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El día del estreno fue el martes, a la mañana.

Como se trataba de una obra escolar, no era necesario comprar entradas pero el muy tacaño de Leorio, sospechando que no irían a pagarle sus aportes, convenció al público de que era el vendedor de los boletos. Engaño especialmente a los padres y tutores, entre los cuales conoció al padre de Gon; Ging Freecs, un sujeto bastante peculiar, sin duda.

- ¿Ya me puedo ir?

El pelinegro se quejó a su compañera de cabello naranja, muy atractiva para su edad, que andaba a su lado.

- ¡Ging, le dijiste a Gon que vendrías! Cumple con tu promesa.

- Ya tengo la entrada, no puede decir que no lo intente.

La tía de Gon lo miro tan mal que muchos en la fila se apartaron de su aura violenta. Hicieron bien porque a los dos segundos Mito Freecs estampó su bolsa de mano en la cara de su primo, dejándole una marca roja y dolorosa.

- ¡Diablos, mujer! ¿Que llevas en la cartera?

Gon había hecho su trabajo. Bueno, nunca se le asignó un trabajo pero Kurapika realmente se asombró cuando vio a tanta gente acercarse a la sala. No había contado con la innata habilidad de Gon como promotor, sus palabras y sus sonrisas de fe hechizaban a la gente, más de la que tenía contada en un principio, para que fueran a ver el espectáculo.

Poco a poco, el salón de arte estaba lleno. El director Netero y el subdirector Pariston se ubicaron al frente, en sillas especiales, junto al secretario Beep, acompañados de los profesores más distinguidos y populares, queridos por los alumnos, como el profesor Kite de botánica; el departamento entero de educación física, liderado por el inspector Morel, y la sección de matemáticas, a cargo del profesor Know. Incluso, estaba presente la señorita Palm Siberia, maestra de arte, que tenía a todos muy asustados por sus repentinos cambios de humor. La mayoría del alumnado se encontraba allí también, algunos por obligación y otros por curiosidad.

- Gon tiene poder para atraer a la gente...- dijo Kurapika, temiendo que se sobrepasara el límite del espacio.

- Con tanta gente, deberemos esmerarnos mucho más- Hablo Pokkle, ya vestido en una yukata de antigüedad- Cuando tome este papel, pensé que vendría menos de la mitad.

- Dios, somos populares- Ponzu se froto la cara, nerviosa como nunca- ¡Estos son los dichosos quince minutos de fama!

- No, la obra dura una hora y veinte minutos- Kurapika estaba tan metido en la causa que calculo hasta el tiempo de duración, antes que empezara.

Sus compañeros lo miraron, sin saber qué hacer. Era razonable, ni su director comprendía de donde aparecieron tantas personas dispuesta a verlos y ahora debían dar un show que no decepcionara. Era una gran carga.

- ¡Ya está listo el tipo de las luces!

- La modista ha hecho un excelente trabajo. Ojala Leorio no venga e intente seducirla, sino nos cobrara el doble.

- La escenografía del primer acto está preparada. Oigan, ayúdenme a mover esta cortina de estrellas, está muy adelante.

- Killua- Llamo Gon, emocionado- ¡Mira allá! Al final, vino.

El albino ojeo detrás de las cortinas al salón, muy cuantioso como para encontrar a alguien reconocible.

- ¿Tu padre decidió venir?

- El también. ¿No te acuerdas de Hisoka? El mago de las calles, ¡está aquí!

- Oh,… ese pervertido.

Kurapika mando a todos que estuvieran en su correspondiente posición, ya no tenían tiempo que perder.

- Gon, Killua. Estamos por empezar, vayan con sus familias.

- Para mí, es mejor la magia dentro del escenario- Aludió Gon, entusiasmado.

- Nadie de mi familia vino, así que yo también me quedo- Comento Killua, con manos en los bolsillos.

