Una vez más, los personajes no son míos (son del autor de katana gatari cuyo nombre no puedo recordar en este momento, solo la historia, sin más, continuemos.

- Buen día, soy Uneri Ginkaku, su profesor titular. Por este día solo se presentarán, elegiremos sus sitios y a un representante de clase. Comenzaran de derecha a derecha a izquierda, de atrás hacia adelante. – Fueron las firmes órdenes del docente antes de sentarse en otra posición más cómoda para escucharlos sin dormirse.

Inició una chica de cabello negro. Mientras sus compañeros se presentaban, shichika se estiró en su banca mientras miraba hacia la ventana y murmuraba "es una molestia". Pronto llego su turno, por lo que el chico se levantó cuan largo era, miró al profesor sin mucha expresión y abrió la boca.

-Mi nombre es Yasuri Shichika, mi familia proviene de varias generaciones de cartógrafos y regenta un dojo. – Dicho eso, todos los que lo voltearon a ver lo miraron de forma extraña, pues las cosas en las que su familia destacaba eran muy dispares, el único que permaneció impasible fue el profesor que no se inmutó. Luego del joven le siguió su compañero de atrás y así continuaron las presentaciones. Concluido esto, los lugares fueron asignados por sorteo, en el cual, los alumnos fueron pasando al frente a tomar un papel con un número escrito, el cual también estaba asignado a una banca el mismo orden que el de las presentaciones. Finalmente y con los últimos minutos de clase, se eligió como representante de clase a una chica de apariencia seria y mirada grave llamada Kikiguchi Zen, pues aquellos que la conocían de años anteriores la recomendaron. Las próximas clases pasaron rápido para Shichika y apenas les puso atención, pues ese día todo eran presentaciones y palabras personales de los profesores hacia los alumnos. Cuando sonó el timbre para el almuerzo el joven se levantó y comenzó su marcha hacia la cafetería, pero fue detenido por una voz.

-Espera ahí, debes acompañarme para que conozcas el salón del comité. – Dijo Togame con autoridad hacia el chico.

- Es una molestia, además, nee-chan espera. – Dijo saliendo del salón sin esperar a que Togame continuara. Al poco tiempo, el chico cayó en la cuenta de que no reconocía el lugar donde se encontraba. Repentinamente chocó con alguien pues no puso atención a su camino mientras cavilaba, afortunadamente reaccionó a tiempo y atrajo hacia sí a la persona con la que choco evitando que cayera. La persona agraviada era una chica menuda, de cabellos hasta sus hombros y tonalidad del mismo grisácea, así como cejas algo gruesas, quien lo miraba aterrada. Shichika se separó de ella.

- Lo siento, no era mi intención chocar contigo. – Dicho lo anterior continuó su camino, girándose de repente y volviendo a donde estaba la chica. - ¿Sabes donde esta el comedor? – Preguntó y la chica señaló en dirección a un pasillo lateral. – Gracias, quienquiera que seas. – Agradeció el chico mientras se despedía comenzando de nuevo su marcha. Pronto llegó a un lugar repleto de gente, donde pasó la vista en busca de su amiga, a la cual localizó sentada sola en un rincón. Ni bien empezó a caminar hacia el lugar donde estaba su amiga, alguien lo jaló. Era Togame, quien con todas sus fuerzas logro hacer retroceder a Shichika unos pasos.

-¿Es Togame? – Preguntó el joven al tanteo.

- Exactamente, ahora sígueme, no hay tiempo para almorzar. – Dijo de manera imperativa. – Si terminas el trabajo rápido, tal vez puedan encontrase más tarde para volver juntos a casa.

- Que molestia. Bien, ¿Qué es eso importante? – Cuestionó mirando a Togame.

- Como sabrás y si acaso no lo sabes, te lo digo, esta zona es muy conflictiva, por esa razón el comité disciplinario de las diferentes escuelas se encarga de mantener el orden y evitar los conflictos ya sean interno o externos.

- Por como lo dices, pareciera que usan la fuerza como medio para lograr que el orden se mantenga. – Opinó el joven simplemente.

- Así es como trabaja el comité. Las escuelas tienen siempre entre sus estudiantes peleadores fuertes, que son los encargados de detener los conflictos parando los ataques enemigos y protegiendo a los estudiantes. – Continúo su explicación la peliblanca. – Ahora camina, tenemos trabajo que hacer.

- Hmm, creo comprender de algún modo toda esa explicación complicada… No, en realidad no entendí nada. – Dijo el descendiente de los Yasuri comenzando a seguir a Togame.

- ¡Cheriooooooo! – Exclamó la chica golpeando a su alto compañero en el abdomen sin que este se inmutara en lo más mínimo.

- Eso que gritas, ¿es algo así como tu sello personal? – Preguntó sin dejar de caminar y por poco tirando a Togame al desequilibrarla.

- Oh, ¿lo notaste?, Eso es exactamente. – Dijo orgullosa sacando el pecho. El resto del camino ambos permanecieron en silencio. Al llegar al patio de la escuela, Shichika divisó a un joven con visera y cabello negro encrespado, así como un uniforme azul oscuro con botones dorados. Aquel chico tenía agarrada a una chica con el uniforme de Shogunato que parecía angustiada.

- ¿Qué hacemos en medio del patio? – Preguntó el joven alto a su compañera de cabellera blanca, quien lo ignoró.

- ¡Hey, tú! Chico de Maniwa. – Gritó en dirección al chico de cabellos negros.

- Vaya, pero si es la señorita vicepresidenta del comité disciplinario. – Dijo con sorna el chico. - ¿Acaso vienes a pelear, perra de Shogunato?

