Los personajes de Ranma 1/2 no me pertenecen, son obra de la gran Rumiko Takahashi. Escribo sin fines de lucro solamente con el fin de entretener.


Los créditos por la siguiente historia corresponden a Ariel Rivera y fue escrito para premiar su participación en el grupo "Ranma 1/2 latinoamérica"

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*Nos Pertenecemos*

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—¿Papá podemos hablar luego del desayuno? — preguntó Akane colocando los palillos junto a su tazón.

—Claro hija pero ¿qué es lo que ocurre?

—Pronto lo sabrás.

Akane se puso de pie y se dirigió hacia su cuarto donde tomó asiento en su escritorio y pasó a redactar la carta, aquella que entregaría a Ranma con la esperanza que él finalmente comprendiera.

Dos golpes en su puerta llamaron su atención —adelante.

El patriarca de los Tendo ingresó a la habitación cerrando la puerta tras él y pasó a acomodarse en la cama cercano a la posición de su hija.

—¿Sobre qué querías hablar Akane?

Ella emitió un largo suspiro antes de comenzar a hablar —papá, como bien sabes la situación con Ranma no es la mejor, luego de lo ocurrido en el Dojo con la boda fallida y toda esa pandilla de locos generando tal revuelo necesito recuperarme en paz y reconectarme con mis sentimientos.

Su padre la observó con una tierna mirada, su pequeña estaba comportándose como toda una mujer soportando indecisiones y destratos por parte de Ranma, sabía claramente cuáles eran sus sentimientos y recordaba con anhelo su adolescencia llevandolo a verse reflejado en ellos.

—Si lo que deseas es cancelar el compromiso con gusto lo haré pequeña, priorizaré tu bienestar.

Akane se alarmó al oír esas palabras, si bien nunca quiso el matrimonio arreglado con Ranma era su ferviente deseo poder pertenecer en algún momento a la familia Saotome y llevar a cabo el Dojo, juntos.

—No papá, lo que deseo es poder alejarme, marcharme un tiempo en un viaje de entrenamiento.

Soun analizó el pedido de su hija pudiendo notar la desesperación en aquellos ojos color chocolate.

—De acuerdo, puedes ir a donde desees siempre y cuando te cuides.

—Claro papá, gracias — Akane se acercó a su padre y lo abrazó sellando ese pequeño secreto entre ambos.

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Al día siguiente Akane tomó su mochila, ajustó las correas y salió decidida a dar un giro en su vida, un nuevo comienzo en busca de un camino de sanación.

En la puerta se despidió de sus hermanas y su padre con la expresa orden de entregar la carta a Ranma cuando él regresara del entrenamiento con el tío Genma.

Caminó hacia la estación de tren de Nerima donde tomaría el tren hacia Ryugenzawa, pero esta vez no para lograr vencer a aquellos animales gigantes sino por otro motivo más personal.

Luego de unas horas de viaje arribó a la estación de tren del bosque donde fue recibida por el grupo de guardabosques que custodiaban el lugar y siguiendo sus indicaciones se adentró en el camino en busca de aquella cabaña y aquella persona que recordaba con tanto cariño.

Shinnosuke se encontraba fuera de la misma meditando, ya que los animales habían regresado a la normalidad y el bosque se encontraba en calma su trabajo era más sencillo ahora, constaba solamente de vigilar la zona para que los animales no atacaran a los visitantes por lo que además de cubrir a su abuelo en esta tarea ocupaba el resto de su tiempo entrenando para perfeccionarse en el combate y meditando, conectando y buscando obtener la fuerza de la naturaleza.

Inspiró profundamente cuando un aroma que reconoció a pesar de su mala memoria atravesó su mente, aquella fragancia a violetas que no podría olvidar en su vida se presentó frente a él junto a su melodiosa voz.

—Hola Shinnosuke.

Alzo la vista y se encontró con esa chica preciosa de ojos marrones que jamás pudo olvidar aun sin saber cómo la conocía.

Ella supuso lo que ocurría inmediatamente por lo que continuo hablando — soy Akane, seguro no me recuerdes pero nos conocimos hace un tiempo, te ayudamos con tu abuelo a vencer el dragón de las siete cabezas.

Él salió de su estupor —claro si lo recuerdo, solo que no recordaba tu nombre, Akane…que te trae esta vez por aquí?

Ella contesto algo dudosa aún —bueno la verdad es que tengo algunos problemas en casa con mi prometido y decidí venir aquí para recuperar la paz que hace tiempo perdí.

Shinnosuke la observó algo confundido no recordaba que ella tenía un prometido, creía que ella era bastante especial y él bastante tonto para perderla y descuidarla así.

—Pronto caerá la noche, quieres dormir en nuestra cabaña? Será más seguro que lo hagas sola ahí fuera.

