Capítulo algo fome, pero necesario.

¡Gracias por leer!


Una serie de hechos desafortunados

Mousse y Akane ya estaban en camino. De acuerdo a las indicaciones recibidas, si seguían en línea recta en menos de un kilómetro darían con el lado mágico del bosque. Necesitaban estar atentos porque las dos mujeres no les dieron mayores indicaciones de cómo lucía tal lugar. "No es necesario. Lo notarán de inmediato." Fue todo lo que recibieron por respuesta. Tanto misterio los asustaba pero, ni modo, debían seguir.

Efectivamente, a casi un kilómetro de la cabaña, dieron con el bosque y, sí, lo supieron de inmediato: era muy luminoso con árboles cargados de frutas y flores. Era como un jardín inmenso, un paraíso. Ahora debían cruzarlo y eso era todo. Muy pronto estarían casa: Akane con Ranma y Mousse con Shampoo. Akane estaba preocupada por las palabras de las dos mujeres: podían quedarse atrapados para siempre en ese lugar. Miró a Mousse perdido en su mundo de ensueños y no era el compañero con el que le hubiese gustado llegar ahí. Le agradaba, le caía bien, hasta lo apreciaba pero no podía dejar de parcialmente odiarlo por secuestrarla. Porque, en el fondo había sido un secuestro.

– Mira Mousse, las cosas están así: debemos salir lo antes posible de este lugar ¿me oyes? Y debes tratar de mantenerte lejos de cualquier curso de agua. No quiero tener a un pato como compañero de aventuras. Y ajústate bien los anteojos, ya no quiero más enredos por tu culpa.

Corto y preciso. Evidentemente era Akane la que llevaba la voz cantante y era mejor así. Analizándola bien, Akane era una mujer formidable. Saotome tenía una suerte inmensa de tener una novia como ella. Si él no estuviera tan enamorado de Shampoo… Un puñetazo lo sacó de sus cavilaciones.

– ¡Ni lo pienses! – fue todo lo que dijo Akane. Era increíble que además pudiese leer los pensamientos. No era tan difícil lograrlo: Mousse no podía disimular nada.

El lugar realmente era un paraíso: tenía un aroma muy especial, embrujante. Los frutos de los árboles se veían apetitosos, la hierba verde invitaba a recostarse, había pequeñas cascadas. Era todo de ensueño.

– ¡Mousse! ¡No te pierdas! Si comienzas a pensar en lo que maravilloso que es este lugar puedes quedarte atrapado y yo no haré nada por rescatarte. Y no te atrevas a quejarte del calor. No te puedes bañar.

Lo entendía, lo entendía. Akane decía que confiaba en él pero, a la más pequeña vacilación, dudaba ¿Quién creía que era él?

Allá, a lo lejos, divisaron a un hombre. Comenzaron a gritarle pero era evidente que no los oía. Prefirieron correr hacia él; los podía ayudar.

– Señor, buen día. Mi amigo y yo nos hemos perdido y necesitamos encontrar el camino de regreso a nuestra casa. Unas mujeres que viven en una cabaña más allá, nos dijeron que si nos adentrábamos por esta parte del bosque, el camino sería más corto ¿Podría usted ayudarnos?

El hombre los miró extrañado ¿Dos mujeres? ¿Una cabaña? Por esa dirección que le indicaban no había nada, sólo el límite con el bosque salvaje por donde, seguramente, habían ingresado. Mousse y Akane se miraron ¿Cómo que no había una cabaña? Ellos estuvieron ahí, pasaron la noche ahí.

–Les digo que por esa dirección no hay nada. Ahora, hay una leyenda que dice que dos mujeres enamoradas huyeron hacia el bosque para escapar de sus padres que se oponían a su relación, pero a ellas se las tiene por muertas desde hace tiempo–. Los dos jóvenes insistían, ellos estuvieron ahí, hablaron con ellas, les habían dado las instrucciones para llegar al jardín. Este señor no podía salir ahora con el cuento de que lo habían imaginado. O soñado. De pronto, Akane y Mousse se miraron espantados ¿Y si eran fantasmas? El señor les indicó que muchos espíritus merodeaban por ahí. Quién sabe. Ahora, más que nunca, era necesario salir de ese lugar.

– Ayúdenos por favor. Necesitamos volver con nuestras familias, con mi novia y su novio – suplicó Mousse. Akane lo miró ¿Estaba Mousse en su sano juicio? Sólo en su cabeza Shampoo era su prometida. Pero, en fin, lo dejaría soñar.

– Esta bien, acompañenme – y el señor empezó a andar delante de ellos. No podían creer la buena suerte que tenían. En unas pocas horas, estarían de vuelta.

Se equivocaban. Sin saber con qué intenciones, el improvisado guía parecía llevarlos en círculos, igual como les había sucedido a ellos al principio de esa aventura. Akane lo notó porque a menudo pasaban por una cascada de siete pisos, o como se llamara. Mousse, en las nubes, sólo se dedicaba a mirar el lugar y a decir que se veía en él junto a Shampoo.

– Mousse, por favor, despierta. No sé qué intenciones tiene este hombre pero no nos está guiando a ningún lado. Debemos descubrir qué es lo que pretende y, si no es nada bueno, debemos huir de él – dijo Akane. Cuando pasaron una vez más por la cascada, Akane lo increpó:

– Disculpe señor, pero usted no nos está ayudando. Hemos pasado más de cinco veces por este lugar ¿Qué es lo que pretende?

