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- Esto está mal, mal, muy mal...

Kurapika salió afuera, aspirando aire fresco. Necesitaba un respiro.

¿Fue su culpa como director? ¿Era mala suerte? No, no creía en eso. Sus compañeros se esforzaron tanto, trabajaron durante semanas, prepararon el escenario, hasta Gon trajo a su padre. Ponzu estuvo nerviosa todo el tiempo y acabo por fracturarse la rodilla, cada actor fue protagonista de un accidente escénico diferente.

- ¿Te ayudo a pensar en una solución?

En la puerta, apareció Killua. En secreto, temía que Kurapika se desmayara por tanta locura.

- Debo resolverlo solo.

- Tomate el tiempo que quieras pero regresa. Nuestros compañeros te esperan, imagínate, todavía no te abandonan. Confían en ti.

- No soy digno- Se froto la cara, agobiado.

- Si ese público se queda es porque están esperando algo mejor para llevarse de recuerdo. No te estoy presionando, solo quiero que sepas que hay gente que espera por ti.

Sus palabras no apagaron su preocupación, la frustración imponente pintada en su cara, pero se calmó de a poco y se echó al pasto, con las piernas al pecho. Killua hizo lo mismo, a distancia de él.

En la brisa de primavera, armo el rompecabezas y pensó que tenía la pieza que faltaba cuando Killua se paró de repente.

Gon los encontró, agitado después de correr por toda la escuela. Traía una mirada aterrada.

- ¡Chicos! ¡Vengan aquí!

- ¿Que paso ahora?- Kurapika estaba hasta el cuello con los problemas así que se puso de pie perezosamente, quitándose el pasto de la ropa.

- ¡Vengan, es grave!

No necesito decirlo dos veces. Gon podía ser inoportuno, pero no exagerado.

El director ya no sabía que podía ser más lamentable que lo ocurrido en el escenario pero siguió el ritmo de la maratón, corriendo tras Killua, que discutía con Gon.

- ¿Qué otra cosa pudo pasar?

- No puedo decirlo, deben verlo.

- ¿Alguien hizo algo?

- ¡No lo sé pero quien haya sido es terrible!

- Gon, no te entiendo. ¿Qué diablos sucede?

- No les va a gustar.

- ¡Dilo!

Créeme.

- ¡Por allá, por allá!- Señalo Gon.

La entrada del salón de Arte estaba a un paso.

Vamos.

Hazlo.

Asombrosamente, Kurapika tomo la delantera y empujo la puerta con ambas manos, abriéndola de par en par, entrando de lleno al teatro.

Allí, docenas y docenas de personas se hallaban paralizadas, sumidas en el silencio del escándalo y la expectación.

Killua y Gon llegaron a su lado. Viendo el panorama completo, el albino abrió desorbitadamente los ojos, estupefacto.

Sobre el telón, se proyectaba una película de trama muy explícita, sugestivos movimientos y ruido de fondo.

Quiero tu marca.

¡Killua!

Una grabación a color, con enfoque y muy realista.

Kurapika dio un paso atrás, incapaz de reaccionar. Su cuerpo perdió la estabilidad, pues ni el mismo podía sostenerse.

Por el contrario, Killua dejo su incredulidad atrás para ver a Gon, buscando explicaciones.

- ¡¿Quién hizo esto?!

- ¡No lo sé, te juro que no lo sé!- Se apresuró a decir, ruborizado por esos sonidos extraños para el- Te dije que...

- ¡Ahí están!

Alguien grito entre la multitud y todos los seres vivos en el auditorio, todas las caras que se pudieran contar, no tardaron en ubicar a los actores fuera de la película y Killua trago duro.

Definitivamente, no era su día.

A un lado del escenario, Leorio y los otros, el reparto entero de la obra y algunos profesores que quedaron en ausencia del director, los miraban de reojo, demasiado sorprendidos como para decir algo al respecto.

Kurapika se sintió mareado, desorientado como un borracho, y se apoyó del mango de una silla para mantener el equilibrio. Su estado alarmo a Killua, que lo agarró del brazo bruscamente.

- ¡Vámonos de aquí!

Dicho esto, empezó a correr, llevándose a Kurapika a rastras, fuera del salón.

