Como siempre, los personajes son de R. Takahashi.
Ya dije antes que adoro a Mousse y hay varias cosillas de él por ahí entre los pedazos de historias que poseo.
Gracias por leer
Hasta siempre: una historia sobre Mousse
Se supone que debía ser uno de los días más felices de su vida, y es que lo había esperado tanto. Ranma y Akane por fin se habían casado. En realidad, estaba feliz porque así Shampoo debería olvidarse de una vez de Ranma pero, además, lo estaba también por Akane. En el transcurso de su vida en Japón había interactuado con ella y había aprendido a apreciarla, sinceramente. Sabía que ella estaba realmente enamorada de Saotome y éste, aunque lo reconociera a regañadientes, también lo estaba.
Sin embargo, su alegría no duraría mucho. Shampoo había aceptado su derrota y había prometido no interferir entre ellos. Como tantas otras veces, no cumpliría su promesa. A la menor oportunidad, se las arreglaba para fastidiarles la vida. Si bien no se entrometía directamente, siempre estaba ahí, al pie del cañon, planeando algo.
Imaginó también que, con Ranma fuera del camino, ella se comportaría de una forma más atenta con él. No. Se equivocaba. Nada cambió en Shampoo hacia él, o quizás sí. Se había vuelto aun más despótica. Lo humillaba a la menor oportunidad que encontraba enrostrándole que Ranma era más fuerte, más guapo, mejor. La abuela contribuía sacándole en cara todo lo malo que tenía. Anteriormente a él no le importaba. Estaba dispuesto a cualquier cosa por el amor de Shampoo y creía que el único obstáculo era Ranma. Pero no tardó mucho en darse cuenta de que el obstáculo era el mismo. Shampoo jamás lo querría. Le dolía aceptarlo, pero así era. Delante de sus ojos seguía asegurando que amaría por siempre a Ranma, que era el único hombre en su vida y así. Todos los días, en cada momento. ¿Es que ella no se daba cuenta cómo le rompía el corazón? Tantas lágrimas que había derramado, tantas locuras que había hecho y es que en verdad se necesitaba estar loco para hacer las cosas que había realizado y nada. Al principio la seguía por todas partes, siempre estaba pendiente de que nada le faltara y jamás recibía siquiera un agradecimiento. "Gracias Mousse", no hubiese sido necesario nada más. Nunca llegaron esas palabras.
Esa tarde, decidió ir a ver a Akane, después de todo, era lo más cercano a una amiga que tenía. Fue con el pretexto de felicitarla por su matrimonio. Ella se sorprendió ¿Qué hacía Mousse ahí?
– Akane, muchas felicidades por tu matrimonio.
Akane lo miró extrañada
– Pero, si tú estabas ahí. Ya me habías felicitado
– Cierto. Bueno, quería felicitarte otra vez – dijo él quitándose los anteojos.
– Entonces, gracias. Es un bonito gesto
Mousse se sonrojó.
– En realidad, quería hablar contigo…
– Está bien pero creo que estarás a punto de hablar con una piedra – dijo ella divertida.
Mousse sonrió. Hay cosas que nunca cambian y eso él lo sabía bien.
– Akane, yo fui uno de los que más apoyó tu relación con Ranma. Mis motivos, en un principio, eran egoístas: pensaba en mí. No quería que Shampoo consiguiera conquistarlo – suspiró –. Pero ahora, realmente te he aprendido a estimar y me gusta que seas feliz, con la persona que quieres…
Akane estaba confundida ¿De qué se trataba todo ese discurso?
– Mousse, no te estoy entendiendo.
– Que así como tú lograste casarte con Ranma, yo logré darme cuenta de que Shampoo jamás sentirá algo por mí. Algo que no sea desprecio o fastidio.
Akane sintió compasión. Mousse era un buen chico, tenía un buen corazón. Probablemente sus métodos para conquistar a Shampoo no fueron los mejores ni los más convencionales, pero él la quería sinceramente.
