Disclaimer: Ninguno de los personajes de Avatar me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este FanFic que espero disfruten :)


¡¿Acaso estás ciega?!
Por Franela

II

Cuando el despertador sonó esa mañana supo que ese día sería de los peores. El cuerpo le dolía en extremo, desde hace más de una semana que Jeong Jeong está de pésimo humor y se desquita con ellos, sus alumnos. Estaba seguro de que ese tal Chan tenía algo que ver, y no se salvaría cuando lo viera otra vez en la Academia del Loto Blanco. Se levantó con pesadez y fue directo a la ducha, pues la noche anterior había llegado tan cansado de la Academia que no tuvo fuerzas para tomar una. Lo peor de todo es que ese día tenía examen y casi ni había estudiado.

Al momento de salir de salón de clases sabía que no le había ido muy bien en la prueba. Últimamente los estudios no se le estaban dando. Su padre era un hombre de negocios, de esos que no descansan hasta tener un imperio bajo su mando, al igual que su padre, y el padre de su padre; y como Azula, su hermana. Él, en cambio, era más parecido a su tío Iroh desde hace algún tiempo, más de lo que le gustaba admitir. Hacía no muchos años era igual a su padre, despiadado, un ser prácticamente sin alma, pero todo había cambiado un día de verano.

Como todos los años su familia había ido de vacaciones a la región de Ember, un lugar turístico con una de las mejores playas. Su estancia había resultado placentera, como era habitual. No obstante, su viaje de retorno se vio truncado por un camionero que traía cortado los frenos de su vehículo. En el lado izquierdo de su rostro había una fea cicatriz que ahuyentaba a cualquiera, casi como una quemadura, y es que una parte del motor del camión lo golpeó directamente, hirviendo; tuvo suerte de no perder la visión en aquel ojo. Esa era una marca que significaba que había vivido. Su madre, sin embargo, no corrió con tanta suerte. Desde entonces las discusiones con su padre se habían tornado más frecuentes ahora que Ursa ya no estaba para frenarlas, y terminaron cuando él no quiso seguir los pasos de su padre para no convertirse en aquel monstruo que era y éste lo echó de la casa.

Su tío Iroh, irónicamente, hermano de su padre, fue quien ocupó placenteramente ese lugar, a pesar de que parte de él sabía lo había ocupado siempre. Debido a la renuencia de Zuko a vivir con su tío, éste le ayudó a conseguir un departamento a bajo costo y un empleo de medio tiempo para complementarlo con sus estudios; cuando lo perdió —pues se había puesto a pelear con un compañero de trabajo por una tontería, terminado atacándose cada uno con su elemento en el estacionamiento— prácticamente lo obligó a asistir la Academia de control en el que trabajaban viejos compañeros de universidad, esperando controlar el mal carácter de su sobrino. Zuko había tenido que aceptar a regañadientes, pues le debía mucho a su tío.

Suspiró cansado y decidió volver al pequeño departamento en el que vivía —ya que no podía costarse uno mejor—, esperando que, si existía alguna deidad, lo ayudara con su examen. Un par de horas después fue a la Academia y tuvo su desquite con Chan. Lo que no se esperó, sin embargo, fue que la risa de Bumi se escuchara hasta la sección de los maestro fuego. Sabía que el hombre estaba loco, casi desquiciado, pero su risa había sido demasiado alta esta vez; incluso logró perturbar la solemnidad de Jeong Jeong. Éste dejó a sus alumnos por unos momentos y se encaminó a la sección de Bumi. Tanto Zuko como los demás aprendices de Jeong Jeong caminaron tras él, movidos por la curiosidad ya que, cada vez que esos dos maestros discutían, era Pakku —encargado de la sección de los maestro agua— quien debía intervenir. A veces a Zuko le parecía que los ancianos hombres se comportaban como unos niños, en especial Bumi.

—¿Por qué haces tanto alboroto? —preguntó Jeong Jeong en cuanto llegó a la sección de los maestros tierra. En ese momento alguien se estrelló contra la muralla junto a la puerta donde estaba el maestro fuego; Jeong Jeong apenas se inmutó.

—¡Tienes que ver esto! —exclamó Bumi, dando un salto, señalándole al centro del cuadrilátero de tierra que se extendía a unos pocos metros de sus pies; los ojos saltones del maestro tierra brillaban con entusiasmo mientras seguía empecinado con que su par observara lo que él señalaba.

En medio del cuadrilátero se erguía una figura menuda. A pesar de que su cabello estaba peinado en lugar de caer libremente por sus hombros como cuando la había visto por vez primera, Zuko la reconoció de inmediato como la loca de unos días atrás. Quien había golpeado violentamente la muralla junto a Jeong Jeong hacía algunos segundos comenzaba a reaccionar, quejándose de dolor. Volviendo a centrar su atención en la chica, que seguía de pie en medio del cuadrante, el joven maestro de fuego se dio cuenta de que alguien corría hacia ella por la espalda; y antes de que cualquiera pudiera hacer siquiera un grito de advertencia, éste volvía por donde había venido, pues una columna de tierra había emergido del suelo para devolverlo a su lugar con tan sólo un movimiento de pie de la muchacha. Una chica llegó por delante, usando tierra control para crear pequeños proyectiles que le lanzó a la pelinegra, y ésta última los desvió todos y cada uno de ellos, apenas moviéndose de su lugar. Creo además una barrera para defenderse de quien había golpeado la muralla.

