Ranma ½ no me pertenece…, y todo eso.

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EMOCIONES.

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Capítulo 2. SORPRESA.

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— ¿Qué hacemos aquí? — pregunta Ranma observando a su alrededor. Llevaban unos minutos en el lugar y ninguno de los dos había articulado palabra alguna, hasta que finalmente el más joven decide interrumpir el silencio, que ya le estaba resultando incómodo. Nodoka estaba sentada, tradicionalmente sobre la duela del Dojo y con un gesto le había solicitado al chico sentarse frente a ella. Entre ambos se encontraba una bandeja de té humeante y dos pocillos, que eran llenados con gracia y elegancia por la distinguida mujer. Ranma había observado estos movimientos y por alguna extraña razón, le habían calmado un poco la ansiedad. Sólo un poco. Nodoka toma uno de los pocillos y con suma tranquilidad bebe de él, cerrando los ojos — ¿mamá? — insiste el muchacho, al creerse ignorado.

— Ranma, ¿eres feliz? — le pregunta de golpe, mirándolo directamente a los ojos, manteniendo su actitud calmada, aunque, muy atenta.

— ¿Cómo?

— ¿Eres feliz? — repite la mujer. Ranma mira a su alrededor confundido, preguntándose si tal vez esto se trataba de alguna trampa, ¿alguna nueva estrategia para casarlo con Akane? Se preguntó. Algo extraño estaba pasando y por más que se esmeró, no logró percibir ninguna aura combativa a su alrededor que pudiera indicarle estar en peligro, sin embargo, no puede evitar poner todos sus sentidos en alerta.

— ¿Qué está sucediendo? — finalmente cuestiona.

— Estamos comenzando una conversación.

— ¿Cómo? — Ranma vuelve a preguntar, sin comprender la situación — ¿una conversación? — Nodoka asiente, cierra los ojos por un breve momento y vuelve a dejar el pocillo sobre la bandeja.

— No estás en peligro Ranma, solo estamos tú y yo — la mujer se estira para alcanzar una de las manos del chico, quien se tensa por completo con el tacto, aún en alerta. Nodoka lo observa y sonríe tristemente — mi único deseo, es que hablemos hijo, y podamos conocernos mejor.

Ranma la observa, y recién entonces se percata de la tristeza en su mirada, ésta le acariciaba su mano con tanta delicadeza que no pudo evitar emocionarse y su instinto protector provoca que, con su mano libre, cubra la de su madre para sostenerla con cuidado, para luego, afirmar con su cabeza comprendiendo sus intenciones, sin lograr ocultar el asombro que aún sentía. Aún no entendía muy bien lo que estaba sucediendo ni podía relajarse por completo, sin duda estaba pisando terreno desconocido y debía tener el cuidado que ello ameritaba. Lentamente suelta su mano y ambos recuperan su postura.

— No soy muy bueno hablando, mamá — comenta el chico desviando la mirada, algo avergonzado. Él no pensaba eso de sí mismo realmente, sin embargo, muchas otras personas le habían hecho saber que su falta de tacto era una característica que no podía dejar pasar, especialmente con su madre.

— Lo sé — ríe la mujer — te he estado observando.

— Ah, ¿sí? — Ranma pregunta nervioso. Él ya sabía eso. Su extraña conversación en el comedor y el pequeño interrogatorio que le había hecho a Akane habían dejado claras sus intenciones, sin embargo, no había podido evitar preguntarse a qué se refería en específico ¿Qué es lo que había estado observando, exactamente?, se preguntaba.

— Sí, es por eso que estamos aquí Ranma, hoy comienza tu entrenamiento — afirma Nodoka con una hermosa sonrisa.

— ¿Mi entrenamiento? — el chico se golpea mentalmente al terminar la pregunta, pues al parecer no estaba logrando articular cosa alguna que no se transformara en una, y si seguía así, su madre pensaría que tendría algún problema o algo, sin embargo, al observarla, nota como esta lo miraba atenta y ligeramente divertida.

— Si, hoy comienza tu entrenamiento, conmigo — afirma antes de estirarse y tomar el pocillo de té nuevamente, Ranma tuvo que reprimir sus ganas de repetir lo último con otra pregunta. Ya comenzaba a perder la calma. Él estaba odiando la lentitud con la que su madre se estaba dirigiendo y temía levantar la voz para exigir respuestas — Verás, como te he dicho, he estado observándote y me he dado cuenta de que tu padre ha hecho un buen trabajo convirtiéndote en el guerrero fuerte que eres, de eso no hay duda — Nodoka bebe un poco de té — te has convertido en todo un hombre Ranma, estoy orgullosa de ti — el chico la observa sorprendido. Había imaginado esas palabras y de cierta manera, no concebía el estar escuchándolas.

— Mamá…

— Pero te criaste con tu padre hijo…, aún hay mucho que mejorar.

— ¿A qué te refieres? — la nueva pregunta del chico estaba cargada de preocupación ¿acaso había decepcionado a su madre?

— No es tu culpa — se adelanta la mujer, leyendo cada uno de los gestos del muchacho — suficiente has hecho ya, pero tu padre no es precisamente el ser más empático del mundo ¿verdad?

