La presente historia fue escrita especialmente para la dinámica navideña realizada en el grupo de Facebook Ranma 1/2 Latinoamérica.

Está dedicada con mucho cariño a la talentosa ficker Carol F. Vargas, quien me apoyó y animó a publicarla.

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Los personajes de Ranma 1/2 son creación de Rumiko Takahashi y no me pertenecen. Esta historia está escrita sin fines de lucro y únicamente con el objetivo de entretener.

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El mejor regalo

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Estaba harto…

El chico observó el objeto en sus manos, sucio y roto… Apretó los dientes con frustración y lanzó los restos de la envoltura al basurero. Metió las manos en sus bolsillos junto al único pedazo de tela que había sobrevivido y caminó cabizbajo hacia el lugar donde esta vez no tenía prisa por llegar.

Comenzó a cuestionarse si todo este desastre podría haberse evitado.

Esa mañana salió temprano del Dojo para dirigirse rápidamente al centro de la ciudad. Al llegar se acercó a una tienda específica y permaneció un momento mirando la vitrina, buscó apresuradamente con la mirada el objeto de su interés hasta que lo encontró: entre un sinfín de juguetes se hallaba una linda muñeca de tela de apariencia un tanto antigua, cabello negro y vestido rosa. Sonrió para sí mismo al recordar cómo días atrás había molestado a su prometida precisamente en ese lugar cuando efusivamente dijo que le encantaría tener algo así.

- ¡Que tontería! te comportas como una niña pequeña.

-¡No es cierto! Solo dije que era muy bonita- no pareció molestarse por el comentario, al contrario, continuó pensativa como si un lejano recuerdo llegara a su mente – Además es casi idéntica a una muñeca que me obsequiaron mis padres cuando era pequeña… Me gustaba mucho y la llevaba para todas partes… Creo que fue el mejor regalo que pudieron darme- Meneó la cabeza para volver al presente y le sonrió a su acompañante.

Ranma se sonrojó al ver su gesto, pero su inmadurez le hizo nuevamente desaprovechar el momento.

-Eres tan infantil- se burló cruzando sus brazos tras su cabeza- deberías preocuparte por aprender a cocinar, no quiero intoxicarme nuevamente con tus intentos de preparar galletas navideñas, no te imaginas lo horribles que son…

-¡¿Y quién te dijo que podrías probarlas?! – Akane se arrepintió de abrirse frente a él, nuevamente la decepcionaba, parecía no importarle nada de lo que le decía y siempre encontraba la manera de atacarla.

-¡Aunque te repita que no las quiero, siempre terminas obligándome a comerlas!

-¡Eres un tonto insensible!

Ese fue el inicio de otra discusión que terminaría como de costumbre con el chico (y su gran boca) estampado en el piso.

- Sin embargo, Akane estaba muy ilusionada mientras veía esa tonta muñeca… - pensó Ranma esa noche mientras intentaba dormir. Luego de unos instantes, se decidió - Si eso es lo que desea, le daré el mejor obsequio que podría recibir-

Durante las siguientes dos semanas hizo todos los esfuerzos posibles para conseguir el dinero que necesitaba.

Realizó la compra tan rápido como pudo y se encaminó de vuelta a casa esperando poder ocultar el presente hasta la noche. Todo marchaba bien, hasta que repentinamente un escalofrío recorrió su espalda seguido de unas conocidas voces que lo llamaban efusivamente. Shampoo, Ukyo y Kodachi estaban batiéndose a duelo para decidir quién de las tres pasaría la navidad con él y habían acordado que Ranma tuviera la palabra final, por lo que le urgían desesperadas que eligiera.

-¡No, hoy no tengo tiempo para esto! -gritó mientras las veía acercarse, de inmediato intentó eludirlas corriendo con todas sus fuerzas.

Después de eso solo vino el desastre, las hostigantes chicas le siguieron saltando a través de los techos mientras las esquivaba y maldecía a su mala suerte; inesperadamente tropezó, lo que ocasionó que el pequeño y delicado paquete que llevaba fuera a dar justo al patio de una casa donde un enorme perro comenzó a morderlo. Horrorizado quiso rescatar su valiosa carga, pero en ese momento sus perseguidoras lograron darle alcance.

Cuando finalmente logró deshacerse de ellas sólo pudo recoger el ajado y deshilachado cuerpo de lo que alguna vez fue una grácil muñeca.

Ahora no tenía nada que darle a Akane en navidad.

Sus pensamientos se interrumpieron al llegar al Dojo. Su sorpresa fue mayor al ver a su prometida recargada contra la puerta, esperando.

-¡Akane!

La chica se volvió hacia él, el joven comenzó a preocuparse.

-¿Ocurrió algo? – la cuestionó.

