Nuevamente actualizo luego de añares, de nuevo una disculpa por ello. Para aquellos que se toman el tiempo de leer esto, mi más sincero agradecimiento.
Ahora sí: Tristemente Katanagatari no me pertenece, así que mientras ahorro para comprar los derechos, disfruten con esta narración en que los tomo prestados sin permiso (conste que no los estoy robando, solo los tomo prestados, pero no le digan al autor original).
- Es suficiente. – Dijo una chica de cabello rojo con un bozal. – Dejemos esto como un empate.
- ¡Oye, tú! ¡No interfieras! –Gritó Togame desde las gradas.
- ¡Nos rendimos! ¡Estoy aquí para negociar! – Le respondió la pelirroja a Togame mientras intentaba mantener el brazo del Yasuri inmóvil.
- ¡Shichika, detente por el momento! – Gritó Togame y el aludido relajó su postura y simplemente miro a Shoma que quería seguir peleando.
- ¿Qué significa esto Himezaki? – Preguntó incrédulo el beisbolista.
- ¡Cierra la boca Shoma! Se acabó. – Dijo firme la pelirroja.
- ¡¿Qué no viste lo que les hizo a Roberto y a Ayuhara?! ¡¿Cómo puedes estar de su lado?! – Exclamó Shoma intentando soltarse del agarre del motorista.
- ¡Te dije que cerraras la boca Shoma! – Respondió de forma terminante la chica apodada "Zaki". – Estamos aquí para negociar, así que más te vale no hacer nada estúpido hasta que terminemos.
- ¿Problemas internos? – Preguntó Togame que ya se había acercado dejando la seguridad de las gradas.
- Solo un pequeño desacuerdo, nada importante.
- Ya veo. Y bien "negociadora", te escucho. – Dijo Togame con altanería.
- Ejem. Sí, tengo un trato para ti, se por qué están aquí, pero lo que buscan no lo hallaran, se nos dijo lo mismo que a ustedes, sin embargo, gracias a mi red de información logre localizar aquello que perdieron. – Dijo Zaki mientras sacaba un papel de su uniforme.
- Continua. – Siseo Togame con desconfianza.
- Veo que entiendes rápido, ciertamente no es gratis, dejen las cosas así y váyanse sin armar más alboroto, solo eso pido. – Dijo la pelirroja, mientras con sus dedos índice y medio de la mano izquierda extendidos sostenía el papel.
- Hecho. – Dijo Togame al tiempo que le quitaba el papel de los dedos con un rápido movimiento. – Shichika, nos vamos.
El castaño sintió como las cadenas se aflojaban y comenzó a caminar sin mirar a nadie en la misma dirección que Togame. Cuando se hubieron ido, Shoma por fin dejó de forcejear y miró a Himezaki.
-Explícame esto. – Dijo Shoma un poco más calmado.
- Fuimos engañados para que peleáramos con Shogunato y les hiciéramos el trabajo sucio a quienes están detrás de todo esto. Además ese chico es muy peligroso.
- Estaba por ganarle cuando interferiste. – Replico el castaño beisbolista con tono de desprecio.
- Viendo como estas, yo diría que él fue quien barrió el piso contigo y créeme, si él hubiese conectado el último golpe aun por poco, abrías perdido algo más que la pelea. – Dijo Zaki en tono serio. – Pero eso lo sabes muy bien.
- No sé de qué hablas. – Dijo Shoma molesto, para luego quedarse pensativo y llevar una de sus manos a su cuello, sintiendo aun esa amenazadora opresión que inició segundos antes de ser detenido por Akira, la chica del casco de motorista.
Zaki solo lo miró acusadoramente y luego, junto con Akira fueron a ver a los dos heridos, que en ese momento comenzaba a despertar.
Al llegar al lugar al que la información de Zaki los llevó, notaron que eran bodegas abandonadas en el límite entre los dominios de Maniwa y Freespace (una zona sin dueño). Era obvio para Togame que el enemigo planeaba emboscarlos, así que comenzó a explicarle a Shichika un complicado plan, sin embargo al mirar de vuelta al chico para preguntar si había entendido vio como este simplemente ya estaba caminando a la bodega sin ninguna preocupación. La peliblanca montó en cólera y quiso gritarle sus verdades al castaño, pero prefirió guardar silencio y preparar una nueva estrategia.
El castaño alto se acercó a la puerta y respiró hondo antes de abrirla con una patada. Dentro del lugar no se veía ni se oía nada. El chico cerró uno de sus ojos mientras evaluaba la situación por unos minutos, después de esto, se adentró en la oscuridad de la bodega. Apenas dio unos cuantos pasos dentro, la puerta se cerró oscureciendo del todo el lugar y Shichika dependió entonces solo del sonido ligero que hacían sus oponentes al caminar sigilosamente hacía él. Los primeros golpes los bloqueó y los esquivó, pues necesitaba ganar algo de tiempo, sin embargo debió recibir parcialmente algunos de los golpes que siguieron para lograr ese propósito. Esperó cuatro minutos a partir de entrar a la penumbra y entonces abrió el ojo que había cerrado, obteniendo una mejor visión de su entorno y así inició el contraataque.