— Ni que lo digas…

—Haz aprendido a defenderte de él y de cualquiera. El problema con eso es que no confías en nadie. Guardas, con recelo, tus emociones y pareces creer que éstas pueden significar debilidad. Y pueden serlo, quizá, en un combate, pero, no todo en la vida lo es ¿no es así? — Ranma no pudo evitar sentirse confundido al tratar de darle algún tipo de significado a lo que su madre le decía — por eso estamos aquí — lo interrumpió — te ayudaré a conocer y controlar tus emociones, juntos lograremos convertirte, no sólo en un guerrero fuerte e invencible, sino que en un ser humano completo e íntegro — bebe un poco de té — si estás de acuerdo, claro — Nodoka observa a su hijo, quien parecía repetir sus palabras mentalmente, tratando de comprender — además, tú y yo, somos unos extraños — agrega con pesar — nos dejamos de ver cuando eras muy pequeño y me duele pensar que no te conozco, hijo y me encantaría tener la oportunidad de conocernos mejor – Ranma había abierto y cerrado la boca, intentando hablar, sin embargo, no logra armar una sola frase, incómodo, cambia de postura y suspira pesadamente al no poder expresar su confusión — ¿Hay algo que te preocupe? — Nodoka había preguntado al observar su actitud, pero el chico había volteado al cielo y había torcido su boca como única contestación.

¿Algo que le preocupara, había preguntado?, ¡¿por dónde empezar?!, si jamás había tiempo o lugar para estar tranquilo en esa casa, la privacidad parecía una palabra desconocida para cada uno de los integrantes de esa familia, ¡Todo podía salir mal!, pero ¿cómo decírselo a esa pobre e inocente mujer?

— He… — Sus ojos ahora voltearon hacia su derecha, tratando de encontrar una respuesta que representara sus pensamientos junto a las paredes vacías, mas no lo estaba consiguiendo. Luego voltearon a su izquierda, concentrándose en el piso, pensando, meditando en la posibilidad u opción que le permitiera librarse de aquello, pero estaba sumamente consciente de su imposibilidad de negarle algo a su madre.

— ¿Ranma? — El chico se encuentra con la mirada de la mujer al escuchar su nombre y sonríe nervioso — ¿qué pasa?

— Es que… — silencio.

— Si te preocupas por lo que dirá tu padre, puedo asegurarte, que no molestará durante nuestros entrenamientos — afirma triunfante y Ranma podía asegurar que la katana de la mujer habría tenido gran influencia en aquello.

— Si Nabiki se entera…

— Nabiki también está cubierta, no te preocupes — dice secando el sudor de su cien con un pañuelo algo nerviosa, no tan triunfante — ella tampoco nos interrumpirá o afectará de alguna manera.

— Pero, y tú… — guarda silencio, sin embargo, apunta hacia la espalda de la mujer, donde habitualmente se encontraba su espada.

— Puedo prometer que mi katana no participará en nuestros entrenamientos y que lo que aquí ocurra sólo será sabido por otros, si tú lo deseas — Nodoka se inclina y levanta el otro pocillo servido ofreciéndoselo — puedes confiar en mí.

Ranma recibe el recipiente aún dudando, su madre solo sonríe ante la acción.

— ¿Sin trucos? — pregunta, escéptico.

— Ninguno — hace una equis en el pecho sellando su promesa. Ranma sonríe de lado al observar tan infantil reacción de su madre — lo único que debes prometer, es hablar siempre con la verdad durante nuestros encuentros.

— Bien, eso es fácil — contesta confiado, pensando en que en la mayoría de las ocasiones se metía en líos debido a su ausencia de filtro verbal, por lo que esto no sería demasiado difícil, pensó.

— Debes prometerlo, palabra de guerrero.

— Lo prometo — dice imitando el gesto que su madre hiciera anteriormente, dibujando una equis en su pecho, ambos sonríen cómplices — ¿Qué debemos hacer? — pregunta entregándose ya a la situación, asombrado por todas las molestias que su madre se había tomado por él.

— Sólo debemos conversar — dice mientras observa como Ranma le da su primer sorbo al té — ya sabes, haré algunas preguntas y tu podrás contestarlas, también puedes hacerlas o comentarlas, solo lo habitual, nada extraño — el chico asiente — bien… y ¿entonces?, yo ya te había hecho una pregunta — pero el chico solo la observa sin comprender — ¿eres feliz, Ranma? — le repitió.

Y Ranma pensó en ello, ¿lo era?, ya antes se lo habían preguntado, cuando Ryoga apareció en Nerima por primera vez, aunque no estaba seguro de haber tenido tiempo de formar una respuesta. Luego estaba aquella vez en que había tratado de hacer el Shishi Hokodan y había tenido que esmerarse en ser infeliz, así que debía serlo ¿no?, seguro era feliz, era cosa de descartar posibilidades…, aunque, la abuela le había dicho que su personalidad simplemente no era así. Así que probablemente no lo era, pero prefería pasar de ello. Vaya confusión.

— Yo creo que…, supongo… ¿no? — parafrasea el chico torciendo el rostro muy lejos de estar convencido de su respuesta, pero sin duda, dando lo mejor de sí.

— Supones… — repite su madre — ¿Y por qué supones eso?

— Porque… — Ranma había llevado una de sus manos tras su cabeza, alborotando su cabello, él realmente no sabía qué contestar y pensó en lo ridículo de la situación, ya que generalmente no le era tan difícil lanzar una oración, sino que, todo lo contrario. Pero algo estaba ocurriendo precisamente ahora, y es que, si por lo general no le gustaba fallar de cualquier manera, el hacerlo frente a su madre era tanto o peor que hacerlo frente a Akane. El chico resopla, logrando levantar uno de sus mechones demostrando así su frustración.