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No era el mejor lugar, pero fue una sorpresa que el baño del conserje fuera el más limpio de todos. Trabando la puerta por dentro, Killua espero.

Kurapika lo miro desde el piso del baño, mojada la cara y más desaliñado que nunca.

- ¿Te sientes bien ahora?

- ¿Cómo quieres que este?- espetó, débilmente.

- Hablaba de tu salud- Se agacho, tendiéndole una botella de agua- Tómala.

- No, estoy bien.

Killua entrecerró los ojos, sin creerle nada.

- Para ser la primera vez que tu tranquila existencia se esfumo por unos minutos de vídeo, te ves muy estable- Ironizo, mirándolo de reojo.

El rubio no le contesto, sino que se fijó en el temblor de sus manos. A decir verdad, tenía los labios entumecidos y perdió la noción de tiempo hace unos momentos atrás.

- ¿Cuánto tiempo estuve desmayado?

- ¿Lo notaste? Unos cinco minutos, te recuperaste rápido.

Se sobo la frente, agobiado por todo.

- Me siento en el ojo de un remolino dentro de mi cabeza.

- Debe ser la anemia.

- ¿Qué?- Kurapika se sorprendió, pero pronto entendió que era lo más lógico. Había llevado semanas con esa acumulación de emociones para que explotara en ese preciso instante- Sí, puede ser.

Acepto el agua y se la bebió en menos de un minuto, dejando la botella vacía. Jamás había estado tan sediento.

- Estoy agotado, hambriento y tengo sueño.

- Sí, tienes anemia severa- Killua se compadeció de él, busco en sus bolsillos y no hallo nada- Cuando salgamos, usare la tarjeta de crédito de mi padre y vamos a comer lo que quieras, lo que necesites comer. Quizás hígado, un asado...

- ¿Piensas que podemos salir?

- Algún día habremos de salir. No estamos encerrados.

- Solo escondidos como criminales.

- ¿No hubieras hecho lo mismo?- Kurapika parpadeo, sin saber cómo tomarse sus palabras. El niño prosiguió:- Si fuera por mí me quedaba y buscaba al culpable para molerlo a golpes, pero no te veías nada bien y no necesitabas que hiciera un alboroto.

- ¿Por eso vinimos aquí?

- No quería llevarte muy lejos; estabas débil.

- Gracias...Por todo.

Killua dudo acercarse a él, pero ya había sido suficiente. Demasiadas emociones en un día. Se quedaron en el baño lo que podría decirse una hora, hasta que el rubio se despabilo y pidió salir.

- ¿Estás seguro?

- No quiero esconderme.

- El problema no es esconderse, ya no- Apelo el menor, sonriendo a medias por el doble sentido de su frase- El verdadero desafío es enfrentar a esa gente y oír lo que tengan que decir.

- Todo estará bien- Con gentileza, tomo su mano y apretó con firmeza- Cualquier problema o locura que pase, quiero que estés conmigo.

El hijo Zoldyck abrió mucho los ojos, tomado por sorpresa. Jamás se esperó una frase tan bonita de sus labios.

- Cielos...- Soltó, en shock.

- ¿Creíste que te dejaría?

- Pensé...Que no querías tener más molestias- Confeso. Fue vergonzoso decirlo pero lo pensó, de verdad que lo considero. Durante toda esa hora, allí encerrados, había estado esperando su rechazo, preparándose para tomárselo con diplomacia.

Kurapika apoyo su mano en la espalda menuda de él y lo presiono contra su pecho.

- Te necesito, no eres una molestia.

Killua empuño las manos sobre la camisa del delegado. No sabía que pasaba, porque su corazón le bombeaba con velocidad, tanto que la sangre se le subía a las mejillas.

- Quiero un momento de paz. Deseo alejarme de todos, menos de ti. Por eso, ven conmigo.

- ¿A dónde? ¿Qué pretendes?- Fiel a su naturaleza juguetona, se le antojo una ocurrencia- ¿Una fuga de amantes?

- Eso no va contigo- Kurapika sonrió, despeinándolo con dulzura.

- ¿Entonces?- No quería insistir, la verdad es que quería permanecer allí, tener ese momento, que durara más, pero su curiosidad pudo más.

- Conozco un buen restaurante.

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