Tan cerca, tan lejos
Hacía tanto calor que Akane y Mousse siguieron chapoteando en el agua, como Mousse ya estaba convertido en pato, daba lo mismo que se mojara. Ese tiempo juntos había hecho que Mousse mirara a Akane con otros ojos. No, no de amor, ése estaba reservado para Shampoo pero sí con admiración. Si habían llegado donde estaban era casi exclusivamente por ella. Saotome no se merecía una mujer tan genial. Era egocéntrico y le gustaba ser admirado por las muchachas. No dudaba de que amaba sinceramente a Akane pero, quizás ella podría tener un novio mejor, un novio como… bueno, daba lo mismo. De pronto, lejos, vieron que alguien se acercaba. Comenzaron con los gritos y chillidos para hacerse notar. Esta vez, el hombre los oyó. Era tan viejo como el mundo, más que el maestro Happosai o la bisabuela de Shampoo juntos, lo que ya era mucho decir. Quizás podía tener la misma sabiduría de ellos, sin la depravación del maestro, por supuesto.
– ¿Qué haces aquí jovencita, tan sola? –. No, no era como Happosai, porque casi no la miraba.
– Señor, mi amigo y yo estamos perdidos desde hace algunos días. Unas mujeres de una cabaña cerca nos indicaron que cruzar este bosque era el camino más corto para llegar a nuestra casa pero, una vez aquí, un hombre malvado hizo que nos desorientaramos aún más. ¿Podría usted decirnos en qué lugar exacto estamos y cómo podemos encontrar la salida de este lugar?
El hombre los miró sorprendido, primero, porque él no veía a ninguna otra persona aquí, sólo un pato. Segundo, porque, él sí había escuchado el cuento de la cabaña y, tercero, porque el hombre con quien se encontraron debía ser uno de los encargados de resguardar el jardín pero que, habitualmente, le gustaba hacer travesuras a los visitantes. Qué travieso.
– Él nos habló de los estanques de Jusenkyo ¿sabe usted algo de eso?
El viejo miró al pato. Creía entender.
– Ha venido alguna gente por aquí con la misma historia de Jusenkyo, al parecer, algunos han encontrado una cura para la maldición pero no podría afirmarlo con certeza.
Mousse empezó a graznar de felicidad; Akane también se ilusionó. Lo que partió como una equivocación, podía ser la solución al problema de sus amigos. Pero el viejo jugaba a los secretos, estaban seguros de que sabía algo más y no quería hablar. Era mejor no presionar, ya llegaría la oportunidad.
–Sería mejor que tomasen un baño – dijo el anciano. No gracias, se habían bañado bastante ya: – Este baño los hará sentirse mejor, sin duda.
Akane tomó las cosas, la ropa de Mousse y al mismo Mousse y se fue donde el señor les indicó. ¡Eran aguas termales! Sin pensarlo dos veces, Mousse se lanzó a ellas saliendo de ellas convertido en humano y, una vez más, sin ropa.
– ¡Mousse, cúbrete por favor! No quiero tener que verte desnudo cada vez que pasas de pato a hombre.
Obedeció. Desde hace bastante ya que Mousse obedecía todo lo que Akane le decía. Tampoco a él le gustaba andarse mostrando pero así era la maldición de los pozos. Akane miró al hombre viejo, había algo extraño en él. En primer lugar, el tipo ese que habló de los estanques y, ahora, este señor sabía que el agua tibia algo causaría. No podía ser casualidad.
– Mousse ¿no crees que hay algo extraño en esta gente? Andan jugando a los misterios pero parecen tener información que a nosotros nos importa. Quizás deberíamos permanecer un poco tiempo más aquí. Podríamos averiguar algo.
– ¿Y si es una trampa? Ya oíste lo que dijeron las mujeres: de aquí a veces cuesta salir ¿No será por eso?
Akane lo pensó mejor. Podía ser que esa información engancháse a la gente a ese lugar y por eso no se les hiciera tan fácil salir. Pero no era tampoco como que toda la gente de por ahí hubiese caído en los estanques. Era imposible.
– Esperemos hasta que caiga el sol. Si, hasta ese momento no sabemos nada interesante, nos vamos mañana a primera hora ¿Te parece bien?