— Quizá pueda ayudarte un poco…, háblame de tus amigos.

— ¿Mis amigos? — definitivamente, debía dejar de preguntar y repetir todo, se autocastigó mentalmente, pero es que su madre hacía preguntas muy raras y casi no podía evitar reaccionar de esa manera. — pues…, están todos locos — piensa en voz alta volteando los ojos. Nodoka sonríe ante el gesto, estudiando cada uno de ellos.

— ¿Quiénes son?, es decir, he visto al joven Ryoga y al joven Mouse… ¿ellos son tus amigos?

— Si bueno… — Ranma se interrumpió y reflexionó un instante. Él siempre los había considerado amigos, aunque sabía bien que ellos no siempre consideraban eso. Si bien las últimas aventuras los había unido más que nunca, especialmente después de ir a China, después de observar cómo se habían comportado en el último intento de boda, no podía evitar pensar que cada uno actuaba bajo sus propios intereses — A veces lo son… se podría decir que son, algo así, como mis amigos — emite rascándose la mejilla, no muy seguro.

— ¿"Algo así"? — y ante la expresión de interrogación de Nodoka, el chico decide explicar.

— Ellos llegaron aquí retándome y… no han podido vencerme, por supuesto — dice triunfante, orgulloso de sí mismo, exagerando un poco su postura por un segundo, antes de continuar con su explicación — la mayoría del tiempo discutimos por todo, pero cada vez que he necesitado su ayuda han combatido a mi lado y he podido contar con ellos, así que supongo que lo son…, la mayor parte del tiempo.

— También conozco a tus prometidas… ellas son algo… enérgicas — comenta mientras se limpiaba la cien con su pañuelo. Ranma comenzaba a notar que hacía ese gesto a menudo, reprimiéndose, tal vez.

— Vaya sí que lo son — murmura molesto, recordando la última visita en la que su propia madre habría instalado nuevas y caóticas ideas en cada una de ellas.

— Son muy bonitas.

— E-eso creo — Ranma comienza a ponerse nervioso, preocupado por la imagen masculina que pensaba debía mostrarle a su madre.

— ¿Cómo llegaron ellas a tu vida?

— He… conocimos a Ukyo en uno de los viajes de entrenamiento con papá cuando era pequeño y papá nos comprometió a cambio de su puesto de okonomiyakis, pero yo pensaba que era un niño…

— ¡¿Qué tú qué?! — La cara de espanto de la mujer había logrado espantar, también al chico. Ranma al comprender el significado que su madre le había dado a sus palabras, temió por su vida, agradeciendo que la katana no estuviera cerca.

— No, no, no, no, no — decía rápidamente mientras sacudía sus manos, histérico — Ukyo era un amigo con el que entrenaba a veces y su padre me daba de comer, pero no tenía idea del compromiso, hasta que ella un día vino a buscarme y a reclamarle a papá por irse sin ella — explica tan rápido que no estaba seguro de que su madre haya comprendido algo, por lo que aún no bajaba sus manos que inconscientemente protegían su cabeza. Nodoka había llevado una de sus manos al pecho, tratando de recomponerse. Al observarla, el chico continúa — … nos llevamos el puesto de su familia que era su Dote, por ello insiste en ser mi prometida, pero a mí no me interesa nada de eso, fue mi papá el que se llevó el puesto, yo no tuve nada que ver… bueno, el me preguntó, pero ¡Yo solo era un niño!, ¿Qué iba a saber?

— Ya veo… ¿y los siguió hasta acá?

— Si, tiene un local cerca de aquí, asiste a mi escuela y somos amigos — dice ya más tranquilo — es agradable cuando no molesta con todo eso del compromiso y cosas de esas…

— Oh… ¿qué hay de las otras chicas?

— Conocimos a Shampoo en China… — comenzó — por accidente me comí el premio del torneo que ella ganó y la reté en combate pensando en que si yo ganaba el asunto quedaría olvidado, pero al perder me dio el beso de la muerte, que significa que debía seguirme hasta…, he…, matarme — dice con una sonrisa nerviosa.

— ¿Cómo dices? — pregunta Nodoka incrédula a lo que el chico responde levantando sus hombros resignado.

— Su aldea tiene unas leyes extrañas: si pierde ante una mujer, debe matarla y yo estaba trans…, es decir — corrige tras carraspear su garganta — recién había caído al Nyannīchuan y ella pensó que era una chica, así que me siguió por toda China, y Japón, para matarme.

— Oh…, vaya…

— Hem… — Ranma, por alguna razón desconocida para él, comenzaba a ponerse nervioso con la cara de asombro de la mujer — luego, por accidente, la vencí siendo hombre y… sus leyes dicen que, si un hombre la vence, debe casarse con él.

— ¿Por una ley?, yo no la vi muy… obligada.

— De pronto decidió estar enamorada de mí y es una chica muy… persistente — dice cuidando sus palabras, no estaba muy seguro de contarle los pormenores de algunas actitudes de la chica cuando ésta recién se enterara de que era un hombre y aunque estaba seguro de que su madre lo tomaría como una demostración altamente masculina y varonil, no deseaba que se hiciera una imagen de él que no era cierta.

— Bueno, no puedo culparla, eres un chico muy apuesto fuerte y varonil, es lógico — Ranma ríe nervioso ante la mirada soñadora de su madre, él estaba seguro de que una de sus prometidas tendría algo que decir al respecto — había otra chica…, la que vino el otro día… ¿Kuno?

