Shaman King no me pertenece
El parto
Nunca quise afiliarme a una empresa de taxis. Esos cerdos capitalistas se quedan con casi la mitad de lo que produzcas y nunca te reconocen tu buena labor.
¿Qué dices, Manta? ¿Hablando del capitalismo cuando hace un año dirigías una empresa?
¡Pues sí! ¡Tengo derecho a cambiar!
Pero no ahora. Estoy muy ocupado comprando cosas que no necesito para que cuando alguien quiera venir a mi casa pueda decirles que no.
Nunca ser un enano cordial.
Volviendo a mi emocionante y envidiable vida ¿ya les dije que el bar quebró y ahora me quedé sin clientes fijos?
Maldito capitalismo.
Así que solo me queda arrancar mi vehículo y comenzar mi ruta.
Ruta es una forma decente de decir que solo manejo como me dé la gana mientras maldigo al mundo.
Nunca ser una persona paciente.
En esas, un brazo se asoma por un andén y mi suerte mejora. O tal vez no.
—¡Yoh Asakura! ¿Estoy a punto de parir y a ti se te ocurre parar un maldito taxi en vez de llamar a una ambulancia?
—Cálmate, Annita. Le harás daño al bebé.
En dos segundos, "Annita" había entrado a la parte trasera de mi vehículo mientras vociferaba mil groserías. ¿Con esa boca le dirá al hijo que lo ama?
—¿A dónde los llevo?
—¡No será a un centro comercial! ¿¡No ve que estoy a punto de parir?!
—Cálmate, Annita. Recuerda que debes proteger al bebé.
Ni un minuto con esos dos en mi carro y ya quería bajarlos.
—¡¿Puede ir más rápido?!
—Señora, ni siquiera he arrancado el vehículo.
—¡Por eso, animal!
Pensé en todos los recorridos posibles para llegar lo más pronto posible al hospital. En mis super matemáticas avanzadas calculé que llegaría en ocho minutos así que lo más probable es que el niño no alcanzaría a nacer en mis asientos.
—¿A dónde cree que va?
—¿A un hospital?
—Oh no —habló el sujeto— queremos ir al templo. Allá mis abuelos la ayudarán a traer nuestro hijo al mundo.
—Estamos a una media hora de ese lugar. ¿Están seguros?
"Annita" se acercó a mí por atrás y habló directamente en mi oreja.
—Más le vale que demore cinco minutos porque no quiero tener a mi hijo en un carro, ¡¿entendido?!
Daría mi taxi por ser un cerdo capitalista si eso me librase de esta mujer.
—¡Pero muévase!
—Annita, por favor, trata bien al joven.
Y daría mi vida con tal de alejar al hippie.
Aceleré y para calmar mis nervios encendí el radio.
—¡No! —Frené bruscamente al sentir el grito de la mujer— No quiero que mi hijo escuche esa música de adolescente hormonal.
—Annita, el señor solo quiero amenizar tu parto.
Juro por el dios del capitalismo que nunca dejaré que un hippie se monte de nuevo a mi auto.
—¿Y qué clase de música le gustaría escuchar?
—El canto del infierno es mejor que esa música.
—Annita, sé más cordial. No queremos que Hana te escuche en ese estado.
Quería que la tierra me tragara.
—Sí señora, piense en su hija.
—Oh no, Hana es niño —corrigió el hippie.
—Pues tiene nombre de niña —añadí.
—Pues usted es enano y cabezón y aquí no le estamos diciendo globo terráqueo.
Bien jugado, bruja infernal. Bien jugado.
Cogí la autopista y al fin pude meterle el cuarto cambio al taxi.
—¡¿Acaso quiere matarnos?! —¿La rubia solo hablaba a los gritos?— Lleva a una mujer embarazada no a un animal.
—¡Pues preferiría llevar un animal y no a una loca!
—Chicos, por favor, la violencia no es la solución.
—¡Cállate— la loca y yo gritamos al tiempo!
Hubo un momento de silencio y agradecí al dios capitalista por esa bendición. Sin tráfico, no demoraría más de diez minutos en llegar a ese estúpido templo de mierda.
