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Al día siguiente, muy temprano en la mañana, el hijo de Ging Freecs corrió de su casa.
Durante toda la noche estuvo dándole vueltas a un asunto, sin concebir el sueño. Se fugó masticando el desayuno con tostada y mermelada, tragándose el jugo, sin dejar de correr por la calle. Sabía quién podía darle una respuesta y también estaba seguro de que lo encontraría en la sección de entretenimiento del mercado central de la ciudad.
A tiempo récord, entro al edificio y busco una tienda en especial.
Una vez allí, le sorprendió grandemente encontrarse con el Genei Ryodan. Los reconoció porque iban al mando de su líder, Kuroro, un hombre alto y atractivo con un signo religioso tatuado en la frente, seguido de un enano espeluznante y una mujer rubia que andaba con el pecho descubierto. Verlos le dio un poco de miedo pero trato de ignorarlos para buscar a la persona que necesitaba urgente.
No se tardó nada porque era imposible no notar a ese personaje bravo, cabello rojo llamativo y ojos dorados que pedían sangre, vestido como arlequín en la sección de disfraces, contemplándose frente al espejo con vanidad.
Gon sonrió alegremente y lo llamo.
- ¡Hisoka!
El payaso ya lo había visto por el espejo, pero tenerlo en persona era mucho mejor.
- Gon, mi fruta inmadura. ¿Qué haces aquí? No es un lugar para niños.
- ¡No soy un niño!- Se quejó, inflando los cachetes de manera graciosa- Te estaba buscando.
- ¿A mí? Qué honor.
- Necesito algo importante.
- ¿Que será...?- Hisoka movió su dedo índice en círculos, apuntando hacia el pelinegro.
- ¡No te hagas el tonto! Tú sabes qué. Ayer, en la obra...La pantalla, el vídeo...entiendes...- Comenzó a susurrar, incomodo de hablar de eso en un lugar público.
- Con que te refieres a eso...- Hisoka sonrió de una manera que no hacía sentir seguro a nadie- Fui a ver la obra porque insististe mucho y había pasado tiempo desde que vi el teatro. La verdad, nunca pensé que vería porno casero.
- ¡No lo digas tan alto!
- ¿Porque la cautela? A esta hora, todos deben estar enterados.
Gon empuño las manos, sí, se lo temía. Noticias así eran imposibles de frenar.
- Vine aquí para hablar de eso, contigo.
- Vaya, ¿Me estas acusando de algo? No tengo motivos para hacer algo así, aunque fue muy divertido.
- Sé que no fuiste tú, Hisoka- Declaro Gon, sorprendiéndolo por su franqueza- Pero, si sabes quién lo hizo.
Hisoka parpadeo, un breve y ligero parpadeo, para cambiar su cara relajada y atenta a una de malicia.
- ¿Porque piensas eso?
- Cuando Leorio puso la película, sin saber su contenido, te vi entre la gente. Antes que nadie, tú te comportaste raro, como si lo anticiparas.
- Increíble, un niño me descubrió.
- ¡Basta con eso!- Valiente, se acercó a él para hacerle saber que iba en serio- Necesito saber quién fue, debo decírselo a Killua.
- A todo esto, ¿Cómo se lo está tomando?
- El y Kurapika han desaparecido.
- Fueron rápidos.
- No juegues y dime la verdad. ¿A quién estas protegiendo? Me sorprende que tengas lealtad.
- Cielos, Gon- El mago se tapó los ojos con la mano, conteniéndose las ganas de ser violento, de ser salvaje. Solo ese joven podía provocarlo fácil- Solo quiero divertirme un poco más con este escándalo.
- No entiendo que te puede gustar de todo esto- Dijo Gon, desconcertado por su placer ante la desgracia ajena- Igual, no importa que excusa pongas. Sé que lo sabes. Dímelo- El hombre no dio el brazo a torcer, entretenido por sus intentos para hacerlo hablar- Ayuda a mis amigos, haré lo que tú quieras y no te molestare más.
Hisoka aparto un dedo sobre su ojo derecho y miro al niño fijamente, con una sonrisa oculta bajo su palma.
- ¿Harás lo que yo quiera?