— ¿Kodashi?, no, no, no, no…, ella no es mi prometida, simplemente se le ocurrió un día que debíamos ser novios, ¡pero está loca! — Ranma hace un gesto de desagrado y un escalofrío recorre su cuerpo.

— Ellas, ¿te agradan?

— Me tratan bien… — contesta sin pensar mucho en ello — Bueno, la mayor parte del tiempo — agrega recordando cierta espátula y aquella bicicleta — es agradable que alguien lo sea — finaliza bebiendo de su té con tranquilidad.

— Son tres compromisos… y tres hermosas chicas… ¿hay alguna razón por la que no te hayas decidido por una de ellas, todavía?

— ¿He?

— Es decir…, ¿ellas saben cuáles son tus intenciones?, o mejor dicho ¿cuáles son tus intenciones con ellas, Ranma?

— Hom… es complicado en realidad, cada una de ellas cree que su compromiso es el válido… y… yo he tratado de explicarles, pero…

— ¿Qué es lo que has tratado de explicarles? — lo interrumpe — ¿tienes alguna preferencia?

— ¿Yo?... — pregunta sorprendido y ligeramente sonrojado, buscando la manera de no ponerse en evidencia sin tener que incumplir con su promesa, por lo que piensa por un momento antes de contestar — Yo creo que por ahora sólo debo concentrarme en mi entrenamiento, creo que hay cosas que debo resolver primero ¿sabes?, debo buscar la manera de revertir la maldición y ser alguien digno – dice finalmente, bastante satisfecho de sus palabras.

— Ya veo… — reflexiona la mujer, alzando y bebiendo un poco de su té mientras el chico suspira aliviado al saberse convincente — creo que sucedieron muchas cosas en esos viajes con tu padre…, ya hablaremos de eso, más adelante — dice guardando silencio para beber un poco más de té — ¿y qué opinas de los Tendo? — vuelve a preguntar su madre.

— ¿Los Tendo?

— Si, ¿qué opinas de ellos?

— Pues…, son buena gente…

— Oh vamos — sonríe divertida — puedes ser un poco más específico que eso — Nodoka se acomoda sobre sí misma pues estaba comenzando a percatarse de que esta primera reunión tomaría más tiempo del que pensaba, ella podía ver que Ranma se estaba esforzando, el sudor que comenzaba a notarse en su frente daba cuenta de ello — yo creo que son muy generosos, Kasumi es muy amable, no tenía el agrado de conocer a Soun, aunque Genma siempre hablaba de él y sus entrenamientos, definitivamente nunca mencionó al maestro… — soltó la mujer — Ranma asiente, ¿acaso él había pensado que esto sería sencillo?, ¡Que iluso!

— Kasumi cocina delicioso y es muy amable, no sé cómo lo hace, pero está siempre sonriendo y ayudando a los demás, es un poco extraña ¿no?, nadie puede estar de buen humor todo el tiempo, ¿no crees?, creo que nunca la han visto enojada ¿te conté de una vez que todos creímos que sí lo estaba?, fue una locura — ambos sonríen, lo estaban logrando.

— … En algún momento debe haberse enojado.

— Pues sí lo hizo, lo ha disimulado muy bien, la chica es imperturbable, pero me agrada, es muy amable con todos, incluso conmigo. Siempre está cuidándonos.

— Me alegro que alguien lo haya hecho, hijo — Ranma afirma en un movimiento, bebiendo de su té, él estaba enormemente agradecido con la chica por cuidarlo y preocuparse de que tuviera ropa limpia, el baño preparado y una comida caliente a diario. Kasumi siempre había sabido levantarle el ánimo.

— ¿Qué hay del resto?

— El señor Soun es un hombre muy generoso y tradicional, creo que cuida mucho a las chicas ¿no?, ¿te has dado cuenta de lo mucho que se preocupa por ellas?, es decir, llora todo el tiempo por cada cosa que les pasa.

— ¿Crees que es un buen padre?

— Creo que sí… — medita un poco, no tenía mucho con qué comparar — al menos mucho mejor que papá — dice poco antes de volver a beber de su té sin percatarse de la seriedad que sus palabras habían generado en Nodoka — el señor Soun…, a él no le importó que yo estuviera maldito, es decir, me trató como un hijo, desde el primer día.

— Lo he visto también, creo que siempre le podremos agradecer por eso ¿no crees? — la mujer había recuperado su semblante tranquilo y sonriente. Ranma asiente en respuesta.

— Nabiki…, ella es… bueno… es… Nabiki — ríe nervioso — definitivamente nunca había conocido a alguien como ella.

— Sin duda es una chica lista.

— Egoísta, habrás querido decir, manipuladora ¿tal vez? — la ironía era evidente — no tienes idea en los líos en los que me ha metido.

— ¿Hablas de las fotografías? — Ranma no puede evitar tensar todo su cuerpo ante la pregunta, su madre seguía sorprendiéndolo y por un momento temió lo peor, pero agradeciendo en silencio que la Katana no estuviera cerca.

— He…

— Tengo algunas muy interesantes que Nabiki me vendió…

— Espera, ¡no es lo que crees! — Ranma había retrocedido tres pasos y movía sus brazos frente a su rostro de manera exagerada pensando en todas las fotografías que tenía Nabiki, prácticamente todo Nerima, de cierta chica pelirroja en diferentes y comprometedores poses y vestimentas — ¡Puedo explicarlo!

— … Sales muy guapo — agrega la divertida mujer al ver la reacción del chico, que ahora la observaba incrédulo.

