Disclaimer: Ninguno de los personajes de Avatar me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este FanFic que espero disfruten :)


¡¿Acaso estás ciega?!
Por Franela

IV

La casa de su tío era de un tamaño considerable, si se tomaba en cuenta que él se había retirado hacía mucho de los negocios familiares. Desde la muerte de su esposa tras el nacimiento de su primer hijo, Iroh fue alejándose cada vez más de los negocios que antes satisfacían sus necesidades más básicas, y fue tomándole aprecio a otras cosas que, según sus cercanos (entre ellos su propio hermano menor), fueron haciéndolo más débil. Ver a su hijo jugar con sus primos mientras bebía té con Ursa, acomodados en la terraza de su hogar, se convirtió en el mayor placer que podía alcanzar, y continuó en ello después de venderle a su hermano menor su parte de la empresa para desligarse de todo; todo hasta que aquella mujer de dulce sonrisa desapareció también de sus vidas. Después de aquel accidente, Ozai se volvió celoso del tiempo que su primogénito pasaba con él, y casi todo contacto se cortó.

Iroh poseía un alma tranquila, jamás se exaltaba (a menos que una pieza de su preciado Pai Sho desapareciera sin dejar rastro) ni mucho menos elevaba la voz al discutir; era un hombre comprensivo, siempre buscaba los porqués detrás de acciones que parecían extrañas y, usualmente, llegaba a una conclusión acertada. Quizá por ello a Zuko le era más fácil tratar con su tío que con su propio padre, y es que dos seres tan parecidos de carácter trataran de convivir en paz, cuando se trataba de personalidades explosivas al menos, y nada más tenían en común, era prácticamente imposible.

A pesar de todo, en el momento en el que golpeó la puerta que había golpeado durante toda su vida, se sintió como un extraño que quería entrar a un hogar que no le pertenecía. Por algún motivo, sintió que aquella semana de ausencia había mermado (más de lo que podría haber admitido) en la relación con su tío, la única familia que le quedaba.

Fue su primo Lu quien abrió la puerta y lo invitó a entrar entre sonrisas y saludos, anunciándole que estaban todos en el patio. «Todos», se repitió para sus adentros. Ya no era «mi padre y yo» lo que salía de los labios de Lu Ten. El lugar en la terraza que ocupó su madre años atrás, cuando la vida parecía perfecta, era ahora cubierto por una chica que nada se parecía a ella. Ursa tenía un cutis de un tono más vivo y mucho menos sucio que la piel de aquella muchacha, sus ojos castaños resplandecían con una dulzura que parecía jamás haber aparecido en las írises de la joven, y sus labios tendían a curvarse con una frecuencia casi abrumadora, contrario al gesto altanero de aquella dueña de un ceño siempre fruncido. Además, su madre jamás habría lucido aquellos pies descalzos cuyas plantas estaban llenas de tierra como si fueran trofeos de guerra.

—Qué bueno que ya llegaste, querido sobrino —dijo su tío, en medio de una carcajada que le había arrancado una lágrima de uno de sus ojos—. Ven, siéntate, que tu primo nos estaba contando acerca de su viaje.

En efecto, Lu retomó una historia sobre unas vivencias mientras estaba en el extranjero. No eran tan graciosas como para haber obtenido aquella reacción en su tío, pero eran los comentarios anexos que hacía Toph al respecto, de vez en cuando, lo que hacía reír al par de hombres como si hubiese sido lo más ingenioso del mundo. Zuko, por su parte, no les hallaba la menor gracia: es más, sus comentarios los consideraba absurdos y vulgares. Sobre todo vulgares.

Sin embargo, más que reparar en la clase de comentarios que hacía y la reacción que éstos provocaban, algo no podía escapar de su mente: ¿Cómo podía demostrar aquella fachada despreocupada cuando ante él, algunas semanas atrás, había manifestado unos ojos tan atemorizados por un segundo? Lo mismo ocurría en la Academia, donde sus comentarios y sonrisas mordaces le daban un aspecto de una chica que parecía tenerlo todo y no importarle, cuando en realidad tenía nada y afectarle tanto como para darle una vez, y tan sólo una vez, aquella mirada.