- De acuerdo, pero ayuden con la utilería- Vigilando los alrededores, buscando que podía fallar, se encontró a su protagonista femenina, con signos de desmayo próximo, y poso una mano sobre el hombro trémulo de ella- Ponzu, te ves bien, todo saldrá excelente.

- Oye, amigo, es mi novia. Yo debería decirle eso.

- Pues díselo, Pokkle. ¿No ves que tiembla de miedo?

Tal como decía el folleto, adjuntado al boleto que Leorio cobro, la obra empezaría en cinco minutos. Kurapika los reunió a todos para animarlos con un discurso, que se dijo qué saco de algún libro de viajeros; las palabras rebuscadas de su director de escena lo delataban.

- …Y les deseo mucha suerte, ¡Vamos a empezar!

- Después de esto, seremos famosos.

- Hasta nuestros padres están aquí. No hay que hacer el ridículo.

Kurapika se puso a distancia del escenario. A su vez, Killua se le acerco por detrás, con una escoba peligrosa.

- ¡Killua!- Milagrosamente, Gon apareció justo antes que su amigo diera el golpe.

- ¡Niño loco! ¿Qué haces?

Genial, del júbilo los niños se enloquecen.

- Oí que decían "rómpete una pierna" y me lo tome literal...- contesto Killua, sonriendo divertido. Estaba claro que solo quería asustarlo pero su manera de llevar una broma era demasiado extrema.

- Killua, ¿No ves que Kurapika está nervioso? Vamos a ayudar a los vestidores.

- ¡No estoy nervioso!

Gon se quedó mudo, sin saber cómo tomarse eso.

Killua chasqueo la lengua.

- Si Gon no te cree, nadie lo hará.

- Solo déjenme trabajar.

En cuanto el telón subió, las luces pasaron a enfocarse al centro del escenario.

Todos contuvieron la respiración.

Kurapika trago duro.

Tenía que ser un éxito.

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Cuando la clase de Arte cayó en bancarrota, gracias a la negligencia voluntaria de Pariston y la vagancia del director Netero, ambos recordaron que una actividad escolar anual era lo que más generaba ganancias a la escuela, a la vez que era preciso enseñar cultura a los jóvenes. Pero…Un micro emprendimiento era muy osado, mucho dinero disperso. Una celebración con intenciones festivas era muy repetitivo. Contra todo pronóstico, los hombres decidieron emplear la vieja sala de arte, su escenario y escaso material, para revivir el espíritu artístico, montando una obra teatral.

El dilema fue elegir el tema. Ya que Netero odiaba los musicales, se optó por una historia sencilla y conocida. En una reunión preliminar, alguien postulo la idea de dramatizar "Romeo y Julieta", pero todos rechazaron la premisa, alegando que era una gran historia, compleja y de muchos matices, pero cansadora, archisabida y que exigía demasiado.

En medio del debate, la señorita Palm propuso a "La leyenda de Tanabata" y la mayoría aplaudió a su idea, aceptándola al instante. No solo porque Palm daba miedo si la contradecían sino porque la historia era llevadera, sólida, y cautivadora. Especialmente, porque estaban en víspera de Tanabata.

El director Isaac Netero eligió a Kurapika como el jefe de todo en cuanto supo que necesitaban a alguien responsable, sin miedo al compromiso y tan latoso como la Constitución. Por supuesto que Kurapika no puso pega, incapaz de decirle que no a una autoridad. Tan pronto fue oficial que la dirección de la obra caía en sus manos, el Presidente Estudiantil organizo un casting de actores. Apenas se presentaron cinco varones y acudieron veinte mujeres. El mayor desafío fue elegir entre tantas féminas a su protagonista porque todas querían el papel y era casi imposible repelerlas. Cuando pensó que estaba perdido, un pelirosado llamado Pokkle destaco como actor instantáneo, agradeciendo a su musa, su brillante novia Ponzu, conocida como la obsesionada con las abejas. Para acortar esfuerzo, Kurapika decidió emplearla, confiando que trabajar con su novia haría la actuación más natural. Tampoco quería ser el causante de un rompimiento por elegir a una chica para Pokkle, por si Ponzu resultaba ser celosa y la obra de teatro se convertía en un chisme de triángulo amoroso.