– ¿Y qué piensas hacer?
– En principio, dejar de trabajar con ella. No podré sacarla de mi mente si la veo todos los días.
– Escapar no es la solución.
Él lo sabía. Pero, en ese momento, no veía otro camino.
Conversaron largo rato hasta que Ranma apareció. Se sorprendió de encontrar a Mousse ahí. Pensó que intentaría golpearlo pero no. Nada pasó.
– Shampoo no está aquí – Ranma quiso dejar las cosas en claro de inmediato. Mousse lo sabía, por algo estaba ahí.
– Adiós Akane; Adiós Ranma – dijo Mousse levantándose para partir –. Espero que sean muy felices – y se marchó.
Akane quedó mirando largo rato hasta que la figura del muchacho desapareció. Ranma estaba intrigado.
– ¿Desde cuándo eres tan cercana a Mousse? – sus palabras contenían, quizás, una pizca de celos. Mousse era guapo. Pero Akane ya era su esposa. ¿De qué se preocupaba?
– Es una buena persona y está sufriendo mucho – dijo Akane con cierta tristeza es su voz. Ranma le dio la mano, la ayudó a ponerse de pie y la abrazó. Él también sufrió alguna vez, por causa de sí mismo. Lamentablemente, lo que haría feliz a Mousse no estaba en su poder alcanzarlo.
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Mousse llegó a su trabajo en el que sería su último día. Shampoo ya estaba ordenando los pedidos y lo regañó por llegar dos minutos tarde. Él no dijo nada. Tomó las cajas y salió. Su actitud le pareció extraña. No escuchó un "te quiero, Shampoo", "tú serás mi prometida." Nada, sólo tomó la comida y se fue. No le dio mayor importancia, ella tenía otras cosas que hacer. Quería arruinarles la tarde a Akane y Ranma, desafiándola a un duelo. Akane no se negaría y Ranma tendría que ver cómo la mujer que eligió era más débil que ella. Había hecho muchas de esas bromitas después del matrimonio pero Ranma parecía estar más enamorado que nunca. No lo decía, pero ella lo notaba. Ahora necesitaba que Mousse llegase, no podía dejar el negocio solo. Pero ¿por qué tardaba tanto ese tonto?
Tuvo que esperar bastante hasta que Mousse llegó. ¿Cómo era posible que se tomara tales libertades? Le informó que saldría y esperaba que comenzara con el interrogatorio o saliera tras ella lloriqueado. No pasó. Eso en realidad era extraño pero hasta se sentía alviada de que él no estuviera encima de ella.
– Iré donde Ranma…y Akane – dijo tratando de llamar su atención.
– Ve…
Shampoo se fue pero no pudo dejar de pensar que ese no era el Mousse de siempre. Durante toda su estadía en el dojo de los Tendo estuvo esperando el momento en que Mousse irrumpiera con sus desesperantes gritos. Pero él ni siquiera se asomó. De todos modos, hubiese vencido a Akane de no haber sido porque Ranma intervino. No quería que le hiciera daño a su esposa. "Su esposa." Que hubiese dado ella por oír que Ranma la llamara así. Mejor era irse.
Cuando Shampoo llegó a su trabajo, Mousse ya no estaba. La abuela le comunicó que había renunciado y que había partido, quién sabe dónde.
– ¿Cómo que se fue? ¿Sin decirme nada el muy torpe?
Así era. Shampoo se molestó por el hecho de que él no hubiese dado la cara y se hubiese ido, como los bandidos. La abuela la corrigió: Mousse esperó mucho tiempo pero, al ver que Shampoo no llegaba, se lo comunicó a ella y se marchó. No dijo dónde iba y a Shampoo tampoco le interesaba averiguar. Se había librado de él, ya no la molestaría, lo que era un alivio. De todos modos, estaba preocupada porque no sabía si sería capaz de realizar todo el trabajo sola.