— ¿Guapo?

— Si, muy varonil — Ranma ríe nervioso antes de recuperar su posición y postura, da un gran suspiro aliviado — entonces, ¿no confías en ella?

— Para nada — niega con la cabeza — ni un poco — asegura mientras pensaba, que al menos en esta ocasión, le debía una por la que le pagaría gustoso.

— Ya veo — Nodoka toma un paño y limpia un poco el desorden que su hijo había generado, para volver a servir el té en ambos pocillos antes de ofrecerle uno a su hijo, quien lo recibe ya mucho más tranquilo — ¿y Akane? — Ranma, que en ese momento había bebido un poco del líquido, casi se ahoga con él y comienza a toser desesperado. Nodoka lo observa y espera pacientemente.

— ¿Qué pasa con ella? — dice al fin.

— ¿Qué piensas de ella?

— Pues que es una chica boba, fea y sin gracia — dice molesto cruzando los brazos sobre su pecho tras dejar el pocillo en la bandeja nuevamente.

— Y violenta ¿no?

— ¡Si, muy violenta! — afirma antes de notar que su madre en realidad lo observaba entretenida y que el tono que había utilizado había sido muy irónico.

— ¿Qué más?, ¡ha, si!, con la fuerza de un gorila… — Nodoka había levantado su dedo índice sin poder ocultar su sonrisa. Ranma hace una mueca como respuesta, emitiendo un gruñido al darse cuenta de que la mujer en realidad, le estaba tomando el pelo — ahora la verdad — solicita.

Ranma parpadea repetidamente, para luego fruncir el ceño, molesto.

— ¿De esto se trataba?

— ¿Cómo? — Nodoka, por un instante, perdió su tranquilidad. La postura y tono de su hijo había cambiado, su rostro denotaba su irritación, y la mujer, no entendía del todo la razón.

— Dijiste que no habría trucos.

— No los hay — trata de explicar.

— Entonces ¿por qué me preguntas por Akane?

— ¿No es acaso ella una Tendo? — pregunta sin comprender el cambio de actitud del chico, pero ¿quién podría culparla?, ella no conocía todo el historial de malos entendidos, problemas y conflictos que había entre ambos y por ello estaba muy lejos de entender lo que responder algo así significaría, pero Ranma ya había perdido toda lógica y como por instinto de supervivencia, comienza a acudir a sus viejos, pero confiables hábitos.

— ¡No!..., no es lo mismo.

— ¿Por qué no?

— Porque no.

— Ranma, esa no es una respuesta.

— Si lo es.

— No tienes por qué ponerte a la defensiva — intentó.

— No lo hago.

— Hijo, no estoy atacándote, sólo deseo saber, conocerte ¿recuerdas?

— ¡No lo creo!

— ¿Por qué no?, ¿por qué no podemos hablar de Akane?

— Porque con cualquier cosa que diga…, ¡es una trampa!

— No es mi intención atraparte, hijo.

— Entonces ¿por qué haces esto?

— Ranma, ¿qué sucede?

— ¡No!

— ¿Tan poco te agrada?, ¿acaso es verdad lo que dices siempre?, ¿de verdad lo piensas?

— ¡No! — Repite el chico.

— Entonces hijo, explícame — pide suplicante, pero Ranma guardaba silencio, sintiéndose sin opciones, sin saber cómo reaccionar, pensando en que nunca antes había estado en una situación similar. Si se tratara de su padre, la discusión terminaría con un golpe; si se tratara de Akane, con un insulto, con cualquiera de sus amigos, se resolvería con un combate…, pero con su madre ¿qué se hacía con una madre?, no tenía una sola idea de qué decir, hacer o pensar. Tras un momento decide obedecer a su instinto, que le suplicaba ponerse de pie y largarse del lugar — Ranma… — lo llama su madre, pero este se gira y comienza a caminar — ¡Ranma! — vuelve a llamar y entonces el chico maldijo su incapacidad de negarle algo a la mujer que seguía llamándole y se detuvo — solo te estoy ofreciendo la posibilidad de desahogarte — se levanta — quiero entenderte, ayudarte… Sé que estás lidiando con algo importante, que te afecta, que no te deja dormir, que te tiene preocupado… — da un par de pasos y se ubica tras él, toca su hombro con delicadeza y Ranma se voltea ante el gesto. Nodoka observa a su hijo, y nota aún más de cerca como su semblante había cambiado por completo, estaba visiblemente molesto y tenso, su mirada era fría y distante. De pronto parecía un gigante muy distinto al chico nervioso que se había sentado frente a ella al llegar al Dojo esa misma tarde. Por un momento admiró al guerrero y sintió compasión por sus contrincantes, la imagen que tenía frente a ella resultaba francamente atemorizante y por un momento olvidó que esa mirada era dirigida hacia su persona, admirándolo, mas la realidad pudo alcanzarla y toda la admiración que había sentido, se transformó en tristeza. Había sido ella quien había generado su malestar, había sido ella quien había provocado todo esto, desde el momento en que lo dejó partir — no soy tu enemiga hijo y no tenemos que hablar de Akane si no quieres, no tienes que decirme por qué te vas durante las noches, pero por favor, no te vayas ahora — Ranma da un gran suspiro mientras cierra los ojos tratando de recuperar la calma al escuchar sus palabras, sabía que su madre hablaba con la verdad, podía sentirlo — no podría soportar que te alejes de mí de nuevo — dice con pesar, bajando la cabeza para ocultar su angustia. Ranma abre los ojos de golpe al escucharla.

