Por nuevas reglas, he de avisar (Si no quieren adelantos, lean después de los tres puntos) que el siguiente capítulo contiene lemon.

Espero que hayan pasado la primera semana del año muy bien, mientras yo sigo subiendo los capítulos resubidos para su disfrute en vacaciones.

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A pesar de tener el permiso del Director Netero, Kurapika prefería dejar el salón de arte una hora antes. Siempre quedaba mucho por hacer, como limpiar y ultimar detalles, y tenía en cuenta el horario de buses para quienes no eran como Killua, que se iba en limusina. Como siempre, Gon Freecs era tan buen chico que se quedaba hasta el final, acompañado del albino y otras personas.

- Muchas gracias por todo- Kurapika agradeció, pensando en el número de cosas que debía atender cuando regresara a su casa como era retocar sus apuntes, leer el libro que dejo a la mitad, estudiar para la semana, recoger la ropa y comprar provisiones, pero dudaba que fuera a cenar tranquilamente esa noche- Hasta mañana.

- Hasta mañana- Dijeron al unísono los bienintencionados que quedaron, desapareciendo tras la puerta de salida.

Ser el encargado de una obra teatral no era un chiste. Se quedó más de lo que hubiera querido, verificando que todo estuviera en óptimas condiciones. Solo faltaba que los ladrones del Genei Ryodan hicieran lo suyo, eso sí que sería una suerte.

"Hay tanto que hacer", se repitió en su mente. A veces, se olvidaba de dormir y eso lo desorientaba.

- ¡Yo, Kurapika!

- ¡Maldita sea!- Bramo, buscando calmar su agitado corazón- Killua, no hagas eso.

- Eres fácil de sorprender cuando piensas tanto- Burlándose, se acercó a él y lo miro con atención- Dime, ¿Has comido? Gon ya se fue, pero te llevo a comer pizza.

- Gracias, pero no. Debo ir a casa y terminar con esto- Con lentitud, deposito cuidadosamente el guión y otros papeles en su mochila, melindroso hasta el último momento- ¿Tu hermano no vino a buscarte?

- Ilumi trabaja hoy y le dije a Gotoh que lo llamare si lo necesito- Gotoh era el nombre del jefe de sus mayordomos, un hombre muy fraternal y demasiado serio para mostrar calidez- Te invito un spa. De veras te urge.

- Estoy más relajado que un vago.

Las manos de Killua se encerraron por detrás de su cuello y su espalda sintió el peso del adolescente.

- Déjame mimarte- Susurro contra su oreja y, ladeando la cabeza, Kurapika vio su rostro convertido en una expresión vivaz de gato.

Se esperaba un masaje en los hombros por las manos de Killua apoyándose en ellos, pero el niño pretendía otra cosa. Con solo sentir sus labios tiernos, recordó que nada era lo esperado con él.

El beso era sabroso y reconfortante, de a poco mermo su humor y un nuevo sentimiento comenzó a anidar. Era ilógico que un simple beso pudiera ser tan placentero. Se separaron y Killua le dedico una sonrisa de falsa inocencia. No podía negarlo o dar una explicación racional, pero le gustaba. Había algo en Killua, especial y único, que sobrepasaba su imaginación. Dudando al principio, se inclinó hacia la boca del Zoldyck y este acepto su beso, sorprendido y gustoso. Así, Kurapika olvido lo peligroso que era Killua.

"¿Cómo llegamos a esto?"

Su mente ni siquiera se molestó en responder esa pregunta, era inútil. Solo podía registrar la pared contra su espalda, el aire haciéndose más pesado, la leve iluminación de las lámparas contra su cara y la cabeza de Killua enterrada en sus muslos. Se dejó llevar por un instante y el muy aprovechado se abusó. Kurapika contenía la respiración a cada jugarreta de esa lengua traviesa, extasiado ante la calidez de ese paladar, fanático de chocolate.

Apretando los dientes para que ningún sonido saliera de su boca, empuño las manos y estrujo esos mechones blancos, viendo el movimiento incesante de esa cabeza sobre él, cada vez más sonoro y salaz. La posición no era cómoda pero si hubiese sido de otra manera estaba seguro que acabaría igual, derrotado y rendido. La excitación le llego a los poros, provocándole sudar, y ya no pudo reprimir sus gemidos.

En una táctica endemoniadamente provocativa, Killua procedió a succionar con suavidad, muy pausado, al tiempo que sus manos se deslizaban juguetonas por el miembro del delegado. Para terminar la diversión, tomo aire, se relamió los labios, impregnados en pre seminal y saliva, y con la boca abierta envolvió el sexo de Kurapika. Pudo advertir la contracción de las caderas de él, el temblor de sus muslos calientes; oír el jadeo a través de sus labios secos, felicitándose a sí mismo por llevarlo a ese estado.