Los días siguientes no fueron tan tremendos como pensó. No hubo tanto que repartir y se las pudo arreglar bastante bien sola. Pero dos semanas después de la partida de Mousse, no daba abasto. Terminaba muerta por las noches maldiciendo al cegatón de Mousse por irse así, como si nada, dejándola sola. Comenzó a extrañarlo, sí, pero sólo porque le era útil con su trabajo.
Pasaron tres meses sin saber nada de Mousse. Shampoo se sentía extraña, sentía que le faltaba una parte de sí. Porque él, inepto y todo, era su mano derecha en el fondo. Sabía cómo trabajar y eso. Además, y aunque no era capaz de reconocerlo, extrañaba la atención que él y sólo él le entregaba. ¿Dónde podría haberse metido? Ahora que lo necesitaba más que nunca… en el restaurante.
La única que sabía del paradero de Mousse era Akane. Él había pasado por su casa la misma tarde en que renunció a su trabajo. Le comentó que pediría trabajo en el circo chino y esperaba que lo contrataran. Le pidió que no se lo contase a nadie, ni siquiera a Ranma. Menos a Shampoo aunque, sabía que ella nunca preguntaría por él. Akane prometió guardar el secreto pero le pidió que le hiciera saber cuando ya estuviese en su nuevo trabajo.
Shampoo llegó una de esas tardes a la casa de los Tendo a molestar. La verdad es que se iba convenciendo de a poco que Ranma realmente quería a Akane y que sus esperanzas de que la amara a ella y dejara a Akane eran casi nulas. Pero se había hecho una costumbre ir a molestarla porque la esposa de Ranma tenía poca paciencia y era divertido verla enfadarse. Akane comenzó a darse cuenta de que la insistencia de Shampoo tenía además otra razón: aparte de molestarla a ella, indirectamente quería saber de Mousse. Probablemente pensaba que de saber que ella estaba luchado llegaría a salvarla, como tantas veces lo había hecho, aunque nunca lo había conseguido. O bien sospechaba que Akane algo sabía y no quería hablar. Y estaba en lo cierto, ella no hablaría, se lo había prometido a Mousse. Éste podía confiar en su palabra. Pero, siendo sincera, Akane tampoco sabía exactamente del paradero de Mousse. Sólo le había dicho que buscaría trabajo en el circo y nada más. No sabía si realmente estaba ahí. Decidió salir en su búsqueda, en cada circo de Tokio hasta que lo encontró.
– Mousse, qué bueno volver a verte.
No tenía pensado encontrarlo así. Sabiendo que era un experto en trucos de artes marciales pensó que estaría trabajando en eso. Pero no. Sólo estaba encargado de la limpieza. Era lo único que había conseguido, por ahora. Le habían dicho que, de haber una posibilidad, podría entrar con algún número, haciendo sus trucos. Los ojos de Akane dejaron ver su tristeza: no le gustaba verlo así. ¿Por qué lo estaba haciendo?
– Porque no podría separarme completamente de Shampoo. Me hace daño estar cerca de ella pero también me hace daño abandonarla completamente. Necesito saber cómo está, si está bien. ¿No le has dicho nada?
Akane negó con la cabeza. No podía disimular la tristeza que le provocaba la situación de Mousse. Shampoo estaba ciega. Seguía suspirando por un hombre que no la amaba, y que además estaba casado, y despreciaba a alguien que la adoraba y haría todo por verla feliz.
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Shampoo, sin tener noticias de Mousse, comenzó a desesperarse. A pesar de que hacía correr la voz de que lucharía con todo el planeta, Mousse no aparecía. Lo necesitaba, no podía hacer todo sola. Se autoengañaba, no quería reconocer lo que extrañaba más de lo que ella misma quisiera y alimentaba su obsesión con Ranma para no admitirlo. Pero ya había pasado mucho tiempo, podía haberle sucedido algo…malo. No sabía cómo ubicarlo, era como si se lo hubiese tragado la tierra. De pronto, en medio de todas sus apariciones donde los Tendo, comenzó a notar que varias veces, había encontrado a Ranma solo. Antes hubiese sido su delicia semejante escenario pero ahora le pareció extraño. Comenzó a pensar que quizás Akane tenía algo que ver con la desaparición de Mousse. Por necesidad, y por darse un gusto, comenzó a sembrar la duda en el corazón de Ranma.