Por fortuna, Ponzu acepto.

Cuando el rumor de producción artística se hizo escuchar, aparecieron los chicos más populares de la escuela. Gon se ofreció a ayudar con ánimos de obrero. Cuando vio que Killua lo acompañaba, Kurapika comenzó a creer en el karma. Para no perder el control, se enfocó en la tarea que le confiaron. Más ayuda que personajes, eso hacía falta pues la leyenda de Tanabata era fácil y de contados personajes.

La energía emotiva de Gon lo contagio, especialmente cuando Killua pregunto que era la Fiesta de las Estrellas. Él era un niño rico, separado de los convencionalismos sociales. Su familia lo tenía tan protegido que hasta venia y se iba de la escuela en limusina, siempre traía un motín de almuerzo y hablaba orgulloso de cuantas competencias de videojuegos, concursos de Chocorobot y habilidades deportivas había ganado. El albino conocía el mundo pero no todas sus simplezas.

La historia de amor entre una princesa costurera y un pastor pobre no le pareció, "¿Acaso las posiciones sociales siempre hacen imposible estar con alguien? Que cliché más usado" dijo su cara en cuanto le dio un resumen. Solo le fue interesante que no tuviera final feliz. Separados por el Amanogawa, un rió celestial hecho de estrellas, que solo les permite verse una vez al año, el séptimo día del séptimo mes lunar. Gon no perdió el tiempo en informarle a Killua que solían hacerse festivales en honor a esa historia, colgando mensajes y deseos a un árbol de bambú. Al oír la palabra "festival", Killua quedo encantado y ayudo a la empresa con gran expectativa.

Con mando inflexible y ojo crítico, Kurapika se encargó de todos los pormenores para la obra. Cuando apareció Leorio, el estudiante de medicina, tuvo el presentimiento que todo acabaría en desastre, pero siempre que se mantuviera alejado y comprara los artículos que necesitaban lo toleraría. Gon era la risa en todas partes, siempre ayudando y trabajando con una sonrisa radiante. Era imposible que no fuera popular con esa personalidad tan alegre y optimista.

Al principio pensó que tendría problemas porque Gon conocía su secreto. Killua se lo contó, confiando en su amistad. Aunque ingenuo y poco entendido, Gon solo hizo preguntas ocasionales, todo por curiosidad. Mientras el Zoldyck se lo tomaba con calma, Kurapika se distancio o, más bien, se alejó de él y dedicó al trabajo, sin mezclar sentimientos que lo distrajeran. Prefería no abrumar a Killua con sus propios problemas. Muchas veces se encontraba pensando en Killua y en lo que podría estar haciendo, recordando sus conversaciones y su rostro al sonreír.

- Kurapika…

Alguien le tiro de la camisa y reconoció a su pareja clandestina, que lo miraba con pena.

- No te sientas mal... Al final, fue divertido.

- ¡Pero todavía no termina!

- Creo que deberíamos apresurarnos a eso- Killua se rasco tras la nuca, incomodo.

El rubio cerró sus puños, indispuesto a esa sentencia.

- No quiero que acabe así.

En ese instante, Gon apareció. Traía esa mirada de lástima que mejor ni mencionar.

- ¡Hay que intentarlo otra vez!- Grito, tratando de dar ánimos- ¡El show debe continuar!

Pero había quien ya no tenía esperanza.

- ¡¿Intentarlo otra vez?! No creo- Killua volteo a su costado para ver quien había dicho eso. Era Leorio, hecho un toro rabioso- ¡Esto es un desastre!

Sí, la obra teatral de "la leyenda de Tanabata" era un olímpico desastre.

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