Con tres de los cuatro maestros atacándola simultáneamente, la chica pudo defenderse fácilmente. Bumi los detuvo al cabo de unos momentos y se volvió sonriente hacia Jeong Joeng, quien mantenía su mirada seria.

—¿Lo viste?, ¿lo viste? —pregunta ensimismado el maestro tierra a su símil de fuego—. Es la chica de la que te hable, ¿recuerdas?, ¿recuerdas?

—No está mal —concedió éste.

—¿No está mal? —exclamó Bumi, atónito, con el rostro desfigurado de forma exagerada, repitiendo cada sílaba otra vez—. Cuatro maestros tierras ¿y sólo dices "no está mal"? ¿Qué está mal contigo?

—Son chicos de tercer nivel, son principiantes, no puedes darle mucho mérito a la muchacha por ello.

En la Academia del Loto Blanco existían tres niveles de alumnos, siendo los de primer nivel los mejores. Zuko era de nivel dos, lugar que le costó alcanzar pues Jeong Jeong, quien odiaba a quienes manejaban el fuego control con ira, se encargó de que él pudiera entrar en un estado de meditación profunda para desprenderse de ésta al momento de crear fuego. Antes de que Bumi pudiera replicar a las palabras de Jeong Jeong, éste se volteó para encontrarse con prácticamente todos sus alumnos. Les dirigió una mirada dura.

—¿Qué están haciendo aquí? —preguntó—. ¡Vuelvan ahora mismo a su sección!

Todos se devolvieron rápidamente sobre sus pasos, dado que no querían despertar la furia —por irónico que pareciera, del maestro fuego. Zuko se mantuvo por unos segundos más en su lugar, viendo como la chica se volteaba hacia él. Sentía que lo estaba mirando, pero él sabía que ella no lo veía ciertamente. Aquello lo inquietaba. Se dio cuenta de que Jeong Jeong también lo veía, así que se fue de vuelta a su sección.

Cerca de una hora y media después, Zuko salía de las duchas de la Academia. Pocos quedaban ya por el lugar; él aguardaba por su tío, quien iría a ver a sus viejos compañeros de universidad. Escuchó unos golpes en el gimnasio. Extrañado se dirigió hacia allá, seguro de que todos ya habían dejado el entrenamiento por ese día. Se encontró con la muchacha de negro cabello lanzando trozos de piedra a diestra y siniestra, saltando por ahí y allá, como si estuviera luchando contra alguien. Al cabo de menos de dos minutos se detuvo, con el sudor recorriéndole la frente y el cuello. Dejó la posición ofensiva que había tomado y se relajó, inspirando hondamente.

—Sé que estás ahí —dijo de pronto—, no tienes que esconderte.

Zuko sabía que le hablaba a él, y nada le extrañó más. ¿Cómo podía verlo, más aún cuando ella era ciega? Salió detrás de la muralla que pensaba lo ocultaba de ella para ponerse en evidencia, sin embargo, no tuvo tiempo para poder defenderse, pues fue la voz de su tío la que sonó en la sección de maestros tierra.

—Veo que ya se conocen —dijo Iroh, adentrándose por el segundo acceso a la sección de tierra en compañía de sus viejos compañeros de universidad, los tres jefes de cada elemento—. Me han ahorrado tiempo. —Se volteó hacia la muchacha y le dirigió una sonrisa, como si ella fuera a verla—. Un placer volver a verte, Toph.

—Temo no poder decir lo mismo —replicó ella, con un tono ligeramente teñido de burla, mientras se volteaba en su dirección. Tanto su tío como ella soltaron una risa.

—Te presento a Toph, Zuko. —Esta vez su tío se dirigió a él—. Toph, él mi sobrino.

La chica le dirigió una mirada, o algo así pensaba el muchacho, ya que sabía que ella no podía verlo realmente. Era bastante incómodo a decir verdad. Ella volvió a ignorarlo.

—¿Nos vamos ya? —le preguntó a su tío.

Bumi parecía divertido con la situación, mientras que los otros maestros guardaban silencio. Iroh pareció detectar la interrogante en el rostro de su sobrino, y de inmediato se apresuró a aclarar la situación.

—Toph vivirá conmigo por algún tiempo.

...

¡Hola!

He vuelto con otro capítulo y, bueno, esto salió xD
No sé qué opinan ustedes, pero a mí realmente me gusta ver a estos tres maestros juntos en situaciones de no-guerra, creo que son divertidos :P

Gracias por sus reviews, son los mejores por apoyar esta locura(?)

¡Adioses, que tengan una linda semana~!