El rubio echo la cabeza para atrás, golpeándose contra el muro, y gimió.

Un segundo después, el placer vino como un rayo y Killua beso sus muslos, para después subir y lamerlo en la zona de los pezones, apoyándose provocativamente sobre su regazo.

Kurapika tomo su cara y lo vio, sucio y despeinado, extrañamente adorable e increíblemente hermoso.

- Killua...- Trato de decir. Él se lo impidió, besando la esquina de su labio inferior.

- No. Aún no.

Mareado por el orgasmo, el mayor no entendió a lo que se refería. Lo supo en cuanto Killua separo sus cuerpos, se paró, desprendiéndose sus pantalones para dejarlos caer. Estaba por imponer distancia cuando el menor lo volvió a su lugar de un empujón.

- N-no, para...

Un dedo sobre sus labios le cortó la súplica.

- Te lo dije, voy a mimarte.

Su melosa voz lo asusto, pero no tanto como el desliz de su cadera, frotando su pelvis, insinuándose entre besos de pecado. Kurapika se perdió en sus atenciones, casi hipnotizado por la belleza de ese erotismo, sintiendo que la pasión regresaba, más rápida y con más potencia, mientras sus indecisas manos tocaban la piel pálida y juvenil. Killua soltó la lengua dentro de su boca y ya no hubo nada que lo detuviera.

Entre besos sin ton ni son, el Zoldyck demostró poseer agilidad de gato al estirándose y caer de súbito sobre su regazo, impactando en un desborde de emociones. Kurapika abrió la boca, desbordado por el deseo, mientras su compañero lo besaba, aguantándose el dolor de haber hecho eso sin estar preparado antes y porque el placer le recorría como un fuego abrazador.

Killua fue pausado y lento, llevando el ritmo con cuidado, con los dedos enredados en la cabellera dorada. Cuando la necesidad lo embarco, su cuerpo ya se había adaptado a la intromisión y sus ojos se nublaron de ansia, dándole un aspecto aún más libidinoso. Viéndolo así, Kurapika abrazo su espalda y le pidió que continuara, mandando al diablo la rectitud.

Durante ese tiempo, tal vez corto pero intenso, el mundo dejo de existir y el peligro de ser descubiertos, por el portero nocturno o alguien más, quedo en segundo plano. Rodeados de calor y sofocados en sí mismos, su unión paso a ser cada vez más rápida y profunda, hasta el punto que Killua lo sintió moverse en su vientre, con duras estocadas. Escuchando sus propios gemidos, cada vez más portentosos y agudos, Killua supo que estaba al borde del fin y para aplazarlo, metió las uñas en la carne del ojigris, en sus brazos y hombros.

Kurapika bramo, adolorido. Estar en el mundo de Killua era alucinante, tanto que casi se olvida de la realidad.

- Vamos- Killua lo miro con ojos llameantes, reclinándose a su pecho para lamer el pendiente que colgaba de la oreja diestra del presidente- Córrete adentro.

La saliva que quedo en el arete se calentó y su oreja le ardió, tanto como lo hacía su rostro.

- Quiero tu marca- Susurro, meneándose escandalosamente sobre su centro- Házmelo.

Meciéndose juntos, el punto esencial fue tocado y Killua jadeo de sorpresa, arqueando la espalda, pequeños espasmos explotaron dentro y fuera de su piel. Kurapika beso su rostro y labios, sabiendo que su propio fin se acercaba.

Killua estaba a mitad de una palabra cuando una embestida toco su punto clave y dio un pequeño grito. Su cuerpo se sacudió, se tensó y relajo finalmente, con la piel sudada y sensible. Antes de poder sobreponerse del orgasmo, su interior fue invadido por una cálida esencia que lo aturdió un momento, sintiéndose fresco. Pensó en lanzarse por los labios de Kurapika cuando el mismo lo hizo, esta vez, con cariño y ternura.

Se abrazó a su cuerpo y permanecieron así, en armonía y silencio.

La sangre todavía le ardía y su corazón, aunque más relajado, solía tener esos ataques de palpitaciones locas.

"Parece algo tonto...", Killua se detuvo a pensar, jugando con el arete del rubio.

"Pero...", Kurapika acaricio aquel rostro felino y peino sus cabellos mojados. "Creo que esto es amor"

De todas formas, no importa. Jamás dirían algo tan cursi como eso.

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Otra vez, le cambie varias expresiones para no hacerlo muy explícito y ganarme una categoría de censura. Espero les haya gustado el resultado.