Tengo tantas cosas de la las cuales disculparme con aquellos que se dan a la tarea de leer este fic. Créanme que léo sus reviews, pero por cuestiones de tiempo y circunstancias la inspiración no llega cuando la necesito, la muy maldita viene a mi en momentos inoportunos y me abandona cuando me dispongo a escribir.

Los he dejado por un largo tiempo tirados y no tengo manera de disculparme lo suficiente. Haré lo posible para avanzar un poco por lo menos cada semana y cuando tenga suficiente contenido subiré los siguientes capítulos. De momento dejare aquí lo poco que logre exprimir de mi reseca cabeza, peo antes... Katanagatari es una obra que no me pertenece, al menos no los personajes, pero se les garantiza que el contenido es totalmente legal, estamos tan seguros que que nos atrevemos a decir que si no esta totalmente satisfecho le regresaremos íntegramente su dine... perdon, eso era de otra cosa, pero entienden la idea, ahora si, ¡ACCIÓN!:

Al día siguiente la amada rutina de Nanami sufrió un revés, pues al salir por la puerta de aquella gran casa, pudo ver a Togame esperando en aquel lugar.

-Buen días compañeros. – Saludo la chica alegremente.

- Buen día, ¿Puedo saber a qué debemos el honor? – Preguntó la joven enfermiza, aunque se daba una idea de la respuesta.

- Bueno, desde que "ese" no tiene reparos en atacar mujeres, niños o ancianos, debo prevenir que en algún momento me ataque por error, así que hasta que se acostumbre a mí y sepa distinguirme, los estaré acompañando.

La peliverde suspiró con resignación al tiempo que miraba a Shichika con cansancio, este le devolvió la mirada y le sonrió, causando que Nanami perdiera gran parte de su enojo y comenzara a caminar, siendo seguida por su amigo y la peliblanca.

Una de las mejores cosas de ir a la escuela con Shichika era que podían caminar en silencio sin que esto se volviera incomodo, ese sentimiento era muy apreciado por Nanami, pues el silencio y la tranquilidad siempre le venían bien a su salud, sin embargo, su rutina sufrió otro revés, pues al parecer su compañera de escuela no era de los que les gustan los silencios largos, por lo que a los pocos minutos de caminar, comenzó a hablar sin parar, a lo cual la peliverde suspiró nuevamente con cansancio. Al llegar a la escuela, Nanami se apresuró a alejarse de ellos e ir a su salón, pues sus oídos le dolían de tanto escuchar a la presidenta del comité disciplinario hablando que cualquier tema que se le pasara por la cabeza.

Mientras tanto el pelicastaño oía a Togame sin prestarle mucha atención, pues por su carácter, ese era el método menos molesto de que se callara. Mientras caminaba una chica de cabello gris se puso frente a él, mientras la peliblanca seguía hablando sola y entraba al salón de clases.

-Bu-buenos días, de nuevo gracias por salvarme ayer. – Dijo la chica mientras hacía una reverencia. Al volver a mirar al chico se quedó estática, pues éste primero le toco la cabeza y el cabello, luego bajó delimitando su contorno hasta sus hombros, para posteriormente tomarla suavemente de la cintura y levantarla fácilmente, para finalmente acercar y olisquear su cuello, causándole un gran sonrojo a la chica, quién a pesar de haber sido devuelta a su lugar, no se movió.

- Ya veo, así que se trataba de Kousha-san, por un momento no sabía quién… – Comenzó a decir el castaño, pero fue interrumpido por un grito.

- ¡Óyeme degenerado, ¿qué le estás haciendo a Kousha-san?¡ – Dijo Togame cuando al fin pudo reaccionar luego de ver esa escena.

- Qué molestia. – Comentó el chico para sí. – Ella necesita ayuda, mira, su cara se volvió roja, seguramente está enferma. – Aseguró el chico mientras tocaba la frente de la chica, ocasionando aun mayor enrojecimiento en la cara de la chica.

- Yo la llevare a la enfermería, pero ya quítale las manos de encima. – Dijo la joven estratega, mientras empujaba hacia el salón al alto chico, quien miró a su compañera de cabellos grises y luego entró al salón sin decir nada.

Tal como dijo, Togame llevó a la enfermería a Kousha. Mientras caminaban, la peliblanca comenzó a hablar.

-Discúlpalo, ese salvaje no sabe tratar con humanos. – Dijo la chica más alta.

- Ya me había dado cuenta que Yasuri-san es muy raro. – Comentó la peligris mientras sus mejillas perdían el color escarlata.

- Tranquila, no volverás a pasar una experiencia tan desagradable, lograre civilizar a ese animal. – Dijo segura la estratega y comenzó un discurso de lo que pensaba hacer.