El castaño decidió que debía ir con todo para terminar rápidamente y poder regresar a su casa, donde Nanami sin duda ya lo esperaba para cenar. A los pocos minutos bajo su ritmo, pues los chicos que lo habían atacado inicialmente fueron cayendo con excesiva facilidad. Eran solo un grupo desorganizado que aprovechaba la ventaja numérica y la oscuridad para tener ventaja, sin embargo, la vertiginosa velocidad con que atacaba Shichika y la precisión con que neutralizaba a sus oponentes era tal, que no podían seguirle el ritmo siquiera, cayendo uno tras otro sin poder defenderse. La luz se encendió de forma repentina cuando el Yasuri terminó con todos los oponentes, a lo que el chico reaccionó cerrando un ojo y buscando rápidamente cualquier señal de ataque, pero solo vio a Togame con la mano aun en el interruptor de encendido de las luces de aquella bodega.
-No ataques, soy yo, Togame. – Fue lo que la chica alcanzó a gritar en el momento en que Shichika corría hacia ella. Al oír su voz el chico se detuvo. La chica respiró aliviada de estar tan alejada del castaño en el momento en que encendió la luz. – Debemos hacer algo con esa costumbre tuya de atacar todo lo que se mueva.
- Que molestia. – Replicó el castaño.
- ¡Veo que estos principiantes no pudieron cumplir con su trabajo! – Exclamó de repente un chico rubio que se encontraba en una plataforma alta. – Bien, pues es hora de que te enfrentes a un profesional.
El chico rubio atacó a Shichika rápidamente con unos bastones unidos por una cadena, los cuales dominaba con maestría, tal como había dicho, por lo que el castaño tuvo que esquivarlo y retroceder un poco pues por el regaño de Togame bajó su guardia por un momento. El retroceso del Yasuri fue aprovechado por aquel chico rubio para tomar como rehén a Togame, quien empezó a forcejear.
-Quítame las manos de encima. – Dijo la chica.
- Seguro, solo dime cuanto me pagaras por ello. – Dijo burlonamente el rubio.
- ¿Pagar? – Preguntó sin creerlo la peliblanca.
- Claro que sí, el dinero mueve al mundo, si me pagaran lo suficiente les vendería a mi madre. Por la cantidad adecuada hare lo que me digas. – Contestó seriamente. – Así que, ¿cuánto ofreces por tu liberta….
El chico rubio fue dejado inconsciente por un rápido movimiento de Shichika que le asestó un golpe en la nuca, aprovechando que el chico estaba hablando animadamente. Togame al verse libre comenzó a regañar al chico, siendo ignorada por este, que en ese momento comenzó a caminar hacia un bulto que estaba en el otro extremo de la bodega. Resultó ser una chica de cabellos grises y cejas pobladas que parecía a punto de llorar, la cual estaba atada y amordazada.
-Tranquila, venimos a ayudarte, creo, ¿fuiste secuestrada por esta gente y perteneces a la escuela Sogunato? – La chica asintió asustada. – entonces sí, mi nombre es Yasuri Shichika, esa de allá es Togame, no te hará daño.
Dicho esto el castaño le quitó la mordaza a la chica de cabellos grises, la desató y luego la cargo poniendo la cintura de la chica bajo su brazo.
-Esa no es forma de cargar a una chica. – Le recriminó Togame cuando se acercaron un poco. – Bájala con cuidado y permítele que se pare ella sola.
El chico hizo lo que le ordenaban y la chica se levantó rápidamente con la cara tan roja como un tomate, separándose unos centímetros del castaño sin atreverse a mirarlo. La peliblanca se le acercó y le explicó quiénes eran y su propósito. Salieron del lugar dejando atrás a todos los chicos inconscientes y subieron al auto en que habían llegado. Durante el camino ninguno hablo, aunque la chica rescatada miraba de vez en cuando a Shichika, se sonrojaba y bajaba la vista hacia el suelo del automóvil sin decir nada. Algunos minutos pasaron en esta situación hasta que llegaron a la zona donde vivía el castaño, el cual abrió la puerta cuando el vehículo se detuvo y bajó rápidamente, Pues ya era un poco tarde y Nanami probablemente lo regañaría.
-M-m-mi… ¡Mi nombre es Saraba Kousha, mu-muchas gracias por rescatarme! – Escuchó el chico cuando estaba por abrir la puerta de su casa, se giró para ver quien le hablaba e hizo un ademán con la mano dándole a entender que no había problema, para después entrar a su casa, cerrar la puerta y dirigirse al comedor, donde las luces estaban encendidas. Al llegar allí pudo ver a Nanami durmiendo con medio cuerpo apoyado en un lugar de la mesa donde no había platos servidos. El castaño fue por una cobija para su amiga y se la colocó suavemente encima.
- Llegas tarde. – Dijo la peliverde sin abrir los ojos.
- Discúlpame, tardamos en encontrar el lugar. – Se explicó el chico.
- No me dejes aquí sola, siéntate a mi lado. – Dijo Nanami mientras levantaba uno de sus brazos dándole a entender que se cobijara también. El castaño rio un poco e hizo lo que le pedía su amiga, recargándose esta en el hombro de Shichika. – Quédate así un momento y luego cenaremos. – El chico obedeció mientras sonreía y la miraba.
Luego de un rato la chica abrió los ojos y ambos comenzaron a cenar, para después disponerse a dormir, no sin que antes la peliverde hiciera a Shichika terminar su tarea, pues todo el día anduvo afuera olvidándose de que acudía a la escuela ahora y tenía esa responsabilidad.
Nanami se quedó un momento mirando la puerta por donde se había ido su amigo cuando ella se acomodó para dormir en el futon. Aunque no lo dijera, agradecía muchísimo tener un amigo tan bueno e inocente como Shichika, aunque esas cualidades le jugaran muchas veces en contra al pobre chico. Mientras dormía, una apacible sonrisa se dibujó en su cara.