—Claro, me gustaría quedarme y entrenar contigo — comentó ella con una enorme sonrisa enmarcando su bonito rostro.

—Eso sería estupendo Akane, haremos un buen equipo.

Caminaron juntos hacia la cabaña recogiendo algunos setos que pasarían a formar parte de su cena, dando inicio a una rutina donde dormirían y compartirían el mismo techo, Shinnosuke se despertaría temprano en la mañana y prepararía el desayuno para los tres para luego de su recorrida habitual entrenar con Akane aprendiendo las artes marciales que a ella tanto le gustaban y ella aprendiendo de él cosas simples como la meditación, ella descubrió que podía conectar con la naturaleza y hallar en el sonido que las hojas generan al moverse por el viento o en el sonido que produce el mar golpeando con fuerza sobre las rocas un poco de la paz y tranquilidad que venía buscando.

Por la noche Akane cocinaba alguna sencilla receta pero aprendía también con el abuelo y Shinnosuke sobre nuevas comidas mientras todavía continuaba confundiendo el aceite con la salsa de soja.

Los días pasaron y ellos se encontraban tan inmersos en su rutina que vistos así parecían una joven pareja disfrutando de conocerse y de su viaje de novios, alejados de los ojos chismosos. El corazón de Akane se encontraba en calma, tan tranquilo como el mar durante las mañanas pero cierto día su corazón se encontraba intranquilo arremolinado, no sabía el por qué pero estaba pronto a descubrirlo.

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Luego de su habitual desayuno y la recorrida de Shinnosuke por el lugar partieron cargando en sus mochilas el almuerzo y unas cuantas botellas de agua hacia una región del bosque donde entrenarían esta vez. Caminaron por el sendero hablando sobre temas banales, sobre la familia de Akane y su vida en Nerima y sobre la familia del guardabosques.

Llegaron a un sitio que ambos recordaban muy bien, aquella cascada donde Shinnosuke declaró su amor por primera vez. Él tomo las mochilas que cargaban y se acomodó sobre una de las rocas con ella a su lado, tomaron sus almuerzos para iniciar a comer entre risas y charlas simples.

Al finalizar Akane tomó de su mochila un pequeño empaque que contenía algunos dulces que había llevado desde Nerima y esperaba poder compartirlo con él en algún momento.

—Estos son los mejores dulces de mi región — extendió su mano tendiéndole uno.

—Gracias — aceptó lo que ella ofrecía rozando sus dedos, provocando una sensación de electricidad que recorrió a ambos.

Disfrutaron en silencio unos segundos de la sección dulce cuando fue él quien rompió la tranquilidad.

—Akane debo decirte algo muy importante necesito me escuches — se inclinó hacia su lado para tomarla por los hombros y poder hablar directamente de frente a ella.

Ella tragó saliva discretamente, tratando de acompasar los latidos de su corazón que latían con una fuerza inusual por la cercanía que estaba teniendo con el desmemoriado joven.

Él afirmo el agarre por sus hombros antes de hablar —quiero que te quedes conmigo Akane, que me elijas, prometo cuidarte, entrenar contigo, protegerte y provocar una bonita sonrisa todos los días en tu rostro — con un suave movimiento acerco su rostro hasta el suyo, ella elevó su barbilla para disminuir la distancia entre sus labios cuando ambos contactaron provocando un primer beso, sus labios se rozaban tiernamente al inicio dándose el tiempo de conocerse. Shinnosuke soltó sus hombros y llevo sus manos hasta su rostro para acariciarla, Akane soltó lo que cargaba en las manos para cruzar sus manos por detrás de sus hombros. Se encontraban tan absortos en el beso que no oyeron las fuertes pisadas que se acercaban hacia ellos, el corazón de Akane golpeó con fuerza contra sus costillas cuando aquella voz tan conocida susurró su nombre con tal delicadeza que parecía haberse quebrado.

—Akane…

Ambos se separaron y desviaron la vista hacia el sitio donde provenía la voz.

Ranma se encontraba por detrás siendo testigo en primera persona del beso de su prometida con otro hombre, y no cualquiera, aquel que ya había amenazado una vez su relación y no conforme con aquello estaba amanezándola en este momento.

—Ranma... — Akane soltó su nombre sin una pizca de sentimiento, no comprendía que hacia ahí cuando en su carta había dejado expresamente que no la buscara, que ella regresaría una vez que hubiese sanado.

—Lamento molestarte pero quería comprobar con mis propios ojos lo que sabía.

—¿De qué hablas? ¿Cómo me encontraste?

—Dejaste claro en tu carta que vendrías a entrenar y sanar, imaginé dónde sería y solo me bastó unos días de viaje para comprobarlo.