Mousse estuvo de acuerdo pero ¿y ahora qué hacían? Quedarse ahí jugando en el agua. Claro que no, debían encontrar a alguno de esos dos sujetos con los que hablaron al principio. Pero ¿cómo lo hacían? No se veía ni un alma por esos lados.
– Caminemos y no olvidemos el lugar donde estas aguas se encuentran. Por si una vez más las llegamos a necesitar – dijo Akane, rogando para que no fuera así..
No sabían las dimensiones del jardín pero pudieron haber caminado unos cuantos kilómetros sin ver a nadie hasta que se toparon con un bello cisne. Sí, debía ser alguien que se convertía en un humano y, arrojándole un poco de agua que había guardado de la fuente termal, Mousse esperó a que recuperase su forma humana. Esperaron y esperaron pero nada paso. Más allá, una bandada completa de cisnes apareció. Akane se dio cuenta de que no era ese el camino:
– Mousse, no podemos ir arrojándole agua a cada criatrura que veamos. Lo importante es encontrar a un humano y ver qué podemos saber de él. Lo mejor sería encontrarnos con los dos hombres que vimos anteriormente.
v. v. v. v. v
Ranma y su grupo habían dado mil vueltas a la ciudad, habían salido fuera de ella, revisaron cada lugar que encontraban y nada. Estaba desesperado y trató de recordar que sucedió hasta el momento exacto de la desaparición. Shampoo y sus travesuras lo habían hecho caer una vez más. Con una red extraña lo había atrapado y se lo llevaba. Akane y todos quedaron detrás. Al liberarse del embrujo y volver a su casa, Akane ya no estaba. Fue a su dormitorio pero no le abrió, al dojo, a la cocina, nada. Cuando le preguntó a su familia, le dijeron que había salido tras él y nada más. Salió a mirarla y pasó nuevamente por el restaurante de Shampoo y, luego de mil malabares para sacársela de encima, volvió a su casa. Akane aún no estaba, lo que era ya muy extraño. Preguntaron en las casas de sus amigas, amigos, compañeros de escuela. Nada. En ese momento, Shampoo tampoco dijo que Mousse estaba desaparecido, para nada. Y en eso no había nada de extraño porque bien poco le importaba lo que pasara con el chico pato. Pero al avanzar los días y coincidir algunos detalles, parecía evidente que Mousse y Akane andaban juntos. Ranma recordó lo que había dicho Shampoo antes: "Mousse muy amigo de Akane en esos últimos días." Si se hubiese enterado de eso el mismo día de la desaparición, no se hubiese preocupado porque, desde que Mousse había llegado, Akane y él solían conversar, no sabía sobre qué temas ni en qué profundidad, pero podrían ser algo así como aliados, no sabía como explicarlo, para que él y Shampoo no estuvieran juntos. Sabía que Akane no era de ese tipo de personas pero no podía ni imaginarse qué pasaba por la cabeza de ese loco de Mousse. Volvió a interrogar a Shampoo, para asegurarse de no pasar nada por alto.
–Mousse y Akane se veían seguido, es todo lo que puedo decir.
–¿Pero qué tan seguido?
– Una vez a la semana, quizás más – sonrió Shampoo con un aire de tal inocencia que Ranma no tuvo el valor de poner en duda sus palabras. Pero Shampoo le había dicho tanta cosa, le había hecho tanta cosa…
– Akane y Mousse deben estar juntos. ¿Por qué se escaparon? No lo sé. Quizás ella se dio cuenta de que estaba interesada en Mousse y no podrían estar juntos por eso del compromiso forzado de ustedes. ¿Por qué no hablas con tu padre, arreglan ese problema y te casas conmigo de una vez? Tú eres mi novio según la ley de las amazonas – dijo Shampoo seriamente.
