Disclaimer: Ninguno de los personajes de Avatar me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este FanFic que espero disfruten :)


¡¿Acaso estás ciega?!
Por Franela

III

Desde que su tío hubo dicho aquellas palabras, apenas había pasado una semana. Con los estudios y el trabajo no tenía el tiempo para saber los detalles, pero no había otra cosa que inquietara su mente más que aquella chica viviendo con Iroh; deseaba saber qué ocurría en aquella casa, sin embargo, no podía llegar y preguntárselo directamente, ni siquiera a su primo, Lu Ten, quien pasaba ocasionalmente por ahí algunas veces al mes.

¿Cómo es que esa tal Toph había conocido a su tío? ¿Qué clase de relación mantenían? ¿Estaría relacionada tal vez con Lu? ¿Una amiga o... o una novia quizás?

—Concéntrate en lo que haces, Zuko. —La voz de Jeong Jeong podía ser realmente molesta a veces.

Desde que había subido de nivel en su calidad de alumno, Jeong Jeong era cada vez más insoportable, recalcándole cada vez que tenía la oportunidad de que estaba donde estaba debido a la amistad con su tío. En momentos como aquellos envidiaba a los chicos de Tierra, pues Bumi seguía tan hilarante como siempre (y Pakku tan de hielo como cada día) y parecía que él se divertía más en su trabajo.

Cuando su hora de entrenar terminó no pudo evitar caminar hacia la sección de maestros tierra como cada ocasión en la semana, espiando a aquella muchacha y su habilidad. Ya sabía que no podía ocultarse de ella, y aun así le gustaba verla escondido tras una de las murallas. Después de unos minutos, se marchaba a su departamento, frustrado por no ser capaz de llevar el control que ella parecía dominar a la perfección: no sólo Bumi tenía una excelente relación con ella, sino que parecía fascinado con sus movimientos y su habilidad, le daba consejos que calificaban como personales y reían juntos. Estaba seguro de que jamás había escuchado algo cercano a una risa escapar de los labios de Jeong Jeong. No es como si le importara realmente tener una buena relación con su maestro, ambos eran de caracteres muy diferentes, no obstante, le molestaba aquella picazón en el cuello cuando veía al par de maestros tierra tan conectados el uno con el otro.

Llegó a tirarse sobre su cama, agotado por un viernes que fue más duro que cualquier otro día de la semana, contrario a lo que habitualmente se creía. Sentía los hombros pesados, ni siquiera tenía deseos de cerrar la ventana junto a su cama que permitía el ingreso del aire nocturno. De reojo vio la luna llena ocupando el cielo.

«Debe ser por eso —pensó—. La luna no me ayuda exactamente.»

Decidió dormir así, sintiendo el frío viento rozando su piel.

Cuando llegó la mañana, el cálido roce de los rayos del sol lo reconfortaron.

Como un niño que no quiere despertar, se retorció entra las sábanas que poco lo cobijaron durante la noche. Le agradaba el calor, sentía su cuerpo vivo cuando el aire le faltaba por cansancio al saber que su sangre fluía caliente por sus venas. No concebía como los maestro Agua podían sentirse a gusto entre el hielo, cuando la sangre se congela en tu interior. Para él, no había nada más cómodo y agradable que sentir calor sobre la piel, esa sensación abrigadora que recorre cada centímetro de tu cuerpo, cuando un escalofrío de placer te recorre la espalda por un cálido roce.

Tenía unas semanas de descanso en la universidad debido a las vacaciones, así que se dio el lujo de quedarse unos minutos en la misma posición, disfrutando de aquel pequeño placer que consideraba sagrado.

Recordó las vacaciones de verano cuando su madre estaba con él, y cómo ella iba a despertarlo acariciándole el rostro con sus manos suaves y gentiles. Se tocó la cicatriz que tenía en el rostro: el tacto no era el mismo, y la piel acariciada lo era mucho menos.

Mientras se preparaba el desayuno sonó el teléfono, y se sorprendió al darse cuenta de que era su primo quien llamaba. Estaba en el aeropuerto de la ciudad luego de un viaje de negocios y quería que fuera a la casa de su tío, ya que sabía que sus vacaciones habían comenzado y era un buen momento para almorzar juntos. La llamada, bastante breve por lo demás, no hizo alusión alguna a la muchacha que él sabía vivía con su tío Iroh en esos momentos. No creía que Lu Ten desconociera su existencia. De cualquier forma, se dio cuenta de que sería la primera vez que visitara a su tío desde que la conociera a ella.

Perdido en las razones que había tenido para no ir a verlo en una semana completa —cosa que jamás había ocurrido, siempre iba a su casa al menos dos veces por semana—, el agua que había puesto a calentar para tomar té estaba haciendo ruido hacía rato, y tiempo le costó darse cuenta. Salido del trance, aun cuando usara todo el tiempo del desayuno en ello, no pudo dar con la respuesta a su pregunta.

Mientras ordenaba algunas cosas en departamento recibió otra llamada, esta vez de Iroh.

—¿Cómo estás, querido sobrino? —dijo el hombre por teléfono. Zuko casi podía visualizar cómo jugaba con sus piezas de Pai Sho mientras hablaba con él—. No he sabido de ti en esta semana. Te ha llamado Lu, ¿verdad?

—Estoy bien, gracias, tío. —Dejó lo que estaba haciendo un momento, como buscando una excusa—. He estado ocupado esta semana, como fue la última de clases, todo es complicado. —Ni siquiera él parecía convencido de sus palabras—. Y sí, Lu me ha llamado para invitarme a almorzar.

—Entonces puedo contar con tu presencia. —El hombre hacía una afirmación, no una pregunta. A veces a Zuko le molestaba la templanza con la que hablaba su tío, y más aún cuando parecía seguro de sus palabras. Envidia, era quizá la palabra más adecuada.

«Más sabe el diablo por viejo», se dijo para sus adentros.

—Sí, iré —respondió, parco, como siempre.

—Genial —exclamó entonces—. ¿Sabes? Hace mucho que no pongo mesa para cuatro. —La voz de su tío hacía una alusión obvia, tanto que casi podía palpar la añoranza que expedían—. Bueno, nos vemos, querido sobrino —se despidió.

Antes de darse cuenta, la llamaba había finalizado.

«Entonces ella sigue allí.»

Terminó lo que estaba haciendo antes de salir de su departamento. Hizo el mismo camino de siempre, cruzando las mismas calles que cruzaba todos los días, hasta que calló en cuenta de la esquina en la que estaba parado. Era la misma en la que la había conocido, donde la vio correr con decisión y donde ella le cayó encima. Fue allí donde vio esos ojos extraños, perturbados y con algo en lo que no había reparado hasta entonces: era unos ojos grises llenos de miedo.

...

¡Holas!

Pues, me he demorado mucho, lo siento, y mi única escusa es que me agota demasiado el trabajo de verano en el que estoy.
Es terrible que terminara la escuela para ser promotora de ropa escolar xD
Bueno, termina el mes y termina mi trabajo, pero comienzo la universidad D:

¡Nos vemos en otro capítulo~!