto puede ser causado, como en este caso, por un golpe y como la misma historia describe, causa cambios de humor extremos, sobre todo los relacionados al mal humor.

N/A

Todos ¡03! ¡Ahh ya falta tan poco! Para el 28 de diciembre, y no se preocupen, aunque sea atrasado cumpliré con los 31 relatos de Diciembre sin Fin.

Gracias a todos, en especial a:

· Grace

· Alexandraaa417

· Guest

· Benani0125

· Rowenstar,art

· Psicggg

· Kris de Andromeda

· BereNeST

· Akai27

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· vanesa112

· gatopicaro831

· nancyricoleon

· hcoronadogandara

· Sol

· Sailordancer7

· Crisel Grajeda

Gracias a todos, no saben cómo aprecio su tiempo para leer y compartirme sus opiniones, de este lado del ciber mundo, AkaneMiiya.

Ukyo tomo impulso y corrió buscando la salida de la casa, ya había escuchado suficiente.