No. No lo creía. Si Akane estuviese enamorada o interesada en Mousse se lo habría dicho o él lo habría notado. Además, la última vez que vio a Mousse, éste estaba lloriqueando por el amor de Shampoo, como tantas otras veces. Sí, estaba convencido de que ellos dos estaban juntos pero tenía un presentimiento extraño, algo le decía que las cosas no estaban bien. Y podrían ponerse peor.
v. v. v. v. v
Akane estaba empezando a temer por el estado mental de Mousse. No era que estuviera loco ni mucho menos pero, a veces, lo sentía tan embelesado con el lugar que dudaba de que estuviera dispuesto a hacer mucho por salir de ahí. Se lo recordaba continuamente, y él parecía volver en sí pero, ya perdida la esperanza de encontrar a alguien, volvía a caer en su mundo mágico interior. Tenía que suceder algo que lo remeciera. Y así fue. Poco a poco fueron encontrando gente. Akane le habló a la primera mujer que estuvo cerca de ellos
– Disculpe usted ¿Podría ayudarnos? Necesitamos salir de aquí pero con mi amigo nos perdimos …
La mujer los miró un momento, sin decir nada.
– Pronto olvidarás los deseos de irte de aquí y, cuando los retomes, ya será muy tarde.
¿Tarde? ¿De qué estaba hablando esta mujer?
– Yo llegué aquí por el camino del bosque largo, me perdí. Unas mujeres me ayudaron para lograr dar con este otro camino, más corto.
– ¿Unas mujeres? ¿En una cabaña? – Mousse preguntó enfáticamente porque eso demostraba que ellos no estaban locos y, efectivamente habían estado en aquel lugar. Que existía.
– Claro que sí, yo las vi. Pasé una noche ahí y luego me interné aquí. Venía en busca de una cura para el mal que afectaba a mi novio. Me dijeron que aquí se podía encontrar remedio para todos los males y maldiciones pero, finalmente, quedé seducida por este lugar. Me quedé y me quedé hasta que el tiempo empezó a pasar y me di cuenta de que quería volver pero ya no pude. Hay gente aquí que embruja… Quedé atrapada en este jardín – terminó la mujer visiblemente acongojada.
Los dos jóvenes quedaron helados al oír todo. Las mujeres, la cura para un mal ¿No sería que a ellos también les podía pasar lo mismo?
– Ha pasado mucho tiempo ya, más de cien años. El tiempo se congela aquí dentro. No esperen mucho en salir o ya no encontraran a su gente. Al menos se tienen el uno al otro.
Akane estaba espantada, la mujer estaba relatando su propia historia. Pero necesitaba saber algo más:
– ¿Pudo encontrar la cura para su novio?
– Sí, eso es fácil de encontrar aquí. Pero no sirve de nada si no pueden salir.
Akane tomó a Mousse de una manga. Le explicó que alguien estaba mintiendo en esta historia porque, según lo que la mujer decía, la cabaña sí existía aunque el sujeto que vieron primero ahí les dijo que no. Luego fue el asunto de las curas. La mujer dijo que se había quedado para encontrar la cura para el mal de su novio, lo que coincidía con lo dicho por el anciano sobre Jusenkyo pero que no afirmó en su totalidad. Ahora, debían ser muy cuidadosos: la mujer les dijo que, una vez dentro, no daban ganas de salir hasta que ya era demasiado tarde. Había que ser cautelosos: probablemente podrían encontrar la cura a la maldición de los estanques pero no serviría de nada si no salían de ese lugar. Por eso, debían dar el máximo de ellos para encontrarla lo más pronto posible y escapar de ahí. Se habían dado plazo hasta el anochecer, si no funcionaba, saldrían. Si no lograban salir con la medicina en sus manos, podían avisarle al resto para que volviesen. Lo importante era que no se separasen y no olvidasen su compromiso.
– Mousse, debes jurármelo. No podemos quedarnos atrapados aquí pero tampoco podemos perder la oportunidad de encontrar la cura para el mal de todos ustedes –. Akane metió sus manos en la mangas de Mousse, por si encontraba algo y dio con una especie de cintas de colores. Ató una a la muñeca de Mousse y la otra en la suya propia. – Cada vez que veamos estas cintas, debemos recordar qué es lo que estamos buscando y qué pasará si no nos vamos a tiempo. Por favor Mousse, no dejes que se nuble tu razonamiento. Hazlo por Shampoo, tú la quieres volver a ver. Y la quieres ver sin la maldición ¿verdad?