- Sí, sí. Solo contéstame y te dejare en paz.
Hisoka comenzó a acariciarse el mentón, pensativo.
Gon comenzaba a impacientarse. Hubiera querido confrontar al mago la tarde de ese incidente pero entonces ya se había ido y solo lo hubiera podido encontrar en la mañana, en esa tienda de ropa especial.
Killua lo necesitaba y Kurapika no se merecía lo que había pasado. Gon no era de echar culpas o sentir rencor pero lo que paso cruzo los límites de la privacidad y la dignidad, y sabía que Hisoka podía quitarle el misterio. Su deber como amigo era averiguar quien puso ese vídeo y contárselo a Killua, luego él se las apañaría a su manera.
- Muy bien.
El pelirrojo se decidió, muy conforme con la oferta.
- Genial, dime.
- Antes de eso, ¿Puedo pedir mi premio ahora?
- ¡No te aproveches!
- Dijiste "lo que yo quisiera".
- De acuerdo, sí- Se rindió, él y su bocota- ¿Qué quieres?
- Estupendo- El mayor se froto las manos frente a su rostro, admirando al niño por encima con una sonrisa que pecaba de malévola- Quiero que seas mío.
Cuatro, cinco segundos. El cerebro de Gon hizo cortocircuito, incapaz de procesar esas palabras en su totalidad. Hizo un leve gesto de confusión, más curioso que otra cosa.
"Creo que no me explique bien, oh bueno, jamás conocí a alguien tan inocente para estas cosas", pensó Hisoka a sí mismo, un poco desalentado.
Al fin, Gon Freecs reacciono, con una mano al pecho y dando un gran suspiro.
- ¡Que alivio!
- ¿Eh?
- Pensé que me pedirías dinero como los bravucones de la escuela.
- Gon- Nombro, grave. En vez de enojarse por la confusión, se animó más- Quiero pasar un largo rato contigo.
- Esta bien- Acepto, sin rodeos.
- Es un placer hacer negocios contigo- Dijo Hisoka, aguantándose la risa que se le escapaba por la garganta- Ahora, mi parte. Te revelare quién fue el indecente.
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Gon tuvo un estremecimiento en la columna dorsal cuando la mirada de Hisoka se cruzó con la suya y, aunque le asusto en lo profundo de su ser, también le pareció ver algo mágico en esos ojos de oro. Pero no había tiempo para pensar en eso. Ya tenía lo que quería y debía decírselo a Killua cuanto antes.
Como mejores amigos, Gon sabía que el albino jamás se retiraba ante una batalla, especialmente una de respeto como esa, pero Kurapika era mucho más reservado y por lo tanto debían estar juntos, esperando que las cosas se calmaran. También sabía que si el Zoldyck no se aparecía en su casa después de las once lo mandaban a buscar con un ejército de mayordomos. Ante situaciones así, Killua le confió un número celular para comunicarse, a escondidas de su familia, con la promesa de que no lo delatara.
Con paso veloz, el pelinegro entro a la primera cabina de teléfono que encontró y marco el número privado. No tuvo que esperar mucho para escuchar la voz de su querido amigo en apuros.
- Hola, Gon.
- ¡Killua! ¿Dónde estás, te encuentras bien, que fue de ti?
- Más despacio- El moreno se alegró del tono normal de su voz, sereno e indiferente. Desde el móvil, pudo escuchar roces de sabana y golpecitos de porcelana- Estoy en un hotel, desayunando.
- ¿Y Kurapika?
- En la ducha. Jugamos al doctor mermelada.
- ¿Qué es eso?
- Algo nuestro. ¿Y, que cuentas?
- Sé quién grabo el vídeo.
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Entre el champú y sus derivados, Kurapika trataba de quitarse el dulce del cabello. Sus dedos se sentían pegajosos a medida que lavaba. Debió haber sospechado que Killua, ávido ladrón, se guardó los sobres de azúcar con segunda intención, porque si no los hubiera usado en los cinco postres que pidió en el restaurante. Kurapika apostaba que Mechi lo boto de por vida. Killua no solo se robó las muestras gratis, también llamo "vieja" a la jefa gourmet y ambos echaron fuego por los ojos.