- … No fue del todo desagradable… - Dijo más para sí la chica.

- ¿Dijiste algo? No te escuche bien. – Dijo la peliblanca deteniendo su discurso.

- Esta bien aquí, puedo ir sola, está mal que pierdas clases por cosas como esta. – Dijo y desapareció por un pasillo.

Togame volvió a clases, interrumpiendo el pase de lista de Ginkaku, quien solo bostezó y luego dejó pasar a la chica, poniendo la asistencia correspondiente en el nombre de la chica sin nombrarla.

Ese día tenían educación física, por lo que los estudiantes se levantaron y comenzaron a dirigirse hacia los vestidores. Togame caminaba rezagada del grupo, pues deseaba evitar los empujones de que eran presa las que siempre iban primero. Una vez dentro de los vestidores de mujeres se colocó frente a su casillero, abrió la puerta del mismo y se dispuso a desvestirse.

-¿Por qué todos se están quitando la ropa? – Preguntó una voz grave detrás de la chica, quien no quiso creer en un principio lo que estaba sucediendo.

La respuesta de las chicas no se hizo esperar y comenzaron a arrojarle todo lo que encontraba cerca mientras le gritaban cosas como "pervertido", "escoria" y demás. El castaño esquivó todo y tomo una postura defensiva, causándole a Togame un escalofrío, pues seriamente el chico pensaba contraatacar a sus agresoras, sin embargo, una peliverde se acercó hasta el chico sin que nadie la notara y tomándolo de una oreja lo saco del lugar. Justo antes de cerrar la puerta, se disculpó con todas las allí presentes y desapareció junto con el chico en un pasillo. Nanami llevó a su amigo a un lugar apartado y con voz molesta lo regañó.

-Sinceramente nunca creí que fueras un pervertido, me has descepcionado Shichika – Dijo mientras le lanzaba una mirada de desaprobación.

- Aunque digas eso, no sé qué hice mal. – Dijo verdaderamente desconcertado el castaño.

- ¿Te parece poco entrar al vestidor de mujeres para ver cambiarse a las chicas de tu clase? – Replicó molesta la peliverde.

- No hice tal cosa, yo solo seguí la cabeza de Togame para no perderme, luego ellas se comenzaron a quitar la ropa sin ninguna razón. – Se defendió el chico. – Además ellas atacaron primero.

- Parece que no haces más que darme preocupaciones. – Dijo Nanami mientras soltaba un suspiro de resignación y comenzó a explicarle a Shichika en que consistía la clase de educación física y las reglas de los vestidores. Luego de eso encaminó a su amigo hasta el vestidor de hombres que en ese momento estaba vacío y una vez hecho eso, regresó a sus actividades. El castaño se puso la ropa de deportes y salió de los vestidores, encontrando el corredor vacío, por lo que comenzó a caminar sin rumbo, pues pensó que al menos llegaría a algún lado o en su defecto se encontraría con alguien para pedir indicaciones. Luego de unos minutos logro ver que alguien caminaba apresuradamente por un corredor lateral, por lo que siguió a la figura, acercándose sin hacer ruido y cuando la tuvo cerca, acercó su nariz al cabello de aquella persona y la olfateo, causando un estremecimiento por parte de la chica.

- Me alegro de encontrarte Kousha-san, me volví a perder. – Dijo al reconocer el aroma a hortensias que despredía siempre la chica. - ¿Cómo llego al patio?

- Ya-Yasuri-san, me asustaste por un momento. – Dijo mientras la calma volvía a ella. Luego tomó aire y le indicó el camino que debía seguir.

Al parecer su idea de caminar no fue tan buena, pues no hizo más que alejarse del lugar al que tenía que ir, por lo que ahora debía recorrer un largo camino. El chico pensó que era una molestia tener que hacer eso y viendo una ventana abierta, evaluó si la altura era demasiada, decidiendo saltar al ver que solo eran 3 pisos hasta el suelo.

Se aseguró que nadie lo viera y de un salto ligero salió por la ventana, girando en el aire y cayendo de tal manera que toda la fuerza vertical fue disipada y no sufrió lesiones. Se levantó calmadamente, se sacudió el polvo y se reunió con sus compañeros justo a tiempo para no ser expulsado de la clase.

Por obvias razones, cuando lo vieron llegar las chicas cuchichearon algunas cosas y la mayoría le dirigió una mirada de odio, sin que el castaño se diera siquiera cuenta, lo cual hizo enojar aún más a sus compañeras. De entre todas ellas, la que parecía más molesta era la jefa de grupo, pues su rígida manera de pensar le impedía ver con aprobación el espionaje y el vouyerismo escolar, por lo que Yasuri era la personificación de la indecencia que tanto la hacia enfadar, o eso creía.