Él desvió su cuerpo para regresarse a través del camino pero Akane fue rápidamente a su encuentro pidiéndole perdón a Shinnosuke y avisando que no la siguiera, ella debía aclarar la situación con su prometido.

Ranma caminaba con furia por el sendero, las nubes grises adornaban el cielo dejando muy poco paso a la luz del sol, se avecinaba una tormenta y sería mejor para él resguardarse hasta que pasara para luego regresar a Nerima y emprender un nuevo viaje, esta vez sí lejos de todo lo que recuerde a ella.

Iba tan ciego de furia por lo que había presenciado que no percibió que Akane iba tras el siguiendo sus pasos cuando un quejido llamo su atención, ella se había tropezado con una rama lastimándose en una pierna.

Corrió hasta ella embravecido —pero que te pasa Akane por qué me sigues?

Ella aún en el piso intentó incorporarse para no dejarse intimidar.

—Quería hablar contigo idiota, pero como siempre no me dejaste emitir palabra y saliste corriendo.

—¿Qué querías que hiciera? te estabas besando con aquel tipo — a pesar de sus duras palabras se acercó y la tomó entre sus brazos para llevarla hasta su tienda y poder proporcionarle cuidados a su herida.

Ella se sostuvo con fuerza por detrás de su cuello y sin emitir ninguna palabra caminaron.

Al llegar a la tienda Ranma depositó a Akane en una pequeña roca en la entrada e ingresó en busca de sus elementos, tomó la pierna con suma delicadeza y comenzó a colocar con suavidad el desinfectante y examinando la gravedad de la herida, limpió sin dejar ningún rastro de barro o suciedad y para finalizar colocó un vendaje para protegerla.

Akane durante toda la curación observó detenidamente a Ranma, cada facción cada músculo de su rostro se fruncía con la concentración o por el enojo, era guapo, demasiado guapo y lo sabía y odiaba que él se aprovechara de eso.

Una vez que terminó con su labor de enfermero regresó para dejar sus elementos en la tienda y al salir la encontró sentada aún en la roca.

—¿Podemos hablar? — pidió ella.

—Creo que no necesitamos hablar de nada, márchate con él Akane.

—¿Por qué eres tan terco y nunca me escuchas? — se levantó de la roca y comenzó a caminar a través del sendero dando algunos tropezones.

—No es por ahí — avisó Ranma al observar que tomaba el camino equivocado por lo que decidió seguirla para asegurarse que llegaría bien a destino.

El cielo tronó con fuerza por encima de ellos y al instante densas y frías gotas de lluvia cayeron sobre ambos. Ranma debía secarse constantemente el rostro para mejorar su visión ya que perseguir a Akane en estas condiciones se estaba volviendo dificultoso.

—Espera Akane — gritaba mientras ella prácticamente corría delante de él.

—No me interesas Ranma continuaré sola.

La lluvia caía cada vez con más fuerza, el observó que ella disminuía sus pasos producto de la herida, el cansancio y el frio; se adelantó y tomándola de la mano la dirigió hacia el espacio entre unas rocas que daban acceso a una cueva.

Al ingresar al sitio la soltó para quitarse su camisa empapada y tenderla sobre unas rocas.

—Esperaremos que pare de llover y luego te llevaré con el guardabosques — habló a la nada sin dirigirle la mirada.

Ella tenía la ropa pegada al cuerpo a causa de la lluvia y se sentía congelada hasta los huesos, realmente no quería discutir pero necesitaba aclarar varios puntos con él.

—Escúchame sé que no quieres hablar pero yo si lo haré, decidí realizar este viaje para poder sanar mi mente, mi alma y sobre todo mi corazón. Estoy cansada Ranma, de tus destratos, de todas aquellas que te persiguen, de tu manera de no aceptar lo que sientes por mí y cómo reaccionas instantáneamente cuando crees que me perderás.

—Por eso estabas besándote con él — Ranma gritó volteando furioso.

—No mezcles las cosas — respondió Akane con la misma intensidad.

De pronto él se acercó hasta ella invadiendo completamente su espacio personal, ella elevó su rostro quedando a escasos centímetros, prácticamente sus alientos se encontraban llenando el mismo espacio.

—No mezclo las cosas, solo digo la verdad.

Akane se cansó de la discusión sin sentido que estaban teniendo cuando se acercó disminuyendo totalmente la distancia entre ellos llevando sus labios hasta los de su prometido, por su parte Ranma la tomó con firmeza por la cintura atrayéndola, sus pechos entraron en contacto y sus labios comenzaron a deslizarse sobre los del otro en un beso para nada calmado sino buscando depositar en él cada una de sus frustraciones, él se aventuró a empujar con su lengua los labios de Akane para entreabrirlos, ella respondió dándole paso al encuentro de sus lenguas en el interior de sus bocas al mismo tiempo que entrecruzó los brazos por detrás de los hombros él la llevó con sus pasos hasta colocar su espalda sobre una de las rocas continuando con el voraz asalto de sus labios.

