Disclaimer: Ninguno de los personajes de Avatar me pertenecen, sólo los utilizo para la creación de este FanFic que espero disfruten :)


¡¿Acaso estás ciega?!
Por Franela

V

Por la tarde disfrutaron de la brisa en la terraza del jardín, tomando el té que Iroh había preparado especialmente por la ocasión. A pesar de que Zuko jamás había sido de los más parlantes, Lu Ten sentía que ahora estaba más callado de lo habitual. Quizá por eso y para olvidar también sus propias palabras dichas algunas horas atrás le pidió algo que sabría le gustaría: lo retó a un duelo de maestros, como siempre lo hicieran cuando eran niños, costumbre que habían perdido con el paso de los años y la reducción del tiempo juntos.

Zuko entonces pareció reaccionar, y con gusto legítimo aceptó.

Iroh lo celebró también por su parte, comentándole a Toph todas las vivencias que antes habían ocurrido en esa casa entre ambos chiquillos, arrancándole una que otra risa cuando Lu Ten reclamaba desde la distancia que lo había escuchado y que lo avergonzaba. Cuando Zuko era el aludido, éste prefería hacer oídos sordos y concentrarse en su oponente, aun cuando a sus oídos llegaba la risa exagerada de esa chica.

Sin embargo, si había algo que no podía negar, era el hecho de que ella parecía genuinamente interesada en las historias de su tío.

«Me alegra que mi padre tenga a alguien con quien compartir el día», aquellas palabras de su primo resonaron de pronto, y no pudo evitar sonreír tanto feliz como ligeramente triste. Antes era él quien compartía el día a día con su tío. Quizá antes, cuando era él el protagonista y Lu Ten estaba distante, su primo llegó a sentir lo mismo.

De pronto la tierra bajo uno de los pies de Zuko desapareció unos cuantos centímetros hacia abajo, y él cayó de espaldas justo para ver como una llamarada pasaba frente a sus ojos. Uno de sus brazos logró detenerlo antes de tocar el suelo. Lu Ten tenía el puño en su dirección, y su mirada era ciertamente de miedo; no el mismo miedo que antes vio en aquellos ojos grises, uno que tenía de recibir daño, era lo contrario, un miedo de hacer daño. Cuando miró en dirección a si tío, aun en la misma posición, vio como éste sostenía la taza frente a su boca, también paralizado. Toph, por su parte, bebía tranquilamente, aparentemente ajena a lo sucedido.

—Zuko, yo... —Lu Ten parecía consternado—. Yo lo siento, de verdad, creí que...

—No —le detuvo él, parándose—. Es mi culpa, estaba desconcentrado —añadió, viendo el hoyo bajo uno de sus pies—. Siento haberte asustado. No volverá a ocurrir.

—Gracias, Toph —añadió su primo, alzando la voz y haciendo una seña, como si ella pudiera verle.

Zuko se volteó entonces a ella. Uno de sus pies estaba lejos del otro, fuera de la protección de la mesa, y bastó un movimiento de éste para que la tierra antes desaparecida volviera a su lugar.

—¿Mejor nos tomamos un descanso? —preguntó su primo, haciéndole una seña para que volvieran a sentarse junto a los demás. Cuando le siguió, Lu continuó a la casa y volvió unos minutos después con fría limonada y un par de vasos—. Gracias de nuevo, Toph —dijo, tendiéndole un vaso—. No es mejor que el té de mi padre, pero refresca.

—Gracias —dijo ella, aceptándolo y bebiendo un poco.

—Toph es una excelente maestro tierra —dijo Lu a Zuko, como si éste no lo supiera—. Ella ve de una forma distinta a nosotros, usa las vibraciones de la tierra. Está mucho más conectada a su elemento.

—Estoy seguro que Zuko ya lo sabe —comentó Iroh, ya habiendo recuperado la paz en su rostro—. Ambos van a la Academia.

—¡Vaya!, no lo sabía. Nunca me lo dijiste —añadió, viéndola a ella.

—No lo vi necesario —contestó Toph, concentrada en ambos vasos frente a ella. Nada más parecía importarle.

—Agradezco que estuvieras pendiente de nosotros —suspiró Lu Ten—. No sé qué habría pasado si no.

Zuko no sabía si sentirse molesto por tanto agradecimiento hacia ella o por (inconscientemente, esperaba) tanta alusión a su falta de concentración. Prefirió optar por lo segundo. No obstante, cuando iba a decir algo, su tío interrumpió para ir a preparar más té, y Lu Ten se ofreció para ayudarlo, dejándolos a ambos en la soledad del jardín mientras la brisa se hizo presente de una forma que casi parecía estar coludida con sus parientes para hacerlos interactuar.

—Hace un poco de frío —comentó Zuko, frotando sus brazos desnudos. El sudor de algunos momentos atrás estaba mermando en él.

—Pareces una princesa —objetó Toph, bebiendo de la limonada con hielo—. El clima está bien, tú no.

—¿Qué...? —Ni siquiera sabía cómo habían llegado a aquello, ¿por qué parecía querer molestarlo?

Suspiró cansado y decidió permanecer en silencio, moviendo su pie impaciente.

—¿Podrías dejar tu pierna tranquila? —preguntó ella, haciendo una mueca—. Haces que me duela la cabeza.

—Bien, ¿cuál es tu problema conmigo? —bramó Zuko, ya sin saber qué hacer—. No te he hecho nada como para que me trates de esa forma.

—Yo trato de esta forma a todo el mundo —se defendió, también alzando la voz.

—No a mi tío y a mi primo.

—Eso es porque ellos son personas agradables.

—¿Y yo no lo soy? ¡Ni siquiera me conoces!

—¡Ni me interesa conocer a quien cae sobre otras personas en medio de la calle!

—¡¿De qué...?! ¡Así que sigues resentida por ese día! —exclamó—. ¡Yo no me tiré sobre ti, evité que te atropellaran, loca!

—¡Y así dices ser agradable!

—¡Nadie puede ser agradable con una loca como tú! ¡Loca! —agregó, sin saber qué más gritar, cruzándose de brazos.

Ambos guardaron silencio.

De pronto ella se levantó, apoyando sus manos en la mesa de forma dramática, y dijo como si nada:

—Sí alcanzaba a cruzar la calle antes de que ese auto pasara —sentenció, yéndose al interior de la casa.

Antes de que Zuko la contradijera, su silla se fue hacia un lado y el dio a parar en el suelo. Al mirar, una porción de tierra había emergido del jardín en dirección a su asiento. Frunció el ceño, a sabiendas de quién lo había hecho.

No había forma de que pudieran llevarse bien, ni siquiera por su tío, quien llegó (por cierto) cuando él se estaba levantando del suelo, cargando con una bandeja con té.

—¿Y Toph? —preguntó, mirando en dirección contraria a por donde había llegado.

—¡Y yo qué sé! —bufó Zuko, limpiándose inútilmente la ropa.

Lu Ten soltó una pequeña risa mientras tocaba el hombro de su padre, quien tampoco pudo evitar sonreír.

...

¡Hola! Después de siglos (otra vez) me aparezco para escribir un par de palabras de esta pareja.

La verdad es que no tengo mucho que decir, este capítulo me bajó de golpe y lo escribí ayer, después de un laaaaargo bloqueo respecto a la historia —ya saben, desde marzo que no me dignaba a aparecer por estos lados—, en parte por la universidad y en parte porque me concentré más en otro de mis proyectos, a aquél le tengo un final mucho más claro que a éste, aún experimento por ser mi primer intento Toko.

Pero bueno, aquí estoy :D (en parte(?))

Saludos~!