- Sabes bien que yo no peleo, soy estratega después de todo. Tu oponente esta aquí. – Mientras lo decía señaló al castaño detrás de ella.

- ¿Entonces ya conseguiste un nuevo peón? Bien, veamos que tal es. – El chico empujo lejos a la estudiante que hasta hacia un momento tenía apresada y se posicionó, para luego iniciar con su ataque.

Shichika equivó el primer golpe sin problemas y se dirigió a Togame.

-Al menos avísame que ya empezamos. – Dijo el joven con molestia y tomó posición de combate.

- Mi nombre es Koumori, ¿Cuál es el tuyo? – Preguntó por cortesía el estudiante de Maniwa.

- Me llamos Shichika. – Respondió el castaño y bloqueó un golpe de Koumori. Mientras ellos continuaban con su pelea, Togame ayudo a la chica que había sido arrojada lejos, para luego avisar a todos los que estuvieran mirando que volvieran a sus actividades. Mientras tanto, la pelea se inclinaba por Koumori quien usaba un estilo de kempo y tai-chi. Por su parte, Shichika utilizaba un estilo propio de su familia, cuyo nombre se había perdido hacia mucho. Era un estilo que usaba el cuerpo como una hoja bien afilada y conjuntaba estilos muy diferentes.

De un rápido movimiento el castaño paró en seco los movimientos de su contrincante mientras susurraba el nombre de una flor y con otro movimiento de su palma aplicado al pecho del Maniwa, le sacó el aire. Este respondió arrojando una bomba de humo para ganar tiempo, nublando la vista del castaño.

-Shichika ¿Dónde estas? – Preguntó la voz de Togame. El chico dio una fuerte patada a la persona que acababa de hablar.

- Esa voz… ¿Togame? – Preguntó quedamente.

- Maldito, ¿Cómo te diste cuenta que era yo? – Preguntó Koumori tirado luego del contundente golpe del castaño.

- Bueno, más que saber que eras tú… no salgo mucho, así que me cuesta trabajo distinguir a las personas, aparte de mi padre y nee-chan. – Fue la sincera respuesta de Yasuri.

- ¡¿Osea que habrías golpeado a esa zorra si se hubiese acercado? – Exclamó sin creerlo.

- Supongo que sí. – Se dijo Shichika. Koumori al fin sucumbió al mareo después del golpe y quedo inconsciente. Desde una ventana el los edificios de los estudiantes Nanami veía todo lo que ocurría y en el momento en que Shichika miro hacia ese lugar, ella ya se había ido.

- Bien hecho Shichika, aunque la cuestión de atacar a todo lo que se mueva debe arreglarse. – Dijo con suficiencia la chica mientras se acercaba. El sonido de un auto deteniendo su marcha los alertó y miraron hacia la puerta, pudiendo ver a un joven con el mismo uniforme de Koumori, quien se llevó a este último sin darles tiempo a reaccionar. El timbre sonó en ese momento, señal de que era hora de volver a clases.

Concluidas las labores, el alumnado se encaminó a la salida del lugar, exceptuando a Shichika, quien permaneció sentado en su sitió cual estatua de mármol. Pasaron las horas y el joven permanecía en su posición tranquilamente aun cuando ya empezaba a oscurecer.

-Oye, Yasuri. – Dijo una voz firme. – Las clases concluyeron hace horas, ¿Qué haces aun aquí? – Preguntó al chico la jefa de grupo.

- Solo estoy esperando a alguien. – Contestó el chico.

- Eso no es excusa, puedes esperar en la puerta de entrada. – Opino sin dejar pie a reclamos.

Shichika se levantó calmadamente y en esa actitud se dirigió a la salida. Al poco tiempo, lo alcanzó Nanami.

-Ya estas aquí, nee-chan.

- Sí, discúlpame por hacerte esperar, cuando desperté en la enfermería ya era tarde. – Mientras decía esto, ambos se pusieron en marcha hacia sus casas, que por cierto, quedaban "cerca" la una de la otra. Mientras caminaban, Nanami miró a su amigo.

- ¿Qué pasa nee-chan? – Preguntó el chico al notar las miradas de su amiga.

- Solo pensaba… ¿Por qué me esperaste en lugar de irte con la señorita Togame? Además te he dicho que no me gusta que me llames nee-chan, llámame por mi nombre, aunque sea una molestia. – Dijo anticipándose a la palabras más usadas por el chico en un tono suave y molesto.

- Prometí que volvería contigo, después de todo no conozco el camino de vuelta a casa aun… además, no quería que volvieras tu sola a esta hora, mamá siempre dijo que a una señorita se la debe acompañar cuando viaja a altas horas. Es por eso nee… Nanami.

- Eres un buen chico Shichika. – Dijo su amiga mientras se estiraba todo lo que podía para alcanzar la cabeza de su amigo y darle unos golpecitos de recompensa. – Muy buen chico. – luego de esto, tomo la mano de su amigo y lo jalo por las calles mientras este se dejaba guiar. De este modo, pasaron de largo la calle que llevaría al castaño hacia su casa y se dirigieron a la casa de la peli-verde. Al poco tiempo de caminar pudieron escuchar una ambulancia acercándose y poco después, vieron a un camión de bomberos apresurarse por la avenida. Ambos vehículos dieron vuelta en la misma calle. Nanami sintió como un escalofrío le recorría la espina dorsal y antes de darse cuenta, ambos jóvenes corrían en dirección a la calle donde se perdieron la ambulancia y el camión de bomberos.