El beso que compartían era plenamente posesivo, Ranma llevó sus manos desde su cintura a través de su vientre acariciándola sobre la camiseta mojada que se pegaba a Akane como una segunda piel provocando que la misma jadeara.

—Ranma… — ella habló en un susurro producto de la pasión.

Por su parte el continuó besándola y dejando caricias pero esta vez bajo la ropa, la piel se encontraba fría pero provocaba hormigueos sobre sus dedos al rozarla, ella se aventuró a desplazar sus manos sobre sus firmes hombros y brazos que quedaban al descubierto, fue más atrevida que él y ayudó a desvestirlo dejándolo sin su camiseta pudiendo así admirar su marcado y trabajados pecho y abdomen.

Ranma desplazó sus caricias hacia el muslo de Akane sin dejar de besarla en ningún momento, provocando jadeos con cada nueva caricia sobre el cuerpo del otro.

Despegó ligeramente sus labios antes de hablar —te necesito Akane.

Ella atacó su boca voraz luego de responder —también te necesito Ranma.

Él la despojó de su camiseta quedando solamente en sostén, bajó las copas con sus hábiles dedos para acariciar sus senos primero con sus manos para después colocar su boca sobre sus pezones, lamerlos y morderlos provocando un cúmulo de sensaciones en su prometida. Por su parte ella aunque su mente se encontraba nublada por el placer logró desajustar su pantalón, él se alejó unos metros para quitárselo del todo, luego se deshizo de su sostén y de toda aquella prenda que se interpusiera entre ellos.

Con fuerza la tomó por los muslos logrando que ella enredara sus piernas a la altura de la cintura y sin dejar de besarla la llevó nuevamente hacia las rocas, su espalda golpeaba ligeramente contra las mismas pero ya nada importaba, la pasión los invadía, el deseo y la necesidad de poder hablarse sin palabras llevó a Ranma a realizar una fuerza sobrehumana sosteniéndola con una sola mano para acomodarse en su entrada.

—Una vez que esto ocurra Akane me pertenecerás, por completo — habló con seguridad.

Ella contestó con la misma firmeza — siempre te pertenecí Ranma.

Se introdujo en su interior con delicadeza, saboreando cada apretado centímetro de su interior.

—Akane…— hablaba entre dientes mientras continuaba introduciéndose cada vez más.

Los ojos de ella se pusieron llorosos por tal acción pero sabía que debía pasar por esta situación para finalmente pertenecerse el uno al otro con tal conexión que sería irrompible, movió como pudo su cadera para ayudar a la entrada y colocó uno de sus dedos sobre su centro para estimularse y lograr aumentar la lubricación.

Él comprendió rápidamente sus intenciones por lo que desplazó sus dedos hasta el sitio y él mismo inició a estimularla al mismo tiempo que la penetraba esta vez con un poco más de rudeza.

Una vez que estuvo por completo en su interior se tomaron unos segundos para respirar y acostumbrarse a la nueva sensación pero fue ella quien con unos movimientos insistió para que su prometido continuara con aquello que había comenzado.

Volvieron a besarse e iniciaron un nuevo ritmo de arremetidas, Ranma presionaba con fuerza sus muslos en cada intromisión provocando que su espalda golpeara contra la roca.

El interior de Akane era estrecho y sus paredes presionaban su miembro en cada entrada, le estaba costando controlarse para lograr que ella alcanzara primero su clímax pero logró tocar el punto exacto cuando ella despegó su boca para emitir un fuerte gemido.

—Oh si Ranma.

—Akane, mi Akane.

Continuó con algunas intromisiones más hasta que su miembro sufrió una fuerte y poderosa presión por parte de las paredes de Akane provocando que ambos alcanzaran juntos el clímax.

Luego de unos minutos donde la euforia del momento pasó ellos continuaban en esa posición, el todavía en su interior decidió hablar —Akane eres la mujer más maravillosa que he conocido, perdóname por no ser bueno con las palabras pero sabes que eres la única, te amo.

Ella observó al orgulloso artista marcial a quien había entregado no solo su corazón sino también su alma evocando aquellas palabras que siempre quiso oír, acercó sus labios hasta los suyos y depositando un casto beso sobre ellos habló —tú eres maravilloso Ranma y también te amo, siempre lo hice y lo haré.

Continuaron besándose y conociéndose en todo terreno dentro de aquella cueva refugiados de todos los malos recuerdos que los rodeaban, solamente ellos dos como siempre debió ser, Ranma para Akane y Akane para Ranma.

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.Fin.