¿Por qué (también) la había recibido su tío en su casa? ¿Qué sabía ese hombre con una sonrisa tan dispuesta que él no? ¿Por qué parecía ser él el único en darse cuenta que ese ambiente de felicidad tan plena que todos mostraban no era más que una mentira? ¿Sería acaso porque él había vivido en una antes, con unos padres que aparentemente lo amaban y una hermana que decía admirarlo...?

—Zuko —le llamó Lu, por cuarta vez en ese momento, sin que él se diera cuenta antes—. Vamos, ayúdame a poner la mesa.

El joven asintió, ligeramente aturdido, y se levantó para seguir a su primo al interior de la casa. Lu Ten parecía más animado de lo normal, y es que una ligera sonrisa afloraba de sus labios sin la necesidad de que algo pasara en ese momento. También estaba mucho más conversador de lo usual, queriendo saber todo de él y si algo había cambiado en los últimos días. Parte de Zuko creía que su primo realmente quería saber si algo había cambiado entre él y su tío (y es que no se le escaparon las ligeras miradas melancólicas que le dirigía Iroh), cosa que no le hacía mucha gracia. Para él, al menos, nada había cambiado. Así lo quería creer, y así se lo hizo saber a su primo. Entonces el mayor de ambos hizo un comentario que logró captar su atención.

—¿Sabes? De cierta forma me alegra que Toph esté en esta casa.

—¿Por qué lo dices? —preguntó entonces Zuko mientras llevaba los cubiertos a la mesa. En esa casa el único personal de servicio que existía era el que venía una vez a la semana para limpiar; por lo demás, Iroh hacía las cosas del día a día.

—Bueno... —Zuko pudo ver cómo las mejillas de Lu se teñían de un suave rosa, al mismo tiempo que rascaba una de éstas con su dedo—. Suena egoísta, lo sé —admitió, bajando la mirada a los platos que colocaba en la mesa, deteniéndose en ellos quizá más tiempo del necesario—. Conmigo de viaje la mayor parte del tiempo, tú en los peores momentos de la universidad... No sé, me alegra que mi padre tenga a alguien con quien compartir el día.

Le otorgó entonces una ligera sonrisa, aparentando que todo estaba bien. Zuko sabía que era una sonrisa falsa, él las dio muchas veces en el pasado a su madre luego de discutir con su padre, asegurándole que todo estaba bien entre ellos y que no le molestaban sus palabras. Entonces se cuestionó si Ursa se habría dado cuenta, con la misma facilidad que él en ese momento, que aquellas curvaturas de labios eran tan falsas.

—¿Por qué demoran tanto? —preguntó Iroh, apareciendo por el umbral de la puerta del jardín al comedor junto con la chica—. Si no comemos pronto la comida se sobre coserá.

—Sí, lo siento —se disculpó Lu Ten—. Zuko me estaba contando cómo le iba en la universidad.

Iroh asintió y quiso saber lo mismo mientras todos se sentaban a la mesa para comer. Aunque no tenía cómo probarlo, Zuko sentía que aquella chica sabía que tanto él y su primo mentían, algo en la forma de mirarlo se lo decía.

...

¡Hola!

Oh, lo sé, ¡han pasado siglos desde que subí un capítulo! (Son exageraciones, lo sabemos, pero ya va casi un mes para unas cuantas palabras de capítulo :c)

Terminé hace dos semanas de trabajar, pero entré a la Universidad casi de inmediato y ya estoy comenzado a sentir sus efectos, es difícil el cambio con respecto a la escuela. Trato de escribir cuando puedo, pero hay días en que llego tan cansada que apenas caigo en mi cama duermo, o si intento escribir, no se me ocurre qué decir; esos difíciles bloqueos, cómo los odio.

Pero bueno, doy lo mejor de mí ^^

¡Saludos a todos!