– Akane ya no pasa mucho tiempo por aquí ¿o no?
Hasta ese momento, no lo había notado. Pero sí, a veces salía sin decir dónde iba. Empezó a poner atención a los movimientos de Akane. En su semblante no se veía nada extraño pero sabía que algo le ocultaba. Se lo preguntó directamente y ella le dijo que nada tenía que decir. Intrigado, la siguió una tarde. Y la encontró con Mousse. ¿Akane y Mousse? ¿De qué se trataba todo esto?
– Mira Saotome, Akane no es culpable de nada. Yo le pedí que guardara el secreto y ella lo hizo. No hay nada más que decir.
– Pero ¿qué haces aquí? ¿En un circo?
– Trabajo.
Por lo que veía, Mousse no era un artista, sólo se dedicaba a la limpieza. ¿Valía la pena haber renunciado a su trabajo con Shampoo para llegar ahí? Sí, valía la pena. Mousse no podía estar cerca de Shampoo porque sufría con su desprecio pero tampoco podía estar lejos porque necesitaba asegurarse de que estaba bien, como se lo había hecho saber a Akane antes. No le importaba tener que hacer lo que estaba haciendo. Hasta ese momento, Ranma había considerado a Mousse como un rival débil, torpe y hasta patético. Aun así, lo apreciaba. Y lo que estaba haciendo por Shampoo era más de lo que él hubiese podido imaginar. Realmente la quería y se sentía culpable por ser la persona que se interponía entre ellos dos.
– Tranquilo Saotome, no necesito tu lástima. Shampoo te quiere a ti, siempre lo ha hecho. Me convencí hace mucho tiempo de eso –. Mirando a Akane le dijo: – No temas tampoco a lo que Shampoo pueda hacer: ella los molestará sin duda, pero nunca se interpondrá entre ustedes. Es insistente pero, en el fondo, es una buena persona – y tomando sus útiles de trabajo, se marchó.
Akane le rogó a Ranma que no le contara a nadie lo que había visto y éste juró no hacerlo.
Mientras tanto, la desesperación de Shampoo estaba sobrepasando sus propios límites ¿Cómo era posible que no tuviese ni una sola noticia de Mousse? Con lo estúpido que era debía haber dejado una huella, una pista. Pero, si era así, ella no podía encontrarla. Cuando llegó al estado de comenzar a mirar a los patos que se le cruzaban por el camino, se preocupó. ¿Necesitaba a Mousse por el trabajo o por algo más? Podía contratar a alguien para que la ayudara en el negocio pero empezó a temer que ése no sería el fin del problema. Todo acabaría cuando supiera algo de Mousse y que ese algo fuese una buena noticia. Pero si ella estaba segura de que amaba a Ranma ¿por qué lo que pasara con Mousse le importaba… tanto?
Intentó una vez más con los Saotome pero éstos nada sabían. O eso decían. Decidió vigilarlos de cerca porque sospechaba que tenían más que ver en este asunto de lo que ellos afirmaban. Y tenía razón. Ranma y Akane le dieron el camino para encontrar a Mousse. Estaba en el circo chino y no de artista precisamente.
– Así que aquí estabas cegatón.
Ranma, Akane y Mousse se giraron sorprendidos.
– ¡Shampoo!– dijeron al unísono
Sí, era ella. Se acercó a Mousse, quien se ajustó sus anteojos: Shampoo, más bella que nunca.