— M-mamá…

— Es que… yo realmente quiero conocerte, darte las herramientas que te permitan enfrentar lo que ahora te preocupa, quiero… que estés bien — dice con un hilo de voz, luchando por que las lágrimas no escaparan de sus ojos, levantando la mirada para luego encontrarse con la de su hijo quien, al observarla, no puede evitar sentir la culpa de ser el causante de su pesar, por lo que, estira uno de sus brazos para alcanzarla, acercarla y abrazarla.

— Lo siento — murmura y la mujer niega con la cabeza todavía en el abrazo, para luego levantar su cara y observarlo, formando una pequeña sonrisa, para luego separarse y volver al sitio que antes habían estado ocupando. Ranma da un suspiro cansado, ¿cuánto más iban a estar haciendo esto?, ¡Estaba agotado!, sin embargo, la imita hasta llegar junto a ella nuevamente. Nodoka lo esperaba con el ánimo restaurando, y el chico simplemente, se deja caer.

— Gracias — dice sincera la mujer, pero Ranma responde con una mueca — bien…y… ¿por qué no podemos hablar de Akane? — dice con naturalidad, mientras que el chico casi cae de boca al suelo producto del asombro.

— ¿Vas a seguir con eso? — pregunta lo evidente, a través de un gruñido, sin embargo, rápidamente comprende que lo insistente no lo había heredado de su padre, quien dejaba todo a medias cuando era demasiado difícil lograr algo, sino de esa mujer que ahora le sonreía como si aquello fuera lo más natural de la vida misma. Era claro que no se rendiría.

— Por supuesto que sí — responde triunfante mientras que el chico responde con una sonrisa sincera, pensando en que tal vez Kasumi tenía razón, y él y su madre eran realmente idénticos.

— No es que no podamos hablar de ella, es que…

— ¿Si?

— ¿Cómo puedo saber que…?...

— ¿Qué cosa?

— Que tú…, o papá…, nosotros… — Ranma lo estaba intentando, realmente lo hacía, pero las palabras se le trababan en la garganta y pensaba que tal vez, esa rara idea de su madre sobre el entrenamiento que estaban realizando, era necesario. Rápidamente lleva sus manos a la cabeza y sacude su cabello con desesperación — Es que…

— ¿Qué? — insistió.

— ¡Terminaríamos casados! — grita al fin y ambos guardaron silencio por un momento. Ranma preocupado por el alcance de sus palabras y Nodoka tratando de digerir la información.

— Ya veo — dice al fin la mujer, reflexionando. El chico evita su mirada, ligeramente sonrojado — y tú… ¿no quieres casarte?

— ¡No! — grita, exaltado, mirándola con desesperación — es decir… no ahora — explica luego, retirando la mirada nuevamente, sonrojándose un poco más.

— Oh…, entonces, si quieres casarte… — piensa en voz alta la mujer — ¿con Akane? — decide probar su suerte con la pregunta mientras observa en silencio como su hijo parecía estallar de la vergüenza e incomodidad.

— Y-yo… no sé — Ranma podía sentir su rostro caliente y buscó con desesperación alguna salida, de pronto sintió la boca seca y que el cuello de la camisa estaba demasiado apretado — quisiera poder decidirlo, algún día… ¡mi entrenamiento está primero!

— Entiendo… — reflexiona la mujer y guarda silencio. Ranma suspira aliviado, parecía que su madre había decidido dejarlo en paz — lo siento — dice con pesar, inclinando su cuerpo en una postura tradicional. Ranma, una vez más, se sintió aturdido y sin saber por qué, realiza el mismo gesto — no Ranma, está bien — dice levantándose, seguida por el chico — lo comprendo…, creo que he tomado algunas decisiones incorrectas, es por ello que te pido que me perdones — dice con una triste sonrisa — no puedo esperar que confíes en mí si al poco tiempo de habernos reencontrado te forcé a casarte con Akane — vuelve a inclinarse, con las manos en el suelo y la cabeza apoyada en las mismas, repitiendo la postura anterior.

— Mamá…

— Bebí preguntártelo — dice levantándose — pero las cosas se pusieron ajetreadas con su viaje a China y … ¡Lo siento! — dice repitiendo la postura por tercera vez, recordando que no solo lo había hecho una vez, sino que también había participado en la segunda, pero Ranma se inclina y pone su mano en el hombro de la mujer, llamándola. Al levantar su rostro observa cómo su hijo le sonreía amable. La disculpa de la mujer era mucho más de lo que hubiese esperado jamás. Nodoka se incorpora y al saberse disculpada, sonríe también.

— Ranma… a ti siquiera ¿te interesa el Dojo? — Y el chico lo pensó ¿lo hacía?, al principio cuando recién hubiera llegado a Nerima, no había cosa que le interesara menos, había vivido toda su vida viajando y haciendo de las calles, cerros y montañas un lugar para entrenar y nunca había tenido problemas con ello. De hecho, no lograba comprender la manía de su padre por quedarse ahí y disponer del Dojo, después de todo, el Musabetsu Kakutō Ryū no necesitaba de uno, y por mucho tiempo pensó que lo hacía sólo para vivir a costa de los Tendo…, pero luego, había tenido que defender el tablero y el adoraba poder entrenar ahí o disponer de ese lugar para lo que lo necesitara.