Fue un verdadero atropello escapar de allí, luego que Killua usara la tarjeta de su padre para pagar la cena y le avisara, en ese mismo instante, que debían separarse porque su familia lo estaría buscando.
- Sabrán donde estoy y que viole el toque de queda- Aviso, mirando la tarjeta de crédito rencorosamente.
- No puedo creer que no pensaras en eso.
- Pensaba en ti- Rectifico, ofendido- Ahora que has comido, te ves mejor. Has recuperado tus fuerzas y podemos irnos más tranquilos.
- ¿Te iras a tu casa?- Por alguna razón, no le gustaba la idea que se fuera.
- Aun si no voy, me encontraran. La tarjeta, mi celular y mi mochila tienen GPS.
- ¡Que controladores!
- Defectos de ser el heredero.
Killua estaba dispuesto a irse y llamar a un mayordomo para que lo recogiera, cuando Kurapika lo paro a medio camino.
- ¿De verdad quieres irte, Killua?
- ¿Tienes otra idea?
- Quédate conmigo- Pidió y escucharse decir eso fue muy embarazoso, evitándole la mirada-… Un poco más.
Subió un poco los ojos para ver el mentón de Killua, que movía los labios tímidamente.
- Sí.
La sonrisa de Killua superaba a la Mona Lisa con creces.
Pero la imagen se rompió en pedazos cuando escucho un potente grito, proveniente del cuarto. Con premura, se echó una toalla a la cabeza para que no se le cayera el shampoo y salió del baño, encontrando a Killua sano y salvo, tal como lo había dejado, untado en dulce de damasco y en calzoncillos, gritándole a un aparato telefónico.
- ¡Ese infeliz me las pagara!
Luchando contra el deseo de romper el celular, Killua intento hablar sin gritar.
- Esto fue demasiado lejos. ¿Cómo te enteraste?- Frunció el ceño ante la contestación de la otra línea- ¿A qué te refieres con que no me lo puedes decir? ¿Y qué pruebas tienes? No dudo de ti, pero...- Su faz volvió a incendiarse de rabia- Sí, es cosa suya. Lo suponía, sí, Gon, te creo. Gracias. Llámame si sabes algo más.
Corto la llamada y dejo el móvil en una mesita de noche, dando un pesado y duro suspiro, un largo suspiro lleno de coraje.
Kurapika espero para preguntar.
- ¿Killua?
- Fue Illumi.
- ¿Qué pasa con él?
- El cambio las cintas y dejo que toda la escuela viera nuestro debut amateur.
El degradado presidente de la clase apenas logro analizar la revelación por completo, sin caber en sí de la sorpresa.
- ¿Tu hermano...Nos hizo esto?- Quiso corroborar, pero era más claro que el agua.
- Tú no tienes la culpa. Él quiere castigarme a mí.
La pregunta gritaba en el aire por si sola.
- ¿Porque?
- Cosas suyas- Contesto, evasivo- Deberemos seguir escondidos aquí, pagando en efectivo. Volveré a casa solo para meterle a Illumi sus agujas por el ojo.
- ¿Agujas?
- Dejo una durante la obra, al lado del reproductor. Si nos hubiéramos quedado, me habría dado cuenta. Es su marca personal.
- Killua, no te ofendas- El rubio estaba desbordado por la noticia, recostándose al marco de la puerta- Tu familia está loca.
El niño sonrió, sarcástico.
- Para ellos, es todo un cumplido.
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Nota de Autora: Sí, Mechi tiene un restaurante, le pese a quien le pese su maravilloso carácter. Sí, el Genei Ryodan y Hisoka frecuentan la misma tienda. No, me da escalofríos contarles qué tipo de tienda es (Y como Gon no se da cuenta)
¿Qué pasara con la pareja? ¿Podrán volver o seguirán ocultándose?
Extra (Entrevista a la profesora Biscuit)
Biscuit: Así que al rubio le gustan los pequeños… ¡Hay que parar esta desfachatez!
Illumi: Tengo más copias del vídeo.
Biscuit: ¡Dame diez!- Grita con focos de luces en los ojos y muchos billetes en mano.
…Tal vez deban quedarse escondidos otro rato.
Nos leemos pronto.
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