– No pensé que fueran tan simples – dijo Shampoo a Ranma y Akane: – fue más fácil de lo que pensaba. Los dos se miraron avergonzados.
El corazón de Mousse dio un salto. Shampoo lo había estado buscando, lo extrañaba. Quizás sentía algo, aunque fuera muy poco por él.
– Vine porque estaba intrigada – continuó Shampoo: – por qué clase de trabajo nos habías abandonado a la abuela y a mí. Cuando no creí que podías caer más bajo, lo has hecho.
Los hermosos ojos verdes de Mousse se llenaron de lágrimas. Fue un tonto al creer que Shampoo se había interesado un poco por él. No, no había caso. La última ilusión que albergaba su corazón se había esfumado. Akane le hizo una señal a Ranma indicándole que debían irse, y así lo hicieron.
– ¿A qué viniste Shampoo? – los ojos de Mousse ya no pudieron sujetar más tiempo esas lágrimas, las que comenzaron a correr lentamente por sus mejillas. No era ese llanto escandaloso ni el griterío de antes. Shampoo sintió algo en corazón, era como si él pudiese traspasarle su dolor. ¿Por qué se sentía tan mal?
– Ya te dije, curiosidad – mintió: – no creí encontrarte así –. No sabía por qué pero sus palabras le dolían también a ella, y mucho.
– Vete, por favor…
– Me voy, claro. Y querías que yo me fijara en ti cuando no eres ni la mitad de lo que Ranma es – y para terminar de sepultar el corazón de Mousse, le lanzó un balde con agua. Esta vez no hubo graznidos, sólo silencio.
Shampoo se fue corriendo de ese lugar. El viento hizo que algunas lágrimas salieran de sus ojos y volaran. ¡Maldito Mousse! ¿Por qué se fue de su lado para llegar adonde había llegado? Estaba acostumbrada al rechazo de Ranma pero no al de Mousse. Y parecía ser que éste, al final, dolía más que el primero. Llegó al restaurante agotada, no quiso hablar con su abuela, no quería ver a nadie. No podía sacarse de la cabeza la imagen de Mousse barriendo ¡Pero si él era una artista marcial! Quizás no era el mejor, pero lo era. Tampoco podía olvidarse de que él le había pedido que se marchara ¿Por qué le hacía esto? Atormentada por la mezcla de sentimientos y emociones, se fue nuevamente a la casa de los Tendo, pero esta vez no a molestarlos. Necesitaba encontrar razones.
¿Qué razones quería? Mousse estaba cansado del trato que le daba y había asumido finalmente que ella nunca lo querría. Eso era suficiente. Shampoo sacudió la cabeza: lo primero era cierto y se arrepentía en parte por ello pero ¿lo segundo? ¿Cómo podía él saberlo?
– No hay que ser muy inteligente para darse cuenta – Akane aprovechó de enrostrarle su obsesión con ellos:– No dejas a Ranma en paz y a él lo tratas peor que basura ¿Qué esperas que piense?
– Yo… yo no estoy tan interesada en Ranma – dijo Shampoo, ante el asombro de todos. Era cierto: se había acostumbrado a molestarlos más que nada por hacer enfadar a Akane, todavía la seguía encontrando menos linda que ella y más débil. No sabía qué le estaba pasando con Mousse, y al fin lo reconocía, le dolía que se hubiese ido sin avisarle, sin explicarle. Y verlo trabajando en ese lugar sólo contribuyó a profundizar ese dolor. Con ellas estaba bien…
– Vaya, parece que tendré que acostumbrarme a vivir sin mis admiradoras – dijo Ranma recibiendo de inmediato un codazo de Akane. No estaban ahí por él.