Por un momento siente la necesidad de recorrerlo con su mirada y su mente se llena de recuerdos vividos: los combates, celebraciones, regaños, reparaciones…, y Akane.

— No lo necesito, pero… — dice al fin — creo que ya le tengo cariño… no sé, hace mucho que no pensaba en eso… el señor Soun cuenta conmigo y yo… los Tendo han hecho tanto por mí…

— Entiendo — comenta seria su madre, al notar la cara de preocupación de su hijo, y al ver que con esa pregunta lo había puesto en una encrucijada, decide no insistir en el tema, al menos de momento.

Ambos habían guardado silencio y Nodoka aún podía observar el debate interno del chico. Sin duda había logrado su cometido, aclarado algunas dudas e instalado muchas otras, pero a pesar de ello se sentía satisfecha por lo avanzado durante este primer encuentro. Lentamente se estira para alcanzar la tetera y se percata de que la temperatura de ésta ya estaba bastante descendida, sin embargo, vuelve a servir té en ambos recipientes — cuando nos fuimos del Dojo…, tu… no querías irte ¿verdad?

— Y-yo…, no es… lo que pasa… — parafraseo tras verse sorprendido con la pregunta.

— Estabas muy triste — recuerda la mujer con culpa, ya que al verlo así había querido hacer uso de su Katana.

— Es que yo… — dice rascándose la nuca, avergonzado. Por un momento había pensado que el entrenamiento había terminado, pero su madre no le daba tregua — yo pensé… — de pronto da un largo y sonoro suspiro, estaba realmente agotado. Tener que pensar tanto en qué decir y cómo hacerlo era una tarea titánica para alguien tan práctico o impulsivo como él. No sabía cuánto tiempo llevaban ahí, pero se sentía como si estuviesen días enteros.

— ¿Qué pensaste? — insistió su madre.

— Que…, no le importaba a nadie que me fuera — dice riendo nervioso, aun temiendo verse poco masculino ante los ojos de su madre.

— Oh hijo, los Tendo te estiman mucho, no lo dudes.

— ¿Estás segura?, porque no hago más que meterlos en problemas — dice incrédulo.

— Estoy segura — afirma sin más y Ranma la observa pensando que quizá su madre le ocultaba algo. En ese momento, Nodoka da un gran sorbo a su té, invitando al chico a hacer lo mismo quien obedece de inmediato, al verlo terminar ordena los pocillos o los acomoda en la bandeja para finalmente sonreír triunfante — bien Ranma, hoy lo dejaremos hasta aquí, si estás de acuerdo — y el chico no podía estar más de acuerdo — pero antes, debo hacerte una invitación.

— ¿Qué invitación?

— A un viaje — anuncia alegre — de entrenamiento, claro, como los que haces con tu padre, pero conmigo esta vez — dice sin perder su reluciente sonrisa. Ranma la observa tratando de comprender — vamos a ir a la casa de algunos familiares que están ansiosos por verte y allá continuaremos con nuestro entrenamiento.

— No entiendo, si solo vamos a hablar ¿por qué tenemos que ir de viaje? — cuestionó, sin estar del todo convencido.

— Oh cariño, creo que tú sabes mejor que yo, por qué debemos hacerlo.

— claro… — comenta, tras reflexionar brevemente, comprendiendo que las razones para hacerlo, eran bastante extensas, en realidad.

— Solo iremos tú y yo…, será un viaje largo.

— De acuerdo, ¿cuánto tiempo?, ¿dos semanas?, ¿tres?

— Eso, dependerá exclusivamente de ti, digamos que… la fecha de regreso es indefinida. Partimos el viernes — dice antes de levantarse y recoger la bandeja con los utensilios — ¡Ha! y Ranma… ¿Con qué emoción describirías este día?

— ¿Con qué emoción?... — resopla el chico, él de cierta manera, podría decir que, a esta altura de la vida y con los eventos sorprendentes que lo rodeaban, nada podría sorprenderlo ya, sin embargo, aún no lograba entender del todo lo que había sucedido frente a sus narices esta misma tarde.

— Si, ¿qué emoción? alegría, tristeza…, amor…

— Sorpresa… — la interrumpe — definitivamente, sorpresa — Nodoka asiente complacida.

— ¿Por qué?

— Porque… es muy extraño que alguien se tome tantas molestias y preocupaciones… por mí — admite, avergonzado.

— Ranma — Nodoka habla conmovida — soy tu madre, después de todo, ese es mi deber, lo hago con gusto — le sonríe tristemente, antes de proceder a retirarse del lugar.

Ranma al verse solo en el Dojo, que ahora mismo le parecía inmenso, se acuesta hacia atrás estirando sus brazos y dando un gran suspiro en el que botaba el aire que no se había dado cuenta, estaba reteniendo, absolutamente rendido. Si el tuviera que traducir lo recién vivido con sus propias palabras, diría que su madre acababa de darle una paliza, y justo en ese momento, necesitaba recuperarse de tan vergonzosa derrota.

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— ¿Qué te pasa? — Akane llevaba más de veinte minutos observando a su prometido entrenar y él ni siquiera había notado que ella estaba ahí hasta escucharla hablar, deteniendo de golpe el ejercicio que realizaba. Su cuerpo estaba cubierto de sudor lo cual indicaba que ya llevaba un buen rato entrenando. Akane notó como su camisa estaba tirada en uno de los rincones del Dojo y que en ese momento se limpiaba la frente con el dorso de su brazo descubierto, lo cual la hacía pensar que se trataba de una práctica improvisada y debido a que generalmente podía sentirla incluso antes de que deslizara la puerta corrediza, y esta vez ni siquiera había reparado en ella, supo de inmediato que algo le ocurría. Lanza en su dirección la toalla que había traído para sí.