- Yo…

-Dime ¿Qué sucede? – comenzó a impacientarse.

- No, no… Es solo que yo… yo quería… - A pesar de su evidente nerviosismo sacó de detrás de ella un pequeño paquete mal envuelto y se lo extendió al mismo tiempo que se ruborizaba – que… quería darte esto… sin… que nadie se entrometiera…

-Qué … ¿Qué es eso? – titubeó.

-¿Tú que crees? ¡Es tu regalo de navidad! – él siguió mirándola desconcertado sin atinar a nada; eso la molestó y comenzó a arrepentirse de entregárselo - ¡Bueno, si no lo quieres…!

-¡No, dámelo! – se lo arrebató rápidamente.

Luego de unos segundos de duda lo desenvolvió. Dentro del paquete encontró una bolsa con unas pequeñas y coloridas galletas, se veían demasiado comestibles para haber sido horneadas por su prometida.

-No las preparé yo si eso te preocupa- se apresuró a aclarar Akane nuevamente irritada al ver la evidente duda en la cara del chico- las acabo de conseguir en una pastelería.

-¿Las… compraste? ¿Por qué no las hiciste?

-¿Bromeas? ¡Siempre te estás quejando de lo mal que cocino, que soy un desastre! Lo que menos necesito hoy son tus insultos y tus burlas – Ranma se sintió un canalla, Akane suspiró y se calmó – Sé que te gustan las galletas de navidad y quería hacer algo lindo por ti, sólo quiero verte feliz… - la chica se detuvo al darse cuenta que estaba hablando de más, al tiempo que comenzaba a sentir que los colores se le subían al rostro.

Ranma notó su gesto y también se ruborizó.

-Gracias, Akane.

Ambos se contemplaron fijamente por un instante expresando con sus miradas más de lo que podrían decirse torpemente con palabras.

-Será… Será mejor que entremos- ella rompió el mágico momento sintiendo que de seguir así ya no podría contenerse.

Volteó para abrir la puerta, pero de pronto Ranma la jaló tomando su mano.

-¡Espera!

La chica lo miró, se notaba tenso y… triste. Estaba confundida, ¿Acaso algo no le había agradado?

-Akane… Yo… Creo que debo disculparme…

-¿Disculparte? ¿Por qué?

-Yo… Yo también te tenía un regalo, pero… - Llevó su mano al bolsillo y extrajo un diminuto trozo de tela.

Entonces le mostró a la chica un pequeño lazo rosa, lo cual era todo lo que había quedado de aquel fallido obsequio. Akane lo observó con asombro, reconociéndolo al instante.

-Esto es… - De inmediato su mente la llevó a aquel momento cuando ambos paseaban por el centro de la ciudad y donde jamás imaginó que él la estuviese tomando en serio.

-Yo… Lo siento… Quería darte el mejor regalo, pero… Terminé arruinándolo todo… De nuevo… Tal vez si sólo hubie…

No pudo seguir hablando ya que en un inesperado acto de valentía y dejándose llevar por la emoción, Akane se abalanzó sobre él y envolviéndole el cuello con los brazos juntó sus labios con los del aturdido chico, sorprendiéndolo con un tierno y dulce primer beso.

Ranma, aún sin poder creerlo, quedó atónito por unos instantes, poco a poco comenzó a relajarse y rodeó a la chica por la cintura, correspondiendo a esos suaves labios que había anhelado por tanto tiempo.

Se mantuvieron así unos segundos más hasta que Akane repentinamente reaccionó y se dio cuenta de lo que había hecho. Totalmente avergonzada se separó de un salto y escondió su rostro entre sus manos, dándole la espalda.

-¡Lo siento!... No… No sé qué me pasó… - intentaba desesperadamente excusar su comportamiento.

-Akane yo…

-¡No es que yo quisiera… aprovecharme!…

-Akane…

-¡Yo… Debí comprarte un mejor regalo! – intentó cambiar el tema.

-¡Akane, basta! – el grito del muchacho la sobresaltó, nerviosa esperaba algún tipo de burla.

Ranma la observó con seriedad y se acercó hasta quedar a unos milímetros de su cuerpo. Se miraron por unos instantes hasta que el ojiazul, en un acto aún más inesperado para ella, la atrajo hacia sí y escondió la cabeza en su hombro.

-Ahora me has dado dos presentes y yo ninguno – Sonrió ruborizado - Pero éste sin duda fue… El mejor regalo…

El sol se ocultaba poco a poco y en las casas las familias comenzaban a reunirse para compartir la velada; mientras tanto en una pequeña y solitaria calle de Nerima, dos tímidos adolescentes dejaban atrás sus inseguridades al menos por esta vez, para expresar sus sentimientos sin palabras fundidos en un tierno y largo abrazo.

©Sue21