– No se preocupen muchachos, hay muchas cascadas iguales por aquí.

Mousse, con su cabeza perdida, se tragó el cuento pero Akane no. Para comprobar lo que decía, dejó caer una de las tantas chucherías que Mousse llevaba en las mangas. Cuando, al pasar por la cascada la encontró, se dio cuenta de que el hombre los estaba engañando. Enfurecida, Akane se lanzó sobre él.

– ¡Nos va a decir es este momento cuáles son sus intenciones; qué pretende hacer con nosotros!

– Nada malo jóvenes. Sólo quiero que se distraigan y pasen un buen momento antes de salir de aquí.

Buen momento. Sí, claro. Como si le fueran a creer.

– Relájense muchachos, es un día de calor, no les vendría mal un baño – y habiendo dicho esto, los lanzó a ambos al agua. Salieron empapados. Mousse, evidentemente, convertido en pato.

– Ya veo: los estanques de Jusenkyo – y se fue sin decirles nada. Mousse comenzó a chillar desesperado y Akane le gritó que no los dejara, que les dijera qué sabia de los malditos estanques. Pero nada les dijo. Sólo los dejó tirados.

v. v. v. v. v

Ranma se daba cabezazos contra la pared. En ese momento quería poder pensar como el desquiciado de Mousse pero todas sus ideas estaban revueltas. Los llantos del padre de Akane no lo dejaban concentrarse, pensar. Estaba preocupado por lo que podía estar viviendo Akane, necesitaba saber algo, cualquier cosa. Afortunadamente, y al parecer, estaba con Mousse. Y no es que creyera que éste fuera un gran protector pero, sabía, que no se propasaría con ella ni tampoco la dejaría sola. La que no pensaba lo mismo era Shampoo, es decir, hacía creer que no estaba de acuerdo con esto último. Ella había visto a Mousse muy amigo de Akane en esos últimos días. No se podía estar seguro. Las suposiciones de Shampoo no hacían más que acelerar la ansiedad de Ranma. Está bien, podía no confiar en Mousse pero sí en Akane. No lo harían pensar lo contario. Además, no era seguro de que estuvieran juntos…

Pronto, la noticia de que Akane estaba desaparecida comenzó a propagarse y, en poco tiempo, todos sus pretendientes estaban ahí, listos para salir a buscarla. Era lo único que faltaba. No serían más que estorbo.

– Miren todos ustedes, no se los diré dos veces. Akane es mi prometida y a mí me corresponde buscarla. Aceptaré su ayuda mientras sea un aporte. Al primer enredo, se van todos volando–. Ranma hablaba con decisión: sólo quería encontrar a Akane, no quería tener que cargar con una tropa de inútiles.

Algo que no pasó desapercibido para Ranma es que mientras muchos se ofrecían para buscar a Akane, a nadie parecía importarle Mousse. Miraba a Shampoo y ésta parecía tan tranquila, tan relajada ¿En verdad no le importaba ni un poquito? ¿Ni siquiera como su amigo, compañero de trabajo? No, fue la sincera respuesta que le dio. Pobre Mousse, era un buen tipo, algo torpe, pero bueno. Él se encargaría de encontrarlos a los dos.

– Akane, te voy a encontrar, aunque tenga que dar la vuelta entera a este mundo – se prometió Ranma. No descansaría hasta tenerla de vuelta: – Y de paso te encuentro a ti Mousse, para no dejarte un hueso bueno por todo esto.

v. v. v. v. v

– Mira en lo que estamos metidos Mousse – sollozó Akane: – volvemos a estar perdidos, más que nunca y tú, para colmo de males, convertido en pato.

Mousse chilló, lo que exasperaba más a Akane. Se sentía más lejos que nunca de su casa, sola, porque por ahora Mousse no era ninguna compañía, y con ganas de ver a Ranma. Se arrepintió tanto de haber sido dura con él, de no decirle lo que sentía. No, estaba hablando con una perdedora, eso no era propio de ella. Pero ya no soportaba más la situación. Si sólo pudiesen volver a la cabaña de las dos mujeres de la noche anterior, quizás podrían ayudarlos. Comenzó a pensar que hubiese sido mejor ir por el camino largo. En realidad, lo mejor hubiese sido que Mousse usara sus anteojos como corresponde y se hubiese llevado a Shampoo, como era el plan original.

Mousse estaba triste a su lado. Le pasaba su cabecita por el brazo, tratando de consolarla. Akane le acarició la cabeza y, una vez más, se dio cuenta de que no podía odiar a Mousse, no importaba las tonterías que hiciera. No había sido con mala intención.

– Vamos Mousse, no lograremos nada sentados aquí como tontos – Akane se echó todo el arsenal que llevaban al hombro, tomó a Mousse en sus brazos y partió, sin rumbo fijo. Eso sí, se le quedó grabada en la mente la frase del hombrecillo ese que los había perdido: él conocía la historia de los estanques de Jusenkyo quizás podía conocer alguna solución al problema. De ser así, era mejor buscarlo, no importaba si les tomaba más tiempo el regresar. Tal vez encontraban la cura para la maldición del mismo Mousse, Ranma y bueno, en consideración a Mousse, de Shampoo. Mousse aleteó de felicidad. El fin de su sufrimiento podía estar cerca.