—¡Ya viene!
¡Maldito dios capitalista!
—¡Es verdad! ¡Ya se le asoma la cabecita!
¿Acaso este es el karma que estoy pagando por no haberme acostado con Tamao?
—¿Cómo puedes saber eso si ni siquiera tengo las piernas abiertas?
—¡Y cómo puedes saberlo tú!
—¡¿Porque está saliendo de mí te parece una buena razón?!
—Ah sí, eso tiene sentido jeje.
Juro por dios que estos dos van a matarme a mí.
Sin importarme, metí quinta y rebasamos los 1200km por hora y para fortuna mía la loca no dijo nada.
Pero, si ya conocen mi historia, saben que todo, absolutamente todo siempre me male sal.
—¿Ese sonido no es la sirena de la policía? —Por fin el hippie decía algo coherente.
—Quizá persiguen a algún ladrón —respondí.
—O a un taxista idiota que no sabe que en esta carretera no puede exceder los 80km por hora. —Sudé frío— y más le vale que no se detenga porque hablo en serio cuando digo que no tendré a mi hijo en un sucio taxi.
Sucios los dedos de las patas de ella. Pero tenía razón, no podía detenerme, principalmente porque no tenía dinero para pagar la multa y segundo porque no quiero más líquido de procedencia extraña derramándose sobre los asientos traseros.
Anotación especial: lavar el taxi.
Sin miedo, seguí acelerando y rocé los 130 km. Nunca había ido tan rápido en un vehículo.
Sin embargo, para futuras referencias recuerden los siguiente: a Manta Oyamada todo le male sal.
Hay una razón clara por la que los vehículos no deben sobrepasar ciertos límites de velocidad y más uno que, evidentemente, no ha sido reparado en muchos meses. La rubia iba a matarme, eso sí.
—No pensará entregarse a los policías.
—Señora, pienso entregarla a la policía.
Detuve el taxi mientras veía como una ligera capa de humo salía del motor. Sip, eso se llama ser un taxista idiota.
—Me permite los documentos del vehículo, por favor. Debo hacerle un parte por exceso de velocidad y evasión de la justicia.
Yo respiré tranquilo porque sabía que saldría de esta. Solo debía esperar tres segundos
Tres
Dos
Uno…
—¡No me joda, oficial! ¿Estoy a punto de parir y a usted le parece relevante multar a un enano?
Ya a estas alturas ni las groserías me importaban.
—Señora qué pena, solo hago mi trabajo.
—¡Señora su abuela!
—Annita, por favor, respeta al policía.
Ah verdad que el hippie aún nos acompaña.
—La mujer está pariendo, en cualquier momento una cabeza se asomará y créame que usted no querrá ver eso. ¡Sáquela de aquí y llévela a un hospital!
—Hay que llamar a una ambulancia, nosotros somos policías, no médicos.
—¡Yo llamaré al mismísimo satanás si no llevan a mi esposa ya mismo al templo! —la bruja, el policía y yo quedamos en shock al ver al hippie así de molesto— perdón, Annita, me alteré.
Eran tal para cual.
Al policía no le quedó de otra que ayudar a la mujer a descender del vehículo y movilizarse hasta la patrulla. El hippie los siguió y yo sentí paz. Mucha paz.
¿Pero recuerdan la referencia que les lancé?
Sep. Los locos no me pagaron, el taxi no encendía y yo estaba solo, en medio de la vía y sin un maldito peso para hacer una llamada.
Y sí, había comenzado a llover.
Maldito capitalismo.
.
.
.
Cuando desperté y tomé el periódico el titular decía lo siguiente "Policía de Japón es ascendido por ayudar a parir a una mujer en su patrulla, los detalles de este mágico suceso los podrá leer en la página 9"
Efectivamente fui hasta la página nueve y por encima pude leer que a ese imbécil le habían dado una buena cantidad de dinero por tan generoso gesto.
¿Y yo que gané? Exacto, nada.
No sé si continuará ajajaj
Hola gente, aquí un cap más de nuestro enano favorito. Espero que les guste y me lo hagan saber, (L)
Nos estamos leyendo.