— Gracias — la recibe, aún distraído.

— ¿Qué te pasa? — repite ya ingresando al lugar.

— Nada — dice secando su rostro y cuello evitando mirarla.

Al retirarse su madre del lugar estuvo repitiendo la conversación que habían establecido varias veces en su mente, algunas de las preguntas aún resonaban fuertemente y no había podido despejar algunas propias ¿qué pensaba de los Tendo?, ¿cuáles eran sus amigos?, ¿tenía amigos?, ¿por qué no podía hablar de Akane? no había sido difícil hablar de las otras chicas, ¿solo había sido por temer terminar casado o había algo más?, ¿él quería casarse?, eso sí que había sido una sorpresa, y el Dojo… es decir, ¿quería un Dojo?, a decir verdad estar atrapado en una casa, y hacerse cargo de él a veces le resultaba insuficiente, entonces ¿por qué seguía ahí?. Pero al mismo tiempo, salir de viaje indefinidamente le parecía demasiado. Y es que en el último año los viajes de entrenamiento duraban cada vez menos y durante estos ansiaba el reencuentro con su futón y la deliciosa comida de Kasumi, sin mencionar que ya de por sí era bastante difícil estar lejos de su…de…, algunas personas.

¿Era eso, se estaba ablandando? ¿será que al final la preocupación de su padre y alejarlo de las protecciones y cuidados de una madre, si tenía algo de sentido después de todo?... Pero…, no era que su nivel de lucha hubiera descendido, sino más bien, todo lo contrario…, Ranma creía estar en su mejor momento, ¡había vencido a un Semi Dios, por todos los cielos!

Pero salir así, sin saber cuándo iba a regresar, era demasiado tiempo para estar lejos de casa, su casa.

La verdad es que hacía ya bastante tiempo que consideraba esa casa y tropa de desquiciados como su hogar y familia. Eran sus desquiciados después de todo y no dudaría un segundo en proteger a cada uno de ellos ante algún peligro si lo necesitaban, así como lo había estado haciendo desde que llegó. Ellos habían sido testigos de su entrenamiento y lo habían apoyado y acompañado en todas y cada una de sus locuras. Maldición incluida.

No podía irse, así como así.

¡Ni hablar de la boba de Akane!, si ella podía meterse en problemas solo por bajar las escaleras, ¡era tan torpe!, él tenía que estar a su lado para cuidarla, ¿cómo podía esperar estar lejos por tanto tiempo?, ¡así no podría evitar que esa boba hiciera alguna tontería de las suyas!

Pero también estaba su madre y su insistente deseo en el que ambos pudieran conocerse mejor, es decir ¿qué tenía de malo eso? Este viaje no era nada comparado a los catorce años que habían estado separados el uno del otro y la verdad era, que él tampoco quería perder esa oportunidad.

Un lío, su cabeza era un lío. Necesitaba entrenar y despejarse un poco. El cansancio provocado por innumerables noches sin dormir, comenzaban a afectarle y por un momento pensó en que, como su madre había dicho, sería bueno un descanso.

— Si tú lo dices… — menciona la chica aun observándolo — ¿ya terminaste? — le pregunta mientras señalaba el Dojo y Ranma que al fin se había quitado la toalla del rostro, se percata que su prometida vestía su Gi de entrenamiento por lo que simplemente se aleja hasta una de las paredes para apoyar su espalda y dejarse caer. Él no había terminado, pero su cuerpo pensaba otra cosa y al detenerse, sintió su pesar.

Akane en cambio, que estaba fresca como lechuga, comienza a realizar sus ejercicios de calentamiento antes de comenzar con su rutina, mientras lo observaba de reojo. Ellos solían acompañarse durante sus entrenamientos, pero hoy el chico estaba algo ausente y la razón comenzaba a intrigarla.

Tras un par de minutos, Ranma se levanta y comienza a caminar hacia la salida aún en silencio, hasta llegar al marco de la puerta.

— Me iré con mamá — dice de golpe y sin mirarla.

— ¿Cómo? — Akane que había estado pendiente ante cualquier reacción, detiene sus movimientos por completo al escucharlo hablar.

— Me iré de viaje, con mamá — repite para tomar aliento y animarse a volver a hablar — no sé por cuánto tiempo, yo…, sé que…, tal vez no te importe mucho, pero, pensé que debías saberlo — finaliza antes de cruzar el marco de la puerta y retirarse del lugar. Mientras Akane, se encontraba aún de pie en el centro del gran salón, intentando procesar la información que acababa de recibir.

– ¿Te irás? – es lo único que la chica había logrado concluir.

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Fin del capítulo 2.

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Notas de Autora:

Debo decirlo, me han dejado sorprendida con la linda recepción que tuvo el primer capítulo. Me siento muy agradecida. Especialmente con mi querida Akai27 por alentarme y confiar en mis limitadas capacidades.

Y bien, no puedo comentar mucho en realidad, solo que el entrenamiento ya ha comenzado como ya pudieron apreciar y por supuesto, ocasionará estragos. Y para ver cómo se llevará a cabo, y las consecuencias de éste, no les queda más remedio que quedarse y leer. Ni modo.

Cuéntenme qué les ha parecido esta entrega. Siempre estaré atenta a sus comentarios.

Saludos!