– Ranma, te amaré por siempre – Shampoo hizo una gran pausa ante la mirada furiosa de Akane ya que era sobre su marido de quien estaba hablando: – pero creo que es hora de que busque otro camino…
Mientras Shampoo decía esto, una bandada de pájaros cruzaba el cielo. Uno de ellos dejó caer una nota, para Akane:
"Akane, te deseo lo mejor en tu matrimonio. Espero que Ranma te haga muy feliz si no, yo me encargaré de él. Me voy, probablemente para siempre. Adiós"
Era una nota de despedida de Mousse. Sin duda, uno de esos pájaros era un pato. Se iba, ya no había vuelta atrás. Había ido a despedirse de Akane pero al ver a Shampoo se escondió. Había oído su conversación. Lamentablemente para él, sólo había escuchado la primera parte de lo que Shampoo dijo, esa de que amaba a Ranma.
– Shampoo, eres una tonta – lanzó Akane sin pelos en la lengua y muy molesta –. Tratabas a Mouse de cegatón y la única ciega eres tú. Tu obsesión te ha llevado a perder a la única persona que probablemente te ha amado de verdad.
Shampoo sintió que un agujero enorme le abría el corazón. Tenía que encontrarlo, dónde fuera.
– ¿No dice dónde está? ¿Nada?
– Probablemente se fue a China – dijo Ranma: – después de todo, esa es su tierra.
Shampoo no esperó más tiempo ahí. Tomó su bicicleta y voló.
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Jamás en su vida había pedaleado tan rápido. Sabía que Mousse caminaba lento pero no podía confiarse, debía alcanzarlo. Allá, en el horizonte, divisó la figura alta y delgada, el cabello largo, la ropa china. Era él.
– ¡Mouuuuuuuussseeeeeeeeeeee! – gritó con el alma.
Al oír el grito, el corazón de Mousse dio un salto. Era Shampoo ¿venía por él?
– Mousse espera, por favor.
Se detuvo y la miró un rato. Todo lo que siguió después le pareció un sueño, uno que no alcanzó a hacerse realidad.
– Mousse, pídeme que me vaya contigo. No me importa dejar todo aquí. ¡Sólo pídemelo! – Shampoo no podía creer que esas palabras estuviesen saliendo de su boca.
Mousse sonrió melancólicamente. No podía creer lo que oía. Por lo mismo, no pudo responder nada.
– Mousse, yo… yo te quiero – Shampoo estaba segura de que se había vuelto loca. Quizás estaba exagerando al decir que lo quería, pero sí sentía algo por él. De eso estaba segura. Mousse volvió a sonreír, jamás creyó encontrarse en esa situación.
– Shampoo, si me hubieses dicho esto hace unos meses atrás, yo hubiese sido el hombre más feliz del universo. Pero ahora no puedo dejar de pensar que lo haces porque Saotome ya no podrá casarse contigo o porque tienes miedo de quedarte sola.
Shampoo estaba viendo las consecuencias de sus propios actos, de haber sido tan dura con Mousse quien no se lo merecía.
– No, no es por eso. Lo que siento por ti es real. Me costó mucho darme cuenta de ésto, me he tardado, pero aún es tiempo ¿O no? ¿Tú todavía me amas?
– Siempre… – se detuvo ahí. Su mirada le hizo saber a Shampoo que ya era tarde.
– Entonces ¿no te quedarás aquí?
Mousse negó con la cabeza. Shampoo, recibía lo que ella tantas veces le entregó al muchacho.
– ¿Volveré a verte algún día?
Mousse sonrió una vez más. No lo sabía.
– ¿Quién sabe? El destino puede tenernos preparada una sorpresa –. Mousse tomó sus cosas y se dispuso a marchar: – Adiós Shampoo –fue todo lo que dijo.
La joven no podía creer lo que estaba viviendo. Mousse se iba y ella no podía hacer nada para detenerlo porque no tenía derecho a hacerlo. Cayó de rodillas, apoyando en el suelo sus manos, mirando hacia abajo. Se arrepentía de tantas cosas. Cuando levantó la vista, divisó la figura de Mousse perdiéndose en el atardecer naranja. Sí, se había quedado sola. Sí, lo había perdido. Al parecer, para siempre.
